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Quiero apartarlo, pero mis manos están tan torpes que bien podrían ser de trapo, así que lo único que logro es caerme del taburete y que los brazos del tipo me recojan.
—Con cuidado, con cuidado ¿Qué pasa? —me pregunta de nuevo, ayudándome a levantarme.
Yo quiero apartarlo, sus manos no me gustan por el simple hecho de que no son las de Ángel. Quiero las de Ángel. Lloro más fuerte aún, como una llamada, pero solo siento tirones. Y no son de las manos de Ángel.
—Iremos al baño a lavarte la cara ¿De acuerdo? Te sentirás mejor con un poco de agua fría. Ven, no llores.
No quiero ir al baño, ni agua fría, no quiero ir con este tipo a ningún lado. Quiero Ángel apretándome tan fuerte que tenga la certeza de que no me dejará. Quiero ir a casa.
Pero él tira y mis tontos pies se tropiezan entre ellos hasta que tiene que ponerme un brazo alrededor de la cintura y prácticamente arrastrarme. Cuando llegamos al baño él me apoya en una pica y cierra la puerta, no me gusta, porque todo el blanco y el sonido de la música está como amordazado. Aquí no hay alcohol, ni bailar, ni Ángel. Aquí solo hay manchas feas y baldosas blancas rotas.
Él se acerca a mí, me aparta las manos de la cara mientras intento limpiarme las lágrimas y el moqueo y me inclina un poco hacia el grifo abierto.
—Así, así —dice, echándome agua en los ojos y la nariz. Berreo, porque está fría y es desagradable y me recuerda a cuando Ángel me quiso ahogar en un cubo. —no puedes beber tanto. —continúa, pero yo no escucho, solo pienso en el cubo, en la mano en mi nuca y la quemazón en mis pulmones.
No quiero morir.
No quiero.
Lo pateo tan fuerte como puedo, pero pronto me quedo sin fuerzas, inerte sobre la pica mientras el hombre me sostiene y me lava la cara. Me siento tan patético, tan solo ¿Qué será de mí ahora? ¿Ángel me ha abandonado y este hombre desconocido e idiota me adoptará como si fuese un cachorrillo? Quizá me quede en la calle y tenga que volver a casa de mamá, ahora que recuerdo como ir.
La idea me voltea el estómago y no puedo evitarlo: me vuelco hacia la pica limpia y vomito hasta sentirme vacío.
El hombre grita algo al inicio y dejo de sentir sus manos, pero luego vuelven y me sostiene el pelo mientras se queja.
Entonces la puerta se abre y pasos pesados y decididos se dirigen hacia nosotros. Pasos toscos que reconozco. Me levanto, agradeciendo un poco el agua fría que me ayuda a limpiar los restos de vómito de mi cara, y mis ojos se abren llenos de ilusión.
Es él. Es Ángel. Ha vuelto a por mí.
—Ángel... —murmuro llorando, lanzándome hacia sus brazos.
El hombre que me sostiene me suelta, un poco sorprendido. Ángel me besa la frente y me ayuda a sentarme en el suelo cómodamente, recogido en una esquina.
—Espera aquí, mi amor, ¿si? —asiento, riendo un poco ¿Cómo no voy a esperar si apenas puedo tenerme en pie?
Observo la escena un poco somnoliento: cómo Ángel se levanta, como su espalda ancha y bonita se mueve mientras se dirige al hombre ¿irá a darle las gracias por cuidarme? Y entonces la verdad me golpea demasiado duro.
Un salpicón de sangre me cruza la cara y observo con horror a Ángel golpeando la cabeza del tipo contra el lavamanos en el que me ha limpiado el rostro. Un golpe y luego otro y otro y otro. El hombre no es débil, tiene un cuerpo atlético, pero no puede hacer nada contra Ángel. Se revuelve e intenta manotearlo, pero poco a poco sus brazos quedan colgando y los zapatos, antes firmemente clavados, se escurren por el suelo.
Mis ojos se llenan de lágrimas con cada gota de sangre nueva que me llega a las mejillas. Ángel tiene el rostro encendido en ira y las venas del antebrazo derecho, con el que arremete, marcadas como serpientes venenosas. Sus ojos exorbitados, inyectados en sangre, y mostrando los dientes como un animal salvaje intentando amenazar a su presa.
—No... —murmuro sin fuerzas, alzo un brazo para detener a Ángel, pero cae tan pronto lo elevo un poco.
Más sangre. Más golpes. Pum. Pum. Pum. El hombre llora. Pum. De su cabeza mana sangre. Pum. La música afuera hace temblar la puerta del baño. Pum. Los golpes, tan contundentes, pasan inadvertidos. Pum. Como latidos lentos, estables. Pum. Ángel tiene las manos tan firmes, la conciencia tan tranquila. Pum. Pero ese hombre no ha hecho nada malo. Pum.
—¡Ángel, no! —grito, levantándome hacia él.
No lo alcanzo, de hecho, no logro dar un solo paso hacia delante, pero tan pronto como me caigo, Ángel suelta al pobre hombre y viene a por mí. Me acoge entre sus brazos manchados de sangre, con el corazón poniéndosele a mil, no por la golpiza, no por estar a punto de matar a alguien con cientos de personas al otro lado de la puerta, sino porque casi me caigo.
—Ángel... él me estaba ayudando, por favor...
—Lo voy a matar —no es una amenaza, ni un grito lleno de ira. Es una tranquila, firme sentencia. Ángel me está informando de que va a volver a dejarme sentadito y seguro y de que va a seguir hasta que el hombre no tenga un pulso. Mis ojos se llenan de lágrimas, el labio inferior me tiembla y sollozo, negando. —, ha puesto sus putas manos en ti. Eres mío, Ty, te dije que eras mío. Y él te ha tocado —escupe con ira, señalando al hombre en el suelo que intenta arrastrarse hacia un cubículo en los baños, sus manos torpes resbalando en la propia sangre y luego alzándose hacia un pestillo demasiado lejano.
—Intentaba ayudarme... por favor... —suplico aferrándome a su camiseta.
Ángel mira al hombre y luego a mí, para finalmente volver al hombre. Su mirada es fría, analítica, se desliza sobre nosotros como una cuchilla amenazando con cortar.
—Te ha tocado. —aserta finalmente, su voz está convencida y sosegada, como si esa fuese razón suficiente para extinguir una vida.
Ángel me deja en el suelo cuidadosamente y luego va hacia el tipo, que se inclina sobra la taza del váter con el fin de trepar sobre ella y alcanzar el pestillo. Al escuchar los pasos, la pobre alma entra en pánico y se resbala, golpeándose con la raza en la cabeza y quedando como una cosa sollozante en el suelo. Se encoge, buscando protegerse de Ángel, pero este le patea con fuerza la espalda y lo obliga a revelar su rostro empapado en sangre. Lo agarra por el cabello con tranquilizada y levanta la tapa del inodoro.
Mi corazón se encoge y trato de gatear hasta ahí, consciente de que no puedo hacer más.
—Ángel, espera, Ángel, no —musito mientras me acerco.
Él empuja la cabeza del hombre contra el agua, hundiéndola fácilmente, venciendo cualquier resistencia que el hombrecillo hubiese podido oponer para salvar su vida.
Su vida.
¿Qué será de sus amigos, sus padres, su pareja? ¿Y si tiene hijos? Él nunca podrá completar sus sueños, quizá está escribiendo un libro y ahora esas páginas están condenadas a tomar polvo y nunca ser acabadas ni leídos. Hay algo tan horrible en los proyectos inacabados, algo tan horrible en el hecho de uno empieza algo y muere antes de poder acabarlo. Es como si el destino nos robase algo más que la vida. Los sueños, la esperanzas, un futuro brillante. La oportunidad de ser feliz.
—¡Ángel, por favor! —grito con todas mis fuerzas, llegando a él y agarrándolo del pantalón. Recuerdo esos momentos, cuando me ahogó a mí, todas esas cosas que pasaron por mi cabeza: no mi vida, sino lo que pudo haber sido. —Por favor —suplico llorando a mares —, me quiero ir a casa.
Me mira unos segundos, largos, agónicos segundos, y al final escucho el chapoteo del agua y una respiración desesperada. Ángel lo suelta, dejando que el hombre ensangrentado y empapado se deslice hasta el suelo mientras toma bocana tras bocanada. Cada una, una pequeña victoria.
Ángel no lo mira con culpa o compasión, lo mira con el mismo desinterés que quien observa a una hormiga seguir su camino y luego la pisa hasta reducirla a una manchita en el suelo.
Entonces la bota de Ángel se pone sobre su espalda, impidiéndole arrastrarse lejos. Mi corazón se hunde de nuevo en mi estómago ahora que sé que esto no se ha terminado.
—¿Por qué? ¿Por qué iba a dejar vivir a un pedazo de mierda que ha puesto sus jodidas manos sobre ti, incluso aunque fuese para ayudarte?
Mi boca se queda seca y paso mi lengua por las encías como buscando una respuesta. Noto el rostro frío y sudor lamiéndome la nuca.
Intento levantarme como puedo y Ángel me toma por debajo de las axilas, ayudándome a ponerme en pie, reclinado sobre su pecho. Me mira el cabello con una suavidad increíble mientras el pobre hombre bajo su bota suplica. Él pisa más fuerte, haciéndolo callar.
—Porque quiero ir a casa —murmuro, batiendo lentamente mis pestañas y bajando mi vista de sus ojos asesinos que tanto me aterran a su boca entreabierta. —, porque me encuentro mal y quiero ir a casa y que me abraces toda la noche. Por favor. No gastes el tiempo en él, no merece la pena, por favor. Solo quiero irnos y que nos abracemos.
Ángel suspira mientras rueda los ojos, rindiéndose. Noto un profundo alivio cuando patea al hombre fuera del cubículo y me empuja contra la puerta para besarme.
—Pero la próxima vez que alguien vuelva a tocarte no me contendré —gruñe, mordiéndome los labios. Yo asiento y le dejo hacer.
Sus besos salvajes exigen de mí poco más que sumisión: abro mi boca y gimo, dejando que se deleite con un cálido espacio que morder y chupar y con bonitos sonidos de preocupación que parecen ponerlo a mil.
Por mi lado, mi cabeza está mucho más allá del beso. Mi cabeza está empezando a comprender un hecho tan evidente que no entiendo por qué hasta ahora no había hecho click en mí: que Ángel está realmente desquiciado.
No solo loco por mí. No solo loco conmigo.
Y me pregunto ¿Cómo puede funcionar nuestra vida juntos? ¿Acaso seremos asesinos seriales: yo intento vivir tranquilo, pero condeno a quien tenga el tonto error de rozarme y Ángel ejecuta a incontables inocentes solo por su cercanía con mi piel? No, las cosas no pueden ser así, pero él... él...
Salgo de mis pensamientos cuando noto un rugido y un temblor. Estamos de vuelta en el coche, el motor acaba de encenderse.
—No deberías beber... —hipeo —si te pones agresivo. Es peligroso.
Ángel sonríe y agarra el volante.
—No he bebido ni una gota —confiesa con orgullo. Y con eso la sensación de vacío en mi estómago se hace más y más grande. —Tú, sin embargo, estás completamente borracho —se burla un poco, extendiendo su mano para limpiar un hilillo de saliva que escurre por mi comisura —Si no lo estuvieses quizá... quizá te dejaría tener las llaves del coche. Llevarnos a casa.
Fantaseo con ello, con una cosa tan normal como conducir. Me imagino manejando, llevándonos a casa como si fuésemos una pareja normal. Y admito que Ángel queriendo dejarme las llaves es un avance hacia una vida normal, pero lo que ha pasado en los baños está demasiado lejos de serlo.
Quizá todo ha sido mi culpa, es decir, Ángel está intentando mejorar y todo iba bien hasta que me puse a llorar como un tonto y llamé la atención de ese tipo. Ángel no lo atacó en un buen rato, quizá si me hubiese zafado, si no me hubiese dejado manosear así.
—Lo siento —sollozo —, t-todo es mi culpa, lo siento...
—¿Qué? No, no, mi amor —murmura Ángel, poniéndome una mano en el muslo y estrujando de forma reconfortante. —Ven, deja de decir boberías, concéntrate en la música ¿Si?
Enciende la radio. Yo quiero gritar porque para hacerlo separa su mano de mi muslo, pero me tranquilizo, porque en apenas segundos vuelvo a tenerla ahí y ahora el coche está lleno de sonidos agradables que me hacen sentir somnoliento y me evitan pensar.
Mis ojos se cierran, los párpados pesados como el acero, y cuando vuelvo a abrirlos está todo calmado, la canción sigue sonando y a mi alrededor el paisaje es el garaje de Ángel. Me acurruco en el asiento, queriendo dormirme ahí, pero entonces el temblor del coche para y la canción se apaga.
—¿Por qué quitas la canción? —pregunto haciendo un puchero.
—Ya te expliqué —dice comprensivamente, quitándome el cinturón y luego cogiéndome en brazos para sacarme del coche. Me acurruco en sus brazos y aspiro su agradable olor. Huele también a sangre, pero puedo ignorarlo —, es peligroso dejar el motor encendido en un espacio cerrado, bobo.
—Estúpidos monos —digo enfadado, porque yo quería quedarme más rato con él en el coche, escuchando la canción.
—Es monóxido. —me corrige, riendo suavemente.
Es el sonido más bello que jamás he oído, mucho mejor que la tonta canción.
Fin del cap ¿Qué os ha parecido?
¿Esperábais que pasase esto?
¿Esperábais la reacción de Ángel?
Ahora que habéis visto como se comporta Ángel en una situación ''normal'' ¿Creéis que cambiará su relación con Tyler? ¿Qué haríais vosotros?
Gracias por leer <3 No olvides dejar aquí una estrellita si te ha gustado y comentar un corazoncito si os da pena el pobre hombre que solo quería ayudar a Ty uwu
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