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Tomás despierta cuando su pesadilla grita la temible frase.

<<Tú no me importas una mierda.>>

Se tapa los oídos apenado, escrutando su corazón en busca de motivos para dudar. Pero no los hay. Tras decir eso el vampiro lo encadenó afuera de nuevo sabiendo que el frío lo atormentaría todo el día y ahora ha salido únicamente para empujarlo a dentro y gritarle que no es necesario que limpie hoy, pero que más le vale no molestarlo.

El chico se siente aliviado, pese a que ahora come más su cuerpo sigue sintiéndose débil por las heridas, sobre todo ahora que tiene un enorme mordisco, así que agradece un día de descanso. Aprovechando esto el chico desayuna higadillos fritos con pan y agua y después va al baño a vendar su quemadura, aplicar algo de ungüento y desinfectar la mordida.

Hace lo que puede con los útiles que tiene y finalmente admite que no ha hecho un mal trabajo, le escuecen horriblemente las pústulas, pero ahora lucen mejor y menos inflamadas, la piel de su cuello sigue en carne viva, pero la de su espalda empieza a cicatrizar, aunque el azote de la noche anterior reabrió la capa costrosa que se había formado. Ve un poco piel nueva salir por los bordes, aunque con colores más oscuros que la antigua. Agrede estar curándose, pero se le para el corazón cada vez que ve en su piel las iniciales reconocibles del vampiro.

<<Desmond, líder del clan Gaard>>

Traga saliva.

No es hasta que se empieza a curar que la quemadura luce realmente como una marca de propiedad. Es escalofriante. Y triste, sobre todo triste, él tiene en su piel tatuado el nombre de Desmond, pero posiblemente este haya olvidado ya el suyo; toda su existencia, toda su vida, pende del hilo de su temido titiritero, pero para este, él no es nada ¿Cómo puede ser tan cruel?

El chico suspira viéndose en el espejo, está más moreno que de costumbre, pero también más lleno de moratones oscuros y terribles inflamaciones, además tiene más ojeras y sus labios están destrozados de tantísimo morderlos.

Suspirando, baja a la cocina para comer por segunda vez en la noche. Una vez saca de la nevera un bocadillo que ha dejado preparado desde la mañana, se va a la entrada de esta, justo donde está el cuenco de perro, y se arrodilla para comerlo. Desmond entra entonces en la misma sala y, sentándose en la mesa principal, empieza a escribir algo con una pluma estilográfica y un papel que había dejado ahí y que Tom no se ha atrevido a tocar en ningún momento.

—¿Puedo hacer una pregunta? —inquiere en tono bajo y humilde el pequeño.

El vampiro, con la vista aún en el papel, hace un ruido de asentimiento.

—¿Podré enviar una carta a Todd? Q-quiero preguntar en la casa de crianza si sigue ahí o si lo han vendido al vampiro del que tu amigo habló.

Desmond no para de escribir en ningún momento, pero eleva la vista del papel hacia el chico con tinte escéptico. Abre la boca con una rotunda negación en los labios, pero entonces se detiene y devuelve la vista al papel.

—Ya veremos —le responde sin prestar demasiada atención, una leve sonrisa se forma después en sus labios—, pero deberás hacer algo que me complazca mucho como para que siquiera considere la idea.

—¡Lo que usted diga, señor, gracias! —exclama el chiquillo juntando las manos y con los ojos brillando de emoción. Desmond ni le hace caso, así que el chico se acerca un poco, curiosamente. —¿A quién le escribe?

—A Vlad, te hablé de él. Él lleva varios meses en un viaje de negocios, así que le estoy poniendo al tanto de que tengo una nueva pequeña adquisición. —Tomás tuerce la cabeza y tarda unos minutos en darse cuenta de que habla de él. —Como sea, al llegar vendrá a verme después de aclarar algunos asuntos con socios suyos y pasará un tiempo aquí con nosotros —Tom traga saliva al oír eso y se estremece ¿Vivir con otro vampiro? Víctor ya le intimidó suficiente y sabe, por palabras de su amo, que Vlad no es ni la mitad de amable. El chico trata de calmarse diciéndose que Desmond va a protegerlo, incluso si no le importa, porque, al fin y al cabo, es propiedad suya para bien y para mal—, ya sabes que somos cercanos, él es un íntimo... conocido de mi creador y me tomó como su pupilo hace mucho.

—¿Es como un padre, entonces? Me gustaría tanto escribirle una carta al mío si siguiese vivo...

—Un padre es familia y solo los vivos la tienen, los vampiros no tenemos nada de eso, no hay siquiera una palabra para ello, quizá maestro.

Tomás frunce el ceño, gira la cabeza con algo de confusión y da un bocado a su comida. Mastica rápido, pensando en lo que su amo acaba de decirle, entonces se le ilumina la mirada y abre la boca para hablar; se la tapa, avergonzado por su torpeza, y traga la comida antes de empezar a hablar.

—¿Y amigo? Maestro suena muy frío...

—Los vampiros no podemos tener amigos, al menos no los semi puros ni lo puros, no estamos hechos para el afecto, no amamos ni podemos ser amados.

—¡Se-señor! —lo interrumpe el chico poniéndose de pie de nuevo, dejando su bocadillo de golpe en el bol a mitad de un mordisco y mirándolo con indignación. —No diga eso —le pide haciendo un pequeño puchero —, es demasiado triste... todo el mundo merece amigos. Si usted... si no me hace daño yo puedo ser su amigo. Es agradable cuando hablamos, cuando me escucha o cuando me acarició ayer —dice lo último bajando la mirada y el tono, lleno de temor por si el recuerdo despierta en el vampiro un nuevo arranque de ira. —, podríamos ser amigos si solo hubiese palabras y no golpes. ¿Señor, podría hacer eso por mí? Y yo prometo que sería un buen amigo y haría cosas por usted...

A pesar de las sospechas de Tom de que el vampiro se pondrá furioso por su petición, se equivoca: Desmond ríe. Le duele no ser tomado en serio, pero al menos prefiere ese golpe a su orgullo a los otros.

Vuelve a arrodillarse, sintiéndose ridículo. Hace un mohín y sigue comiendo su bocadillo, lleva pollo, lechuga y mayonesa, como los que su madre le preparaba para la escuela cuando iba apurada, y eso le trae algunos recuerdos.

—Así que ¿Harías cosas por mí? —pregunta el vampiro sosteniendo la pluma entre dos de sus dedos y haciéndola oscilar en el aire, muerde el tapón mientras sonríe, mirando directamente a su mascota con un interés que no sabe cómo interpretar.

El chico asiente vigorosamente, haciendo que los cabellos chocolate se sacudan en su cabeza y acaben tiernamente despeinados.

—Si no te golpeo y solo pido con palabras ¿Hasta donde llegarías para complacerme, eh? ¿Harías todo lo que dijese con tal de que me portase bien contigo de mientras? ¿Serías un buen chico, fuese cual fuese la orden?

Sin vacile alguno, Tomás asiente.

Y es que no tiene dudas de que así sería, ya ha hecho todos los horrores que puede imaginar para el vampiro y sabe que si debe volver a hacerlos tomará la vía pacífica.

Tom quiere reír ¿Fuese cual fuese la orden? ¿Acaso puede ordenarle algo peor que limpiar los restos humanos de una pobre chica, algo peor que dejarse marcar con fuego, desangrar y golpear? ¿Pero que morir lentamente de frío, sed y hambre?

Ya ha cruzado el límite, no hay nada más de él que pueda tomar.

<<¿Verdad?>>

El vampiro se apoya en sus rodillas, inclinándose hacia él con una sonrisa espeluznante que se desvanece cuando el chico alza el rostro.

—Tienes la cara manchada —le reclama y el chico intuye que debe tener algo de mayonesa cerca de la boca de cuando ha dejado caer el bocadillo de su boca. —, odio a las mascotas sucias... Limpia tu mejilla, con la lengua.

El chico lo mira extrañado, pero trata de cumplir la orden. Saca su lengua achatada y rosa, pero por mucho que estira y que lame, no alcanza la supuesta mancha. No entiende por qué debe hacerlo así ¿Acaso no es más fácil que le dé una servilleta? Pero Desmond es caprichoso y siempre pide cosas que Tomás no entiende.

—Ah, maldito inútil —se lamenta el vampiro con un suspiro, entonces alcanza el rostro del chico con la mano, pasa su pulgar por la parte alta de su mejilla derecha, apretando un poco, después lo prensa contra los labios del chico y este ve una traza de salsa blanquecina en el dedo. —, lame. —insiste, apretando más el dedo y manchando un poco sus labios.

El chico se pone bizco para ver la punta del pulgar de Desmond que tan cerca de su cara está, entonces saca la lengua un poco y da un par de lamidas, como un gatito. Desmond alarga la mano hacia su cabeza, luciendo como si fuese a acariciarlo cual animal doméstico, pero entonces agarra su cabello con fuerza, haciendo que el chico cierre los ojos y suelte un quejido.

—A-amo, duele... —le advierte el pequeño.

—Entonces sigue lamiendo.

—Pero ya está limpio... —murmura con inocencia.

El hombre cambia su pulgar por el índice y el corazón que ahora presionan levemente contra su labio inferior.

—He dicho que sigas lamiendo, abre la boca.

Los belfos sonrojados se abren como pétalos de flor, el vampiro deshoja violentamente su boca metiendo los dedos y él quiere ser bueno, lamiendo su longitud mientras cierra los labios entorno a su circunferencia. Las falanges se sienten largas ocupando su interior y buscan su lengua, así como esta oscila entre una constante y lábil huida y un húmedo contacto, deja que el vampiro se la acaricie y él lo lame como le ha pedido, el agarre del pelo se afloja, él se relaja y vierte su aliento cálido.

El vampiro empuja más allá de los nudillos y Tomás trata de apartarse.

Cuando el tipo toca la campanilla con un violento embate de su muñeca, se zafa de golpe y tose. El vampiro tira de nuevo de su pelo hasta que grita, aprovechando el momento para volver a introducirse en su boca, solo que esta vez se queda quieto y habla.

—Los meteré al fondo y seguiré empujando y tú no te moverás ni un solo centímetro a menos que quieras pasarlo mal ¿entiendes?

Tomás asiente con los ojos empezándole a lagrimear, pero toma aire y lo retiene, tratando de quedarse estático mientras el hombre bombea los dedos violentamente. Le deja los labios rojos e hinchados y nota después las yemas deslizarse hasta el final de la lengua, causarle arcadas que debe aguantar y volver de nuevo al exterior como si solo buscasen un pequeño beso. El vampiro no se detiene y el chico se destroza las manos de tanto arañárselas en su lucha por no vomitar ni apartarse.

—¿Sabes para qué sirve esto?

Y tras la pregunta aminora el ritmo, dejando al chico respirar un poco para que pueda procesar y responder a sus palabras.

Tom niega candorosamente y el hombre vuelve a su ritmo de antes, con poderosos y profundos empujes que lo hacen llorar en silencio y toser. No entiende por qué hace eso, está sufriendo tanto... y todo ¿Por qué? Desmond ni siquiera parece disfrutarlo, solo sonríe cada muy poco a causa de sus sonidos, pero mayormente parece aburrido de su bombeo. De un momento a otro, empuja al fondo del todo no dos sino tres dedos, y ahí se mantiene.

Clava a Tom en su posición con la fuerza de su agarre y su muñeca no tiembla ni un poco mientras sostiene esos dedos en su garganta, asfixiándolo. El chico le coge del brazo y aprieta, sin clavar las uñas, tratando de pedir piedad, pero empieza ver borroso, a ponerse rojo y piensa que morirá.

Llora y parpadea por las lágrimas que lo emborronan todo.

Cae al suelo tosiendo violentamente cuando Desmond lo suelta y este solo lo mira desde arriba y dice:

—Esto sirve para que lo hagas cuando te portes mal y quieras que yo sea tu amiguito y te perdone en vez de joderte la cara a golpes. Siendo lo inútil que eres como mascota más vale que uses este consejo, sino posiblemente te mate a palizas.





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