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Tom se siente algo nervioso, acaba de despertar y está en la biblioteca. Tras leer el diario se quedó dormido llorando y ahora juraría que ha pasado el día ahí, en vez de atado afuera. Desmond tenía aparentemente tanto trabajo que se olvidó de él. Muerde sus uñas nerviosamente, planteándose si debiese salir y fingir que ha pasado el día afuera. No quiere ganarse un castigo, pero odia mentir y sabe que lo hará mal. La puerta rechina y se queda paralizado, esperando a un Desmond enfuriado. Pero entra Vlad con una amplia sonrisa.

—Buenas noches fisgón. —dice el paseándose con las manos a la espalda. Mira los libros viendo al humano de soslayo, sonriendo de forma macabra. El humano de cabello blanco le sigue casi sin ser notado, como una especie de sombra diminuta. —¿Te gustó lo que viste anoche? ¿Qué pasa? —insiste al ver que no responde. —¿Acaso Desmond te ha comido la lengua?

Él sabe que no debe hablar sin permiso y por primera vez lo agradece.

—¿Sabes? Creo que estás aprovechándote de mi amigo porque ha bajado un poco la guardia contigo. No sé por qué será —se encoge de hombros, acercándose a Tomás y agachándose para mirarlo de cerca. La melena negra del otro cae sobre su regazo y la nariz le toca la frente, sintiéndose como una helada aguja. —, no eres la gran cosa. Pero sea por lo que sea, no voy a dejar que vuelvas a un vampiro ejemplar una marioneta de su esclavo. Aquí van a cambiar varias cosas... ya hablaré con tu amo, pronto se te va a acabar esto de manipularlo para tu conveniencia ¿Dónde se ha visto de un vampiro curando a sus humanos con todas esas vendas, puntos ¡Incluso con una silla de ruedas!? —exclama. Toda su finura se va de golpe cuando da una patada a la silla de ruedas y se le marcan las venas del rostro como culebras. Al siguiente instante tose bajo, recobra la compostura y sigue hablando en un tono casi gentil mientras aborda al chico con miradas llenas de superioridad. —¿Y desde cuando un amo tiene que contenerse con su mascota para no romperla? Estáis para ser usados y si os rompéis es que ya habéis cumplido vuestro propósito. Desmond parece estar olvidando todo esto...

<<Su creador me cedió su educación como neófito y no la tiraré por la borda. Eduqué a Desmond para que fuese un vampiro fuerte, no un perro que se doblega por un humano. Él es un depredador y tú solo comida, no dejaré que ninguno de los dos lo olvide. Cuando lo entrené usé a mi mascota para ello —sonríe, volviendo la cabeza para señalar con un gesto al pobre humano que lo sigue mudamente. —, lo folló sin compasión y lo torturo tanto que yo mismo pensé que lo mataría y ¿Sabes qué? Fue su mejor momento, estaba tan grandioso, tan feliz, lo disfrutó, disfrutó de ser él y no dejaré que tú lo hagas miserable de nuevo. La naturaleza del vampiro está para depredar, la del humano para que sea depredado. Punto.

Aprenderás que no comerás sin ganarte antes cada bocado, que no dormirás, que no hablarás, que no respirarás si tu amo no lo ordena. Eres una marioneta, un pedazo de carne que solo debe moverse a la voluntad de su propietario. No existes para nada más que complacer como comida o como puta, tu felicidad no importa y ni se te ocurra tratar de convencer a Desmond de lo contrario. —chasquea los dedos, logrando una reacción del chico hecho de piedra. Esta se coloca de pronto a su lado, esperando nuevas órdenes. —Humano, enséñale lo bien hecho que estás.>>

El chico, cubierto por un largo manto de gasa, lo retira, desnudándose. Los ojos de Tomás no viajan por la historia de cicatrices que tejen la biografía de su piel, como él pensaba que harían, sino que van directos a la entrepierna. Abre los ojos y la boca espantado que, incapaz de apartar la mirada. Debe llevar las manos a sus párpados para obligarlos a bajar.

Y ni cuando no ve nada puede olvidarse de lo que ha visto. La imagen es terriblemente lúcida: enormes cicatrices oscuras desgarran el pubis del chico, bajando a una zona... una zona rasa, sin rastros de su hombría. Solo ve una terrible herida de cuando su amo le arrancó parte de su ser. El chico tan siquiera se ve triste o nostálgico, mira la marca de la castración como si siempre hubiese sido así y Tomás se pregunta cuándo sucedió. La herida está completamente cerrada, como si en su más tierna infancia el monstruo le hubiese arrancado con las propias garras su virilidad.

—¿Ves? —pregunta señalando el lugar del muchacho donde los genitales deberían ir, luciendo orgulloso. —Así deberías estar todos los humanos, mutilados, con la capacidad de sentir placer extirpada y el cuerpo forjado a mordiscos. —sonríe, se olvida de su esclavo y se acerca a él con andares gatunos. Aparta un poco la bata que el chico lleva, revelando sus muslos un poco y su intimidad, antes de que Tom reaccione apartándose. —Así estarás tú. Desmond disfrutará tanto cortando tu cuerpo...

—¡Él no es como tú! —chilla lleno de rabia, cubriéndose nuevamente. —Él puede... puede mejorar. No es tan malo como tú.

—¡Ni una palabra! —le cruza la cara de un bofetón, perdiendo la compostura de nuevo y luciendo, por un segundo, como una bestia desquiciada. —Oh, que linda expresión ¿Hace mucho que no te golpean? Pronto cambiará eso... Y ni una palabra a Desmond, soy su amigo y líder de un territorio más grande que el suyo, no quieras empezar una discusión entre amigos y una guerra por un simple mortal. Tu bando siempre perderá. Aunque dudo que eso pase si le dices que te he dado un simple golpe, quizá hasta me pide que te azote frente a él y no pongas esa cara de incredulidad ¿Crees que no ha pasado ya? Deberías ver lo mucho que a tu amo le pone mirar mientras torturo a humanos... Dices que él no es como yo, pero soy yo quien más lo conoce.

Tom no vuelve a responder, no después de saber de lo que Vlad es capaz y mucho menos después de pensar que posiblemente Desmond le castigue si le atrapa hablándole. Se queda en silencio, pensando en sus palabras. Tienen más sentido del que él desearía y eso le aterra. Vlad conoce a Desmond desde que es vampiro, posiblemente ambos lleven cientos de años siendo amigos y él apenas lleva unos meses ahí, siendo su mascota ¿Qué certeza tiene? Nada, a parte de un par de miradas. Miradas solitarias, dolidas, humanas; su corazón le grita que ese vampiro es más parecido al que le dejó escapar aquella vez que a Vlad y sabe que suena estúpido, pero empieza a pensar que es estúpido. ¿Qué otra esperanza tiene?

Vlad sonríe triunfal viendo al chico pensativo y royéndose las uñas. Con un chasquido logra que su mascota se vista nuevamente y corretee detrás de él, dirección a la salida. Tom se queda solo, pero en su cabeza Vlad sigue con él, hablándole, asegurándole cosas que no quiere creer. Pasa un rato en el que Tomás se queda junto con el sonido de sus pensamientos, pero tras un rato empieza a escuchar a su amo dando voces. Se asusta, el tono suena furioso, lleno de emociones que nunca ha visto en él. Con hesitación toma las ruedas de su silla y desliza las manos por ella, dirigiéndose hacia la puerta de la biblioteca. Está entreabierta, así que acercando un poco su cabeza puede oír mejor los gritos.

—¡No me estoy volviendo blando! —Esa es la voz de Desmond, la reconocería en cualquier parte. —No hables de él ahora, no tienes derecho, mucho menos hoy.

No sabe si es por su curiosidad o porque está acostumbrado a venir corriendo y arrodillarse cuando su amo grita, pero por cada chillido él se empuja más y más por el hueco de la puerta, siendo escupido fuera de la biblioteca.

—¿Superarlo? ¡Y yo que sé! Simplemente no le menciones en un día como este, lo sabes, sabes que lo odio. No me hagas echarte.

Recorre el pasillo, mirando las puertas de las habitaciones con duda y miedo. Al fondo sabe que está la habitación de Desmond y sabe que él está en ella.

—Te lo he dicho, haré lo que quiera con mi mascota. Es mía, no tuya o de él.

Se muerde el labio, ahora hablan de él y le aterra pensar en los resultados.

—¡No lo soy!

Tras las palabras oye un golpe. El silencio que le sigue dura apenas unos segundos, pero le hace contener la respiración. Vlad no grita, así que Tom se siente un poco tranquilo.

—No tiene nada que ver, tú no eres nadie para decirme qué hacer con mis cosas y qué no hacer. ¡Y mucho menos para tener la indecencia de hablar de él! ¿Que qué pensaría de mí? Ya no puede pensar nada, déjalo en paz. Y déjame a mí en paz.

La puerta se abre de golpe, Vlad es casi arrojado al pasillo y la puerta se cierra sus narices, obligándolo a recular. Airado, el hombre alza el rostro y cruza el pasillo a grandes zancadas, sin mirar a Tomás siquiera. El chico está preocupado y se siente algo culpable, no quiere provocar una discusión entre nadie... pero ¿Es su culpa acaso? Parte de él dice que sí y otra que no. Piensa en volver a la biblioteca y leer algo del diario para volver a disociarse de esa realidad de locos en la que vive. Mientras considera la idea escucha la puerta principal cerrarse y es saber que Vlad está lejos lo que le da impulso para llevar la silla de ruedas hasta la puerta de la habitación de Desmond.

Cuando tiene el pomo delante se siente ansioso de repente, incluso se asusta y se pregunta cómo ha llegado ahí. Entra en pánico, lleva las manos a las ruedas con los dedos ya preparados para hacerlas alejarse de ahí a toda prisa, entonces escucha algo detrás de la puerta y no lo puede creer.

<<Un sollozo>>



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