53

 Esta historia está a la venta en Amazon en todos los países, así que si queréis apoyarme, no esperar a las actualizaciones u obtener los capítulos extras solo disponibles en la versión de pago, podéis comprar este libro en físico o en ebook, que es mucho más barato (menos de 5 dólares) ^^

Tomás se revuelve entre las sábanas, se le quedan pegadas al cuerpo y su piel, erizada, es sensible ante ese tacto suave. Suelta un suspiro, hace frío, quiere un abrazo. Rueda sobre sí, llegando a la orilla de la cama que no le pertenece, está vacía. Suspira de nuevo, esta vez no son gusto, sino con pesar. Desmond suele madrugar para ocuparse de su trabajo y él es dormilón por naturaleza, así que no debería sorprenderle despertar solo, pero aun así cada vez que lo hace siente un pinchado en el pecho, una angustia que no puede explicar y le pone la boca pastosa y los pelos de punta.

<<Es como despertar en la casa de crianza de nuevo.>>

Sacude su cabeza, no quiere pensar en ese lugar de nuevo más que para rendir homenaje a la memoria de Todd. Oh, Todd, su nombre le provoca mareos y llantos y tiene que respirar hondo cada vez que lo recuerda. No es solo el dolor de pensar que estará muerto, sino la duda que le hace preguntarse si acaso está en un lugar peor.

Sea como sea, está lejos de él y no puede hacer nada. Le pedirá a Desmond, cuando salgan de paseo, si pueden pasarse un segundo por la casa de crianza y preguntar por él. Es muy posible que su amo se niegue, pero al menos debe intentarlo.

Hasta entonces, darle vuelta al asunto solo logrará dolores de cabeza, así que intenta dejarlo estar. Se levanta de la cama, sediento y hambriento; agradece esas sensaciones, le obligan a activarse, hacer cosas y dejar de pensar en otras. Se despereza y al extender los brazos en el aire nota la brisa que entra por la ventana, está entrecerrada y él desnudo.

Con sorpresa mira a su alrededor y halla su pijama enrollado entre las sábanas como un trapo, debe habérselo quitado mientras se movía al dormir, es algo que ya hacía desde bien pequeño y aunque le resulta curioso haber recuperado ese hábito, no le sorprende. Lo que sí le sorprende es sentirse tan seguro después de saber que ha dormido desnudo junto a Desmond, el vampiro que lo...

Traga saliva. No, tampoco quiere recordar eso o siquiera pensar en una palabra tan ominosa.

No sabe si nunca llegará a perdonarlo, pero sabe que el vampiro no volverá a cometer el mismo error. Le alegra tener esa certeza, quizá eso jamás le quite el odio que siente hacia su cuerpo cuando piensa en lo mal que lo pasó, atrapado en él mientras era ultrajado, pero al menos sabe que no deberá pasar por eso de nuevo.

Chasquea la lengua, fastidiado por haber tenido que recordar tan malos tragos nada más despertar, y agarra su pijama. Mientras se lo pone, planea qué hará esta noche, cosa que rara vez sucede y es que hoy se halla radiante y lleno de energía. Pensar que en veinticuatro horas estará paseando por las calles del distrito como si aún fuese un chico normal le llena el pecho de una sensación tórrida y agradable.

Cuando termina de abotonarse se pone en pie, ya puede andar con total normalidad y sus tobillos no duelen nada de nada. Toma una bocanada de aire fresco, listo para empezar su noche.

De repente, la puerta de la habitación se abre y se cierra tan rápido que casi se lo pierde por pestañear, pero no es su amo quien ha entrado, sino el pelinegro. Observa con curiosidad al hombre, acercándose con cierta cautela.

El tipo hace su larga trenza a un lado con un brusco movimiento y después pega el oído a la puerta, escuchando lo que sea que quiera escuchar del pasillo; su enorme pecho sube y baja y su piel lechosa está todavía más pálida que de costumbre, haciendo resaltar la oscura cicatriz que le recorre media cara.

—¿Víct-

De repente, ya no está acercándose a su profesor y médico, sino siendo aplastado sobre la cama por el enorme cuerpo de Víctor. Temiendo morir aplastado, trata de quitárselo de encima, pero sus intentos son vanos y el otro ni se inmuta mientras le cubre la boca.

—No hagas ruido. —dice con una seriedad que le hiela los huesos.

Su rostro, siempre amable y con una sonrisa de bellas arruguitas a los lados, ahora es tan duro que siente más terror que cuando Desmond lo golpeaba. El chico asiente, temblando.

—¿Dónde está Desmond? —le pregunta en un susurro.

—N-no lo sé, me he despertado sin él. —responde el chico en voz baja, aunque sin saber por qué.

—Mierda —masculla, después se muerde el labio y parece realmente preocupado. —, espero que no lo hayan... No, no, joder. Tengo que hacer algo, vamos.

Tomás no entiende nada y quiere preguntar, pero no tiene tiempo. Víctor lo carga sobre su hombro y corre hacia la ventana.

—Están ahí... —susurra, retrocediendo lentamente.

Tomás intenta girarse para ver quiénes están ahí, pero el vampiro ya se ha alejado de la ventana y está en medio de la habitación con su pecho subiendo y bajando todavía más deprisa que antes.

—Mierda, mierda, mierda...

Un sonido se escucha en el pasillo y Víctor abre el armario, empujando a Tomás dentro de él y después metiéndose él. Las puertas se cierran, los pasos se escuchan, rondando cerca de la habitación, abriendo puertas. El armario está en las tinieblas excepto por una minúscula rendija que deja pasar algo de luz y permite a Tomás ver al pelinegro, aunque si no lo viese seguiría sabiendo que está ahí: el hombre lo empuja con todo su cuerpo contra el fondo del mueble y lo retiene con sus robustos brazos a los lados de su cuerpo.

Víctor respira agitadamente y mantiene sus ojos posados sobre Tomás, ahora con más dulzura que antes. Quiere preguntar qué pasa todavía, pero la intensidad de su mirada lo deja sin palabras. El vampiro se inclina un poco, hacia su cuello y el chico se tensa. Nota su aliento en el oído.

—Pase lo que pase —dice con voz apenas audible. —, mantente seguro. Huye si hace falta.

—¿Pero qué es lo q-

La puerta de la habitación se abre de golpe, Víctor le tapa la boca, lo mira a los ojos con los suyos llenos de lágrimas y le da un beso en la frente, sabiendo que Desmond querría que alguien lo hiciese por él.

—Puedo oír tus latidos, estás en el armario, pequeño idiota.

Tomás siente náuseas, la voz de Vlad suena tan confianzuda y ominosa que siente que apenas puede mantenerse en pie. Los pasos recorren la habitación con calma, recreándose en el ritmo cardíaco creciente, y finalmente se paran frente al armario.

Víctor aprieta fuerte los dientes, sabe que él jamás podrá ganarle a Vlad, pero su única opción es luchar.

<<Luchar y perder, como cuando Desmond me mató>> Piensa con cierta ironía y sonríe sin gracia.

Abre las puertas del armario de golpe, lanzándose contra el delgado hombre que lo espera con una sonrisa. Tomás queda expuesto, observando la escena mientras intenta conservar la compostura y comprender algo de lo que pasa.

Sus sentidos le engañan, haciéndole sentir falsamente seguro al ver a un tipo tan grande como Víctor enfrentándose a Vlad, que no es ni la mitad que él. Sin embargo, la realidad le golpea a los pocos segundos: Víctor laza sus puños al aire, tan deprisa que desaparecen, pero Vlad apenas se esfuerza para esquivarlos y, en un segundo, agarra al vampiro del cuello y lo reduce hasta tenerlo postrado ante sus pies.

Víctor lleva sus manos hacia la del enemigo, pero los delgados dedos de Vlad lo mantienen quieto, ahogándose.

—¿Dónde... dónde está Desmond? —pregunta entre dientes.

Vlad sonríe, aprieta más y dos hombres desconocidos entran por la puerta. Ambos vampiros, ambos vestidos de negro y haciendo una reverencia cuando ven a Vlad. Tomás recula, aterrado y sintiéndose culpable hasta la médula por no poder salvar a Víctor.

—Lleváoslo, pero dejadlo con vida. —ordena a los dos hombres, empujando a Víctor a un lado.

Se recompone rápidamente y cuando los siervos del semi puro lo abordan toma a uno por el brazo y se lo retuerce, haciéndole gritar de terror.

—¿Debo ser yo mismo quien te escolte, Víctor? Porque te aseguro que si es así prefiero matarte y no perder el tiempo. Oh, tienes una expresión de miedo adorable, para ser tan grande. —se mofa. El gigantesco vampiro suelta al súbdito de Vlad, quedándose petrificado ante la amenaza, sabe que no es farol. —Ahora, deja que mis soldados te guíen hasta tus aposentos si no quieres morir. Ellos responderán a todas tus preguntas.

—Espera. —dice una vez se rinde y los tipos le toman de los brazos, dispuestos a arrastrarlo a algún lugar que desconoce. —¿Qué pasará con Tomás?

El chico se estremece, peguntándose lo mismo.

Vlad ensancha su sonrisa.

—Lleváoslo. Y si te resistes vas a morir sin saber la respuesta.

Tomás se horroriza cuando la puerta se abre y se cierra, dejándolo a solas en el dormitorio de Desmond con su peor enemigo. Da un paso al frente, él uno hacia atrás, camuflándose entre los atuendos del vampiro.

—Sal de ese ropero. —ordena Vlad con una risa.

—¿Qué está pasando? ¿Qué le vas a hacer a Víctor? —aguza su vista, los ojos castaños relucen de coraje al ver a Vlad sonreír una vez más. —¿Dónde está Desmond? Quiero verlo. —demanda.

Una mano delgada lo ase por el brazo y él chilla cuando lo lanza con fuerza titánica contra el suelo. Acto seguido le agarra una muñeca, empujándola contra su espalda baja e inmovilizándolo contra el suelo antes de que pueda siquiera tratar de levantarse. Nota una rodilla apoyar un gran peso en su espalda y la delicada mano del vampiro tomarle bruscamente del pelo, golpeándole la frente contra el suelo.

—No te atrevas a ordenarme nada nunca más, no es así como debes hablarle a tu amo. —sisea Vlad en su oído.

—Tú... tú no eres mi amo. —gruñe Tomás, empujándose hacia arriba con todas sus fuerzas. El vampiro lo deja ir, como si el chico realmente hubiese sido capaz de apartarle y ríe con júbilo al verlo apretar sus puños y mirarlo con ira. —No eres mi amo ¡Desmond!

Ante el grito desesperado del menor, Vlad o agarra del cuello y lo acerca a él, sus frentes chocan y sus miradas podrían soltar chispas.

—No sigas pronunciado ese nombre, no tienes permiso.

Tomás aprieta los dientes con fuerza. Vlad no es nadie como para decirle qué hacer y qué no hacer, Vlad no es nadie.

—Y una mierda. —masculla, la presión en su cuello crece.

La cara de Tomás se pone roja, la siente palpitar y nota como su visión empieza a motearse de forma extraña. Se queda sin oxígeno. Aun así, alcanza a ver la sonrisa de Vlad y le da tanto asco que no piensa siquiera en sus acciones. Le escupe en la cara y es ahora el humano el que sonríe al ver al otro disgustado.

Vlad lo empuja al suelo, alejándose mientras profiere un alarido de repugnancia y se limpia el rostro con las sábanas de Desmond.

—¿Cómo de idiota puedes ser como para no darte cuenta de tu situación? —pregunta iracundo, acercándose a Tomás.

El chico piensa en retroceder, pero no es necesario, el vampiro se detiene abruptamente, mirándolo con los puños apretados y un tic en la ceja. Se está conteniendo.

—No sé cual es mi situación, pero la tuya es que deberías estar de vuelta en tu distrito. Cuando Desmond vuelva...

—Idiota. —escupe el hombre, arremetiendo contra Tomás y alzándolo por el cuello de su camisa. —Yo soy el líder de este distrito, yo soy tu amo ahora ¿Es que acaso no entiendes?

Tomás pierde su coraje en un segundo, sus brazos caen flácidos a los lados de su cuerpo, sus rodillas flaquean y cae sobre ellas.

<<No puede ser.>>

—¿Acaso no entiendes que Desmond está muerto?

<<No puede ser.>>

----

¿Os ha gustado el cap?

¿Estáis sorprendidos?

¿Qué pensáis que sucederá ahora?

¿Estáis tristes por Tom? ¿Y por Desmond?

Por cierto, siento haber tardado en actualizar. El tema del plagio me ha afectado y por eso me he tomado el fin de semana libre. Realmente es doloroso estar haciendo tu hobbie que no daña a nadie y que haya gente que quiera dañarte robánote tu trabajo. Encima no es como que sea una cosa ''fea'' sin más, sino que es un crímen. Me alegro de que la situación se haya calmado sin necesidad de pasar por el calvario de buscar un abogado porque sinceramente OOF. 

Quiero agrdecer a todos lo que me habéis apoyado en este momento tan estresante para mí y a la persona que me ha avisado del plagio, realmente muchas gracias por ayudarme y por estar ahí para mí <3


Comentarios