37

 Esta historia está a la venta en Amazon en todos los países, así que si queréis apoyarme, no esperar a las actualizaciones u obtener los capítulos extras solo disponibles en la versión de pago, podéis comprar este libro en físico o en ebook, que es mucho más barato (menos de 5 dólares) ^^


Un criado corre al jardín a avisar a Kajat y su protegido de la inminente llegada del príncipe Harry. El omega recoge las tazas vacías de ambos y hace una reverencia antes de correr al interior del castillo. Kajat le recomienda León que vaya a tomar un baño y espere por Harry en la cama, pero el chico hace oídos sordos y se queda con Kajat custodiando la entrada, en el salón principal.

—No se te da bien cumplir órdenes —le comenta el alfa, apoyado en la pared y rodando los ojos.

León se encoge de hombros, él no se considera servil, pero tampoco rebelde.

—Es solo que quiero ver al príncipe Harry. —responde distraído, jugando con los mechones sueltos de su trenza.

Kajat lo observa con la boca tensa, evitando una sonrisa enternecida.

—Estás preocupado ¿Verdad? Me ha dicho que te asusta más de la cuenta el asunto de los lobos rubios. —León asiente en silencio, torciendo la boca. Kajat sabe que no quiere hablar de ello, pero aun así lo hace: —Escúchame, lo que pasó a tu pueblo fue una tragedia, pero no es la norma. Incluso si atacan con más fuerza de la que podemos imaginar, no va a pasarte nada. Estás seguro en palacio, somos mucho más fuertes que hace años, León, somos un imperio verdaderamente poderoso.

—¿Y Harry? —pregunta subiendo la vista. Sus ojillos cian relampaguean con perspicacia, clavándose en los ojos castaños del alfa. —Harry no estará en palacio si atacan, estará en la guerra.

—Ha estado en muchas y estará en muchas más, León, ni tú ni nadie cambiará eso.

—No pretendo cambiarlo, me parece hermoso que luche por su pueblo en vez de simplemente dominarlo, pero eso no me quita la angustia. Puede morir. —escupe con crudeza. <<Comó papá y mamá, como Anven, como...>>

—Como todos. —Kajat le reprende, suavizando un poco su tono al comprender el dilema de León.

—¿Entonces qué me queda? Si solo puedo pensar que Harry morirá ¿Qué debo hacer? Me parece tan peligroso sentir cariño por nadie... —masculla el chico, apretando sus dientes. —Si tengo que pensar que puedo perder a todo el mundo igual que perdí a todo mi pueblo yo... no sé qué hacer con lo que siento.

Kajat se acerca a León sin mediar palabra y él se pone contra la pared tratando de huir de la cercanía. El coronel se apoya con una mano a la altura de la cabeza de León, con la otra le pinza la barbilla y le obliga a subir el rostro hasta que sus ojos se encuentran. Los del alfa son tan oscuros y brillantes, como un cielo nocturno con la luna llena resplandeciendo en el bello medio. León parpadea rápido y muerde su labio, Kajat es rudo y grande, lo suficiente como para hacer que se ponga nervioso con esos pequeños gestos cercanos. Confía en él, pero su omega reacciona instintivamente siempre que un alfa se le acerca de ese modo, por lo que al lobo respecta Kajat podría ser ahora mismo uno de los guardias de Kez.

—No estás preocupado por Harry como lo estaría cualquier siervo, tan siquiera un siervo que fuese su favorito. Te gusta ¿Verdad? Quieres que sea tu alf-

—Cállate. —ordena León con una hostilidad increíble. Acto seguido abre sus ojillos con desmesura y se tapa la boca, sin creerse que le haya hablado así al coronel. Un escalofrío lo recorre, paralizándolo en el lugar, luego reacciona con la voz aguda: —¡Lo siento! ¡Lo siento muchísimo! Lo siento, no sé qué me sucede, quizá es por el celo o...

—No pasa nada —le sonríe el azabache con una complicidad que León no sabe interpretar. —, he hablado de más ¿Verdad? Pero que sepas que sé que tengo razón.

León traga saliva <<¿La tienes?>>. Siente que enloquece por las palabras de Kajat, tan pronto las escucha el aroma de Harry lo llena y su corazón acelera. Cree que son imaginaciones suyas hasta que la puerta principal se abre, dejando pasar numerosas filas de soldados que escoltan al grandioso príncipe.

Harry se adentre en sus dominios con un aire señorial que deja lo clavado en su sitio: sus pasos son firmes como los de un líder que guía a sus adeptos, cada respiración le hincha el pecho de forma que luce todavía más grande e incluso sus movimientos más leves le parecen espectaculares, ladea la cabeza rápido, apartándose algunos rulos café de la frente y el gesto basta para salpicar feromonas que hacen a León dar un paso atrás, como afectado por una onda. Harry trae oro en los tobillos, en la muñecas, en los dedos y en el cuello, revestido de joyas que muestran su importancia y lo hacen brillar, pero con ropa tan blanca y pura como ligera, finas capas que se separan mostrando un cuerpo de guerrero. Sus músculos se tensan mientras avanza, su mirada se fija en el fondo de la sala, feroz, bajo un ceño fruncido con decisión e imponencia.

Luce como el hijo de un dios en la tierra y eso le hace dudar de si está bien sentirse como se siente por él. Cualquiera quedaría atrapado en sus redes y León no puede evitar preguntarse si él es cualquiera o si es especial del mismo modo en que Harry especial. No tiene tiempo para divagaciones: los guardias que escoltan al príncipe se abren por un flanco formando un pequeño pasillo por donde Kajat llega hasta el príncipe, pero le cierran el paso a él, que se choca con las piernas musculosas de uno de esos guerreros. El pobre omega está a poco de caer de culo por el golpe y se siente increíblemente despreciado, pero entiende que es solo un criado y Harry el heredero de la corona.

Ve a Kajat señalarlo y Harry lo busca con la mirada. Al encontrarlo se forman unos bonitos hoyuelos, la imagen de un poderoso líder queda rota, pero algo más bonito asoma entre las gritas: Harry. No Harry el príncipe, ni el lobo negro, ni el guerrero del imperio, simplemente Harry. Tras unas palabras de la grave voz del alfa los guardias miran con confusión al omega y se abren, dejándolo pasar. Penetra dentro de la formación, corriendo cual cachorro hacia su amo, y Harry lo recibe atrapándolo como a un niño. Lo coge por las axilas, elevándolo, y lo siguiente que sabe es que el lobo lo ha abrazado en el aire y él ha tenido que aferrarse a su cuello con los brazos y a su cintura con la piernas.

—¿Mi omega mimoso me ha echado de menos? —pregunta el alfa, rozando su nariz con la de León en un tierno beso de esquimal que hace al segundo enrojecer.

—Me avergüenzas, príncipe bobo —se queja el chico, hundiéndose en el cuello del alfa mientras lo carga de modo bochornoso frente a todos. —¿Podemos tomar un baño? Estoy cansado, estaba esperando por ti.

—Oh, cariño... —murmura apenado, bajándolo. León hace un pequeño gruñido de inconformismo por tener que separarse de ese lobo cuya piel lo tranquiliza, pero se tiene que conformar con andar a su lado. —Debo reunirme con mi hermano y los ancianos del templo para planear como encubrir la ida del rey. Será muy rápido, lo prometo ¿Por qué no tomas ese baño y me esperas en la cama?

—No prometo no quedarme dormido antes de que llegue, su alteza. —se burla un poco León, dejando a Harry entrar en la sala de reuniones.

Su lobo le insta a aullar por atención, pero León sabe que no tiene derecho a reclamar a un alfa que no es suyo. Kajat ha insinuado que él desea que lo sea y es innegable: las reacciones de su lobo ante Harry, con el celo o sin él, hablan por sí solas. Pero León desea no desearlo. Enamorarse de un príncipe es una tontería, lo sabe desde el primer minuto y aun así su corazón es tan testarudo como para llevarle la contraria al sentido común.

León ríe de camino al baño <<¿Será esto también un acto de valentía o es solo idiotez?>>. Sea lo que sea, piensa, lo mejor es dejar de hacerse ilusiones y dejar que sus sentimientos se marchiten. De todos modos, iba a terminar con el corazón roto.

El lobo blanco sigue su rutina de siempre. Ya se ha bañado hoy, pero la segunda pelea con Kajat lo ha dejado sudoroso y con arena pegada a los codos y las suelas de los pies. León se destrenza el cabello, se lo peina con los dedos y se frota el cuerpo. Sin el alfa el baño se siente insulso, así que no prolonga el momento y termina en apenas un cuarto de hora, saliendo con el cabello húmedo para lanzarse a la gran cama roja. Rueda sobre las cobijas hasta quedar enrollado en la tela roja y después pone la cara contra la almohada, inspirando el aroma de Harry.

Se queda un rato en la cama, pensativo. Jamás imaginó estar donde está hoy, su vida, en un corto espacio de tiempo, ha dado tantas vueltas que se siente mareado al recordar. En diecisiete años ha visto morir a su familia, ha presenciado una masacre, violaciones a sus más íntimos amigos y ha soportado la extinción de su raza, quedándose solo en el mundo, ha vivido como un salvaje en el bosque, como un vagabundo en el imperio de los asesinos de su poblado, ha sido casi violado, toqueteado por alfas odiosos, entregado como regalo a una casa real al otro lado de las montañas y, finalmente, ha logrado caerle en gracia al heredero del imperio más temible del continente. Y todo antes de que pueda siquiera alcanzar su tercer celo.

Su vida es un desastre. Por primera vez en años ha logrado algo con lo que no se atrevió a soñar, una vida tranquila, feliz, pero ha tenido que cometer la estupidez de enamorarse justamente de quien está prohibido.

—Soy idiota. —dice el muchacho en voz alta, hablándole al blanco techo mientras hace un puchero.

—Un poco, pero no te tortures por ello.

León salta de la cama por el susto, y encuentra a Harry riéndose sin parar en el marco de la puerta. Un cojín va directo a su cara, pero el lobo lo intercepta, sube a la cama de un salto y apalea a León con el blando saco de plumas mientras se le pone encima.

—¡Vas a pagar por atacar a tu príncipe! —proclama el alfa mientras León no tiene tiempo a defenderse de los porrazos que recibe con la almohada. —Pequeño maleante... —murmura retadoramente el alfa, dejando de martirizar al chico para bajar directo a su cuello y dar un mordisco que lo hace saltar. De nuevo, ataca una peca que ama dejar roja alrededor.

—¡Auch! ¿No has cenado o qué? —se queja León tratando de zafarse.

—¿No vas a darme el postre? —pregunta el alfa haciendo un puchero. León se le queda mirando, tan hermoso, tan tierno... y niega. —Eres tan malo...

—El peor —dice León con soberbia, escabulléndose de debajo del cuerpo del príncipe para relajar la tensión que nota entre ambos cuando se acercan. —. ¿Qué tal ha ido? ¿Los carruajes han podido salir de Seth?

Harry se tumba a su lado, mirando al techo como él, y asiente.

—En tres o cuatro días deberían llegar a Vento y se vendrán de inmediato, así que en una semana deberían volver con cientos de soldados. Mientras padre esté fuera Gerard dará órdenes a las instituciones del reino a través de los mensajeros reales haciéndose pasar por él y yo tendré que enviar cartas en su nombre a otros reinos, así que me verás pasar muchísimo tiempo escribiendo, firmando y revisando documentos. Será aburrido, pero al menos no he tenido que marcharme por otra semana.

Harry se relaja, estirando su cuerpo y haciendo que le truenen varios huesos.

—¡Para! —se queja León dándole una patada floja en el muslo.

Harry se hace el idiota mientras lo mira, cierra una mano en un puño y lo aprieta con la otra mano, haciendo sonar también los huesos de los dedos a la par que pregunta:

—¿Qué pare de qué?

—¡Crujir como si fueses una galleta! ¡Para, para, para! —se queja el chico agarrándole las muñecas a Harry en un intento de separarle las manos e impedir que siga tirándose y retorciendo los dedos. La fuerza de León no es rival para la del alfa, así que este bosteza mientras vuelve a unir sus manos y tira de sus dedos para atrás hasta que chasquean—Si vas a hacer esto mejor vete a Vento, no quiero oír esos ruidos asquerosos.

—¿Y quién va a exiliarme? —pregunta burlesco, haciendo un presto movimiento para liberar sus muñecas del agarre endeble de León y pasar a apresárselas él al omega. Los ojos cian del lobo blanco se abren por la sorpresa y Harry sonríe chulescamente, poniéndose encima del chico a horcajadas con cuidado de no dejar todo su peso sobre las piernas del más pequeño. —¿Tú?

León no ríe por la broma, querría, pero la boca de Harry sobre la suya se lo impide. Los labios gruesos se mueven sobre los suyos, con tranquilidad, pero incentivándolo, aunque no surte efecto.

—¿Qué pasa? ¿No quieres besarme? —pregunta Harry haciendo un puchero. El alfa es tan grande y protector, pero esos gestos tiernos que hace de vez en cuando bajan las defensas del omega.

—Es... extraño. —murmura el omega apartando la mirada, lamiéndose los labios.

—¿Beso mal? —pregunta el alfa sorprendido, retirándose de golpe y poniéndose la mano sobre sus belfos.

Recuerda su adolescencia, cuando empezó a besuquearse con el espejo para practicar y esa misma vergüenza del novicio vuelve a él. Tras eso ha besado muchas bocas, las primeras con inexperiencia, pero poco a poco ha logrado hacer suspirar a todos los omegas con sus labios y lengua, por eso le sorprende tanto volver a sentirse inseguro como aquel adolescente que dejaba marcas sospechosas en el tocador.

—Príncipe bobo, eres tan, tan ingenuo a veces —se burla León tratando de disimular una risilla. —. Lo extraño no son tus besos, es la situación. Harry, dices que soy tu siervo favorito, me quieres ver desnudo, me has dado placer en mi celo y quieres besarme. Sé que quieres... tomarme, pero dices que no soy solo un divertimento sexual y me pregunto ¿Qué soy? Me confunde tanto esta cercanía, esta... intimidad... No sé qué significan tus besos o tus toques o tus caricias, solo sé que me hacen sentir bien y no quiero llevarme una desilusión. —se queja el muchacho frunciendo sus claras cejitas. —No estoy en posición de pedir nada, lo sé —dice con una risa ácida y mordiéndose el labio un segundo después, evitando llorar. —, tú eres un príncipe, yo no soy nadie y debería agradecer cada pequeño gramo de atención que me das, pero... me confunde, Harry, y no quiero salir herido, aunque si tu decides hacerme daño sé que no tengo el poder para pararte.

A Harry se le estruja el corazón al ver todo el conflicto que sus besos y caricias pretendidamente inocentes causan en el ángel. Él jamás tuvo mala intención, de hecho, él jamás tuvo ninguna intención, solo impulso, solo corazón: sentía que León debía ser mimado y querido y simplemente fue él quien tomó la responsabilidad. Jamás le pareció que eso fuese malo, pero hasta ahora no había pensado en la confusión que eso podría causar en el chico.

---

Fin del cap owo ¿Os ha gustado?

¿Qué pensáis de lo que le ha dicho Kajat a León?

¿Estáis contentos de que haya vuelto Harry?

¿Os da pena ver a León tan confundido? ¿Qué creéis que dirá/hará Harry al respecto?

Nos leemos en el próximo cap owo <3 


Comentarios