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—¿Estás bien? —pregunta León, cierra la puerta detrás suyo y se lleva una mano a pecho. —He sentido un pinchazo.

—Estoy preocupado, pero no te apures, estoy bien, mi amor. —dice el alfa, queriendo distraerlo con su beso.

León se comporta más dócil que de costumbre, dejándose llevar por los deseos del rey. Sabe que el alfa necesita desfogarse antes de la batalla y sabe perfectamente cómo.

Cuando llegó a Seth estaba seguro de que el poderoso alfa llegaría estresado y excitado tras las guerras, lo lanzaría a la cama y lo violaría repetidamente hasta saciarse y le parecía el destino más horrible que podía imaginar. Si alguien le hubiese dicho que sería cortejado, mordido y desvirgado por ese alfa, todo de forma dulce y amorosa, con él deseándolo muchísimo todas las veces, León se habría reído de incredulidad. Ahora no puede imaginar una vida que no sea esta, además de su antigua, pacífica y extinta vida en los bosques.

—Te voy a echar tanto de menos... —susurra el omega, acercándose al gran lobo y abrazándolo con movimientos suaves, llenos de cariño. León le besa el pecho, haciéndole cosquillas con su cabello —cuando te vayas el lazo me apretará tan fuerte que creo que no podré dormir hasta tu regreso, mi alfa.

—Mi amor, tienes que cuidarte en mi ausencia, no puedes pasarte las noches en vela. —le dice el alfa, inclinándose para buscar su rostro y empezar a besarlo; León lo mira, sintiendo los suaves labios contra las mejillas y disfrutando de ese intercambio casto y tierno de ósculos.

—Lo sé... —se lamenta León, refregando su mejilla contra el pecho de su amante. —Estoy tan nervioso y puedo sentir que tú también... Harry, quiero que nos relajemos, quiero... que me dejes un bonito recuerdo en la piel para cuanto te vayas.

Harry lo empuja despacio hacia la cama, León queda bajo él, dejando que el alfa domine el beso e invada su boca con la larga lengua. Los movimientos son sensuales, pero puede sentir como el alfa se contiene para no asustarlo. León quiere decirle que ya no es el diminuto y tembloroso conejito que llegó a Seth meses atrás. Sin esperar a que Harry demuestre sus intenciones, León se desnuda. Es rápido y apasionado, se quita la ropa entre tirones y gruñidos de frustración, tratando de no romper el beso y de desanudarse la tela que se le queda enroscada en los tobillos. Tira la ropa al suelo sin cuidado alguno y pone sus manos en las mejillas pinchosas de Harry, acercándolo más y dejando que lo bese más profundo. El alfa pasa sus nudillo por el vientre del omega, haciendo que este sienta como el estómago de le hunde de la impresión. Incluso sus roces más inocentes son capaces de causar reacciones catastróficas en su cuerpo. Baja sus dedos de porcelana de la cara al cuello, del cuello a los hombros y de estos pasa a la espalda; acaricia los contornos marcados, le roza los costados y llega a su cintura, donde el cordel rojo mantiene en su lugar los pantalones. Lo deshace, despacio y Harry exhala en su boca, impaciente.

León sabe que el alfa está prendido cuando lo agarra con fuerza de la cintura y con una sola mano lo voltea en la cama, sin darle tiempo a tomar aire. Sorprendido, León alza la cabeza y mira hacia atrás, pero antes de eso su cuerpo le da detalles de sobras: le erección del alfa contra sus nalgas, sus besos descendiendo por la espalda, tornándose mordiscos. Una mano que bien podría rodearle y romperle todo el cráneo empuja su cabeza contra la almohada y León se deja someter, sabiendo que no puede contra la fuerza del alfa. Ama eso en él, que sea suficientemente rudo como para que él disfrute ser sumiso y suficientemente amable como para que no tema ser dominado. Harry tiene una pizca de todo lo que le gusta y demasiado de lo que necesita.

El alfa succiona cerca de sus hombros, en la nuca y en los omóplatos, dejando marcas moradas y de dientes y León, sensible y dócil, solo tiembla y muerde la almohada cuando su alfa decide marcarlo con dureza. Harry muele sus caderas contra el trasero del chico, la erección se desliza entre sus nalgas, lubricándose con la dulce sustancia que empieza a desprender. Coloca sus rodillas dentro de las piernas de León, separándolas para abrir sus preciosos muslos y dejar su agujero expuesto. Sus embates son más lentos y placenteros, pero todavía no lo penetra. El omega alza sus caderas, buscando el roce de la virilidad del alfa y este da una larga lamida a su fuente de aroma, marcándolo. León se retuerce por la sensación, gimoteando altamente, y el alfa lleva una mano a la base de su virilidad, sosteniéndola firme mientras se empuja dentro de León.

El chico abre sus ojos con sorpresa, es la primera vez que el alfa lo toma sin prepararlo y la idea le asusta demasiado; la cabeza entra demasiado repentina para su gusto y tiene que acallar un grito de dolor contra la almohada. Después de eso Harry frena, esperando a que los jadeos desesperados de su omega se detengan.

—Eres tan grande... —murmura el chico, apenas sin aliento.

—¿Quieres que siga? —pregunta el alfa, murmurando en su oído con dulzura. León tarda unos segundos en responder, no puede parar de emitir quejidos mientras su interior trata de adaptarse a la violenta intrusión del alfa.

—Despacio, hazlo despacio... —pide con un hilo de voz, mordiendo después la almohada.

Harry le hace caso y se empuja con una lentitud tortuosa que hace que León puede sentir con detalle cada centímetro de él penetrándolo poco a poco. Su interior lo acoge con dificultad, sintiendo por momentos que va a desmayarse, pero cuando ya va por más de la mitad León logra relajarse y la otra mitad es más sencilla. El dolor se enfrenta con la maravillosa sensación de estar lleno y el primer embate no falla, golpea justo en su próstata, haciéndolo temblar de placer y alzar sus caderas buscando que el alfa lo folle más hondo. Harry lo embiste despacio, pero profundo, moviendo solo su cadera, sin tomar a León y atraerlo hacia su sexo. El chico se aferra a la cama, quieto, pero vibrando de placer cuando Harry llega hondo y se queda unos segundos presionando su cálido interior; Harry tiene los brazos a los costados del chico, apoyado en la cama y sin tocarlo, obteniendo la perfecta distancia para ver como el pequeño abre su boca para gemir, como sus hombros suben cuando lo penetra, como los dedos se agarrotan cuando se siente vacío.

Es la vez que más despacio lo está tomando, pero el disfrute no ha bajado un solo tono. Ambos saben que llegarán pronto, no en un orgasmo explosivo y escueto como las otras veces sino más bien en uno largo, tranquilizador. En uno que los deje satisfechos y con una morriña típica de las mañanas. Harry presiona una vez más, empuja sus caderas varias veces incluso estando ya dentro del todo y siente a León apretarlo más y más; sabe que está manchando las sábanas ahora mismo y sabe, cuando su interior se afloja, que el orgasmo lo abandona como una caricia. El omega se queda con los ojos cerrados, respirando superfluamente, tan tranquilo, y Harry también dispara su semilla en su interior, sin introducir su inflamado nudo esta vez. León gimotea bajito por el calor que siente derramándose en sus entrañas, la sensación siempre le resulta extraña y la idea de que podría quedar embarazado lo hace tener un escalofrío. Le asusta y le ilusiona al mismo tiempo, pero tiene más que claro que tres veces no serán suficientes para que el alfa pueda fecundar su cuerpo poco receptivo a semillas que no sean de los de su especie.

Harry sale de su interior, se tumba a su lado en la cama y lo abraza, acariciándole la espalda.

—Vas a agotarme si sigues así, Harry, eres tan pasional... —murmura el chico con una sonrisilla pícara.

—No es mi culpa que seas tan tentador. Te traeré la comida, debes estar sin energía.

—¿Puedo tener un postre dulce? —pregunta el chico rodando en la cama y haciendo un puchero. Harry asiente, sonriéndole totalmente enamorado.

Mientras el alfa se va, León busca una toalla para limpiar el estropicio que ha armado y luego descansa un poco la vista; afortunadamente el alfa llega con la comida antes de que al muchacho le dé tiempo a dormirse. Trae dos abundantes bandejas con carne, patatas y zanahoria, un gran pedazo de pan acompañado de una salsa que huele a queso y por último un bol con bayas, dátiles, miel y pedazos de caramelo. El omega sonríe al ver su postre y Harry tiene que quitarle el cuenco de las manos para que no lo devore tan pronto lo tiene a su alcance.

—La carne primero, señorito, si solo comes dulce se te picarán los dientes y dormirás todo el día. Necesitas algo que alimente bien antes, luego tendrás tu postre. —le advierte el alfa, dándole un golpecito con el tenedor de la madera al omega, antes de entregárselo.

—No me quites mis dulces, Harry, o te voy a quitar yo a ti mi dulce cuerpo.

El alfa se sienta junto a él, dejando el bol alejado del omega, rodeándolo por la cintura para acercárselo.

—No serías tan cruel... —le susurra en el oído, mordiéndole el lóbulo seductoramente.

—Ponme a prueba. —responde León en el mismo tono.

—Cuando vuelva, León, posiblemente estés en celo; dudo que vayas a estar diciéndome que no.

—¡Oh! Es cierto, me había olvidado de que ahora tengo el celo cada mes —comenta el chico casualmente, rindiéndose y dando el primer bocado a la carne, aunque mira de reojo el bol lleno de dulces. — ¿Crees que habrás vuelto para de aquí a la semana que viene? —Harry asiente con la boca llena. —Me alegro, eso me deja mucho más tranquilo. Sé que los lobos de Kez no son nada para ti, pero lo que ha dicho Gandel me ha puesto la piel de punta.

—Gandel a veces se equivoca León, él es un anciano muy respetado, pero el cansancio, el estrés y la edad le afectan como al resto de mortales. Y aunque no estuviese errado, aunque los lobos de Kez fuesen más de los que el viajero de Vento a dicho y más feroces y mejor entrenados ellos jamás van a superar a nuestro ejército. Por eso nosotros tememos a los lobos rubios por encima de los de las otras razas, porque sabemos reconocer una verdadera amenaza. Ellos lo son, los lobos pardos no.

León no dice nada más sobre el tema durante la comida. Él sabe perfectamente que no hay nada que su rey pueda temer el ejército de lobos pardos, pero tiene un nudo en el estómago que no se va haga lo que haga.

Esa misma tarde, cuando Harry se marcha y le da un largo beso de despedida, León alberga el temor de que será el último y cuando le promete a Harry que al volver lo besará un día entero siente que está haciendo una promesa en vano. Se queda con Kajat, que le pone una mano en el hombro y le acaricia la nuca, donde se halla su fuente de olor que lo impregna todo con el cítrico aroma de la preocupación, pero nada le hace sentir mejor.

Pone las manos contra su pecho cerradas en puños y siente un delgado e invisible hilo que sale de su corazón y conecta con el de Harry. Cuanto más se aleja, más se tensa.

Fin del cap ¿Qué os ha parecido?

¿Os gusta que Harry y León estén enlazados?

¿Qué creéis que pasará a continuación?


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