Perdón por la tardanza, espero que disfrutéis mucho de este cap larguito:
Me mordisqueo las uñas mientras espero sentado en la mesa de la cocina.
El suelo tiembla y aunque levante los pies las vibraciones escalan por las patas de la silla y de la mesa, haciendo que todo se estremezca. El agua de los vasos crea pequeñas ondas. Los cubiertos tintinean muy ligeramente al rozarse entre sí. La comida en ambos platos no se inmuta: intacta, deliciosa, pero poco a poco quedándose fría.
No sé cómo Ángel ha pensado que tendría el estómago suficiente para comer una cena con él después de... de todo esto.
Me muerdo la punta del dedo al quedarme sin uña y con sabor a sangre en la boca. La vista perdida en esa pequeña trampilla. Son solo cinco tablones de madera, una cerradura y un pequeño tirador de cobre. Nada extravagante.
Pero para mí es la puerta al jodido infierno.
Ahí es donde empezó todo. Estaría muy equivocado si pensase que mi descenso a la locura inició cuando Ángel me secuestró en mi casa o cuando hizo sonar el tintineo mágico de la puerta de Oliver por primera vez, porque en esos entonces yo aún tenía esperanza y esa chispa de inocencia propia de una persona que sigue pensando que la muerte es el peor de los destinos y no un alivio. Ahí, en la trampilla, empezó el infierno porque ahí empecé a sentir algo más que temor por Ángel. Ahí empezó el infierno porque ahí es donde tomé la decisión de huir. Y donde la abandoné. Ahí empezó el infierno porque ahí es donde dejé que las manos de mi demonio me guiasen para matar a quien había tenido por ángel guardián.
Ahí es donde Ángel apagó las luces tanto tiempo, que ya no pude ver el bien o el mal o la línea que los separaba.
Ahí empieza el infierno de esta noche, porque ningún lugar donde se oiga el ronroneo de una motosierra contra carne y huesos puede ser el cielo.
La trampilla retumba y luego chirria. Se abre poco a poco, ahora sin las vibraciones de la sierra de fondo. No soy capaz de apartar la mirada. Ángel emerge de ella, sus pantalones y camiseta negra están húmedos y pegados a su cuerpo, como si acabase de caerle un chaparrón, pero lo que sus ropas oscuras ocultan su cuerpo lo revela: las manos enguantadas están prácticamente rojas y su rostro tiene salpicones por todos lados, brochazos rojos en la frente, la nariz, las mejillas... las puntas de su flequillo húmedas y oscuras, pequeñas gotas haciendo que se adhieran a sus sienes y lamiéndole la cara hasta dejar rastros carmesí. Entre tanto negro y rojo sus ojos verdes resaltan como si brillasen. Y es que tienen un brillo extraño, divertido tal vez.
Su pecho sube y baja y el sudor de su frente se mezcla con la sangre que le escurre hasta el cuello y se pierde en la camisa. Tiene ese aspecto jadeante, pero feliz, de un atleta orgulloso de sus esfuerzos o de un hombre bañado en sudor y lujuria que acaba de salir de un encuentro explosivo. Luce tan agotado y complacido, listo para una noche de largo descanso.
Yo no sé si podré dormir, ya no esta noche, sino nunca más.
Él se acerca a mí a un poco, cerrando la trampilla con el pie y dejando una marca roja en la madera. Cuando anda la goma de sus zapatos hace un ruido húmedo en el suelo y tengo que apartar la vista para no ver las asquerosas pisadas.
Se pellizca los dedos con una mano enguantada, aflojando el guante de la otra y luego retirándolo despacio. Su mano derecha es tan pálida en contraste a la ropa negra y ceñida y a la cara roja. Puedo ver gotas de sangre secándose entre los cabellos de sus cejas, agrietándose. La mano limpia me recoge la barbilla y me fuerza a mirarlo.
No quiero, verdaderamente no quiero.
Pero lo hago, porque estoy ya tan acostumbrado a rendirme a sus deseos que ni siquiera he de pensar antes de actuar. Su pulgar me acaricia la mejilla muy despacio, llevándose lágrimas que empiezan a caer silenciosamente, y la palma ahuecada empieza a deslizarse un poco hacia mi mandíbula. El índice y el corazón bajan a mi cuello y pulsan el hueco caliente bajo mi oreja y mi mandíbula. Ángel se queda unos segundos observándome con placer, midiendo mi pulso mientras retengo el aliento. Entonces me lo acelera con un beso.
Por primera vez en mucho tiempo intento alejarme de él. Me tiro hacia atrás en la silla, pero su mano se desliza a mi cuello y fuertes dedos presionan mi nuca para mantenerme cerca. Sus labios me calman de inmediato: tan calientes, tan amables.
No quiero que me hagan olvidar la realidad, pero su boca es mágica, lo suficiente para hacer desaparecer de mi mente el hecho de que el hombre que me besa está cubierto por la sangre de mi madre y de los cuerpos muertos de sus padres.
El beso es el más lento que me ha dado nunca y mientras me funde los labios con el leve movimiento de los suyos, sus dedos me arremolinan los mechones negros en la nuca. Es una sensación fantástica la de Ángel jugando con mi pelo, acariciando y besándome como si no existiese el tiempo. Como si los tres cadáveres no fuesen a empezar a descomponerse en cualquier momento o como si la comida de la mesa no estuviese enfriándose ni la sangre de su cara goteando, deslizándose por su frente, sus pómulos, su nariz... nuestros labios.
Su boca dulce y metálica se siente tan bien. Sabe a un amor de esos que duran por siempre, sabe a venganza y a paz, sabe a la sangre de la persona que más daño me ha hecho en la vida y los labios de quien por mí no solo mataría, sino que me enseñaría a matar. Sabe al amor más podrido que nadie pueda hallar nunca. Y es perfecto para mis labios llenos de veneno y pecado, perfecto para alguien tan podrido como yo.
Su lengua asoma, apenas un simple roce para hallarse con la mía, ambos probando la sangre entre nuestras bocas, ambos gimiendo cuando el sabor nos golpea duro y nuestros suaves labios hacen que el impacto se sienta como una caricia. Ángel ladea la cabeza un poco más, noto un goteo frío cayéndome en las mejillas, deslizándose sutilmente hacia mis comisuras. Su mano me aprieta un poco más la nuca, firme, demandante, pero con el pulgar todavía acariciando el lugar en que nace mi cabello. Siento cosquillas en mi cuello y tiemblo, el sabor de la sangre me invade la lengua y me pinta los labios; y yo beso a Ángel hasta borrar el carmín y regalárselo. Nuestras lenguas mezclándose, rizándose en un tirabuzón ensangrentado.
Dulce, dulce muerte ¿Por qué algo tan malo sienta tan bien?
Oh, tiro mi cabeza hacia atrás, como buscando beberme todos sus besos. Que Ángel se derrame entre mis labios y baje por mi garganta, que me posea. Dioses, si no fuese porque todavía me tiemblan las manos y se me sacude el cuerpo entero al imaginar la violenta escena, arrancaría a Ángel sus ropas empapadas en sangre y haría mi cuerpo deslizarse sobre la superficie roja y brillante del suyo. Sus músculos tensándose, su pecho subiendo y bajando y las gotas deslizándose como arañazos hacia el centro de su pecho, formando un riachuelo en el abdomen marcado. Me gustaría inclinarme sobre él, beber la sangre de su cuerpo mientras él profana el mío. Me gustaría saber a qué sabe la muerte goteando de las manos de Ángel.
Tan incorrecto, tan dulce.
Él me agarra del pelo y arquea mi cuello aún más, haciéndome abrir la boca para quejarme. Se traga todas y cada una de mis protestas y si tengo súplicas formulándose en mi lengua él las deshace con la suya. Me muerde los labios, tan voraz, tan violento. Quiere más. Quiero más. Yo le muerdo los suyos hasta herirlos, porque la sangre sabe demasiado bien y la de los muertos estaba acabándose, secándose sobre mis mejillas y sobre sus párpados.
Él jadea cuando le rompo el labio, yo gimo cuando él hace lo mismo con el mío. Nuestras bocas húmedas y calientes se buscan con desespero, la sangre fresca chorrea entre nuestros besos, la siento bajarme por el mentón y el cuello, por la nuez que sube y baja cuando trago ese hermoso líquido rojo que compartimos.
Y ahora que estamos besándonos así, con nuestras sangres mezclándose en nuestras bocas, nuestras heridas ardiendo entre mordisco y lametón y nuestros labios pulsando, haciéndose presentes solo cuando la lengua ensangrentada del otro los recorre a pinceladas y sus dientes rojos los rompen a besos violentos, ahora no sé bien dónde acaba Ángel y donde empiezo yo.
Siento que nuestras lenguas se anudan, que nuestros labios pronuncian un pacto en un idioma húmedo, chicloso y caliente, un idioma que no está escrito más que en las cicatrices que nos estamos dejando, en el vaho entre nuestras bocas, en el aire metálico que respiramos de los suspiros del otro.
Ángel se separa de mí, dejándome hambriento y gimoteante, como un cachorro consentido que lo mira desde abajo. Veo su boca toda roja y brillante y siento la mía fría a falta de la suya, los labios palpitando y doliendo por la necesidad de sus tactos violentos. Lo deseo cerca, lo deseo ahora.
Quiero que me bese, porque mientras lo hace no existe el mundo. No existe el bien o el mal, no existe el sabor repugnante de la sangre por el que ahora me froto la boca con la manga de mi camisa, no existen mis recuerdos horribles, ni mis pecados, no existen sus acciones horribles ni mi odio por ellas; no existo yo, solo él. Cuando me besa no hay cielo ni infierno, solo un ángel caprichoso que ha arrasado mi mundo por mi culpa.
Es una sensación vertiginosa que hace que se me hunda el estómago, pero a la vez sienta tan bien: como lanzarse a una caída libre y desaparecer del mundo. Hundirse en una especie de burbuja segura. Solo que mi burbuja segura es la boca de un asesino que por tenerme cerca sería capaz de cortarme en pedazos y devorar cada día un trocito de mi corazón.
Es algo horrible, pero yo soy una persona horrible.
O lo era o... ah, ¿Y yo qué sé? Ya no sé nada de nada. Estoy tan confundido, entre asustado y extasiado, y la única certeza que tengo es que esto está mal. Ángel está mal. Yo estoy mal. Lo que hacemos está mal.
Hay que detener esta locura.
Su mano pálida sostiene la mía, dedos largos y fuertes pasan sobre los míos y los aprietan un poco, reconfortantemente.
—Estás temblando, mi amor —me dice, una sonrisa roja se pinta en su rostro. Tiene sangre en los dientes y la lengua le brilla.
Nos hemos besado, nos hemos besado con la sangre de nuestras víctimas en nuestras bocas. Oh, dios, nos hemos besado después de que él trocee los cadáveres, después de que yo haya matado... Una arcada me recorre, el juicio volviendo a mí. No puedo dejar que esto siga. No puedo dejar que me consuma, pero ¿Qué opciones tengo? Escapar y suicidarme son solo formas cobardes de no hacerme cargo de lo que he creado: a él.
Él es mi responsabilidad, mi error. Pero no puedo traicionarle, no puedo llamar a la policía, escupir ante un juzgado las atrocidades que me ha hecho y dejar que lo encarcelen, no puedo ponerlo en una celda como si él fuese el culpable y yo una pobre víctima. Yo lo corrompí cuando solo era un dulce niño, susurré atrocidades en su oído y las grabé en su cuerpo con mis manos, yo torcí su vida y esto... esto es solo el resultado de mis actos.
Pero ¿Qué debo hacer? ¿Consentirle y consentirme, permitiéndome seguir hundido en esta vida que tanto me gusta y tanto me asusta? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que alguien encuentre los cadáveres o antes de que haya más cadáveres? Si Ángel me mata yo... puedo aceptarlo, agradecerlo. Pero ¿Y si el mata a alguien más? ¿Y si matamos a alguien más? A alguien inocente... como el tipo del baño de la discoteca ¿Cuánto queda para que haya otro tipo y esta vez no logre detener a Ángel? ¿Cuándo para que sean varios tipos? ¿Para que sean niños, quizá? ¿Cuánto queda para que yo me vea consumido por esta locura y en vez de intentar pararlo, quiera más sangre?
Tengo que detener esta locura, pero... pero...
—¿Ty? —pregunta preocupado, su voz haciéndose pequeñita y su rostro acercándose al mío con el ceño levemente fruncido. Pone una mano en mi frente, apartándome el cabello húmedo —Estás helado y no paras de temblar. —me dice en un susurro.
—Estoy perdiendo la cabeza —le digo, las palabras salen más violentas de lo que esperaba. Como una recriminación. —, estoy realmente nervioso, Ángel, muy nervioso —añado, con más calma y la misma sinceridad.
Él tuerce una de sus comisuras y pone cara de pena.
—Iré a bañarme, pero primero te traeré algo para los nervios. —se inclina, dándome un dulce beso en la frente —Ya verás, esta noche dormirás como un bebé.
Lo miro mientras desaparece por el pasillo pocos segundos después, dejando un rastro de pisadas rojas y mi corazón acelerado. No quiero perderle, incluso si una parte de mí suplica por huir. Mi corazón da un vuelco cuando lo siento lejos, mi piel se siente demasiado fría, demasiado sola.
Él es tan dulce a veces, como ahora, cuando vuelve del baño sosteniendo una diminuta pastilla en sus dedos limpios y la deja a un lado de la mesa. Luego me acaricia los cabellos con cuidado, hundiendo sus dedos y rascando de forma agradable mi cuero cabelludo.
—Es efervescente, puedes ponerla en tu vaso de agua para que se disuelva si no te gusta tragar pastillas. —me dice, una sonrisa bonita en su boca y el verde sus ojos reluciendo entre pinceladas rojas. —No hace falta que vengas conmigo si t-
—¡No! —le interrumpo de golpe. Mi corazón golpeando mi pecho con furia cuando me lo imagino solo en el bosque, cavando, arrojando bolsas de basura ensangrentadas al hoyo en la tierra y de pronto siendo iluminado por una linterna de un hombre vestido de azul y... —Iré —asevero. No, no puedo dejar que pase, no puedo dejar que le atrapen, que lo lleven lejos de mí, solo. Que yo me quede aquí, esperando. No quiero ser abandonado de nuevo. —Quiero ir contigo, por favor —añado con tono más calmado y una mirada de súplica.
Él rasca un poco más con sus dedos y deja un casto beso sobre la punta de mi nariz.
—Me hace feliz que me acompañes, Ty, siempre estoy feliz de tenerte a mi lado. —informa con una voz tranquila y suave, como un arrullo. Luego su rostro se suaviza tanto que hasta la sangre luce inofensiva y bonita, como colorete, y añade: —Te quiero.
—Te quiero —respondo de inmediato, un susurro traicionero escapando de mis labios. Me pongo colorado yo también, solo que mi piel prácticamente limpia lo revela con menos disimulo y Ángel ríe por ello.
Me revuelve el pelo con su mano limpia, como a un cachorro.
—¿Siempre juntos? —me pregunta con una voz demasiado dulce, demasiado infantil.
Mi estómago se llena de pequeñas mariposas cuando me ofrece su mano derecha cerrada en un puño, con el meñique levantado. Yo le enseñé ese gesto.
Levanto mi puño con el meñique alzado y acerco mi rostro al suyo. Miro nuestras manos y respiro sobre su boca. Mi nariz acaricia la suya. Su puño tiembla. Su respiración me acaricia las pestañas.
—Hasta el final — susurro antes de besarlo.
Mi dedo meñique se entrelaza con el suyo, sellando la promesa, y su boca jadea en la mía por la emoción. Muerdo dulcemente su labio y lo lamo, tragándome los pequeños temblores de su boca. A veces Ángel luce increíblemente inexperto y adorable, un encanto que hace tiempo que no veía en él. Hace mucho, mucho tiempo.
Su palma ahuecada sostiene mi mejilla y rompe el beso. Me mira a los ojos con los suyos brillando, faros esmeralda ocultos tras sedosas pestañas, y luego me besa otra vez. Ahora él tiene el timón del beso, su legua plana me da un lametón en la boca entreabierta, como tentándome, luego se hunde en ella y me acaricia la lengua y un poco el cielo de la boca. Prensa sus labios con los míos y se separa con un sonido húmedo y chicloso que vuelve locas a las mariposas de mi estómago.
—Me ducho, cenamos y luego salimos al bosque ¿Si?
Yo asiento con dulzura y una sonrisilla irónica formándose en mis labios.
<<Al bosque mágico>>
Veo a Ángel dejar la habitación, una nueva hilera de pisadas rojas atraviesa ahora el pasillo y la cocina hasta la mesa donde estoy sentado, pero no pasa nada, nos ocuparemos de eso más adelante. Sí, me ocuparé de todo, porque tengo que parar esta locura.
Y sé exactamente qué debo hacer.
Suspiro y dejo caer la pastilla en el vaso de agua.
Fin del cap ¿Qué os ha parecido?
¿Qué pensáis de la relación que tienen ahora los personajes en contraste a la que tenían al inicio?
¿Os gusta?
¿Qué pensáis de las dudas y remordimientos que siente Tyler ahora o del hecho de que al final haya terminado medio obsesionado con Ángel?
¿Qué haríais vosotros en su lugar?
El próximo capítulo ya es el último aaaaaaa ¿Qué creéis que sucederá?
Si os ha gustado el cap, dejad un votito y si estáis intrigados, comentad un corazoncito negro jeje Muchas gracias por leer <3
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