Capítulos 121-130

 

Capítulo 121

 

Mientras lo acaricia hasta dejarlo dormido, Xander piensa en la noche que han tenido. En lo agradable que es hablar con Liu o, aún mejor, escucharlo mientras parlotea sin parar y su voz se torna aguda como la de un pajarillo cantarín, con esos ojos brillantes tan hermosos y esa sonrisita que se le forma cuando está emocionado por algo.

Le hace feliz, inmensamente feliz ver al chico sentirse tan cómodo cerca suyo como abrirse un poco. Como para relajarse y ser él mismo e incluso para hablarle de sus sentimientos, de sus preocupaciones y sus temores, incluso si la mitad de ellos llevan su nombre.

Pero, así como le hace feliz, hablar con Liu hoy le hace sentir desdichado. Una profunda ola de depresión lo abate y lo hunde cada vez que recuerda al muchachito diciéndole como le duele que su relación no vaya a ser nunca aquello que pasó años imaginando. Xander sabe que Liu pasó su infancia fantaseando con ser amado de un modo en que solo suele verse en los cuentos de hadas, arropado con amor casa día, bañado en mimos y palabras bonitas, abrazado, besado, apreciado cada uno de los minutos de su vida. Y sabe también que luego, cuando fue haciéndose mayor, Liu dio forma a esas fantasías.

Y nombre: quería un amante y luego un novio y si era muy afortunado, algún día un marido. Y quería que todos ellos fuesen uno, su alma gemela. Depositó todo ese anhelo en Matheo que, sin quererlo, reciprocaba su hambre de amor con las migajas de afecto de una amistad. Una buena amistad, realmente, pero siempre muy lejos del tipo de cercanía, de intimidad, que Liu deseaba de él.

Cuando murió, Xander sabe que Liu se sintió indigno de amor. Incluso si fuese digno, se sintió incapaz de encontrarlo y él amaría tanto contradecirle. Demostrarle que merece amor y que él será el encargado de dárselo, pero… pero Xander nunca ha pensado en Liu de esas formas tan tiernas, como su novio o su media naranja o su alma gemela… él piensa en Liu como suyo. Y se pregunta si acaso lo que él tiene que ofrecerle a Liu no es ese sentimiento puro e infinito que tanto anhela, sino más bien obsesión, posesividad y atención. Y le da miedo, no porque Liu vaya a rechazar esas cosas de él, tan siquiera puede, sino porque sabe que el chico no querrá hacerlo: al fin y al cabo, tras toda una vida hambriento de amor, está seguro de que ha olvidado su sabor y que fácilmente confundirá otras cosas con él. Su obsesión, su atención desmedida, su lascivia, su celosía… todas ellas son frutos amargos, pero sabe que Liu ignorará eso siempre que tengan la más mínima dulzura como para que pueda confundirlas con el amor azucarado y lleno de ternura que una vez soñó.

Así que Xander se pregunta, mientras lo acaricia y lo besa en sus sienes y tiene el máximo cuidado porque no quiere hacerle daño… si realmente él va a poder darle a Liu lo que merece, lo que necesita, o si simplemente lo obligará a conformarse, solo porque él así lo quiere.

Debe admitir que la película que ha visto con Liu (la mitad con un Liu despierto y la otra mitad con uno tan profundamente dormido que le ha babeado encima del brazo) le ha dejado la cabeza hueca de pensamientos, aunque también le ha hecho reír. Los humanos son verdaderamente ocurrentes e ingeniosos, hasta le sabe mal haberlos visto como mera comida parlante todos estos años.

Sea como sea, tan pronto los créditos de la película han aparecido en pantalla, todos los pensamientos han vuelto volando a Xander como un enjambre. Ahora, sin embargo, no puede permitirse estar confundido y dudar, ahora solo tiene que hacer lo que le ha prometido a su humano: cuidar de él.

Así que lo toma en brazos desde el sofá con cuidado de no despertarlo, lo lleva a la cama y lo abraza por detrás hasta que el sol le besa la piel cálido e irremediablemente somnífero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 122

 

La situación es extraña. Extrañamente agradable.

Cuando tiempo atrás Xander le ofreció a Liu ver alguna película con él, el muchachito pensó que se trataba de uno de sus esfuerzos por ser amable, no de un interés real, pero desde esa noche el vampiro y él han establecido una cómoda rutina que le hace sentir bien, casi seguro.

Xander le va a buscar cada noche al trabajo, lo besa con delicadeza y luego se decida a refunfuñar y quejarse de Dave porque el moreno hace lo mismo tan pronto ve al vampiro. Suelen insultarse un poco hasta que Liu se harta de que se comporten como dos perros de esos pequeños y gruñones que le ladran a todo pero que cuando les sueltas la correa se quedan tiesos como taxidermia; cuando eso sucede, el pecoso tira de la mano de Xander para llevárselo y se despide de Dave ("Adiós, Liu. Adiós, sanguijuela de dos metros" suele decir este).

Ambos caminan hacia casa de Liu charlando y tomados de la mano. A veces Xander se desvía y le ofrece llevarlo a aquel hermoso claro de bosque. Liu ha aceptado dos veces y ambas hace lo mismo: se queda en silencio, pensando, hundiendo sus manos o sus pies en el lago y haciendo sonar el agua hasta que su mente se siente en paz. Sea como sea, después de eso acaban yendo a casa y ahí Liu hace lo que sea que tiene pendiente (limpiar, cocinarse una cena, ducharse, buscar información sobre los exámenes de acceso a la universidad, hacer la lista de la compra…) mientras le cuenta sobre su día a Xander y este lo escucha. A veces lo abraza por detrás. A veces sus manos rozan si piel bajo la ropa y Liu se pone nervioso y debe pedirle que se detenga. Xander lo hace, siempre. 

Y después ven una película. Al inicio Liu las proponía, pero poco a poco Xander ha descubierto su gusto propio y resulta ser un aficionado a los romances. Cuando Liu le pone una película acaramelada hasta el punto de que él mismo la considera insoportable, Xander suele quedarse embobado mirando la pantalla con la boca abierta y ojos de estar descubriendo un mundo nuevo. Uno que no comprende todavía, pero que está desesperado por entender algún día.

Hoy, sin embargo, le toca a Liu escoger la película.

—¿Qué tal esta?

Xander rueda los ojos y le quita el mando a Liu, sosteniéndolo en alto con el brazo estirado para que el chico no llegue a alcanzarlo. Cuando lo intenta, escalando sobre su cuerpo musculoso, Xander le rodea la cintura con un brazo y lo obliga a bajar, sentándolo en su regazo de cara a él.

—Puedo predecir el giro del guion con solo leer la trama.

—¿Ah sí? —pregunta Liu desafiante, cruzándose de brazos y alzando una ceja.

—El asesino es el protagonista, siempre es el protagonista solo que no se da cuenta, ha perdido la memoria o simplemente manipula a la audiencia. Es un clásico.

Liu ríe, sorprendido por la arrogancia en la respuesta del vampiro. Habrán visto ese tipo de giro de guion dos veces. Tres como mucho.

—¡Oh, un clásico! —exclama caricaturescamente, alzando sus manos en el aire con fingida sorpresa —Discúlpeme, presidente del cine de suspense, no sabía que se había vuelto usted catedrático desde hace… ¿Cuánto hace que ves películas? Ah, sí ¡Menos de un mes!

—Aprendo rápido. —se encoge de hombros, apático.

—Lo que tú digas. Pero el asesino no es él. Estoy seguro de que es el doctor. 

Xander frunce el ceño. Liu es un chico listo, inteligentísimo desde su punto de vista, así que se le hace extraño que haga una predicción tan mala. Él mismo podría estar equivocado, pero no está a acostumbrado a verse a sí como un ser falible, mucho menos a admitir un error.

—¿Quieres que lo comprobemos? —le pregunta desafiante mientras recoge uno de los mechones de Liu tras su oreja en una caricia que le hace lucir menos seguro de sí mismo y un poco más tímido.

—¿Qué me das si tengo razón? —pregunta Liu enarcando una ceja.

—¿Qué me das tú a mí?

Liu no está seguro de si ha sido o no intencional, pero la voz de Xander suena baja, ronca. Insinuante. Ha hecho esa pregunta con una seriedad que corta de raíz el tono juguetón y desenfadado que tenía la conversación hasta el momento.

Un escalofrío lo recorre y su voz suena como un susurro fantasmal cuando responde:

—¿Qué quieres?

Pero Xander no le contesta. Solo lo mira. De arriba abajo. Lento. Serio.

Percibe con la omnipotencia de sus ojos rojos cada pequeño cambio en el cuerpo del muchacho: la manera en que los tendones de su mano saltan cuando la cierra en un puño tembloroso, cómo aparta la mirada y los mechones chocolate le caen sobre los ojos como una cortina que busca ocultarlo del calor de su mirada, el temblor de sus labios cuando aprieta la mandíbula, el suave subir y bajar de su manzana de Adán cuando traga saliva.

—No me mires así —pide el chico de pronto y Xander se pregunta cuánto rato ha pasado mirándolo, devorando la cremosidad de su piel con sus pupilas, paseando su imaginación por sus delgadas muñecas, esa cintura, ese cuello vulnerable y pecoso, esas mejillas de ardilla tan adorables…  —, parece que me vayas a comer.

Xander ríe cortamente. Es una sonrisa ladina, carismática, pero tanto como diablesca. Liu se remueve sobre sus piernas, incómodo, acalorado.

—Eso querría —admite Xander con una profunda voz que Liu aprendió demasiado pronto que era demandante. Se gira de repente hacia él, alarmado, pero el vampiro le acaricia la mejilla y lo tranquiliza con palabras suaves como la seda —. No te preocupes, no te pediré tu sangre. Sé que no querrías dármela. 

Hay anhelo en su voz, en su forma de admitir una tan obvia verdad como si fuese una dolorosa traición y Liu sabe que solo un idiota sentiría cualquiera cosa que no fuese alivio por oír al vampiro hablar así, pero él se siente culpable.

Y asustado, porque si no le da a Xander lo que quería de él desde el inicio ¿Cuánto tardará el vampiro en rendirse y volver a abandonarlo?

—Si no bebes de mí ¿A cuántas personas matas? —pregunta de pronto, un nuevo tipo de remordimiento y de temor instalándose en él.

Xander suspira cuando oye la pregunta y aparta la mirada. No le avergüenza seguir matando, de hecho, por cada vida que reclama un sentimiento de orgullo o grandiosidad crece en él, incluso si le gustaría eliminar esa parte de él. Extirparla como uno se quita una muela podrida.

Pero no quiere hablar de sus víctimas con Liu. La noche ha empezado bien ¿Por qué estropearla?

—No lo sé —responde al inicio con voz hosca, pero sabe que no es cierto y odia mentirle a Liu. Ya lo hizo demasiado en el pasado —, tres, cuatro a la semana. La mayoría son malas personas, personas que lo merecen.

—¿Y la minoría?

Xander chasquea la lengua, siente la vocecilla de Liu clavándole como un molesto alfiler en el pecho.

—No siempre encuentro a alguien despreciable con quien saciarme, Liu. —explica y mientras lo hace no es capaz de mirarle a la cara.

¿Cómo podría asegurarle que ha cambiado, que cuidará de él y transformará su ser para volverlo suficientemente suave para sus sábanas, suficientemente manso para sus besos, suficientemente dulce para su amor, cuando la realidad es que cuando el chico no está cerca, ese terrible demonio que atormentaba a Liu noche sí y noche también se apodera de él y vaga con libertad, estira sus alas y baña sus colmillos y garras en el candor de la sangre de humanos que tienen tan poca culpa como Liu la tuvo, pero mucha más mala suerte?

—Si yo te dejase beber mi sangre ¿Cuántas personas deberían morir? —pregunta de pronto y Xander nota en su tono de voz que no es mera curiosidad lo que le mueve a cuestionarse eso. Sus encías arden cuando nota los colmillos creciéndole por instinto ante la tentadora idea, pero aprieta sus labios, intentando disimular un deseo que sabe que agobiará al muchacho.

—Una, quizá. Pero no quiero que te sientas responsable por las demás, si no lo haces. Has sufrido ya bastant-

—Pero es mi decisión ¿Verdad? 

Xander alza sus cejas. Liu respira rápido y no puede ocultar que sus manos se agitan por los nervios, pero su voz suena decidida, resuelta.

—Claro que lo es, Liu —responde con dulzura. Esta vez, mientras habla, no se esfuerza por mantener sus colmillos ocultados, deja que sus labios se muevan cómodamente, mostrando el tamaño de su deseo de marfil. Quiere que Liu entienda su decisión antes de tomarla y parece que funciona: tan pronto habla, los ojos del humano se dirigen con espanto a sus afilados caninos y puede escuchar su corazón acelerándose. —, pero no quiero que te sientas obligado a ello.

Liu sigue mirándole la boca mientras habla, tragando saliva cuando ve la lengua arrebolada y larga del vampiro pasar alrededor de uno de los agudos filos. Sus dientes son tan grandes que no puede evitar llevarse una mano al cuello cuando un eco del dolor que sintió en el pasado lo alcanza, a modo de advertencia. Se le seca la boca al recordar al vampiro hundiendo su hambre en su piel, rompiéndola, forzando sus dagas profundamente hasta que se sentía como si fuesen a desgarrar sus músculos, sus tendones, a serrar su hueso y perforar por siempre su voz.

—E-está bien —susurra y mira al televisor, donde la película de misterio espera a que alguien le dé al botón de reproducir para empezar a desplegarse ante sus ojos —, haremos la apuesta. Si tengo razón sobre la película, pasarás hambre una semana. Solo matarás a una persona y solo si es mala. Y si tienes razón tú…

El chico traga saliva, sus ojos vuelven a bajar por el rostro del vampiro. Sus ojos rojos y felinos, con esa astucia propia de una criatura que puede ver tu alma y revolver en ella, su nariz larga y recta, con el arco suave como esculpido en mármol, sus labios rojos y carnosos y el hambre que ocultan en ellos, la sonrisa arrogante y atractiva que tiene a los lados dos grandes colmillos, enormes advertencias del peligro que ese ser encarna, y luego dos bonitos hoyuelos, distracciones diseñadas para seducir a las presas, para que se acerquen más y más hasta estar demasiado profundamente en la boca del lobo como para no ser engullidos enteros.

La cabeza de Liu es un enorme nudo de pensamientos, una cacofonía de voces que le chillan que realmente no tiene instinto de supervivencia, que le exigen que se retracte o que simplemente gritan horrorizadas ante el destino al que Liu los ha condenado a todos. Pero entre todas esas vocecillas preocupadas e histéricas que protestan en su cabeza Liu tiene una, quizá dos, que le dicen que no es tan mala elección. O, bueno, que sí lo es, pero que es una opción interesante. Tentadora.

<<Me pregunto cómo debe sentirse ser mordido cuando sucede… despacio. Cuando quien lo hace es cuidadoso, cariñoso como Xander lo es últimamente. Me pregunto si su boca se sentirá bien sobre una herida. Si será solo un poco de dolor… de dolor agradable>>

No escucha la mitad de la película ni tampoco los pequeños susurros de Xander en su oído mientras lo abraza por detrás y le acaricia las piernas, la cintura, los hombros, el cuello… Sabe, por su tono de voz, que el vampiro debe estar diciéndole que no se apure, que no tiene por qué hacerlo, pero Liu ya ha tomado una decisión.

Una decisión que zumba en su cabeza como un enjambre y no le deja atender a nada más. Una decisión que lo hace estar nervioso y respirar rápido, pero también apretar las piernas y enrojecer porque Xander hizo algo con él, Xander forzó su cuerpo a aceptar cosas que jamás habría aceptado, lo rompió y lo reconstruyó según sus deseos, dobló sus convicciones y forjó cosas en su corazón que no reconoce como propias, pero de las que no puede librarse.

Por su culpa, no es capaz de aliviar su excitación si no piensa en las manos grandes y la lengua larga que le enseñaron todo lo que sabe sobre placer, pero también sobre dolor.

Por su culpa, a veces, cuando va a terminar y su mente evoca imágenes que él no puede controlar, siente el orgasmo recorrerlo como una descarga eléctrica mientras en su cabeza ve a Xander haciéndolo total y completamente suyo: tomando su cuerpo y su sangre.

Por su culpa, la idea de ser mordido le provoca más que miedo y siente que necesita comprobar que pasará si lo intenta.

 

 

 

 

Capítulo 123

 

Liu se siente aliviado, pero también un poco decepcionado cuando la película está a literalmente dos minutos de acabar y la gran revelación es que el médico es el villano y lo ha sido desde el inicio. Él mismo predijo ese final porque creyó que eso era lo correcto, pero ahora que sabe que tener razón significa no ser mordido por Xander, una extraña tristeza se asienta en su interior. Un sentimiento calmado, porque no puede evitar reconocer que también se siente muy tranquilo sabiendo que se ha librado de ese dolor.

Ahora que ha ganado la apuesta, su delicada piel permanecerá intacta, pero su curiosidad también, encerrada en él como un sentimiento vergonzoso que no puede explorar sino con una excusa que oculte que él, en cierto modo, quiere probar todas esas cosas que lo aterran, que odia, que le han traumatizado hasta hacerle despertarse cubierto de sudor noche sí y noche también tras pesadillas que, por desgracia, son en el fondo recuerdos.

<<Quizá es mejor así>> se dice a sí mismo, pero se da cuenta de que ha suspirado al hacerlo y de que luce alicaído y desinflado como un globo después de una fiesta <<¿Qué problema tengo? Debo estar tan, pero tan enfermo para desear que Xander beba mi sangre después de haber pasado tanto tiempo rogándole que no lo hiciera, llorando porque lo hizo y me sentí usado y asustado y rezando a todos los dioses porque no lo volviese a hacer. ¿Por qué quiero de nuevo las cosas que odio? ¿Es mi forma de castigarme? Pero un castigo debe ser solo desagradable y aunque lo es, en parte, también me siento emocionado, siento una curiosidad y un nerviosismo casi… casi deseosos ¿Xander ha retorcido mis deseos? Pero no es del todo eso ¿Cierto? Porque no deseo que lo haga como antes, no quiero ese dolor, ese miedo. Quiero que vuelva a suceder, pero quiero sentirme cuidado y seguro. Quiero rehacer mis malos recuerdos, cubrirlos de algodón de azúcar. Quiero volver al infierno, porque se siente familiar. Pero quiero cambiarlo, porque se siente mal.>>

Liu sale de su ensimismamiento cuando Xander prácticamente salta del sofá a meros segundos de finalizar la película, cuando la pantalla había quedado negra y solo cabía esperar a que saltasen los créditos. Xander, de hecho, había tomado el mando de la televisión para apagarla, pero se le cae de las manos a la par que su boca se abre cuando la escena final revela una verdad que cambia por completo toda la película: el médico no existe, es un producto que la imaginación del protagonista ha creado con tal de separarse de los crímenes que ha cometido y exteriorizar su culpa. Él es el médico. Él es el asesino.

—¡Lo sabía, lo sabía! —aúlla Xander, orgulloso por su victoria cuando había aceptado la derrota. El vampiro arroja el mando al sofá y se levanta de golpe, dando saltos de emoción.

Liu ríe, incluso si el vampiro es una mole de músculos de dos metros de altura y características diseñadas para hacerlo la criatura más letal sobre la faz de la tierra, luce bastante tierno mientras da saltitos de alegría por haber adivinado el final de una película de misterio.

—Dios mío, es que te lo dije ¡Llevo toda la película diciéndolo! No, desde antes, con solo la sinopsis. Soy demasiado bueno para que me engañen con una trama enrevesada, el próximo día que veamos una de estas me propongo acertar leyendo solo la mitad de la sinopsis.

Liu se tapa la boca mientras ríe adorablemente. Xander, después de su pequeño subidón de energía, vuelve al sofá con él, sentándose a su lado y luciendo un poco avergonzado por su infantil comportamiento.

—Bueno, yo dije que el malo era el médico y él ha resultado ser el médico, en cierto sentido, así que…

—No —gruñe Xander mientras Liu bate sus pestañas en un ardid por lucir suficientemente bonito como para convincente —, no seas tramposo. Has perdido.

—Tendría que haber apagado la televisión antes de que saliese esa escena, ahora se te subirá a la cabeza y te creerás telépata o algo —rueda los ojos en un gesto tan exagerado que es cómico y el vampiro le golpea el hombro, juguetón.

Liu casi se cae del sofá porque incluso si Xander está siendo cuidadoso, es grande y fuerte, así que el vampiro tiene que recogerlo en sus brazos antes de que se precipite hacia el suelo. Y al hacerlo, termina sentándolo en su regazo de nuevo, como antes de empezar la película.

—Ya soy algo similar a la telépata ¿No? Puedo leer los pensamientos de los humanos y también influir en ellos, aunque Mörblut jamás me acabó de enseñar como hacer eso del todo bien.

Xander solo comenta ese hecho, pero Liu parece ponerse serio al escucharlo. Mira a Xander con intensidad y se relame sus labios, ahora algo secos, antes de decir:

—Has… ¿Alguna vez has modificado mis pensamientos?

Antes de obtener una respuesta, Liu sabe que sí. Que incluso sin usar sus poderes, Xander ha cambiado algo en él y es algo irreversible. Pero le gustaría tanto que la explicación fuese tan sencilla como que Xander ha implantado en él los pensamientos o los sentimientos que ha querido, como quien deja caer una semilla sobre tierra húmeda y espera a que florezca porque, si fuese así, Liu se sentiría menos culpable por sus confusos y contradictorios sentimientos. Por lo que desea ahora mismo.

Y significaba también que esos sentimientos pueden ser extirpados con la misma facilidad con que le fueron implantados. Que no son algo suyo y que, por ende, puede quitárselos sin problema, volver a ser quien era antes.

Pero Xander niega con la cabeza y Liu se decepciona, pero sabía que esa sería la respuesta. Que Xander le ha hecho cambiar, pero de un modo más complejo, no he metido en él ideas o emociones, sino que estas han florecido solas, que sus raíces son profundas y que arrancarlas sería perder una parte de él.

—Solo he leído tu pensamiento, pero Mörblut y yo no nos conocimos hasta estos dos años en que no he estado en tu vida. No podría haberlo hecho. Ahora podría, pero… —Xander niega, su rostro exhibiendo profundas arrugas que nunca antes han estado ahí, arrugas de una expresión dolorida, afectada. No quiere imaginarse forzando a Liu a amarlo, destrozándole la cabeza hasta que sea solo un pequeño lío de emociones dependiente de él. Pero puede y la idea le gusta más de lo que debería.

—¿Qué estoy pensando ahora? 

Xander alza la cabeza, sorprendido por la pregunta. Los ojos de Liu le rehúyen con timidez, pero él lo toma del rostro y lo hace mirarlo profundamente mientras clava sus pupilas en las del chico. No necesita verlo a los ojos mientras lee su mente, pero le gusta ver como sus pupilas se contraen con nerviosismo y luego se dilatan cuando dice:

—Estás pensando que esta noche beberé tu sangre.

La nuez de Liu se mueve. Arriba. Abajo. Xander escucha, en medio del silencio sepulcral de la noche, la saliva de Liu pasando por su tensa garganta. Ve los tendones en su cuello descollar, siente el pulsar de esa deliciosa vena volverse más alto, como un tambor golpeado con urgencia.

Su cuerpo reacciona antes de que él pueda hacerlo: sus colmillos crecen y con ellos también los dientes afilados y más pequeños contiguos a estos, sus ojos rojos adquieren un matiz inhumano, el rojo es incandescente, como de las brasas, y su pupila se alarga en forma de ojo de gato hasta parecer solo un arañazo negro dentro del mar rojo del iris. Incluso sus orejas, tan parecidas a las de un elfo, parecen más puntiagudas, como si todo en su cuerpo se afilase, se preparase para cortar.

Liu exhala con temor y su cuerpo hace el ademán se alejarse, pero Xander lo atrapa por la cintura y lo atrae hacia su hermoso rostro.

—No necesitas huir. —<<Y tampoco podrías>> sisea cruelmente el deseo de Xander, esa voz insidiosa y taimada que ha creído por tanto tiempo que era la suya propia.

Intenta ignorarla, centrándose en el bonitos que son los ojos de Liu de cerca, cuando el emborronamiento propio de la distancia no los hace parecer enormes ojitos negros como los de los peluches. Tiene en ellos una hermosa mezcla de color chocolate, avellana y vetas áureas que se mezclan en su iris como lazos de pintura rozándose entre ellos.

—No lo haré si realmente no quieres. Pero me gustaría. Mucho.

Liu vuelve a tragar saliva. El delicioso sonido del nerviosismo embelesa a Xander, igual que la piel erizada en la nuca del humano o el pequeño temblor que lo recorre. Es tan bonito cuando está asustado que siente la tentación de apretarlo un poco, mostrarle sus colmillos, ser malo y decirle que corra, porque está por cazarlo. Pero muerde su lengua hasta que la sangre le inunda la boca. Y luego la traga.

—Q-Quiero intentarlo. Pero no sé qué hacer. No sé cómo empezar. —murmura jugueteando con sus dedos.

En sus recuerdos y sus pesadillas, él no hace nada. No puede: Xander lo inmoviliza y toma de él lo que desea sin previo aviso e ignorando su dolor.

En sus fantasías, tampoco. Rara vez imagina qué pasa antes del mordisco, lo único que su mente le obsequia son imágenes rápidas como flashes donde el vampiro ya está hundido en su piel y sorbe su sangre despacio, con sus manos tocándolo de formas tan agradables como indecentes.

—Ven, será mejor que vayamos a tu habitación. —lo alienta el vampiro y lo próximo que Liu sabe es que Xander lo lleva en volandas por el pasillo.

La puerta de su habitación está más cerca con cada paso y eso le hace sentir nervioso. Una mezcla extraña entre ansiedad y emoción. Cada paso lo hace sentir todo más real, más irreversible.

Cuando Xander abre la puerta, Liu tiene que soltar un gran suspiro con todo el aire que llevaba aguantándose en los pulmones desde que ha salido del salón. Xander sonríe por lo tierno que le parece el gesto y deposita a Liu sobre su cama, donde el chico se abraza a sus rodillas y se pega al cabecero, todavía agitado y ahora pensativo, luciendo como si su objetivo fuese volverse un ovillo tan chiquitito que pudiese ser confundido con las demás arrugas de la cama.

Xander pasea por la habitación tranquilamente, quitándose sin prisa su chaqueta negra y calentita que no quiere manchar con sangre y dejando a la vista una camisa de tirantes negra y estrecha y una cadena gruesa colgando de su cuello.

—¿Debería quitarme la camiseta o algo o…

—Deberías relajarte —responde Xander ante el inseguro comentario del chico, quien piensa estar volviéndose loco por la lentitud con la que Xander ahora ha decidido recoger su cabello en un moño, como si hacerlo esperar y morir de anticipación fuese su objetivo.

El chico aprieta sus labios, avergonzado, y su corazón decide desobedecer la orden de Xander volviéndose loco cuando este gatea en la cama hasta ponerse sobre él. El vampiro lo mira a los ojos unos segundos y Liu espera que no lea su pensamiento, pues se encontrará con su mente en blanco y una pequeña nota de ‘’estamos de vacaciones’’ por parte de sus neuronas.

Por suerte, el vampiro no parece estar interesado en su cerebro, sino en sus labios, pues se inclina poco a poco hacia ellos, entreabriendo los suyos, entrecerrando los ojos y Liu lo imita. Ladea la cabeza ligeramente y todo su cuerpo tiembla cuando el beso empieza.

La boca de Xander está tan caliente que su deseo parece hervir bajo la piel. Lo besa con hambre, mordiendo sus labios y tirando de ellos, dejando que la impresionante longitud de su lengua explore la pequeña cavidad de Liu, lamiéndole luego los labios hasta dejarlos rosados y brillantes, chupándole la lengua cuando el chico se aventura a usarla.

Liu siente el colchón hundirse cerca de su cabeza mientras es besado, pues Xander apoya ahí su mano izquierda. Con la derecha le rodea el cuello y lo atrae hacia él firmemente, besándolo todavía. Xander rompe el beso cuando las manos de Liu se agarrotan entorno a la suya, alerta, y cuando el chico jadea pidiendo por aire, pero no separa su boca más de lo necesario para que el chico pueda respirar. Siente sus apresurados alientos sobre los labios húmedos. Espera, dejándolo recuperarse un poco, y luego su voz profunda que parece quemarle hasta las entrañas, le ordena:

—Córtate con mis colmillos, muéstrame lo dulce que eres.

Liu habría hallado ese tono intimidante antes, lo hace ahora también, de hecho, pero algo ha cambiado. Esa voz profunda que vibra sobre su boca le hace sentir cosas ajenas al miedo, distintas, muy distintas y no sabe lidiar con ello. Xander tampoco le da tiempo para que lo intente: aprieta su cuello un poco y se acerca al chico a la boca, como si se tratase de su pequeño aperitivo, y Liu se ve obligado a obedecer, a besar a Xander de vuelta y cuando se hunde en su boca con la rosada y tímida punta de su lengua a buscar el filo de sus colmillos. Lo encuentra pronto. Lame la longitud de la daga de marfil sin acariciar su lado filoso, no aún, solo cerciorándose de su tamaño. Xander gruñe en su boca y rueda su lengua sobre sus labios.

Entonces el vampiro siente la sedosa caricia de esa hermosa lengua contra su colmillo, delineando el filo. Un instante después, la dulzura le inunda la boca. La sangre que Liu derrama es escasa, pues está nervioso y apenas se hace un pequeño corte, pero su exquisitez es infinita. 

<<Más>>

Xander está seguro de que si recordase los sabores que probó en su vida humana, los olvidaría todos de golpe ahora, todos ellos palideciendo en comparación a la dulzura de Liu, todos ellos volviéndose un amasijo gris e indistinguible de mediocridad frente a lo más delicioso que probará jamás. De hecho, Xander apenas puede recordar el sabor de otras sangres y mucho menos distinguirlas en sus recuerdos, incluso si tiempo atrás le habían parecido destacables, ahora se le antojan todas una cosa insulsa, diluida, una pequeñez que no merece un espacio en su memoria.

<<Más>>

Liu es simplemente demasiado maravilloso. Su sabor, si es posible, se ha tornado más adictivo durante esos dos años que no lo ha visto ¿O quizá es el anhelo? Su sangre sabe a lo que Xander imagina que la vida misma debería saber, es algo intenso pero que calma su paladar, sus exigencias, sus ansias y, a la vez, aviva su deseo de un modo incontrolable.

<<Más>>

Un ruidito patético escapa de la garganta de Liu cuando Xander aprieta de más y el vampiro traga ese sonido con el mismo deleite que su sangre.

<<Más>>

Liu ha dejado de cortarse con su lengua y el sabor dulzón de su sufrimiento empieza a desaparecer. El chico es besado vorazmente por Xander y la pasión en sus labios empieza a volverse obscura, peligrosa. Liu jadea cuando los colmillos atrapan su labio inferior y el pinchazo no rompe su piel, pero duele, como una advertencia.

<<Más>>

Liu gimotea. Esta vez el vampiro ha mordido sus labios con más fuerza y la presión no disminuye, sino que aumenta. Despacio. El dolor se acentúa y la realización de que Xander ha perdido el control empieza a calar en él. Junto a ella, el pánico.

<<Más>>

El corazón de Liu martillea fuerte. Xander escucha el ruido, los golpes desesperados como si hubiese alguien al otro lado de una puerta y buscase advertirle antes de que sea demasiado tarde. Pero Xander no quiere escuchar, quiere más.

Sus colmillos se hunden en tierna piel.

Salvo que no es la piel de Liu. Xander rompe el beso y se muerde duro la lengua hasta que el dolor y el sabor extraño de la sangre inmortal logran arrancarlo de ese trance placentero, pero peligroso. Liu lo mira desde la cama, con la respiración agitada, sus pecosas mejillas teñidas de rojo y los ojos vidriosos.

Recupera su aliento poco a poco y Xander hace lo mismo: respira despacio y pausado, cierra los ojos para no ver la tentadora imagen del muchacho indefenso con su pálido cuello llevando la impronta de sus dedos.

—Despacio —susurra Xander, pero Liu no está seguro si se dirige a él o si está hablando consigo mismo —, iremos despacio. No quiero hacerte daño.

—E-está bien —murmura el chico, confundido porque no sabe si el vampiro realmente ha estado a punto de perder el control o si simplemente es rudo cuando obtiene placer. —¿Qué debo hacer ahora?

El vampiro lo mira en silencio, dejando otros largos segundos donde puede deleitarse con su creciente nerviosismo. Sus manos jugueteando, su mirada huidiza, su cuello, sus clavículas, el color rosa pastel de la camiseta holgada que lleva hoy, la cual deja al descubierto sus hombros. 

Xander se fija mejor en esa camiseta y sonríe, tiene un dibujo de una mezcla entre una rana y una fresa en el centro y le resulta adorable pensar en Liu escogiendo la prenda. Le duele tanto ser incapaz de recordar al chico vistiendo, tiempo atrás, nada más que ropa vieja, roída y gris, incapaz de pensar en nada más que sobrevivir al segundo siguiente.

Los dedos le arden con el deseo de arrancarle la prenda, pero se guarda sus manos para sí mismo, por lo menos mientras siga tan exaltado.

—No quieres manchar una ropa tan bonita de sangre ¿Verdad? —pregunta, su tono trata de ser amable, pero la suavidad de unas palabras que le recuerdan que será herido hasta sangrar, hasta pintar las sábanas de rojo y su cuerpo de dolor, hacen que la pregunta se sienta como una espeluznante amenaza. Liu niega, mudo —Quítatela. 

Liu vacila antes de lograr llevar sus manos al borde de su prenda color rosa. Traga saliva, alzándola poco a poco, subiendo el telón que deja al descubierto el tono pálido y cremoso de su vientre y luego de su pecho, sus dos pezones erectos por el roce con la suave tela.

Xander se maravilla ante su imagen y si antes las puntas de sus dedos hormigueaban con el deseo de tocarlo, ahora le arde el cuerpo entero, impidiéndole a abalanzarse sobre su presa. Pero se mantiene quieto, su cuerpo tenso, sus puños cerrados y la mandíbula apretada. Liu es capaz de ver esos indicios y aunque agradece que Xander no esté avasallándolo con toques y besos, no puede evitar pensar que la forma en que las venas de sus manos protuberan o en que su mandíbula se tensa le recuerda al vampiro cuando está enfadado y la idea lo agobia.

—¿A-ahora qué?

—Te he dicho que te quites la ropa. Toda.

La respuesta de Xander sale de sus labios más rápida de lo que él habría deseado. Y mucho, mucho más dominante.

Liu se estremece en su lugar y el nudo de sentimientos contradictorios que tiene en medio del pecho crece. Baja poco a poco sus pantalones, porque son bonitos y tampoco quiere manchárselos de sangre o al menos espera que esa sea la intención de Xander al pedirle su desnudez. Cuando sus shorts ya están por sus rodillas, una mano grande se posa en uno de sus muslos y la otra en su cintura, deslizándose hacia su espalda. 

Xander se mueve con delicadeza, no quiere asustar al chico. Lo acerca a él arrastrándolo de forma suave sobre la cama y abre sus piernas con delicadeza, observando, fascinado, que la ropa interior de Liu se pega a él, haciendo sencillo delinear la curvatura de su miembro erecto. El chico mira a otro sitio cuando el vampiro advierte su excitación y es que ni él mismo se había dado cuenta de ello.

Sabe que está nervioso, nervioso de una forma rara y nueva que tiene algo del viejo y conocido miedo que siente por Xander, pero que tiene muchas más cosas que no puede identificar. Aun así, jamás pensó que su hombría estaría tan dura por la idea de Xander ordenándole desnudarse para no salpicar sus ropas cuando lo haga sangrar otra vez.

Se inclina sobre él. Suspira sobre su piel, sobre su hombro, su cuello, sus clavículas. Liu ve de cerca sus labios carnosos y la longitud de los colmillos. Luego jadea cuando el vampiro le besa el cuello. Por un segundo piensa que ahí acaba todo. Que notará presión, el pinchazo y luego el dolor y el calor líquido escapando de él. Pero no lo hace: Xander deja pequeños besos sobre la curva de su garganta mientras con sus manos lo mantiene cerca, abierto. Disponible para sus deseos. 

Lui se deja hacer en sus manos. Cierra los ojos, la larga lengua se desliza por la deliciosa curva que le hace girar la cabeza, exponer más la sensible dermis. Xander besa sus clavículas ahora, su pecho. La mano en su espalda empuja, haciéndolo arquearse, ofrecerse a la boca que ahora chupa su piel.

Liu siente su deseo pulsar en su entrepierna y no entiende si es más grande su temor, su excitación o su profunda vergüenza. Sus ojos ruedan hacia atrás en su cabeza cuando nota los fuertes dedos apretando la ternura de su muslo hasta posiblemente dejar marca y luego ascendiendo. Xander le acaricia la ingle y luego la orilla de la ropa interior, su dedo trazando el suave límite donde el elástico se pega a la piel de Liu.

—Voy a desnudarte —susurra el vampiro con tono cavernoso sobre su piel, antes de seguir besando y lamiendo ese delicioso camino que va desde su pecho hasta el tierno lóbulo.

El chico se estremece en sus manos y se remueve un poco, afectado por el tono del otro: no le pide permiso, se limita a anunciarlo, como si todo lo que él quisiera hacerle fuese algo inevitable. Liu lleva sus manos a los bíceps del vampiro por instinto, pero no logra detenerlo ni por un momento.

—Xa-Xander, hoy… habías dicho… s-se supone que era solo mi sangre lo que…

Nota la sonrisa contra su piel. Altanera, mordaz. Recreándose en su miedo.

—Lo sé —murmura el vampiro, ahora sus labios rozan el cartílago de su oído y su voz, tan profundamente masculina que lo hace sentir sumiso y maleable al instante, resuena directamente en su oído —, no haré nada que no desees, Liu.

El chico asiente, algo más confianzudo, pero siente su valor escapándole del cuerpo tan pronto como Xander mete su índice bajo el elástico de su ropa interior y empieza a bajarla poco a poco mientras lame su cuello. Sus piernas se sienten débiles, su voz un mero hilillo. Liu gimotea mientras nota la tela rozándole los muslos. Las rodillas. Los tobillos. Y luego desaparecer.

Completamente desnudo, Liu se siente demasiado vulnerable frente a Xander, pero para su sorpresa el vampiro no posa sus dígitos contra su intimidad, sino que de pronto lo carga entre sus brazos, todavía besando su cuello con adoración, y anda con él a cuestas hacia el baño.

Xander enciende la luz y luego el agua. Pone una mano bajo el chorro y lo nota perfecto: no tan helado como para molestar a Liu, pero sí lo suficientemente frío como para distraerlo a él, para hacer menguar la llama de su deseo y permitirle probar al chico sin devorarlo entero.

Liu hace un ruido de alivio cuando el vampiro lo deposita poco a poco en la bañera a medio llenar de agua fresca. La agradable temperatura, el sonido del chorro de agua todavía goteando y la sensación de limpieza lo hacen sentir más seguro. También le hacen sentir menos preocupado respecto a su desnudez, ahora que conoce la razón.

El chico se acomoda perezosamente en la tina, estirando sus piernas y sus brazos y dejando que la carita se le hunda hasta la nariz, mojándose las puntas de su cabello chocolate. Cierra los ojos unos segundos, disfrutando del relajante baño, pero los abre al escuchar el característico tintineo de la hebilla de un cinturón.

Enrojece al notar lo que Xander hace: desnudarse para él. Liu quisiera que hundir su cara en el agua fría fuese a quitarle el calor que siente en las mejillas, en las orejas y en zonas que hace ya rato están bien sumergidas en ese lago artificial. Capta con atención los detalles. La forma en que los tejanos de Xander sisean por el roce del cinturón cuando se lo quita con una fluida y experta moción. Las venas de las manos de Xander protuberando mientras baja su bragueta. Lo estrecha que es su cintura y lo pronunciados que son los huesos de sus caderas cuando baja sus pantalones, revelándolos junto a esa deliciosa uve de su abdomen que señala a zonas prohibidas ahora ocultas solo por la fina, oscura tela de su ropa interior. Se fija en sus muslos anchos, en los grandes que son los gemelos del vampiro, más que los suyos dos juntos y de sobras, en la manera en que el hombre pone sus manos en cada lado de su cadera, ambos pulgares dentro el elástico de su ropa interior, listos para tirar hacia abajo y dejarlo tan desnudo como está Liu ahora, pero detenidos en el tiempo, esperando, dejando que el muchachito humano saboree ese momento tenso y que lo pone tan nervioso que se encoge en un ovillo en la bañera, con las manos en el borde, casi expectante.

Xander sonríe, un gesto vanidoso, lleno de confianza y, Liu debe admitir, de carisma. Acto seguido, baja su ropa interior revelando su asombrosa longitud, su increíble anchura y sobre todo lo malditamente duro que está.

Liu traga saliva. Xander le ha dicho que no sucederá nada que él no desee, pero Liu no está seguro de qué desea. Ver a Xander desnudo es innegablemente un espectáculo a la par hermoso e intimidante, lo deja con la boca abierta, observando sin reparo y entre gruesas y largas pestañas cada uno de los elegantes movimientos del vampiro mientras se mete en la bañera con él. Pero a la vez, su desnudez está unida, al menos en la pobre cabeza de Liu, a algo más que su inherente hermosura, algo tan amargo que es capaz de pudrir tan dulce vista: sus dolorosos recuerdos.

El miedo a morir.

Unas manos grandes sosteniéndolo quieto.

Piernas pesadas aplastándolo contra la cama.

Un deseo monstruoso convirtiendo algo que debió ser hermoso, tierno e inolvidable, en una marca de fuego en su interior.

La desesperación.

La degradación.

El miedo a seguir viviendo. 

Liu cierra los ojos unos segundos, respirando hondo. Notando el agua moverse a su alrededor. Manos firmes, pero delicadas lo toman de la cintura y lo mueven en el agua. Es ahora Xander quien está tumbado bajo el agua, dejando que el punzante mordisco del agua fría lo aleje de pensamientos demasiado peligrosos. Liu flota sobre él, sentándose en su regazo y luego, cuando se inclina hundiendo el pecho en el agua y uniéndolo con el de Xander.

Piensa en los besos del vampiro. En sus palabras tan reconfortantes y acertadas que le hacían creer, a veces, que el mundo lo había diseñado para él. Recuerda como su presencia tan grande, sofocante y demandante de atención llenaba cada estancia, echando afuera la soledad.

Y abre los ojos. 

Liu respira rápido, nervioso. Puede sentir los pectorales de Xander bajo sus manos, que buscan apoyo en el agua, puede sentir sus piernas musculosas bajo su trasero, pues ahí el vampiro lo ha sentado y puede sentir cómo el agua de calienta cuando sus dos entrepiernas se unen inevitablemente, su excitación frotándose sin querer contra el largo, venoso eje del vampiro que se eleva como un mástil ante él.

—A-ah… —Liu jadea mirando hacia abajo con una mezcla extraña entre bochorno y morbo. El agua distorsiona sus deseos, pero es innegable que la erección de Xander y la suya están piel con piel, a veces fregándose cuando el vaivén del agua lo desea. De repente lo inunda el pánico, él no debería estar haciendo eso ¿Verdad? <<No debería estar provocando a Xander, tentándole con algo que no pretendo entregarle, no debería buscarme más problemas, soy estúpido, me merezco que…>> —, perdón… p-perdón, estoy…

—¿Por qué te disculpas? —la voz de Xander es como una caricia cálida, Liu tiembla bajo ella, se deshace y no puede responder. Mucho menos cuando Xander lleva una mano a su nuca y empieza a acariciarlo como a un buen chico —Me gustan tus reacciones. No te disculpes por ellas.

—Pero…

—¿Quieres que vuelva a besar tu cuello? —Liu asiente moviendo la cabeza.

La idea le colorea las mejillas, así que para ocultarlas esconde su rostro en el hombro del gran hombre bajo él, ladeando la cabeza para darle acceso a su cuello, casi rogándole por esos besos que le acababan de ser prometidos. Xander acaricia la curva en su dermis mojada, observando como la piel se le eriza. Acerca su boca al cuello del chico todavía sin rozarlo más que con su aliento

—¿Quieres que te toque mientras lo hago?

Liu siente el movimiento del agua cuando Xander hunde una mano dentro. Siente las suaves ondas en su entrepierna, delatando su proximidad, dándole un muerdo de lo que será tener sus firmes dedos alrededor de su miembro.

Conoce la sensación, tan enloquecedora, como cubierta por el mal recuerdo de no haber podido elegir ese placer, de haber sentido que el vampiro lo usaba como un juguete y solo le dejaba gemir y correrse, para recordarle que, con la misma facilidad, podía hacerle sangrar y gritar. El chico se muerde el labio, indeciso.

Y luego niega con la cabeza.

Su deseo anhela el toque de Xander, pero él no se siente listo. Los dedos del vampiro rozan su piel, la del dorso de la mano, y el vampiro dirige la delicada mano de Liu a su propia intimidad.

—Está bien, puedes hacerlo tú mismo ¿Cierto?

Liu asiente, mordiéndose el labio más fuerte esta vez. La idea le gusta, así que rodea su excitación con sus dedos como lleva haciendo durante años, aunque no puede evitar sentir que hace algo prohibido. Que debería pedir permiso.

Un escalofrío placentero lo recorre, como una ola de calor y hormigueo bajo su piel. Mantiene su erección en su puño, estática, por ahora disfrutando solo de la presión de sus dedos alrededor, del calor de la palma. Mientras, Xander se inclina sobre su cuello, tan hermoso, delicado y blanquecino que bien podría ser de porcelana, y con sus labios sube y baja por la tentadora curva.

Con cada beso, la piel de Liu le corresponde latiendo bajo sus belfos. Xander coloca una mano en la parte baja de la espalda del chico, asegurándose de que no vaya a escurrirse lejos de sus besos, y la otra se enrosca con los mechones húmedos del chico, jugueteando agradablemente con su cabello.

—No hay necesidad de ser pudoroso, Liu, puedes darte todo el placer que desees. —le alienta el vampiro, pero sus palabras no hacen sino enrojecer más al chico, alejarlo todavía más de la dulce tentación que sería mover su mano arriba y abajo, buscando aliviar su excitación.

Las palabras de Xander le recuerdan que el agua es cristalina, que Xander puede ver sus sucios deseos incluso cuando apenas están gestándose en su mente.

—Enséñame la forma en que te tocas cuando piensas en mí —susurra, esta vez más cerca de su oído, sus labios rozando contra su lóbulo una y otra vez, haciéndolo sentir débil, demasiado obediente para su propio bien. Su agarre se afirma y suelta un gemido por la presión de sus propios dedos —, cuando piensas en los besos que ahora estoy dándote —prensa sus labios contra la piel y Liu puede sentir la línea de su sonrisa, luego lo besa y la lengua del vampiro traza desde su hombro hasta el punto suave y sensible bajo su oído. La aguda punta de su lengua probando la ternura de su lóbulo —, piensas en ello ¿Verdad?

Liu asiente, cerrando los ojos, rindiéndose ante el gemidito que sale de su boca cuando Xander muerde su lóbulo. No muy duro, pero aun así firme, sorprendente. Liu baja todas sus defensas, finalmente, y empieza a moler la mano de su entrepierna. El chapoteo del agua hace un trabajo terrible intentando disimular los suspiros y jadeos del pecoso humano. Xander le acaricia la cabeza apremiantemente, sus dedos masajeando su cuero cabelludo, sus labios trazando una sonrisa contra la eriza piel de su cuello antes de que diga:

—Buen chico.

Liu se siente tan avergonzado que quiere desaparecer. El ruido que sale de su boca al oír esas palabras no es solo vergonzoso, es obsceno. Agudo, roto, desesperado, ni siquiera es un gemido más, sino una mezcla entre este y un lloriqueo patético.

Xander lo ama.

Besa su cuello un poco más, sus labios trazan sus clavículas cuando el chico echa la cabeza hacia atrás y su lengua prueba la piel erizada de su nuca cuando cae hacia delante de nuevo. Se la ladea con una mano, tirando ligeramente de su cabello. Liu cada vez va más rápido, el placer recorriendo su cuerpo en oleadas más y más seguidas. Siente tanto calor que piensa que el agua se ha convertido en hierro fundido ¿Como si no explicar lo mucho que su cuerpo pesa, lo débil que se siente, lo cerca de derretirse que está?

—¿Piensas también en mis colmillos cuando te tocas, Liu? ¿Me imaginas hundiéndolos en tu hermoso cuello y haciéndote sangrar?

Xander posiblemente no debería, pero se siente jodidamente extasiado al ver como un par de lágrimas de frustración y humillación corren por las coloradas y moteadas mejillas del chico. Le tira del pelo para alzar su cara, Liu todavía masturbándose bajo sus órdenes, y lame las saladas lágrimas de sus mejillas mientras ve su carita contorsionarse por el placer.

—Responde, Liu ¿Te gusta imaginar que eres mi presa de nuevo?

Un jadeo escapa de su boca. Alto e incoherente, lleno de sorpresa por esa pregunta, pero también de un culposo placer por ella. Por lo jodidamente sádico que Xander suena en contraste a lo bueno que está siendo.

Liu ama eso, por mucho que quiera negarlo. Ama la forma en que el vampiro se ha vuelto la dosis correcta de veneno y elixir, el sabor amargo y dulce que deja en su lengua con la propia. Ama que el hombre sea a partes iguales el consuelo que anhela y el castigo que merece.

—Mastúrbate más rápido —le ordena con esa voz que haría a cualquier hombre caer de rodillas y Liu no es la excepción. El chico obedece y por mucho que se muerda los labios no puede acallar sus gemidos mientras su diestra se mueve expertamente sobre esa parte de su anatomía que a veces se siente ajena, pero que tan bien conoce. Siente la tensión creciendo en su interior, como un delicioso nudo en su estómago que baja poco a poco al centro entre sus caderas —¿Quieres que te muerda, Liu? ¿Quieres que tiña el agua con tu bonito rojo, sentirte débil, pequeño y vulnerable entre mis manos?

Acerca al chico más y más a él. Sus palabras ya no suenan sobre sus labios. Su aliento, a medida que habla, viaja por la mandíbula del chico, a su oído, y luego baja. Siente los labios formando esas palabras contra su cuello, antes siquiera de que las oiga.

Y Liu, tan jodidamente obediente, se toca más rápido, más necesitado. El placer creciendo en su interior, a punto de rebasarlo y derramarse.

—¿Quieres sentir que tengo tu vida en mis manos?

Xander sabe exactamente lo que sus palabras provocan tan pronto las pronuncia, pues el cuerpo de Liu se tensa entero y su espalda dibuja un precioso arco. Tira su cabeza hacia atrás, la garganta expuesta, la boca abierta, su voz aguda y vergonzosa llenando la habitación.

Xander lo toma delicado por la nuca y lo aproxima a sus labios. Los colmillos rozan su piel cuando el chico ya ha empezado a derramar su placer líquido en el agua. Para antes de que se derrame la última gota, el agua empieza a teñirse de rojo.

<<Solo un sorbo>>

El dolor es exquisito. Liu siente cada pequeño rincón de su cuerpo, cada pliegue de su piel, cada vello erizado, cada peca y cada gotita de agua, sudor, lágrimas o sangre recorriendo sedosamente la llanura de su dermis.

Y es el que el dolor tiene el poder de hacerlo terriblemente consciente de sí, lo torna vulnerable y sensible, como una criatura descarnada. Cuando Xander hunde sus colmillos, todo se amplifica: el miedo, el dolor y la desesperación son las sensaciones que está acostumbrado a que se alimenten de esa experiencia y crezcan como monstruos. Ahora, sin embargo, es agradable ver henchirse el placer, el deseo y la confianza.

Liu se siente seguro en los brazos de Xander cuando, tras un sorbo, el hombre se retira de su cuello sangrante y lo rodea con un brazo. Su cabecita demasiado llena de niebla y confusión cae a un lado, sobre el hombro de Xander, y el vampiro observa con desespero como la sangre mana de la herida y se pierde en el agua.

Quiere beberla toda, impedir que sigan corriendo río abajo esas deliciosas gotas que ni en mil vidas habría permitido que se desperdiciasen.

Pero también necesita un descanso. Enfriar la cabeza. Hacer su tentación menos dulce.

Se recorre las encías con la lengua, recogiendo los restos de esa dulzura prohibida, y Liu gimotea contra su piel, su orgasmo disolviéndose en el agua, así como la tensión de su cuerpo y la poca resistencia que podría haber ofrecido. Sus brazos frotan inertes en el agua.

Xander le acaricia la espalda y luego le sostiene la cabeza, manteniéndola ladeada.

—Voy a beber un poco más de ti, Liu.

El chico hace un ruido, una especie de asentimiento que suena más como si Liu sorbiese sus palabras, borracho de placer y debilidad.

—Vas a sentirte débil. Vas a ser incapaz de moverte y de hablar para cuando haya terminado contigo. Vas a estar a mi merced.

Liu no es capaz de responder. Se siente débil ahora, así que no puede imaginar cómo deberá ser convertirse en un muñeco de carne apenas consciente que Xander vaya a manipular a placer. Sus recuerdos le advierten de que esa historia no tiene un final agradable. Sus contradictorios deseos le hacen tener un escalofrío tan placentero que todo su razonamiento se sacude y desordena.

—¿Estás bien con eso, Liu? 

—Mhm… —su voz sale tan deliciosamente cansada que Xander tiene que morderse el labio hasta que el sabor de su sangre sobrescribe la de Liu en su lengua.

Necesita calmarse. Decirle a esa parte suya que lo invita a volver a ser el de antes que la forma en la que el chico se ofrece inerme a él no es una oportunidad para romper algo frágil, sino para cuidarlo.

Los labios del vampiro vuelven a su cuello. Son sedosos, fríos en contraste con la sangre que le corre por la garganta, así que el chico exclama ahogadamente y se remueve un poco, pero Xander lo sostiene quieto en el lugar. Después abre la boca y sus labios atrapan la herida fresca en el espacio entre ellos. Sus colmillos encajan a la perfección con las dolorosas hendiduras rojas. 

Sus manos se hunden en la carne de Liu tan pronto la perfección de su néctar baña su lengua y atonta sus sentidos. Le aprieta la cintura, la acaricia y abre las piernas, lo agarra del trasero y hace que el chico se aplaste contra la firmeza de su cuerpo. Xander ansia la cercanía de Liu, quiere sentir su piel contra la suya, su sangre en su interior, quiere sentir la calidez del chico alrededor de su excitación, quiere su carne entre sus dedos.

Quiere devorarlo.

Así que se ensena a sí mismo a satisfacerse con un muerdo y se aleja de esa maravillosa fuente de placer rojo antes de que algo se le salga de las manos.

Liu está más débil aún que antes ahora, tanto que no puede mantener sus párpados alzados y que sus pensamientos se arrastran lentos y perezosos por su mente.

Xander lo acaricia por unos minutos con la misma morriña, observando lo divina que luce su pequeña, pálida figura delineada por el rojo del agua en el que está hundido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 124

 

Si por Xander fuese, el hombre habría pasado la noche entera bañándose en la sangre de su amante. Habría dejado que el tibio líquido rojo lamiese cada parte de su cuerpo y se habría retorcido de placer por la caricia de cada gotita cerca de sus labios, sus manos, su sexo. 

Incluso entibiado por el frío del ambiente y disuelto en la insulsez del agua, el néctar vital de Liu es perfecto. Lo más cerca de Dios que un diablo como él estará.

Pero la noche no es para él, no está, al menos. Tiene que cuidar de Liu, así que drena la tina a regañadientes y sostiene al muchachito contra su cuerpo cuando activa el agua caliente y enjuga ambos cuerpos. 

Lo deja sobre él mientras los enjabona a ambos, teniendo especial cuidado al pasar sus dedos lábiles por la zona herida. 

Lo sienta en su regazo, ambos sobre la tapa del váter, mientras aplica una gasa con yodo en las heridas y luego una bandita para rodear su cuello y detener el sangrado.

No se molesta en vestirlo antes de entrar en la cama con él, al fin y al cabo, el cuerpo de Xander ahora está caliente, así que le basta con abrazar al adormecido chico para que se acurruque contra su pecho y la brisa no le haga temblar una sola vez en toda la noche.

Liu no despierta hasta media tarde, mareado y hambriento, sintiendo el cuerpo tan pesado que pasa la primera hora y media de su día clavado en el colchón por el insoportable peso de la gravedad, adormeciéndose y despertándose en un suave vaivén de consciencia e inconsciencia. 

Tampoco se queja del todo. Se muere de hambre y tiene un dolor agudo en su estómago, pero es tan agradable sentir el calor de Xander rodeándolo. Sus brazos firmes y gentiles, pero sobre todo grandes, tanto que lo pueden ocultar en una crisálida de seguridad y protección calentita por dentro como una manta recién salida de la secadora. No puede evitar pensar en la noche anterior.

En el placer y el dolor. En cómo es la primera vez que ser vulnerable no es peligroso, incluso si se siente un poquito así; de hecho, esta vez el riesgo no le ha resultado aterrador, más bien emocionante, pero ¿No está mal disfrutar de ese modo en las manos de quien ha demostrado ser capaz de hacerle todas las cosas de las que ahora le hace sentir protegido? ¿No es acaso eso una actitud ingenua al extremo, idiota, casi como <<si lo estuviese pidiendo?>> y, más, aún, se pregunta Liu <<¿No está mal que disfrute, sea del modo que sea? No tengo derecho a sentirme querido, cuidado, deseado. No cuando mis padres ya no pueden hacerse sentir así entre ellos, no cuando dejé morir a Matheo antes de que pudiese tener su primer beso, sus primeras caricias ¿Por qué puedo experimentar todos los regalos de la vida que ellos jamás pudieron desenvolver?>>

Pero la cabeza de Liu duele tanto, demasiado como para que siga pensando en esas cosas y martilleándose con sus recuerdos, con la culpa y la vergüenza. Así que deja de lado por un momento a sus seres queridos (incluso si sabe que después se sentirá terrible por ello, cuando tenga más fuerza para autocastigarse) y se centra en lo que la noche realmente fue: él y Xander. Nadie más.

Se levanta de la cama con una lentitud casi cómica y cuando está sentado en la orilla se toca el cuello, hallando ahí el áspero tacto de una venda ya crujiente por la sangre seca. No recuerda habérsela puesto.

Llegar al baño es toda una odisea, tiene que levantarse y sentarse varias veces y apoyarse en la pared en el camino porque si no su cabeza se siente fría y sus ojos ven demasiados puntitos negros que amenazan con engullirlo todo. Cuando llega al baño por fin y se retira cuidadosamente la venda el dolor de arrancársela le hace tener un escalofrío horrible.

Se apoya en el salpicadero y ladea el cuello hacia el espejo. Las heridas son grandes, profundas y oscuras, rodeadas de piel no solo enrojecida, sino amoratada por la fuerza de las mandíbulas de Xander cerrándose entorno a su presa. Liu cierra los ojos y recuerda el momento en que el vampiro enterró su hambre en él. Lo pequeño que se sintió, lo patético y confundido.

Como un juguete estúpido que ya no tiene que pensar más ni tomar decisiones ni preocuparse por nada, solo obedecer y ser apetecible para su amo. Liu odia tener que hacerlo, pero muy dentro de él reconoce que hay algo agradable en ser manejado por Xander de ese modo. Existe cierto confort en ser un objeto a veces, en desligarse de las presiones de ser una persona, de tener libertad y con ella poder cometer errores porque incluso si Liu no querría jamás que le robasen su autonomía, su ser, su humanidad, a veces darse un pequeño descanso es tan maravilloso que no puede creer lo mucho que le gusta lo dominante, lo sofocante que Xander puede llegar a ser, la forma en que sus órdenes ahogan sus preocupaciones y le dejan la mente girando tan deprisa que bien podría estar vacía.

Ahora, sin embargo, su cabeza no está vacía. Algo porosa, quizá, pues el mareo le hace sentir como si sus pensamientos se cayesen por ahí a medio formar, pero eso no evita que estos empiecen a formarme, que la ansiedad crezca en su interior.

Liu se desinfecta la herida y vuelve a poner una venda encima. Anda a trompicones hasta la cocina y solo logra hacerse un par de tostadas (la mantequilla y la mermelada están altas en a nevera y alzar el brazo por más de un segundo le parece demasiado pedir). Se las come notando incluso la mandíbula cansada al segundo bocado y luego se cae en medio del pasillo al intentar volver a la habitación.

Se queda en el suelo por un buen rato, notando el calor de la sangre goteando fuera de su nariz y el frío de las baldosas pegadas a su mejilla. Respira despacio. Está tan mareado y cansado, pero en unas horas tiene que estar en el bar sirviendo cafés amargos y galletas recién horneadas a los muchos clientes que suelen acudir los viernes por la tarde.

Así que Liu logra levantarse y se viste torpemente con una camisa blanca y unos pantalones de deporte grises que quedan bien bajo el delantal del uniforme. No se peina, no siente que tenga energía para ello, pero se aclara la nariz sangrante bajo la pica hasta que deja de parecer que se ha metido en una pelea callejera. Cuando vuelve a la habitación el sol se ha puesto y Xander se ha levantado.

Lo sabe porque el vampiro está encima de él antes de que Liu pueda mirar hacia la cama y percatarse de que ya no está ahí. Lo agarra por la cintura, empujándolo dominantemente contra la puerta del baño mientras inhala con los cerrados y el rostro lleno de deleite y concentración.

—Puedo oler tu sangre, Liu —susurra en su oído, su tono es ronco.

Insinuante. Un escalofrío recorre al chico cuando piensa en lo bien que se sentiría ser una presa estúpida de nuevo y dejar la cabeza libre de preocupaciones (sobre si está bien disfrutar, sobre su familia, sobre si está volviéndose loco o no por gozar de Xander, sobre que llegará tarde al trabajo o que le duele la barriga o que la cabeza le da vueltas o que siente un pitido raro en el oído derecho o…).

—¿Se ha reabierto tu herida? Puedo curarte, si duele mucho o si sigue sangrando. No debería a estas alturas.

Liu niega con un movimiento de cabeza pequeño y perezoso y, con voz soñolienta, responde:

—Me sangraba la nariz. Me he caído, por eso sangraba, pero ya está.

Aunque Xander no lo mira como si ‘’ya estuviese’’, lo mira, de hecho, como si la cosa fuese más preocupante de lo que Liu quiere hacerla ver.

—¿Te has caído? —inquiere Xander, presionando por más información —¿Y qué haces vestido? ¿Te encuentras bien?

—Mhm, estaba mareado, pero estoy mejor —dice el chico intentando separarse un poco del vampiro y andar hacia la cama. Necesita sentarse para ponerse sus zapatos antes de salir, pero Xander lo empuja otra vez contra la firmeza de la puerta, manteniéndolo en el lugar y dejándole claro que no se irá hasta que él esté satisfecho —. Voy a llegar tarde al trabajo —se queja Liu y su voz suena una pizca más despierta de lo que lleva sonando todo este rato, pero todavía terriblemente adormilada.

—No vas a ir al trabajo. Hoy vas a descansar. —la voz de Xander es firme y serena, pero Liu no se siente tan calmado.

Le ha costado mucho obtener ese empleo y ahí es donde ha conocido a Dave. Ese trabajo es lo que le ha obligado a salir de casa cuando solo quería encerrarse por meses y pudrirse y aunque su jefe es imbécil y el sueldo posiblemente ilegalmente bajo, quiere seguir ahí.

—Pero tengo que ir, es viernes habrá un montón de clientes y Dave no puede hacer tod-

—No imaginas lo poco que me importa, Liu —responde el otro con seriedad y lo próximo que sucede es que el vampiro está echándose a su humano al hombro con la facilidad con la que lo haría con un saquito de patatas y luego arrojándolo a la cama. El movimiento es tan brusco que Liu se siente como si lo hubiesen arrojado al espacio, así que es incapaz de hablar por un rato y Xander aprovecha esa oportunidad —. Lo que me importa es que has perdido sangre y que vas a quedarte en casa hasta que te recuperes. Y no estoy recomendándote o aconsejándote o pidiéndote que te quedes. Estoy diciendo lo que sucederá ¿Has entendido?

Liu mira a Xander con el ceño fruncido. Una parte de él quiere patearle en la cara porque no es su trabajo como para que él decida si va o no o si se arriesga a perder el puesto, pero otra parte de él están tan profundamente aliviada. No se imagina sirviendo una sola mesa sin desmayarse y que Xander cuide de él, incluso a la fuerza, se siente tierno.

—De acuerdo —responde cruzado de brazos y haciendo morritos, gesto que el vampiro encuentra demasiado tierno —, pero que sepas que estoy en contra.

—Eso —responde el vampiro con una sonrisa arrogante en sus labios —también me importa bien poco. —y tras decir eso, Xander le arroja un cómodo pijama a Liu, el cual le da directamente en la cara y hace que el muchachito tenga que romper su mueca enfadada para reír un poco.

Mientras Liu se cambia para ponerse el calentito pijama, Xander se marcha de la habitación. El chico se pregunta a dónde habrá ido, hasta que el vampiro vuelve diez minutos más tarde con un bol de fruta y una tostada untada en mantequilla, con bacón y un huevo de clara crujiente y yema líquida por encima.

Liu se relame y su estómago ruge al ver el desayuno. Cuando prueba el primer bocado, no puede seguir enfadado con Xander por forzarlo a quedarse.

Pretende retomar el enfado en algún momento de la noche, para demostrarle a Xander que no puede controlar su vida así como así, no como antes hacía, pero no halla el momento adecuado ¿Cómo podría enfadarse cuando Xander lo sienta entre sus piernas y le masajea los hombros mientras ven sus películas favoritas? ¿Sería adecuado hacerlo cuando el vampiro lo ayuda a sentarse en la mesa de su cocina y él tiene que presentar la adorable escena de esa criatura diseñada para matar poniéndose su delantal rosa y mirando un tutorial en youtube de como cocinar comida humana mientras le hace una deliciosa carbonara? ¿Podría enfadarse cuando, después de comer, el hombre lo lleva al sofá de nuevo y esta vez lo coloca sobre su regazo, encarándolo a él en vez de al televisor, y le llena el rostro de besos y la espalda de caricias?

—¿Mejor? —pregunta el vampiro viendo que por fin Liu ha dejado de cabecear y que parece mucho más vivaracho que las horas anteriores.

—Mucho mejor —suspira ahora que los besos bajan de su mejilla a su cuello, bordeando la venda blanca que cubre su herida —, ya no me siento tan mareado, p-pero sigo sintiéndome débil, más que de costumbre.

—No te preocupes, pasará dentro de poco —lo calma el otro y Liu siente un pequeño tirón en la venda: Xander la está bajando poco a poco. Con los dientes —¿Te gustó lo que sucedió anoche? ¿Disfrutaste de ser mordido?

Liu siente un escalofrío cuando empieza a sentir su piel expuesta. No se trata de su herida, no aún, pero sí de la piel enrojecida y sensible alrededor, esa que le dolía incluso acariciar frente al espejo y que ahora el vampiro besa y lame.

—Es una sensación extraña… —describe el chico cerrando sus ojos, volviendo al momento en que Xander hundió sus dientes en su piel, en que sintió sus filosos colmillos abrir su carne así como sus labios se abrían para exhalar placenteros gemidos.

La forma en que su amante le besa el cuello y baja un poco más la venda, a punto de descubrir sus frescas heridas, lo transporta al instante al mismo estado mental, a la misma vulnerabilidad. A la misma sumisión. Liu ladea su cabeza y su voz se vuelve fina y dócil

—Me gusta cuando no tengo el control, pero no como antes, no cuando no tener el control significaba… significaba que me lo arrebatabas. Me gusta cederlo, sentirme seguro y solo un poco asustado. Me gusta el dolor, pero me gusta mientras me acaricias y eres suave. Nunca pensé que podría ser… placentero ser tu presa.

Xander sonríe contra su garganta, Liu siente la afilada mueca. Los labios. Los colmillos.

—Yo nunca pensé que podría hacer a un humano disfrutar de ello.

El índice de Xander se cuela bajo la venda cuando dice eso y tira de ella de forma más definitiva, menos tentativa que antes. La venda queda holgada alrededor de su cuello, como una bufanda que se ha atado sin muchas ganas. Su herida está ahora al aire y puede sentir las respiraciones suaves del vampiro sobre ella.

—¿Querrías hacerlo de nuevo?

El corazón de Liu de acelera.

—No ahora —responde casi de inmediato, sonando alerta, asustado. Sus manos se colocan sobre las muñecas de Xander con urgencia, cuando nota que el vampiro lo está sosteniendo quieto, cuando repara en que no podría escapar si lo deseara —, X-Xander, ahora no puedo, por favor…

—Lo sé, lo sé… —responde el otro con voz calmante, pero manteniendo al chico al filo mientras sus labios todavía rozan contra la roja y sensible piel —me refiero, en el futuro, cuando vuelva a ansiar probarte ¿Te gustaría que te besase y te tendiese en la cama? ¿Te gustaría ver el hambre en mis ojos mientras te digo que esa noche quiero probar tu sangre?

Un pinchazo dulce recorre a Liu entero y lo hace tensarse de una forma muy distinta a hace un rato. Se le entrecorta la respiración cuando imagina la escena que Xander ha descrito.

Sus ojos rojos. Su voz ronca. Sus manos muy cuidadosamente moviendo su cabeza para hacerle entregar la fragilidad de su garganta. Las sábanas manchadas.

—S-sí —murmura el chico y luego, algo más inseguro —, creo que sí.

—Entonces lo comprobaré en un tiempo —Xander ríe en su oído, su voz es tan deliciosa como la había invocado en su imaginación, tal vez más, y su risa es capaz de derretirlo —. Ah, las marcas que he dejado en ti son tan hermosas. Puedo curarlas, si lo deseas, pero entonces creo que no podré dejar de morderte una y otra vez, cada noche, incluso si no bebo tu sangre.

—¿Por qué? —pregunta el chico bajo su aliento y Xander lame con la lengua plana las sensibles heridas, mandando descargas de placer por el cuerpo de Liu y haciéndolo gimotear.

—Porque me gusta marcar lo que es mío. Me gusta que los demás vean mi marca y reconozcan a quien perteneces. Me gusta saber que vas a verla en el espejo cada día, que vas a recordar cómo se siente pertenecerme.

Liu se estremece. La posesividad de Xander le parecía una condena antes y ahora sin duda sigue pareciéndose suficientemente temible como para que la zozobra le cale en los huesos, pero tiene algo de atractivo. Algo de maravilloso. Le gusta saber que alguien podría desearle tanto como para hacer de su unión algo tangible, como para ponerse tan celoso que ansíe que todos los ojos que se posen en él puedan ver la marca, una mezcla peligrosa entre una señal de propiedad y una advertencia.

—¿No es algo injusto que yo no pueda marcarte a ti de vuelta? —pregunta el muchachito con un puchero, sintiéndose algo avergonzado por la infantil posesividad de sus palabras.

Xander ríe, enternecido, y le ofrece su muñeca derecha al chico como quien le da a un perrito un juguete de mascar.

—Puedes intentarlo, si deseas. —responde, medio burlón y Liu le sigue el juego mordiendo con fuerza.

A ambos les puede la risa antes de que Liu puede haber dejado la más mínima marca sobre la piel del otro. A Liu, porque le parece extraño que hayan invertido roles y a Xander, porque la idea de un Liu con ojos color cereza y colmillitos afilados como los de un gatito bebé le resulta endemoniadamente bonita.

—Ahora en serio. Si quieres que los demás sepan que soy tu demonio, solo tuyo, puedo hacer algo al respecto. Al fin y al cabo, de algún modo voy a tener que compensar todas las hermosas marcas que voy a poner en tu cuerpo.

Liu enrojece de pronto y niega con la cabeza para sacudir de ella pensamientos que van a lugares demasiado impuros como para la conversación que están teniendo ahora.

—¿Como un tatuaje?

—No, no exactamente eso. Los tatuajes son como heridas, mi cuerpo los curaría al instante y expulsaría la tinta. Pero puedo hacer otra cosa, lo que me pidas —asegura, picándole la nariz a Liu con su índice —, incluso ponerme una camiseta hortera con tu cara impresa en ella, aunque la acabaría manchando de sangre.

—¡No! Eso no, qué horror. Me gusta como vistes —asevera el chico y Xander sonríe grande porque él mismo sabe que sus atuendos ensalzan la oscuridad de su ser y la belleza de su cuerpo marmolado, pero le gusta oír al chico decirlo.

—Quizá una perforación ¿Te gustaría eso? Mientras no la saque, no se curará y siempre puedo reabrirla de nuevo.

Liu parpadea un par de veces. Imagina a Xander con piercings y se le suben los colores al rostro porque lo que su mente invoca es una belleza que no se había planteado antes. Así como su rostro es pálido y el brillo áureo de su cabello lo enmarca, imagina ahora que tiene toques de brillante oro en cada una de sus facciones, resaltándolas: imagina sus largas y puntiagudas orejas perforadas por las más hermosas gemas color sangre, enmarcadas por oro, sus cejas también decoradas con ornamentos similares y el final de su aristocrática nariz luciendo un septum que le de un aspecto desenfadado y peligroso y… oh, imagina su sonrisa de gruesos labios y hermosos hoyuelos ahora teniendo dos brillos distintos: el de sus relucientes colmillos y el de unos aros metálicos alrededor de su belfo inferior, haciendo que sus besos sean tan calientes como antes, pero con chispazo de frío que anticipa la aguda sensación de sus colmillos.

—U-uhm, eso… eso suena bien. Creo que te quedaría muy bien.

Xander sonríe de nuevo. Nunca los halagos de un mortal le han agradado tanto. Las veces que tenía que escuchar a humanos adorándolo como a un dios o que leía libidinosos ensalzamiento de su persona en sus mentes solo rodaba los ojos, aborreciendo que esos mortales pensasen y dijesen cosas que él ya sabía. Liu, sin embargo, le hace sentir un bonito revoloteo en su vientre.

—A ti también —comenta Xander observando la bonita simetría del rostro de Liu, imaginando su pequeño, rosado labio inferior rodeado por un aro del que pueda tirar cuando lo besa y mordisquea su boca o incluso pensando en una pequeña perlita en su oreja que pueda saborear cuando lame su lóbulo —, aunque creo que me pondría celoso de cualquiera que te agujerease la piel y tendría que marcarte yo mismo después —dice, medio en serio y medio en broma, y se abalanza sobre el chico lanzando dentelladas al aire y mordisqueando su cuello de una forma juguetona que al chico le hace cosquillas.

Ambos ríen en el sofá, Liu porque Xander le mordisquea la garganta y le pincha los costados con sus hábiles y rápidos dedos, y Xander porque el rostro de Liu, iluminado por la risa, es más bello que cualquier amanecer que jamás pudiese contemplas. Y también porque le parece hilarante que el chico le pique los costados en busca de hacerle cosquillas como si ambos fuesen una pareja humana.

<<Amo lo que soy. Amor ser extraordinario, pero esto… esta normalidad se siente como el cielo>>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 125

 

Después de que Xander bebiese la sangre de Liu, el muchacho faltó dos días seguidos al trabajo y Liu debe admitir que el descanso le sentó de perlas. Dos días enteros dedicados solo a él y a que Xander le cuidase como a su príncipe. Dos días de no saber ni qué hora era, solo dormir, despertarse con manos gentiles haciéndole mimos muy muy agradables en el pelo o en la espalda o en las palmas de sus manos y volver a caer en el reino de los sueños. Dos días de escuchar tutoriales de cocina de fondo mientras Xander intentaba hacerle deliciosas pero sencillas recetas mientras quejaba de que no entendía por qué tenía que sacarle la sangre a la carne de cerdo si era lo más rico o de que no podía saber si la sopa estaba bien salada o no porque siempre que la probaba le sabía a rayos. Dos días en los que ni siquiera se molestó en encender su teléfono para ponerse al día para con el mundo exterior porque lo único que parecía real era su pequeña burbujita.

Pero hoy es domingo, su día libre, así que nada más despierta, enciende su móvil para ver si tiene noticias sobre si ha sido admitido para realizar las pruebas de acceso a la universidad a las que no quería apuntarse, pero a las cuales Dave le obligó a hacerlo porque <<Son dentro de muchísimos meses, Liu, y sé que quieres ir a la universidad y que te da inseguridad hacerlo y que parece todo muy difícil, pero no pierdes nada por apuntarte. Bueno, sí, dinero, pero puedes permitírtelo y, además ¿Y si no te apuntas y luego te arrepientes? Tendrás que esperar todo un año y eso es mucho tiempo>>.

Tan pronto como enciende el aparato los bombardean una cantidad incontable de notificaciones que, para sernos sinceros, el chico debería haberse esperado. La cantidad de mensajes de Dave preguntándole si está bien solo puede rivalizar con la cantidad de mensajes de ese mismo chico amenazando con asesinar a Xander si le sucede algo malo.

Liu tecla rápido mientras Xander todavía sigue dormido:

<<Lo siento mucho. Estoy bien, te lo juro, es solo que Xander bebió mi sangre y estaba tan agotado que solo pude centrarme en recuperarme>>

Tan pronto envía el mensaje, Dave lo lee. Y entra en pánico.

<<QUÉ HIZO QUÉ>>

<<ESTÁS BIEN????>>

<<VOY PARA ALLÁ?>>

<<ESTÁS EN CASA? COJO UNA ESTACA?>>

Liu se da con la palma de la mano en la frente y hace lo único que le ocurre para calmar a su amigo: sacarse una foto en la que sale todavía en pijama, haciendo el símbolo de la paz con sus dedos, sonriendo amablemente aunque se vea su cuello magullado y con Xander detrás suyo durmiendo como una roca.

Liu le envía la selfie a Dave con el siguiente mensaje: <<Estoy bien ¿Ves? La herida no es tan grande. Y hasta tengo a la bestia detrás, totalmente abatida, así que no necesito que traigas estacas ;) El lunes te cuento, de verdad, ntp>>

Dave escribe por un buen rato lo que Liu sabe de antemano que es un mensaje sobre cómo la situación no tiene ni pizca de gracia y sobre lo peligroso que ha sido dejar que Xander lo use como comida de nuevo, pero Liu no llega a leerlo porque una voz grave y ronca por el sueño habla en su oído, haciendo que el teléfono se le escurra de las manos:

—¿La bestia? —pregunta la voz enfadada a sus espaldas y Liu se voltea para encontrarse con un Xander recién levantado con cara de pocos amigos, el cabello rubio desordenado como la melena de un león y los colmillos sobresaliendo de sus labios.

El chico traga saliva y lo mira con cara de circunstancias.

—Puedo explicarlo —dice de pronto, alzando sus manos en son de paz.

Pero no puede explicarlo o no al menos cuando Xander se lanza sobre él como una bestia, persiguiéndolo por la cama como si fuese a cazarlo. Liu participa en su juego como puede, huyendo cuando el vampiro le deja, siendo arrastrado de vuelta bajo el vampiro cuando este se aburre de dejarlo libre y simplemente lo toma del tobillo y lo aproxima a él de un tirón.

Incluso si Liu es demasiado débil para ser un adversario digno de Xander, ambos se divierten jugando a pelear de ese modo, especialmente Xander, que termina deleitado cuando Liu está tan cansado que no puede sino quedar tendido en el lecho, respirando con dificultad. Y no es para menos, pues el vampiro se ha pasado el último cuarto de hora forcejeando con el chico, haciendo que usase todas sus fuerzas para luego vencerlo en un parpadeo, bostezando arrogantemente, y luego lanzándolo de un lugar para otro como un muñequito de trapo. Oh, y haciéndole tantas cosquillas que tiene que parar porque al muchachito se le escapan las lágrimas.

—No vuelvas a llamarse ese nombre de nuevo y no volveré a ser bestia de nuevo ¿Trato? —dice con una sonrisa altanera en sus labios y Liu asiente, incapaz de hablar.

—Tra… trato…

El chico recobra un poco el aliento y gatea hasta el borde de la cama, recuperando del suelo el teléfono móvil.

—Espero que no se haya roto… —murmura preocupado y Xander puede sentir los nervios en él.

—¿Sucede algo?

—Dave me hizo apuntarme a los exámenes de acceso a la universidad, pero como lo he hecho por mi cuenta y no a través de un instituto no sé si me van a coger. Deberían decir algo antes del lunes pero…

La pantalla del teléfono del chico se ilumina. No tiene tiempo a leer lo que pone en el mensaje, pero le queda bastante claro cuando Xander lo abraza bien fuerte y le besuquea toda la cara, felicitándolo, diciéndole que está increíblemente orgulloso de él.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 126

 

—¿Tú sabes lo aburrido que va a ser trabajar aquí sin ti? Voy a tener que escupir en el café de cada viejo homófobo que me critique por llevar un pendiente en el oído y no habrá nadie ¡Nadie! Ningún enano chillón y pecoso para sermonearme por horas ¡Nadie me molestará por guardar las tazas aún húmedas en los cajones o por salir a pasear en medio de mi turno! ¡Nadie me pellizcará cada vez que me pille amorrado de la máquina de nata montada y… ¡Oye! Pues no suena tan mal ¡No puedo esperar a que te largues!

Liu se tapa la boca, ofendido y decide molestar a Dave dándole un puñetazo con todas sus fuerzas en el brazo, las cuales no son muchas. Dave tiene que esforzarse para no reírse por los intentos de su pequeño amigo por devolverle la jugarreta, pero al poco rato, cuanto más piensa en la idea de Liu marchándose, más melancólica y menos burlona se torna la sonrisa en sus labios.

—En serio, te echaré mucho de menos.

Liu hace un ademán con su mano derecha, moviendo sin querer el trapo en ella y esparciendo las migas que trataba de limpiar. Se pone a recogerlas de la mesa mientras responde con normalidad.

—Dave, no estoy marchándome del país. Además, solo estoy apuntado a los exámenes de acceso ¿Quién dice que aprobaré? Y aunque apruebe ¿Y si no tengo nota suficiente para cualquiera de las carreras que quiero estudiar? Y aunque la tenga ¿Y si me echo atrás en el último momento? Además, incluso si al final sí fuese a la universidad y tuviese que dejar este trabajo para no estar agobiado, iríamos al mismo campus y nos veríamos muchísimo. Seguiríamos quedando y, no sé, quizá podría venir al bar a estudiar. Siempre y cuando no escupas en mi café.

Dave le sonríe con dulzura y, con una mirada cálida y llena de afecto, le responde:

—Solo orinaré en él.

—¡ASQUEROSO! —chilla el muchacho después de fingir una dramática arcada.

Después de su berrido, Liu corre hacia Dave con los puños en alto y la intención de volver a molerle el brazo a golpes. Sabe que no es muy fuerte, pero está convencido de que si le da muchas veces seguidas en algún momento logrará erosionar esos brazos de los que Dave se siente tan orgulloso y por fin habrá obtenido una venganza. Quizá hasta le hace un boquete en el bíceps.

Dave ríe con él, fingiendo que sus golpes no le hacen ni cosquillas, y le agarra de los puños para detenerlo. Eso solo enfada más a Liu y su amigo moreno y alto no puede sino partirse de la risa porque el pecoso, cuando está enfadado, parece uno de esos perrito diminutos y estúpidos que son todo dientes y maldad, pero sin una pizca de fuerza. Para burlarle un poco más de él, Dave aprovecha que tiene sus puños en sus manos y lo hace girar sobre sí mismo, como si bailase con él. Liu se queja y se zarandea hasta zafarse y aunque intenta lanzarle una mirada retadora, acaba riendo junto a su amigo.

Cuando las risas mueren y a Liu le duele la barriga de tanto carcajearse mira a Dave intensamente unos segundos, antes de apartar la mirada y morderse el labio.

—Pero no sé si iré, en serio. Es un cambio muy grande.

Dave ladea la cabeza y se sienta a su lado, escuchando con seriedad las preocupaciones del chico.

—Siempre imaginé que cuando tuviese que tomar decisiones así en el futuro les pediría consejo a mis padres o que las tomaría junto a Matheo, que escogeríamos juntos una carrera e iríamos a las mismas clases o al menos al mismo campus. Y pensar que ahora ellos no están pero yo sigo adelante se siente tan extraño —Liu suspira, como si las fuerzas para seguir hablando se le escapasen de la garganta, pero Dave pone su mano llana sobre la espalda del chico, acariciando de forma reconfortante, alentándolo a seguir.

—Además, es mucho cambio. No quiero decir que me gustaba seguir repitiendo cursos en bachillerato porque la verdad es que no lo hacía, era horrible y me sentía tan alienado de los demás y tan tonto e inútil… pero era una sensación… familiar. Todo pasó cuando yo estaba en el instituto y seguir ahí me hacía sentir como que el tiempo se había detenido y yo no tenía que avanzar y era cómodo en cierta manera. Ahora me asusta tanto todo. Encontrar este trabajo es algo nuevo, pero llevo ya mucho tiempo así que se siente cómodo también y me asusta dejarlo para hacer una cosa nueva y que no me vaya bien ¿Y si la gente me trata mal en la universidad o si los estudios me causan mucha ansiedad?

Dave retira la mano de Liu de su boca cuando se da cuenta de que el chico se está mordiendo las uñas hasta casi hacerse sangre. Sus gestos son lentos y su semblante es tranquilo, lo cual Liu agradece con toda su alma, así como agradece la forma melódica en que le habla con esa voz sabia y gentil que rara vez puede sacar de él.

—Liu, las cosas conocidas son cómodas y no por ello son buenas. Cuando rompí con mi primera novia —Dave suspira y aparta la vista cuando Liu alza la cabeza, su atención repentinamente captada. Dave es sociable y parlanchín, pero rara vez quiere hablar de sus relaciones amorosas y aunque ahora lo considera adecuado, no por ello es menos doloroso —y empecé a estar con otras chicas, buscaba lo mismo que en mi primera relación. Esa chica me gritaba todo el día, por lo más mínimo. Cualquier error o discrepancia era una pelea enorme y cuando conocí a chicas que me trataban suave y no se enfadaban, sentía que algo iba mal, que ese no era mi lugar. Incluso a veces les gritaba yo, creaba la pelea yo, porque eso era todo lo que conocía y se sentía cómodo estar en una situación familiar. Pero las cosas no tienen por qué ser así y sé que los cambios asustan, pero esto es bueno para ti, lo prometo. Y si algo va mal, puedes dejar la carrera y volver a trabajar aquí, yo convenceré al viejo de que te contrate de nuevo, ya verás. Y si te da ansiedad sacar dieces, pues sacas cincos y ya está. Tienes dinero para vivir bien, no necesitas una carrera académica brillante, ahora estás estudiando por gusto, no por necesidad.

Liu suspira por lo que debe ser la millonésima vez esa noche, pero ahora suena distinto. Es un suspiro largo, profundo, y siente que con él se deshincha, que deja ir afuera una enorme carga y su cuerpo se relaja como no lo hacía desde que Xander lo sostuvo en la bañera bebiendo su sangre, limpiando su mente de preocupaciones y, en general, de cualquier tipo de pensamiento más que la consciencia de que tu vida le pertenece a otro.

—Tienes razón —responde con una pequeña sonrisa, levantando solo una de sus comisuras —, es lo mismo que dice Xander, es solo, no sé, necesito escuchar la misma cosa varias veces para convencerme de que es verdad. De que realmente es una buena decisión.

—Yo tampoco me fiaría de la opinión de una sanguijuela, pero por una vez que tiene razón…

Dave rueda los ojos cuando Liu lo mira recriminatoriamente. El muchacho va a decir algo, pero decide callarse porque ‘’sanguijuela’’ es lo más bonito que Dave ha llamado a Xander en mucho tiempo, así que lo aprecia.

—De hecho —sigue Liu mientras pasa el trapo húmedo por otra mesa, ahora levantando su vista unos segundos para comprobar que cara está poniendo su amigo, pues sabe que odia hablar del vampiro —, me está ayudando a estudiar. Sus métodos son poco convencionales, pero sirven.

—¿Poco convencionales? —cuestiona alzando una ceja y cruzándose de hombros.

Liu se muerde el labio y asiente, algo avergonzado.

—Me ha conseguido unos apuntes buenísimos de uno de los mejores estudiantes de la promoción. Lo, uhm, lo amenazó para conseguirlos, pero hice una fotocopia para quedarme con ellos y le fui a devolver los originales al chico y me disculpé con él. Al parecer Xander le dijo que le arrancaría los ojos si no se los daba para mí, pero ya le he asegurado que no va a suceder nada de eso. Aprecio sus, uh, sus buenas intenciones —Dave abre la boca con impresión. Imagina al enorme vampiro amedrentando a un pobre estudiante de esos que prefieren quedarse por las tardes a leer y repasar en vez de salir de fiesta y se le cae al corazón a los pies pensando en lo mal que ha debido pasarlo el muchacho —. También aprecio que no haya matado al chico.

—Que alguien le dé ya el nobel de la paz —comenta sarcásticamente, rodando los ojos.

—También me ha ayudado a hacer horarios de estudio y a relajarme cuando he terminado.

—Sí, debe relajar mucho perder el conocimiento por la pérdida de sangre —Dave vuelve a usar un tono lleno de veneno y sarcasmo cuando se acerca al chico por detrás y tira disimuladamente el pañuelo de cuadraditos rojos y verdes que trae atado al cuello.

Liu bufa, exasperado, y se arranca la prenda de un tirón para demostrarle a su amigo que solo tiene ahí la cicatriz de la mordedura de hace unas semanas, ninguna otra herida fresca.

—No es como si me estuviese drenando cada noche, no seas dramático —dice Liu haciendo un ademán para restarle importancia. Luego va hacia el almacén para guardar los trapos que ya no necesita usar más.

—Oh, claro —Dave repone en tono tan exagerado que es caricaturesco. Sigue a Liu hasta el almacén, todavía burlándose de él —, solo te apuñala la garganta una vez cada varias semanas ¡Qué caballeroso!

Liu sabe que su amigo está intentando protegerlo, que está irritante y a la defensiva porque quiere hacer ver al chico un riesgo que está seguro de que está ahí, pero Liu se siente humillado y ya ha tenido suficiente del sarcasmo de Dave, así que sale del almacén, casi empujando a su amigo afuera, y cierra la puerta con un estruendoso golpe que hacer al otro ponerse alerta.

—¡Fue idea mía ¿Vale?! Ahora, para de burlarte.

Liu le da la espalda a Dave y se pone a limpiar la barra, la cual ya está tan reluciente que podría reflejar su rostro totalmente rojo, ese mismo que intenta ocultarle a su amigo.

—Ah, eh… ¿Qué?

Liu da una respiración muy profunda y tamborilea los dedos sobre la bruñida superficie de mármol.

—Yo sugerí que se alimentase de mí. Me molesta cuando me hablas de ese modo tan paternalista, como si él simplemente me hiciese cosas y yo fuese demasiado ingenuo para darme cuenta. No es así ¿De acuerdo? Esto fue idea mía, para que no matase a tanta gente y, no sé, porque sentía curiosidad.

Dave se siente de golpe avergonzado de su comportamiento. Él jamás se arrepentiría de defender a un amigo, ni en un millón de años, pero debe reconocer que sí ha actuado como si el chico fuese demasiado inocente como para entender que alguien más se está aprovechando de él. Y lo ha hecho porque realmente piensa que el chico lo es, porque ha demostrado serlo en el pasado, pero sus palabras ahora le dejan de piedra. Dave piensa que quizá incluso si Liu sigue siendo una cosita ilusa, quizá debería darle un poco más de crédito. Ha aprendido mucho y él no es nadie para negar eso.

—¿Qué es —Dave traga saliva —lo que te daba curiosidad?

—A veces realmente desearía que alguien se llevase todo el estrés de mi vida de un plumazo. Que viniera alguien, me llevase en sus brazos como una princesita y ¡Pum! no más decisiones difíciles, ni responsabilidades ni nada.

<<Que alguien me salvase del estrés que me provoca pensar que con cada cosa que hago, puedo cagarla. Y cuando Xander bebió de mi en el pasado o cuando… cuando me usaba para su placer, él me robó mi libertad y mi autonomía, pero me pregunto…

<<¿Cómo debe sentirse cuando la entregas voluntariamente? ¿Cuándo la otra persona es dominante de una forma cuidadosa, respetuosa, y te hace sentir como si te librase de las cosas malas de la libertad, pero sin quitarte las buenas?

<<Eso me daba curiosidad y sí, resulta que ser la presa de un vampiro es muy relajante, por lo menos cuando sabes que no va a matarte. —Liu habla con una sobriedad impresionante.

Sus labios se curvan un poco y sus ojos se iluminan con un chispazo de deseo cuando revisita los recuerdos de aquella noche para explicarle a Dave las maravillas de cambiar, por unos momentos, la pesada carga de la libertad por el dulce regalo de la sumisión.

Dave debe admitirlo, no puede entender a Liu. Ni su experiencia, porque jamás la ha vivido, ni sus deseos, porque para él son pesadillas, pero hay algo en la forma de hablar del chico, en la delicadeza con la escoge y pronuncia las palabras, en la manera casi instintiva en que se lleva los dedos a la cicatriz de la garganta mientras todos sus vellos se erizan que hace a Dave dudar. Tener un poco de curiosidad.

Se acerca un par de pasos al pecoso chico, inclinándose hacia su cuello, mirando su cicatriz con una mezcla de fascinación y preocupación.

—¿Y estás seguro de que está bien que haga esto? ¿No te hace… daño o te hace ponerte enfermo perder sangre?

Liu coloca una mano sobre el hombro de su nervioso amigo.

—Está bien, el dolor es… es extraño, pero agradable en ciertas circunstancias —<<las cuales no pienso describir en voz alta ni aunque me interrogues, Dave>> —. Y no me enfermo, ya lo he dicho, lo hizo hace mucho y no sé cuando será la próxima vez.

Liu traga saliva cuando dice eso en alto porque sus palabras en medio del silencio lo hacen todo más real. Hacen palpable un hecho que hasta ahora no se ha atrevido ni a pensar: que hace suficiente tiempo que Xander lo mordió como para que vuelva a hacerlo de nuevo.

Traga saliva. Su piel se eriza y como si su cuerpo pudiese percibir una presencia antes que él mismo, la voz grave y melosa de Xander hace que ambos se volteen hacia la entrada.

—Disculpa la tardanza —dice el vampiro rubio con una sonrisa engreída y ladina en su rostro. Liu no pregunta por qué ha tardado, ya que, aunque las ropas del vampiro están limpias, puede ver un pequeño rastro de sangre en su comisura antes de que su lengua lo haga desaparecer —¿No has terminado aún tu turno? —pregunta risueño tomando al chico por las caderas y luego ascendiendo, trazando con sus dedos las dos tiras de tela verde que unen su delantal de uniforme en su espalda con un nudo y que hacen que su cintura luzca deliciosamente estrecha.

—Sí, perdona, me he distraído hablando —sus ojos le dedican una mirada amable a Dave, que mira la escena enfurruñado.

El moreno tiene un escalofrío cuando Xander lo mira con arrogancia y posesividad brillando en su mirada mientras sus manos deslizan las tiras verdes, deshaciendo el lacito en la espalda de Liu con la misma delicadeza con la que uno abriría un regalo.

—Sí —repone Dave apartando la mirada, su voz suena mezquina, como un chasquido —, Liu estaba explicándome lo mucho que le ayudas a estudiar mordiéndole y bebiéndote su sangre. Todo un buen samaritano. —sonríe con retintín.

Xander deja ir una risa sorprendida, más no parece ofendido por el tono de Dave. Como si estuviese demasiado confiado en sí mismo como para que las palabras del otro le resultasen siquiera un poquito intimidantes.

Xander ayuda a Liu a quitarse el delantal y luego lo deja atrás, avanzando hacia Dave mientras el pecoso pliega su uniforme y va al almacén a guardarlo.

—Te sorprendería saber lo mucho que lo disfruta —murmura, su voz ronca y provocativa. No necesita palabras obscenas para que Dave comprenda a qué se refiere y se ponga rojo como hierro candente por la vergüenza de imaginar a su amigo en esa situación y por la ira que le provoca que Xander pueda pavonearse de ese modo. —, hoy, de hecho, Liu va a tener una noche libre después de haber estudiado demasiado por toda la semana. Quizá soy amable y le ayudo a relajarse con mis colmillos.

La risa que sale de la garganta de Xander en ese momento solo puede ser descrita como diabólica. Una mezcla infernal entre el tono rasposo y seductor de un diablillo que sabe lo que hace y el sonido malvado y engreído de un monstruo que sabe que puede obtener todo cuanto desea.

Dave se siente lívido.

—¿Hoy no voy a estudiar? —pregunta Liu, acusatorio, asomando la cabeza desde el almacén como una especie de topo chismoso. Antes de que Xander pueda abrir la boca, él contraataca —Tenía que repasar unas cosas de estadística.

—Lo hiciste perfecto, Liu —asegura con un tono firme, pero amable.

—Pero dudé, si dudo en el examen de verdad, quizá no lo hago tan perfecto.

Dave frunce el ceño al escuchar eso. Sabe que Liu es ansioso, lo adivinó desde el primer día que trabajó con él y lo vio haciendo cafés con las manos temblorosas porque quería agradar a los clientes, pero aunque muchos halaguen el perfeccionismo por los resultados que procura, Dave prefiere a un Liu tranquilo y descansado. Así que por esta vez (y se jura a sí mismo que solo será por esta) se pone del lado de la sanguijuela.

—Descansa un poco, empollón.

Liu mira a Dave airado. Odia que lo llame así, quizá por eso el moreno usa cualquier oportunidad que está en su mano para hacerlo y luego sacarle la lengua.

—Bueno —concede el pecoso volviendo al lado de Xander —, puedo descansar hoy. Pero mañana estudio el doble.

—Claro —responde Xander con una sonrisa de suficiencia y le lanza una mirada cómplice a Dave, pues ambos saben que no lo hará (o que Xander no le dejará sobreesforzarse de ese modo, mejor dicho).

Ambos salen del local y Liu mira nervioso a su alrededor cuando Xander tuerce hacia la derecha, en vez de la izquierda.

—Hoy iremos a mi casa —comenta con tranquilidad, intentando no hacer de eso un gran problema, aunque nota que los hombros de Liu se tensan y lo escucha tragar saliva —, tengo que hacer algo ahí y no me ha dado tiempo antes de venirte a buscar —Liu piensa entonces en por qué no le ha dado tiempo y recuerda la mancha de sangre en la comisura de su labio cuando ha ido a buscarlo —. Además, quizá así puedes conocer al novio de Aidan.

Los ojos de Liu se iluminan al escuchar eso. Hasta entonces no había pensado más en el muchacho, quizá por que no le puede poner cara y eso lo hace más irreal en su mente, pero la idea lo emociona demasiado. No se trata solo de lograr tener un nuevo amigo, lo cual había considerado un sueño antes y ahora es posible, sino uno que lo comprenda, al menos en parte.

Es difícil hablar con Dave de su relación con Xander, de la complejidad que entraña ese sentimiento vulnerable de necesidad y temor que tiene anclado en lo más profundo de él. Las personas normales no suelen temer que su pareja vaya a matarlos en cualquier momento, ya se por obra de un desliz o porque lo halla más divertido que seguir conservándolos.

Las parejas normales no suelen tener discusiones y conversaciones sobre cómo y a quién uno de los dos debe matar. Las parejas normales no suelen componerse de un ser superior y aquel que sería considerado su presa usualmente y, por ello, no suelen contener extrañas dinámicas de poder integradas en la naturaleza misma de sus miembros. 

Así que como Dave es un chico normal, Liu no acaba de sentirse entendido por él. Pero quizá Jeremy si le entienda.

Así que durante el resto del camino el muchacho está de pronto charlatán y brillante, con la emoción burbujeando dentro suyo. La anticipación de conocer al otro muchacho logra hacer que Liu olvide los malos recuerdos que tiene adheridos a esas paredes y a esa gran, pesada puerta de la que fue prisionero años atrás.

 

 

 

 

Capítulo 127

 

Cuando entran a la gran mansión, algo inusual llama la atención de Liu. No son los enormes candelabros o el inmenso espacio que forma el comedor de la vivienda, no es el fuego en la base de la chimenea, ardiendo de forma que proyecta fantasmagóricas formas mientras la madera cruje bajos las llamas y tampoco es el hecho de que de la cocina provenga un sabroso aroma a carne bien especiada.

No.

Lo primero que llama su atención en ese pintoresco y extraño escenario es una cosa suave y pequeña fregándose contra sus piernas mientras ronronea.

Liu mira abajo con sorpresa, hallándose con los ojitos grandes y brillantes como canicas de un minino regordete con la cola larga, retorcida y que arrastra por el suelo como si fuese de trapo.

—Oh… —murmura, todavía demasiado patidifuso y aún deleitado mientras la criatura ronronea más fuerte aún y envuelve su cuerpo alrededor de los tobillos de Liu, acariciándolo con su suave y mullido pelaje, exigiendo mimos.

Liu mira a Xander, sorprendido y un poco preocupado ¿Y si el vampiro se enfada por que el animal haya irrumpido en su casa y lo esté tocando a él? Por un momento teme por la vida de esa adorable pelusa, pero cualquier zozobra se disipa cuando Xander sonríe, se agarra y empieza a acariciar la cabecita del minino.

—Hola, hola —lo saluda con una voz dulce y aterciopelada, tan suave que Liu le cuesta reconocer que es Xander quien la empuña. El gato se inclina hacia sus dedos, olisqueando y lamiendo con su lengua rosada antes de restregar el morro y la cabeza. Xander le rasca tras las orejas y el gatito maúlla adorablemente —, lo sé, tienes hambre. Es tarde hoy ¿A que sí? Ahora te doy el atún, va, va, no me mires así.

—¿Tienes un gato? ¿Cómo se llama? —pregunta Liu lleno de emoción, agachándose ahora que ha salido de su estupor. Liu mima al animal tras sus orejas también y luego lo acaricia desde su cabeza hasta su colita. El gato arquea su espalda contra la mano de Liu, aunque es incapaz de alzar su cola —¿Qué le ha pasado? Parece rota… —murmura tomándola entre sus manos y notando el peso casi ingrávido de ese miembro del animal. El gato se voltea de pronto, sus ojos bien grandes al ver que Liu tiene algo en sus manos, y mordisquea su propia cola como si pensase que es un juguetito. No parece dolerle.

—Unos imbéciles se la rompieron, aunque ya no parece que le duela —murmura Xander irguiéndose y alejándose unos pasos a por las latas de comida húmeda que tiene en la alacena —. Tampoco es como que tenga un gato. Yo no decidí nada, un día me vio por la calle y desde entonces no me deja en paz.

Liu deja ir una risilla y le habla al gato con una voz bobalicona y tierna.

—¿Es eso cierto? ¿Viste a Xander y decidiste acosarlo? Él me hizo lo mismo, malo, malo, malo… pero tú eres más suavecito que él y más adorable ¿A qué sí? ¿A qué sí? —luego se gira hacia el vampiro, que ya está abriendo la lata y dejándola en el suelo —¿Cómo se llama?

Xander se encoge de hombros.

—Gato —dice sin pensárselo mucho. Es así como lo llama siempre y no es ninguna mentira, así que no entiende por qué Liu luce tan irritado.

—No seas cutre —espeta mientras coge al animal en brazos como un bebé. Gato maúlla en protesta, pero Liu le llena la cabecita de besos y al animalito ya no parece importarle tanto. —, ponle un nombre bonito. Uno que le quede bien.

—’’Gato’’ le queda como un guante —se defiende y Liu, ofendido, le tapa las orejas al mínimo como si acaso pudiese entenderle.

—Bien, pues se lo pondré yo —decide finalmente.

Pero Liu aún no tiene pensado un nombre adecuado, así que lo acuna un rato más, mirándolo en busca de algún sello distintivo que pueda convertirse en su nombre. Es negro como el carbón, con ojos brillantes y adorables que parecen más bien de cachorrito, una cola rota y destartalada, bigotes retorcidos y rizados y patitas suaves con almohadillas rosadas que a Liu le gusta pulsar hasta ver las garras retráctiles salir. El gatito bosteza y Liu puede ver sus colmillitos afilados como agujas.

—Alex —dice de pronto y una enorme sonrisa se pinta en su cara cuando mira al vampiro.

—Oh, eso sí que no —dice el otro enfadado. No va a soportar la humillación de compartir nombre con un bichejo peludo y blandito.

Pero Liu deja al gato en el suelo y lo acaricia muy apremiantemente mientras dice:

—¿Te gusta tu nuevo nombre, Alex? Alex, Alex, Alex. Con tus colmillitos como los de Alexander y su misma tendencia a acosar a gente que te gusta ¿A que sí, Alex? Buen gatito, te encanta el nombre, te queda tan bien —el gato maúlla alto y orgulloso, estira su cabeza hacia arriba, como portando el nombre de forma señorial e ignora a Xander mientras va directo a su lata de comida. —El gato ha decidido que le gusta —dice Liu sin más, encogiéndose de hombros.

Xander suspira y mira al animalillo ensuciándose el hocico de pescado, dejándose los bigotes empapados. Luego se los tendrá que limpiar con una toallita húmeda y no puede evitar hacer un paralelismo cuando piensa en él relamiéndose la sangre de los labios y ve al gato hacer lo mismo con los trocitos de atún que tiene alrededor de la boca. 

—Pienso seguir llamándolo Gato. —sentencia el vampiro cruzado de hombros. 

Liu le imita con una sonrisa confianzuda en sus labios.

—Entonces Alex te ignorará —dice y el vampiro maldice en su interior cuando el maldito felino alza su cabeza al escuchar ese nombre que hace dos segundos no le pertenecía, mientras que ha ignorado a Xander llamándolo Gato.

Xander suspira.

—¡Te he estado alimentado yo por años, no él! ¡Ponte de mi lado! —grita Xander exasperado. Alex lo mira de reojo, bufa, y sigue comiendo su latita de atún. Xander se dirige ahora a Liu —Llevas un minuto en mi casa y has puesto a mi gato en mi contra, serás…

Se acerca a él con tono amenazante y aunque Liu sabe que está siendo juguetón, no puede evitar retroceder unos pasos cuando la intimidante figura se acerca a él despacio, con andares oportunamente felinos y sus garras dispuestas a atraparlo.

—Vamos, no te enfades porque Alex me prefiera a mí —dice el nombre del animal más alto y firme que el resto de la frase. Como respuesta, Alex levanta la cabeza y maúlla en aprobación. Liu apenas puede contener su sonrisa triunfal, pero Xander ha decidido que se la borrará de la cara.

Lo toma por la cintura y lo empuja contra la firmeza de la puerta de forma brusca, dominante. Liu exhala un jadeo y mira a Xander con ojos vidriosos y suplicantes, su boca entreabierta se cierra cuando se muerde un labio y los ojos rojos de Xander se clavan en ese gesto con ardiente pasión.

—Estás siendo desconsiderado, Liu —susurra con un tono ronco y una sonrisa satisfecha en su rostro al ver que la de Liu se ha desvanecido, dejando en su lugar una expresión de adorable desesperación —, estás siendo malo ¿Debo serlo yo también? —su agarre en la cintura del muchacho se afirma y lo atrae hacia él. Liu puede sentir el hambre en su mirada, incluso si sospecha que esa noche ya se ha saciado, pues se trata de un hambre distinta.

Xander se inclina para besar al chico. Liu se forzado a dejarse de morder el labio y Xander lo hace en su lugar. Lo besa demandante, exigente, y el chico cumple todas y cada una de sus demandas: abre más la boca cuando el otro le muerde duro, forzándolo a separar sus labios. Ladea la cabeza cuando el vampiro le tira del pelo, se deja besar con pasión cuando una mano firme rodea su cuello y otra amorata su cintura.

Xander se separa de él, satisfecho y a la vez muy lejos de realmente estarlo, y observa como Liu respira con dificultad. Sus labios están rojos de tanto ser mordidos y su boca es tan suya que no necesita seguir besándolo ahora, pues puede hacerlo cuando desee. Se aparta un poco del chico, mirándolo con suficiencia, y el muchacho se roza los labios con una expresión extasiada y dolorida al mismo tiempo.

—No seas cruel, casi me haces sangrar —murmura Liu haciendo un puchero y Xander ama que el chico sea juguetón de ese modo. Ama que su miedo solo avive su deseo, en vez de apagarlo.

Xander vuelve a acercarse, tentado por las palabras del chico y susurra en su oído:

—Sigue siendo tan jodidamente desobediente conmigo esta noche y te haré sangrar.

El chico gimotea por las palabras. Son una amenaza, lo sabe, pero a la par son un ofrecimiento. Xander le pregunta si quiere ser mordido esa noche y Liu, indeciso, no sabe si el revoloteo que siente en su estómago son nervios o temor. Ambos, seguramente, así que tiene que decantarse hacia un lado: ser dócil, como siempre es, y no ser mordido, o empujar los límites de Xander hasta ganarse el castigo que el otro le promete.

Pero Xander no habla más del tema, no por el momento, pues alguien irrumpe en la escena.

Aidan sale de la cocina de pronto llevando un delantal manchado y el pelo negro como la noche recogido en una larga trenza vikinga algo deshecha.

—Oh, por fin traes a tu humano —sonríe el vampiro al verle y Liu siente un escalofrío que lo pone nervioso de veras al ser confrontado con Aidan de nuevo. —. Un placer verte por aquí de nuevo, Liu. Xander no deja de hablar de ti, ya era hora de comprobar que no eran todo delirios suyos. Y Jeremy estará encantado de conocerte, no tiene muchos amigos y tú eres suficientemente dulce como para tener mi aprobación.

El pelinegro no fue tan terrible como Xander ni en una millonésima parte, pero lo conoció cuando Xander lo era y puesto que Aidan habita en sus recuerdos más lúgubres, verlo significa viajar a ellos por un angustioso segundo.

Liu sonríe por las palabras de Aidan una vez logra sacudir lejos esos viejos recuerdos y se acerca un poco, con pasos pequeños, cuando lo hace Xander.

—Gracias —murmura tímidamente —, supongo que te refieres a que soy una persona dulce, más que una… comida dulce —carraspea, incómodo cuando sobre piensa ese cumplido.

Ambos vampiros ríen. Grandes colmillos en sus bocas y ese espeluznante sonido ronco y diablesco saliendo de ellas y llenando la estancia. Liu se siente chiquitito de pronto.

—Ambas —asegura Aidan con una voz ronroneante que hace al muchacho tragar saliva. Luego sus ojos carmesí se dirigen a los de Xander —, pero no me interesa lo dulce que sea tu sangre, no a menos que quiera conservar la cabeza unida al cuerpo ¿cierto? —Xander asiente. Serio y de brazos cruzados —. Solo me interesa saber que eres amable y honesto, justo la clase de amigo que habría tenido que cazar para hacerle compañía a Jeremy si Xander no te hubiese traído. Has facilitado las cosas.

—Yo también empezaba a pensar que tendría que secuestrar algún humano agradable para Liu —ríe Xander, lo cual hace al pecoso enrojecer. Él sabe que es tímido y que tiende a estar demasiado callado y pasar desapercibido en situaciones sociales ¡Pero ha hecho un amigo! Lo cual no es mucho, pero es más que nada. E incluso ha hablado un par de veces cuando Dave lo ha arrastrado a sus fiestas, aunque sea para preguntar dónde está el baño— ¿Sabes que un maldito imbécil se le ha pegado como una lapa y encima no me deja matarlo? Dioses, es tan irritante. No me sé ni su nombre.

—Dave —carraspea Liu, de pronto ofendido —¡Y es un buen amigo!

Xander rueda los ojos y pone una mano en la espalda baja del chico, empujándolo hacia la cocina.

—Sí, sí… ves a hablar con Jeremy, yo me quedaré aquí con Aidan. Supongo que hablaremos de lo divertido que sería despedazar a tu buen amigo. —Liu frunce el ceño y aprieta los puños, pero antes de que pueda replicar nada, Aidan ríe y exclama.

—Oh, alguien está celoso.

Xander le asesta una mirada que podría matarlo al instante y le muestra los dientes como un animal enfadado.

—Cierra la boca y escúchame. De verdad, es insufrible ¿Sabes que el bastardo me rompió una jodida silla en la espalda?

Liu niega con la cabeza mientras Xander empieza a explicarle a Aidan por qué opina que Dave es una mala influencia para él, mencionando cosas como que fuma -puede oler el tabaco en su aliento- o que alienta a Liu a ser irresponsable en el trabajo, como si esas cosas fuesen grandes problemas en comparación a las que hace Xander, a saber, asesinar a humanos para saciarse y hacer que Liu se salte días de trabajo sin previo aviso. 

Aidan responde a las historias de Xander con grandes risotadas y se quita un imaginario sombrero de la cabeza como un signo de respeto hacia Dave, quien posiblemente sea el único humano en toda la historia capaz de sobrevivir a insultar a Xander a la cara. 

Liu escucha la conversación de fondo mientras avanza hacia la cocina, donde encuentra la delgada espalda de un chico moviéndose rítmicamente mientras tararea y bate algo en un bol.

—H-hola —murmura Liu, avergonzado por interrumpir mientras el otro está tan metido en la cancioncita mientras cocina.

Jeremy da un repullo y se voltea extrañado. Observa a Liu como quien ve a un fantasma: con la cara llena de una enorme confusión. Luego se fija en las pecas del muchacho y eso le hace reconocerlo al instante.

—Oooooh —dice alargando la vocal y asintiendo para sí mismo. Deja el bol con la mezcla en la encimera y se acerca hacia el muchacho, tendiéndole la mano —. Eres Liu ¿Verdad? ¡Dios! Tenía tantas ganas de conocerte ¿Sabes lo aburrido que es tener que hablar de cosas de… bueno, de cosas de humanos y tener que explicarlo todooooo bien mascadito porque los vampiros solo saben resolver un problema matando a gente? ¡Qué bien!

<<Ya estaba pensando que tendría que salir a hacer amigos en, no sé ¿Dónde coño se hacen los amigos? Nunca he sido muy bueno en eso, no soy el mejor socialmente hablando. De hecho, cuando me pongo nervioso hablo demasiado y es irritante ¿Estoy siendo irritante ahora? Perdón y ¡Oh! Te acabo de dar un apretón de manos con los dedos llenos de masa cruda. Perdona, lávate las manos que esto tiene salmonela seguro ¿Por qué coño se llama salmonela si los huevos no tienen nada que ver con el salmón? Los ponen los pollos, no los peces, aunque entiendo porque no pueden llamarlo ‘’pollela’’, suena realmente ridículo.>>

Liu se lava las manos en la pica escuchando a Jeremy hablar con una enorme sonrisa en su cara. Había temido que la amistad no funcionase, que él dijese su tímido ‘’Hola’’, el otro le respondiese con la misma palabra y luego un silencio ensordecedor cayese entre ambos mientras la incomodidad les hacía desear escapar de sus pieles en ese mismo momento, pero Jeremy parece capaz de sostener la conversación por ambos, así que Liu puede relajarse con una gran, aliviado suspiro, y cuando el peliblanco termina de hablar se siente suficientemente confianzudo como para responder.

—Yo también quería conocerte desde que Xander mencionó que Aidan tenía una pareja humana. Cuando lo conocí era mucho más, hum… no era tan agradable, digamos. Tú presencia le ha sentado bien.

Jeremy enrojece cuando Liu le lanza ese cumplido y Liu siente que ha acertado. No conoce al chico todavía pese a haber escuchado su ansioso monólogo, pero alguien capaz de iluminar la oscuridad en el corazón de una criatura de la noche debe ser alguien realmente bueno. Se necesita mucha bondad para diluir la maldad de un ser creado para matar.

—Lo mismo digo. Xander era un verdadero pedazo de mierda cuando le conocí, ahora un poco menos.

Liu se tapa la boca por la impresión al escucharle decir eso. Solo ha escuchado a Dave hablar de ese modo de Xander y aunque sigue vivo, está seguro de que su cuello todavía se resiente por la forma en que el vampiro lo asfixió como queriendo romperle la columna con sus dedos. Le impresiona la soltura con la que Jeremy arriesga su vida con sus palabras e, inevitablemente, los dos rompen en carcajadas instantes después. Resulta que Xander puede ser lo más peligroso en toda la ciudad, pero es tan divertido meterse con él… puede que precisamente porque es peligroso sea tan divertido hacerlo.

—Por cierto —Liu logra decir mientras se limpia una lagrimilla de la risa —, no estabas siendo irritante. Me gusta mucho la gente habladora, de hecho, me gusta mucho leer y la gente habladora es un como un audiolibro en drogas así que ¡Perfecto!

—¿Si? ¿Qué libros te gustan? Nunca he podido tener hobbies ni cosas así y ahora que Aidan me ha dado una vida más tranquila me gustaría, no sé, leer o escuchar música. Recomiéndame algo.

—¿Nunca has tenido tiempo para ti? ¿Tus padres eran muy exigentes con los estudios? —Liu ve a Jeremy hacer una cara extraña.

Solo que a él no le resulta extraña en absoluto, sino familiar. Es esa cara que él solía y suele hacer cuando alguien le pregunta por su familia o por sus amigos. Cuando un viejo compañero de primaria lo ve por la calle y se detiene para charlar un poco y le pregunta por sus estudios o su carrera o por Matheo, porque no se ha enterado de nada de lo que sucedió en la vida de Liu y simplemente espera que esta haya seguido la trayectoria que para Liu es un sueño inalcanzable. El chico cambia el tono de pronto, poniendo una mano en el hombro de Jeremy y mirándolo con una sobriedad y una seriedad que pocas veces puede hallarse en ojos joviales.

—Lo siento. No tienes que responder si no-

Pero Jeremy alza una mano, restándole importancia.

—Tú también has perdido a alguien ¿Verdad? —Liu asiente, en silencio, y Jeremy asiente con una sonrisa agridulce.

No es un gesto feliz, ni mucho menos, pues las desgracias ajenas no le producen ninguna alegría, pero es un gesto de confort, un gesto que indica lo balsámico que es hallar a alguien con una herida similar, a alguien que sepa tener tacto frente a la tuya, no hurgar hasta hacerla sangrar.

—Se nota, tienes esa… esa sensibilidad ¿Sabes? —Liu asiente de nuevo. Su mano sigue en el hombro de Jeremy, cálida. Jeremy aparta la mirada y toma el bol de nuevo, mezclando la masa del bizcocho. Mira las varillas mientras su voz se endurece y empieza a hablar de nuevo —Mi hermana. Mi madre no fue una gran pérdida y mi padre… uno no puede perder lo que nunca encontró ¿No? —suelta una risa sarcástica, cargada de veneno —nunca fui a la escuela y me prostituí desde muy joven, así que no tuve tiempo de tener una infancia o una adolescencia normal ¿Qué hay de ti?

Liu guarda silencio y escucha. Le rompe el corazón escuchar esas palabras de Jeremy en su fuero interno y se pregunta cómo debe ser extrañar algo que jamás se ha poseído. Él echa de menos la calidez de los abrazos de su madre o la seguridad que le daban los consejos de su padre, el único entibo firme en la alocada marea de la adolescencia, echa de menos los lametones de pelotita, su cola aporreando las paredes por la felicidad de verlo llegar de la escuela cada tarde, echa de menos como cualquier día con Matheo se sentía como una tarde de verano, el burbujeante sonido de las risas en su tripa, la intimidad de cada silencio… Sabe lo que es tener la felicidad, el cielo en la punta de sus dedos.

Por eso le duele tanto ahora el frío de un infierno sin ellos y se pregunta ¿Es peor o mejor añorar algo que uno no pudo probar jamás? ¿Recordar la dulzura de esos momentos felices lo hace afortunado, porque al menos los tuvo y ahora al menos tiene esas memorias para saborearlas hasta desgastarlas? ¿O acaso que te arranquen algo tan íntimo, tan profundamente enterrado en el pecho como tu corazón mismo es peor que no haberlo tenido nunca, como si quien jamás disfrutó de alegría poseyese un hueco liso e indoloro, como la piel que queda en las protuberancias de aquellos que nacen sin un brazo o una pierna, mientras que a aquel a quien se le arrebata lo amado se le deja un hueco abierto, rojo, sangrante, que le hace rabiar de dolor?

Finalmente, Liu bate sus pestañas y contempla en esos ojos claros la profundidad de su tristeza y sabe que sus heridas son distintas, más no una más grande y otra más pequeña, o una más dolorosa y otra más llevadera. Al fin y al cabo, el dolor es dolor, se sienta donde se sienta, sea por la quemadura del gélido frío de la ausencia, o del abrasador ardor de que lo que amas se reduzca a cenizas.

No hay razón para comparar una tragedia con otra, no cuando existe la opción de simplemente comprender al otro. De dejar que las heridas encajen, aunque torpemente, y el dolor sea un poquito más suave, porque ninguna carga pesa tanto en compañía.

—Fue mi familia entera —Liu explica, su voz apocada. Los ojos de Jeremy, comprensivos —, mi mascota incluso. Y mi mejor amigo —Liu se muerde la lengua y entonces se corrige —, mi primer amor.

Por un largo rato, ninguno dice nada. El silencio no es incómodo, no se trata de que no sepan qué decir, sino de que no es necesario hablar cuando sus miradas ya lo hacen. Cuando cualquiera de los dos abre su corazón, ya sea por confianza o por necesidad, y explica un trocito de su trágica historia, eso implica también explicar algo más allá de los hechos. La gente comprende los datos con rapidez: quién ha muerto, cuando, cómo. Pero las implicaciones… uno tiene que arrancarse las vendas y sangrar delante de alguien para que comprendan. Explicar las pérdidas es sencillo, es fácil hablar de un trauma cuando lo conviertes en un simple hecho, cuando finges ser un presentador reportando una noticia que sucede lejos, muy lejos de donde tú estás, pero hablar de dolor. Hablar del dolor es padecerlo de nuevo.

Cuando explicas tu tragedia a alguien que no comprende esa palabra más que la definición del diccionario, no explicas solo qué pasó, sino qué significa. Debes explicar la soledad, el dolor, debes mostrar la herida con lágrimas e hipeos, debes enseñar que lo que pasó sigue pasando, que no una cápsula de tiempo atrapada en el pasado, sino un hilo que llevas amarrado al corazón y se sigue avances como avances.

Pero Liu y Jeremy comprenden eso, así que no necesitan explicarlo. Basta con decir qué pasó para que el otro comprenda cómo se siente. Y es refrescante hablar de algo tan doloroso sin que tenga que doler de nuevo, mostrar la cicatriz sin tener que arrancarte los puntos y manchar al otro de sangre para que por fin reconozcan todo el sufrimiento que hay bajo esa piel aparentemente sanada.

Ese rato que pasan en silencio es como una larga conversación sin palabras. Es sanadora. Y hace que un lazo invisible se estreche entre ambos.

—El reino vacío —dice de pronto Liu y Jeremy lo mira desconcertado —. Me habías pedido que te recomendase un libro. Ese es bonito. Es gracioso y tierno y a veces un poco triste, pero me gusta bastante.

Jeremy sonríe grande, vertiendo ahora la mezcla chocolateada en un modo que Liu ha engrasado con mantequilla.

—Gracias —murmura y aunque la interacción es simple y mucho menos íntima que la conversación que llevan teniendo un buen rato, Jeremy se sonroja de pronto —. Uhm ¿Vas a clubs de lectura o algo así? Decía muy en serio eso de que no sé cómo ni donde hacer amigos.

Liu se siente reflejado en la torpeza de Jeremy al preguntar sobre el tema. Nadie habla de ello, como si fuese tan obvio que decirlo estropease el secreto, pero la realidad es que Liu tampoco entiende muy bien cómo encontrar algo tan especial como un amigo. Le da la impresión de que son como semillitas que uno recoge en su bolsillo y que, al cabo de los años, germinan y echan raíces y cuando esas se entrelazan con las tuyas, se ha formado una amistad. Pero las semillas que Liu conoció cuando era pequeño han germinado muy lejos de él, se le han caído de los bolsillos ya y ha pasado tanto tiempo que se siente imposible hacer nuevos amigos, como si todas las personas de su edad fuesen ya árboles grandes y robustos, con sus raíces demasiado firmes como para crecer de una forma que se amolden a las suyas.

Cuando se es pequeño basta con tener un juguete llamativo para que otro niño te hable y años después ambos sean íntimos confidentes, pero una vez has pasado el umbral de la infancia, donde cualquier tema de conversación es bueno y las presentaciones sobran, hablar con un desconocido se siente siempre incómodo, como una tuerca oxidada que chirría al girar.

Por eso Liu agradece tanto la fluidez con la que Dave y él hablaron el primer día y la forma en que las raíces de Jeremy las suyas parecen dar de la mano.

—No me animo a ir a clubs, la verdad. Mi único amigo, Dave, es del trabajo ¿Tú trabajas por aquí cerca?

Jeremy sonríe como si Liu hubiese dicho un chiste que solo él puede entender y niega.

—No. Solo he trabajado vendiendo mi cuerpo, así que ahora que puedo lo he dejado. Me gustaría hacer algo más, algo distinto, pero no sé hacer muchas cosas así que no creo que pudiese obtener un empleo.

—¿Qué tal cómo niñero?

—Me dan mal rollo los bebés ¿Sabías que su saliva es ácida?  Y agarran las cosas con una fuerza descomunal. Te lo digo, esas cosas son más peligrosas que un vampiro.

Liu mira a Jeremy con el ceño fruncido y empuja la bandeja con la masa dentro del horno. La masa, incluso cruda, huele tan bien que tener salmonela no le parece una cosa tan mala si a cambio puede probar esa delicia azucarada.

—Mmmm ¿Dependiente?

—Lo pensé, pero algunos de los propietarios de tiendas de por aquí han sido mis clientes. Si fuesen mis jefes seguro que tratarían de aprovecharse de mi y…. Uy, me callo. Si Aidan me escucha los asesinará.

—Conozco ese problema. Xander mataría a alguien por tirarse un pedo delante de mí.

—Mejor me aguanto entonces —dice Jeremy apretando las nalgas y andando como si estuviese estreñido, lo cual hace a Liu reír alto.

 Ha sobrado un poco de masa y cuando va a dejarla en la nevera, en un pequeño tarrito, nota que cada estantería está llena de algo de aspecto delicioso. Desde cupcakes decorados de formas adorables y con gran precisión, hasta crujientes piezas de pollo glaseado en salsa junto con patatas hechas al horno y especiadas de una forma muy apetitosa.

—¿Y has probado a ser cocinero? —pregunta una vez cierra la nevera y Jeremy abre sus ojos con sorpresa, como si el hecho de que cocina bien fuese algo que acaba de descubrir —En el bar donde trabajo las magdalenas saben a polvo y azúcar, seguro que nuestro jefe apreciaría mucho alguien que cocinase como tú.

—Uhm, no sé, solo cocino para mí y Aidan no es muy de fiar cuando le pido opiniones sobre mi comida… además, esto de cocinar es algo que hago hace nada, no sé suficiente aún ¿No?

Liu hace un ademán, restándole importancia a todo lo que dice el chico.

—Tú dame tu teléfono, le diré a Dave que hable con el jefe. Lo haría yo mismo, pero no soy muy convincente.

Los ojos de Jeremy brillan mientras parpadea un par de veces, todavía sin creer lo que oye.

—¿De veras?

—Claro. Además, quizá voy a la universidad y si hay una vacante en la cafetería seguro que te van a contratar si te recomendamos yo y Dave ¿Te gustaría?

Jeremy apenas puede contener su emoción. Trabajar es algo que siempre ha odiado, pues trabajar significaba separarse de su cuerpo, de su ser, darse prestado a alguien y cerrar los ojos o contar las baldosas del techo mientras esperaba a que todo acabase rápido. Nunca pensó que trabajar podría significar poner sus talentos al servicio de otros, hacer lo que le gusta y además llevarse un beneficio por ello. Su sueldo siempre ha sido una compensación y por ello siempre ha dado por supuesto que él jamás podría trabajar sino era sufriendo. Pero la idea de una cafetería… de cocinar bocadillos y bocados dulces y ver cómo otros los disfrutan y se chupan los dedos y le dan dinero por hacer algo que no implica renunciar a sí mismo, suena como algo con lo que jamás se había atrevido siquiera a soñar.

Jeremy abraza a Liu tan fuerte que lo levanta del suelo.

Cuando Xander y Aidan entran a la cocina después de charlar largo y tendido, es evidente que Aidan ha estado burlándose de Xander por su enemistad para con un simple mortal, pues Aidan se apoya en el hombro del rubio, riendo con todas sus fuerzas mientras lanza nombres como ‘’Dave, la némesis’’ o ‘’El humano indestructible’’ y Xander luce precisamente lo opuesto a entretenido por las bromas de Aidan. De hecho, Liu y Jeremy están casi seguros de que el pelinegro está a una broma más de perder un brazo o una pierna y que el otro le golpee usando su propio miembro amputado como porra.

—¿Adivina qué? —pregunta Jeremy con una sonrisa radiante y enorme que solo puede significar buenas noticias o una enorme travesura.

Aidan se acerca hacia él y lo besa en los labios por unos segundos, deleitándose con el sabor de sus labios rizados en una tan alegre sonrisa.

—¿Qué es lo que has tramado?

—Liu puede conseguirme un trabajo de cocinero en una cafetería—dice de pronto, lleno de tantísima ilusión que ahora abraza a Aidan, aunque a él no es capaz de alzarlo del suelo.

El vampiro le acaricia el pelo con dulzura y sonríe enternecido.

—¿Mi bocadito dulce va a ganar dinero dedicándose a hacer otros bocados dulces?

—También servimos bocadillos en la cafetería.

—¿La misma en la que tú trabajas?

Aidan y Xander se miran. El pelinegro está más pálido que de costumbre, con cara de circunstancias, y Xander trata de aguantarse la risa.

—Vaya, parece que compartimos maldición.

Liu frunce el ceño, extrañado, hasta que comprende a qué se refiere su novio y entonces rueda los ojos con exasperación.

—No llames a Dave una maldición, haz el favor. Y Aidan, Dave es un excelente compañero de trabajo y será un buen amigo para Jeremy, dejad de hacerle bullying.

—Yo no he hecho nada —se excusa Aidan alzando sus manos como para demostrar su inocencia —, pero si me rompe una silla en la espalda posiblemente lo asesinaré.

—No, no lo harás —replica Jeremy golpeándolo en el pecho y Aidan suspira, derrotado.

—Que agotador es esto de querer a humanos en vez de comérselos. —se queja el alto hombre de cabellos ébano buscando simpatía en los ojos felinos y rojos de su igual.

—Y que lo digas —Xander le sigue el rollo, no sin antes rodear la cintura de Liu con su brazo y apachurrar contra él dulcemente. Lo mira, divertido, y le revuelve el pelo mientras sigue dándole la razón a Aidan — Son pedigüeños, quejicas, molestamente frágiles y torpes…

—Ridículamente pequeños, tienen muchas necesidades y poca tolerancia a las dificultades, tienen normas sociales estúpidas y leyes realmente inconvenientes y ad-

Aidan se calla de pronto cuando Jeremy se pone sobre las puntas de sus pies y le roba un beso corto, pero extremadamente tierno.

—¿Si te doy más prometes callarte lo que queda de noche? —pregunta el muchachito de piel bronceada y cabellos de plata. Aidan sonríe grande y complacido y asiente con su cabeza como víctima de un hechizo.

Jeremy le corresponde con otra sonrisita y esta vez no necesita ponerse de puntillas para besar a su novio, pues Aidan lo toma de la cintura y lo alza para acercárselo a los labios.

—Creo que será mejor que les demos algo de intimidad —comenta Xander mirando a Liu y al decirlo nota que Aidan abre brevemente los ojos durante su beso, lanzándole una mirada acusatoria.

Xander le sonríe, carismático y divertido, y Aidan vuelve a cerrar los ojos y hundirse en los labios de su humano cuando ve al rubio y a su pecosa presa subir las escaleras.

 

 

 

 

 

Capítulo 128

 

Liu se tumba sobre la cama de Xander y se siente gratamente sorprendido. No recordaba que las sábanas fuesen tan suaves ni el colchón tan celestialmente mullido. Es como si la cama hubiese estado esperándolo todo ese tiempo, conservando un poco de su calor y sobre todo la forma de su cuerpo al caer sobre el lecho, para poder acogerlo con una suavidad y una comodidad que se sienten a la par nuevas y familiares.

El muchachito tuerce la boca cuando entiende, muy a su pesar, por qué nunca reparó en lo cómoda que es la cama de Xander, pero el vampiro pronto logra alejar esos pensamientos de su cabecita cuando se tumba a su lado y le revuelve los cabellos con unas caricias tan deliciosas que Liu podría jurar que el hombre le está masajeando el cerebro mismo y dejándolo tan relajado que aunque haya dormido largo y tendido esa noche, ahora podría cerrar los ojos por días enteros.

Liu se obliga a no sucumbir a las agradables sensaciones. Si se duerme ahora, todo su horario de sueño y, por consiguiente, de estudio, se echará a perder y no puede permitirse eso. Una parte de él le dice que no logrará entrar a la universidad y que quizá es para bien, pero otra, más grande, quiere intentarlo y demostrar que es capaz de no seguir estancado.

—Mmmm… debería estudiar un poco hoy… solo repasar unas cosillas. —murmura, soñoliento y puede sentir el roce suave del cabello de Xander sobre sus mejillas cuando se inclina para besarle la frente.

—Deberías simplemente obedecerme, Liu, porque eres mío y quiero lo mejor para ti. Y esta noche ya te he dicho que vas a relajarte. Estaremos aquí, en la cama, y vas a tener un largo rato para hacer algo que te guste, leer, escribir algo, podemos ver una película y luego salir dar un paseo y comer por ahí. Si hay algún local interesante, puedes salir de fiesta, así te preparas para la universidad. —Liu ríe un poquito porque sabe que Xander habla medio en serio, medio en broma.

Al fin y al cabo, todo lo que el vampiro sabe sobre la universidad es lo que Liu le ha enseñado en películas americanas y exageradas con fraternidades, dramas amorosos y sorprendentemente poco tiempo de estudio. Además de eso, el rubio no ha pisado jamás un campus salvo para cazar

—Podemos darnos un baño relajante luego y…

Liu traga saliva al oír eso, pero no porque la idea del agua espumosa y el delicioso aroma a bombas de baño no le agrade, sino porque ser bañado por Xander le lleva a unas semanas atrás. Al agua teñida de rojo.

—¿Has… comido esta noche? —pregunta de pronto, las imágenes de los colmillos sangrientos de Xander cuando lo mordió ligándose en su mente con el breve instante en que, esta noche, lo ha visto lamer discretamente las gotitas carmesí que llevaba en una de sus comisuras.

El vampiro lo mira sereno, todavía acariciándole el pelo, y responde:

—Sí, he cazado antes de ir a buscarte al trabajo. 

Un escalofrío recorre la columna de Liu y de pronto se siente despierto, alerta. Su cuerpo recuerda de pronto que amable gigante que tanto ama mimarlo es, en el fondo, un depredador. Quizá es la forma en que sus ojos no brillan al decir tan ominosas palabras o cómo su voz se mantiene tan tranquila, como si charlasen sobre algo insustancial.

Sea lo que sea, hace a Liu sentir su garganta seca y sus músculos tensos.

—Es… ¿está viva, esa persona? —Liu no pretende que la conversación vaya por ahí. No quiere detalles, no desea saberlo, pero su curiosidad y su compasión son demasiado fuertes como para qué pueda tirar en la dirección opuesta.

—Era un chico normal y corriente. No he encontrado criminales hoy. Iba a matarlo, de todos modos, pero al final he decidido dejarlo vivir.

Liu no quiere preguntar el por qué y Xander prefiere no pensarlo. Ambos saben que se trata de una mera casualidad. Quizá el vampiro está de buen humor hoy, quizá simplemente su sangre no era tan buena como para que el placer opacarse su recién descubierta compasión. 

—¿Sigues hambriento?

Xander alza las cejas cuando Liu le pregunta eso, pero no por la pregunta en sí, sino por la forma en que la dice: nervioso, titubeante, su mirada huidiza buscando el rojo de su iris de vez en cuando, sus pestañas batiéndose de forma casi coqueta. Su pregunta no suena como una pregunta, sino como una proposición.

Xander deja de acariciar los cabellos de Liu, pero su mano se mantiene ahí. Toma sus mechones en su puño de forma firme, más no dolorosa, y hace al chico mirarlo directamente a la cara. Ama el sonido de su corazón acelerándose.

—¿Por qué no me preguntas directamente lo que deseas saber?

Liu traga saliva y se ruboriza. Se siente tan ingenuo y transparente. No se atreve a desviar su mirada cuando los intensos rubíes de Xander lo escrutan tan intensa, meticulosamente, así que se traga su nerviosismo y, mirándolo a los ojos, susurra:

—¿Q-quieres a beber mi sangre esta noche?

Xander sonríe cuando escucha esa pregunta. Una sonrisa ancha, maliciosa, satisfecha. Su lengua perfila uno de sus colmillos y viaja a la comisura que horas atrás estaba ligeramente teñida de rojo, como reviviendo el recuerdo o como anticipando algo. Liu se estremece.

—¿Es eso una pregunta, Liu? Porque suena más bien como un delicioso ofrecimiento. —Xander ríe, el sonido es melódico y carismático. Su voz grave retumba dentro de Liu como si algo sacudiese sus cimientos, haciéndolo temblar.

Se inclina hacia el muchacho poco a poco, sin dejar claro si busca el calor de sus labios o el pulso acelerado de su cuello. Su suave boca roja la mejilla del chico, su comisura… y luego la mano enredada en su pelo le hace echar la cabeza hacia atrás, exponiendo su garganta. Xander besa su nuez y con los calientes labios todavía prensados sobre la finura de su piel, dice.

—Sabes la respuesta a esa pregunta. Quiero beber tu sangre, lo deseo tanto que debo controlarme para que ese deseo no me consuma… para que no te consuma. Pero no sé si esta noche lo haré, eso es algo que debes decidir tú. Dime, Liu ¿Quieres sentir mis labios sobre tu piel, quiere que te haga sentir bien, que te acaricie, que te adore como a mi pequeño, precioso sacrificio… quieres que te haga sentir dolor y te sostenga entre mis brazos mientras te quedas sin fuerzas, tan relajado y vulnerable, quieres estar tan agotado que no puedes hacer nada más que cederme el control de todo? ¿Te gusta como suena esa idea? 

Liu exhala lo que suena como una mezcla entre un gemido y un jadeo. Las palabras de Xander son poderosas y los recuerdos y deseos que invocan aún más. Su sonrisa. Sus ojos. Sus colmillos. Liu se siente mareado cuando lo imagina, cuando piensa en esas poderosas manos moldeándolo a placer, esos dientes como espinas clavándose en su cuello y haciéndole olvidar cualquier dolor que no sea ese. Quiere sentirse mareado y débil de nuevo, sentirse una pequeña alimaña en las fauces del lobo, quiere volver a tener la mente en blanco y el cuerpo inerte.

<<Joder>> Solo de pensarlo, de recordar la última vez, Liu puede sentir su corazón bombeando tan rápido que lo escucha en sus propios oídos. Y sabe a qué lugares va la sangre tanta urgencia: uno de ellos es su rostro, tan rojo que las pecas parecen haber desaparecido, y el otro está en el extremo opuesto de su cuerpo, el motivo de su tan avergonzado semblante.

Xander desliza los ojos por su cuerpo y besa su cuello. Un beso casto y agradable, tan pequeño que Liu siente que tendría que rogar por más.

—¿Quieres hacerlo como la última vez? —Xander sigue preguntando, incitándolo. Su voz es baja, como un murmullo cavernoso. Liu se encoge al escucharla. Tan cerca. Tan profunda.

—¿E-en la bañera? —pregunta ingenuamente, incapaz de pensar con más coherencia, no cuando el calor en su cuerpo parece haber derretido lo que sea que hace a su cerebro funcionar.

La risa de Xander es maravillosa, incluso se está burlando de él.

—Sabes muy bien que no me refiero a eso. Te estoy preguntando si quieres correrte mientras bebo tu sangre —la piel de Liu se eriza bajo los labios de Xander, que sonríe contra su dermis, orgulloso de los efectos que causa en el chico. Sabe que Liu jamás olvidará su maldad, las cosas viles y terribles que le hizo solo porque él tenía poder y Liu no, por eso agradece como un milagro cada reacción positiva que logra despertar en él. Sabe que no las merece, así que por eso las atesora —. Y sabes que estoy preguntándote si quieres ser tú quien lo haga o hoy vas a ser bueno y obediente y a dejar que me ocupe yo de ti.

Liu está demasiado mareado por el deseo como para que su lengua forme una respuesta coherente, pero su cuerpo se encarga de hacerlo por él.

Xander besa su cuello de nuevo, ahora con lentitud, como saboreando su nerviosismo a flor de piel. Lo maneja como a un títere, tumbándolo en la cama mientras sus labios se pasean poco a poco por la cicatriz que sus mandíbulas dejaron la última vez. Agarra a Liu por la cintura con una mano, clavándolo en la cama, la otra se desenvuelve de sus cabellos caoba y baja por su cuerpo.

Acaricia las clavículas, el centro de su pecho donde retumban los latidos, sus costillas marcadas, su abdomen, que se hunde por la impresión que le causa tal contacto, y el hueso de una de sus caderas, bajando poco a poco el pantalón, pero sin revelar nada demasiado obsceno todavía, aunque la erección de Liu se aprieta contra la prenda que viste de forma incómoda.

Xander juega con el muchacho, tirando del elástico de su pantalón y de su ropa interior y luego soltándolo para ver como la tela chasquea contra la piel y el chico se tensa por ese latigazo de frustración y deseo.

—¿Qué te gustaría que hiciese contigo hoy, Liu?

El chico suspira y el aire sale de entre sus labios entrecortado, tembloroso.

—M-me gusta cuando tomas el control —admite y la mano en su cintura se afirma, como recompensándolo con un dulce dolor que solo lo hace retorcerse en anticipación —, pero también me da miedo.

Xander asiente con un gesto serio.

—Seré cuidadoso, Liu —asegura convirtiendo su mano en la cintura del chico no ya en un agarre firme sino en dulces caricias. Su otra mano, la que antes trazaba su cuerpo en dirección a su deseo, ahora acaricia su mejilla —. Pararé tan pronto como tú dejes de desear que siga.

Liu exhala, aliviado, y el rostro de Xander le parece angelical por unos segundos visto desde abajo, enmarcado por la luz de la habitación frente a la que se sitúa con su tez tan elegante como el marfil y ese cabello que parece hecho de hilos de oro, sus largas pestañas brillantes, sus facciones que tan pronto lucen afiladas y maliciosas como luego suaves y afables.

—¿M-me morderás ahora? 

Xander ríe de nuevo y Liu sabe que no se acostumbrará jamás a un sonido tan exquisito.

—No aún, Liu —dice dándole un toquecito a su nariz en un gesto tierno, casi burlón, y se aleja poco a poco de él —, quiero que puedas disfrutar de tu noche libre antes de que te deje tan débil que solo puedas relajarte en mis brazos y dormir. Es muy pronto aún para salir a comer e ir a alguna fiesta, pero podrías hacer algo que te guste y que hace tiempo que no puedes hacer por culpa de los estudios ¿Has podido leer últimamente? Y ya apenas te veo escribiendo, ni miramos demasiadas películas juntos. Estaría bien hacer alguna de esas cosas.

Xander se sienta en la cama, a su lado, y Liu necesita unos minutos más que el vampiro para recomponerse, para asimilar que por muy dócil y deseoso que se haya mostrado, Xander no caerá en su tentación. No tan pronto.

Cuando Liu se sienta al lado de Xander y habla, su voz suena más serena, pero todavía con ese toque sumiso que no puede evitar entonar cada vez que Xander le recuerda que es suyo.

—No he traído nada para escribir ni para leer. —suspira y sus ojos se pasean por la habitación, como esperando que se materialice ahí alguna de las cosas que suele dejar en su mesita de noche, como el cuaderno donde garabatea sus sentimientos desnudos o el libro a medio leer que siempre se duerme cuando abre tras una ardua sesión de estudio.

Para su sorpresa, en la mesilla de noche de Xander encuentra el lomo de un libro grueso, uno que le resulta familiar. Frunce el ceño.

—Oh, juraría que me lo había llevado a casa.

Liu alarga su pálida y pequeña mano a la portada oscura y lo atrae hacia él antes de ojearlo y ver el punto de libro por el lugar exacto donde lo dejó, comprobando que ese libro es su ejemplar. Mira a Xander, extrañado, y el vampiro se rasca la nuca y aparta la mirada como si le hubiesen atrapado haciendo algo vergonzoso.

El libro es aquel volumen que Liu tomó de la librería tras conocer a Xander con las esperanzas de aprender más sobre vampiros y, afortunadamente, sobre cómo lidiar con ellos.

—Te lo llevaste a casa —confirma. Su voz suave —, pero cuando te… cuando me alejé de ti te echaba tanto en falta que volví un par de días después, cuando no estabas en tu casa. Juré que sería la última vez, pero es que simplemente quería llevarme algo tuyo, un recuerdo. Vi el libro tirado en el suelo, casi bajo la cama, pensé que ya no lo querías, que no te darías cuenta de que no estaba, así que lo cogí.

Liu abre sus ojos con sorpresa. Para serse sincero a sí mismo, no recordaba ya el libro. Tras todo lo sucedido, Liu recuerda sensaciones y caos, pero sabe que hay semanas, casi meses de su vida en blanco. Franjas de tiempo donde la rabia o la tristeza borraron toda la humanidad en él y lo convirtieron en una bestia rabiosa que destrozaba su casa o en una arruga más en las sábanas que no se movía de ahí ni para comer.

Supone que un día, en medio de la ira y la frustración, tomó ese tonto libro que con tantas esperanzas había comprado y lo arrojó al suelo queriendo olvidar lo afortunado que fue tiempo atrás, cuando podía permitirse una ingenuidad tal que le hacía pensar que quizá en papel y palabras hallaría un remedio para sus males. Como si borrar el dolor fuese tan sencillo como seguir una receta o un manual de instrucciones.

Liu acaricia la portada, notando algunos arañados y bollos en la planicie de la tapa dura.

—Quizá leo un rato —murmura y una enorme nostalgia lo envuelve.

Xander asiente y abraza a Liu por detrás. Su intención es simplemente acariciarlo y mientras el chico lee, sin prestar demasiada atención a las palabras entre sus manos, pero al cabo de menos de un cuarto de hora, Xander está tan inmerso en la lectura como lo está Liu. Tiene la cabeza apoyada en el endeble hombro del humano y su vista, que es más veloz que la del ávido lector humano, escanea las páginas en cuestión de segundos. Mayormente Xander asiente y agrega algún comentario interesante, pero otras veces arruga su nariz y se queja, exasperado por lo ridículas que son algunas de las cosas que el libro asevera o insinúa. A Liu esos pequeños arrebatos de indignación le resultan graciosos, así que a veces discute a Xander incluso en las cosas más obvias, solo para verlo indignado mientras hace una compleja argumentación sobre lo ridículo que es pensar que una estaca de madera en el corazón los mataría y una de, por ejemplo, acero, no o sobre por qué la idea de que sienten aversión al ajo es solo una tontería que surge del hecho de que toda la comida humana les repele y obviamente la que más es aquella que más apesta.

Además de eso, Xander le explica a Liu que es una estupidez pensar, como dice el libro, que cada año que un vampiro lo es, es cada vez más vampiro y menos humano, lo cual el relato intenta evidenciar proclamando que la edad de los vampiros suele ser inversamente proporcional a su nivel de humanidad, o, más vulgarmente dicho, de empatía, compasión y todos los sentimientos que a los mortales les gusta pensar que son el sello de su raza.

—Un vampiro lo es desde el momento en que se convierte y punto. El tiempo nos hace más poderosos, sí, pero no más vampiros. La idea es ridícula ¿O acaso un bebé es menos humano que un adulto porque aún no ha desarrollado capacidades propias del hombre, como el habla?

—Bueno, yo pienso que podría argumentarse que un bebé es, de hecho, menos humano. A nivel de especie no, pero, no sé, muchos valorarían más el valor como persona de un adulto que ya ha establecido conexiones y relaciones, que tiene sueños, esperanzas, proyectos… que el valor como persona de un bebé que todavía no es ni consciente de sí mismo.

Xander mira a Liu torciendo la cabeza y, sin turbación alguna y con una voz siniestramente sosegada, dice:

—¿Entonces prefieres que la próxima vez que mate, mate a un cachorrillo humano, cuanto más joven mejor? —Liu palidece por la idea y titubea, incapaz de responder, lo que hace que el vampiro sonría ampliamente complacido por haber demostrado su punto —¿Ves? Los humanos valoráis la inocencia de una forma casi ridícula, como si fuese parte de lo que os hace humanos, incluso si puedo asegurarte que no es así. El caso es, Liu, dejando este ejemplo de lado, que yo no soy más vampiro que hace mil seiscientos años.

—Pero —Liu se muerde los labios, inseguro sobre si sus nuevas palabras serán o no acertadas —, ¿no te sientes más humano ahora? Ahora que… que sientes compasión y aprecio y…

Xander niega con la cabeza.

—Soy lo que soy —asegura y sus ojos lucen terriblemente fríos. Ojos de depredador —. Tu libro asegura que cuanto más crueles somos, más vampiros somos, y que con el tiempo nos volvemos más crueles. Y eso tiene parte de verdad, pero también es mentira.

<<Tiene razón en que nuestra naturaleza es ser crueles y tiene razón en que con el paso del tiempo esa crueldad aumenta, pero no es porque nuestra naturaleza… aumente, no es porque seamos más de lo que antes éramos, como si nos hallásemos en una eterna metamorfosis hacia el ideal de nuestra raza.

<<Es porque el tiempo endurece a cualquiera ¿Crees que un humano que pudiese vivir mil años sería amable y altruista? Y el poder, oh, el tiempo nos vuelve más y más poderosos ¿Crees que un humano con tanto poder como nosotros sería compasivo? La realidad es, Liu, que los humanos con más poder de este mundo han hecho actos que vosotros calificáis de inhumanos, actos crueles, ya sea para obtener o para mostrar ese poder.

<<Por eso digo que el libro se equivoca, dudo mucho que nuestra naturaleza cambie, es el tiempo y lo que uno ve durante el paso de los años lo que exacerba nuestra incapacidad para compadeceros ¿Cómo voy a sentirme mal por asesinar cuando lo necesito si durante mis años de vida he visto a humanos hacer atrocidades que mi naturaleza me exige y que la suya le suplica que no haga y todo ¿Por qué? porque sí, por poder, por avaricia, porque seguir órdenes es más sencillo que desobedecer, porque simplemente les apetecía? Cualquier cosa inhumana que yo he hecho porque mis deseos me lo dictan, es algo que un humano ya ha hecho antes, Liu, algo que nada en él le pidió que hiciera, salvo partes de su ser que fácilmente podría olvidar, pero a las que gratamente decidís servir.

Liu traga saliva, aunque le cuesta cuando siente la boca tan seca como la tiene ahora. Sus ojos brillan con admiración cuando escucha a Xander hablar. Le gusta tanto conversar con él con una profundidad y una seriedad tan desgarradoras, adora también charlar de forma animada y graciosa con el vampiro, esos momentos le llenan de calidez, pero cuando Xander desnuda su alma con palabras y le habla de ese modo tan lleno de experiencia y de sabiduría, Liu se siente conectado a él de un modo íntimo y especial.

Se siente seguro y piensa que podría hablar con el vampiro por siglos sin aburrirse en lo más mínimo.

Reflexiona sobre sus palabras, consciente de que no puede empaparse de su conocimiento sin darle nada a cambio, y al rato responde:

—¿Entonces piensas que el tiempo también erosionaría mi empatía y mi compasión? ¿Que, si vivo una vida larga, moriré siendo más malo de lo que lo soy hoy? ¿Piensas que eso pasaría con cualquiera? Porque es cierto, muchos hombres poderosos son también crueles y no por casualidad, pero, aunque es más… inusual, pienso que alguien pude ser poderoso y bondadoso a la vez. Y ¿Qué me dices de los ancianos? Ellos han vivido mucho tiempo, al menos según estándares humanos, y a algunos el tiempo los ha endurecido, sin duda, pero otros son suaves y amables.

Xander esboza media sonrisa por la respuesta de Liu. Es matizada, inteligente y se pregunta cuántas conversaciones maravillosas más habría podido tener con el chico si la primera vez que lo vio hubiese apreciado esas características en él en vez de simplemente pensar en su ser reducido a carne tierna y sangre caliente.

—Pienso que el tiempo y el poder hacen muy difícil conservar la bondad. Ambos son duras armas y la bondad es algo frágil, algo blando que se hiere muy fácilmente. Para conservarla, uno tiene que poner empeño y pocos hombres lo hacen. Tú lo harías, sin duda.

—¿Y por qué pondría empeño alguien en ser bueno? El tiempo y el poder lo hacen más difícil, claro, ¿Pero por qué razón alguien lo intentaría en primer lugar? —pregunta el chico empujando un poco al vampiro. Su pregunta, sin embargo, disimula una algo más concreta <<¿Por qué intentas ser mejor cuando tienes todos los medios para seguir siendo un diablo y no pagar ni un día en el infierno por ello?>>

—Cuando no se tiene poder: porque los hombres temen el castigo que viene de ser malo, no a la maldad misma que habita en su interior. Cuando el tiempo todavía no ha hecho mella en alguien: porque la ingenuidad hace pensar a los hombres que, si el mundo es árido y frío y ellos cálidos, podrán derretir el hielo que los rodea, podrán cambiar el mundo.

—¿Y qué razón hay para preservar la bondad una vez tienes poder y el tiempo te ha enseñado que el mundo es un lugar cruel? —Liu se muerde el labio <<Dímelo. Dime qué razón tienes tú para cambiar. Dime cuál tendrías para volver a ser como antes>>

—Porque quizá el mundo es horrible, pero nadie te dice que tú debas serlo. Quizá el mundo no puede cambiar, a pesar de que lo desees, pero tú no tienes por qué doblegarte hacia la crueldad que te doblega. Y porque quizá ser poderoso significa poder hacer el mal, pero no siempre tienes por qué. A veces hay cosas preciosas en el mundo, cosas que deseas conservar, cuidar. —mientras habla, Xander mira a Liu con una delicadeza que hace al chico sonrojarse —Y nadie puede cuidar de algo hermoso y frágil si no tiene manos delicadas y un corazón al menos un poco suave.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 129

 

Después de hablar por un largo rato, Xander y Liu bajan a la cocina pues el estómago del pecoso ruge reclamando algo más que las dos magdalenas rancias que ha robado en su trabajo por culpa de la insistencia de Dave en que ‘’el jefe nunca se enterará’’. 

El chico toma un pequeño tentempié que Jeremy ha dejado ahí junto a una notita adorable donde se lee un ‘’para Liu’’ con caligrafía temblorosa y una carita sonriente al lado, pero Xander toma al chico por la cintura y lo dirige a la puerta antes de que pueda comer algo más.

—Te llevaré a algún sitio caro, para celebrar que es tu día libre.

—No llevo la cartera —admite Liu avergonzado, pero Xander solo se limita a abrirle la puerta y a sonreírle. A sonreírle con grandes colmillos.

—Oh, yo tampoco.

Ambos andan durante unos minutos por las oscuras y silenciosas casas que rodean la de Xander. La zona es rica, pero Liu sabe que jamás ha tenido la fama de tranquila. Hacía tiempo se oía hablar de las fiestas que tenían en ese barrio, todas exitosas y alocadas y con las casas tan a rebosar de gente que las muchedumbres parecían derramarse hasta la calle. 

Ahora la calle está desierta y Liu no he visto una sola luz en ninguna vivienda ni ha oído un solo ruido. Intuye que, con el tiempo, los moradores de ese barrio se dieron cuenta de quién era su nuevo vecino y, siento personas adineradas, huyeron tan pronto pudieron echar sus manos sobre una casa grande, lujosa y alejada de su sangriento vecino.

Pero no todos los barrios son tan tranquilos. Aunque todo el mundo sabe que los vampiros son peligrosos, los comercios siguen abriendo hasta tarde, las discotecas siguen atiborradas de gente y los jóvenes y no tan jóvenes salen a festejar durante el anochecer y hasta que el sol los saluda de nuevo al día siguiente.

Cuando los vampiros se dieron a conocer, todo el mundo pronosticaba que las calles se volverían cementerios por la noche: vacías, silenciosas. Con solo la muerte recorriéndolas. No fue así y muchos lo hallan demencial, pero la realidad es que, así como muchos saben que fumar puede provocar cáncer, que beber en exceso puede provocarles un coma etílico o que follar sin condón puede transmitirles algo muy feo con lo que lidiar por el resto de sus vidas y lo hacen de todos modos, la mayoría de personas salen pasado el anochecer porque el riesgo no se siente real. Un encontronazo con un vampiro es lo típico que pasa lejos, muy lejos ¿Verdad? y si sucede cerca, siempre le sucede a otro. Solo que ese otro puede ser cualquiera, pero es difícil admitirlo, confrontar la propia fragilidad.

Liu mismo se habría sentido incrédulo si alguien le hubiese dicho que su pequeño paseo nocturno, años atrás, atraería un par de colmillos terriblemente insistentes. Esos mismo que ahora le acompañan en otro paseo.

Ambos llegan a una calle muy transitada llena de restaurantes de aspecto elegante con carteles de luces blancas y letras finas. Liu mira a su alrededor con asombro, viendo los preciosos edificios metalizados, algunos con paredes de cristal, y sus ojos se detienen en las magnificentes puertas de roble de un restaurante que asegura servir carne tan tierna como la mantequilla.

—¿Quieres ir a ese? —pregunta el vampiro con dulzura y Liu asiente, atraído por el delicioso aroma a solomillo bien especiado cocinado sobre brasas candentes.

Ambos se acercan a la entrada y el camarero que los atiende quiere hacer como todos los mortales de esa calle: salir corriendo tan pronto ven pasar a la extraña parejita. Pero su trabajo le exige que se quede y, además, sus piernas apenas pueden mantenerlo de pie.

—¿E-en qué puedo ayudarlos? —pregunta nervioso, tirándose de la pajarita que lleva al cuello y tratando de mirar a Liu para no tener que encontrarse con los ojos del otro.

—Queríamos una mesa para dos —la voz de Xander obliga al hombre a subir la vista, pero tan pronto se topa con su rostro hermoso y letal, baja sus ojos a sus pies.

—E-Están todas las mesas llenas, lo lamento. Si quisieran ha-hacer una reserva para otro momento p-podrían evitar este problema f-

—¿Llenas? —pregunta el rubio, divertido y Liu lo mira suspicaz. Sabe que está por ponerse persuasivo y no se opone a obtener un sitio en ese hermoso restaurante, pero le preocupa el cómo —Oh, pero eso tiene fácil solución. Puede perfectamente entrar en el local, pedirles a los clientes que se marchen y darnos el sitio más hermoso ¿Verdad que puede?

—N-no tengo esa autoridad pa-

—Pero yo sí —el vampiro da un paso al frente, haciendo al pobre mesero retroceder con temor. —, te aseguro que puedo hacerlo tan fácilmente. Pero no querría tener que asustar a nadie, así que, si es tan amable… nos gustaría tener todo el restaurante para nosotros solos.

El hombre traga saliva y Liu abre la boca con sorpresa.

—Xander, no hace falta que hagas eso. —lo regaña el chico y el camarero se pone pálido y abre los ojos como si hubiese visto a un fantasma al escuchar al humano hablarle así al vampiro.

Por un segundo cree que va a ver algo horrible, que incluso si cierra los ojos la sangre le salpicará los párpados y los gritos se le meterán en los oídos.

El vampiro se limita a rodar los ojos.

—No hace falta, pero quiero. Ahora, dese prisa, soy impaciente —ordena el rubio haciendo un gesto con la mano, como quien echa a un perro de una habitación.

El camarero asiente apresurado y corre dentro del local.

—Pobre hombre ¿Y si le despiden por esto? —pregunta Liu preocupado, mirando a Xander de forma reprobatoria.

—Bueno, pues mataré al jefe para que no lo echen si tanto te preocupa.

—¡Esa no es la solución! —chilla Liu alarmado, a lo que Xander rueda los ojos —El asesinato no es siempre la respuesta a todos tus problemas ¿Lo sabes?

—Me ha funcionado perfectamente durante más de mil años, Liu ¿Tienes tú alguna solución con una tasa de eficiencia del cien por cien? —inquiere el vampiro con una sonrisa carismática, picándole los costados a Liu con la intención de hacerlo reír, pues el chico se ha cruzado de brazos y está haciendo morritos.

—Si fuese tan efectiva te bastaría con matarme para quitarme de tu cabeza.

Liu se tapa la boca de inmediato cuando dice eso, sintiendo una mezcla entre vergüenza y terror. Xander le pelliza una mejilla y tira de ella juguetonamente.

—No me des ideas, Liu —le dice bromeando, pero luego su mano lo agarra por el cuello con firmeza y el vampiro se inclina para susurrar sobre su oído —, no cuando sabes que esta noche mis colmillos van a acabar en tu bonito cuello.

Liu se ruboriza e incluso cuando Xander lo suelta puede sentir el hormigueo del firme agarre alrededor de su cuello. Puede sentir su cicatriz ardiendo, como si reclamase el calor de la sangre derramándose. Como si extrañase esa sensación tanto como la teme.

Antes de que pueda darle una respuesta a Xander, que disfruta de sus nervios e incomodidad, el camarero vuelve a salir del local con el rostro cubierto en una película de sudor y la respiración agitada.

—P-pueden entrar —indica y Xander le agradece con una enorme sonrisa que se siente más bien como una amenaza.

El lugar es precioso: grande y elegante, con una alfombra escarlata cubriendo todo el suelo y cortinas del mismo color recogidas por broches de oro enmarcando cada mesa, dando la sensación de que estas son pequeñas zonas privadas y que con solo correr la cortina se tornan habitaciones individuales. Sobre cada mesa oscura cuelga un candelabro de oro lleno de detalladas figuras que sostienen elaboradas velas en forma de bombilla. Las del centro arrojan una tenue luz roja que hace que el lugar se vea exclusivo, casi peligroso, las del aro del medio proyectan una luz más fuerte, anaranjada, que hace que la cubertería reluzca de un modo elegante y bruñido y las luces exteriores, brillantes como soles, son de un color plateado precioso que baña de brillos espectaculares todos los detalles del mantel y los cojines de satín de las sillas.

Liu y Xander se sientan en una de las hermosas mesas, aquella que el vampiro elige, y Liu se sorprende al ver la puerta de emergencias siendo cerrada. Por ahí asume que deben haber evacuado a los clientes, queriendo evitar que se topen en la entrada con la amenazante figura que los hace volver a casa pronto hoy.

—¿Sabe cuáles son los mejores platos de su carta? —pregunta Xander al camarero, chasqueando sus dedos para que el hombre, que no deja de mirar nerviosamente la salida de emergencia, vuelva su atención hacia él.

—S-sí, señor, tenemos un filé m-

—No me interesa escucharlos. Me interesa que se lo sirvan a mi bonito humano. Pronto, si puede ser, y aconséjale al chef que se esmere en hacer un magnífico trabajo. Oh, y lo acompañaremos de unas copas del mejor vino que tengas. Trae la botella entera, de hecho.

El camarero asiente con el labio inferior temblándole y cuando se marcha sus pasos suenan histéricos. Liu toma el cuchillo de plata y apunta a Xander con él.

—Cuando acabemos la cena más te vale tranquilizar a ese pobre hombre, le están dando la peor noche de su vida.

Xander rueda sus ojos.

—Se me ocurren mortales a los que he dado peores noches.

Liu echa aire por su nariz, enervado, y apunta al vampiro con el tenedor en la otra mano.

—Sé amable con el camarero, te lo advierto —dice seriamente, aunque su gesto de amenazar al vampiro con un tenedor y un cuchillo de untar no logra ser demasiado intimidante.

Xander alza sus manos, como si estuviese en un atraco.

—Lo haré, baja las armas antes de que me pinches y parta a hoja del cuchillo sin querer.

—Tan arrogante —murmura Liu, desafiante, mientras baja los cubiertos y mira al vampiro con una mezcla de diversión y fuego.

—Tengo razones para serlo —admite el otro con una sonrisa en su rostro.

Antes de que Liu pueda decir nada astuto, el camarero vuelve con una botella que parece valer el sueldo de un mes de Liu y un plato de ensalada tan colorido que al chico le da pena comérselo. Mientras el hombre descorcha con cuidado la botella, Liu se asoma al gigantesco bol de ensalada. Escarola, queso de cabra, anacardos, cebolla caramelizada, tomates pequeñitos amarillos y rojos chillón, salsa de chile y miel con cremoso vinagre balsámico, pedacitos de pollo desmechado y cocinado en una salsa glaseada marrón eran algunos de los ingredientes que Liu logró distinguir en el plato y que le abrieron tanto el apetito que el muchacho ignoró como el vampiro inclinaba su copa y miraba al camarero con intensos ojos rojos, ordenándole silenciosamente que le sirviese un vaso a rebosar de ese líquido rojo. 

A Xander le divierte escuchar como el camarero traga saliva nerviosamente cuando él se moja los labios con vino, dejándolos de un rojo que sugiere otra clase de sed. Liu lo mira y no puede evitar que su atención se centre también en el tono carmesí de su boca y la forma en que contrasta contra su pálida tez y los blancos colmillos.

—¿Puedes beber vino? —pregunta el chico mirando su propia copa. Él no suele beber alcohol, pero Xander lo ha pedido de un modo en que le hace sentir que es una orden que al menos beba una copa. El muchacho da un sorbo, el sabor es fuerte, pero afrutado, así que hace más llevadero dar un par de ardientes tragos —Ugh, no estoy hecho para el alcohol.

Xander sonríe cuando lo ve beber y entonces vuelve a mojar sus labios en su copa, ahora una pequeña gota termina en su comisura y la lame con un gesto sensual.

—No disfruto del sabor de las bebidas humanas, pero quería que vieses mi boca teñida del mismo bonito color de tu sangre. Quería que pensases en cómo, dentro de pocas horas, voy a empujarte a la cama y a comerte.

Liu casi se atraganta con el primer bocado de su ensalada. Tiene que ponerse la servilleta delante de la boca para no ser un espray de aliño y nueces justo en la cara del vampiro. Tose, ahogado por la forma en que esas palabras se le han atragantado, inesperadas, y siente el calor subirle al rostro.

—Eres cruel. Torturas al pobre camarero y ahora a mí.

—Soy cruel, sin duda, lo hemos hablado antes —Xander parece entretenido mientras habla de esa forma taimada, juguetona. Apoya su barbilla en el dorso de su mano, observando al chico comer con su vista clavada en la ensalada para evitar mirarlo a él y con las manos apretando demasiado el mango de los cubiertos —. Aunque quiero que pienses en cómo voy a morderte porque sé que la idea de mis dientes en tu cuello te causa más que miedo.

Liu se frota la marca instintivamente. Xander adora ese gesto y sigue hablando con la misma malicia seductora que antes.

—Me pregunto si esta vez será en el cuello. Ya tienes una preciosa marca ahí y ten por seguro que lo llenaré de ellas, pero todo tu cuerpo es tentador. Pienso en la femoral, en lo delicioso que sería abrir tus piernas y hundir mis labios en la ternura de uno de tus muslos, además, así me sería más sencillo poner mi boca en otros lugares. —una suave risa eriza la piel de Liu, que ahora, más que comer, remueve y pincha su ensalada como tratando de distraerse de las imágenes que su mente le procura —Beberme tu placer, después de hacerlo con tu dolor.

—Eres… obsceno ¿C-como dices estas cosas mientras intento tener una cena tranquila?

Xander se inclina hacia delante en su asiento, acercándose más al muchachito que ahora mastica un poco de lechuga, como un adorable conejito.

—Por eso he hecho que el camarero eche a todos ¿Acaso no soy considerado? —la pregunta es burlona, pero en cierto modo seria. Xander mira a su alrededor y sonríe, reconfortado por el inmenso espacio tapizado de su color favorito que tienen para ellos solos. Una chispa cruza sus ojos —De hecho, podría hacerlo incluso aquí. Ponerte sobre la mesa, disfrutar de mi deliciosa cena. 

—X-Xander, aunque esto… la idea de ser mordido me guste, en cierto modo, también me preocupa. Todo el daño que me has hecho en el pasado, todas las cosas que me has forzado a hacer… estar en tu poder de nuevo es intimidante. Me siento nervioso cuando me hablas de ese modo, como si fueses a ha-hacer lo que desees en cualquier momento.

Xander tiene que salir de sus deliciosas fantasías por un momento, pues lo que ve en el rostro de Liu no es ya ese exquisito nerviosismo, esa anticipación teñida de zozobra que tanto le encanta, sino miedo. Un miedo real, paralizante. Posiblemente el motivo por el que al chico se le ha cerrado la garganta y ha dejado el tenedor a un lado.

Xander extiende su mano sobre la mesa, tomando la del pequeño chico entre sus largos, robustos dedos.

—La única cosa de la que me arrepiento en toda mi eternidad es de haberte herido. No repetiría eso de nuevo, Liu, y mis palabras no son amenazas, solo propuestas. Está en tu mano aceptarlas. No probaré de ti nada que tú no quieras ofrecerme, no beberé tu sangre jamás si me lo pides, pero espero que no me lo niegues, pues es mi placer favorito.

Liu suspira y se siente más seguro por esas palabras. Xander tiene una forma de hablar reconfortante, firme, y pareciera que palabras tan seguras de sí no pudiesen ocultar deshonestidad alguna, así que, aunque se advierte a sí mismo sobre los peligros de hacerlo, le cree. Además, el vampiro ha sido bueno, oh, tan bueno hasta ahora que Liu se ha ablandado. Se ha cansado de erigir sus defensas como enormes muros que pesaban a sus espaldas.

—N-no lo haré —confirma el chico, finalmente. Su voz es delicada. Retira su mano de bajo la del vampiro y sigue comiendo su refrescante entrante —, pero estoy nervioso por lo de hoy. Muy nervioso.

Tras su confesión, Liu se siente tan ridículo y avergonzado que se pega la copa de vino a los labios y da un largo trago. Quizá así evita que se le escapen más tonterías de entre los labios.

Xander lo mira con interés, analizándolo con sus ojos de depredador, y pone un dedo en la base de la elegante copa de vino. Empuja un poco, decantándola más hacia los labios del chico, obligándole a tomar otro sorbo de esa afrutada bebida que baja por su cuello con un candor que luego le hace sentir atontado, flotante.

—Acábatela. —dice con amabilidad, pero Liu sabe que es una orden. Así que la cumple. Da pequeños tragos mientras el dedo del vampiro empuja más y más, inclinando la copa para asegurarse de que no la baja en ningún momento hasta que el cristal está vacío. Cuando Liu deja el vaso en la mesa, Xander le reconforta con una voz ronca y halagadora y palabras que le hacen sentir en las mejillas más calor del que el vino le ha originado en el estómago —Buen chico.

—¿Intentas emborracharme?

El camarero aparece en ese momento. De nuevo, el hombre luce como si fuese a sufrir un paro cardíaco en cualquier momento, pero es amable cuando retira el plato casi vacío de ensalada de Liu y trae el principal.

El hombre deposita en la mesa un plato llano sobre el cual humea todavía un filete grueso y rosado por dentro, pero tostado por el exterior que hace que la boca de Liu salive. La capa externa del filete brilla por una salsa de mantequilla, limón y ajos tiernos y la parte del medio del filete sigue sonrosada, desprendiendo aromáticos jugos que empapan unas bolas de pimienta decorativas alrededor del plato. Al lado de este hay una montañita de doradas y crujientes patatas al horno acompañadas por una hermosa bañadas por una lechosa salsa donde Liu distingue un suave aroma a queso y a hiervas frescas. Cuando el chico corta el filete y lo mete en su boca, los sabores le hacen cerrar los ojos y la ternura del pedazo de carne es tal que por un segundo el chico cree que está derritiéndosele en la boca. 

Liu come con ansias, olvidándose de la pregunta que le había formulado al vampiro.

Xander sonríe, complacido.

—Me alegro de que te guste. Aunque me da pena por ti, tu cena no tiene siquiera punto de comparación con lo deliciosa que será la mía.

—¿Estás intentando halagarme o amenazarme? —Liu alza una ceja y su tono suena provocativo, desafiante de un modo que despierta el interés de Xander.

El vino se le ha subido un poquito, se nota en su tierna nueva valentía, en el rojo de su carita pecosa y en la media sonrisa que se le forma en los labios.

—Soy un hombre rudo, no conozco la diferencia ¿Acaso no es un halago recibir una amenaza de mi parte, no suelo prestar tanta atención a un mortal como para advertirlo?

—Oh, que suertudo soy, entonces —bromea Liu llevándose otro pedazo de filete a la boca. Sus labios relucen por la salsa y aunque Xander aborrece los sabores de la gastronomía humana, quiere lamerlos hasta limpiarlos. —¿Dices lo de mi sangre solo para intentar ser adulador, aunque de un modo un poco espeluznante, o realmente piensas que es tan buena? Has vivido mucho tiempo, seguro que hay sabores mejores que los de un chico normal y corriente como yo.

Xander se relame y asiente. Liu pregunta con una curiosas ingenua, inocente incluso, pero la mención de su deliciosa esencia vital hace que la boca del vampiro salive y que la próxima vez que la abre para hablar, sus colmillos luzcan visiblemente más grandes y afilados.

—Verás, no es solo el sabor, aunque tu dulzura es un factor importante. Lo deliciosa que una presa es tiene que ver con más elementos que la composición de la sangre, tiene que ver con cómo de divertido es cazarla, con la suavidad de su piel, con lo hermosos que son los ruidos que hace al ser mordida, con si sus lágrimas se perlan de una manera bonita en sus pestañas mientras lloriquean, con la forma concreta en que su cuerpo se estremece siendo sostenido por mis manos.

<<Una sangre deliciosa se agria con la actitud inadecuada de un humano o pierde calidad si su piel no es agradable de morder, oler y acariciar. Las emociones también influyen, el miedo es delicioso, por supuesto, pero la temeridad, el rencor, el odio… pueden añejar de forma desagradable a una presa deleitosa. No me resultas irresistible porque tu sangre lo sea, más bien se trata de que no puedo resistirme a ella, porque no puedo resistirme a ti.

<<Quizá es un poco de ambas, de hecho. Tu sabor es deleitoso, pero todo tú lo eres.>>

El chico enrojece todavía más mientras come y escucha. Da bocados pequeños porque las palabras de Xander son tan zalameras, tan dulzonas y a la vez dominantes que siente que podría atragantarse en cualquier momento por culpa de la impresión.

No sabe siquiera qué responder ¿Gracias? No, es algo demasiado común para un halago tan extraordinario y a la par inquietante. Así pues, los nervios de Liu se traducen en una boba risita que no puede disimular ni cuando pone una mano frente a su boca risueña.

Xander adora lo tórrido de ese sonido y le sirve otra copa de vino al chico. La desliza sobre la mesa, acercándosela.

Liu da un sorbo para ahogar su bochornosa risita y sigue comiendo por un rato. Bebiendo pequeños sorbos, comentando lo deliciosa que está la comida, lo cremosa que es la salsa de las patatas y lo crujientes que están los bordes. Xander lo escucha con atención, le gusta mucho el sonido de su voz y la emoción con la que habla de la comida, así que decide que tiene que amenazar más a menudo a camareros y chefs para tener a Liu así de contento. No entiende muy bien de qué habla Liu, pues él no conoce los sabores que le explica, pero todo lo que viene de sus labios se le antoja interesante.

Liu rebaña la salsa del plato con un poco de pan y, cuando ha terminado, el camarero aparece de nuevo. Parece haberse habituado más a su presencia, no porque su corazón se haya calmado, sino porque ahora no tiembla tantísimo y su voz logra salir algo más firme.

—¿Querrían algo de postre? —pregunta con educación y Xander puede leer en su mente un desesperado <<No. No. No. No.>>. A lo que responde.

—Nos encantaría.

Puede ver el alma del pobre hombrecillo caérsele a los pies mientras le tiende la carta de postres a Liu y espera pacientemente. Xander decide meterse un poco con el camarero, solo porque es divertido aterrorizar a humanos y porque tampoco le está haciendo ningún mal a nadie ¿No? Solo es un poco de miedo, no es como si estuviese asesinando a alguien ahora.

Así que repasa al hombre de arriba abajo con ojos hambrientos y no disimula en lo más mínimo al hacerlo. El pobre empleado retiene la respiración cuando Xander, que estando sentado es tan alto como él estando de pie, se inclina hacia su tensa figura y dice:

—Yo también estoy hambriento, quizá tendrías algo de postre también para mí.

El joven camarero traga saliva y mueve los labios, pero incapaz de producir más allá de un titubeo mudo. Xander, encantado con lo que es capaz de causar con un par de palabras divertidas, alarga su mano al rostro del camarero y pone su índice en su barbilla, haciéndole girar el rostro a un lado y descubriendo su cuello.

—¡Vale ya! No es gracioso —se queja Liu levantándose de su asiento para golpear a Xander en el rostro con el menú de postres.

El vampiro ríe por el torpón ataque de su cita y se aleja del camarero, que puede respirar después de lo que le parece una eternidad.

—Disculpa —le dice al agobiado trabajador —, mi chico es celoso.

—¡No es cierto! —se queja Liu, enrojecido de la vergüenza, la ira y el vino, y enrosca la carta como un periódico para formar un tubo con el que arrearle a Xander en la cabeza, aunque el vampiro no parece inmutarse por ello. Después de su pequeño arrebato, Liu se vuelve a sentar, sobre todo porque está algo mareado, y dice: —No le hagas ni caso, en serio. Ni caso. Respecto a los postres, creo que tomaré crema catalana.

El hombrecillo asiente, se lleva la carta y sale disparado como alma que lleva el diablo.

—Espero que sepas que eres horrible. Terrible. Arderás en el infierno.

—Me llevaré bien con satanás —le responde Xander a Liu con una radiante y sarcástica sonrisa que hace al chico enfurecer aún más.

Mira la mesa, pero no hay ya ninguna carta ni cubiertos con los que pueda amenazar al vampiro, así que toma el tapón de corcho de la botella de vino y se lo lanza al rostro. Xander lo atrapa al vuelo de una dentellada y Liu, aunque quiere mantenerse serio para demostrar que está enfadado por lo malo que está siendo su novio con el camarero, no puede evitar reírse porque la acción de Xander le ha recordado demasiado a su Pelotita atrapando un frisbee en el aire.

Xander entorna los ojos cuando advierte que el chico se está burlando de él, pone el tapón entre sus labios, cerrándolos a su alrededor, y expulsa aire con potencia y precisión, literalmente escupiendo el tapón como un proyectil que impacta en medio de la frente de Liu y le deja una marquita roja de la presión.

—¡Auch!

—Has empezado tú.

—¡Infantil! —lo acusa Liu, a lo que el vampiro se limita a sacarle la lengua.

—Lo mismo digo.

—Con lo viejo que eres, tú no tienes excusa para serlo.

Liu sonríe triunfal cuando nota que ha ganado esa discusión porque Xander aprieta los labios con rabia y lo asesta una mirada que podría matarlo. El insulto lo ha molestado y eso debería asustarlo, pero el chico, en vez de eso, solo le saca la lengua de vuelta.

—Oh, cómo voy a vengarme cuand-

El camarero los interrumpe de nuevo, para la suerte de Liu, y trae en un tarro poco hondo, pero muy ancho el delicioso postre del menor con un cremoso cuerpo de color avainillado y una oscura capa de azúcar quemado por encima.

Liu agradece al camarero y empieza a comer su postre con ganas, disfrutando del sonido de la cuchara rompiendo la película caramelizada sobre la crema. El sabor es espectacular, dulce, suave, con toques de canela y limón que usualmente no echa en falta pero que hoy le dan un toque espectacular a la comida.

—Ahora —dice Liu cuando ve al camarero volver, al cabo de unos minutos. Traga antes de seguir hablando —, haz el favor de disculparte con el pobre chico.

—¿Querrían algún café después de la cena?

—No, no hace falta —dice Liu despreocupadamente y le asesta una mirada fatal a Xander para que haga lo suyo.

El vampiro se voltea hacia el camarero, que se tensa al instante, y dice con la voz más melosa posible:

—No es necesario que nos atiendas más esta noche. Has sido muy amable, todo estaba delicioso. Como propina por tu buen servicio, puedes llevarte a casa la seguridad de que no voy a matarte.

—G-gracias. Muchas gracias. —murmura el jovencito con la voz ahogada antes de hacer una leve reverencia llena de devoción y temor y salir corriendo. 

Ambos saben que no volverá con la cuenta. Nadie lo hará.

—No me mires así —replica Xander a Liu —, he sido amable ¿No?

—La próxima vez dale una propina de verdad.

Xander se encoge de hombros, la que le ha dado le parece ya muy generosa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 130

 

Xander tiene que sostener a Liu mientras salen del restaurante y buscan un local donde el chico pueda bailar y desinhibirse un poco. Le ha dado dos copas de vino y aunque para él es poco, resulta que Liu se sienta un poco mareado y muy, muy risueño. 

No le dará más de beber. Le gusta así, un poco achispado, más valiente de lo normal, pero aún él. No pretende emborracharlo hasta que sorba sus palabras o apenas recuerde la noche al día siguiente, solo necesita relajarlo un poco y lo ha logrado, es evidente porque sus piernas están tan, pero tan relajadas que eso de dar un paso tras otro sin pisarse los propios pies parece un reto. 

A Liu se le iluminan los ojos cuando ve un enorme letrero con luces de neón y, bajo él, una cola larguísima de gente deseando entrar. Xander se acerca hacia el segurata con Liu colgando de su brazo y sonriendo bobaliconamente y el enorme hombre, que se asegura de que pasen solo aquellos que deben, se achanta tan pronto los ve y se echa a un lado para dejar que se cuelen. Nadie en la cola reclama y muchos de los que esperaban entrar se van a casa, sobrios por el susto.

Ya en el local, la oscuridad y la ebriedad le son muy útiles a Xander para no perturbar el ambiente que desea darle a Liu. Se oculta entre las sombras, intentando no espantar a los humanos que se retuercen y contonean en la pista de baile, poseídos por las vibraciones de la música y cuando algún humano lo ve, pues su altura hace que inevitablemente atraiga ojos curiosos, la mayoría están ya tan bebidos y agotados que no parecen creer que sea real.

Xander lleva a Liu hasta la barra, donde él se sienta en un taburete en la esquina, pues no está bañado por la luz, y lo sube a su regazo mientras el chico da saltitos al ritmo de la música.

—Ahora te dejo ir a bailar, cosita revoltosa, pero primero quiero un beso.

Liu se entrega a sus labios casi con desesperación. El chico lo besa torpe, pero ansioso, sus labios rojos por el vino son un manjar que Xander disfruta despacio, dominando el beso, saboreando su ternura, su suavidad. Y entonces Liu lo sorprende siendo tan atrevido que incluso le resulta arriesgado: Liu lame uno de sus colmillos y la sangre que se derrama entre ambas bocas es tan inesperada como deliciosa.

Xander lo besa con voracidad, lo empuja contra la barra y tiene que contenerse para no doblarlo sobre ella en ese mismo momento y hacerlo suyo. Tiene que apretar el puño fuerte y clavarse las garras en la palma de la mano hasta que su sangre, derramándosele por los nudillos, lo distrae ligeramente de la que tiene en la boca. Tan perfecta, ahora con el toque afrutado del vino que también hace al vampiro sentirse ebrio y fuera de control.

Xander separa a Liu de él, rompiendo el beso, y le da un lametón en los labios limpiando cualquier rastro de deliciosa sangre que pudiera haber en ellos.

—Baila y diviértete un rato —le instruye, empujándolo ligeramente hacia la pista de baile. Se agacha sobre su hombro, susurrando tentadoramente en su oído: —, luego me divertiré yo contigo.

 

 

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