Capítulo 131
Xander lleva un buen rato viendo
a Liu tratando de seguir el ritmo de la música, contoneándose, moliéndose de
esa forma tan bonita y algo torpe que le hace querer tomarlo entre sus manos y
dirigir cada movimiento de su cuerpo, tallar sus sutiles curvas mientras se
retuerce bajo su toque.
Le gusta ver al muchacho
divertirse de ese modo tan despreocupado. Lleva mucho tiempo estudiando y el
chico necesita y merece un respiro, además, aunque Liu quiera conseguir todo
por mérito propio y Xander sepa que puede lograrlo sin problema, él está dispuesto
a mover un par de cables para que el muchachito entre en la carrera que quiera
de la universidad que desee, solo que no piensa proponerle esa opción a Liu
porque el muchacho está empeñado en que matar o amenazar con ello no es siempre
la solución, aunque Xander sabe que sí y que además es la más eficiente.
El cabello castaño de Liu brilla
hermosamente bajo las luces alocadas de la discoteca, sus mechones chocolate
luciendo azabache por el contraste en la iluminación y aquellos que son algo
más claros, caoba o avellana, resplandecen como la miel y le hacen obtener un
aura casi sagrada. Tan pura que desea corromperlo ya. Algunos mechones de su
flequillo se pegan a su frente por el sudor y es que el chico está bailando con
tantas ganas que tiene el cuerpo brillante por culpa de este: sus mejillas, su
cuello, las clavículas, sus pequeños hombros…
Xander sigue al chico con la
mirada cuando lo ve tambalearse un poquito, apartándose a un lado. Liu entra en
uno de los baños del edificio y aunque Xander no quiere ser tan posesivo que se
sienta sofocante, no puede evitar acercarse, sobre todo cuando un chico que ha
estado mirando a Liu todo el rato se mete en los aseos justo después de él.
No quiere ser violento. No quiere
ser impulsivo. Así que se obliga a sí mismo a esperar un poco. Cinco minutos,
se dice, será lo ideal. Pero al segundo minuto ya está irrumpiendo por las
puertas del baño con los puños apretados y los colmillos sobresaliéndole de los
labios.
—Que no —esa es la voz de Liu. Su
preciosa voz, la cual suena irritada —, no seas pesado. Además, me espera mi
novio fuera.
Xander sonríe cuando Liu lo llama
así. Tiempo atrás esa clase de etiquetas humanas le parecían ridículas, ahora
le llena el pecho de calidez que Liu tenga un nombre tan tierno para definir su
relación, incluso si sabe que nada en ella es sencillo y que sus orígenes son
tan oscuros como su naturaleza misma es.
—Pues te doy yo mi número y si la
cosa va mal con ese novio me llamas. Va. No te arrepentirás.
Xander graba esa voz en su
cabeza, pronto no sonará tan segura, tan insistente, tan jodidamente arrogante.
El vampiro voltea la esquina y ve a Liu apoyado contra un lavamanos, de
espaldas al espejo donde Xander refleja. Frente a él un muchacho alto y moreno
le corta el paso y le ruega por que le dé una oportunidad. No es Dave, pero se
parece un poco a él y eso hace que Xander tenga más dificultad para serenarse.
—Escucha, no seas un… Oh, ahí está
mi nov-
Liu no logra acabar la frase.
Xander sabe que sería suficiente con que Liu dijese las palabras mágicas, el
otro se volteaste y lo viese como para que lo dejase en paz y no volviese
siquiera a reaparecer por ese local. Pero Xander está molesto por la osadía de
que ese chico esté no solo intentando apropiarse de lo que le pertenece, sino
de que esté incomodando a Liu, no dejándolo salir, avasallándolo con peticiones
que se sienten peligrosamente cerca de ser mandatos.
Así que toma el cráneo del chico
por detrás, con la enorme amplitud de su mano, y empuja su cara contra el
espejo tan duro que rompe incluso las baldosas que hay detrás.
Liu se queda paralizado,
parpadeando rápidamente mientras la imagen del espejo roto y ensangrentado le
llena la mente. Mientras los pedazos que reflejan su carita horrorizada encajan
con otros que tiene profundamente clavados en sus recuerdos.
Conoce esa violencia. Esa ira.
El muchacho que hace unos minutos
había ligado con él ya no tiene rostro, solo una masa de sangre y cristales.
Recuerda un espejo. El sonido que
hizo al romperse.
El pobre chico se resbala por el
lavamanos hasta el suelo, posiblemente inconsciente. Deja un rastro rojo tras
de sí.
Recuerda el dolor de clavarse
pedacitos de cristal mientras gateaba tratando de huir.
Xander toma por el cabello al
inerte humano.
Liu recuerda esos dedos enredados
en sus mechones. La forma en que lo arrastró a la cama con cristales todavía
dentro de la piel. Los brazos sangrantes.
<<¿Te lo mereces? ¿Te
mereces mi compasión?>>
La voz de Xander suena en su
cabeza, aunque no le ve mover los labios más que para mostrar sus colmillos,
para acercar su hambre al cuello del pobre humano inconsciente.
<<No me lo merezco. No me
lo merezco. Soy desobediente, soy inútil>>
Justo cuando el vampiro está
listo para destrozar la garganta de su víctima, escucha a Liu caer al suelo y
tira al muchacho desmayado a un lado, corriendo a por su preciado pecoso.
—¿Qué sucede? ¿Te ha hecho algo?
—pregunta el vampiro tomando al humanito entre sus manos.
Sus palmas están empapadas de
sangre y tiñen la ropa de su humano favorito, así como el impacto contra el
cristal ha mandado gotitas carmesí a sustituir alguna de las pecas del chico.
Pero aunque está ensangrentado, con las piernas tan temblorosas que son
inútiles y los ojos tan abiertos y enloquecidos que parecen pasar a través de
él, Xander no logra ver nada que esté mal con Liu.
No está herido, tan siquiera
tiene un chichón o un arañazo.
—¿Liu? —pregunta y un gorgoteo
repugnante suena a sus espaldas, el sonido de su víctima intentando respirar a
través del velo de sangre viscosa y tejidos en que se ha convertido en su nueva
nariz y boca.
Xander está tan enfadado que deja
a su humano a un lado, recogidito en un rincón para asegurarse de que está a
salvo, y se voltea hacia el pobre mortal que busca las fuerzas necesarias para
arrastrarse por el suelo.
No sabe qué le ha hecho a Liu,
pero pagará por ello.
Lo toma por el cabello de nuevo,
esa maraña de mechones cardados y húmedos la mitad de los cuales arranca por la
fuerza contra la que tira de ellos. Hace al chico ponerse en pie y lo empuja
contra la mancha de sangre donde los cristales rojos, los pedazos de baldosa y
los trozos de diente se confunden entre sí. El humano se retuerce cuando se le
clava todo el lío de picos afilados entre los omóplatos, pero Xander lo empuja
más duro y gruñe como un animal, sus colmillos tan enormes que Liu puede ver a
la perfección la forma en que la saliva escurre por ellos.
Quiere morderlo, quiere devorar
esa patética existencia hasta hacerla desaparecer. Pero cierra sus fauces,
porque primero quiere hacerle sufrir, por Liu, porque el chico ahora está hecho
un ovillo en el suelo, llorando e hiperventilando por su culpa, pero también
por él. Porque es tan divertido, tan agradable ser cruel sin reparos. Porque
lleva tanto tiempo encerrando esa parte de sí que dejarla salir se siente como
volver a respirar aire fresco por primera vez tras siglos de humo.
Xander toma los brazos del hombre
y los aprieta entre sus manos mientras lo empuja contra la pared filosa. Sonríe
cuando escucha dos chasquidos húmedos y la débil súplica de un gorgoteo. Le ha
roto los brazos.
Liu siente náuseas. Y pánico.
Porque Xander luce tan feliz
destrozando a ese chico. Porque luce tan como cuando lo miraba a los ojos
mientras lo violaba y abría sus cortes, como cuando lo mordía y no cabía en sí
mismo de júbilo y éxtasis, como si ver a una criatura inocente queriendo
morirse fuese el espectáculo más precioso de la naturaleza.
Alexander luce tan, tan como
antes. Tan como lo que es.
Tan monstruoso.
El chico ensangrentado cae a sus
pies cuando el vampiro lo empuja al suelo, todavía estirándole de los brazos
partidos mientras pone un pie en medio de su columna. Liu chilla, horrorizado,
cuando el vampiro tira de los brazos debiluchos, haciendo al chico arquear su
espalda, sonriendo porque sabe que se la romperá poco a poco.
Xander lo mira de pronto. El
sonido que ha salido de la boca de Liu no ha sido un grito cualquiera, un
sonido de impresión o de asco. Es la primera vez que el humano suena tan
desesperado, tan lleno de horror y de rechazo y de jodido miedo que no parece una
persona, sino una alimaña acorralada.
Xander suelta los brazos del
destrozado humano y cuando Liu se encoge ante su mirada se da cuenta de que ese
humano ha incordiado a Liu, sí, pero es él quien lo ha puesto así. Es él
quien lo ha hecho temblar y llorar tan duro que está salivando y moqueando de
terror, que tiembla tan fuerte que sus dientes castañean y no puede siquiera
hablar.
Xander se siente tan mal de
pronto, como si todo el disfrute de su pequeña tortura fuese lavado por una
lluvia de vergüenza. Ha vuelto a quitarse la máscara frente a Liu y ha vuelto a
asustarlo con la oscuridad que mora bajo ella, con esa oscuridad que a veces se
pregunta si es una parte de él o si ha consumido ya todo su ser.
—Liu… —murmura, apartando al
chico sangrante, esta vez con cuidado, y acuclillándose frente a él —, Liu, no
quería…
Cuando Xander tiende su mano
hacia el chico y lo roza, Liu grita de nuevo y se intenta zafar de su contacto
como si su cercanía fuese fuego. El muchachito no puede dejar de berrear,
hipear y sollozar y cuando intenta huir de la esquina en la que siente que el
depredador lo acorrala resbala con la sangre en las baldosas y se arrastra
patéticamente por el suelo lleno de cristales.
Xander se alarma al oler la
sangre de Liu y lo toma por la cintura para intentar calmarlo y que no siga
haciéndose daño. Le repite su nombre en un tono tranquilizador, pero ni él
mismo es capaz de escuchar su propia voz: los lloros de Liu han llamado la
atención de alguien y ahora la puerta del baño está abierta de par en par,
dejando que entre en la estancia el retumbar de la música y el jaleo de miles
de voces humanas entrando en pánico, gritando que hay un vampiro en los baños
asesinando a un muchacho y con otro muerto tendido en el suelo.
El ambiente no ayuda a calmar a
Liu, que cuando nota que el otro está intentando inmovilizarlo, por muy gentil
que sea, entra en pánico y se revuelve con más fuerzas. Las palmas de sus
manos, sus rodillas e incluso sus mejillas acaban deslizándose por el suelo
lleno de cristal.
—Liu, Liu, no, tranquilo, siento
mucho hab-
Xander se queda sin habla cuando
siente un filo deslizare por uno de sus brazos. Liu lo mira con los ojos
abiertos, enloquecidos, la pupila diminuta y la oscuridad en ella enloquecida,
mientras su mano derecha agarra el pedazo de cristal con el que ha intentado
defenderse.
Y Xander suelta al chico, porque
sabe que si lo conserva entre sus manos lo matará. No ve a dónde va, sus ojos
rojos se quedan clavados en su antebrazo, en la herida irregular y torpe que le
ha desgarrado la piel desde la cara interna del codo hasta casi la muñeca. La
herida poco a poco se cierra, el color carmesí difuminándose, el dolor
remitiendo.
<<No es su culpa. No es su
culpa. No es su culpa>> se repite una y
otra vez, porque la ira, a diferencia de la herida o del ardor, no desaparece.
Es una laceración caliente latiendo en su mente. La ira es la potencia con la
que imágenes de sus manos desgarrando a Liu se proyectan en su cabeza por
encima de sus palabras. La ira es que esas imágenes le causen un hormigueo
agradable antes de que le causen asco.
Y entonces algo lo saca de su
lucha interna: el aroma de la sangre de Liu. El hecho de que ahora es más
intenso.
Xander arranca la puerta de uno
de los cubículos del baño, hallando al mortal sobre la taza del váter con el
cristal ensangrentado lamiendo la piel de sus muñecas una y otra vez.
—Losientolosientolosientolosientolosientolosiento…
—repite bajito, en un susurro enloquecido.
Xander le arranca el pedazo de
cristal de las manos con tanto ímpetu que le corta las palmas del chico al dar
un tirón violento y se odia por ello. Se odia porque sus manos no saben cuidar,
solo romper, porque cada vez que pretende acariciar al chico sus dedos son
demasiado grandes y sus garras son demasiado afiladas y termina siempre
llenándose las manos de sangre y dolor, de esas cosas malas cuya textura, cuyo
peso y forma reconoce, no como el cariño, que se le escapa entre los dedos,
incapaz de comprender como sostener un sentimiento tan ajeno.
—Liu, tienes que parar, siento
mucho haber hecho esto delante tuyo ¿De acuerdo? Te he dejado ver una parte de
mí que jamás deberías ver, lo siento, lo siento mucho, por favor, basta ya, no
te hagas esto, no, no, no, deja d-
Xander jadea de dolor cuando ve
al chico rascarse furiosamente el brazo, la sangre tiñéndole las uñas y estas
jaloneando para un lado y para otro la piel maltrecha a los lados de las
enormes cicatrices que se ha hecho.
Desesperado, Xander muerde su
propio labio hasta que la sangre le chorrea por la barbilla y sostiene los
hombros de Liu mientras le planta un beso firme, pero suave.
El chico se queda paralizado,
tomando su sangre porque no sabe rechazar nada que venga de Xander, porque ha
aprendido que hacerlo es peor, y aunque su piel se cura, su corazón
sigue sangrando lágrimas. Xander no puede evitarlo: la cercanía con Liu y la
desesperación lo empujan a inclinarse más hacia el chico, a asomarse a su mente
y hundirse en ella.
Y descubre que el chico tan
siquiera está pensando, solo recordando. Solo reviviendo.
Revisitando a la persona que
Xander era en el pasado. A la cama contra la que lo arrojó y le quitó su
dignidad y su ser solo porque le apetecía un poco de diversión. A la casa
extraña a la que lo arrastró y en la que lo retuvo cuando Liu no tenía nada familiar
salvo la sensación del miedo y el deseo de morir.
Xander se separa, destrozado al
ver como la mente de Liu está hecha añicos por su culpa, y se arrodilla ante el
otro humano sanguinolento. Toma una de las gotitas de sangre de su barbilla y
las empuja en el agujero sangrante donde intuye los restos de unos labios.
Poco a poco, el mortal se cura de
sus heridas y pronto en ese baño solo están Xander y dos humanos aterrorizados,
pero intactos.
Xander toma a su víctima por el
pescuezo y lo arrastra hacia donde está Liu, como mostrándole un juguete.
—Lo he curado —dice el vampiro
con voz ronca y seria. Arrepentida —, he… he intentado solucionar lo que he
hecho. Lo he curado ¿Ves? No solo sé romper cosas. Lo siento mucho, Liu, lo
siento. —Liu lo mira con ojos un poco menos opacos.
Esta vez brillan con dolor, en
vez de locura, y realmente parece ver a Xander, en vez de su sombra del pasado,
pues sus ojos alternan entre el vampiro y el mortal al que obliga a estar ahí,
de pie, demasiado confuso y asustado como para emitir palabra alguna.
Liu lloriquea y sorbe por varios
minutos más, pero ahora su llanto se ha calmado más, pues no grita ni se
retuerce. Xander suelta al otro humano, que tarda varios minutos en comprende
que tiene permiso para huir, y el vampiro se acerca a su pecoso preferido con
una lentitud cautelar.
Liu se encoge por su cercanía,
pero busca su mirada.
—Lo siento —murmura apenas sin
voz, todavía sonando lloroso y vulnerable como un pobre niñito perdido —, n-no
sé qué me pasa, me he asustado tanto, algo está mal, a-algo… y me tienes que
prometer que no me harás daño y me tienes s-si realmente piensas eso de mí…
e-eso de que merezco todo lo que me… lo que…
Liu rompe en lágrimas cuando
Xander lo abraza. Sus manos que antes parecían hechas de hierro candente ahora
solo son cálidas. Sus brazos, firmes barrotes que lo mantenían prisionero,
ahora son un escudo que lo protege. Liu se inclina hacia Xander, llorando a
mares, desenvolviéndose hasta dejar su centro sensible y líquido hecho de
lágrimas derramarse sobre el vampiro, y este lo acoge con palabras gentiles.
—Ha sido mi culpa, yo te he
asustado. —asevera Xander mientras lo acaricia y le da tiernos besos en las
mejillas, pues sabe que no merece sus labios.
No merece su piel, tampoco, esa
dulce suavidad cubierta por una estela de pecas, pero al menos es consciente de
que merece la culpa aplastante que siente por cada beso que le da y que siente
que en el fondo le está robando.
—No es verdad, ninguna de las
cosas malas que te dije es cierta, Liu. Soy una criatura mala, un ser horrible,
soy un demonio, Liu, y tú no tienes la culpa de ello, no debería haberte dejado
ver… no debería haberlo hecho enfrente de ti. Lo siento mucho, lo siento
tantísimo. Jamás te haré daño, jamás.
Capítulo 132
Mientras Liu llora sobre el frío
suelo de losas teñidas de sangre seca, Jeremy se deshace en lágrimas también, a
varios kilómetros de él, sobre la misma cama que antaño tiñó con su sangre y
muerte.
Aidan lo abraza fuerte, firme,
porque teme que si no lo hace su humano se escurrirá entre sus brazos y lo
perderá para siempre, como una hermosa figurita de arena que se desmorona
lamida por el vaivén de un oleaje de recuerdos que jamás debieron existir.
Aidan se siente culpable. La
ausencia de Xander y Liu en la casa le resultó tan tentadora que no pudo sino
proponerle a Jeremy volver a darle un muerdo al terror de ser mordido. La
última vez salió bien, así que el vampiro pensó que esta también sería fructífera,
pero no todas las noches Jeremy tiene la misma fuerza, no todas las noches la
herida está igual de cerrada y los recuerdos igual de bien enterrados. Y hoy
Jeremy sentía su cicatriz rosada, pulsante en su corazón, los viejos temores a
ras de piel.
Así que tan pronto Aidan ha
acariciado su dermis con los colmillos, el chico se ha roto. Jeremy se ha
marchado de pronto, transportado a la noche en que, antes de morir, lo último
que pensó es que había sido estúpido, realmente estúpido e ingenuo, por pensar
que Aidan podía quererlo más que como a un juguete desechable, pues eso es lo
que siempre ha sido. Jeremy vuelve al momento en que pensó que se lo tenía
merecido, por dejar que su hermana le llenase la cabeza de pajarito, por volar
demasiado alto, demasiado cerca de la radiante idea de que él, en el fondo,
puede tener algo de importancia en este mundo.
Así que ahora Jeremy se encuentra
llorando y suplicando, pidiéndole perdón a Aidan por no ser suficiente,
rogándole que sea suficientemente misericordioso como para perdonarle la vida,
incluso si es una inútil, pues es lo único que tiene.
Aidan lo mira con infinita
tristeza. Su ansiedad es palpable en el ambiente, como electricidad que los
recorre a ambos, que hace que la voz de Jeremy suene desafinada y que su cuerpo
tenga terribles espasmos cada vez que lo toca.
Pasan horas hasta que Jeremy es
capaz de salir de su burbuja de dolor y recuerdos enquistados, horas en las que
Aidan lo acaricia y le dice bonitas palabras incluso si sabe que no serán
oídas, que la piel del chico hace tanto eco al dolor del pasado que no hay
lugar para registrar la suavidad de sus toques. Horas hasta que Jeremy abre sus
ojos anegados y cierra sus labios llenos de terribles, terribles imploraciones,
y mira a Aidan con vergüenza, dándose cuenta de que ha tenido un ataque.
De que lo ha molestado con
un estúpido berrinche.
—Lo siento —dice tan pronto como
es consciente de la realidad. De dónde está, de con quién. <<Con
Aidan, que es tan amable, que es tan paciente. Yo he abusado de su paciencia
con mis estúpidos sentimientos.>>
Los ojos de Aidan brillan con una
película de lágrimas que se esmera por no derramar. El dolor de Jeremy es
desgarrador, pero ver cómo se disculpa por él es insoportable. Inconcebible.
—Jeremy, no, no te disculpes ¿Por
qué lo haces?
El chico corre a secarse las
lágrimas e intenta con todas sus fuerzas secarse los ojos, tragarse sus
sentimientos y se claven en lo más profundo de él. Pero es difícil, así que
Jeremy todavía hipea y lloriquea mientras contesta:
—P-porque ellos… porque siempre
les molestó cuando… s-si lloraba o me… o había quejas y… no te enfades, por
favor…
Aidan aprieta los dientes. No
necesita que Jeremy le diga quienes son ellos.
No necesita saber sus nombres ni
imaginar sus caras para ver en su mente todos esos cuerpos llenos de lujuria y
egoísmo buscando en Jeremy cualquier cosa, menos un ser humano.
Jeremy se muerde duro el labio
para dejar de llorar y aunque Aidan quiere pedirle que pare, sabe que no le
hará caso.
¿Pero qué esperar de un chico que
ha aprendido que su incomodidad no es más que una molestia, su dolor un
estorbo, sus lágrimas un simple cuento que hace a los hombres que lo ultrajan
rodar los ojos y echar una almohada sobre su rostro porque el riesgo de que el
chico deje de respirar no es tan grande como la irritación de escucharlo
quejarse?
Aidan se siente de pronto tan
furioso, pues conoce la ira mejor de lo que conoce la compasión: es más próxima
a la violencia, a la sangre. Se levanta de pronto de la cama y en su cabeza ve
con detalle las cientos de líneas rojas que conectan a Jeremy con el exterior.
Rastros de su dulce olor que delatan quiénes han sido sus clientes. Aidan los
matará a todos y cada uno de ellos. Se reirá de sus súplicas, aborrecerá su
desesperación, igual que ellos hicieron con Jeremy, se vengará dándoles de su
propia jodida medicina y si es posible les hará sufrir hast…
Aidan se voltea, Jeremy le rodea
la muñeca débilmente, todavía llorando y mirándolo con ojos de cachorrillo como
si temiese ser abandonado otra vez. Entonces, el vampiro comprende que no puede
hacer eso, que no puede enfadarse ahora y entregarse a la dulce liberación de
la rabia, pues aunque es lo que él quiere, no es lo que Jeremy necesita. La ira
no secará sus lágrimas, no le hará sentir seguro, al contrario.
Lo que él necesita es compañía,
compasión. Comprensión. Y para Aidan es más sencillo matar que escuchar, pero
nadie dijo que estar con Jeremy sería fácil, pero él lo sabe y lo acepta. Así
que se sienta de nuevo en la blandura de la cama y deshace los puños a los
lados de su cuerpo, tornándolos manos amables que rodean al joven lloroso y lo
atraen hacia él.
Cierra sus ojos rojos y siente
sus colmillos empequeñecer en su boca. Su instinto tendrá que esperar, Jeremy
no necesita ahora a un vampiro sediento de venganza, no necesita a un héroe,
necesita un abrazo.
Aidan se lo da. También le da un
beso y luego uno detrás de otro. Una constelación de adorables besitos que
deposita sobre todo su rostro empapado en lágrimas.
—Está bien —murmura y Jeremy
rompe a llorar aún más fuerte porque esas palabras son tan reconfortantes que
no pueden ser reales. Porque ha soportado insultos y golpes y jamás ha roto en
lágrimas, pero ahora, por fin, se siente seguro para ser vulnerable —, está
bien, Jeremy. Estoy contigo. No estoy enfadado.
Capítulo 133
El tiempo ha pasado y, con él,
varios cambios lentos pero seguros se han ido instalando en las vidas de Liu y
Xander, así como de Aidan y Jeremy. Xander ha logrado ser más amable incluso
con humanos que poca o ninguna relación tienen con su mortal favorito,
agradeciendo a los repartidores de la comida que Liu pide a domicilio o a los
dependientes de las tiendas donde el humano va a comprar cuando antaño los
habría asesinado por tener la osadía de mirarle a los ojos y creer que iban a
vivir para contarlo. Aunque sigue siendo cierto que muchos todavía no
sobreviven a la vista de su roja mirada, mayormente criminales, aunque de vez
en cuando algún pobre inocente cae preso de las garras de Xander. Cada vez
sucede menos, realmente, y si hay alguien a quien la ciudad debería agradecerle
es a Liu y a la forma en que ciertas noches, cuando ve la mirada escarlata de
Xander relucir y sus colmillos creciendo con ansia se tiende sobre la cama, un
par de botones en su pijama abiertos a modo de invitación, y le pregunta al
hombre si se siente hambriento. Si él es suficientemente apetecible para calmar
esa sed.
La respuesta es siempre la misma:
la boca de Xander alrededor del cuellito lleno de marcas de Liu y la mano débil
del muchacho alrededor de su propio sexo, convirtiendo el dolor en un
catalizador del placer. Xander muere por tocarlo él mismo, pero ha alimentado
durante demasiado tiempo su lujuria, así que ahora le toca a la paciencia.
Sobre todo después de esa noche, de la noche en que Liu se dispuso a entregarle
un poco más de su cuerpo, su alma, de su confianza, y Xander, henchido de
deseos, terminó empapando sus manos de sangre y las de Liu de lágrimas y
recuerdos demasiado amargos.
Xander no sabe lo que lo poseyó
esa noche. Quizá la anticipación le hizo perder el control, pero sea lo que
sea, ya se encuentra mejor. Aidan también se sintió violento bajo esa misma
luna y él y Xander lo han hablado largo y tendido, preguntándose qué los hizo
sentir de pronto tan voraces, tan peligrosos. Por qué su naturaleza salió a
relucir esa noche exacta, cuando sus humanos estaban entre sus dedos y podrían
haberlos rotos, es todavía un misterio y quizá no haya explicaciones que
buscar, solo culpa y responsabilidades que asumir. De todos modos, Xander y
Aidan están más tranquilos ahora e incluso Xander goza una vez cada cierto
tiempo, del delicioso espectáculo que su amigo y su humano le ofrecen. Le gusta
ver como Aidan entrena a su mortal para aprender a tomar el miedo y el dolor
que sus colmillos traen, para que la sangre caliente no se sienta como una
traición derramándose por su cuerpo y la realidad una hoja fija y traslúcida a
través de la cual ve poderosos recuerdos que amenazan con repetirse.
Le gusta, sobre todo, ver como
Aidan toca o folla a su chico mientras mordisquea su cuello e imaginar un
momento en que él y Liu puedan hacer las mismas cosas, solo que él sí
hundirá sus dientes en la pálida garganta de su chico. También gusta de dar
sugerencias a Aidan, aunque salen de su boca en forma de órdenes. El vampiro de
cabellos azabache e inteligentes ojos gatunos las obedece, extasiado, y el
chico entre sus brazos siempre obedece sus demandas con una docilidad
deliciosa.
Xander fantasea -y Aidan también,
pues lo han hablado largo y tendido, con voces roncas y colmadas de deseo- con
las noches en que Liu disfrute de tener otro par de ojos rojos sobre su piel
mientras Xander lo toca y lo hace sangrar. No suele gustarle compartir, no
tanto como a Aidan, al menos, pero le gusta presumir. Y Liu, desde luego, es un
pequeño tesoro del que quiere poder fardar delante de su más preciado amigo.
Por otro lado, Dave y el vampiro
son ahora capaces de tener pequeñas conversaciones cuando el segundo viene a
buscar a su hermoso humano al trabajo y ¡sorpresa! una de cada tres veces que
hablan Liu no llega a escuchar ningún insulto ni amenaza, lo cual es un avance
increíble.
Es obvio, entonces, que Liu sigue
trabajando en la cafetería, pero no sabe si lo hará por mucho más tiempo: esta
mañana ha realizado las pruebas de acceso a la universidad.
Tan pronto las ha terminado, Dave
y Jeremy han ido a buscarlo a instituto donde las ha hecho y, durante el resto
del día, Jeremy y Dave se han conocido y se han coordinado como un perfecto
equipo para mantener a Liu distraído de sus ansiedades, cortando cada pregunta
sobre si habrá respondido bien o no una pregunta con tonterías que han hecho al
pecoso reír hasta que su estómago ha dolido más que si le hubiesen dado un
puñetazo.
Esta noche, cuando llegue a casa,
tendrá que decidir qué carrera quiere estudiar y si los resultados de sus
exámenes son buenos, quizá sus deseos se hacen realidad. Quizá logra tener un
futuro más allá de entretenerse con un trabajo que ni siquiera le gusta tanto
solo para salir de casa. Quizá logra obtener metas, motivaciones e intereses
nuevos, avanzar en vez de estancarse en el pasado y aunque no sabe si merece
esta oportunidad de seguir adelante, debe reconocer que le hace ilusión.
Que se siente vivo de nuevo. Más
que eso: con ganas de vivir. Y esa es una sensación que creyó que murió en él
cuando lo hicieron todos aquellos a los que amaba, una sensación de la que
incluso dudó la existencia, pues no podía recordar cómo se sentía pensar en la
vida como algo más que una condena.
Pero sentirse tan vivo,
emocionado y feliz es nuevo para Liu y lo nuevo es a la vez desconcertante,
incierto, aterrador.
Quizá por eso, cuando Liu llega a
su casa poco antes del anochecer y Dave y Jeremy se despiden de él con
fuertísimos achuchones y buenos deseos, Liu siente la ansiedad que lleva todo
el día embotellada dentro de él burbujear y estallar hasta que termina delante
de su portátil con los ojos tan llorosos que no puede ni ver ni las letras
grandes de la pantalla.
Capítulo 134
—Liu, mi cosita ¿Qué sucede?
—pregunta una voz ronca y profunda que parece venir de todas partes al mismo
tiempo.
Liu, sin embargo, no tiene que
levantar la vista para buscar a Xander. Tan pronto como lo escucha, un brazo
envuelve su cintura y cálidos labios besan sus mejillas húmedas, una larga
lengua limpiando las lágrimas cual gatito. Y hablando de mininos, Liu sonríe un
poco cuando escucha a Alex, el gatito, ronroneando mientras se refriega
contra sus tobillos con su mullido cuerpo.
—¿Han sido mal los exámenes?
—pregunta Xander con preocupación y Liu niega, varias lágrimas más cayendo. El
gatito escala hasta su regazo y eso ayuda a Liu a distraerse un poco, porque el
minino le maúlla y él debe acariciarle la espalda.
Del mismo modo, Xander pasa sus
grandes manos por el cabello del chico y luego por su nuca, su espalda, sus
hombros. Liu quiere ronronear también, porque esas caricias son justo lo que
necesita.
—¿Entonces qué te ha hecho
llorar? ¿Ha sido alguien?
Liu nota el cambio en la voz de
Xander, cómo se torna más hosca y áspera, y corre a apaciguarlo antes de que
pueda hacer una estupidez letal.
—¡No! No, no ha sido nadie
—Xander relaja sus hombros y mueve su cabeza de lado a lado, haciendo tronar su
cuello —, es solo… No lo sé, esto es un cambio grande, estoy muy agobiado. —Xander
dirige sus ojos a la pantalla del ordenador de Liu y entiende un poquito mejor
su situación.
Liu está en la página donde debe
escoger un listado de carreras y universidades, incluso antes de saber su nota
y, por ende, sin poder preveer si entrará en alguna de ellas o cuales. La
incertidumbre no es una gran molestia para Xander, las cosas importantes
siempre puede imponerlas él, pero entiende el nerviosismo de Liu.
El muchachito pecoso aparta la
patita del gato cuando el minino mira la pantalla vengativamente, sabiendo solo
que esa cosa brillante y rectangular ha hecho llorar a uno de sus dueños y que,
por ende, debe sufrir la ira de sus garras.
—No, no lo rompas —lo regaña Liu,
a lo que el gatito de orejitas destartaladas le maúlla, intentando expresar que
él solo trata de hacerle justicia a su afligido corazón.
Xander ojea el interminable
listado de carreras y lugares y nota al chico repasar la lista con ojillos
abrumados.
—Cualquier decisión que tomes
estará bien, Liu, algunos errores son muy caros en la vida, pero esto… —señala
la pantalla, como restándole importancia —no es nada que no puedas solucionar.
Si no obtienes la nota para una carrera, pasarás a la siguiente que hayas
escogido.
Liu niega con la cabeza,
angustiado
—Pero es que no sé qué carrera
escoger ¿Y si me arrepiento? ¿Y si desperdicio años de mi vida? ¿Y si algo que
me gustaba mucho luego se arruina por culpa de una mala experiencia
universitaria? Quiero literatura porque amo escribir y leer y quería ser editor,
pero psicología es tan interesante y me ayudaría tanto a comprender cosas de mí
mismo, a ayudar a otros que estén en situaciones como la mía pero que no tengan
a nadie… pero ¿No es eso mucha responsabilidad? ¿Y qué hay de bellas artes?
Suena tan genial, pero no sé dibujar, nunca lo hecho y quizá estoy siendo
ingenuo ¿O filosofía? Es tan interesante ¿Pero y si es demasiado difícil? o…
perdón. Perdona, soy tan tonto, soy t-
Liu habla de forma atropellada,
su voz aguda por el estrés y sus palabras corriendo una detrás de otras como si
no tuviese tiempo ni para esperar para tomar un aliento. Xander se inclina y le
da un beso para callarlo. No porque quiera interrumpir su desahogo, sino porque
no soporta escucharlo decir cosas feas de sí mismo, así que prefiere poner algo
más dulce en sus labios.
—No es tu culpa, no eres estúpido
—dice suavemente, tomándolo de la mano y mirándolo a los ojos —. Es una
decisión difícil. Pero incluso si escoges algo y no te gusta, el error es
reversible, puedes cambiar de carrera. y no significa que sean años perdidos.
Harás más cosas ese año, cosas divertidas y emocionantes conocerás a gente,
aprenderás que te gusta y qué no y madurarás. El tiempo nunca se pierde, suceda
lo que suceda, es tiempo que vivirás, que te construirá como persona. Y ningún
tiempo invertido en hacerte quién eres está perdido ¿De acuerdo?
Liu solloza. No puede evitar
hacerlo, no cuando Xander suena tan comprensivo y perfecto, cuando sus palabras
encajan con el trocito en su interior que siente que falta y lo hacen sentir
tan bien. Tan cuidado. <<Tan cuidado, como no merezco>>
Xander lo besa de nuevo,
distrayéndolo. Sus labios calientes contrastan con el frío de sus colmillos y
Liu los mira mientras se enjuaga las lágrimas con la manga de su camisa y
asiente.
—Mhm… gracias. A veces me siento
como un niño contigo, soy muy llorica y me cuesta todo y tú siempre tienes algo
sabio que decir.
Xander sonríe, entre halagado y
entretenido. Liu se devuelve el gesto.
—Te saco unos cientos de años,
Liu, sería realmente estúpido de mi parte no haber aprendido nada en ellos.
Liu ríe de incredulidad. Incluso
si siempre ve el rojo de sus ojos y el blanco marfil de sus colmillos, incluso
si la figura misma de Xander, con su espléndida altura, desvela la distancia
insalvable que hay entre un humano, como Liu, y él, al chico a veces se le
olvida que su rubio amante lleva a su espalda el peso de un tiempo que él no
puede siquiera empezar a imaginar.
Liu bosteza, notando el cansancio
empezando a instalarse en sus párpados cuando el nerviosismo deja de darle
energías.
—¿Qué tal si tomo la decisión
mañana, cuando me despierte?
Xander asiente y toma a Liu en
volandas, el chico se sorprende, pero sonríe con ternura mientras el vampiro
los lleva a él y al gatito que está sobre su vientre como si se tratase de una
hamaca a la habitación.
—Necesitas descansar, te has
agobiado mucho.
Xander deposita a Liu con cuidado
en la cama, sentándose a su lado y besando su frente al inclinarse sobre el
lecho. El gato se coloca a los pies de Liu y se estira antes de hacerse una
bolita negra y somnolienta.
—Lo sé, es que se siente extraño,
seguir este futuro que siempre planeé pero sin las personas con las que lo
planee. Seguir adelante se siente como… como una traición ¿Si no estoy hundido
todo el tiempo y me siento horrible, qué prueba habrá de todo lo que los he
querido? Al fin y al cabo, mi amor por ellos es proporcional al dolor de
perderlos. —Liu niega, de pronto avergonzado, y se lleva una mano a la boca
deseando poder cerrarse los labios con cremallera —Ah, siento haber sacado este
tema ahora. No sé porque me cuesta tanto tomar decisiones, ojalá ser más como
tú.
—Te aseguro que no quieres ser
como yo. —ríe Xander, aunque su voz es ácida.
Liu se encoge de hombros.
—En eso sí.
—¿En qué? Yo jamás he tomado
decisiones, Liu. Dejo que mi instinto tire de mí. —tan pronto lo dice, Xander
nota un sabor amargo en su boca. Siempre ha sabido por qué ha hecho las cosas,
pero admitirlo en alto se siente vulnerable. Patético.
Liu se queda pensativo unos
minutos y tras un rato suspira, apoya su cabeza en el pecho frío de Xander y
con la voz muy delicada dice:
—¿Por qué? Eres tan poderoso y
siempre has hecho con ese poder cosas tan terribles ¿Por qué no has cambiado
antes, en todos estos años? ¿Qué tiene de bueno haber sido como eras?
Xander aprieta los labios. Quiere
decirle a Liu un simple ‘’No lo sé’’ y, de hecho, era respuesta habría
sido cierta poco tiempo atrás, pero no ahora. No cuando ha tenido que examinar
su interior en busca de luz, no cuando se ha dado cuenta de que la maldad no
era solo su naturaleza, sino una opción, una decisión, y ha tenido que
confrontarse a sí mismo con la pregunta de por qué la tomó una vez detrás de
otra.
No quiere hablar, no quiere
abrirle a Liu su podrido interior, pero honestidad es lo mínimo que le debe,
así que habla:
—Muchas veces me he preguntado
por qué esto. Por qué este amor tan grande a matar, a perseguir, cazar,
atormentar a mis víctimas ¿Es mi naturaleza cruel y ya está? Yo sé que sí, pero
creo que es algo más. Dejarme llevar por... ¿Cómo podrías llamarlo tú? Por mi
vampirismo, por mi sed, por el instinto... Por lo que soy, en vez de quién
soy... Dejarme llevar por eso es placentero, pero es más que eso: es un tipo de
esclavitud tan grata. No tengo que pensar ni decidir ni preguntarme nada, solo
hacer lo que el instinto me ordena y recibir a cambio sensaciones agradables
que dicen que todo es como debería ser, que soy un buen vampiro, un buen
cazador, un buen asesino.
<<No me gusta el tiempo que
paso sin ser un vampiro, explícitamente un vampiro, sin cazar o matar, no me
gusta ese tiempo porque está... Vacío. Porque no sé quién soy cuando no soy un
asesino.
<<Los humanos soléis
definir quiénes soy por vuestro origen o por vuestro objetivo. A veces por una
mezcla de ambos: por de dónde venís, a dónde vais y qué camino transitáis. Yo
carezco de eso. Mis orígenes están borrosos y mi final... Mi naturaleza se
define por no tener fin y, con ello, me temo que tampoco finalidad. No hay un
objetivo que quiera alcanzar, algo a lo que dedicar mi vida. No siento la
necesidad de invertirla en algo para no malgastarla: no es un recurso finito.
<<A veces, cuando lo
pienso, me siento como uno de esos tontos ratones que tenéis en las tiendas de
animales corriendo en una estúpida rueda que no lo lleva a ningún lado. Me da
mucho miedo cuando pienso en eso, me da mucho miedo admitir que soy... Qué no
sé quién…>>
A Xander se le entrecorta la voz.
Sabe que no merece compasión, que sus temores le han hecho convertirse en algo
aterrador, que su dolor le ha hecho convertirse en un infierno y que todos los
males que a él le acosan no son nada comparados con él mal que él ha sembrado
en el mundo. Pero incluso si no lo merece, Liu lo abraza. Sus brazos son cortos
y débiles, pero tan cálidos que Xander siente que podría hundirse en ellos y
ahogarse. <<Una muerte tan plácida>>
—Eres el ser más libre que
conozco —responde Liu, pero Xander no acaba de distinguir en su tono la dulzura
de la amargura ¿Es un consuelo o un reproche? Quizá ambos —. Jamás te habría
imaginado sintiéndote atrapado. Lo siento.
Xander ríe. <<No
deberías sentir nada, salvo haberme conocido>>
—Es una cárcel distinta a la de
los mortales —susurra porque sus palabras lo avergüenzan, porque lo hacen ver
estúpido, mimado, llorica.
Piensa en los humanos a los que
ha cazado, en Liu mismo, y se da cuenta de cuán crueles han sido sus destinos
solo por que él lo ha querido y, de pronto, se siente sin derecho a quejarse
por sus acciones, por el miedo y el vacío que abren dentro suyo. Se siente
indigno de ese dolor y ese desespero, pero jamás lo abandonan.
—A veces a mí me da miedo tener
demasiado claro quién soy —explica el muchachito, su voz es pequeña, tímida,
pero pugna por hacerse oír. Xander lo estrecha entre sus brazos con delicadeza
y reconoce en el tono temeroso del mortal sus mismas inquietudes. Reconoce la voz
de la angustia, pues él la lleva atrapada en su garganta desde la primera vez
que la bañó con sangre. Los ojos de Liu brillan por las lágrimas contenidas y
su voz se quiebra mientras añade: —. No poder librarme de eso.
—¿Te aterra ser mío? —pregunta
Xander mordiéndose el labio, apretándolo más cerca en su abrazo, como si no
desease dejarlo marchar nunca.
Liu ríe. Una risa corta,
sarcástica y ahogada. Una risa que se corta por un sollozo y una muy fina voz
confesando algo que Xander no habría esperado:
—Me aterra ser como tú.
Xander frunce el ceño y ve a Liu
con los ojos abiertos enormemente, mirando fijos un punto de la habitación como
sorprendidos a más no poder por las palabras que él mismo pronuncia. Poco a
poco, los ojos del chico brillan y se van llenando de lágrimas.
—Nada te hace parecido a mí, Liu
—lo intenta consolar, pero tuerce la boca cuando nota, en sus propias palabras,
la amarga razón por la que lo ha condenado al infierno: —. Yo soy un demonio y
tú... Tú una criatura tan inocente que si tuviese conciencia me sabría mal
tenerte para mí solo.
—No soy inocente.
Xander siente una espina venenosa
clavándole en el corazón cuando ve el rostro de Liu al decir esas palabras. Tan
firme. Tan seguro. Como si no estuviese defendiendo una idea o una opinión,
simplemente funcionando como el anunciador de una verdad que sabe con certeza
que tiene grabada en la piel y el alma.
—Lo que yo haya hecho contigo,
Liu, no fue tu culpa, dice nada de t…
Liu se muerde el labio, las
lágrimas le rebasan los ojos y no puede soportarlo más. No puede soportar la
idea de un consuelo que no merece. La idea de un perdón que ignora sus
crímenes. Le horroriza que sus pecados sean tan oscuros que ni siquiera un
vampiro sea capaz de verlos. Así que por primera vez interrumpe a Xander y deja
que sus labios escupan verdad y veneno:
—Todos mis seres queridos están
muertos por mi culpa.
Liu jadea y se tapa la boca
después de su revelación. La mano sobre sus labios tiembla y cae flácida sobre
la cama, como rendida al darse cuenta de que ha fallado al intentar evitar que
las palabras, como un fantasma que Liu lleva tiempo atrapando en sus pulmones,
escapen y atormenten a otros.
Alexander lo mira por unos
segundos. Confuso. Incrédulo. Pero sobre todo silencioso.
Liu parece detenido en el tiempo.
Tan quieto. Pálido incluso. Y reteniendo la respiración como si su cuerpo se
hubiese quedado tan incomprensiblemente vacío que no pudiese ni albergar ya
aire en su interior.
Parece suspendido en ámbar, un
espécimen congelado para que Xander lo escrute, pero entonces la pequeña lámina
de cristal que parece separar a Liu del tiempo, del mundo, de sus propias
palabras se quiebra y el chico se echa a llorar de la forma más desgarradora
que ha llorado nunca jamás.
Xander se inclina hacia él
preocupado, todavía aturdido por esas palabras a las que no les halla un
verdadero sentido, y toma al chico gentilmente por su mejilla.
Tan pronto sus dedos rozan la
suave piel, una chispa lo recorre. Normalmente leer la mente de otro es similar
a espiar una conversación en la que no está invitado: o la voz se siente lejana
o susurrante. Siempre secreta, siempre algo que no debería ser oído. Está vez
Liu parece volcarse en él, abrirse para él, entregarle sus demonios.
Una ráfaga lo atraviesa, no de
palabras, sino de imágenes. Recuerdos embotellados y agitados en el interior de
Liu que ahora salen furiosos, en una confesión balbuceante de momentos,
sentimientos y arrepentimientos a los que Xander debe dar orden para comprender.
Ve a Liu antes de él. Tan
radiante y feliz, con las pecas de su cara perpetuamente estiradas en una
sonrisa cada vez que juega con su perrito, que aprende que se llama pelota
porque tiene una barriguita grande y redonda que no rebaja ni corriendo día sí
día también por el parque, cada vez que sus padres lo abrazan con fuerza porque
es el orgullo de sus corazones y, sobre todo, cada vez que está cerca de un
amigo al que conoce desde que tiene memoria pero que siempre le hace sonrojar
como si estuviese en su primera y torpe cita.
Ve a su familia, su perrito y su
amigo al lado de unas maletas, hablando de lo divertido que será ir a una casa
de campo y celebrar el cumpleaños de Liu todos juntos en su pequeño paraíso
particular.
Y ve que, de hecho, es tan
divertido como todos prometen: el perrito se baña en el río y Matheo traza un
mapa tras recorrer el bosque con su aventurero mejor amigo, el padre carga
bombonas de butano y la madre, en la cocina, apura el gas que queda en la vieja
para cocinar huevos con bacón que adoptan la forma de caras sonrientes (hasta
que Matheo le pone cuernos de kétchup a la suya, convirtiéndola en una cara
malévola).
Ve a la madre de Liu diciéndole
que no cocine, que ahí no tienen vitrocerámica, como en su casa, y que el
butano es peligroso. Ve a Liu rodar los ojos e irse a perseguir a Matheo cuando
éste le roba una videoconsola, ignorando el parloteo sobreprotector de su
madre.
Ve luego a Liu levantándose a medianoche,
cuando todos duermen y él debería también, y frotarse su rugiente estómago,
arrepintiéndose de no haber comido la cena por estar demasiado enfrascado en un
libro. Lo ve andar escaleras abajo intentando que el crujir de la vieja madera
no despierte a nadie, aunque sus pasos son torpes y sus ojos están tan cansados
que parpadea y de pronto está en la cocina con una sartén en la mano y el fuego
brillando en la oscuridad.
Bosteza y cierra los ojos, al
abrirlos tiene un plato con bacón chisporroteante. Parpadea y se lo está
comiendo en la cama, tan soñoliento que al abrir los ojos de nuevo ya es de día
y tiene trozos de panceta crujiente en las comisuras y un olor raro en la
nariz.
Mira por la ventana, acaba de
salir el sol y sabe que los demás no se van a levantar hasta que el astro
amarillo haya bajado un poco más, dándoles de lleno en la cara y forzándolos a
afrontar el día.
Sin decir nada, Liu se va de
paseo. Esta vez no tiene tanto problema en bajar la escalera sin que los
tablones viejos giman bajo su peso, pues se halla despierto y en todos sus
sentidos. Cierra la puerta silenciosamente, las ventanas ya lo están, para que
no se cuelen los bichos.
Sale al verde campo y el aire que
respira es tan puro y limpio que se siente como hielo en sus pulmones.
Se adentra en el bosque. Liu le
entrega tan abiertamente el recuerdo a Xander que el vampiro puede sentir la
tierra húmeda bajo sus pies, el aroma tenue del rocío, el regusto a fritura
cuando se pasa la lengua por las encías. Incluso la sensación incesante de que
se le olvida algo. Ve a través de los ojos de Liu como este vuelve a su casa y
desde afuera ve, en una ventana, a su familia, Matheo y hasta pelotita
reuniéndose sin él, hablando entre susurros mientras sostienen una tarta de
cumpleaños de su sabor favorito y van de puntillas hacia su habitación.
Xander siente, a través de las
mejillas de Liu, la enorme, bobalicona sonrisa que esboza cuando ve a todos sus
seres queridos delante de la puerta de su cuarto, a punto de cantarle el
cumpleaños feliz a una cama vacía.
Piensa que será una anécdota
divertida.
Qué será un buen cumpleaños.
Entonces Xander siente la sonrisa
borrándose de golpe de su rostro cuando su madre pone las velas en el pastel y
su padre saca un mechero para encenderlas.
Cuando recuerda qué se le
olvidaba, pero antes de que pueda decir nada, una chispa se convierte en fuego
y el fuego en explosión.
Xander siente entonces el
horrible tufo del gas butano, del humo, las cenizas. De la carne y el pelo
quemados.
Liu no dice nada pues sabe que
ese horror está más allá de lo que sus palabras puedan atrapar y transmitir y
sabe, por la cara de Xander, que el vampiro ve a través de sus ojos, oye a
través de sus oídos, se lamenta a través de su alma, pues en sus ojos ve un
arrepentimiento que solo ha visto en el espejo.
Xander debe parpadear varias
veces para volver en sí, enfocar su vista de nuevo en el presente, en su
primera persona, después de haberse dejado llevar por el pasado ajeno. Siente
los ojos húmedos. Ha leído pensamientos mortales antes e incluso ha visto imágenes
un par de veces, como proyectadas sobre la blancura de la mente de sus
víctimas, pero jamás ha vivido los pensamientos de otro. Jamás se ha
vestido con traje hecho de humanidad y nostalgia y ha sentido el mundo como un
humano. Jamás ha sentido la proximidad de la muerte como un mortal.
No que él recuerde. Hasta ahora,
incluso si esos recuerdos no le pertenecen.
No puede robar la humanidad de
Liu, no querría tampoco, pero siente que al visitar los más profundos rincones
de su mente se lleva de estos una parte de ese precioso regalo mortal, quizá
solo una minúscula parte de todo el lastre de dolor que el chico arrastra. Y al
hacerlo, siente su corazón doler, rabiar, latir. Siente lo monstruosos que han
sido sus actos, lo deleznable de su naturaleza, lo ominoso de seguirla.
Y lo roto que Liu debe estar para
mirarlo como lo mira ahora a él, a un demonio, su demonio, pues lo mira
con ojos suplicantes, expectantes. Con ojos de cachorrito que ruegan un <<Por
favor, no me odies por lo que hice. No me abandones. No tú también>>.
El vampiro se da cuenta de que
sus brazos ya no rodean a Liu cuando advierte el pánico y la desesperación en
sus ojos. Lo abraza de nuevo, más fuerte y cerca ahora, como si quisiera hacer
al chico pequeñito y meterlo en el hueco vacío de su corazón. Liu se hunde en
sus brazos, lo toma con fuerza, clavando las uñas en sus brazos, enterrando la
cara en su rostro e inhalando el aroma masculino y agradable del hombre. Y se
deshace en llanto cuando el vampiro lo acaricia con una gentileza que siente
que no merece, porque ama el cuidado y la ternura de esas manos grandes, lo
aprecia a más no poder después de saber el dolor que éstas pueden causarle,
pero una voz pequeña y mezquina en su interior le dice que no debe disfrutar de
las cosas que ama y aprecia. Que su castigo no ha terminado y no debería
hacerlo nunca mientras vive.
—Oh, mi Liu… Fue un accidente
—Xander susurra, su voz intenta ser delicada, pero a pesar de su cautela Liu
niega y llora histéricamente sobre su pecho como si hubiese empujado un dedo
hondamente en una dolorosa herida —. No fue tu culpa, Liu —susurra, pero el
chico sigue frenético mientras se llena la boca y la cabeza del mismo sonido <<No,
no, no, no, nononononononono…>> como intentando henchirse de él, de
negatividad y odio y dolor, para no dejar espacio en su interior para las
palabras de Xander, pues todo lo que siempre ha querido oír y lo jamás merecerá
creer. —. No hiciste nada ma-
—¡Los maté! —gruñe el chico, un
sonido entre el grito desgarrador y el sollozo.
Xander siente reverberar el odio
en su voz y sabe que no va a dirigido a él, sino a Liu mismo. Su corazón punza
cuando entiende que por eso el chico lo abraza así, por eso el chico lo aceptó
cuando volvió. Por eso aprendió tan rápido a rendirse a sus deseos.
Porque ¿Quién iba a querer a
Xander sino alguien que se odia a sí mismo lo suficiente como para hacerse ese
mal? Al fin y al cabo, su cercanía, su compañía, su amor… no son más que una
tortura, que un lento suicidio, la podredumbre del alma y la pérdida del cuerpo
de uno mismo a manos de un ser que devora todo lo cálido, agradable y puro en
aquellas cosas sobre las que posa sus ojos y, luego, sus manos, labios,
colmillos…
—No te mereces esto —Xander
susurra, no porque la convicción en sus palabras sea débil, sino porque su voz
está abnegada en tristeza, como sus ojos. Liu apenas puede creer lo tembloroso
y asustado que el vampiro suena, tanto le sorprende que mira hacia arriba, las
lágrimas ahora congeladas en sus mejillas, y exclama al ver las del vampiro tan
empapadas como las suyas —. No me mereces a mí. Mereces algo bueno, Liu,
mereces una vida mejor.
La sorpresa en la expresión de
Liu se transforma de pronto en horror.
—¿Vas a abandonarme de nuevo?
Las palabras golpean al vampiro
certeramente. Siente su cerebro embotado, la boca pastosa de los nervios
¿Abandonarlo? Xander recuerda el momento en que se marchó de la vida de Liu, en
cómo supo que lo estaba liberando. En su ausencia, Liu ha construido
tantas cosas (amistades, hábitos, un empleo que le hace sentir entretenido, el
inicio de una carrera e incluso le dio la sensación de que el muchacho empezaba
a reconstruirse a sí mismo pedacito a pedacito), no entiende porque querría
tenerlo cerca cuando él solo sabe destruir, porque ve su marcha como un
abandono y no como un alivio.
<<Lo has hecho tú, Xander.
Le has enseñado a aceptarte, a obedecerte, a necesitarte. Le has dado un poco
de compañía a cambio de dolor, has podrido su concepto de amor. Ahora acarrea
con las consecuencias.>>
El vampiro se humedece los labios
y mira al muchacho entre sus brazos, que respira errático y tiembla ante la
idea de tener que volver a acostumbrarse a la soledad.
—¿Quieres que me quede
contigo?
Liu llora y aprieta los labios,
porque tiene la respuesta en la punta de la lengua, pero siente que no tiene
derecho a pedir lo que quiere. Por suerte, su voz interior se escucha tan clara
como la que mantiene atrapada en su garganta <<Sí, por favor. No me
abandones>>
El vampiro le acaricia con
cuidado los cabellos. Su mano baja a la nuca del chico y ahueca la palma para
dejarla en ese lugar, atrayéndolo hacia él. Liu se inclina y entreabre los
labios, ofreciéndole al vampiro su boca, dispuesto a dejarle beber de su labios
hasta hartarse. Pero Xander solo toma un pequeño sorbo ahora: le da un casto,
corto beso en los labios y se separa de él.
—Voy a quedarme contigo, Liu,
siempre.
Y esas palabras que antaño
habrían sido para el mortal una condena, son ahora lo único que le permite
relajarse y dejarse caer sobre el pecho del vampiro. Xander lo mira, culpable,
y le acaricia la nuca como si se tratase un tierno animalito.
—Quiero quedarme —susurra y con
una voz aún más baja añade: —y quiero aprender a ser bueno para ti.
Xander se recuesta en la cama
lentamente, llevándose a Liu consigo pues no tiene intención alguna de
liberarlo de su abrazo. El muchacho se deja hacer, demasiado agotado por su
llanto como para intentar zafarse de las fuertes manos del otro.
Ambos se encuentran tumbados en
la cama, en una habitación silenciosa, oscura excepto por los pequeños haces de
luz que se filtran entre los agujeros de la persiana a medio bajar. Una luz
fría, de luna, que lo baña todo con un leve vaho azulado y que hace que los
ojos de ambos brillen como si sus lágrimas respondiesen a la luna cual marea.
También relucen levemente los colmillos de Xander y las limpias uñas de Liu.
Xander acerca más al chico,
recostándolo sobre su pecho. Ahora lo rodea con un solo brazo mientras que con
su mano libre acaricia los cabellos oscuros de su presa y los deja caer sobre
su pecho y abdomen.
—No merezco nada bueno —por fin
dice el chico y su voz suena tan cansada y ronca que Xander debe bajar sus ojos
y comprobar que son los labios jóvenes, llenos de color y brillo, de Liu los
que hablan.
El vampiro cierra los ojos antes
de responder y respira hondo. Su mente conecta con la de Liu y en ella ve los
recuerdos de la noche en que lo tomó a la fuerza. De las cosas que le obligó a
decir mientras rompía su cuerpo en mil pedazos y le arrancaba el alma con los
dientes.
<<No merezco que
pares>>
Tuerce la boca en un gesto amargo
y abre los ojos, queriendo llenarlos de la oscuridad de la estancia o de luz de
luna o de la carita tranquila de Liu mientras reposa sobre su pecho. De
cualquier cosa menos de esas imágenes que antaño pensó que serían agradables
recuerdos de una conquista.
—Me has pedido que me quede a tu
lado, Liu: eres mío —susurra y por primera vez esas palabras no se sienten
temibles. No son una sentencia aterradora, una amenaza. Quizá porque el humano
está demasiado desbordado como para sentir algo más o quizá porque su
demonio las pronuncia con tal delicadeza que bien podrían ser las promesas de
un ángel —, así que yo decido lo que mereces. Y mereces solo cosas buenas, Liu,
muchas más de las que puedo darte.
Capítulo 135
El sábado es un día extraño,
tanto que Liu se pregunta si algo ha cambiado en el planeta tierra, pues siente
que alguien ha desactivado la gravedad. Es como si flotase, aunque sus pies
siguen en el suelo y si da saltos no se va hacia el cielo como un globo de
helio. La sensación es confusa, pero tan buena, casi tanto como las manos de
Xander o su voz o sus besos en el cuello o la forma en que mima todo el día y
le ayuda a enviar la lista de carreras y universidades en las que va a
inscribirse. Literatura primero, en dos universidades distintas pero cercanas,
luego psicología y filosofía. Liu apenas recuerda rellenar el formulario ¿Cómo
hacerlo si mientras sus dedos tecleaban las manos de Xander estaban sobre las
suyas, guiándolas, y su boca caliente en su oreja, susurrándole dulces halagos?
Liu no sabe desde cuando le gusta ser un buen chico, pero solo quiere
que Xander siga llamándoselo.
Quiere seguir sintiéndose en una
nube, aunque hasta la medianoche no entiende de dónde viene ese sentimiento. No
se trata de que flote, sino de que simplemente ya no se hunde, de que un peso
horrible que llevaba sobre sus hombros se ha desvanecido, una carga tan
titánica, pero tan antigua y constante que llegó a pensar que esa presión
sofocante era el peso del aire mismo, que siempre lo había sido. Ahora sabe que
no es así.
Y es que compartir su terrible
secreto con Xander no lo exime de su culpa, no se ha llevado las pesadillas, ni
la insistente necesidad de ser herido, castigado, pero su dolor tiene ahora un
tono más suave, es como si la mano que lo flagela se hubiese cansado y ahora le
azotase de forma… flácida. Claro que cada golpe lo descarna y le hiere y le
hace sangrar y llorar, pero ahora no cae por cada uno, no se hunde más y más en
ese pozo miserable que se había vuelto su mundo.
Y quizá no puede perdonarse a sí
mismo, pero que Xander le perdone le hace sentir mejor. Al fin y al cabo, el
vampiro sabe de maldad mejor que nadie, así que cuando le dice que sus actos no
la tienen, Liu está muy cerca de creerle ¿Si el fuese malo, acaso Xander no lo
vería, como quien reconoce su rostro en un espejo? Liu quiere sanarse, pero
también quiere mantener la herida abierta. Ambos deseos luchan en su interior y
aunque confesarse al diablo le ha aliviado, también ha avivado un debate en su
interior y su cabeza duele de tanto pensar en cómo defenderse y cómo
condenarse, así que Liu abraza a Xander mientras el vampiro le ha puesto una
película boba y hunde la cara en su pecho con un enorme suspiro.
Xander para la película y
acaricia a Liu como hace unos minutos acariciaba al gatito que hay en el sillón
al lado del sofá.
—¿Estás muy cansado? —pregunta el
vampiro, pero Liu ignora eso.
—Escribo mucho sobre eso —dice de
pronto —, escribía, quiero decir, sobre lo que hice, sobre la culpa… también
sobre ti. Pero ahora sabes todo de mí, puedes leerlo. Me daba miedo que lo
hicieses antes, pensé que te… que pensarías que no soy suficientemente… puro,
no lo sé. Que soy algo sucio, corrompido.
Xander mira a Liu con compasión y
ternura. Siempre ve al chico garabatear cosas en su libretita, dejando las
páginas crujientes y arrugadas de tanto que las maltrata cada vez que quiere
sacar algo de él, y aunque nunca ha podido leer nada, siempre ha querido poder
conocer ese dolor que el chico sangra en las páginas, siempre ha querido poder
leerlo, no solo por conocer a Liu, por poseer cada pequeña parte de su
mente, sino porque quiere ayudarle a llevar esa pesada carga que lo hace llenar
libreta tras libreta cuando en su cabeza no caben ya más palabras malas.
—Gracias —murmura apartándole los
cabellos de la frente y viéndole el rostro, tan bonito y pálido a la luz de la
luna —, me hace feliz que confíes en mí así.
Liu enrojece un poco y esconde su
cara en el pecho e Xander todavía más, lo cual le recuerda a las veces en que
Alex -aunque Xander sigue llamándolo ‘’Gato’’ la mitad del tiempo- ronronea y
refriega su rostro en su pecho en busca de calor. Acaricia a Liu detrás de las
orejas igual que hace con el gatito.
—Quería… decir algo más… pedir
algo…
Xander ladea la cabeza, prestando
absoluta atención al chico. Debe luchar porque una sonrisa lasciva no se forma
en sus labios porque conoce ese tono tímido, pero necesitado, oh, lo
conoce tan bien que sus encías arden mientras siente sus colmillos crecer,
anticipándose a la petición del humano.
—¿Hm? ¿El qué, cosita? —pregunta
dulcemente, haciéndose el ingenuo porque realmente le gusta escuchar a Liu
pedírselo, rogar por ser su presa.
—Tengo… Tengo la cabeza hecha un
lío y me gustaría relajarme… —explica el muchacho, sus puños se aferran a la
camisa de Xander, arrugándola sin darse cuenta cuando aprieta por los nervios
—me gustaría no poder pensar en nada…
<<En nada más que
en->> Liu sacude su cabeza, sus
pensamientos son demasiado embarazosos, tanto que esa simple insinuación en su
fuero interno lo hace sentir el calor del infierno en sus mejillas y hasta sus
orejas. Y un calor líquido, menos relacionado con la vergüenza, pero demasiado
cercano al placer, se derrama por su pecho, su estómago y gotea en el norte de
su cuerpo, en aquella zona que ahora se empuja contra el regazo del vampiro.
—Claro, mi bonito humano, estás
tan agobiado y sabes que adoro ayudarte ¿Cómo puedo hacerlo, Liu? Dímelo. —Liu
muerde su labio inferior, frustrado. Xander ya no intenta lucir ingenuo, su
tono es claramente burlón.
—¿Qué es lo que quieres, Lui? —lo
insta a responder y una mano grande baja por su espalda y atrapa su diminuta
cintura. Liu siente la facilidad con la que el otro lo rodea y tiembla.
Xander ha descubierto, con el
tiempo, que aunque Liu teme ser sometido, se derrite pasmosamente rápido cuando
él es un poco dominante. Cuando da ordenes con la voz ronca y la paciencia
colmada, cuando le recuerda cuán grande y fuerte es, cuando lo sostiene quieto
o le amorata la piel con pasión y una pizca de sadismo.
—Dime lo que quieres, Liu.
Ahí está de nuevo. Esa voz
dominante, demandante. Y la forma en que a Liu se le escapa un suspiro
demasiado cercano a sonar con un gemido y en que sus piernas tiemblan e
intentan cerrarse pese a estar dócilmente abiertas alrededor de las caderas de
Xander.
—Quiero que… —aprieta los labios,
tuerce la boca. Se siente tan incorrecto rogar por lo que antaño rezó para que
desapareciese. Tan enfermo que su cuerpo haya aprendido a deletrear el placer
con el nombre de dolor —que bebas mi sangre… —murmura, como compartiendo
un secreto, pese a que Xander ya podía leer ese deseo en sus ojos desde hace
rato. El chico se mordisquea el labio y retiene el aliento, como si aún no
hubiese terminado de confesarse por completo y Xander guarda silencio,
intrigado. —y m-me gustaría, me gustaría que tomases el control hoy… todo,
me refiero.
Las cejas rubias del vampiro se
alzan con sorpresa. Alimentarse de Liu no se ha vuelto algo rutinario
exactamente, pero sí algo que el vampiro puede esperar por lo menos una vez
cada dos meses. Contando la primera vez que hundió sus dientes en su piel tras
volver a su vida, Xander ha probado al chico tres veces y las tres han sido
parecidas: en una bañera llena de agua calientes y espumosa que permita a Liu
mover su mano bajo el agua, oculto por las burbujas que prometen guardar su tan
obsceno secreto de que, en el fondo, está sediento de placer él también.
Xander lo ha hecho exactamente
igual todas las veces porque Liu se lo ha pedido, incluso las cicatrices están
a meros milímetros la una de la otra. Sabe que el chico se siente seguro en las
cosas que le resultan conocidas.
Pero esto… Esto es nuevo.
Capítulo
136
Xander no habría esperado que Liu
le permitiese tomar el control ni ahora ni nunca, no después del terrible
ataque de pánico que tuvo aquella noche, en la discoteca, cuando Xander mostró
de qué es capaz cuando obtiene el control.
—¿P-pasa algo? —la preocupación
es palpable en la voz de Liu.
Tan pronto lo oye, Xander se
percata de que ha estado tan anonadado por la petición del chico que lleva un
par de minutos en silencio, sin siquiera acariciarlo. Xander niega con la
cabeza y es incapaz de ocultar la sonrisa colmilluda que se forma en sus labios
y curva sus comisuras de esa forma tan endiabladamente seductora, pero a la par
peligrosa.
—Solo estoy sorprendido —murmura
Xander y puede notar que tan pronto como la nombra, esa emoción desaparece para
dar paso a una más grande, burbujeante: está impaciente, hambriento de
un modo que rara vez se permite estar cerca de Liu, pues teme asustarlo.
Liu parece contentarse con esa
repuesta, pues no replica nada más, solo toma una temblorosa bocanada de aire y
se aferra a la camisa del vampiro, esperando. Pero Xander quiere tomarse su
dulce tiempo, saborear poco a poco el momento y, por supuesto, asegurarse de
que no es más indulgente con sus propios deseos de lo que es paciente con los
límites de Liu.
Se inclina hacia su cuello y Liu
se tensa, puede sentirlo en su espalda delgadita, la cual tiene en la palma de
su mano mientras la rodea la estrechez de su cintura, e inhala su adictiva
esencia. El aroma de Liu es calmante, suave, pero últimamente Xander puede
apreciar un matiz picante que más que opacar su dulzura, la complementa de una
forma que le hace salivar, como un toquecito de canela diluido en algo cremoso
y que se funde en la boca de uno, dejando un gusto que se siente como una
caricia. Xander recoge ese olor deslizando su nariz por la curva del cuello del
chico, empezando por el lugar donde su hombro se une con su clavícula y
terminando en el punto blando donde su oído y su mandíbula conectan, pasando
por la piel rasa, pero también por la herida. Y cada vez que Xander barre con
su piel de porcelana las cicatrices, su piel evoca recuerdos de dolor,
vulnerabilidad y un tinte de placer que hacen de la cabeza de Liu un lío de
mareo y sumisión.
Su cuerpo se relaja un poco y sus
manos temblorosas se dirigen a los botones coloridos de su camisa. El índice y
el pulgar tropiezan y antes de que Liu pueda aclararse y soltar el primer
botón, Xander le instruye lo contrario:
—Deja tus manos quietas —susurra
en su oído, la voz ronca, reverberante, parece atravesarlo entero, hacer
temblar hasta la médula de sus huesos. Liu se queda estático, agarrándose ese
primer botón que tan torpemente trataba de desabrochar —, seré yo quien te
desnude. Y será cuando yo lo desee.
Liu deja ir un suspiro largo. Su
labio inferior tiembla y Xander puede escuchar su corazón acelerándose de una
forma que le recuerda al de sus presas nerviosas entre sus garras en el momento
exacto en que se dan cuenta de que están a su merced. Vuelve a recorrer el
cuello de Liu tomando una profunda inhalación, pero ahora en el lado donde su
piel todavía es virgen y parece rogar por un par de sangrientas marcas.
Liu se estremece y mueve su
cabeza hacia le lado contrario, ofreciéndose con una docilidad deleitosa.
—Han sido unos días estresantes
para ti, ¿verdad, mi cosita humana y preciosa? —pregunta el vampiro, su tono es
condescendiente, lleno de una dulzura que solo puede ser caricaturesca,
burlona, así como la sonrisilla en sus labios lo indica. Pero a Liu le gusta la
suave crueldad de la voz del otro y responde con un ruidito afirmativo —Has
tenido tantas cosas en tu cabeza, tantos días en vela estudiando, tantas
preocupaciones… —Liu se siente comprendido, escuchado, tanto que quiere llorar
del alivio que supone que alguien reconozca todo el estrés que ha sufrido.
Sus ojos brillan, pero cierra
antes de derramar ninguna lágrima. Xander besa su cuello, de arriba abajo,
mientras habla, y mientras con una mano le sigue sosteniendo la cintura, con la
otra le echa la cabeza para atrás, sus dedos firmemente anudados en los
mechones chocolate de la parte de atrás de su cabeza.
—Pero ya está, Liu. Hoy vas a
dejar que me ocupe de ti y voy a asegurarme de que no puedas pensar en nada, de
que no puedas siquiera hablar ni andar porque tus labios y tus bonitas piernas
tiemblan demasiado.
La mano en la cintura de Liu lo
maneja con facilidad: obliga al chico a moler sus caderas hacia delante, a
empujar la vergonzosa erección que ha estado intentando ocultar desde el inicio
hasta que es tan obvia que no puede sino gimotear, pues el vampiro le obliga a
deslizar su erguido miembro lento y duro contra el propio. Le gusta sentir como
el chico tiene un escalofrío tan pronto su mano hace que Liu deba levantarse un
poco de su regazo para poder trazar con su propia hombría la longitud de la del
más grande. Hay un toque de humillación en el hecho de que Liu se sienta
pudoroso cuando sus deseos despiertan mientras Xander muestra los suyos con
orgullo, presumiendo de su tamaño, de su confianza, de lo sencillo que es hacer
que el chico sienta un calor abrasador en sus entrañas y, en consecuencia, se
derrita en sus manos hasta volverse moldeable.
Xander hace a Liu molerse contra
él un buen rato: primero ascendiendo lento por cada uno de sus centímetros,
luego bajando hasta que sus temblorosas piernas hallan de nuevo el alivio de su
firme regazo. La cabeza de Liu sigue hacia atrás, pues Xander besa y chupa su
garganta mientras se frota con él, probando contra sus labios las vibraciones
de deliciosos sonidos que cuando alcanzan la boca de Liu son gemiditos ahogados
y jadeos.
Muerde la piel en su cuello
tentativamente. Duros dientes apretando su ternura, afilados colmillos a los
lados, como una amenaza, una promesa. Liu se siente mareado. Un muerdo de dolor
en su cuello, todavía sin sangre, y una dulce frustración entre sus piernas,
matándolo por cada roce lento con el que su amante le obliga adorar su tamaño
con el propio.
Liu siente que la ropa le aprieta
demasiado. Que Xander lo hace moverse demasiado despacio, pero que tampoco
soportaría si fuese más rápido.
Liu abre los ojos de golpe y un
grito sorprendido es arrancado de su garganta cuando su camiseta también lo es
de su cuerpo. Los botones repiquetean en el suelo, arrojados a todas las
direcciones, y la ropa de Liu se estira contra su piel hasta hacerse jirones y
desgarrarse. Las manos de Xander, tan imprevisibles, grandes y fuertes, dan
unos últimos tirones, terminando de dejar el torso del chico expuesto y ahora
veteado por líneas rojas allí donde la tela se ha roto con violencia contra su
dermis.
El corazón de Liu se acelera, su
pecho sube y baja despacio. Xander acaricia su pecho con su enorme palma, llana
y cálida. Es un toque gentil, pues el vampiro desea serlo con él, pero su piel
todavía arde y su cuerpo tiembla por la facilidad con la que el otro ha
destrozado su camisa, pues por muy gentil que Xander sea, sus deseos son en
esencia violentos. Y Liu sabe que eso es solo un recordatorio, una pequeña
muestra de lo que está por venir. De los colmillos. De la sangre.
Se siente tan indefenso en sus
manos que las lágrimas que antes había logrado mantener en sus ojos, ahora
corren por sus mejillas. A la vez, Liu agradece mucho más la amabilidad de las
caricias y besos de Xander ahora que conoce la violencia de la que son capaces.
—No te asustes tan pronto
—susurra con diversión y maldad en su oído. La mano que antes estaba en su
cintura vuelve y, como queriendo enseñarle al chico que no se ha olvidado de
torturarlo, vuelve a hacerlo mover sus cabezas adelante y atrás, arriba y abajo,
trazando con la erección de Liu la suya propia —, solo estoy empezando, Liu.
Las caderas del muchacho se
mueven solas cuando ese tono ronco y cavernoso ronronea en su oído, se empujan
hacia delante dolorosamente, buscando un placer por el que Liu sabe que deberá
esperar, ahora que no está en su mano. Puede sentir su sexo palpitar, arder
como una barra de acero al rojo vivo en la cual los pliegues de sus pantalones
se le clavan horriblemente y la dureza de los de Xander estorba. Lloriquea un
poco, harto de la ropa que hay entremedio de ambos, pero demasiado avergonzado
como para desear retirarla.
El vampiro le suelta el cabello y
Liu mueve la cabeza de lado a lado, su cuello dolorido por la tenacidad del
agarre, su cuero cabelludo pulsando. Xander deja de hacerlo molerse contra él y
aleja al chico un poco de él cuando antes prácticamente estaba recostado sobre
su pecho.
Así, con Liu en el filo de su
regazo, puede ver su torso desnudo y la tirantez de sus pantalones. Liu
enrojece y, sin saber bien qué hacer con sus manos sin propósito, se tapa la
cara.
—Oh, no, no. No tienes permitido
hacer eso —lo regaña Xander y recogiendo unos jirones de lo que antes fue su
camisa, el vampiro toma las muñecas del chico y las apresa a su espalda,
atándolas con la tela maltrecha poco después.
Liu solo es consciente de lo que
ha pasado cuando el vampiro retira sus manos que tan prestamente se movían en
su espalda y siente la tirantez en sus muñecas, la imposibilidad de traer sus
brazos al frente. Liu respira rápido de pronto.
Eso quería ¿Cierto? Ceder el
control a Xander, ser un objeto para sus deseos y no poder pensar en nada más.
Convertirse en una presa, en vez de una persona, y dejar junto a la humanidad
de la que se despoja esta noche todas las preocupaciones y las responsabilidades
que con ella vienen.
Pero esto es demasiado real.
Liente pánico por un segundo y su lengua se traba cuando quiere replicar. Lucha
contra las ataduras pero Xander se percata de lo que está por suceder y le
acaricia la nuca con una mano. Lento y amable, lo suficiente para regularizar
un poco su respiración.
—No pasa nada —le dice con voz
afable y aunque Liu tiene miedo, siente que debe someterse a la voz del
vampiro, que no podría mentirle. Xander lleva su otra mano a la espalda del
chico y tira de sus ataduras, asegurándose de que no le aprietan demasiado —,
tan buen chico… —murmura mirándole a los ojos cuando logra tranquilizarse un
poco —Tan bonito, no quiero que cubras tu rostro ¿Entendido?
Liu solo es capaz de asentir con
un tembloroso ‘’mhm’’ que parece entretener a Xander. Luego el vampiro observa
sin prisa el pecho y abdomen de su humano, ahora sin la interferencia de unas
temblorosas manos que quieren interrumpir su deleite en nombre de la timidez.
Los ojos de Liu lucen lloroso con anticipación, placer y nerviosismo y sus
labios están ya rojos de tanto morderlos, su cuello está lleno de marcas
amoratadas que Xander ha dejado sin querer y su bonito pecho sube y baja
mientras el bulto en sus pantalones no hace más que estremecerse.
Le gusta demasiado haber
convertido a Liu en un lío lloroso y excitado tan pronto, con tan poco
esfuerzo. Vuelve a sostener su cintura con una sola mano, rodeándola sin
dificultad porque, dioses, ama la forma en que las curvas del chico
parecen hechas para caber, para encajar en su palma. Con su otra mano,
acaricia cuidadosamente su pecho, su abdomen… desliza sus nudillos por este,
notando como se hunde por la impresión que su contacto causa, y llega a la
orilla de sus pantalones. Traza con el índice la piel que besa esa prenda, como
combatiendo la tentación de desnudarlo por completo, y luego vuelve a subir.
Con la palma de su mano ahuecada
toma a Liu por uno de sus costados, cuatro dedos reposando en sus dorsales
mientras el pulgar traza suaves círculos alrededor del pezón derecho.
Liu mira hacia abajo, mareado por
el placer de la caricia y por la frustración de que esté casi, pero no
aún tocándolo en una zona tan sensible. Xander escruta su rostro, fascinado por
la forma en que el chico enrojece o cierra los ojos para luego abrirlos y echar
otro vistazo a lo eróticas que le parecen esas manos tan grandes manejando su
cuerpo como un juguete. Liu es tan bonito, tan tierno, de hecho, que el vampiro
decide premiarlo tocándolo: la huella de su pulgar pasa sobre la protuberancia
rosada en el pecho del otro y se estremece de pura sensibilidad. Xander no hace
nada demasiado intenso, aún, solo deslizar su dedo arriba y abajo, rozando el
sensible pezón, pero aun así Liu no puede dejar de temblar y a veces sus
caderas se empujan hacia el aire desesperadamente sin que él lo pretenda.
Las manos de Xander se deslizan
por el cuerpo del chico, cambiando su posición: la que lo tomaba por la cintura
asciende para que su otro pulgar pueda estimular el pezón desatendido del
muchacho y la otra deja de sostenerlo para poder jugar más precisamente con él.
Xander pellizca suavemente entre su índice y su pulgar el endurecido pezón que
ha pasado varios minutos amasando su dedo hasta dejarlo receptivo y hacer que
el chico sienta descargas de placer por cada nimio roce.
Liu se retuerce. Xander acaricia
gentilmente uno de sus pezones hasta endurecerlo mientras tortura el otro con
pellizcos juguetones que lo arrasan con oleadas de un dolor extraño que hace su
interior burbujear de emoción. Entonces el vampiro deja de acariciar la rosada
frutilla que estaba rozando con su pulgar y se inclina, sus labios cerrándose
alrededor de la aureola y succionando segundos después. Liu no puede hablar,
solo luchar contra los vergonzosos sonidos que salen su boca y que llenan la
estancia.
Suena tan patético, tan sensible
e incoherente. Solloza porque su cuerpo está recibiendo demasiado, incluso si
el hombre todavía está divirtiéndose con un mero juego preliminar, y sus ojos
ruedan hacia atrás en sus cuencas cuando el vampiro tira de uno de sus pezones
con los dedos y hace lo mismo con el otro, solo que usando sus dientes.
Liu siente su cuerpo entero en
tensión, su espalda arqueada, sus puños cerrados y sus dientes chocando entre
ellos. Y el vampiro suelta sus sensibles partes, haciendo que una oleada
ardiente de alivio lo recorra entero. Pero su descanso es corto y pronto los
labios de Xander rodean su otra tetilla, la lengua carnosa y húmeda probando la
sensibilidad de su piel y su otra mano jugueteando con el pezón mordisqueado y
viscoso de saliva, apretándolo para que se escurra entre sus dedos,
pellizcando, tirando suave pero continuo.
Liu se siente en el cielo y el
infierno. La dulce tortura lo hace incapaz de pensar en nada más que Xander.
Sus manos grandes y hábiles. Cómo han roto su ropa. <<Cómo podrían
romperme a mí>>. Sus labios. Sus besos. Su lengua. Sus dientes.
Los escalofríos son como
electricidad. Liu debe ganarse cada ahogada respiración. El aire es fuego. Su
sangre magma. Y en su vientre bajo la lava caliente parece derramarse sobre sus
muslos, sus ingles, su sexo. Siente su deseo caliente, húmedo, pulsante y
necesitado.
Y Xander lo sabe, pero
decide ignorarlo. Decide seguir torturando esa otra parte de Liu, alimentando
su anticipación, su frustración. Hasta que se detiene.
Cuando el vampiro se aleja, Liu
tiene el pecho húmedo de sus lamidas y alrededor de sus sensibles pezones puede
intuir la sombra violácea de unos chupetones que le durarán días. En el
silencio de la noche, es vergonzoso lo mucho que se oyen las agobiadas
respiraciones del humano, pero para Xander son una melodía hermosa. Observa su
obra y desliza su mano por el vientre del chico de nuevo.
—Una piel tan deliciosa —comenta
y realme sus brillantes labios —¿Por qué no le doy un descanso a tu cuellito y
muerdo en otro lugar?
Sus ojos mapean el torso de Liu y
el chico escanea su mirada roja tratando de detectar interés, de adivinar donde
morderá. Su corazón late tan rápido que lo ensordece, sobre todo cuando los
rubíes del vampiro se clavan de pronto en su mirada chocolate llena de
preocupación.
—¿V-vas a morderme en…? —no logra
acabar su frase, solo insinúa su final mirando hacia abajo, hacia su delgado
pecho y sus enrojecidos pezones. Traga saliva al pensarlo.
—Quizá este es uno de los sitios,
sí —habla de forma tan casual que a Liu le recorre un escalofrío. Luego repara
en sus palabras y siente otro, este le genera un temblor temeroso.
—¿Uno… uno de los… sitios?
—apenas puede formular la pregunta. La idea lo marea, no ha decidido aún si le
gusta, mas es innegable que le afecta hasta adormecer su lengua.
Xander sonríe, sus dientes
perfectos, sus labios gruesos, sus hoyuelos. Sus colmillos.
—¿Algo que objetar? —pero lo que
sale de sus labios no es una pregunta, no una que invite a ser respondida al
menos. Su tono es mordaz, como un reto. Una advertencia, quizá.
Liu traga saliva y niega. La mano
del vampiro sobre su pecho sigue acariciando la superficie lisa y suave, como
queriendo memorizar la textura virgen de su piel antes de que sus colmillos la
conquisten y pinten en ella enormes marcas que podrá sentir en la punta de sus
dedos cada vez que lo acaricie. Como si quisiera recordar cómo se siente Liu,
siendo puro, para que cuando lo corrompa ese recuerdo solo lo haga todo más
delicioso. La mano surca su vientre y solo las puntas de sus dedos alcanzan a
acariciar su vientre bajo, casi rozando de nuevo la tela del pantalón.
Liu sabe que esta vez Xander no
está provocándolo, no es juguetón. Su intención de desnudarlo es seria, pero no
por ello apresurada, así que mete su índice, en forma de gancho, dentro del
elástico de sus pantalones y baja solo un poquito. Con su otra mano acaricia el
centímetro -si alcanza- se piel descubierta, como maravillado por su suavidad,
por su anterior inaccesibilidad. Lo acaricia tan dulce que Liu apenas se da
cuenta de cómo el otro lo observa.
Con hambre, pero también con
indecisión.
<<Está deliberando donde
morderme. En qué lugar… lugares>> piensa el chico
y bien podría ser él un vampiro también, pues ha adivinado a la perfección los
pensamientos de Xander.
Quizá acaba mordiéndolo hoy en el
cuello también, es demasiado delicioso, casi irresistible, pero no está seguro.
Su pecho es suave, delicioso, pero teme hacerle mucho daño en una zona tan
delicada. Su estómago es más tierno, pero con su figura delgada y su cintura
estrechita le da miedo que sus dientes atraviesen más de lo que es conveniente
para Liu; si decide morder ahí debe hacerlo cuando ya esté algo saciado, para
poder controlar mejor la profundidad. Su espalda podría ser un buen lugar,
podría cerrar sus mandíbulas alrededor de sus omóplatos, dejar en él cicatrices
que indiquen que es un pequeño ángel y que una bestia terrible le ha arrancado
las alas a dentelladas. Sus piernas también son carnosas y el espacio entre
ellas tan sensible como atractivo, pero primero necesita ver cómo reacciona Liu
a tener su boca hambrienta tan cerca de su deseo. Sus muñecas…
<<No>>.
No son un mal lugar para morder:
la sangre fluye fácil y la delgadez de la articulación entre las grandes
mandíbulas de Xander le resulta deliciosa, pero <<¿Poner mis dientes
en el lugar donde él ponía la navaja? ¿Darle dolor donde él se ha acostumbrado
a él como tortura, como castigo? No desenterraré ese recuerdo con mis dientes.
No sucumbiré a esa dulce ironía.>> Está decidido a dejar las muñecas
de Liu libres de marcas, para siempre. Son un lugar sagrado, así que también es
sagrada su decisión de no mancilladas más.
—¿Puedes levantarte, Liu?
El chico gimotea por la pregunta
y por el hecho de que tan pronto la dice, Xander suelta la gomilla de su
pantalón, haciendo que la tela chasquee contra la piel tan gentilmente
acariciada segundos atrás. Y la pregunta suena educada, pero la sonrisa engreída
de Xander desvela que la pregunta real es otra, algo como <<¿Puedes levantarte,
Liu, o he hecho temblar tanto tus piernas sin siquiera desnudarte que no eres
capaz ni de tenerte en pie para mí?>>
Lo peor de todo es que el
muchacho no está seguro de la respuesta, pero aun así trata de levantarse.
Parece un venado recién nacido al inicio, pero logra colocarse de ese modo
frente a Xander, que está cómodamente sentado en el sofá, su espalda reclinada
en el cómodo respaldo, sus piernas cómodamente abiertas y una de sus manos tras
su cabeza, levantando y flexionando su enorme brazo, mientras la otra reposa en
su muslo.
Xander luce tan confiado, como si
ocupase todo el espacio a su alrededor, y Liu es una frágil ramita enfrente de
su magna figura. Sus brazos atados a su espalda, su flequillo castaño cayéndole
en el rostro y su espalda ligeramente curvada en un intento de hacerse más
pequeño.
Xander se reclina hacia delante
en el sofá, acercándose más a Liu. Ahora que uno está estando y el otro de pie,
sus dos rostros coinciden en altura. Liu mira al suelo y Xander lo examina como
quien ojea con interés un producto recién adquirido y se deleita en las
posibilidades.
—Ponte recto —ordena y Liu hace
tal y como le dicen, aunque se sienta más expuesto, más desnudo pese a llevar
todavía ropa interior y pantalones, ambas prendas inútiles en sus intentos por
disimular su erección.
Xander vuelve a colocar su índice
por dentro del elástico del pantalón del chico, y de su ropa interior. Acaricia
un poco esa zona fronteriza y baja sus prendas hasta que estas reposan por
debajo de los huesos de su cadera, revelando la ligera protuberancia del pubis
de Liu.
El vampiro se inclina un poco más
y Liu mira al techo, porque sus ojos, pese a ser oscuros como la corrupción
misma, no pueden soportar ver lo terriblemente erótica, lo obscena que es la
imagen de Xander acercándose a su necesitada hombría, de sus labios trazando en
su piel un camino hacia el pecado.
Pero Liu no necesita verlo,
porque su piel le da tantos detalles que puede reconstruir la imagen en el
dorso de sus párpados: la boca caliente y sedosa bajando hasta su ombligo y
luego abriéndose un poco. La frialdad de los dientes contra su piel y luego el
calor, la humedad, la intensidad de una lengua que baja con un pincelazo lento
y escalofriante hasta donde la ropa lo protege. Xander da un último
lametón a esa zona demasiado baja para seguir siendo su abdomen, pero solo unos
milímetros a salvo de llamarse lasciva. Y luego nota algo tomando sus
pantalones de nuevo, solo que esta vez no son las manos de Xander, pues las
tiene en sus piernas, sosteniéndolas porque tiemblan demasiado.
Son sus dientes.
Y con ellos baja la prenda. Poco
a poco. Solo la fina tela de su ropa interior lo separa de la total desnudez,
pero mientras siente al vampiro deslizar sus pantalones por sus piernas y
deslizar su nariz por el contorno de su erección, Liu es tan vulnerable y
sensible que bien podría estar desnudo. No, descarnado.
El muchacho solo se atreve a
bajar la vista cuando tiene que levantar sus pies para quitarse del todo los
pantalones, pues tiene miedo a caerse por el mareo.
Cuando lo hace, Xander le sonríe
con malicia y pronto sus ojos vuelven a caer sobre esa zona que tanto le
avergüenza, no solo porque su excitación está dura y querida, pulsando
patéticamente contra la suave tela y mojándola ya en la punta, sino porque su
ropa interior es más pegada de lo usual y color rosa, con bonitos lacitos de
satín a los lados y aunque por la forma en que lo mira Liu sabe que Xander
adora ese detalle, también piensa que es terriblemente vergonzoso que el
vampiro sepa que se ha puesto esa prenda por él, para él. Porque planeó
esa noche, porque pasó días, semanas, fantaseando con no tener que
sofocar él con su mano su deseo cuando Xander lo mordía y solo ahora ha reunido
el valor de pedirle que vuelva a hacerlo suyo, sin robar su autonomía esta vez.
—Tan buen chico… —halaga Xander
con tono maravillado, acariciando el delicado tejido primero con sus dedos,
luego con sus labios. Liu aprieta sus puños, las ataduras mordiéndole las
muñecas con saña, y gimotea mientras nota los blandos, agradables labios contra
la curva de su pene dejando un camino de pequeños besos —Debería recompensarte
por tan agradable sorpresa ¿No crees?
Liu se siente flotar cuando el
vampiro lleva sus manos a la goma de su hermosa lencería y tira hacia abajo,
quitando tan refinada y bonita envoltura para liberar sus sucios deseos.
Mientras el vampiro desliza la tela hasta sus tobillos y le retira esa última
prenda, Liu mira su propio pene, la forma en que la cabeza está ya roja de
frustración y brillante por la humedad, la rigidez llena de deseo de su eje.
Apenas puede creer lo lascivo que se ha tornado su cuerpo sin su permiso.
Xander ríe cuando se percata de
dónde están los ojos del chico y usa una mano para rodear sin dificultad uno de
sus muslos, asegurándose así de que el chico no se cae -ni huye-, con la
otra rodea su pene. Liu se siente ridículo: toda su longitud contenida en el
puño del vampiro, con solo una tímida, rosada punta que asoma si el hombre tira
de su mano hacia abajo. Se siente pequeño en comparación, pero algo en eso lo
enciende, algo en el hecho de que Xander sea tan grande que él luce de juguete
en comparación es demasiado caliente como para que su pene lo ignore, pues
chorrea presemen sin quererlo, gimiendo de la frustración cuando nota su cuerpo
gotear sin su permiso de ese modo.
Xander ríe de nuevo. El sonido es
cruel, adictivo. Liu cierra los ojos, pero un chasqueo de dedos y la súbita
frialdad en su eje lo hacen abrirlos.
—Vas a mirar todo lo que haré
contigo —dice con voz firme Xander y Liu asiente, por lo que es recompensado
con esa cálida y enorme mano abrazando de nuevo su necesitada hombría. Liu
gimotea por el contacto y la presión.
Muele su mano despacio, la
cerezita roja de Liu apareciendo y desapareciendo a medida que su puño sube y
luego baja, apretando deliciosamente en la base, esperando unos tortuosos
segundos antes de hacer de nuevo su camino hasta la punta, que se humedece de
gusto cuando es acariciada por el cilindro de cada dedo, el calor de sus yemas,
el toque frío y electrizante de los dos anillos que el vampiro porta en su
índice y anular.
Liu se mantiene en pie durante la
lenta masturbación, no sin problemas, pero Xander lo asiste con una mano que le
sostiene fuerte una de sus piernas, rodeándole el muslo sin problemas, y que
cuando lo nota más estable sube hasta su espalda, acariciando los hoyuelos en
la base de esta y pasando suavemente los dedos por la deliciosa curvatura de
sus nalgas.
Liu jamás ha sido tocado con
tanta paciencia, con una mano cuidadosa que recorre cada centímetro de su
excitación como queriendo memorizar su topografía, así que la sensación es
increíblemente nueva: por cada vez que Xander asciende o desciende, una oleada
profunda de placer lo engulle, pero gotea poco a poco, dándole la extática
sensación a cuentagotas, haciéndole desear más.
Sus caderas empiezan a moverse
tímidamente, exigiendo que el ritmo se torne tan frenético como sus ganas por
terminar. No se trata de que el placer sea poco, sino de que es exactamente
el necesario para mantenerlo en la orilla del orgasmo: temblando, jadeando,
ahogándose en el clímax que puede notar en sus labios, pero incapaz de la
liberación que supondría cruzar la línea, hundirse en el placer.
—Despacio… —ordena Xander y la
mano que le estaba acariciando la columna ahora lo toma por las caderas,
impidiendo que el chico las siga moviendo —No vas a correrte aún, Liu. Es una
orden.
Su voz es tan buena. Tan
dominante. Ronca. Profunda. Liu siente un hormigueo rizándole los dedos,
haciéndole tirar de la cuerda alrededor de sus muñecas y sentir otra, firme y
tensa, en su vientre, a puno de romperse por la presión. Liu tiene que morderse
muy fuerte el labio para no correrse y tiene que cerrar también los ojos para
ello, porque el rostro de Xander es demasiado exquisito y su mano jugando con
su pequeña erección demasiado obscena.
Pero Xander le ha dicho que mire
y Liu sabe que incluso si está siendo premiado, la desobediencia supone un
castigo. Es forzado a abrir los ojos cuando nota la mano en su cadera moverlo.
De pronto, Liu vuelve a estar sentado en el regazo de Xander, quien abre sus
piernas cómoda y anchamente para forzar al chico a separar las suyas.
—¿Qué te he dicho que hicieras?
—pregunta el hombre con tono severo.
Pero hablar no es lo único que
hace Xander: a su misma vez, su puño tira del pene del chico de forma
deliciosa, dejando la cabeza en forma de cereza totalmente expuesta,
floreciendo en el centro de su mano cerrada y, con la misma mano, desenrosca su
pulgar de alrededor del eje del muchacho y empieza a deslizar la yema por la
rojez del chico. Su dedo aprieta la punta húmeda y rodea su circunferencia con
pequeñas caricias que hacen al chico retorcerse de sensibilidad. Puede sentir
el calor y la presión de ese dígito como fuego contra sus partes más sensible,
traza el contorno de su glande, se desliza adelante y atrás en la tensión de su
frenillo y finalmente pasa por la hendidura perlada de presemen de la cabeza de
su miembro, apretando el diminuto agujero como con la cruel intención de probar
su resistencia y abrirlo más adelante.
Liu se estremece e intenta
responder, incluso si su voz está rota y su cuerpo apenas le obedece.
—Q-qué… mi… mir-mirase…
—No cierres los ojos de nuevo.
Liu quiere rebatir que ha tenido
que hacerlo para poder cumplir la orden de no correrse, pero sus labios le
traicionan emitiendo sin su permiso un dulce y dócil:
—Sí, señor.
Xander, satisfecho, lo mira con
una enorme sonrisa y empieza a masturbarlo de nuevo. Lento, pero un poquito
menos que antes. Liu jadea por el pequeño incremento de placer y clava sus ojos
en la mano habilidosa que maneja su sexo como si de un sencillo divertimento se
tratase, moviendo sus dedos de forma distraída y, con ese simple acto, haciendo
que oleadas y escalofríos de placer dejen a Liu hecho un lío de sonidos
hermosos y lágrimas de placer y frustración.
Mientras juega de ese modo con él
la mano en la espalda de Liu lo maneja discretamente, haciéndole arquear su
espalda y ofrecer su trasero, el cuál luego es amasado por esa misma mano. Liu
se siente terriblemente avergonzado por la forma en que está a disposición del
otro, con sus piernas abiertas, su sexo siendo manipulado para el placer de
otro y, ahora, una gran mano apretando sus nalgas con gusto.
—Ya que no tienes permitido
correrte aún, iba a ser amable, a tocarte solo de este modo y no dejar que te
acercases demasiado al orgasmo, pero ahora que has sido desobediente, creo que
lo haré más difícil —Liu tiembla por las palabras de Xander, por la forma en
que no solo suenan serias y amenazantes, sino también divertidas, como si el
vampiro hubiese esperado su fracaso y hubiese estado sediento de castigarlo.
Un escalofrío lo recorre cuando
el vampiro deja de amasar una de sus nalgas y desliza sus dedos al espacio
entre ellas, el dedo corazón hallando su sensible enterada y acariciándola
tentativamente.
—¿Qué prefieres, Liu, que te
folle con mis dedos mientras te masturbo o que use mi lengua en tu bonita
polla? Si te corres con cualquiera de ambas cosas, haré la otra también. Y a
partir de ahí, por cada vez que te corras te morderé en un lugar que a mí me
plazca. Te sugiero que escojas bien y que intentes aguantar, tenemos mucha
noche por delante y no sé si tú tienes el suficiente aguante.
Capítulo 137
Liu apenas puede pensar, las
palabras del vampiro son tan eróticas y a la vez tan amedrentantes. En nada
ayuda que su tono malicioso venga acompañado de un toquecito burlón, como si el
vampiro se recrease en su temor y sus nervios -y lo hace, Liu está convencido
de ello- y como si además supiese desde el inicio que el juego está truncado,
que Liu no tiene oportunidad alguna de ganar, solo la cruel ilusión de sus
fallos son su sola responsabilidad.
Liu trata de racionalizar las
palabras de Xander. Debe escoger: sus dedos o su lengua. Y ambas opciones
suenan igual de maravillosas, así que Liu está jodido haga lo que haga, pero el
chico ya ha empezado a pensar que no se trata de no correrse, pues el vampiro
es insidioso y su exigencia imposible, sino de no hacerlo demasiado rápido como
para convertir el resto de su noche en una tortura en la que el otro lo drene
poco a poco de sangre y placer.
Xander impide a Liu pensar con
claridad, pues aprieta duro en su puño el pulsante pene del chico mientras su
pulgar lame la sensible punta, insistiendo en la hendidura que gota néctar, y
su otra mano acaricia el espacio virginal entre sus nalgas, un dedo rodeando su
anillo muscular como probando su ternura antes de romperlo.
Si Xander chupa su sexo y él es
forzado a mirar se correrá en segundos, lo sabe. Su lengua larga y carnosa es
aún más fuerte que su puño y su boca es más húmeda, más cálida, más erótica. No
podrá aguantar.
Sus dedos en su interior, sin
embargo, pueden incluso dolerle al inicio y aunque Liu no desea sentir que está
siendo roto, eso puede ayudarle a bajar su excitación.
—T-tus dedos… —susurra
finalmente, aunque su voz no transmite firmeza alguna.
Xander se inclina hacia él,
riendo con malicia, y besa las comisuras de sus labios. Sigue masturbándolo
despacio y duro mientras lo besuquea tiernamente y poco a poco sus besos se
tornan pequeñas lamidas sobre su boca. Liu gimotea, temiendo que la sensación
de esa húmeda lengua sobre sus labios vaya a hacerlo correrse mucho antes de
tiempo, pero el vampiro parece compadecerse, pues muerde su labio inferior,
sobresaltándolo y haciendo que la sorpresa tome el lugar de la creciente
excitación.
Liu respira tranquilo unos
segundos, todo lo tranquilo que puede hallarse cuando una mano se muele en su
entrepierna y lo mantiene demasiado cerca del orgasmo, haciéndolo retorcerse y
jadear por las electrizantes corrientes que recorren su cuerpo entero. Nota
sangre caliente cayéndole por las muñecas, que se pelean sin querer con las
ataduras.
Xander se reclina hacia atrás en
su asiento, observando al chico.
—Mírame a los ojos —le ordena, a
la par que retira la mano que tenía tras él y se la acerca a los labios. El
calor de sus dedos le hace suspirar y el frío pinchazo de los anillos contra su
boca se siente como hielo siendo prensado contra su piel. Liu se sobresalta por
la sensación y desvía sus ojos unos segundos a los anillos dorados, dirigiéndolos
luego a los ojos de Xander. —, quítamelos. —ordena y roza los labios sensibles
y enrojecidos del chico con el frío metal que rodea sus dedos. Liu lo mira,
confuso, y vuelve a luchar contra sus ataduras. Xander niega —Con la boca.
Liu obedece de inmediato. Se
siente tan cansado, drenado de todas sus fuerzas y resistencia, que le tiemblan
los labios al abrirlos y rodear con ellos el índice y el dedo medio que el
vampiro le ofrece, incluso si en este segundo no lleva anillo alguno.
Xander no mueve su mano, hace al
chico trabajar por ello: Liu debe arquear su bonita espalda y empujar hacia
delante su cabeza de cabellos desordenados y lágrimas hermosas para hacer
desaparecer esos dedos largos y gruesos entre sus labios. Engulle la mitad de
estos, hasta llegar al primer nudillo, pero los anillos todavía le quedan lejos
y las yemas del vampiro ya acarician amenazantemente el final de su lengua.
Tose, retirándose un poco, su
respiración acelerándose y la mano en su entrepierna haciendo lo mismo. Los
ojos de Liu se ponen en blanco unos segundos, en el preciso instante en que
Xander lo masturba como buscando arrancarle un orgasmo y empuja sus dos dedos
al final de la garganta del chico hasta que el anillo choca con sus dientes.
—Liu —lo llama el vampiro y el
chico reacciona al instante, dócil, alerta, mirándole a los ojos de nuevo con
el temor de haberlo desobedecido y ganarse un castigo. Pero su vista se
descentra tan pronto… apenas puede focalizar sus pupilas en un punto por culpa
del placer que lo recorre como un terremoto y por culpa de los dedos que se
empujan en su garganta haciéndolo toser y salivas, incapaz de tomar al vampiro
entero —, vamos, ya casi lo tienes, buen chico —lo halaga, por lo que el
muchacho hace el esfuerzo de morder el anillo y el vampiro poco a poco retira
sus dedos de la boca del chico, dejando que este le quite el anillo con los
dientes. A mitad de camino, Xander dice: —, ¿Serás tan bueno como ahora cuando
esté empujando estos mismos dedos dentro de su bonito culo?
Liu jadea y su respiración se
corta. Lo nota en ese momento. La tensión, el hormigueo. Va a correrse si sigue
pensando en las mareantes palabras del vampiro. Nota su polla estremeciéndose,
sus testículos apretándose. Piensa en los dedos entre sus labios. Su grosor, su
profundidad. Los imagina en su trasero, moviéndose. El vampiro le sonríe
malicioso mientras el chico escupe un lío de saliva en su palma, donde el
anillo se desliza entre el traslúcido líquido como una reliquia. La forma en
que Xander lo mira, tan malo, tan orgulloso. La forma en que lo masturba.
—N-no puedo, X-Xander, no pued-
El vampiro es comprensivo y
suelta el pene del chico en ese mismo instante, el chorro de placer que
empezaba a erupcionar en su interior cortándose bruscamente, dejando al chico
sensible, dolorido. Su orgasmo pulsa dentro de él, late como algo caliente,
pesado, de lo que necesita liberarse para respirar tranquilo de una vez.
—No tan pronto, Liu, todavía no
he empezado —le dice con un tono burlón que lo enciende demasiado y, después:
—. Me quitaré el otro anillo yo mismo, como recompensa por lo bien que lo has
hecho con este. Tan buen chico ¿Te sientes impaciente por que vuelva a tocarte?
¿Tienes ganas de ser una cosa patética que no puede evitar correrse y que
terminará siendo mi juguete esta noche? ¿Lo estás imaginando ya, cómo te
morderé y te tocaré hasta que no puedas mantener tu bonita mirada en la mía?
Liu no es capaz de responder, no
con palabras, aunque sí con una voz rota y un gimoteo tan cagado de vergüenza,
como de la confesión de que sí, desea todas esas cosas a la par que le
intimidan. Xander ama como el chico apenas puede sostenerle la mirada, como sus
ojos lucen grandes y oscuros como los de un cachorrito, tan llorosos, con sus
pestañas mojadas y sus párpados y ojeras relucientes por las lágrimas que los
barnizan.
Liu observa como el vampiro se
saca el anillo del anular. Usa su boca, sí, pero él no engulle su dedo entre
sus labios, sino que le es tan fácil como extender su larga, hábil lengua fuera
de su boca y que esta, con la punta afilada y precisa, rodee el anillo y lo
saque del lugar sin error alguno. La visión de la lengua de Xander le hace a
Liu recordar, anticipar, sabe que es capaz de rodear su hombría como un
puño, con la misma fuerza y la misma extensión, sabe que es deliciosamente
húmeda y cálida. Y sabe que, si se corre ahora, esa lengua le arrancará tantos
orgasmos como veces Xander hundirá sus dientes en él hoy.
El anillo cuelga unos segundos de
la punta de la lengua de Xander, peligrosamente similar a la de una serpiente,
y luego lo deja caer sobre la palma de su mano y deposita ambos anillos en la
pequeña mesita a un lado del sofá.
Liu, ahora que no está siendo
tocado, ha logrado regularizar un poco su respiración, pero las palabras de
Xander siguen haciendo eco en su cabeza, cada ronco golpe de voz una pincelada
demasiado vívida de su imaginación donde pinta a Xander lamiendo su sensible
sexo mientras rodea su base y lo muele deprisa.
Liu piensa que quizá el vampiro
le ha leído el pensamiento, pues le sonríe con grandes colmillos y encierra de
nuevo su pene en su puño para proseguir su lento vaivén. Su otra mano agarra
una de las nalgas del chico y la aprieta, tirándola a un lado, dejando su
entrada vulnerable y desnuda y haciendo al muchacho ser todavía más consciente
de esa parte de él que pronto será penetrada. Un escalofrío lo recorre y luego
un grito sale de su garganta cuando el vampiro azota su trasero sin previo
aviso. El dolor es punzante y ardiente. Si cerrase los ojos podría mapear con
un contorno en rojo la zona de su trasero donde empieza a dibujarse la mano del
vampiro.
Pero sus dedos no están ya ahí,
sino en el espacio entre sus carnosas nalgas, tres dedos húmedos impregnando el
agujero del chico en una mezcla de sus salivas. Liu está tan nervioso que toda
su atención se dirige a esa mano, dejando la otra, la que lo masturba, como una
especie de bombeo de fondo que le hace tener escalofríos placenteros cada poco.
El dedo anular de Xander presiona
su anillo muscular y el chico se tensa de golpe, temeroso. Él ha sabido que era
gay desde que ha tenido consciencia de que las orientaciones sexuales existen y
tan pronto descubrió un par de videos que no debería haber visto a su corta
edad, empezó a fantasear ya no solo con los besos y caricias de Matheo, sino con
su cuerpo encima del propio, sus caderas empujándose hacia adelante y
abriéndolo, más Liu nunca se atrevió a probar nada de eso.
La idea de aventurarse a una
sensación tan extraña, tan fuera de la norma, le resultó siempre demasiado
intimidante, así que lo único que conoce de ella, la única experiencia real que
tiene de ser penetrado por otro hombre, es la misma donde aprendió que él no
era nada más que un objeto y su dolor, si acaso, un divertimento para el hombre
que lo usó.
Así que tan pronto el rubio
intenta entrar, siente al muchacho palidecer, su cuerpo rígido como hecho de
huesos y articulaciones de cemento y su sexo, antes duro, ahora empezando a
sentirse tierno y apocado.
—Relájate —susurra en su oído,
esta vez, sin embargo, no es una orden y eso realmente ayuda a Liu, que ladea
su cabeza y acepta los besos en el cuello que Xander empieza a dejar en él —,
no tengo por qué hacer esto, si trae recuerdos dolorosos —dice de pronto,
rompiendo su hasta ahora dominante y cruel carácter y mostrando en dicha grita
que Liu tiene un espacio seguro donde puede acurrucarse y ser cuidado.
Liu se debate. Ahora que la voz y
las amables palabras de Xander lo traen de vuelta al presente, al placer,
y lejos del dolor enquistado de su pasado, su miembro vuelve a despertar y la
excitación le nubla el juicio. Quiere seguir, realmente, pero no está seguro de
si querrá hacerlo una vez suceda.
Xander se adentra en su mente,
queriendo darle sentido a su preocupante silencio, y lame el cuello del chico
de arriba abajo con su lengua, provocándole un tan delicioso escalofrío que las
palabras en su cabeza se traban como si estuviesen siendo pronunciadas por una
lengua inexperta.
—Pararé si me lo pides, Liu, o si
siento que no puedes tomarlo —el chico asiente, como dándole permiso a que
continúe, pero la mano de Xander ya se ha apartado de su rosada intimidad y
bordea las ataduras contra las que el chico ha roto su propia piel —. Puedo
desatarte, si te hace sentir mejor, pero nada de tapar tu bonita cara ¿De
acuerdo?
Liu asiente, oleadas de alivio
sumándose a las de placer. Su cuerpo se siente flácido. Quiere ser solo una
cosita de carne boba que Xander maneje a su antojo porque sus palabras son tan
dulces y él es tan débil a ellas que no puede sino rendirse.
Xander rompe las ataduras del
muchacho con una sola mano y cuando el chico trae las suyas al frente,
temblorosas y doloridas, ve la sangre que salpica sus palmas y corre desde las
laceradas muñecas. Xander le aparta las manos del rostro y lo besa, profundo,
rápido.
<<Metálico>>
Liu tarda en reconocer el sabor
de la sangre de vampiro en su boca hasta que nota las heridas en sus muñecas
suavizarse y el dolor lentamente desaparecer como si jamás hubiese estado ahí.
Se vuelve a mirar, maravillado por la poderosa magia, y luego apoya sus manos
en los hombros de Xander, pues siente la mano del vampiro volver a su entrada y
los nervios le hacen sentir que caerá de bruces si no se sostiene.
Xander trabaja alrededor de su
entrada con el anular, lubricándola y acariciándola circularmente hasta que
siente la estimulación enternecer el anillo muscular. Entonces empuja. Liu toma
aire de golpe, un sonido ahogado y sorprendido viniendo de su garganta cuando
siente la falange hundirse hasta la mitad.
—Buen chico —susurra el vampiro
en su oído y las palabras son tan calientes y maravillosas que el humano olvida
el dolor inicial, el pequeño pinchazo que ha sentido solo segundos atrás, y se
centra en explorar la nueva sensación más allá de su temor.
Y es… extraña. Se siente abierto
por el grueso dedo del vampiro y es incómodo, un poco doloroso también, pues su
apertura abre por la repentina intromisión, pero también se siente bien, pues
se siente lleno, poseído, y aunque es algo intimidante, también le gusta un
poco.
El vampiro lo masturba más
rápido, hundiendo el dolor y en profundas oleadas de placer, y pronto el dedo
está entrando y saliendo de él a un ritmo lento, pero seguro. Liu se retuerce
por la sensación de ser abierto y profanado de ese modo, del dedo ancho y
lúbrico del vampiro hundiéndose sin que él pueda hacer nada en su intimidad,
abriendo su angosto interior y adentrándose, por cada embate, un poquito más.
Xander se detiene cuando logra
enterrar su dedo hasta el nudillo y Liu gimotea por la profundidad, por lo
lleno y roto que se siente, pero también porque el dolor que lo embriaga es
ciertamente dulce. Siente que es de Xander y eso, de algún modo, no es tan
aterrador como una vez lo fue.
El vampiro retira su falange y
Liu lloriquea por la sensación de vacío repentinamente clavándose en su
interior. De un momento a otro, son dos los dedos que se empujan contra la
ternura de su sexo y el chico se marea cuando piensa en que quizá Xander quiere
hundir un tercero, pues sabe que incluso con solo dos, el grosor de sus
falanges ya iguala el de una hombría poco más grande que la de Liu. El
muchachito llora, abrumado, cuando es abierto por segunda vez, pero arquea su
espalda de forma seductora e inintencional, ofreciéndole al vampiro su cuerpo.
Los dos dedos lo penetran
superficialmente, sin enterrarse demasiado hondo en su frágil cuerpo y
centrándose más en ensanchar al chico, en tenerlo listo para el placer que está
por venir. Liu clava sus uñas en los hombros del vampiro hasta dejar marcas con
forma de medias lunas, incapaz de decidir si lo hace por la forma en que se
intensifica todo lo que siente ahora que está siendo tan íntimamente tocado o
por los nervios de ofrecerle a quien previamente le rompió, una parte tan
frágil de él.
Xander lo masturba un poco más
rápido, reclamando su atención sobre su sexo, y los ojos de Liu no pueden sino
mirar la manera en que los enormes dedos se deslizan por el húmedo eje.
Mientras lo hace su boca se abre
grande y un hilo de saliva resbala entre sus labios: Xander empuja despacio sus
dos gruesos dedos hasta la empuñadura, los hace hundirse despacio en el angosto
y suave pasaje de su interior, forzando a sus paredes a abrirse para él, a
adaptarse a su tamaño, su fuerza, su profundidad. Y, oh, la profundidad
es tan enloquecedora.
Liu siente que lo que está siendo
tocado dentro de él es nuevo, algo tan hondo que había permanecido hasta ahora
sin ser descubierto. Los dedos de Xander son tan largos que cuando empujan
contra un punto suave y agradable en su interior, el chico jura que puede
sentirlos en su vientre antes de que algo explote dentro, algo caliente, no,
ardiente, como lava fundida derramándose por toda su entrepierna y goteando
entre sus muslos.
Liu no puede contenerse, tira su
cabeza hacia atrás gimiendo de placer y sensibilidad, mil latigazos placenteros
recorren la superficie de su piel que se siente en carne viva y los escalofríos
que vienen detrás son como hielo sobre la laceración de éxtasis recién abierta.
Las piernas le tiemblan, su boca ya no sirve para hablar ni su cabecita para
pensar, sus manos se agarrotan y todo su cuerpo se siente tenso y hormigueante
hasta que algo se rompe en su interior y Liu se cae hacia Xander como una marioneta
sin titiritero, respirando rápido y somero y apenas pudiendo esmerarse en abrir
sus ojos, no ya mantenerlos en su entrepierna.
Pero cuando logra mirar allí,
siente la sangre desaparecer de su rostro: tiras blancas adornan su pulsante
miembro, el puño de Xander y se extienden hasta sus cremosos muslos. Su placer
líquido gotea poco a poco entre los fuertes dedos y su miembro, poco a poco
volviéndose suave y pequeño, y Liu se horroriza al comprender lo rápido que se
ha corrido.
Xander tan siquiera ha necesitado
dedearlo enérgicamente como antes, solo ha tenido que empujar sus dedos contra
su próstata un par de segundos.
Dedos que siguen dentro suyo,
alrededor de los cuales siente la ternura de su carne pulsar, haciéndole
terriblemente consciente de la intromisión, así como lo es de todo su cuerpo:
de la gota de sudor que le lame la sien derecha, del peso de sus párpados y sus
brazos, del calor que siente en su vientre bajo, de cada pequeño hueso en sus
piernas, todos y cada uno de ellos inútiles en la tarea de sostenerlo si
quisiera ponerse en pie.
—¿No has podido aguantar más,
Liu?
La voz de Xander en su oído es
como una lamida en una herida abierta. Tan agradable que le resulta balsámica,
pero a la vez es una suavidad sobre un cuerpo sensible, algo que eriza su piel
y le hace estremecerse por una sensación demasiado emparentada con el dolor
como para ser únicamente placer. Liu no tiene tiempo de examinar lo que la voz
provoca en él, porque tan pronto el vampiro habla, sus dedos empiezan a
acariciar más y más ese lugar dulce de su interior que lo ha empujado al
límite. Siente los dígitos moviéndose en su interior, separándose, uniéndose,
obligando a su agujero a dilatarse como si pretendiese tomarlo esa misma noche,
y las yemas de los dedos deslizándose por esa superficie lisa y llena de
nervios que parece conectar con todo el resto del cuerpo de Liu, que le pone
las mejillas rojas y le riza los dedos de las manos y pies, que hace sus ojos
ponerse blancos y sus testículos tensarse, como si alguien pretendiese exprimir
de ellos otro poderoso orgasmo.
El pene de Liu tan siquiera ha
tenido tiempo suficiente para ponerse duro de nuevo, pero él puede sentirlo: la
tensión creciendo en su interior, las oleadas acumulándose una encima de otra,
el placer tornándose una cuerda de arco y los dedos hábiles de Xander tirando
de ella más y más, buscando romperla o dispararla con algo electrizante que
recorra a Liu y abandone su cuerpo con un alivio devastador. Otro orgasmo.
<<No, no, nononono>> Liu intenta resistir, intenta pensar en otra cosa, zafarse del
agarre de Xander, pero es imposible, pues su mano derecha desatiende su pene y
lo toma por la espalda manteniéndolo deliciosamente quieto sobre él mientras
explora su interior y masajea su próstata. Liu siente que enloquecerá, cada
toque se siente tan íntimo, casi invasivo, alguien le revuelve el interior y
tira de hilos que él no conocía, le arranca sonidos patéticos, le hace desesperarse
como si ese primer orgasmo no lo hubiese liberado de nada.
Xander sonríe. Su chico era
sensible antes, pero lo es mucho más después de jugar con él una primera vez.
Su cuerpo responde maravillosamente y por cada empujoncito de sus dedos contra
su punto sensible el chico no puede evitar sino arquear su espalda y soltar,
uno tras otro, una retahíla de gemiditos entrecortados y hermosos, tan sinceros
como las cristalinas lágrimas perladas en sus pestañas; tan deliciosos como la
gotita de sangre que escurre por la boca del chico cuando muerde duro su labio.
Xander desliza su lengua por el
rojo camino que desciende por su cuello. Prensa su lengua, llana, contra la
delicada curva de la garganta de Liu, recorre su mandíbula y llega a sus
labios. Los limpia de un lametón y luego los besa a pesar de que Liu es incapaz
de usar su boca para nada más que gemir. Sus ojos también son inútiles ahora:
están demasiado borrosos por las lágrimas de placer como para ver nada, además
de que el chico ha dejado de mirar la erótica escena tiempo atrás. Xander
piensa en castigarlo por ello ¿Pero acaso no lo está haciendo ya?
Lo besa con ferocidad, tragando
su aliento superficial y dulce, sus sonidos ahogados, y recorriendo con su
lengua los labios del chico y luego el interior de su boca. Liu quiere pedirle
que se detenga, que puede sentir un orgasmo construyéndose en su interior, pero
el vampiro desarma sus súplicas con la misma boca que lo hará sangrar si se
corre.
La imagen se proyecta en su
cerebro. Poderosa, inevitable. Ve los colmillos de Xander enterrándose en su
cuerpo, desgarrando la piel, entregándole ese dolor tan aterrador pero
liberador que le deja el cerebro vacío y el cuerpo débil. Mareado. Casi drogado.
Y en ese instante, Liu no pude
evitar ser víctima de la sensación que lo atraviesa. De ese relámpago de
anticipación y puro éxtasis que lo hace abrir la boca dócilmente para ahogarse
con los besos del vampiro y lloriquear mientras se retuerce. El placer hormiguea
bajo su cuerpo entero y él se derrite mientras ese calor divino se dispara cual
flecha hacia su intimidad, la cual siente aún flácida, pero que aun así termina
disparando chorros y chorros de su semilla entre sus piernas.
Xander rompe el beso con la más
cruel de las sonrisas, relamiéndose los restos de sangre sonrosada de su
comisura y atrapando el miembro suave del chico entre sus manos, apretándolo un
poco para extraer unas últimas gotas de su clímax. Liu chilla, tan sensible que
el placer se le hace tortura, y gotea patéticamente en la mano de Xander
mientras jadeos desesperados escapan de su boca. Se ha vuelto a correr antes
siquiera de que Xander cumpla su palabra y use su lengua y dedos para
enloquecerlo. Se ha corrido sin siquiera estar erecto.
<<No sabía que era
posible>> Piensa, avergonzado y curioso al
mismo tiempo. Xander no parece sorprendido y le abochorna la manera en que el
vampiro explora su cuerpo de forma tan experta, tocando lugares y causando
reacciones hasta ahora desconocidas para él, como si Liu necesitase de las
enseñanzas de alguien más letrado en el arte de comprender su propia anatomía.
Al fin y al cabo, piensa Liu, tiene sentido que Xander conozca todo sobre él,
pues es suyo.
Capítulo 138
El vampiro se levanta con el
chico entre sus brazos y Liu se deja llevar de un lado para otro mientras trata
de recuperar el aliento. Abre sus ojos cuando es depositado sobre un lecho
mullido y familiar y ve al vampiro subiendo a su cama con él, la sonrisa
diablesca y hambrienta todavía en sus labios. Los colmillos grandes y
brillantes.
—No te canses tan pronto, Liu,
todavía tengo que jugar más contigo.
El chico se estremece. Su tono es
sensual, pero tiene en él un toque peligroso, de advertencia, que hace que su
cuerpo responda casi con ansia. Como si buscase su castigo en vez de evitarlo.
Liu sabe que se ha corrido una
vez más de la que el vampiro le ha permitido, así que ahora sus colmillos lo
harán sangrar una vez. Xander lo tiende en la cama, totalmente desnudo. El
chico está bocarriba, con sus cabellos oscuros arremolinándose alrededor de su
cabeza como un hermoso halo opaco y su cremosa piel salpicada de pecas expuesta
para que el vampiro escoja donde dejar su marca. Acaricia sus piernas con manos
firmes que ascienden hacia su sexo. Llegan a los muslos, los aprietan con
deleite, los abren, como buscando crear ahí un espacio para la ansiosa boca de
Xander, la pregunta es ¿Para que su lengua pruebe a Liu o para que lo hagan sus
dientes? El muchacho traga saliva. La caricia ahora le roza las caderas, sube
por la curva de su cintura, por las costillas, por el pecho, trazando con el
pulgar los pezones que antes ha torturado para su diversión.
Y entonces…
Las manos vuelven a bajar.
Recorren su cuerpo en el orden inverso y por cada centímetro de piel que
acarician y aprietan, como comprobando su ternura, Liu no puede sino
preguntarse si es ahí donde será mordido. Xander llega con sus manos al final
de su cuerpo y cierra sus puños alrededor de los delgados tobillos del chico
antes de tirar de él, arrastrándolo hacia su cuerpo, situándolo bajo él de un
violento jalón que hace al muchacho jadear. Su boca entreabierta. Sus dientes
afilados. Sus manos ahora sosteniéndole la cintura un poquito más fuerte
de lo usual, como inmovilizándolo.
Liu siente sus pupilas
dilatándose, la adrenalina inundando su cuerpo como pura electricidad. Sus
respiraciones aceleradas. Su corazón en la garganta.
Cierra los ojos cuando Xander se
inclina sobre él y lo siguiente que sabe es que la boca de Xander está en su
pecho, allí donde si posa los labios el corazón retumbará contra ellos como
queriendo ser mordido. Y el vampiro posa sus labios.
Besa su pecho con delicadeza,
adoración incluso. Y luego lo profana.
El dolor lo atraviesa agudo y
rápido como una cabeza de lanza instalándose en su corazón y a este pronto le
sigue una deliciosa debilidad. Xander da un sorbo de su sangre, solo uno, pues
todavía quiere probar más del chico, pero es suficiente para que haga temblar
los brazos y piernas de Liu y su cabeza se siente ingrávida como un globo de
helio flotando lejos. Le gusta esa sensación, así como le gusta el dolor
ardiente que queda en su piel tras ser perforada y la sensación de las pequeñas
gotas de sangre lamiendo su piel todavía intacta, como envidiosas de su
inocencia, de su virginidad.
Pero puesto que la boca de Liu es
incapaz de admitir lo mucho que adora ser mordido, su cuerpo lo hace por él.
Xander rodea su miembro y al
hacerlo Liu se hace consciente del contorno duro y erguido que los grandes
dedos delinean. Su erección ha vuelto y, con ella, la posibilidad de volver a
fallar de nuevo, de volver a ser la víctima del vampiro que lo mira con alargados
ojos rojos y una enorme boca roja.
Su boca se abre de nuevo y Liu
teme ser mordido dos veces seguidas, pues aún no se ha recuperado del lacerante
dolor que siente hundirse en su pecho. Para su alivio, Xander solo desliza su
larga lengua por la herida, limpiando la sangre que gotea y dejando claramente
visibles las cuatro marquitas: dos profundas y tan oscuras como el alquitrán,
rodeadas por piel enrojecida, y otras dos más pequeñitas a los lados de las
heridas de los colmillos, que pertenecen a los dientes afilados que tiene al
lado de estos, pero que son más pequeños y causan heridas superfluas, pero
llamativamente rojas.
El vampiro relame delante de él
mientras con una mano muele su pene totalmente duro y con la otra le separa
delicadamente las piernas. Toma la derecha por la corva y se la alza, haciendo
que el tobillo del chico termine en el hombro del vampiro, abriéndolo mejor
para él, dándole acceso a sus dos intimidades. Xander lleva los dos mismos
dedos que antes a su entrada y la embiste de una estocada. Penetra a Liu con solo
la yema de sus dedos, retirándola por completo hasta que el sonrojado anillo
muscular se cierra y luego empujando sus falanges para forzarlo a abrirse como
una hermosa flor para él. Lo tortura así un rato, masturbándolo a ritmo
taciturno mientras lo folla superficialmente, tentándolo con la sensación que
Liu sabe que el vampiro pude alcanzar dentro de él.
Entonces Xander decide rodear su
pene solo con el índice y el pulgar formando un anillo en su base con ellos y
Liu sabe lo que significa, pero aun así mira y tiembla cuando lo ve abrir su
enorme boca sobre su miembro. Los labios rojos y sonrientes, los colmillos, la
lengua húmeda y tan malditamente larga.
Xander no tiene piedad, engulle
el miembro del chico de un solo bocado y Liu puede sentir su hombría caliente y
húmeda dentro de la cavidad del vampiro, que lo mira al rostro con intensos
ojos rojos. Sus labios sustituyen sus dedos en la base del pene del chico y se
cierran tan fuerte para hacer desaparecer su hombría que Liu siente que podría
correrse solo con eso.
Aparta la mirada para evitarlo,
pero los dedos en su trasero lo castigan hundiéndose de golpe y golpeando en
ese lugar pequeñito e irresistible de su interior. El golpe le hace temblar y
gemir de tal manera que Xander se queda quieto, pues piensa que robarle otro
orgasmo a su humano tan pronto sería demasiado cruel. Lo deja recomponerse por
un rato, recreándose en la forma en la que el chico solloza y sorbe por el
insoportable placer al que lo somete.
Pero la paciencia de Xander tiene
un límite y cuando el contador llega a cero, el vampiro no siente remordimiento
alguno al hacer a Liu aullar de dolor y placer, follando su culo rápido y duro
con sus dedos y enroscando su lengua alrededor de su pene antes de empezar a
subir y bajar con su cabeza sobre su erección. Liu siente que enloquecerá, cada
estocada se siente más ruda, más profunda, un adelanto de la follada que Xander
desea darle pero no puede todavía, y la forma en que los dedos se entierran en
su tierno interior y acierta cada maldita vez en su próstata es demasiado.
Cada golpe una oleada de placer
que vuelve sus huesos y su carne un mero charco de sudor, lágrimas y
cosquilleos. Pero no es solo eso, Liu también debe trata de resistir la forma
en que la boca de Xander lo masturba húmedamente, la carnosa lengua subiendo y
bajando, lamiendo la sensibilidad de su punta ya enrojecida, los labios
firmemente apretados alrededor de su base desplazándose por toda su longitud,
chupando ávidamente hasta que siente que perderá el conocimiento por tanta
intensidad.
La humedad en su miembro. La
fogosidad en su interior. No puede con ello.
Así que Liu se rinde y su bonita
cabeza se echa para atrás mientras su cuerpo convulsiona de placer. El orgasmo
lo atraviesa del mismo modo en que lo hizo la sensación de que otro ser se
alimente de él y le drene la sangre: poderoso y agotador al mismo tiempo,
dejándolo mareado de una forma que borra todas sus preocupaciones y le quita
hasta la capacidad de hablar. Lo atraviesa como un tsunami de placer en el que
se ahoga, los hormigueos volviéndose terremotos que hacen temblar sus piernas,
su piel erizada sintiéndose como puro fuego.
La pierna que descansa sobre el
hombro de Xander se tensa y el vampiro la acaricia amablemente para calmarlo
mientras su dedos siguen martilleando su próstata más rápido y cruel incluso,
mientras su lengua aprieta como una serpiente la polla de Liu y le arranca
hasta la última gota de placer. Xander se bebe su orgasmo y Liu, demasiado ido
para decir nada, solo gimotea incoherencias y jadea cuando Xander escupe su
virilidad ahora flácida y retira sus dedos de la entrada ya roja de tanta
intensidad.
Liu siente que va a desmayarse,
pero no puede, no cuando Xander tiene algo más que hacer con él. Sus colmillos
vuelven a ser largos y vistosos y el muchachito sabe lo que eso significa. Se
estremece entre las sábanas, una pequeña cosita llorica y asustada incapaz de
huir de su destino, y piensa en que el vampiro lo morderá, en que su cuerpo es
pequeño y la boca de Xander tan grande ¿Y si se queda sin sitios donde hundir
sus dientes? ¿Volverá a enterrar sus colmillos en las heridas frescas,
reavivará su dolor, quemará sus cicatrices con más ardiente hambre? La idea le
causa un escalofrío y, de pronto, escucha el tintineo metálico de un cinturón,
es deslizarse de la ropa, lo cual lo hace abandonar sus pensamientos.
Liu observa con admiración y
temor la erección de Xander junto a la suya. El vampiro se ha desnudado
deprisa, hábilmente, y su polla larga, gruesa y venosa se pega contra el suave
pedacito de carne de su entrepierna como burlándose.
<<Es tan grande…>> Liu traga saliva <<Más grande que sus dedos>>
Mira a Xander al rostro, suplicante, y el vampiro le entiende de inmediato.
—No voy a follarte aún. —le dice,
medio burlón, por un lado, como algo tranquilizador, por otro como un castigo,
pues el vampiro sabe que aunque Liu no está listo para que eso suceda, lo desea.
Lo desea más de lo que puede
soportar. Se inclina en su oído, el increíble peso de su virilidad aplastando
la de Liu, pegándose contra su ingle, llegándole al ombligo sin dificultad
alguna y recordándole que aquella vez que lo folló, cuando estaba del todo en
él, sus embates hacían que una pequeña protuberancia se viese en su vientre
<<Tan grande, tan grande, tan grande…>>
—Cuando lo haga, Liu, me voy a
asegurar de que no te corres ni por mi boca, ni por mis manos. No te dejaré
tocarte, tampoco, te haré terminar solo por la sensación de ser follado.
Su tono ronco, sus palabras
obscenas, la forma en que sus labios rozan su cuello, como amenazando con
morder ahí. Liu se tapa la boca por culpa del vergonzoso sonido que sale de
ella e intenta bajar su pierna para ocultar la erección que se erige, de nuevo,
entre sus piernas, pero Xander se inclina, abriendo más aún los muslos del
chico, revelando más todavía su sexo excitado y deslizando sobre este el
propio, estimulándolo de esa forma tan intimidante, pero deliciosa y, a la vez,
toma con su mano una de las muñecas de Liu y las lleva a la unión entre sus dos
entrepiernas.
—Voy a morderte, Liu —anuncia con
una voz juguetona, bajando en un camino de besos por el cuello del chico, por
su hombro, su clavícula, por el pectoral del muchachito que no ha mordido — y
quiero que nos masturbes a los dos a la vez mientras lo hago. No tienes
permitido parar, si lo haces, te morderé de nuevo.
Liu solloza y debe bajar su otra
mano también para ser capaz de rodear la hombría del vampiro y la suya propia a
la par. Suspira, el grosor desafía la tenacidad de sus dedos y puede notar las
grandes venas de Xander pulsando contra su piel. En comparación, su
masculinidad es adorable y no puede sino enrojecer por el pensamiento. Empieza
a moler sus manos de forma descoordinada y torpe, pero Xander rodea su cuello
con una mano, duro, y él gimotea.
—Hazlo bien —ordena, mirándolo
con ojos tiránicos y Liu intenta obedecer estableciendo un ritmo agradable pese
a que se siente exhausto y las manos le tiemblan —. Aprieta más —Liu lo hace y
su pene se estremece, no por la presión de sus propios dedos, sino porque la
polla de Xander deslizándose contra la suya lo enciende demasiado —, más
rápido.
Liu sigue sus directrices,
agotado, pero deseando halagos. Y cuando logra masturbar ambos miembros
enérgicamente y siente el roce lo volverá loco, Xander suelta su débil cuello y
susurra:
—Buen chico.
Su mano derecha de desliza hacia
su entrepierna y envuelve sus débiles dedos, guiándolo. Xander aumenta la
presión y el ritmo y Liu quiere llorar porque no está seguro de poder tener
otro orgasmo y el placer empieza a chispear en su cuerpo de una forma dolorosa.
Xander aleja su mano, aunque Liu
sabe que no tiene permitido bajar el ritmo de sus movimientos, y la desliza
hacia su trasero de nuevo. Dos dedos húmedos empujando la sonrojada superficie
de su sexo. Liu gime largamente mientras Xander se introduce en él, hundiéndose
poco a poco hasta llegar al final. Luego saca sus dedos y los vuelve a meter de
una forma tortuosamente lenta que contrasta con lo rápido que las manos del
chico muelen sus hombrías.
Xander se entretiene en ello un
rato, en abrir al chico lentamente y dejar que sienta cada centímetro de sus
dedos empujando en su tierno interior, apenas rozando su próstata, pero sin
golpearla aún, hasta que una de esas veces se queda instalado en lo más
profundo de él y en vez de retirar sus dedos vuelve a masajear ese pequeño,
sensible lugar en él.
Liu gime, aumenta el ritmo de su
mano sin querer, buscando el placer que tanto teme y tiembla de nerviosismo
cuando Xander besa su vientre y, de un lametón, viaja hasta uno de sus tiernos
costados, esa dulce curva que define la estrechez de su cintura.
Mordisquea la suave carne del
lugar y luego cierra sus labios alrededor de ella.
Y muerde.
El dolor es demasiado para el
pobre y sobreestimulado cuerpo de Liu. Demasiado intenso como para ser
interpretado como tal, demasiado debilitante como para que Liu pueda seguir
moviendo sus manos, pero no importa, porque tan pronto caen flácidas contra el
colchón, Xander desliza toda su longitud contra la erección de Liu y empuja con
sus dedos contra su sensible fondo y el chico se corre, derramando sobre las
sábanas unas gotitas del poco placer líquido que le queda dentro. Su sangre,
sin embargo, es más abundante.
Xander da solo un sorbo, de
nuevo, pero tiene ganas de más.
Cuando se aleja de él, mira al
chico como un bonito cuadro que ha pintado con sus propias manos y labios: la
marca de su hambre es de un intenso rojo cereza sobre ese cuerpo tan pequeño y
lechoso que bien podría confundirse con una arruguita más en las sábanas de la
cama. Y su lascivia también lo ha dejado marchado: la piel perlada de sudor, el
semen haciéndole tener los muslos pegajosos y su trasero rojo y apenas
cerrándose alrededor del grosor de sus dedos.
Sabe que Liu no podrá soportar un
solo orgasmo más, pero quizá sí que le dé una última probada, así que retira
las manos de su cuerpo, dejándole unos minutos de descanso y luego toma con
cuidado su cabecita y se la ladea. Liu tiene los ojos cerrados, la respiración
superflua. Su garganta luce desnuda sin el rojo pintándola, así que Xander
siente que es su trabajo darle un bonito collar.
—Uno más —suspira Xander en su
oído y es como si su voz hubiese vuelto a insuflar vida en el cuerpo mortecino
de Liu, que abre los ojos y mueve sus labios como queriendo decir algo —, te
morderé una última vez esta noche y luego, Liu, voy a mimarte como al muñequito
más precioso y frágil del mundo ¿Qué te parece eso? ¿Suena bien, mi chico
bueno?
El tono del vampiro se ha
suavizado y también su rostro y sus gestos. Liu lo mira con una carita inocente
como la de un bebé que está descubriendo el mundo por primera vez y Xander le
da un par de toquecitos en su nariz mientras le hace la pregunta. Liu asiente,
sin voz, porque suena malditamente bien y porque quiere ser mordido de nuevo.
Una. Dos. Tres veces si hace falta. Solo que sabe que su cuerpo no aguantará,
así que deja a su amo tomar la decisión por él.
Xander le besa en los labios, un
ósculo corto y casto que poco tiene que ver con las malvadas intenciones de
esos mismos labios una vez se posan en su cuello. Siente el pulso del chico, el
movimiento de su garganta cuando traga saliva y luego siente el calor de su
sangre.
Sangre en sus labios, en su boca,
en su lengua. Sangre en las sábanas.
Liu pierde el conocimiento pronto
y lo recobra cuando algo presiona sus heridas, no algo doloroso, sino
agradable, una bandita que asegura una mullida capa de gasas contra su cuerpo.
Cierra los ojos. Los abre. Ahora está siendo bañado. Los cierra. Los abre.
Ahora peinado. Los cierra. Los abre. Xander está en la cama, a su lado,
revolviéndole el cabello y acurrucándolo contra su pecho mientras sostiene su
libretita en una mano y lee las confesiones más profundas de su alma.
No le preocupa, así que se queda
dormido en cuestión de segundos.
Capítulo 139
—Oh, mierda, mierda, mierda.
Xander gruñe, malhumorado, y toma
a Liu de la cintura para atraerlo a su cuerpo cuando siente al chico revolverse
en la cama e intentar salir de esta. Liu forcejea como si realmente pensase que
puede zafarse del abrazo del vampiro medio dormido y este bufa, todavía
irritado por que lo hayan despertado antes de tiempo.
—Xander —lo llama Liu con
cautela, pero urgencia en su voz. Xander lo ignora, achuchándolo más fuerte y
hundiendo su nariz en la nuca del chico para inhalar su dulce aroma —, Xander,
que llego tarde al trabajo. Suéltame.
El vampiro entreabre los ojos y
mira al chico con el ceño fruncido por la confusión. Liu tiene vendajes
enrojecidos de sangre en su cuello, su pecho y uno de los lados de su cintura,
le tiemblan las manos por la debilidad y luce tan pálido que bien podría
volverse transparente en cualquier momento. Xander piensa que Liu tiene que
estar de broma con eso de ir al trabajo, así que vuelve a cerrar los ojos y a
apretar al muchacho entre sus brazos.
—¡Xander!
—No vas a ir al trabajo. —su voz
tiene un tono decisivo, como un sentencia indiscutible.
Liu mira a Xander ceñudo, pero
incluso si le pone ganas a lucir furioso, luce más bien taciturno y es que no
puede borrarse las ojeras de la cara ni disimular como los párpados se le
cierran. Incluso hay cierto agradecimiento en su expresión, como si Xander le
ordenase aquello que él desea, pero no puede tomar por sí mismo.
—Si vuelvo a faltar me despedirán
y si me quedo sin trabajo y no me aceptan en la uni m-
Xander lo interrumpe con un
enorme y largo bostezo que deja ver sus colmillos. Con la boca abierta como si
rugiese, el chico se queda atónito al ver la longitud completa de esos dientes
y de pronto las heridas bajo los vendajes le hormiguean.
—Te volverán a contratar cuando
tu jefe tenga que escoger entre esa opción o que le raje la garganta con los
dientes.
Liu aprieta los labios, pocos
argumentos hay que puedan refutar la lógica de Xander, así que se resigna a
meterse entre las cobijas de nuevo y dejar que Xander lo abrace como a un
peluche por un buen rato. Resulta que esa condena es más bien dulce y embriagadora,
porque a los pocos minutos Liu está hundiéndose en un cómodo sueño de nuevo y
no puede sentir ya preocupación o ansiedad, solo los dedos del vampiro
peinándolo con pereza, deslizándose lentos por su piel de una forma que se
siente perfecta.
Xander no es capaz de volverse a
dormir después de que Liu lo haya despertado, pero se asegura de no
interrumpir el sueño de su humano favorito. Le mima mientras el chico se
relaja, exhausto por la pérdida de sangre, y el hojea la libreta del muchacho
en la mesilla de noche.
La misma que ayer leyó con
permiso de Liu y que le encogió el corazón. Los garabateos de las páginas son a
veces furiosos, la tinta escupida sobre el papel como bilis, y otras débiles y
temerosos, trazos que traducen el temblor de manos inseguras, tinta medio
borrada y páginas arrugadas por las lágrimas que cayeron sobre ellas y ya se
han secado.
<<¿Y si lo he hecho real? A
veces, en el pasado, me asaltaba el súbito pánico de perder a mis seres más
queridos. Los veía correr, jugar, reír… y de pronto un aguijonazo de miedo
profundo me hacía sudar frío e imaginar, allí donde ellos estaban, un vacío.
Pienso que le di demasiada importancia mi miedo de perderlos, que lo alimenté y
lo volví no solo una idea flotando, etérea, en mi cabeza, sino una realidad.
Me pregunto, entonces, si no solo
he hecho real el miedo, sino también el odio y el rencor. Si mi miedo invocó
sus muertes, quizá el desprecio que siento por mí ha invocado mi perdición.
He pensado cosas de mí, tras lo
sucedido, que sería incapaz de decir en voz alta. Cosas que temo que vuelvan a
tomar entidad si les doy la solidez de la tinta y el papel. Me he odiado hasta
el tuétano de los huesos, me he deseado muerto, pero ardiendo en el infierno,
torturado para toda la eternidad. Y Alexander ha aparecido después de años de
mi cabeza llenándose de veneno, así que me pregunto ¿He creado yo a Alexander
o, si bien me estoy dando demasiado crédito al imaginar que he podido
transmutar mis sentimientos en algo tan grande, lo he invocado yo a través de
mi odio, de mi rencor, mi incapacidad de perdonarme? ¿Lo he atraído de algún
modo? Su presencia se siente exactamente como si mis pensamientos hubiesen
abandonado mi cabeza, como si me fustigasen desde afuera en vez de adentro.
Al fin y al cabo, Alexander es la
única criatura en el mundo que me desprecia tanto como yo mismo lo hago>>
Xander tiene que cerrar el
pequeño libro cuando recuerda algunos pasajes, pero no puede olvidarlos del
mismo modo en que Liu será incapaz de olvidar el infierno que él le trajo junto
a su presencia.
Quizá su piel sea capaz de
olvidar las cicatrices, pero su corazón no puede desconocer el dolor. Xander
sabe que está siendo realmente dulce ahora, que está intentando reparar el daño
hecho, hacer las cosas bien por fin, pero sabe también que no es suficiente,
que nunca lo será. Puede llevar a Liu al cielo, si lo desea, pero la luz solo
logrará recordarle las llamas del infierno en el que lo hundió tiempo atrás.
<<Hoy me he quemado con
aceite mientras cocinaba. Ha sido sin querer, una gotita chisporroteante encima
de mi dedo anular, nada más. Pero lo que no ha sido sin querer es haberme
quedado quieto mirando como la piel se enrojecía y el aceite caliente calaba
cada vez más hondo en mi piel y la ternura rosada bajo ella. He tenido que
agarrar fuerte el mango de la sartén por varios minutos para lograr quedarme
quieto en vez de correr a poner el dedo bajo el grifo como mamá me enseñó, pero
lo he logrado.
Ahora que ella no está aquí, no
tengo derechos a seguir conservando sus consejos. Yo la he matado, pero al
menos tendré la decencia de no saquear su cuerpo en busca de los fragmentos de
su vida que me son útiles. A veces intento no recordar buenos momentos, porque
me hacen sonreír y sé que ese es un gesto que ya no tiene hogar en mi cara. Se
siente inmerecido, robado. Ella no podrá sonreír nunca más. Me obligo a
recordar solo el momento en que murió, los gritos. Como se apagaban. No. Como
se fundían. Me obligo a imaginar lo que debió doler morir quemada y cuando lo
hago quiero echarme la sartén llena de aceite por todo el cuerpo, pero no
puedo.
Deformarme por fuera sería lo
adecuado, una traducción fiel de la criatura retorcida, mala y asquerosa que
mora en mi interior. Pero significaría estropear algo que a Alexander le gusta
y no soy capaz de desafiarlo.
Además, cuando me he quemado con
el aceite, se ha sentido un poco bien. No agradable, pues ya he dicho que era
doloroso, pero sí… purificante. A veces me hago sangre y me dejo la piel roja frotando en la
ducha si sigo sintiendo las manos de Xander en mi cuerpo, clavadas hondo como
sus colmillos, pero el aceite se ha sentido como si realmente me limpiase a
fondo, como si quitase todas esas capas de piel sucias de su tacto y de mi
pecado y llegase a la raíz de la cuestión. Como si me quemase un tumor horrible
que hace metástasis y me infecta entero con suciedad y erradicase, el menos en
un trozo diminuto de mí, todo lo que me hace repugnante.
Me gustaría bañarme en aceite
caliente, reducirme a nada, borrar la sensación de mi cuerpo siendo usado, roto
y manchado. Siento que la única forma en la que puedo volver a ser puro es
desaparecer del todo.
Cada trozo de mí es indigno de
seguir en el mundo>>
Xander mira a Liu en la cama.
Luce tan plácido, dormido como un cachorrito entre mantas y acurrucado en un
ovillo que apenas parece una arruga más de las sábanas.
Tan pequeño y pálido como un
espíritu. Luce tan tranquilo, pero se pregunta si es solo una fachada. Si trata
de mantener la compostura para no recibir un castigo. Si en el fondo la noche
pasada no fue una noche de pasión, sino otra tortura. Se pregunta si Liu siente
ahora sus manos y su lengua por su cuerpo, incrustados hondos como una espina
que lo envenenan poco a poco, que introduce en él un sentimiento impuro. Se
pregunta si son amantes o si Liu simplemente ha aprendido a besar bonito a su
verdugo hasta hacerle olvidar que sigue sosteniendo un hacha.
<<Hoy he visto a un chico
igualito a Matheo, bueno, no del todo igual. Un poco más alto, con los brazos
más fuertes y una sombra de barba en el mentón. Como un Matheo del futuro, si
él siguiese teniendo uno.
Y he caído en que incluso si ya
no celebro mi cumpleaños, yo seguiré creciendo. Me haré adulto y luego mayor.
Me haré viejo. Y Matheo siempre será un niño. Siempre tendrá la misma edad
mientras la mía cambia, avanza.
Siento que cada año me alejo más
de él. Que me he subido a un tren que avanza demasiado aprisa y él se queda
atrás, en la estación, mirándome con enormes ojos confundidos. Se va haciendo
pequeñito. Me da mucho miedo que desaparezca.
La primera vez que vi un perrito
con una cara tonta y las patas cortitas en la calle después de lo que pasó, me
eché a llorar ahí mismo. Siempre que veía un perro gracioso se lo decía a
Matheo, lo señalábamos y nos reíamos juntos. Y ahora él nunca más verá perritos
graciosos, nunca se graduará, nunca volverá a ver su película favorita ni a
comer la pizza del restaurante al que siempre íbamos los sábados especiales. Él
nunca podrá volver a disfrutar de su vida y de las cosas favoritas de ella y me
pregunto si la última vez que las disfrutó lo hizo bien y vivió el momento o si
simplemente dejó que el placer lo atravesase rápido y no lo degustó, porque
jamás imaginó que iba a ser la última vez.
Él nunca va a poder ver esa peli
que estaba esperando tanto, nunca sabrá como acaba su serie favorita. No va a
poder acabar el dibujo de su casa ideal que empezó. No podrá teñirse el pelo,
aunque llevaba meses pensando cómo y de qué color hacerlo.
No podrá nunca soplar las velas
de mi pastel, aunque sí pudo encenderlas.
Yo no podré jamás ver una nueva
oportunidad como algo más que una cosa que le he robado a Matheo>>
Liu se remueve en la cama. Xander
cierra la libreta y la guarda en un cajón, no quiere que el chico la vea y
recuerde los sentimientos atrapados en esas páginas, no cuando luce tan a gusto.
Xander se inclina y besa su
frente. Quiere acariciarlo de nuevo, pero teme que sus manos dejen marca.
Quiere consolarlo, pero no es tan poderosos como siempre pensó, pues no puede
traer de vuelta ninguna de las cosas que Liu ha perdido, no puede llenar ese
vacío, solo puede contemplar la inmensidad de su dolor y agarrarle la mano al
muchacho. Para que no pierda el equilibrio. Para que no caiga.
—¿Qué sucede? —pregunta Liu con
modorra, frotándose los ojos.
Xander lo mira como a la cosa más
preciosa y delicada que jamás ha visto. Se siente incapaz de besarlo esa
mañana, quizá porque sus labios se sienten solo como colmillos. Quizá porque
imagina que sus besos no son más que una tonta distracción de la ausencia de
los besos de otro: suficientemente intensos como para enmascarar que no son los
adecuados.
—Voy a hacerte el desayuno ¿De
acuerdo?
Liu asiente y sonríe débilmente.
Y Xander lo mira quizá unos segundos más de lo necesario, porque esa sonrisa es
pequeña, pero es maravillosa, y quiere disfrutar de las cosas hermosas del
mundo como si fuese a ser la última vez, sobre todo cuando son cosas que sabe
que no merece.
Capítulo 140
Xander va a buscar a Liu hoy al
trabajo con una enorme sonrisa incluso si sabe que ahí estará Dave porque hoy
es un día especial. Hoy Liu ha sido aceptado en la carrera de literatura, en
una universidad no muy lejos de casa.
Tan pronto Liu ha visto el
mensaje se ha puesto a gritar y ha abrazado a Xander tan fuerte que estaba
seguro, por un instante, de que sería capaz de alzar al gigante de dos metros
como a una princesita. Xander lo ha felicitado y le ha llenado el rostro de
besos. Ha querido hornearle una tarta para celebrar las buenas noticias, pero
Liu lo ha detenido diciendo que se llevará una del trabajo, sobre todo después
de ver que Xander echaba en la masa del pastel los huevos enteros. Supone que
ningún paso de la receta ha especificado que los humanos no pueden comer
cáscaras de huevo.
Ahora Liu está junto a Dave,
celebrando y comiendo un pedazo de tarta de zanahoria al que Dave ha invitado,
y cuando Xander entra por la puerta a ver a su humano favorito, incluso Dave
intenta poner buena cara, saludar amablemente al vampiro y no arruinar el día.
—Te echaré mucho de menos por
aquí, incluso si lo único que haces es regañarme —suspira Dave, haciendo un
puchero.
Xander se sienta junto a ellos en
la barra después de besar a Liu en la mejilla, la cual tiene manchada de azúcar
en polvo.
—Tendrás a Jeremy para regañarte,
que empieza dentro de poco a trabajar. Y vendré a verte muchas tardes, ya
verás, lo prometo. También nos podemos ver en la universidad ¿No? ¿Qué horario
haces?
Xander está en contra de que Dave
siga en la vida de Liu, pero está a favor de que su humanito sea feliz, así que
decide que lo tolerará por ahora. Así pues, el vampiro escucha en silencio
mientras Liu y Dave hacen planes para verse prácticamente cada día, hablando de
a qué horas irán a la biblioteca y de cómo Dave se escabullirá del trabajo
cuando Liu tenga exámenes para pasarle las respuestas.
—No voy a copiar, a alguno
realmente nos interesa aprender —le reclama a Dave, que solo rueda los ojos y
se burla de Liu haciendo como si su mano hablase.
—Y si suspendes no necesitas
copiar, un par de amenazas mías y tendrás matrículas de honor, cosita —Xander
intenta ser dulce, pero Liu le mira con el ceño aún más fruncido que cuando
miraba a Dave y, afortunadamente, este respalda al vampiro.
—Por una cosa buena que tiene,
aprovéchala.
Xander rueda los ojos. Querría
decirle a Dave que él es capaz de aportar muchas cosas buenas a la vida de Liu,
pero entonces recuerda los fragmentos de su libreta y la amargura se le clava
como una espina en el corazón.
—No seas pasivo-agresivo —Liu le
lanza un pedacito de almendra de su tarta a Dave, que lo atrapa con la boca y
sonríe victorioso —¿Vamos cerrando? No quiero más quejas del jefe sobre que si
nos quedamos de más la factura de la luz se dispara.
—Cierto —asiente Dave saltando de
su taburete y desperezándose —, además, la factura de la luz ni está alta por
eso, lo está porque traigo cualquier cosa que necesite cargarse de mi casa y la
enchufo aquí para aprovechar.
Liu tuerce la boca y achica los
ojos, mirando a Dave justo como lo mira segundos antes de darle una larga y
extensa charla sobre que algo está mal o es potencialmente peligroso o
ligeramente ilegal. En lugar de eso, Liu relaja su expresión, se abraza a Xander
y deja que la felicidad por haber entrado en la carrera que quería lo desinhiba
un poco.
—¿Sabes qué? Que se joda el
viejo, es un jefe de mierda.
Xander y Dave no pueden evitar
reír por escuchar a Liu hablar de ese modo.
—Puedo comérmelo, si tanto lo
odias —ofrece el vampiro y Dave responde de inmediato:
—¡Por favor! Hoy me estás cayendo
bien, incluso.
Xander alza una ceja, interesado.
—¿Podéis no llevaros bien solo
porque a los dos os interesa cometer crímenes horribles contra gente que os cae
mal? —exige Liu, recogiendo sus cosas y dirigiéndose hacia la puerta.
Dave suspira y Xander rueda los
ojos.
—Entonces no me quedará más
remedio que seguir odiándolo. Culpa tuya, Liu.
Xander debe admitir que Dave le
resulta un poco gracioso y hasta se despide de él con la mano en vez de
amenazarlo mientras le abre la puerta de salida a Liu.
—¿Vienes?
—Me quedo un minuto más, que
tengo que recoger el portátil. Lo he dejado cargando en el despacho del viejo
—dice Dave, haciendo un gesto con la mano para despedirse de la pareja.
Tan pronto Liu y Xander están
afuera, Liu se pone sobre las puntas de sus pies y besa a Xander en la boca. Un
beso emocionado, profundo. Xander mordisquea los labios de Liu, lame su dulce
boca y debe separarse un poco, lo suficiente para susurrar sobre sus rosados
labios húmedos:
—Espérate a llegar a casa, Liu,
no quieres provocarme aquí.
El muchacho se sonroja al
instante y a Xander se le escapa una risa enternecida. Liu lo toma de la mano
mientras andan hacia casa y Xander sabe que incluso si el muchacho está
emocionado por la gran noticia y ansioso de que el vampiro lo relaje esta noche
con manos que le hacen temblar y una boca que lo hace sangrar y suspirar, antes
debe tener una charla larga y tranquilizadora para él. Conoce a Liu lo
suficientemente ver como para saber que incluso si haber obtenido plaza en la
universidad es una noticia feliz, el muchacho estará lleno de ansiedades de
todos modos, preocupado por si no da la talla, temeroso de no hacer amigos o
agobiado por si los estudios lo sobrepasan y aquello que se suponía que le iba
a gustar termina siendo una obligación sofocante. Primero se ocupará de aplacar
sus preocupaciones, luego podrá ocuparse de él por el resto de la noche.
De camino a cada de Liu, sin
embargo, Xander siente algo.
Algo extraño, pero ciertamente
familiar.
Liu le comentó hace tiempo y a
veces le dice, de forma esporádica, que una de sus muchas ansiedades es
sentirse observado. Perseguido. Xander nunca dudó de que esa era una
preocupación con mucho sentido después de lo que le hizo al muchacho. Lo cazó
noche sí y noche también en el pasado, dándole solo la calma de unos descansos
que jamás lo preparaban para lo que estaba por venir, así que es normal que Liu
siga sintiendo la paranoia que antaño era solo sentido común. Pero Liu le
confesó que ese sentimiento se volvió más real, más intenso, cuando Xander
volvió a su vida. Tiene sentido, pensó Xander, pues su retorno reavivó
viejos miedos, pero ahora se pregunta si esa sensación de sentirse observado de
Liu fue siempre una expresión de sus temores o si es algo más.
Porque es ahora Xander
quien se siente observado.
La sensación es pesada, casi
intencional. Y Xander conoce esa presencia aplastante, sofocante, esa presencia
que su portador puede moldear como un lazo que ahora se afirma alrededor de su
garganta.
Xander se detiene en seco,
desconcertando a Liu. Puede sentir a Mörblut a sus espaldas, esperándolo, puede
sentir su sonrisa incluso antes de voltearse y verla.
—¿Qué es lo que quieres?
—pregunta de pronto.
Liu luce confuso, hasta que una
figura enorme y aterradora surge de la oscuridad y Xander lo empuja a sus
espaldas con la intención de esconderlo de esos intensos ojos rojos que ya se
han clavado en él. Xander no sabe si es porque la ausencia de su creador le ha
dado una falsa sensación de confianza o si es su memoria la que le falla, pero
Mörblut es más grande y corpulento de lo que recordaba. Su rostro más cruel, su
cabello más color fuego, como sus ojos.
—Que bienvenida tan fría,
Alexander. Esperaba algo más cálido por parte de alguien que me pertenece.
Xander aprieta los dientes.
Mörblut habla con soberbia, acercándose unos pasos a él con lentitud. Anda
confianzudo, sabiendo que él controla la situación. Liu aprieta la chaqueta de
Xander con sus puños, comprendiendo de inmediato que sea lo que sea lo que
sucede, Mörblut no es amigo de Xander.
—Me sorprende que hayas vuelto
—con una voz más amable y servil que la que el vampiro habría deseado, Xander
añade: —¿Puedo saber por qué?
La sonrisa de Mörblut se amplía
enormemente. El miedo de Liu flota en el aire como una dulce fragancia, pero él
ya conoce el aroma de temor de un humano y el de ese no le resulta nuevo ni
especial. El miedo de Xander, sin embargo, le fascina. Se pregunta si es miedo
por su propia eternidad o por perder esa cosa mortal que protege tras sus
espaldas.
—Eso está mejor. Eres amable
cuando quieres, Xander, y he podido ver que llevas meses siendo más
amable y suave de lo que jamás imaginé. Y con un humano, además.
Xander siente su cuerpo
quedándose débil de un segundo a otro. Meses. Mörblut lo ha estado
observando meses.
—Al principio creí que era solo
una etapa, ya sabes, una tontería pasajera. Estaba esperando que te curases de
eso, pero cada vez vas a peor, Alexander. Te comportas más como un vampiro
débil y atrofiado que como lo que realmente eres. Estoy preocupado, por eso he
vuelto.
Xander traga saliva. Sabe que no
va a poder convencer a Mörblut, no con meras palabras, y hace tiempo que no se
alimenta bien. Entre humanos es tan poderoso como temido, pero hoy, ahora, se
siente como un niñito indefenso frente a su creador y algo en él le dice que
suplique si es necesario. Que postre sobre sus rodillas y renuncie a toda
dignidad, si con eso puede disuadir a Mörblut de las intenciones que cree que
tiene.
—Estoy bien así, Mörblut —Xander
se endereza, da un paso al frente y aclara su voz, la vuelve más dura, llena de
resolución —, es mi decisión.
El vampiro le sonríe. Una sonrisa
retorcida, larga y maquiavélica. Sin una pizca de amabilidad. Se inclina hacia
él y susurra:
—Pero yo no te creé para que eso.
Mörblut es rápido, más de lo que
Xander podría predecir. Antes de que pueda parpadear, el dolor en su abdomen lo
atraviesa y siente el calor de su sangre derramándose por sus piernas, goteando
hasta el suelo. La mano de Mörblut perfora su vientre, dedos fuertes y grandes
revolviendo la masa sanguinolenta de sus tripas y haciendo que más pedazos de
su cuerpo cuelgan y más chorros de sangre bajen por sus temblorosas piernas a
medida que habla.
—Te creé para que fueses una
criatura majestuosa. Un vampiro de verdad, con fuerza, poder, crueldad, no con
remordimientos.
Liu grita horrorizado y Xander
pone sus dos manos en el brazo de Mörblut tratando de impedir que siga
avanzando, tira de él, queriendo arrancárselo de su interior, pero al pelirrojo
le irrita su desafío y empuja la mano más hondo en la enorme herida perforante
de su estómago. Cierra sus dedos húmedos alrededor de la columna de Xander y el
vampiro se dobla de dolor, sus piernas fallando, Mörblut agachándose cuando su
creación se arrodilla.
Entonces tira.
Liu ni siquiera puede gritar.
Observa con horror el brazo cubierto hasta el codo con un guante de sangre, los
dedos brillosos y la larga cosa que sostienen, como una serpiente muerta. Le
cuesta unos minutos procesar que esa extraña cosa que parece una cadena son las
vértebras de Xander, una tras otra, su espinazo arrancado a través del agujero
rojo y negro de su estómago. El vampiro yace en el suelo, incapaz de moverse,
desesperado por curarse más rápido, por ponerse en pie, defenderse.
<<Proteger a Liu>>
Mörblut avanza unos pasos hacia
el aterrorizado humano, hundiendo su pie en la herida de Xander, retorciéndolo
con un sonido viscoso y desagradable que hace al muchachito palidecer hasta que
sus pecas prácticamente desaparecen de su rostro. Está seguro de que vomitará y
luego perderá el conocimiento, cayendo al suelo junto a Xander, pero Mörblut lo
atrapa antes. Su enorme mano aplastando su garganta mientras ecuánimes ojos lo
examinan con aburrimiento.
—¡Basta! —grita Xander, pero pese
a su voz comandante, suena más bien como una súplica —¿Por qué me haces esto?
¿No tienes a más creaciones a las que atormentar?
Mörblut ríe y afloja la presión
en el cuello del chico solo para tomarlo como a un saco y echárselo sobre uno
de sus hombros.
—Tenía. —confiesa
encogiéndose de hombros y mirando hacia el suelo, hacia la cara de su pupilo.
Su pie sigue clavado en su
herida, manteniéndolo quieto en el suelo mientras se retuerce de dolor y
pisando los huesecillos que empiezan a formarse cuando la columna vertebral de
Xander intenta formarse de nuevo y curarse.
—Todas débiles y patéticas, nadie
como tú, Xander. Las maté nada más verlas, pero tú, tu potencial, tu fuerza, tu
crueldad... Tú me has cautivado.
Xander niega, desesperado.
—Pero no soy lo que quieres ¿Por
qué no creas más hasta obtener lo que tanto buscas, tu clon perfecto en vez de
hacerme esto? Por favor…
Mörblut hace una mueca dolorida,
como si Xander también estuviese hurgando en una herida abierta.
—Ser vampiro no viene con un
libro de instrucciones y hay muchas cosas que, como tú, he tenido que descubrir
con el tiempo. Y una de ellas es que somos... Más limitados de los que creí.
Un jadeo se le queda atrapado en
la garganta a Xander. Las palabras de su maestro pesan sobre ellas. Las
implicaciones. El horror.
<<No. No, no, no.>>
Si son ciertas, si es lo que él
cree… está perdido. Jamás se librará de Mörblut.
—¿Quieres decir...
—No puedo crear a más vampiros,
Xander —lo corta con un tono venenoso, impaciente, como si su lentitud para
comprender le irritarse sobremanera. Liu, colgando en su espalda, ha perdido el
conocimiento y Xander escucha su corazón latiendo despacio —, eres el último de
mis neófitos. Igual que tú, si vinculas a mortales, llegará un punto que
perderás la capacidad de hacerlo. No puedo hacerme un vampiro nuevo, pero puedo
hacer de ti uno.
El pie de Mörblut desaparece de
su herida y Xander siente que puede respirar de nuevo. Ve la espalda del hombre
alejándose, a Liu colgando como un muñeco sin vida sobre ella. Puede notar sus
huesos empezando a formarse de nuevo, primero un esqueleto débil, meramente
estructural, y luego pedazos más sólidos anexándose a esas finas guías, pero no
hay suficiente tiempo, Liu ya no estará para cuando se cure y pueda levantarse.
Necesita retener a Mörblut al menos por un minuto más.
<<¿Y luego qué? ¿Volverá a
hacerlo y se llevará a Liu?>>
Xander sacude la cabeza. No puede
pensar en eso ahora, solo en seguir, en obtenerse una pequeña ventana de
oportunidad donde depositar todas sus esperanzas.
—¿Por qué me haces esto? Está
crueldad a alguien de tu especie ¡De tu sangre! —grita, arrastrándose desde el
suelo hacia el otro, que se para de pronto y, sin girarse, le responde.
—No seas hipócrita. He aprendido
a colarme en la mente de sanguijuelas debiluchas como esa que tú tienes por
amigo ¿Eidan? Lo que sea. He visto la crueldad que tuviste tú con él
¿Acaso no lo torturaste por días y lo forzaste a matar a su amor? Y aun así
ahora ese vampiro te sigue como un perro y te idolatra. Tú también me
perdonadas. Aprenderás a amarme, Alexander, con el tiempo.
Xander no logra oír ni ver el
siguiente paso de Mörblut, pues su figura desaparece, disuelta en la oscuridad
de la noche y, con ella, Liu se esfuma también.
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