Capítulos 131-140

 

Capítulo 131

 

Xander lleva un buen rato viendo a Liu tratando de seguir el ritmo de la música, contoneándose, moliéndose de esa forma tan bonita y algo torpe que le hace querer tomarlo entre sus manos y dirigir cada movimiento de su cuerpo, tallar sus sutiles curvas mientras se retuerce bajo su toque.

Le gusta ver al muchacho divertirse de ese modo tan despreocupado. Lleva mucho tiempo estudiando y el chico necesita y merece un respiro, además, aunque Liu quiera conseguir todo por mérito propio y Xander sepa que puede lograrlo sin problema, él está dispuesto a mover un par de cables para que el muchachito entre en la carrera que quiera de la universidad que desee, solo que no piensa proponerle esa opción a Liu porque el muchacho está empeñado en que matar o amenazar con ello no es siempre la solución, aunque Xander sabe que sí y que además es la más eficiente.

El cabello castaño de Liu brilla hermosamente bajo las luces alocadas de la discoteca, sus mechones chocolate luciendo azabache por el contraste en la iluminación y aquellos que son algo más claros, caoba o avellana, resplandecen como la miel y le hacen obtener un aura casi sagrada. Tan pura que desea corromperlo ya. Algunos mechones de su flequillo se pegan a su frente por el sudor y es que el chico está bailando con tantas ganas que tiene el cuerpo brillante por culpa de este: sus mejillas, su cuello, las clavículas, sus pequeños hombros…

Xander sigue al chico con la mirada cuando lo ve tambalearse un poquito, apartándose a un lado. Liu entra en uno de los baños del edificio y aunque Xander no quiere ser tan posesivo que se sienta sofocante, no puede evitar acercarse, sobre todo cuando un chico que ha estado mirando a Liu todo el rato se mete en los aseos justo después de él.

No quiere ser violento. No quiere ser impulsivo. Así que se obliga a sí mismo a esperar un poco. Cinco minutos, se dice, será lo ideal. Pero al segundo minuto ya está irrumpiendo por las puertas del baño con los puños apretados y los colmillos sobresaliéndole de los labios.

—Que no —esa es la voz de Liu. Su preciosa voz, la cual suena irritada —, no seas pesado. Además, me espera mi novio fuera.

Xander sonríe cuando Liu lo llama así. Tiempo atrás esa clase de etiquetas humanas le parecían ridículas, ahora le llena el pecho de calidez que Liu tenga un nombre tan tierno para definir su relación, incluso si sabe que nada en ella es sencillo y que sus orígenes son tan oscuros como su naturaleza misma es.

—Pues te doy yo mi número y si la cosa va mal con ese novio me llamas. Va. No te arrepentirás.

Xander graba esa voz en su cabeza, pronto no sonará tan segura, tan insistente, tan jodidamente arrogante. El vampiro voltea la esquina y ve a Liu apoyado contra un lavamanos, de espaldas al espejo donde Xander refleja. Frente a él un muchacho alto y moreno le corta el paso y le ruega por que le dé una oportunidad. No es Dave, pero se parece un poco a él y eso hace que Xander tenga más dificultad para serenarse.

—Escucha, no seas un… Oh, ahí está mi nov-

Liu no logra acabar la frase. Xander sabe que sería suficiente con que Liu dijese las palabras mágicas, el otro se volteaste y lo viese como para que lo dejase en paz y no volviese siquiera a reaparecer por ese local. Pero Xander está molesto por la osadía de que ese chico esté no solo intentando apropiarse de lo que le pertenece, sino de que esté incomodando a Liu, no dejándolo salir, avasallándolo con peticiones que se sienten peligrosamente cerca de ser mandatos.

Así que toma el cráneo del chico por detrás, con la enorme amplitud de su mano, y empuja su cara contra el espejo tan duro que rompe incluso las baldosas que hay detrás. 

Liu se queda paralizado, parpadeando rápidamente mientras la imagen del espejo roto y ensangrentado le llena la mente. Mientras los pedazos que reflejan su carita horrorizada encajan con otros que tiene profundamente clavados en sus recuerdos.

Conoce esa violencia. Esa ira.

El muchacho que hace unos minutos había ligado con él ya no tiene rostro, solo una masa de sangre y cristales.

Recuerda un espejo. El sonido que hizo al romperse.

El pobre chico se resbala por el lavamanos hasta el suelo, posiblemente inconsciente. Deja un rastro rojo tras de sí.

Recuerda el dolor de clavarse pedacitos de cristal mientras gateaba tratando de huir.

Xander toma por el cabello al inerte humano.

Liu recuerda esos dedos enredados en sus mechones. La forma en que lo arrastró a la cama con cristales todavía dentro de la piel. Los brazos sangrantes.

<<¿Te lo mereces? ¿Te mereces mi compasión?>>

La voz de Xander suena en su cabeza, aunque no le ve mover los labios más que para mostrar sus colmillos, para acercar su hambre al cuello del pobre humano inconsciente.

<<No me lo merezco. No me lo merezco. Soy desobediente, soy inútil>>

Justo cuando el vampiro está listo para destrozar la garganta de su víctima, escucha a Liu caer al suelo y tira al muchacho desmayado a un lado, corriendo a por su preciado pecoso.

—¿Qué sucede? ¿Te ha hecho algo? —pregunta el vampiro tomando al humanito entre sus manos.

Sus palmas están empapadas de sangre y tiñen la ropa de su humano favorito, así como el impacto contra el cristal ha mandado gotitas carmesí a sustituir alguna de las pecas del chico. Pero aunque está ensangrentado, con las piernas tan temblorosas que son inútiles y los ojos tan abiertos y enloquecidos que parecen pasar a través de él, Xander no logra ver nada que esté mal con Liu.

No está herido, tan siquiera tiene un chichón o un arañazo.

—¿Liu? —pregunta y un gorgoteo repugnante suena a sus espaldas, el sonido de su víctima intentando respirar a través del velo de sangre viscosa y tejidos en que se ha convertido en su nueva nariz y boca.

Xander está tan enfadado que deja a su humano a un lado, recogidito en un rincón para asegurarse de que está a salvo, y se voltea hacia el pobre mortal que busca las fuerzas necesarias para arrastrarse por el suelo.

No sabe qué le ha hecho a Liu, pero pagará por ello.

Lo toma por el cabello de nuevo, esa maraña de mechones cardados y húmedos la mitad de los cuales arranca por la fuerza contra la que tira de ellos. Hace al chico ponerse en pie y lo empuja contra la mancha de sangre donde los cristales rojos, los pedazos de baldosa y los trozos de diente se confunden entre sí. El humano se retuerce cuando se le clava todo el lío de picos afilados entre los omóplatos, pero Xander lo empuja más duro y gruñe como un animal, sus colmillos tan enormes que Liu puede ver a la perfección la forma en que la saliva escurre por ellos.

Quiere morderlo, quiere devorar esa patética existencia hasta hacerla desaparecer. Pero cierra sus fauces, porque primero quiere hacerle sufrir, por Liu, porque el chico ahora está hecho un ovillo en el suelo, llorando e hiperventilando por su culpa, pero también por él. Porque es tan divertido, tan agradable ser cruel sin reparos. Porque lleva tanto tiempo encerrando esa parte de sí que dejarla salir se siente como volver a respirar aire fresco por primera vez tras siglos de humo.

Xander toma los brazos del hombre y los aprieta entre sus manos mientras lo empuja contra la pared filosa. Sonríe cuando escucha dos chasquidos húmedos y la débil súplica de un gorgoteo. Le ha roto los brazos.

Liu siente náuseas. Y pánico.

Porque Xander luce tan feliz destrozando a ese chico. Porque luce tan como cuando lo miraba a los ojos mientras lo violaba y abría sus cortes, como cuando lo mordía y no cabía en sí mismo de júbilo y éxtasis, como si ver a una criatura inocente queriendo morirse fuese el espectáculo más precioso de la naturaleza.

Alexander luce tan, tan como antes. Tan como lo que es.

Tan monstruoso.

El chico ensangrentado cae a sus pies cuando el vampiro lo empuja al suelo, todavía estirándole de los brazos partidos mientras pone un pie en medio de su columna. Liu chilla, horrorizado, cuando el vampiro tira de los brazos debiluchos, haciendo al chico arquear su espalda, sonriendo porque sabe que se la romperá poco a poco.

Xander lo mira de pronto. El sonido que ha salido de la boca de Liu no ha sido un grito cualquiera, un sonido de impresión o de asco. Es la primera vez que el humano suena tan desesperado, tan lleno de horror y de rechazo y de jodido miedo que no parece una persona, sino una alimaña acorralada.

Xander suelta los brazos del destrozado humano y cuando Liu se encoge ante su mirada se da cuenta de que ese humano ha incordiado a Liu, sí, pero es él quien lo ha puesto así. Es él quien lo ha hecho temblar y llorar tan duro que está salivando y moqueando de terror, que tiembla tan fuerte que sus dientes castañean y no puede siquiera hablar.

Xander se siente tan mal de pronto, como si todo el disfrute de su pequeña tortura fuese lavado por una lluvia de vergüenza. Ha vuelto a quitarse la máscara frente a Liu y ha vuelto a asustarlo con la oscuridad que mora bajo ella, con esa oscuridad que a veces se pregunta si es una parte de él o si ha consumido ya todo su ser.

—Liu… —murmura, apartando al chico sangrante, esta vez con cuidado, y acuclillándose frente a él —, Liu, no quería…

Cuando Xander tiende su mano hacia el chico y lo roza, Liu grita de nuevo y se intenta zafar de su contacto como si su cercanía fuese fuego. El muchachito no puede dejar de berrear, hipear y sollozar y cuando intenta huir de la esquina en la que siente que el depredador lo acorrala resbala con la sangre en las baldosas y se arrastra patéticamente por el suelo lleno de cristales.

Xander se alarma al oler la sangre de Liu y lo toma por la cintura para intentar calmarlo y que no siga haciéndose daño. Le repite su nombre en un tono tranquilizador, pero ni él mismo es capaz de escuchar su propia voz: los lloros de Liu han llamado la atención de alguien y ahora la puerta del baño está abierta de par en par, dejando que entre en la estancia el retumbar de la música y el jaleo de miles de voces humanas entrando en pánico, gritando que hay un vampiro en los baños asesinando a un muchacho y con otro muerto tendido en el suelo.

El ambiente no ayuda a calmar a Liu, que cuando nota que el otro está intentando inmovilizarlo, por muy gentil que sea, entra en pánico y se revuelve con más fuerzas. Las palmas de sus manos, sus rodillas e incluso sus mejillas acaban deslizándose por el suelo lleno de cristal.

—Liu, Liu, no, tranquilo, siento mucho hab-

Xander se queda sin habla cuando siente un filo deslizare por uno de sus brazos. Liu lo mira con los ojos abiertos, enloquecidos, la pupila diminuta y la oscuridad en ella enloquecida, mientras su mano derecha agarra el pedazo de cristal con el que ha intentado defenderse.

Y Xander suelta al chico, porque sabe que si lo conserva entre sus manos lo matará. No ve a dónde va, sus ojos rojos se quedan clavados en su antebrazo, en la herida irregular y torpe que le ha desgarrado la piel desde la cara interna del codo hasta casi la muñeca. La herida poco a poco se cierra, el color carmesí difuminándose, el dolor remitiendo.

<<No es su culpa. No es su culpa. No es su culpa>> se repite una y otra vez, porque la ira, a diferencia de la herida o del ardor, no desaparece. Es una laceración caliente latiendo en su mente. La ira es la potencia con la que imágenes de sus manos desgarrando a Liu se proyectan en su cabeza por encima de sus palabras. La ira es que esas imágenes le causen un hormigueo agradable antes de que le causen asco.

Y entonces algo lo saca de su lucha interna: el aroma de la sangre de Liu. El hecho de que ahora es más intenso.

Xander arranca la puerta de uno de los cubículos del baño, hallando al mortal sobre la taza del váter con el cristal ensangrentado lamiendo la piel de sus muñecas una y otra vez.

—Losientolosientolosientolosientolosientolosiento… —repite bajito, en un susurro enloquecido.

Xander le arranca el pedazo de cristal de las manos con tanto ímpetu que le corta las palmas del chico al dar un tirón violento y se odia por ello. Se odia porque sus manos no saben cuidar, solo romper, porque cada vez que pretende acariciar al chico sus dedos son demasiado grandes y sus garras son demasiado afiladas y termina siempre llenándose las manos de sangre y dolor, de esas cosas malas cuya textura, cuyo peso y forma reconoce, no como el cariño, que se le escapa entre los dedos, incapaz de comprender como sostener un sentimiento tan ajeno.

—Liu, tienes que parar, siento mucho haber hecho esto delante tuyo ¿De acuerdo? Te he dejado ver una parte de mí que jamás deberías ver, lo siento, lo siento mucho, por favor, basta ya, no te hagas esto, no, no, no, deja d-

Xander jadea de dolor cuando ve al chico rascarse furiosamente el brazo, la sangre tiñéndole las uñas y estas jaloneando para un lado y para otro la piel maltrecha a los lados de las enormes cicatrices que se ha hecho.

Desesperado, Xander muerde su propio labio hasta que la sangre le chorrea por la barbilla y sostiene los hombros de Liu mientras le planta un beso firme, pero suave.

El chico se queda paralizado, tomando su sangre porque no sabe rechazar nada que venga de Xander, porque ha aprendido que hacerlo es peor, y aunque su piel se cura, su corazón sigue sangrando lágrimas. Xander no puede evitarlo: la cercanía con Liu y la desesperación lo empujan a inclinarse más hacia el chico, a asomarse a su mente y hundirse en ella.

Y descubre que el chico tan siquiera está pensando, solo recordando. Solo reviviendo.

Revisitando a la persona que Xander era en el pasado. A la cama contra la que lo arrojó y le quitó su dignidad y su ser solo porque le apetecía un poco de diversión. A la casa extraña a la que lo arrastró y en la que lo retuvo cuando Liu no tenía nada familiar salvo la sensación del miedo y el deseo de morir. 

Xander se separa, destrozado al ver como la mente de Liu está hecha añicos por su culpa, y se arrodilla ante el otro humano sanguinolento. Toma una de las gotitas de sangre de su barbilla y las empuja en el agujero sangrante donde intuye los restos de unos labios.

Poco a poco, el mortal se cura de sus heridas y pronto en ese baño solo están Xander y dos humanos aterrorizados, pero intactos.

Xander toma a su víctima por el pescuezo y lo arrastra hacia donde está Liu, como mostrándole un juguete.

—Lo he curado —dice el vampiro con voz ronca y seria. Arrepentida —, he… he intentado solucionar lo que he hecho. Lo he curado ¿Ves? No solo sé romper cosas. Lo siento mucho, Liu, lo siento. —Liu lo mira con ojos un poco menos opacos.

Esta vez brillan con dolor, en vez de locura, y realmente parece ver a Xander, en vez de su sombra del pasado, pues sus ojos alternan entre el vampiro y el mortal al que obliga a estar ahí, de pie, demasiado confuso y asustado como para emitir palabra alguna.

Liu lloriquea y sorbe por varios minutos más, pero ahora su llanto se ha calmado más, pues no grita ni se retuerce. Xander suelta al otro humano, que tarda varios minutos en comprende que tiene permiso para huir, y el vampiro se acerca a su pecoso preferido con una lentitud cautelar.

Liu se encoge por su cercanía, pero busca su mirada.

—Lo siento —murmura apenas sin voz, todavía sonando lloroso y vulnerable como un pobre niñito perdido —, n-no sé qué me pasa, me he asustado tanto, algo está mal, a-algo… y me tienes que prometer que no me harás daño y me tienes s-si realmente piensas eso de mí… e-eso de que merezco todo lo que me… lo que…

Liu rompe en lágrimas cuando Xander lo abraza. Sus manos que antes parecían hechas de hierro candente ahora solo son cálidas. Sus brazos, firmes barrotes que lo mantenían prisionero, ahora son un escudo que lo protege. Liu se inclina hacia Xander, llorando a mares, desenvolviéndose hasta dejar su centro sensible y líquido hecho de lágrimas derramarse sobre el vampiro, y este lo acoge con palabras gentiles.

—Ha sido mi culpa, yo te he asustado. —asevera Xander mientras lo acaricia y le da tiernos besos en las mejillas, pues sabe que no merece sus labios.

No merece su piel, tampoco, esa dulce suavidad cubierta por una estela de pecas, pero al menos es consciente de que merece la culpa aplastante que siente por cada beso que le da y que siente que en el fondo le está robando.

—No es verdad, ninguna de las cosas malas que te dije es cierta, Liu. Soy una criatura mala, un ser horrible, soy un demonio, Liu, y tú no tienes la culpa de ello, no debería haberte dejado ver… no debería haberlo hecho enfrente de ti. Lo siento mucho, lo siento tantísimo. Jamás te haré daño, jamás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 132

 

Mientras Liu llora sobre el frío suelo de losas teñidas de sangre seca, Jeremy se deshace en lágrimas también, a varios kilómetros de él, sobre la misma cama que antaño tiñó con su sangre y muerte. 

Aidan lo abraza fuerte, firme, porque teme que si no lo hace su humano se escurrirá entre sus brazos y lo perderá para siempre, como una hermosa figurita de arena que se desmorona lamida por el vaivén de un oleaje de recuerdos que jamás debieron existir.

Aidan se siente culpable. La ausencia de Xander y Liu en la casa le resultó tan tentadora que no pudo sino proponerle a Jeremy volver a darle un muerdo al terror de ser mordido. La última vez salió bien, así que el vampiro pensó que esta también sería fructífera, pero no todas las noches Jeremy tiene la misma fuerza, no todas las noches la herida está igual de cerrada y los recuerdos igual de bien enterrados. Y hoy Jeremy sentía su cicatriz rosada, pulsante en su corazón, los viejos temores a ras de piel.

Así que tan pronto Aidan ha acariciado su dermis con los colmillos, el chico se ha roto. Jeremy se ha marchado de pronto, transportado a la noche en que, antes de morir, lo último que pensó es que había sido estúpido, realmente estúpido e ingenuo, por pensar que Aidan podía quererlo más que como a un juguete desechable, pues eso es lo que siempre ha sido. Jeremy vuelve al momento en que pensó que se lo tenía merecido, por dejar que su hermana le llenase la cabeza de pajarito, por volar demasiado alto, demasiado cerca de la radiante idea de que él, en el fondo, puede tener algo de importancia en este mundo.

Así que ahora Jeremy se encuentra llorando y suplicando, pidiéndole perdón a Aidan por no ser suficiente, rogándole que sea suficientemente misericordioso como para perdonarle la vida, incluso si es una inútil, pues es lo único que tiene.

Aidan lo mira con infinita tristeza. Su ansiedad es palpable en el ambiente, como electricidad que los recorre a ambos, que hace que la voz de Jeremy suene desafinada y que su cuerpo tenga terribles espasmos cada vez que lo toca.

Pasan horas hasta que Jeremy es capaz de salir de su burbuja de dolor y recuerdos enquistados, horas en las que Aidan lo acaricia y le dice bonitas palabras incluso si sabe que no serán oídas, que la piel del chico hace tanto eco al dolor del pasado que no hay lugar para registrar la suavidad de sus toques. Horas hasta que Jeremy abre sus ojos anegados y cierra sus labios llenos de terribles, terribles imploraciones, y mira a Aidan con vergüenza, dándose cuenta de que ha tenido un ataque.

De que lo ha molestado con un estúpido berrinche.

—Lo siento —dice tan pronto como es consciente de la realidad. De dónde está, de con quién. <<Con Aidan, que es tan amable, que es tan paciente. Yo he abusado de su paciencia con mis estúpidos sentimientos.>>

Los ojos de Aidan brillan con una película de lágrimas que se esmera por no derramar. El dolor de Jeremy es desgarrador, pero ver cómo se disculpa por él es insoportable. Inconcebible.

—Jeremy, no, no te disculpes ¿Por qué lo haces?

El chico corre a secarse las lágrimas e intenta con todas sus fuerzas secarse los ojos, tragarse sus sentimientos y se claven en lo más profundo de él. Pero es difícil, así que Jeremy todavía hipea y lloriquea mientras contesta:

—P-porque ellos… porque siempre les molestó cuando… s-si lloraba o me… o había quejas y… no te enfades, por favor…

Aidan aprieta los dientes. No necesita que Jeremy le diga quienes son ellos.

No necesita saber sus nombres ni imaginar sus caras para ver en su mente todos esos cuerpos llenos de lujuria y egoísmo buscando en Jeremy cualquier cosa, menos un ser humano.

Jeremy se muerde duro el labio para dejar de llorar y aunque Aidan quiere pedirle que pare, sabe que no le hará caso.

¿Pero qué esperar de un chico que ha aprendido que su incomodidad no es más que una molestia, su dolor un estorbo, sus lágrimas un simple cuento que hace a los hombres que lo ultrajan rodar los ojos y echar una almohada sobre su rostro porque el riesgo de que el chico deje de respirar no es tan grande como la irritación de escucharlo quejarse?

Aidan se siente de pronto tan furioso, pues conoce la ira mejor de lo que conoce la compasión: es más próxima a la violencia, a la sangre. Se levanta de pronto de la cama y en su cabeza ve con detalle las cientos de líneas rojas que conectan a Jeremy con el exterior. Rastros de su dulce olor que delatan quiénes han sido sus clientes. Aidan los matará a todos y cada uno de ellos. Se reirá de sus súplicas, aborrecerá su desesperación, igual que ellos hicieron con Jeremy, se vengará dándoles de su propia jodida medicina y si es posible les hará sufrir hast…

Aidan se voltea, Jeremy le rodea la muñeca débilmente, todavía llorando y mirándolo con ojos de cachorrillo como si temiese ser abandonado otra vez. Entonces, el vampiro comprende que no puede hacer eso, que no puede enfadarse ahora y entregarse a la dulce liberación de la rabia, pues aunque es lo que él quiere, no es lo que Jeremy necesita. La ira no secará sus lágrimas, no le hará sentir seguro, al contrario.

Lo que él necesita es compañía, compasión. Comprensión. Y para Aidan es más sencillo matar que escuchar, pero nadie dijo que estar con Jeremy sería fácil, pero él lo sabe y lo acepta. Así que se sienta de nuevo en la blandura de la cama y deshace los puños a los lados de su cuerpo, tornándolos manos amables que rodean al joven lloroso y lo atraen hacia él.

Cierra sus ojos rojos y siente sus colmillos empequeñecer en su boca. Su instinto tendrá que esperar, Jeremy no necesita ahora a un vampiro sediento de venganza, no necesita a un héroe, necesita un abrazo.

Aidan se lo da. También le da un beso y luego uno detrás de otro. Una constelación de adorables besitos que deposita sobre todo su rostro empapado en lágrimas.

—Está bien —murmura y Jeremy rompe a llorar aún más fuerte porque esas palabras son tan reconfortantes que no pueden ser reales. Porque ha soportado insultos y golpes y jamás ha roto en lágrimas, pero ahora, por fin, se siente seguro para ser vulnerable —, está bien, Jeremy. Estoy contigo. No estoy enfadado. 

 

 

 

Capítulo 133

 

El tiempo ha pasado y, con él, varios cambios lentos pero seguros se han ido instalando en las vidas de Liu y Xander, así como de Aidan y Jeremy. Xander ha logrado ser más amable incluso con humanos que poca o ninguna relación tienen con su mortal favorito, agradeciendo a los repartidores de la comida que Liu pide a domicilio o a los dependientes de las tiendas donde el humano va a comprar cuando antaño los habría asesinado por tener la osadía de mirarle a los ojos y creer que iban a vivir para contarlo. Aunque sigue siendo cierto que muchos todavía no sobreviven a la vista de su roja mirada, mayormente criminales, aunque de vez en cuando algún pobre inocente cae preso de las garras de Xander. Cada vez sucede menos, realmente, y si hay alguien a quien la ciudad debería agradecerle es a Liu y a la forma en que ciertas noches, cuando ve la mirada escarlata de Xander relucir y sus colmillos creciendo con ansia se tiende sobre la cama, un par de botones en su pijama abiertos a modo de invitación, y le pregunta al hombre si se siente hambriento. Si él es suficientemente apetecible para calmar esa sed.

La respuesta es siempre la misma: la boca de Xander alrededor del cuellito lleno de marcas de Liu y la mano débil del muchacho alrededor de su propio sexo, convirtiendo el dolor en un catalizador del placer. Xander muere por tocarlo él mismo, pero ha alimentado durante demasiado tiempo su lujuria, así que ahora le toca a la paciencia. Sobre todo después de esa noche, de la noche en que Liu se dispuso a entregarle un poco más de su cuerpo, su alma, de su confianza, y Xander, henchido de deseos, terminó empapando sus manos de sangre y las de Liu de lágrimas y recuerdos demasiado amargos.

Xander no sabe lo que lo poseyó esa noche. Quizá la anticipación le hizo perder el control, pero sea lo que sea, ya se encuentra mejor. Aidan también se sintió violento bajo esa misma luna y él y Xander lo han hablado largo y tendido, preguntándose qué los hizo sentir de pronto tan voraces, tan peligrosos. Por qué su naturaleza salió a relucir esa noche exacta, cuando sus humanos estaban entre sus dedos y podrían haberlos rotos, es todavía un misterio y quizá no haya explicaciones que buscar, solo culpa y responsabilidades que asumir. De todos modos, Xander y Aidan están más tranquilos ahora e incluso Xander goza una vez cada cierto tiempo, del delicioso espectáculo que su amigo y su humano le ofrecen. Le gusta ver como Aidan entrena a su mortal para aprender a tomar el miedo y el dolor que sus colmillos traen, para que la sangre caliente no se sienta como una traición derramándose por su cuerpo y la realidad una hoja fija y traslúcida a través de la cual ve poderosos recuerdos que amenazan con repetirse. 

Le gusta, sobre todo, ver como Aidan toca o folla a su chico mientras mordisquea su cuello e imaginar un momento en que él y Liu puedan hacer las mismas cosas, solo que él hundirá sus dientes en la pálida garganta de su chico. También gusta de dar sugerencias a Aidan, aunque salen de su boca en forma de órdenes. El vampiro de cabellos azabache e inteligentes ojos gatunos las obedece, extasiado, y el chico entre sus brazos siempre obedece sus demandas con una docilidad deliciosa.

Xander fantasea -y Aidan también, pues lo han hablado largo y tendido, con voces roncas y colmadas de deseo- con las noches en que Liu disfrute de tener otro par de ojos rojos sobre su piel mientras Xander lo toca y lo hace sangrar. No suele gustarle compartir, no tanto como a Aidan, al menos, pero le gusta presumir. Y Liu, desde luego, es un pequeño tesoro del que quiere poder fardar delante de su más preciado amigo.

Por otro lado, Dave y el vampiro son ahora capaces de tener pequeñas conversaciones cuando el segundo viene a buscar a su hermoso humano al trabajo y ¡sorpresa! una de cada tres veces que hablan Liu no llega a escuchar ningún insulto ni amenaza, lo cual es un avance increíble.

Es obvio, entonces, que Liu sigue trabajando en la cafetería, pero no sabe si lo hará por mucho más tiempo: esta mañana ha realizado las pruebas de acceso a la universidad.

Tan pronto las ha terminado, Dave y Jeremy han ido a buscarlo a instituto donde las ha hecho y, durante el resto del día, Jeremy y Dave se han conocido y se han coordinado como un perfecto equipo para mantener a Liu distraído de sus ansiedades, cortando cada pregunta sobre si habrá respondido bien o no una pregunta con tonterías que han hecho al pecoso reír hasta que su estómago ha dolido más que si le hubiesen dado un puñetazo.

Esta noche, cuando llegue a casa, tendrá que decidir qué carrera quiere estudiar y si los resultados de sus exámenes son buenos, quizá sus deseos se hacen realidad. Quizá logra tener un futuro más allá de entretenerse con un trabajo que ni siquiera le gusta tanto solo para salir de casa. Quizá logra obtener metas, motivaciones e intereses nuevos, avanzar en vez de estancarse en el pasado y aunque no sabe si merece esta oportunidad de seguir adelante, debe reconocer que le hace ilusión.

Que se siente vivo de nuevo. Más que eso: con ganas de vivir. Y esa es una sensación que creyó que murió en él cuando lo hicieron todos aquellos a los que amaba, una sensación de la que incluso dudó la existencia, pues no podía recordar cómo se sentía pensar en la vida como algo más que una condena.

Pero sentirse tan vivo, emocionado y feliz es nuevo para Liu y lo nuevo es a la vez desconcertante, incierto, aterrador. 

Quizá por eso, cuando Liu llega a su casa poco antes del anochecer y Dave y Jeremy se despiden de él con fuertísimos achuchones y buenos deseos, Liu siente la ansiedad que lleva todo el día embotellada dentro de él burbujear y estallar hasta que termina delante de su portátil con los ojos tan llorosos que no puede ni ver ni las letras grandes de la pantalla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 134

 

—Liu, mi cosita ¿Qué sucede? —pregunta una voz ronca y profunda que parece venir de todas partes al mismo tiempo.

Liu, sin embargo, no tiene que levantar la vista para buscar a Xander. Tan pronto como lo escucha, un brazo envuelve su cintura y cálidos labios besan sus mejillas húmedas, una larga lengua limpiando las lágrimas cual gatito. Y hablando de mininos, Liu sonríe un poco cuando escucha a Alex, el gatito, ronroneando mientras se refriega contra sus tobillos con su mullido cuerpo.

—¿Han sido mal los exámenes? —pregunta Xander con preocupación y Liu niega, varias lágrimas más cayendo. El gatito escala hasta su regazo y eso ayuda a Liu a distraerse un poco, porque el minino le maúlla y él debe acariciarle la espalda.

Del mismo modo, Xander pasa sus grandes manos por el cabello del chico y luego por su nuca, su espalda, sus hombros. Liu quiere ronronear también, porque esas caricias son justo lo que necesita.

—¿Entonces qué te ha hecho llorar? ¿Ha sido alguien?

Liu nota el cambio en la voz de Xander, cómo se torna más hosca y áspera, y corre a apaciguarlo antes de que pueda hacer una estupidez letal.

—¡No! No, no ha sido nadie —Xander relaja sus hombros y mueve su cabeza de lado a lado, haciendo tronar su cuello —, es solo… No lo sé, esto es un cambio grande, estoy muy agobiado. —Xander dirige sus ojos a la pantalla del ordenador de Liu y entiende un poquito mejor su situación.

Liu está en la página donde debe escoger un listado de carreras y universidades, incluso antes de saber su nota y, por ende, sin poder preveer si entrará en alguna de ellas o cuales. La incertidumbre no es una gran molestia para Xander, las cosas importantes siempre puede imponerlas él, pero entiende el nerviosismo de Liu.

El muchachito pecoso aparta la patita del gato cuando el minino mira la pantalla vengativamente, sabiendo solo que esa cosa brillante y rectangular ha hecho llorar a uno de sus dueños y que, por ende, debe sufrir la ira de sus garras.

—No, no lo rompas —lo regaña Liu, a lo que el gatito de orejitas destartaladas le maúlla, intentando expresar que él solo trata de hacerle justicia a su afligido corazón.

Xander ojea el interminable listado de carreras y lugares y nota al chico repasar la lista con ojillos abrumados.

—Cualquier decisión que tomes estará bien, Liu, algunos errores son muy caros en la vida, pero esto… —señala la pantalla, como restándole importancia —no es nada que no puedas solucionar. Si no obtienes la nota para una carrera, pasarás a la siguiente que hayas escogido.

Liu niega con la cabeza, angustiado

—Pero es que no sé qué carrera escoger ¿Y si me arrepiento? ¿Y si desperdicio años de mi vida? ¿Y si algo que me gustaba mucho luego se arruina por culpa de una mala experiencia universitaria? Quiero literatura porque amo escribir y leer y quería ser editor, pero psicología es tan interesante y me ayudaría tanto a comprender cosas de mí mismo, a ayudar a otros que estén en situaciones como la mía pero que no tengan a nadie… pero ¿No es eso mucha responsabilidad? ¿Y qué hay de bellas artes? Suena tan genial, pero no sé dibujar, nunca lo hecho y quizá estoy siendo ingenuo ¿O filosofía? Es tan interesante ¿Pero y si es demasiado difícil? o… perdón. Perdona, soy tan tonto, soy t-

Liu habla de forma atropellada, su voz aguda por el estrés y sus palabras corriendo una detrás de otras como si no tuviese tiempo ni para esperar para tomar un aliento. Xander se inclina y le da un beso para callarlo. No porque quiera interrumpir su desahogo, sino porque no soporta escucharlo decir cosas feas de sí mismo, así que prefiere poner algo más dulce en sus labios.

—No es tu culpa, no eres estúpido —dice suavemente, tomándolo de la mano y mirándolo a los ojos —. Es una decisión difícil. Pero incluso si escoges algo y no te gusta, el error es reversible, puedes cambiar de carrera. y no significa que sean años perdidos. Harás más cosas ese año, cosas divertidas y emocionantes conocerás a gente, aprenderás que te gusta y qué no y madurarás. El tiempo nunca se pierde, suceda lo que suceda, es tiempo que vivirás, que te construirá como persona. Y ningún tiempo invertido en hacerte quién eres está perdido ¿De acuerdo?

Liu solloza. No puede evitar hacerlo, no cuando Xander suena tan comprensivo y perfecto, cuando sus palabras encajan con el trocito en su interior que siente que falta y lo hacen sentir tan bien. Tan cuidado. <<Tan cuidado, como no merezco>>

Xander lo besa de nuevo, distrayéndolo. Sus labios calientes contrastan con el frío de sus colmillos y Liu los mira mientras se enjuaga las lágrimas con la manga de su camisa y asiente.

—Mhm… gracias. A veces me siento como un niño contigo, soy muy llorica y me cuesta todo y tú siempre tienes algo sabio que decir.

Xander sonríe, entre halagado y entretenido. Liu se devuelve el gesto.

—Te saco unos cientos de años, Liu, sería realmente estúpido de mi parte no haber aprendido nada en ellos.

Liu ríe de incredulidad. Incluso si siempre ve el rojo de sus ojos y el blanco marfil de sus colmillos, incluso si la figura misma de Xander, con su espléndida altura, desvela la distancia insalvable que hay entre un humano, como Liu, y él, al chico a veces se le olvida que su rubio amante lleva a su espalda el peso de un tiempo que él no puede siquiera empezar a imaginar.

Liu bosteza, notando el cansancio empezando a instalarse en sus párpados cuando el nerviosismo deja de darle energías.

—¿Qué tal si tomo la decisión mañana, cuando me despierte?

Xander asiente y toma a Liu en volandas, el chico se sorprende, pero sonríe con ternura mientras el vampiro los lleva a él y al gatito que está sobre su vientre como si se tratase de una hamaca a la habitación.

—Necesitas descansar, te has agobiado mucho. 

Xander deposita a Liu con cuidado en la cama, sentándose a su lado y besando su frente al inclinarse sobre el lecho. El gato se coloca a los pies de Liu y se estira antes de hacerse una bolita negra y somnolienta.

—Lo sé, es que se siente extraño, seguir este futuro que siempre planeé pero sin las personas con las que lo planee. Seguir adelante se siente como… como una traición ¿Si no estoy hundido todo el tiempo y me siento horrible, qué prueba habrá de todo lo que los he querido? Al fin y al cabo, mi amor por ellos es proporcional al dolor de perderlos. —Liu niega, de pronto avergonzado, y se lleva una mano a la boca deseando poder cerrarse los labios con cremallera —Ah, siento haber sacado este tema ahora. No sé porque me cuesta tanto tomar decisiones, ojalá ser más como tú.

—Te aseguro que no quieres ser como yo. —ríe Xander, aunque su voz es ácida.

Liu se encoge de hombros.

—En eso sí.

—¿En qué? Yo jamás he tomado decisiones, Liu. Dejo que mi instinto tire de mí. —tan pronto lo dice, Xander nota un sabor amargo en su boca. Siempre ha sabido por qué ha hecho las cosas, pero admitirlo en alto se siente vulnerable. Patético.

Liu se queda pensativo unos minutos y tras un rato suspira, apoya su cabeza en el pecho frío de Xander y con la voz muy delicada dice:

—¿Por qué? Eres tan poderoso y siempre has hecho con ese poder cosas tan terribles ¿Por qué no has cambiado antes, en todos estos años? ¿Qué tiene de bueno haber sido como eras?

Xander aprieta los labios. Quiere decirle a Liu un simple ‘’No lo sé’’ y, de hecho, era respuesta habría sido cierta poco tiempo atrás, pero no ahora. No cuando ha tenido que examinar su interior en busca de luz, no cuando se ha dado cuenta de que la maldad no era solo su naturaleza, sino una opción, una decisión, y ha tenido que confrontarse a sí mismo con la pregunta de por qué la tomó una vez detrás de otra.

No quiere hablar, no quiere abrirle a Liu su podrido interior, pero honestidad es lo mínimo que le debe, así que habla:

—Muchas veces me he preguntado por qué esto. Por qué este amor tan grande a matar, a perseguir, cazar, atormentar a mis víctimas ¿Es mi naturaleza cruel y ya está? Yo sé que sí, pero creo que es algo más. Dejarme llevar por... ¿Cómo podrías llamarlo tú? Por mi vampirismo, por mi sed, por el instinto... Por lo que soy, en vez de quién soy... Dejarme llevar por eso es placentero, pero es más que eso: es un tipo de esclavitud tan grata. No tengo que pensar ni decidir ni preguntarme nada, solo hacer lo que el instinto me ordena y recibir a cambio sensaciones agradables que dicen que todo es como debería ser, que soy un buen vampiro, un buen cazador, un buen asesino.

<<No me gusta el tiempo que paso sin ser un vampiro, explícitamente un vampiro, sin cazar o matar, no me gusta ese tiempo porque está... Vacío. Porque no sé quién soy cuando no soy un asesino.

<<Los humanos soléis definir quiénes soy por vuestro origen o por vuestro objetivo. A veces por una mezcla de ambos: por de dónde venís, a dónde vais y qué camino transitáis. Yo carezco de eso. Mis orígenes están borrosos y mi final... Mi naturaleza se define por no tener fin y, con ello, me temo que tampoco finalidad. No hay un objetivo que quiera alcanzar, algo a lo que dedicar mi vida. No siento la necesidad de invertirla en algo para no malgastarla: no es un recurso finito.

<<A veces, cuando lo pienso, me siento como uno de esos tontos ratones que tenéis en las tiendas de animales corriendo en una estúpida rueda que no lo lleva a ningún lado. Me da mucho miedo cuando pienso en eso, me da mucho miedo admitir que soy... Qué no sé quién…>>

A Xander se le entrecorta la voz. Sabe que no merece compasión, que sus temores le han hecho convertirse en algo aterrador, que su dolor le ha hecho convertirse en un infierno y que todos los males que a él le acosan no son nada comparados con él mal que él ha sembrado en el mundo. Pero incluso si no lo merece, Liu lo abraza. Sus brazos son cortos y débiles, pero tan cálidos que Xander siente que podría hundirse en ellos y ahogarse. <<Una muerte tan plácida>>

—Eres el ser más libre que conozco —responde Liu, pero Xander no acaba de distinguir en su tono la dulzura de la amargura ¿Es un consuelo o un reproche? Quizá ambos —. Jamás te habría imaginado sintiéndote atrapado. Lo siento.

Xander ríe. <<No deberías sentir nada, salvo haberme conocido>>

—Es una cárcel distinta a la de los mortales —susurra porque sus palabras lo avergüenzan, porque lo hacen ver estúpido, mimado, llorica. 

Piensa en los humanos a los que ha cazado, en Liu mismo, y se da cuenta de cuán crueles han sido sus destinos solo por que él lo ha querido y, de pronto, se siente sin derecho a quejarse por sus acciones, por el miedo y el vacío que abren dentro suyo. Se siente indigno de ese dolor y ese desespero, pero jamás lo abandonan.

—A veces a mí me da miedo tener demasiado claro quién soy —explica el muchachito, su voz es pequeña, tímida, pero pugna por hacerse oír. Xander lo estrecha entre sus brazos con delicadeza y reconoce en el tono temeroso del mortal sus mismas inquietudes. Reconoce la voz de la angustia, pues él la lleva atrapada en su garganta desde la primera vez que la bañó con sangre. Los ojos de Liu brillan por las lágrimas contenidas y su voz se quiebra mientras añade: —. No poder librarme de eso.

—¿Te aterra ser mío? —pregunta Xander mordiéndose el labio, apretándolo más cerca en su abrazo, como si no desease dejarlo marchar nunca.

Liu ríe. Una risa corta, sarcástica y ahogada. Una risa que se corta por un sollozo y una muy fina voz confesando algo que Xander no habría esperado:

—Me aterra ser como tú. 

Xander frunce el ceño y ve a Liu con los ojos abiertos enormemente, mirando fijos un punto de la habitación como sorprendidos a más no poder por las palabras que él mismo pronuncia. Poco a poco, los ojos del chico brillan y se van llenando de lágrimas.

—Nada te hace parecido a mí, Liu —lo intenta consolar, pero tuerce la boca cuando nota, en sus propias palabras, la amarga razón por la que lo ha condenado al infierno: —. Yo soy un demonio y tú... Tú una criatura tan inocente que si tuviese conciencia me sabría mal tenerte para mí solo.

—No soy inocente.

Xander siente una espina venenosa clavándole en el corazón cuando ve el rostro de Liu al decir esas palabras. Tan firme. Tan seguro. Como si no estuviese defendiendo una idea o una opinión, simplemente funcionando como el anunciador de una verdad que sabe con certeza que tiene grabada en la piel y el alma.

—Lo que yo haya hecho contigo, Liu, no fue tu culpa, dice nada de t…

Liu se muerde el labio, las lágrimas le rebasan los ojos y no puede soportarlo más. No puede soportar la idea de un consuelo que no merece. La idea de un perdón que ignora sus crímenes. Le horroriza que sus pecados sean tan oscuros que ni siquiera un vampiro sea capaz de verlos. Así que por primera vez interrumpe a Xander y deja que sus labios escupan verdad y veneno:

—Todos mis seres queridos están muertos por mi culpa.

Liu jadea y se tapa la boca después de su revelación. La mano sobre sus labios tiembla y cae flácida sobre la cama, como rendida al darse cuenta de que ha fallado al intentar evitar que las palabras, como un fantasma que Liu lleva tiempo atrapando en sus pulmones, escapen y atormenten a otros.

Alexander lo mira por unos segundos. Confuso. Incrédulo. Pero sobre todo silencioso.

Liu parece detenido en el tiempo. Tan quieto. Pálido incluso. Y reteniendo la respiración como si su cuerpo se hubiese quedado tan incomprensiblemente vacío que no pudiese ni albergar ya aire en su interior.

Parece suspendido en ámbar, un espécimen congelado para que Xander lo escrute, pero entonces la pequeña lámina de cristal que parece separar a Liu del tiempo, del mundo, de sus propias palabras se quiebra y el chico se echa a llorar de la forma más desgarradora que ha llorado nunca jamás.

Xander se inclina hacia él preocupado, todavía aturdido por esas palabras a las que no les halla un verdadero sentido, y toma al chico gentilmente por su mejilla.

Tan pronto sus dedos rozan la suave piel, una chispa lo recorre. Normalmente leer la mente de otro es similar a espiar una conversación en la que no está invitado: o la voz se siente lejana o susurrante. Siempre secreta, siempre algo que no debería ser oído. Está vez Liu parece volcarse en él, abrirse para él, entregarle sus demonios.

Una ráfaga lo atraviesa, no de palabras, sino de imágenes. Recuerdos embotellados y agitados en el interior de Liu que ahora salen furiosos, en una confesión balbuceante de momentos, sentimientos y arrepentimientos a los que Xander debe dar orden para comprender.

Ve a Liu antes de él. Tan radiante y feliz, con las pecas de su cara perpetuamente estiradas en una sonrisa cada vez que juega con su perrito, que aprende que se llama pelota porque tiene una barriguita grande y redonda que no rebaja ni corriendo día sí día también por el parque, cada vez que sus padres lo abrazan con fuerza porque es el orgullo de sus corazones y, sobre todo, cada vez que está cerca de un amigo al que conoce desde que tiene memoria pero que siempre le hace sonrojar como si estuviese en su primera y torpe cita.

Ve a su familia, su perrito y su amigo al lado de unas maletas, hablando de lo divertido que será ir a una casa de campo y celebrar el cumpleaños de Liu todos juntos en su pequeño paraíso particular.

Y ve que, de hecho, es tan divertido como todos prometen: el perrito se baña en el río y Matheo traza un mapa tras recorrer el bosque con su aventurero mejor amigo, el padre carga bombonas de butano y la madre, en la cocina, apura el gas que queda en la vieja para cocinar huevos con bacón que adoptan la forma de caras sonrientes (hasta que Matheo le pone cuernos de kétchup a la suya, convirtiéndola en una cara malévola).

Ve a la madre de Liu diciéndole que no cocine, que ahí no tienen vitrocerámica, como en su casa, y que el butano es peligroso. Ve a Liu rodar los ojos e irse a perseguir a Matheo cuando éste le roba una videoconsola, ignorando el parloteo sobreprotector de su madre.

Ve luego a Liu levantándose a medianoche, cuando todos duermen y él debería también, y frotarse su rugiente estómago, arrepintiéndose de no haber comido la cena por estar demasiado enfrascado en un libro. Lo ve andar escaleras abajo intentando que el crujir de la vieja madera no despierte a nadie, aunque sus pasos son torpes y sus ojos están tan cansados que parpadea y de pronto está en la cocina con una sartén en la mano y el fuego brillando en la oscuridad.

Bosteza y cierra los ojos, al abrirlos tiene un plato con bacón chisporroteante. Parpadea y se lo está comiendo en la cama, tan soñoliento que al abrir los ojos de nuevo ya es de día y tiene trozos de panceta crujiente en las comisuras y un olor raro en la nariz.

Mira por la ventana, acaba de salir el sol y sabe que los demás no se van a levantar hasta que el astro amarillo haya bajado un poco más, dándoles de lleno en la cara y forzándolos a afrontar el día.

Sin decir nada, Liu se va de paseo. Esta vez no tiene tanto problema en bajar la escalera sin que los tablones viejos giman bajo su peso, pues se halla despierto y en todos sus sentidos. Cierra la puerta silenciosamente, las ventanas ya lo están, para que no se cuelen los bichos.

Sale al verde campo y el aire que respira es tan puro y limpio que se siente como hielo en sus pulmones.

Se adentra en el bosque. Liu le entrega tan abiertamente el recuerdo a Xander que el vampiro puede sentir la tierra húmeda bajo sus pies, el aroma tenue del rocío, el regusto a fritura cuando se pasa la lengua por las encías. Incluso la sensación incesante de que se le olvida algo. Ve a través de los ojos de Liu como este vuelve a su casa y desde afuera ve, en una ventana, a su familia, Matheo y hasta pelotita reuniéndose sin él, hablando entre susurros mientras sostienen una tarta de cumpleaños de su sabor favorito y van de puntillas hacia su habitación.

Xander siente, a través de las mejillas de Liu, la enorme, bobalicona sonrisa que esboza cuando ve a todos sus seres queridos delante de la puerta de su cuarto, a punto de cantarle el cumpleaños feliz a una cama vacía.

Piensa que será una anécdota divertida.

Qué será un buen cumpleaños.

Entonces Xander siente la sonrisa borrándose de golpe de su rostro cuando su madre pone las velas en el pastel y su padre saca un mechero para encenderlas.

Cuando recuerda qué se le olvidaba, pero antes de que pueda decir nada, una chispa se convierte en fuego y el fuego en explosión.

Xander siente entonces el horrible tufo del gas butano, del humo, las cenizas. De la carne y el pelo quemados. 

Liu no dice nada pues sabe que ese horror está más allá de lo que sus palabras puedan atrapar y transmitir y sabe, por la cara de Xander, que el vampiro ve a través de sus ojos, oye a través de sus oídos, se lamenta a través de su alma, pues en sus ojos ve un arrepentimiento que solo ha visto en el espejo.

Xander debe parpadear varias veces para volver en sí, enfocar su vista de nuevo en el presente, en su primera persona, después de haberse dejado llevar por el pasado ajeno. Siente los ojos húmedos. Ha leído pensamientos mortales antes e incluso ha visto imágenes un par de veces, como proyectadas sobre la blancura de la mente de sus víctimas, pero jamás ha vivido los pensamientos de otro. Jamás se ha vestido con traje hecho de humanidad y nostalgia y ha sentido el mundo como un humano. Jamás ha sentido la proximidad de la muerte como un mortal.

No que él recuerde. Hasta ahora, incluso si esos recuerdos no le pertenecen.

No puede robar la humanidad de Liu, no querría tampoco, pero siente que al visitar los más profundos rincones de su mente se lleva de estos una parte de ese precioso regalo mortal, quizá solo una minúscula parte de todo el lastre de dolor que el chico arrastra. Y al hacerlo, siente su corazón doler, rabiar, latir. Siente lo monstruosos que han sido sus actos, lo deleznable de su naturaleza, lo ominoso de seguirla. 

Y lo roto que Liu debe estar para mirarlo como lo mira ahora a él, a un demonio, su demonio, pues lo mira con ojos suplicantes, expectantes. Con ojos de cachorrito que ruegan un <<Por favor, no me odies por lo que hice. No me abandones. No tú también>>.

El vampiro se da cuenta de que sus brazos ya no rodean a Liu cuando advierte el pánico y la desesperación en sus ojos. Lo abraza de nuevo, más fuerte y cerca ahora, como si quisiera hacer al chico pequeñito y meterlo en el hueco vacío de su corazón. Liu se hunde en sus brazos, lo toma con fuerza, clavando las uñas en sus brazos, enterrando la cara en su rostro e inhalando el aroma masculino y agradable del hombre. Y se deshace en llanto cuando el vampiro lo acaricia con una gentileza que siente que no merece, porque ama el cuidado y la ternura de esas manos grandes, lo aprecia a más no poder después de saber el dolor que éstas pueden causarle, pero una voz pequeña y mezquina en su interior le dice que no debe disfrutar de las cosas que ama y aprecia. Que su castigo no ha terminado y no debería hacerlo nunca mientras vive.

—Oh, mi Liu… Fue un accidente —Xander susurra, su voz intenta ser delicada, pero a pesar de su cautela Liu niega y llora histéricamente sobre su pecho como si hubiese empujado un dedo hondamente en una dolorosa herida —. No fue tu culpa, Liu —susurra, pero el chico sigue frenético mientras se llena la boca y la cabeza del mismo sonido <<No, no, no, no, nononononononono…>> como intentando henchirse de él, de negatividad y odio y dolor, para no dejar espacio en su interior para las palabras de Xander, pues todo lo que siempre ha querido oír y lo jamás merecerá creer. —. No hiciste nada ma-

—¡Los maté! —gruñe el chico, un sonido entre el grito desgarrador y el sollozo.

Xander siente reverberar el odio en su voz y sabe que no va a dirigido a él, sino a Liu mismo. Su corazón punza cuando entiende que por eso el chico lo abraza así, por eso el chico lo aceptó cuando volvió. Por eso aprendió tan rápido a rendirse a sus deseos.

Porque ¿Quién iba a querer a Xander sino alguien que se odia a sí mismo lo suficiente como para hacerse ese mal? Al fin y al cabo, su cercanía, su compañía, su amor… no son más que una tortura, que un lento suicidio, la podredumbre del alma y la pérdida del cuerpo de uno mismo a manos de un ser que devora todo lo cálido, agradable y puro en aquellas cosas sobre las que posa sus ojos y, luego, sus manos, labios, colmillos…

—No te mereces esto —Xander susurra, no porque la convicción en sus palabras sea débil, sino porque su voz está abnegada en tristeza, como sus ojos. Liu apenas puede creer lo tembloroso y asustado que el vampiro suena, tanto le sorprende que mira hacia arriba, las lágrimas ahora congeladas en sus mejillas, y exclama al ver las del vampiro tan empapadas como las suyas —. No me mereces a mí. Mereces algo bueno, Liu, mereces una vida mejor.

La sorpresa en la expresión de Liu se transforma de pronto en horror.

—¿Vas a abandonarme de nuevo?

Las palabras golpean al vampiro certeramente. Siente su cerebro embotado, la boca pastosa de los nervios ¿Abandonarlo? Xander recuerda el momento en que se marchó de la vida de Liu, en cómo supo que lo estaba liberando. En su ausencia, Liu ha construido tantas cosas (amistades, hábitos, un empleo que le hace sentir entretenido, el inicio de una carrera e incluso le dio la sensación de que el muchacho empezaba a reconstruirse a sí mismo pedacito a pedacito), no entiende porque querría tenerlo cerca cuando él solo sabe destruir, porque ve su marcha como un abandono y no como un alivio.

<<Lo has hecho tú, Xander. Le has enseñado a aceptarte, a obedecerte, a necesitarte. Le has dado un poco de compañía a cambio de dolor, has podrido su concepto de amor. Ahora acarrea con las consecuencias.>>

El vampiro se humedece los labios y mira al muchacho entre sus brazos, que respira errático y tiembla ante la idea de tener que volver a acostumbrarse a la soledad.

—¿Quieres que me quede contigo? 

Liu llora y aprieta los labios, porque tiene la respuesta en la punta de la lengua, pero siente que no tiene derecho a pedir lo que quiere. Por suerte, su voz interior se escucha tan clara como la que mantiene atrapada en su garganta <<Sí, por favor. No me abandones>>

El vampiro le acaricia con cuidado los cabellos. Su mano baja a la nuca del chico y ahueca la palma para dejarla en ese lugar, atrayéndolo hacia él. Liu se inclina y entreabre los labios, ofreciéndole al vampiro su boca, dispuesto a dejarle beber de su labios hasta hartarse. Pero Xander solo toma un pequeño sorbo ahora: le da un casto, corto beso en los labios y se separa de él.

—Voy a quedarme contigo, Liu, siempre.

Y esas palabras que antaño habrían sido para el mortal una condena, son ahora lo único que le permite relajarse y dejarse caer sobre el pecho del vampiro. Xander lo mira, culpable, y le acaricia la nuca como si se tratase un tierno animalito.

—Quiero quedarme —susurra y con una voz aún más baja añade: —y quiero aprender a ser bueno para ti.

Xander se recuesta en la cama lentamente, llevándose a Liu consigo pues no tiene intención alguna de liberarlo de su abrazo. El muchacho se deja hacer, demasiado agotado por su llanto como para intentar zafarse de las fuertes manos del otro.

Ambos se encuentran tumbados en la cama, en una habitación silenciosa, oscura excepto por los pequeños haces de luz que se filtran entre los agujeros de la persiana a medio bajar. Una luz fría, de luna, que lo baña todo con un leve vaho azulado y que hace que los ojos de ambos brillen como si sus lágrimas respondiesen a la luna cual marea. También relucen levemente los colmillos de Xander y las limpias uñas de Liu.

Xander acerca más al chico, recostándolo sobre su pecho. Ahora lo rodea con un solo brazo mientras que con su mano libre acaricia los cabellos oscuros de su presa y los deja caer sobre su pecho y abdomen.

—No merezco nada bueno —por fin dice el chico y su voz suena tan cansada y ronca que Xander debe bajar sus ojos y comprobar que son los labios jóvenes, llenos de color y brillo, de Liu los que hablan.

El vampiro cierra los ojos antes de responder y respira hondo. Su mente conecta con la de Liu y en ella ve los recuerdos de la noche en que lo tomó a la fuerza. De las cosas que le obligó a decir mientras rompía su cuerpo en mil pedazos y le arrancaba el alma con los dientes.

<<No merezco que pares>>

Tuerce la boca en un gesto amargo y abre los ojos, queriendo llenarlos de la oscuridad de la estancia o de luz de luna o de la carita tranquila de Liu mientras reposa sobre su pecho. De cualquier cosa menos de esas imágenes que antaño pensó que serían agradables recuerdos de una conquista.

—Me has pedido que me quede a tu lado, Liu: eres mío —susurra y por primera vez esas palabras no se sienten temibles. No son una sentencia aterradora, una amenaza. Quizá porque el humano está demasiado desbordado como para sentir algo más o quizá porque su demonio las pronuncia con tal delicadeza que bien podrían ser las promesas de un ángel —, así que yo decido lo que mereces. Y mereces solo cosas buenas, Liu, muchas más de las que puedo darte.

 

 

Capítulo 135

 

El sábado es un día extraño, tanto que Liu se pregunta si algo ha cambiado en el planeta tierra, pues siente que alguien ha desactivado la gravedad. Es como si flotase, aunque sus pies siguen en el suelo y si da saltos no se va hacia el cielo como un globo de helio. La sensación es confusa, pero tan buena, casi tanto como las manos de Xander o su voz o sus besos en el cuello o la forma en que mima todo el día y le ayuda a enviar la lista de carreras y universidades en las que va a inscribirse. Literatura primero, en dos universidades distintas pero cercanas, luego psicología y filosofía. Liu apenas recuerda rellenar el formulario ¿Cómo hacerlo si mientras sus dedos tecleaban las manos de Xander estaban sobre las suyas, guiándolas, y su boca caliente en su oreja, susurrándole dulces halagos? Liu no sabe desde cuando le gusta ser un buen chico, pero solo quiere que Xander siga llamándoselo.

Quiere seguir sintiéndose en una nube, aunque hasta la medianoche no entiende de dónde viene ese sentimiento. No se trata de que flote, sino de que simplemente ya no se hunde, de que un peso horrible que llevaba sobre sus hombros se ha desvanecido, una carga tan titánica, pero tan antigua y constante que llegó a pensar que esa presión sofocante era el peso del aire mismo, que siempre lo había sido. Ahora sabe que no es así.

Y es que compartir su terrible secreto con Xander no lo exime de su culpa, no se ha llevado las pesadillas, ni la insistente necesidad de ser herido, castigado, pero su dolor tiene ahora un tono más suave, es como si la mano que lo flagela se hubiese cansado y ahora le azotase de forma… flácida. Claro que cada golpe lo descarna y le hiere y le hace sangrar y llorar, pero ahora no cae por cada uno, no se hunde más y más en ese pozo miserable que se había vuelto su mundo.

Y quizá no puede perdonarse a sí mismo, pero que Xander le perdone le hace sentir mejor. Al fin y al cabo, el vampiro sabe de maldad mejor que nadie, así que cuando le dice que sus actos no la tienen, Liu está muy cerca de creerle ¿Si el fuese malo, acaso Xander no lo vería, como quien reconoce su rostro en un espejo? Liu quiere sanarse, pero también quiere mantener la herida abierta. Ambos deseos luchan en su interior y aunque confesarse al diablo le ha aliviado, también ha avivado un debate en su interior y su cabeza duele de tanto pensar en cómo defenderse y cómo condenarse, así que Liu abraza a Xander mientras el vampiro le ha puesto una película boba y hunde la cara en su pecho con un enorme suspiro.

Xander para la película y acaricia a Liu como hace unos minutos acariciaba al gatito que hay en el sillón al lado del sofá.

—¿Estás muy cansado? —pregunta el vampiro, pero Liu ignora eso.

—Escribo mucho sobre eso —dice de pronto —, escribía, quiero decir, sobre lo que hice, sobre la culpa… también sobre ti. Pero ahora sabes todo de mí, puedes leerlo. Me daba miedo que lo hicieses antes, pensé que te… que pensarías que no soy suficientemente… puro, no lo sé. Que soy algo sucio, corrompido.

Xander mira a Liu con compasión y ternura. Siempre ve al chico garabatear cosas en su libretita, dejando las páginas crujientes y arrugadas de tanto que las maltrata cada vez que quiere sacar algo de él, y aunque nunca ha podido leer nada, siempre ha querido poder conocer ese dolor que el chico sangra en las páginas, siempre ha querido poder leerlo, no solo por conocer a Liu, por poseer cada pequeña parte de su mente, sino porque quiere ayudarle a llevar esa pesada carga que lo hace llenar libreta tras libreta cuando en su cabeza no caben ya más palabras malas.

—Gracias —murmura apartándole los cabellos de la frente y viéndole el rostro, tan bonito y pálido a la luz de la luna —, me hace feliz que confíes en mí así.

Liu enrojece un poco y esconde su cara en el pecho e Xander todavía más, lo cual le recuerda a las veces en que Alex -aunque Xander sigue llamándolo ‘’Gato’’ la mitad del tiempo- ronronea y refriega su rostro en su pecho en busca de calor. Acaricia a Liu detrás de las orejas igual que hace con el gatito.

—Quería… decir algo más… pedir algo…

Xander ladea la cabeza, prestando absoluta atención al chico. Debe luchar porque una sonrisa lasciva no se forma en sus labios porque conoce ese tono tímido, pero necesitado, oh, lo conoce tan bien que sus encías arden mientras siente sus colmillos crecer, anticipándose a la petición del humano.

—¿Hm? ¿El qué, cosita? —pregunta dulcemente, haciéndose el ingenuo porque realmente le gusta escuchar a Liu pedírselo, rogar por ser su presa.

—Tengo… Tengo la cabeza hecha un lío y me gustaría relajarme… —explica el muchacho, sus puños se aferran a la camisa de Xander, arrugándola sin darse cuenta cuando aprieta por los nervios —me gustaría no poder pensar en nada…

<<En nada más que en->> Liu sacude su cabeza, sus pensamientos son demasiado embarazosos, tanto que esa simple insinuación en su fuero interno lo hace sentir el calor del infierno en sus mejillas y hasta sus orejas. Y un calor líquido, menos relacionado con la vergüenza, pero demasiado cercano al placer, se derrama por su pecho, su estómago y gotea en el norte de su cuerpo, en aquella zona que ahora se empuja contra el regazo del vampiro.

—Claro, mi bonito humano, estás tan agobiado y sabes que adoro ayudarte ¿Cómo puedo hacerlo, Liu? Dímelo. —Liu muerde su labio inferior, frustrado. Xander ya no intenta lucir ingenuo, su tono es claramente burlón.

—¿Qué es lo que quieres, Lui? —lo insta a responder y una mano grande baja por su espalda y atrapa su diminuta cintura. Liu siente la facilidad con la que el otro lo rodea y tiembla.

Xander ha descubierto, con el tiempo, que aunque Liu teme ser sometido, se derrite pasmosamente rápido cuando él es un poco dominante. Cuando da ordenes con la voz ronca y la paciencia colmada, cuando le recuerda cuán grande y fuerte es, cuando lo sostiene quieto o le amorata la piel con pasión y una pizca de sadismo.

—Dime lo que quieres, Liu.

Ahí está de nuevo. Esa voz dominante, demandante. Y la forma en que a Liu se le escapa un suspiro demasiado cercano a sonar con un gemido y en que sus piernas tiemblan e intentan cerrarse pese a estar dócilmente abiertas alrededor de las caderas de Xander.

—Quiero que… —aprieta los labios, tuerce la boca. Se siente tan incorrecto rogar por lo que antaño rezó para que desapareciese. Tan enfermo que su cuerpo haya aprendido a deletrear el placer con el nombre de dolor —que bebas mi sangre… —murmura, como compartiendo un secreto, pese a que Xander ya podía leer ese deseo en sus ojos desde hace rato. El chico se mordisquea el labio y retiene el aliento, como si aún no hubiese terminado de confesarse por completo y Xander guarda silencio, intrigado. —y m-me gustaría, me gustaría que tomases el control hoy… todo, me refiero. 

Las cejas rubias del vampiro se alzan con sorpresa. Alimentarse de Liu no se ha vuelto algo rutinario exactamente, pero sí algo que el vampiro puede esperar por lo menos una vez cada dos meses. Contando la primera vez que hundió sus dientes en su piel tras volver a su vida, Xander ha probado al chico tres veces y las tres han sido parecidas: en una bañera llena de agua calientes y espumosa que permita a Liu mover su mano bajo el agua, oculto por las burbujas que prometen guardar su tan obsceno secreto de que, en el fondo, está sediento de placer él también.

Xander lo ha hecho exactamente igual todas las veces porque Liu se lo ha pedido, incluso las cicatrices están a meros milímetros la una de la otra. Sabe que el chico se siente seguro en las cosas que le resultan conocidas.

Pero esto… Esto es nuevo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 136

Xander no habría esperado que Liu le permitiese tomar el control ni ahora ni nunca, no después del terrible ataque de pánico que tuvo aquella noche, en la discoteca, cuando Xander mostró de qué es capaz cuando obtiene el control.

—¿P-pasa algo? —la preocupación es palpable en la voz de Liu.

Tan pronto lo oye, Xander se percata de que ha estado tan anonadado por la petición del chico que lleva un par de minutos en silencio, sin siquiera acariciarlo. Xander niega con la cabeza y es incapaz de ocultar la sonrisa colmilluda que se forma en sus labios y curva sus comisuras de esa forma tan endiabladamente seductora, pero a la par peligrosa.

—Solo estoy sorprendido —murmura Xander y puede notar que tan pronto como la nombra, esa emoción desaparece para dar paso a una más grande, burbujeante: está impaciente, hambriento de un modo que rara vez se permite estar cerca de Liu, pues teme asustarlo.

Liu parece contentarse con esa repuesta, pues no replica nada más, solo toma una temblorosa bocanada de aire y se aferra a la camisa del vampiro, esperando. Pero Xander quiere tomarse su dulce tiempo, saborear poco a poco el momento y, por supuesto, asegurarse de que no es más indulgente con sus propios deseos de lo que es paciente con los límites de Liu.

Se inclina hacia su cuello y Liu se tensa, puede sentirlo en su espalda delgadita, la cual tiene en la palma de su mano mientras la rodea la estrechez de su cintura, e inhala su adictiva esencia. El aroma de Liu es calmante, suave, pero últimamente Xander puede apreciar un matiz picante que más que opacar su dulzura, la complementa de una forma que le hace salivar, como un toquecito de canela diluido en algo cremoso y que se funde en la boca de uno, dejando un gusto que se siente como una caricia. Xander recoge ese olor deslizando su nariz por la curva del cuello del chico, empezando por el lugar donde su hombro se une con su clavícula y terminando en el punto blando donde su oído y su mandíbula conectan, pasando por la piel rasa, pero también por la herida. Y cada vez que Xander barre con su piel de porcelana las cicatrices, su piel evoca recuerdos de dolor, vulnerabilidad y un tinte de placer que hacen de la cabeza de Liu un lío de mareo y sumisión.

Su cuerpo se relaja un poco y sus manos temblorosas se dirigen a los botones coloridos de su camisa. El índice y el pulgar tropiezan y antes de que Liu pueda aclararse y soltar el primer botón, Xander le instruye lo contrario:

—Deja tus manos quietas —susurra en su oído, la voz ronca, reverberante, parece atravesarlo entero, hacer temblar hasta la médula de sus huesos. Liu se queda estático, agarrándose ese primer botón que tan torpemente trataba de desabrochar —, seré yo quien te desnude. Y será cuando yo lo desee.

Liu deja ir un suspiro largo. Su labio inferior tiembla y Xander puede escuchar su corazón acelerándose de una forma que le recuerda al de sus presas nerviosas entre sus garras en el momento exacto en que se dan cuenta de que están a su merced. Vuelve a recorrer el cuello de Liu tomando una profunda inhalación, pero ahora en el lado donde su piel todavía es virgen y parece rogar por un par de sangrientas marcas.

Liu se estremece y mueve su cabeza hacia le lado contrario, ofreciéndose con una docilidad deleitosa.

—Han sido unos días estresantes para ti, ¿verdad, mi cosita humana y preciosa? —pregunta el vampiro, su tono es condescendiente, lleno de una dulzura que solo puede ser caricaturesca, burlona, así como la sonrisilla en sus labios lo indica. Pero a Liu le gusta la suave crueldad de la voz del otro y responde con un ruidito afirmativo —Has tenido tantas cosas en tu cabeza, tantos días en vela estudiando, tantas preocupaciones… —Liu se siente comprendido, escuchado, tanto que quiere llorar del alivio que supone que alguien reconozca todo el estrés que ha sufrido.

Sus ojos brillan, pero cierra antes de derramar ninguna lágrima. Xander besa su cuello, de arriba abajo, mientras habla, y mientras con una mano le sigue sosteniendo la cintura, con la otra le echa la cabeza para atrás, sus dedos firmemente anudados en los mechones chocolate de la parte de atrás de su cabeza.

—Pero ya está, Liu. Hoy vas a dejar que me ocupe de ti y voy a asegurarme de que no puedas pensar en nada, de que no puedas siquiera hablar ni andar porque tus labios y tus bonitas piernas tiemblan demasiado.

La mano en la cintura de Liu lo maneja con facilidad: obliga al chico a moler sus caderas hacia delante, a empujar la vergonzosa erección que ha estado intentando ocultar desde el inicio hasta que es tan obvia que no puede sino gimotear, pues el vampiro le obliga a deslizar su erguido miembro lento y duro contra el propio. Le gusta sentir como el chico tiene un escalofrío tan pronto su mano hace que Liu deba levantarse un poco de su regazo para poder trazar con su propia hombría la longitud de la del más grande. Hay un toque de humillación en el hecho de que Liu se sienta pudoroso cuando sus deseos despiertan mientras Xander muestra los suyos con orgullo, presumiendo de su tamaño, de su confianza, de lo sencillo que es hacer que el chico sienta un calor abrasador en sus entrañas y, en consecuencia, se derrita en sus manos hasta volverse moldeable.

Xander hace a Liu molerse contra él un buen rato: primero ascendiendo lento por cada uno de sus centímetros, luego bajando hasta que sus temblorosas piernas hallan de nuevo el alivio de su firme regazo. La cabeza de Liu sigue hacia atrás, pues Xander besa y chupa su garganta mientras se frota con él, probando contra sus labios las vibraciones de deliciosos sonidos que cuando alcanzan la boca de Liu son gemiditos ahogados y jadeos.

Muerde la piel en su cuello tentativamente. Duros dientes apretando su ternura, afilados colmillos a los lados, como una amenaza, una promesa. Liu se siente mareado. Un muerdo de dolor en su cuello, todavía sin sangre, y una dulce frustración entre sus piernas, matándolo por cada roce lento con el que su amante le obliga adorar su tamaño con el propio.

Liu siente que la ropa le aprieta demasiado. Que Xander lo hace moverse demasiado despacio, pero que tampoco soportaría si fuese más rápido.

Liu abre los ojos de golpe y un grito sorprendido es arrancado de su garganta cuando su camiseta también lo es de su cuerpo. Los botones repiquetean en el suelo, arrojados a todas las direcciones, y la ropa de Liu se estira contra su piel hasta hacerse jirones y desgarrarse. Las manos de Xander, tan imprevisibles, grandes y fuertes, dan unos últimos tirones, terminando de dejar el torso del chico expuesto y ahora veteado por líneas rojas allí donde la tela se ha roto con violencia contra su dermis.

El corazón de Liu se acelera, su pecho sube y baja despacio. Xander acaricia su pecho con su enorme palma, llana y cálida. Es un toque gentil, pues el vampiro desea serlo con él, pero su piel todavía arde y su cuerpo tiembla por la facilidad con la que el otro ha destrozado su camisa, pues por muy gentil que Xander sea, sus deseos son en esencia violentos. Y Liu sabe que eso es solo un recordatorio, una pequeña muestra de lo que está por venir. De los colmillos. De la sangre.

Se siente tan indefenso en sus manos que las lágrimas que antes había logrado mantener en sus ojos, ahora corren por sus mejillas. A la vez, Liu agradece mucho más la amabilidad de las caricias y besos de Xander ahora que conoce la violencia de la que son capaces.

—No te asustes tan pronto —susurra con diversión y maldad en su oído. La mano que antes estaba en su cintura vuelve y, como queriendo enseñarle al chico que no se ha olvidado de torturarlo, vuelve a hacerlo mover sus cabezas adelante y atrás, arriba y abajo, trazando con la erección de Liu la suya propia —, solo estoy empezando, Liu.

Las caderas del muchacho se mueven solas cuando ese tono ronco y cavernoso ronronea en su oído, se empujan hacia delante dolorosamente, buscando un placer por el que Liu sabe que deberá esperar, ahora que no está en su mano. Puede sentir su sexo palpitar, arder como una barra de acero al rojo vivo en la cual los pliegues de sus pantalones se le clavan horriblemente y la dureza de los de Xander estorba. Lloriquea un poco, harto de la ropa que hay entremedio de ambos, pero demasiado avergonzado como para desear retirarla.

El vampiro le suelta el cabello y Liu mueve la cabeza de lado a lado, su cuello dolorido por la tenacidad del agarre, su cuero cabelludo pulsando. Xander deja de hacerlo molerse contra él y aleja al chico un poco de él cuando antes prácticamente estaba recostado sobre su pecho. 

Así, con Liu en el filo de su regazo, puede ver su torso desnudo y la tirantez de sus pantalones. Liu enrojece y, sin saber bien qué hacer con sus manos sin propósito, se tapa la cara.

—Oh, no, no. No tienes permitido hacer eso —lo regaña Xander y recogiendo unos jirones de lo que antes fue su camisa, el vampiro toma las muñecas del chico y las apresa a su espalda, atándolas con la tela maltrecha poco después.

Liu solo es consciente de lo que ha pasado cuando el vampiro retira sus manos que tan prestamente se movían en su espalda y siente la tirantez en sus muñecas, la imposibilidad de traer sus brazos al frente. Liu respira rápido de pronto.

Eso quería ¿Cierto? Ceder el control a Xander, ser un objeto para sus deseos y no poder pensar en nada más. Convertirse en una presa, en vez de una persona, y dejar junto a la humanidad de la que se despoja esta noche todas las preocupaciones y las responsabilidades que con ella vienen.

Pero esto es demasiado real. Liente pánico por un segundo y su lengua se traba cuando quiere replicar. Lucha contra las ataduras pero Xander se percata de lo que está por suceder y le acaricia la nuca con una mano. Lento y amable, lo suficiente para regularizar un poco su respiración.

—No pasa nada —le dice con voz afable y aunque Liu tiene miedo, siente que debe someterse a la voz del vampiro, que no podría mentirle. Xander lleva su otra mano a la espalda del chico y tira de sus ataduras, asegurándose de que no le aprietan demasiado —, tan buen chico… —murmura mirándole a los ojos cuando logra tranquilizarse un poco —Tan bonito, no quiero que cubras tu rostro ¿Entendido?

Liu solo es capaz de asentir con un tembloroso ‘’mhm’’ que parece entretener a Xander. Luego el vampiro observa sin prisa el pecho y abdomen de su humano, ahora sin la interferencia de unas temblorosas manos que quieren interrumpir su deleite en nombre de la timidez. Los ojos de Liu lucen lloroso con anticipación, placer y nerviosismo y sus labios están ya rojos de tanto morderlos, su cuello está lleno de marcas amoratadas que Xander ha dejado sin querer y su bonito pecho sube y baja mientras el bulto en sus pantalones no hace más que estremecerse.

Le gusta demasiado haber convertido a Liu en un lío lloroso y excitado tan pronto, con tan poco esfuerzo. Vuelve a sostener su cintura con una sola mano, rodeándola sin dificultad porque, dioses, ama la forma en que las curvas del chico parecen hechas para caber, para encajar en su palma. Con su otra mano, acaricia cuidadosamente su pecho, su abdomen… desliza sus nudillos por este, notando como se hunde por la impresión que su contacto causa, y llega a la orilla de sus pantalones. Traza con el índice la piel que besa esa prenda, como combatiendo la tentación de desnudarlo por completo, y luego vuelve a subir.

Con la palma de su mano ahuecada toma a Liu por uno de sus costados, cuatro dedos reposando en sus dorsales mientras el pulgar traza suaves círculos alrededor del pezón derecho.

Liu mira hacia abajo, mareado por el placer de la caricia y por la frustración de que esté casi, pero no aún tocándolo en una zona tan sensible. Xander escruta su rostro, fascinado por la forma en que el chico enrojece o cierra los ojos para luego abrirlos y echar otro vistazo a lo eróticas que le parecen esas manos tan grandes manejando su cuerpo como un juguete. Liu es tan bonito, tan tierno, de hecho, que el vampiro decide premiarlo tocándolo: la huella de su pulgar pasa sobre la protuberancia rosada en el pecho del otro y se estremece de pura sensibilidad. Xander no hace nada demasiado intenso, aún, solo deslizar su dedo arriba y abajo, rozando el sensible pezón, pero aun así Liu no puede dejar de temblar y a veces sus caderas se empujan hacia el aire desesperadamente sin que él lo pretenda.

Las manos de Xander se deslizan por el cuerpo del chico, cambiando su posición: la que lo tomaba por la cintura asciende para que su otro pulgar pueda estimular el pezón desatendido del muchacho y la otra deja de sostenerlo para poder jugar más precisamente con él. Xander pellizca suavemente entre su índice y su pulgar el endurecido pezón que ha pasado varios minutos amasando su dedo hasta dejarlo receptivo y hacer que el chico sienta descargas de placer por cada nimio roce.

Liu se retuerce. Xander acaricia gentilmente uno de sus pezones hasta endurecerlo mientras tortura el otro con pellizcos juguetones que lo arrasan con oleadas de un dolor extraño que hace su interior burbujear de emoción. Entonces el vampiro deja de acariciar la rosada frutilla que estaba rozando con su pulgar y se inclina, sus labios cerrándose alrededor de la aureola y succionando segundos después. Liu no puede hablar, solo luchar contra los vergonzosos sonidos que salen su boca y que llenan la estancia.

Suena tan patético, tan sensible e incoherente. Solloza porque su cuerpo está recibiendo demasiado, incluso si el hombre todavía está divirtiéndose con un mero juego preliminar, y sus ojos ruedan hacia atrás en sus cuencas cuando el vampiro tira de uno de sus pezones con los dedos y hace lo mismo con el otro, solo que usando sus dientes.

Liu siente su cuerpo entero en tensión, su espalda arqueada, sus puños cerrados y sus dientes chocando entre ellos. Y el vampiro suelta sus sensibles partes, haciendo que una oleada ardiente de alivio lo recorra entero. Pero su descanso es corto y pronto los labios de Xander rodean su otra tetilla, la lengua carnosa y húmeda probando la sensibilidad de su piel y su otra mano jugueteando con el pezón mordisqueado y viscoso de saliva, apretándolo para que se escurra entre sus dedos, pellizcando, tirando suave pero continuo.

Liu se siente en el cielo y el infierno. La dulce tortura lo hace incapaz de pensar en nada más que Xander. Sus manos grandes y hábiles. Cómo han roto su ropa. <<Cómo podrían romperme a mí>>. Sus labios. Sus besos. Su lengua. Sus dientes.

Los escalofríos son como electricidad. Liu debe ganarse cada ahogada respiración. El aire es fuego. Su sangre magma. Y en su vientre bajo la lava caliente parece derramarse sobre sus muslos, sus ingles, su sexo. Siente su deseo caliente, húmedo, pulsante y necesitado.

Y Xander lo sabe, pero decide ignorarlo. Decide seguir torturando esa otra parte de Liu, alimentando su anticipación, su frustración. Hasta que se detiene.

Cuando el vampiro se aleja, Liu tiene el pecho húmedo de sus lamidas y alrededor de sus sensibles pezones puede intuir la sombra violácea de unos chupetones que le durarán días. En el silencio de la noche, es vergonzoso lo mucho que se oyen las agobiadas respiraciones del humano, pero para Xander son una melodía hermosa. Observa su obra y desliza su mano por el vientre del chico de nuevo.

—Una piel tan deliciosa —comenta y realme sus brillantes labios —¿Por qué no le doy un descanso a tu cuellito y muerdo en otro lugar?

Sus ojos mapean el torso de Liu y el chico escanea su mirada roja tratando de detectar interés, de adivinar donde morderá. Su corazón late tan rápido que lo ensordece, sobre todo cuando los rubíes del vampiro se clavan de pronto en su mirada chocolate llena de preocupación.

—¿V-vas a morderme en…? —no logra acabar su frase, solo insinúa su final mirando hacia abajo, hacia su delgado pecho y sus enrojecidos pezones. Traga saliva al pensarlo.

—Quizá este es uno de los sitios, sí —habla de forma tan casual que a Liu le recorre un escalofrío. Luego repara en sus palabras y siente otro, este le genera un temblor temeroso.

—¿Uno… uno de los… sitios? —apenas puede formular la pregunta. La idea lo marea, no ha decidido aún si le gusta, mas es innegable que le afecta hasta adormecer su lengua.

Xander sonríe, sus dientes perfectos, sus labios gruesos, sus hoyuelos. Sus colmillos.

—¿Algo que objetar? —pero lo que sale de sus labios no es una pregunta, no una que invite a ser respondida al menos. Su tono es mordaz, como un reto. Una advertencia, quizá.

Liu traga saliva y niega. La mano del vampiro sobre su pecho sigue acariciando la superficie lisa y suave, como queriendo memorizar la textura virgen de su piel antes de que sus colmillos la conquisten y pinten en ella enormes marcas que podrá sentir en la punta de sus dedos cada vez que lo acaricie. Como si quisiera recordar cómo se siente Liu, siendo puro, para que cuando lo corrompa ese recuerdo solo lo haga todo más delicioso. La mano surca su vientre y solo las puntas de sus dedos alcanzan a acariciar su vientre bajo, casi rozando de nuevo la tela del pantalón.

Liu sabe que esta vez Xander no está provocándolo, no es juguetón. Su intención de desnudarlo es seria, pero no por ello apresurada, así que mete su índice, en forma de gancho, dentro del elástico de sus pantalones y baja solo un poquito. Con su otra mano acaricia el centímetro -si alcanza- se piel descubierta, como maravillado por su suavidad, por su anterior inaccesibilidad. Lo acaricia tan dulce que Liu apenas se da cuenta de cómo el otro lo observa.

Con hambre, pero también con indecisión.

<<Está deliberando donde morderme. En qué lugar… lugares>> piensa el chico y bien podría ser él un vampiro también, pues ha adivinado a la perfección los pensamientos de Xander.

Quizá acaba mordiéndolo hoy en el cuello también, es demasiado delicioso, casi irresistible, pero no está seguro. Su pecho es suave, delicioso, pero teme hacerle mucho daño en una zona tan delicada. Su estómago es más tierno, pero con su figura delgada y su cintura estrechita le da miedo que sus dientes atraviesen más de lo que es conveniente para Liu; si decide morder ahí debe hacerlo cuando ya esté algo saciado, para poder controlar mejor la profundidad. Su espalda podría ser un buen lugar, podría cerrar sus mandíbulas alrededor de sus omóplatos, dejar en él cicatrices que indiquen que es un pequeño ángel y que una bestia terrible le ha arrancado las alas a dentelladas. Sus piernas también son carnosas y el espacio entre ellas tan sensible como atractivo, pero primero necesita ver cómo reacciona Liu a tener su boca hambrienta tan cerca de su deseo. Sus muñecas…

<<No>>.

No son un mal lugar para morder: la sangre fluye fácil y la delgadez de la articulación entre las grandes mandíbulas de Xander le resulta deliciosa, pero <<¿Poner mis dientes en el lugar donde él ponía la navaja? ¿Darle dolor donde él se ha acostumbrado a él como tortura, como castigo? No desenterraré ese recuerdo con mis dientes. No sucumbiré a esa dulce ironía.>> Está decidido a dejar las muñecas de Liu libres de marcas, para siempre. Son un lugar sagrado, así que también es sagrada su decisión de no mancilladas más.

—¿Puedes levantarte, Liu?

El chico gimotea por la pregunta y por el hecho de que tan pronto la dice, Xander suelta la gomilla de su pantalón, haciendo que la tela chasquee contra la piel tan gentilmente acariciada segundos atrás. Y la pregunta suena educada, pero la sonrisa engreída de Xander desvela que la pregunta real es otra, algo como <<¿Puedes levantarte, Liu, o he hecho temblar tanto tus piernas sin siquiera desnudarte que no eres capaz ni de tenerte en pie para mí?>>

Lo peor de todo es que el muchacho no está seguro de la respuesta, pero aun así trata de levantarse. Parece un venado recién nacido al inicio, pero logra colocarse de ese modo frente a Xander, que está cómodamente sentado en el sofá, su espalda reclinada en el cómodo respaldo, sus piernas cómodamente abiertas y una de sus manos tras su cabeza, levantando y flexionando su enorme brazo, mientras la otra reposa en su muslo.

Xander luce tan confiado, como si ocupase todo el espacio a su alrededor, y Liu es una frágil ramita enfrente de su magna figura. Sus brazos atados a su espalda, su flequillo castaño cayéndole en el rostro y su espalda ligeramente curvada en un intento de hacerse más pequeño.

Xander se reclina hacia delante en el sofá, acercándose más a Liu. Ahora que uno está estando y el otro de pie, sus dos rostros coinciden en altura. Liu mira al suelo y Xander lo examina como quien ojea con interés un producto recién adquirido y se deleita en las posibilidades.

—Ponte recto —ordena y Liu hace tal y como le dicen, aunque se sienta más expuesto, más desnudo pese a llevar todavía ropa interior y pantalones, ambas prendas inútiles en sus intentos por disimular su erección.

Xander vuelve a colocar su índice por dentro del elástico del pantalón del chico, y de su ropa interior. Acaricia un poco esa zona fronteriza y baja sus prendas hasta que estas reposan por debajo de los huesos de su cadera, revelando la ligera protuberancia del pubis de Liu.

El vampiro se inclina un poco más y Liu mira al techo, porque sus ojos, pese a ser oscuros como la corrupción misma, no pueden soportar ver lo terriblemente erótica, lo obscena que es la imagen de Xander acercándose a su necesitada hombría, de sus labios trazando en su piel un camino hacia el pecado.

Pero Liu no necesita verlo, porque su piel le da tantos detalles que puede reconstruir la imagen en el dorso de sus párpados: la boca caliente y sedosa bajando hasta su ombligo y luego abriéndose un poco. La frialdad de los dientes contra su piel y luego el calor, la humedad, la intensidad de una lengua que baja con un pincelazo lento y escalofriante hasta donde la ropa lo protege.  Xander da un último lametón a esa zona demasiado baja para seguir siendo su abdomen, pero solo unos milímetros a salvo de llamarse lasciva. Y luego nota algo tomando sus pantalones de nuevo, solo que esta vez no son las manos de Xander, pues las tiene en sus piernas, sosteniéndolas porque tiemblan demasiado.

Son sus dientes.

Y con ellos baja la prenda. Poco a poco. Solo la fina tela de su ropa interior lo separa de la total desnudez, pero mientras siente al vampiro deslizar sus pantalones por sus piernas y deslizar su nariz por el contorno de su erección, Liu es tan vulnerable y sensible que bien podría estar desnudo. No, descarnado.

El muchacho solo se atreve a bajar la vista cuando tiene que levantar sus pies para quitarse del todo los pantalones, pues tiene miedo a caerse por el mareo.

Cuando lo hace, Xander le sonríe con malicia y pronto sus ojos vuelven a caer sobre esa zona que tanto le avergüenza, no solo porque su excitación está dura y querida, pulsando patéticamente contra la suave tela y mojándola ya en la punta, sino porque su ropa interior es más pegada de lo usual y color rosa, con bonitos lacitos de satín a los lados y aunque por la forma en que lo mira Liu sabe que Xander adora ese detalle, también piensa que es terriblemente vergonzoso que el vampiro sepa que se ha puesto esa prenda por él, para él. Porque planeó esa noche, porque pasó días, semanas, fantaseando con no tener que sofocar él con su mano su deseo cuando Xander lo mordía y solo ahora ha reunido el valor de pedirle que vuelva a hacerlo suyo, sin robar su autonomía esta vez.

—Tan buen chico… —halaga Xander con tono maravillado, acariciando el delicado tejido primero con sus dedos, luego con sus labios. Liu aprieta sus puños, las ataduras mordiéndole las muñecas con saña, y gimotea mientras nota los blandos, agradables labios contra la curva de su pene dejando un camino de pequeños besos —Debería recompensarte por tan agradable sorpresa ¿No crees?

Liu se siente flotar cuando el vampiro lleva sus manos a la goma de su hermosa lencería y tira hacia abajo, quitando tan refinada y bonita envoltura para liberar sus sucios deseos. Mientras el vampiro desliza la tela hasta sus tobillos y le retira esa última prenda, Liu mira su propio pene, la forma en que la cabeza está ya roja de frustración y brillante por la humedad, la rigidez llena de deseo de su eje. Apenas puede creer lo lascivo que se ha tornado su cuerpo sin su permiso.

Xander ríe cuando se percata de dónde están los ojos del chico y usa una mano para rodear sin dificultad uno de sus muslos, asegurándose así de que el chico no se cae -ni huye-, con la otra rodea su pene. Liu se siente ridículo: toda su longitud contenida en el puño del vampiro, con solo una tímida, rosada punta que asoma si el hombre tira de su mano hacia abajo. Se siente pequeño en comparación, pero algo en eso lo enciende, algo en el hecho de que Xander sea tan grande que él luce de juguete en comparación es demasiado caliente como para que su pene lo ignore, pues chorrea presemen sin quererlo, gimiendo de la frustración cuando nota su cuerpo gotear sin su permiso de ese modo.

Xander ríe de nuevo. El sonido es cruel, adictivo. Liu cierra los ojos, pero un chasqueo de dedos y la súbita frialdad en su eje lo hacen abrirlos.

—Vas a mirar todo lo que haré contigo —dice con voz firme Xander y Liu asiente, por lo que es recompensado con esa cálida y enorme mano abrazando de nuevo su necesitada hombría. Liu gimotea por el contacto y la presión.

Muele su mano despacio, la cerezita roja de Liu apareciendo y desapareciendo a medida que su puño sube y luego baja, apretando deliciosamente en la base, esperando unos tortuosos segundos antes de hacer de nuevo su camino hasta la punta, que se humedece de gusto cuando es acariciada por el cilindro de cada dedo, el calor de sus yemas, el toque frío y electrizante de los dos anillos que el vampiro porta en su índice y anular. 

Liu se mantiene en pie durante la lenta masturbación, no sin problemas, pero Xander lo asiste con una mano que le sostiene fuerte una de sus piernas, rodeándole el muslo sin problemas, y que cuando lo nota más estable sube hasta su espalda, acariciando los hoyuelos en la base de esta y pasando suavemente los dedos por la deliciosa curvatura de sus nalgas.

Liu jamás ha sido tocado con tanta paciencia, con una mano cuidadosa que recorre cada centímetro de su excitación como queriendo memorizar su topografía, así que la sensación es increíblemente nueva: por cada vez que Xander asciende o desciende, una oleada profunda de placer lo engulle, pero gotea poco a poco, dándole la extática sensación a cuentagotas, haciéndole desear más.

Sus caderas empiezan a moverse tímidamente, exigiendo que el ritmo se torne tan frenético como sus ganas por terminar. No se trata de que el placer sea poco, sino de que es exactamente el necesario para mantenerlo en la orilla del orgasmo: temblando, jadeando, ahogándose en el clímax que puede notar en sus labios, pero incapaz de la liberación que supondría cruzar la línea, hundirse en el placer.

—Despacio… —ordena Xander y la mano que le estaba acariciando la columna ahora lo toma por las caderas, impidiendo que el chico las siga moviendo —No vas a correrte aún, Liu. Es una orden.

Su voz es tan buena. Tan dominante. Ronca. Profunda. Liu siente un hormigueo rizándole los dedos, haciéndole tirar de la cuerda alrededor de sus muñecas y sentir otra, firme y tensa, en su vientre, a puno de romperse por la presión. Liu tiene que morderse muy fuerte el labio para no correrse y tiene que cerrar también los ojos para ello, porque el rostro de Xander es demasiado exquisito y su mano jugando con su pequeña erección demasiado obscena.

Pero Xander le ha dicho que mire y Liu sabe que incluso si está siendo premiado, la desobediencia supone un castigo. Es forzado a abrir los ojos cuando nota la mano en su cadera moverlo. De pronto, Liu vuelve a estar sentado en el regazo de Xander, quien abre sus piernas cómoda y anchamente para forzar al chico a separar las suyas.

—¿Qué te he dicho que hicieras? —pregunta el hombre con tono severo.

Pero hablar no es lo único que hace Xander: a su misma vez, su puño tira del pene del chico de forma deliciosa, dejando la cabeza en forma de cereza totalmente expuesta, floreciendo en el centro de su mano cerrada y, con la misma mano, desenrosca su pulgar de alrededor del eje del muchacho y empieza a deslizar la yema por la rojez del chico. Su dedo aprieta la punta húmeda y rodea su circunferencia con pequeñas caricias que hacen al chico retorcerse de sensibilidad. Puede sentir el calor y la presión de ese dígito como fuego contra sus partes más sensible, traza el contorno de su glande, se desliza adelante y atrás en la tensión de su frenillo y finalmente pasa por la hendidura perlada de presemen de la cabeza de su miembro, apretando el diminuto agujero como con la cruel intención de probar su resistencia y abrirlo más adelante.

Liu se estremece e intenta responder, incluso si su voz está rota y su cuerpo apenas le obedece.

—Q-qué… mi… mir-mirase… 

—No cierres los ojos de nuevo.

Liu quiere rebatir que ha tenido que hacerlo para poder cumplir la orden de no correrse, pero sus labios le traicionan emitiendo sin su permiso un dulce y dócil:

—Sí, señor.

Xander, satisfecho, lo mira con una enorme sonrisa y empieza a masturbarlo de nuevo. Lento, pero un poquito menos que antes. Liu jadea por el pequeño incremento de placer y clava sus ojos en la mano habilidosa que maneja su sexo como si de un sencillo divertimento se tratase, moviendo sus dedos de forma distraída y, con ese simple acto, haciendo que oleadas y escalofríos de placer dejen a Liu hecho un lío de sonidos hermosos y lágrimas de placer y frustración.

Mientras juega de ese modo con él la mano en la espalda de Liu lo maneja discretamente, haciéndole arquear su espalda y ofrecer su trasero, el cuál luego es amasado por esa misma mano. Liu se siente terriblemente avergonzado por la forma en que está a disposición del otro, con sus piernas abiertas, su sexo siendo manipulado para el placer de otro y, ahora, una gran mano apretando sus nalgas con gusto.

—Ya que no tienes permitido correrte aún, iba a ser amable, a tocarte solo de este modo y no dejar que te acercases demasiado al orgasmo, pero ahora que has sido desobediente, creo que lo haré más difícil —Liu tiembla por las palabras de Xander, por la forma en que no solo suenan serias y amenazantes, sino también divertidas, como si el vampiro hubiese esperado su fracaso y hubiese estado sediento de castigarlo.

Un escalofrío lo recorre cuando el vampiro deja de amasar una de sus nalgas y desliza sus dedos al espacio entre ellas, el dedo corazón hallando su sensible enterada y acariciándola tentativamente.

—¿Qué prefieres, Liu, que te folle con mis dedos mientras te masturbo o que use mi lengua en tu bonita polla? Si te corres con cualquiera de ambas cosas, haré la otra también. Y a partir de ahí, por cada vez que te corras te morderé en un lugar que a mí me plazca. Te sugiero que escojas bien y que intentes aguantar, tenemos mucha noche por delante y no sé si tú tienes el suficiente aguante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 137

 

Liu apenas puede pensar, las palabras del vampiro son tan eróticas y a la vez tan amedrentantes. En nada ayuda que su tono malicioso venga acompañado de un toquecito burlón, como si el vampiro se recrease en su temor y sus nervios -y lo hace, Liu está convencido de ello- y como si además supiese desde el inicio que el juego está truncado, que Liu no tiene oportunidad alguna de ganar, solo la cruel ilusión de sus fallos son su sola responsabilidad.

Liu trata de racionalizar las palabras de Xander. Debe escoger: sus dedos o su lengua. Y ambas opciones suenan igual de maravillosas, así que Liu está jodido haga lo que haga, pero el chico ya ha empezado a pensar que no se trata de no correrse, pues el vampiro es insidioso y su exigencia imposible, sino de no hacerlo demasiado rápido como para convertir el resto de su noche en una tortura en la que el otro lo drene poco a poco de sangre y placer.

Xander impide a Liu pensar con claridad, pues aprieta duro en su puño el pulsante pene del chico mientras su pulgar lame la sensible punta, insistiendo en la hendidura que gota néctar, y su otra mano acaricia el espacio virginal entre sus nalgas, un dedo rodeando su anillo muscular como probando su ternura antes de romperlo.

Si Xander chupa su sexo y él es forzado a mirar se correrá en segundos, lo sabe. Su lengua larga y carnosa es aún más fuerte que su puño y su boca es más húmeda, más cálida, más erótica. No podrá aguantar.

Sus dedos en su interior, sin embargo, pueden incluso dolerle al inicio y aunque Liu no desea sentir que está siendo roto, eso puede ayudarle a bajar su excitación.

—T-tus dedos… —susurra finalmente, aunque su voz no transmite firmeza alguna.

Xander se inclina hacia él, riendo con malicia, y besa las comisuras de sus labios. Sigue masturbándolo despacio y duro mientras lo besuquea tiernamente y poco a poco sus besos se tornan pequeñas lamidas sobre su boca. Liu gimotea, temiendo que la sensación de esa húmeda lengua sobre sus labios vaya a hacerlo correrse mucho antes de tiempo, pero el vampiro parece compadecerse, pues muerde su labio inferior, sobresaltándolo y haciendo que la sorpresa tome el lugar de la creciente excitación.

Liu respira tranquilo unos segundos, todo lo tranquilo que puede hallarse cuando una mano se muele en su entrepierna y lo mantiene demasiado cerca del orgasmo, haciéndolo retorcerse y jadear por las electrizantes corrientes que recorren su cuerpo entero. Nota sangre caliente cayéndole por las muñecas, que se pelean sin querer con las ataduras.

Xander se reclina hacia atrás en su asiento, observando al chico.

—Mírame a los ojos —le ordena, a la par que retira la mano que tenía tras él y se la acerca a los labios. El calor de sus dedos le hace suspirar y el frío pinchazo de los anillos contra su boca se siente como hielo siendo prensado contra su piel. Liu se sobresalta por la sensación y desvía sus ojos unos segundos a los anillos dorados, dirigiéndolos luego a los ojos de Xander. —, quítamelos. —ordena y roza los labios sensibles y enrojecidos del chico con el frío metal que rodea sus dedos. Liu lo mira, confuso, y vuelve a luchar contra sus ataduras. Xander niega —Con la boca.

Liu obedece de inmediato. Se siente tan cansado, drenado de todas sus fuerzas y resistencia, que le tiemblan los labios al abrirlos y rodear con ellos el índice y el dedo medio que el vampiro le ofrece, incluso si en este segundo no lleva anillo alguno.

Xander no mueve su mano, hace al chico trabajar por ello: Liu debe arquear su bonita espalda y empujar hacia delante su cabeza de cabellos desordenados y lágrimas hermosas para hacer desaparecer esos dedos largos y gruesos entre sus labios. Engulle la mitad de estos, hasta llegar al primer nudillo, pero los anillos todavía le quedan lejos y las yemas del vampiro ya acarician amenazantemente el final de su lengua.

Tose, retirándose un poco, su respiración acelerándose y la mano en su entrepierna haciendo lo mismo. Los ojos de Liu se ponen en blanco unos segundos, en el preciso instante en que Xander lo masturba como buscando arrancarle un orgasmo y empuja sus dos dedos al final de la garganta del chico hasta que el anillo choca con sus dientes.

—Liu —lo llama el vampiro y el chico reacciona al instante, dócil, alerta, mirándole a los ojos de nuevo con el temor de haberlo desobedecido y ganarse un castigo. Pero su vista se descentra tan pronto… apenas puede focalizar sus pupilas en un punto por culpa del placer que lo recorre como un terremoto y por culpa de los dedos que se empujan en su garganta haciéndolo toser y salivas, incapaz de tomar al vampiro entero —, vamos, ya casi lo tienes, buen chico —lo halaga, por lo que el muchacho hace el esfuerzo de morder el anillo y el vampiro poco a poco retira sus dedos de la boca del chico, dejando que este le quite el anillo con los dientes. A mitad de camino, Xander dice: —, ¿Serás tan bueno como ahora cuando esté empujando estos mismos dedos dentro de su bonito culo?

Liu jadea y su respiración se corta. Lo nota en ese momento. La tensión, el hormigueo. Va a correrse si sigue pensando en las mareantes palabras del vampiro. Nota su polla estremeciéndose, sus testículos apretándose. Piensa en los dedos entre sus labios. Su grosor, su profundidad. Los imagina en su trasero, moviéndose. El vampiro le sonríe malicioso mientras el chico escupe un lío de saliva en su palma, donde el anillo se desliza entre el traslúcido líquido como una reliquia. La forma en que Xander lo mira, tan malo, tan orgulloso. La forma en que lo masturba.

—N-no puedo, X-Xander, no pued-

El vampiro es comprensivo y suelta el pene del chico en ese mismo instante, el chorro de placer que empezaba a erupcionar en su interior cortándose bruscamente, dejando al chico sensible, dolorido. Su orgasmo pulsa dentro de él, late como algo caliente, pesado, de lo que necesita liberarse para respirar tranquilo de una vez.

—No tan pronto, Liu, todavía no he empezado —le dice con un tono burlón que lo enciende demasiado y, después: —. Me quitaré el otro anillo yo mismo, como recompensa por lo bien que lo has hecho con este. Tan buen chico ¿Te sientes impaciente por que vuelva a tocarte? ¿Tienes ganas de ser una cosa patética que no puede evitar correrse y que terminará siendo mi juguete esta noche? ¿Lo estás imaginando ya, cómo te morderé y te tocaré hasta que no puedas mantener tu bonita mirada en la mía?

Liu no es capaz de responder, no con palabras, aunque sí con una voz rota y un gimoteo tan cagado de vergüenza, como de la confesión de que sí, desea todas esas cosas a la par que le intimidan. Xander ama como el chico apenas puede sostenerle la mirada, como sus ojos lucen grandes y oscuros como los de un cachorrito, tan llorosos, con sus pestañas mojadas y sus párpados y ojeras relucientes por las lágrimas que los barnizan.

Liu observa como el vampiro se saca el anillo del anular. Usa su boca, sí, pero él no engulle su dedo entre sus labios, sino que le es tan fácil como extender su larga, hábil lengua fuera de su boca y que esta, con la punta afilada y precisa, rodee el anillo y lo saque del lugar sin error alguno. La visión de la lengua de Xander le hace a Liu recordar, anticipar, sabe que es capaz de rodear su hombría como un puño, con la misma fuerza y la misma extensión, sabe que es deliciosamente húmeda y cálida. Y sabe que, si se corre ahora, esa lengua le arrancará tantos orgasmos como veces Xander hundirá sus dientes en él hoy.

El anillo cuelga unos segundos de la punta de la lengua de Xander, peligrosamente similar a la de una serpiente, y luego lo deja caer sobre la palma de su mano y deposita ambos anillos en la pequeña mesita a un lado del sofá.

Liu, ahora que no está siendo tocado, ha logrado regularizar un poco su respiración, pero las palabras de Xander siguen haciendo eco en su cabeza, cada ronco golpe de voz una pincelada demasiado vívida de su imaginación donde pinta a Xander lamiendo su sensible sexo mientras rodea su base y lo muele deprisa.

Liu piensa que quizá el vampiro le ha leído el pensamiento, pues le sonríe con grandes colmillos y encierra de nuevo su pene en su puño para proseguir su lento vaivén. Su otra mano agarra una de las nalgas del chico y la aprieta, tirándola a un lado, dejando su entrada vulnerable y desnuda y haciendo al muchacho ser todavía más consciente de esa parte de él que pronto será penetrada. Un escalofrío lo recorre y luego un grito sale de su garganta cuando el vampiro azota su trasero sin previo aviso. El dolor es punzante y ardiente. Si cerrase los ojos podría mapear con un contorno en rojo la zona de su trasero donde empieza a dibujarse la mano del vampiro.

Pero sus dedos no están ya ahí, sino en el espacio entre sus carnosas nalgas, tres dedos húmedos impregnando el agujero del chico en una mezcla de sus salivas. Liu está tan nervioso que toda su atención se dirige a esa mano, dejando la otra, la que lo masturba, como una especie de bombeo de fondo que le hace tener escalofríos placenteros cada poco.

El dedo anular de Xander presiona su anillo muscular y el chico se tensa de golpe, temeroso. Él ha sabido que era gay desde que ha tenido consciencia de que las orientaciones sexuales existen y tan pronto descubrió un par de videos que no debería haber visto a su corta edad, empezó a fantasear ya no solo con los besos y caricias de Matheo, sino con su cuerpo encima del propio, sus caderas empujándose hacia adelante y abriéndolo, más Liu nunca se atrevió a probar nada de eso.

La idea de aventurarse a una sensación tan extraña, tan fuera de la norma, le resultó siempre demasiado intimidante, así que lo único que conoce de ella, la única experiencia real que tiene de ser penetrado por otro hombre, es la misma donde aprendió que él no era nada más que un objeto y su dolor, si acaso, un divertimento para el hombre que lo usó.

Así que tan pronto el rubio intenta entrar, siente al muchacho palidecer, su cuerpo rígido como hecho de huesos y articulaciones de cemento y su sexo, antes duro, ahora empezando a sentirse tierno y apocado.

—Relájate —susurra en su oído, esta vez, sin embargo, no es una orden y eso realmente ayuda a Liu, que ladea su cabeza y acepta los besos en el cuello que Xander empieza a dejar en él —, no tengo por qué hacer esto, si trae recuerdos dolorosos —dice de pronto, rompiendo su hasta ahora dominante y cruel carácter y mostrando en dicha grita que Liu tiene un espacio seguro donde puede acurrucarse y ser cuidado.

Liu se debate. Ahora que la voz y las amables palabras de Xander lo traen de vuelta al presente, al placer, y lejos del dolor enquistado de su pasado, su miembro vuelve a despertar y la excitación le nubla el juicio. Quiere seguir, realmente, pero no está seguro de si querrá hacerlo una vez suceda.

Xander se adentra en su mente, queriendo darle sentido a su preocupante silencio, y lame el cuello del chico de arriba abajo con su lengua, provocándole un tan delicioso escalofrío que las palabras en su cabeza se traban como si estuviesen siendo pronunciadas por una lengua inexperta.

—Pararé si me lo pides, Liu, o si siento que no puedes tomarlo —el chico asiente, como dándole permiso a que continúe, pero la mano de Xander ya se ha apartado de su rosada intimidad y bordea las ataduras contra las que el chico ha roto su propia piel —. Puedo desatarte, si te hace sentir mejor, pero nada de tapar tu bonita cara ¿De acuerdo?

Liu asiente, oleadas de alivio sumándose a las de placer. Su cuerpo se siente flácido. Quiere ser solo una cosita de carne boba que Xander maneje a su antojo porque sus palabras son tan dulces y él es tan débil a ellas que no puede sino rendirse.

Xander rompe las ataduras del muchacho con una sola mano y cuando el chico trae las suyas al frente, temblorosas y doloridas, ve la sangre que salpica sus palmas y corre desde las laceradas muñecas. Xander le aparta las manos del rostro y lo besa, profundo, rápido.

<<Metálico>>

Liu tarda en reconocer el sabor de la sangre de vampiro en su boca hasta que nota las heridas en sus muñecas suavizarse y el dolor lentamente desaparecer como si jamás hubiese estado ahí. Se vuelve a mirar, maravillado por la poderosa magia, y luego apoya sus manos en los hombros de Xander, pues siente la mano del vampiro volver a su entrada y los nervios le hacen sentir que caerá de bruces si no se sostiene.

Xander trabaja alrededor de su entrada con el anular, lubricándola y acariciándola circularmente hasta que siente la estimulación enternecer el anillo muscular. Entonces empuja. Liu toma aire de golpe, un sonido ahogado y sorprendido viniendo de su garganta cuando siente la falange hundirse hasta la mitad.

—Buen chico —susurra el vampiro en su oído y las palabras son tan calientes y maravillosas que el humano olvida el dolor inicial, el pequeño pinchazo que ha sentido solo segundos atrás, y se centra en explorar la nueva sensación más allá de su temor.

Y es… extraña. Se siente abierto por el grueso dedo del vampiro y es incómodo, un poco doloroso también, pues su apertura abre por la repentina intromisión, pero también se siente bien, pues se siente lleno, poseído, y aunque es algo intimidante, también le gusta un poco.

El vampiro lo masturba más rápido, hundiendo el dolor y en profundas oleadas de placer, y pronto el dedo está entrando y saliendo de él a un ritmo lento, pero seguro. Liu se retuerce por la sensación de ser abierto y profanado de ese modo, del dedo ancho y lúbrico del vampiro hundiéndose sin que él pueda hacer nada en su intimidad, abriendo su angosto interior y adentrándose, por cada embate, un poquito más.

Xander se detiene cuando logra enterrar su dedo hasta el nudillo y Liu gimotea por la profundidad, por lo lleno y roto que se siente, pero también porque el dolor que lo embriaga es ciertamente dulce. Siente que es de Xander y eso, de algún modo, no es tan aterrador como una vez lo fue. 

El vampiro retira su falange y Liu lloriquea por la sensación de vacío repentinamente clavándose en su interior. De un momento a otro, son dos los dedos que se empujan contra la ternura de su sexo y el chico se marea cuando piensa en que quizá Xander quiere hundir un tercero, pues sabe que incluso con solo dos, el grosor de sus falanges ya iguala el de una hombría poco más grande que la de Liu. El muchachito llora, abrumado, cuando es abierto por segunda vez, pero arquea su espalda de forma seductora e inintencional, ofreciéndole al vampiro su cuerpo.

Los dos dedos lo penetran superficialmente, sin enterrarse demasiado hondo en su frágil cuerpo y centrándose más en ensanchar al chico, en tenerlo listo para el placer que está por venir. Liu clava sus uñas en los hombros del vampiro hasta dejar marcas con forma de medias lunas, incapaz de decidir si lo hace por la forma en que se intensifica todo lo que siente ahora que está siendo tan íntimamente tocado o por los nervios de ofrecerle a quien previamente le rompió, una parte tan frágil de él.

Xander lo masturba un poco más rápido, reclamando su atención sobre su sexo, y los ojos de Liu no pueden sino mirar la manera en que los enormes dedos se deslizan por el húmedo eje.

Mientras lo hace su boca se abre grande y un hilo de saliva resbala entre sus labios: Xander empuja despacio sus dos gruesos dedos hasta la empuñadura, los hace hundirse despacio en el angosto y suave pasaje de su interior, forzando a sus paredes a abrirse para él, a adaptarse a su tamaño, su fuerza, su profundidad. Y, oh, la profundidad es tan enloquecedora.

Liu siente que lo que está siendo tocado dentro de él es nuevo, algo tan hondo que había permanecido hasta ahora sin ser descubierto. Los dedos de Xander son tan largos que cuando empujan contra un punto suave y agradable en su interior, el chico jura que puede sentirlos en su vientre antes de que algo explote dentro, algo caliente, no, ardiente, como lava fundida derramándose por toda su entrepierna y goteando entre sus muslos.

Liu no puede contenerse, tira su cabeza hacia atrás gimiendo de placer y sensibilidad, mil latigazos placenteros recorren la superficie de su piel que se siente en carne viva y los escalofríos que vienen detrás son como hielo sobre la laceración de éxtasis recién abierta. Las piernas le tiemblan, su boca ya no sirve para hablar ni su cabecita para pensar, sus manos se agarrotan y todo su cuerpo se siente tenso y hormigueante hasta que algo se rompe en su interior y Liu se cae hacia Xander como una marioneta sin titiritero, respirando rápido y somero y apenas pudiendo esmerarse en abrir sus ojos, no ya mantenerlos en su entrepierna.

Pero cuando logra mirar allí, siente la sangre desaparecer de su rostro: tiras blancas adornan su pulsante miembro, el puño de Xander y se extienden hasta sus cremosos muslos. Su placer líquido gotea poco a poco entre los fuertes dedos y su miembro, poco a poco volviéndose suave y pequeño, y Liu se horroriza al comprender lo rápido que se ha corrido.

Xander tan siquiera ha necesitado dedearlo enérgicamente como antes, solo ha tenido que empujar sus dedos contra su próstata un par de segundos.

Dedos que siguen dentro suyo, alrededor de los cuales siente la ternura de su carne pulsar, haciéndole terriblemente consciente de la intromisión, así como lo es de todo su cuerpo: de la gota de sudor que le lame la sien derecha, del peso de sus párpados y sus brazos, del calor que siente en su vientre bajo, de cada pequeño hueso en sus piernas, todos y cada uno de ellos inútiles en la tarea de sostenerlo si quisiera ponerse en pie.

—¿No has podido aguantar más, Liu?

La voz de Xander en su oído es como una lamida en una herida abierta. Tan agradable que le resulta balsámica, pero a la vez es una suavidad sobre un cuerpo sensible, algo que eriza su piel y le hace estremecerse por una sensación demasiado emparentada con el dolor como para ser únicamente placer. Liu no tiene tiempo de examinar lo que la voz provoca en él, porque tan pronto el vampiro habla, sus dedos empiezan a acariciar más y más ese lugar dulce de su interior que lo ha empujado al límite. Siente los dígitos moviéndose en su interior, separándose, uniéndose, obligando a su agujero a dilatarse como si pretendiese tomarlo esa misma noche, y las yemas de los dedos deslizándose por esa superficie lisa y llena de nervios que parece conectar con todo el resto del cuerpo de Liu, que le pone las mejillas rojas y le riza los dedos de las manos y pies, que hace sus ojos ponerse blancos y sus testículos tensarse, como si alguien pretendiese exprimir de ellos otro poderoso orgasmo.

El pene de Liu tan siquiera ha tenido tiempo suficiente para ponerse duro de nuevo, pero él puede sentirlo: la tensión creciendo en su interior, las oleadas acumulándose una encima de otra, el placer tornándose una cuerda de arco y los dedos hábiles de Xander tirando de ella más y más, buscando romperla o dispararla con algo electrizante que recorra a Liu y abandone su cuerpo con un alivio devastador. Otro orgasmo.

<<No, no, nononono>> Liu intenta resistir, intenta pensar en otra cosa, zafarse del agarre de Xander, pero es imposible, pues su mano derecha desatiende su pene y lo toma por la espalda manteniéndolo deliciosamente quieto sobre él mientras explora su interior y masajea su próstata. Liu siente que enloquecerá, cada toque se siente tan íntimo, casi invasivo, alguien le revuelve el interior y tira de hilos que él no conocía, le arranca sonidos patéticos, le hace desesperarse como si ese primer orgasmo no lo hubiese liberado de nada.

Xander sonríe. Su chico era sensible antes, pero lo es mucho más después de jugar con él una primera vez. Su cuerpo responde maravillosamente y por cada empujoncito de sus dedos contra su punto sensible el chico no puede evitar sino arquear su espalda y soltar, uno tras otro, una retahíla de gemiditos entrecortados y hermosos, tan sinceros como las cristalinas lágrimas perladas en sus pestañas; tan deliciosos como la gotita de sangre que escurre por la boca del chico cuando muerde duro su labio.

Xander desliza su lengua por el rojo camino que desciende por su cuello. Prensa su lengua, llana, contra la delicada curva de la garganta de Liu, recorre su mandíbula y llega a sus labios. Los limpia de un lametón y luego los besa a pesar de que Liu es incapaz de usar su boca para nada más que gemir. Sus ojos también son inútiles ahora: están demasiado borrosos por las lágrimas de placer como para ver nada, además de que el chico ha dejado de mirar la erótica escena tiempo atrás. Xander piensa en castigarlo por ello ¿Pero acaso no lo está haciendo ya?

Lo besa con ferocidad, tragando su aliento superficial y dulce, sus sonidos ahogados, y recorriendo con su lengua los labios del chico y luego el interior de su boca. Liu quiere pedirle que se detenga, que puede sentir un orgasmo construyéndose en su interior, pero el vampiro desarma sus súplicas con la misma boca que lo hará sangrar si se corre.

La imagen se proyecta en su cerebro. Poderosa, inevitable. Ve los colmillos de Xander enterrándose en su cuerpo, desgarrando la piel, entregándole ese dolor tan aterrador pero liberador que le deja el cerebro vacío y el cuerpo débil. Mareado. Casi drogado.

Y en ese instante, Liu no pude evitar ser víctima de la sensación que lo atraviesa. De ese relámpago de anticipación y puro éxtasis que lo hace abrir la boca dócilmente para ahogarse con los besos del vampiro y lloriquear mientras se retuerce. El placer hormiguea bajo su cuerpo entero y él se derrite mientras ese calor divino se dispara cual flecha hacia su intimidad, la cual siente aún flácida, pero que aun así termina disparando chorros y chorros de su semilla entre sus piernas.

Xander rompe el beso con la más cruel de las sonrisas, relamiéndose los restos de sangre sonrosada de su comisura y atrapando el miembro suave del chico entre sus manos, apretándolo un poco para extraer unas últimas gotas de su clímax. Liu chilla, tan sensible que el placer se le hace tortura, y gotea patéticamente en la mano de Xander mientras jadeos desesperados escapan de su boca. Se ha vuelto a correr antes siquiera de que Xander cumpla su palabra y use su lengua y dedos para enloquecerlo. Se ha corrido sin siquiera estar erecto.

<<No sabía que era posible>> Piensa, avergonzado y curioso al mismo tiempo. Xander no parece sorprendido y le abochorna la manera en que el vampiro explora su cuerpo de forma tan experta, tocando lugares y causando reacciones hasta ahora desconocidas para él, como si Liu necesitase de las enseñanzas de alguien más letrado en el arte de comprender su propia anatomía. Al fin y al cabo, piensa Liu, tiene sentido que Xander conozca todo sobre él, pues es suyo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 138

 

El vampiro se levanta con el chico entre sus brazos y Liu se deja llevar de un lado para otro mientras trata de recuperar el aliento. Abre sus ojos cuando es depositado sobre un lecho mullido y familiar y ve al vampiro subiendo a su cama con él, la sonrisa diablesca y hambrienta todavía en sus labios. Los colmillos grandes y brillantes.

—No te canses tan pronto, Liu, todavía tengo que jugar más contigo.

El chico se estremece. Su tono es sensual, pero tiene en él un toque peligroso, de advertencia, que hace que su cuerpo responda casi con ansia. Como si buscase su castigo en vez de evitarlo.

Liu sabe que se ha corrido una vez más de la que el vampiro le ha permitido, así que ahora sus colmillos lo harán sangrar una vez. Xander lo tiende en la cama, totalmente desnudo. El chico está bocarriba, con sus cabellos oscuros arremolinándose alrededor de su cabeza como un hermoso halo opaco y su cremosa piel salpicada de pecas expuesta para que el vampiro escoja donde dejar su marca. Acaricia sus piernas con manos firmes que ascienden hacia su sexo. Llegan a los muslos, los aprietan con deleite, los abren, como buscando crear ahí un espacio para la ansiosa boca de Xander, la pregunta es ¿Para que su lengua pruebe a Liu o para que lo hagan sus dientes? El muchacho traga saliva. La caricia ahora le roza las caderas, sube por la curva de su cintura, por las costillas, por el pecho, trazando con el pulgar los pezones que antes ha torturado para su diversión. 

Y entonces…

Las manos vuelven a bajar. Recorren su cuerpo en el orden inverso y por cada centímetro de piel que acarician y aprietan, como comprobando su ternura, Liu no puede sino preguntarse si es ahí donde será mordido. Xander llega con sus manos al final de su cuerpo y cierra sus puños alrededor de los delgados tobillos del chico antes de tirar de él, arrastrándolo hacia su cuerpo, situándolo bajo él de un violento jalón que hace al muchacho jadear. Su boca entreabierta. Sus dientes afilados. Sus manos ahora sosteniéndole la cintura un poquito más fuerte de lo usual, como inmovilizándolo.

Liu siente sus pupilas dilatándose, la adrenalina inundando su cuerpo como pura electricidad. Sus respiraciones aceleradas. Su corazón en la garganta.

Cierra los ojos cuando Xander se inclina sobre él y lo siguiente que sabe es que la boca de Xander está en su pecho, allí donde si posa los labios el corazón retumbará contra ellos como queriendo ser mordido. Y el vampiro posa sus labios.

Besa su pecho con delicadeza, adoración incluso. Y luego lo profana.

El dolor lo atraviesa agudo y rápido como una cabeza de lanza instalándose en su corazón y a este pronto le sigue una deliciosa debilidad. Xander da un sorbo de su sangre, solo uno, pues todavía quiere probar más del chico, pero es suficiente para que haga temblar los brazos y piernas de Liu y su cabeza se siente ingrávida como un globo de helio flotando lejos. Le gusta esa sensación, así como le gusta el dolor ardiente que queda en su piel tras ser perforada y la sensación de las pequeñas gotas de sangre lamiendo su piel todavía intacta, como envidiosas de su inocencia, de su virginidad.

Pero puesto que la boca de Liu es incapaz de admitir lo mucho que adora ser mordido, su cuerpo lo hace por él.

Xander rodea su miembro y al hacerlo Liu se hace consciente del contorno duro y erguido que los grandes dedos delinean. Su erección ha vuelto y, con ella, la posibilidad de volver a fallar de nuevo, de volver a ser la víctima del vampiro que lo mira con alargados ojos rojos y una enorme boca roja.

Su boca se abre de nuevo y Liu teme ser mordido dos veces seguidas, pues aún no se ha recuperado del lacerante dolor que siente hundirse en su pecho. Para su alivio, Xander solo desliza su larga lengua por la herida, limpiando la sangre que gotea y dejando claramente visibles las cuatro marquitas: dos profundas y tan oscuras como el alquitrán, rodeadas por piel enrojecida, y otras dos más pequeñitas a los lados de las heridas de los colmillos, que pertenecen a los dientes afilados que tiene al lado de estos, pero que son más pequeños y causan heridas superfluas, pero llamativamente rojas.

El vampiro relame delante de él mientras con una mano muele su pene totalmente duro y con la otra le separa delicadamente las piernas. Toma la derecha por la corva y se la alza, haciendo que el tobillo del chico termine en el hombro del vampiro, abriéndolo mejor para él, dándole acceso a sus dos intimidades. Xander lleva los dos mismos dedos que antes a su entrada y la embiste de una estocada. Penetra a Liu con solo la yema de sus dedos, retirándola por completo hasta que el sonrojado anillo muscular se cierra y luego empujando sus falanges para forzarlo a abrirse como una hermosa flor para él. Lo tortura así un rato, masturbándolo a ritmo taciturno mientras lo folla superficialmente, tentándolo con la sensación que Liu sabe que el vampiro pude alcanzar dentro de él.

Entonces Xander decide rodear su pene solo con el índice y el pulgar formando un anillo en su base con ellos y Liu sabe lo que significa, pero aun así mira y tiembla cuando lo ve abrir su enorme boca sobre su miembro. Los labios rojos y sonrientes, los colmillos, la lengua húmeda y tan malditamente larga. 

Xander no tiene piedad, engulle el miembro del chico de un solo bocado y Liu puede sentir su hombría caliente y húmeda dentro de la cavidad del vampiro, que lo mira al rostro con intensos ojos rojos. Sus labios sustituyen sus dedos en la base del pene del chico y se cierran tan fuerte para hacer desaparecer su hombría que Liu siente que podría correrse solo con eso.

Aparta la mirada para evitarlo, pero los dedos en su trasero lo castigan hundiéndose de golpe y golpeando en ese lugar pequeñito e irresistible de su interior. El golpe le hace temblar y gemir de tal manera que Xander se queda quieto, pues piensa que robarle otro orgasmo a su humano tan pronto sería demasiado cruel. Lo deja recomponerse por un rato, recreándose en la forma en la que el chico solloza y sorbe por el insoportable placer al que lo somete. 

Pero la paciencia de Xander tiene un límite y cuando el contador llega a cero, el vampiro no siente remordimiento alguno al hacer a Liu aullar de dolor y placer, follando su culo rápido y duro con sus dedos y enroscando su lengua alrededor de su pene antes de empezar a subir y bajar con su cabeza sobre su erección. Liu siente que enloquecerá, cada estocada se siente más ruda, más profunda, un adelanto de la follada que Xander desea darle pero no puede todavía, y la forma en que los dedos se entierran en su tierno interior y acierta cada maldita vez en su próstata es demasiado.

Cada golpe una oleada de placer que vuelve sus huesos y su carne un mero charco de sudor, lágrimas y cosquilleos. Pero no es solo eso, Liu también debe trata de resistir la forma en que la boca de Xander lo masturba húmedamente, la carnosa lengua subiendo y bajando, lamiendo la sensibilidad de su punta ya enrojecida, los labios firmemente apretados alrededor de su base desplazándose por toda su longitud, chupando ávidamente hasta que siente que perderá el conocimiento por tanta intensidad.

La humedad en su miembro. La fogosidad en su interior. No puede con ello.

Así que Liu se rinde y su bonita cabeza se echa para atrás mientras su cuerpo convulsiona de placer. El orgasmo lo atraviesa del mismo modo en que lo hizo la sensación de que otro ser se alimente de él y le drene la sangre: poderoso y agotador al mismo tiempo, dejándolo mareado de una forma que borra todas sus preocupaciones y le quita hasta la capacidad de hablar. Lo atraviesa como un tsunami de placer en el que se ahoga, los hormigueos volviéndose terremotos que hacen temblar sus piernas, su piel erizada sintiéndose como puro fuego.

La pierna que descansa sobre el hombro de Xander se tensa y el vampiro la acaricia amablemente para calmarlo mientras su dedos siguen martilleando su próstata más rápido y cruel incluso, mientras su lengua aprieta como una serpiente la polla de Liu y le arranca hasta la última gota de placer. Xander se bebe su orgasmo y Liu, demasiado ido para decir nada, solo gimotea incoherencias y jadea cuando Xander escupe su virilidad ahora flácida y retira sus dedos de la entrada ya roja de tanta intensidad.

Liu siente que va a desmayarse, pero no puede, no cuando Xander tiene algo más que hacer con él. Sus colmillos vuelven a ser largos y vistosos y el muchachito sabe lo que eso significa. Se estremece entre las sábanas, una pequeña cosita llorica y asustada incapaz de huir de su destino, y piensa en que el vampiro lo morderá, en que su cuerpo es pequeño y la boca de Xander tan grande ¿Y si se queda sin sitios donde hundir sus dientes? ¿Volverá a enterrar sus colmillos en las heridas frescas, reavivará su dolor, quemará sus cicatrices con más ardiente hambre? La idea le causa un escalofrío y, de pronto, escucha el tintineo metálico de un cinturón, es deslizarse de la ropa, lo cual lo hace abandonar sus pensamientos.

Liu observa con admiración y temor la erección de Xander junto a la suya. El vampiro se ha desnudado deprisa, hábilmente, y su polla larga, gruesa y venosa se pega contra el suave pedacito de carne de su entrepierna como burlándose.

<<Es tan grande…>> Liu traga saliva <<Más grande que sus dedos>> Mira a Xander al rostro, suplicante, y el vampiro le entiende de inmediato.

—No voy a follarte aún. —le dice, medio burlón, por un lado, como algo tranquilizador, por otro como un castigo, pues el vampiro sabe que aunque Liu no está listo para que eso suceda, lo desea.

Lo desea más de lo que puede soportar. Se inclina en su oído, el increíble peso de su virilidad aplastando la de Liu, pegándose contra su ingle, llegándole al ombligo sin dificultad alguna y recordándole que aquella vez que lo folló, cuando estaba del todo en él, sus embates hacían que una pequeña protuberancia se viese en su vientre <<Tan grande, tan grande, tan grande…>>

—Cuando lo haga, Liu, me voy a asegurar de que no te corres ni por mi boca, ni por mis manos. No te dejaré tocarte, tampoco, te haré terminar solo por la sensación de ser follado.

Su tono ronco, sus palabras obscenas, la forma en que sus labios rozan su cuello, como amenazando con morder ahí. Liu se tapa la boca por culpa del vergonzoso sonido que sale de ella e intenta bajar su pierna para ocultar la erección que se erige, de nuevo, entre sus piernas, pero Xander se inclina, abriendo más aún los muslos del chico, revelando más todavía su sexo excitado y deslizando sobre este el propio, estimulándolo de esa forma tan intimidante, pero deliciosa y, a la vez, toma con su mano una de las muñecas de Liu y las lleva a la unión entre sus dos entrepiernas.

—Voy a morderte, Liu —anuncia con una voz juguetona, bajando en un camino de besos por el cuello del chico, por su hombro, su clavícula, por el pectoral del muchachito que no ha mordido — y quiero que nos masturbes a los dos a la vez mientras lo hago. No tienes permitido parar, si lo haces, te morderé de nuevo.

Liu solloza y debe bajar su otra mano también para ser capaz de rodear la hombría del vampiro y la suya propia a la par. Suspira, el grosor desafía la tenacidad de sus dedos y puede notar las grandes venas de Xander pulsando contra su piel. En comparación, su masculinidad es adorable y no puede sino enrojecer por el pensamiento. Empieza a moler sus manos de forma descoordinada y torpe, pero Xander rodea su cuello con una mano, duro, y él gimotea.

—Hazlo bien —ordena, mirándolo con ojos tiránicos y Liu intenta obedecer estableciendo un ritmo agradable pese a que se siente exhausto y las manos le tiemblan —. Aprieta más —Liu lo hace y su pene se estremece, no por la presión de sus propios dedos, sino porque la polla de Xander deslizándose contra la suya lo enciende demasiado —, más rápido.

Liu sigue sus directrices, agotado, pero deseando halagos. Y cuando logra masturbar ambos  miembros enérgicamente y siente el roce lo volverá loco, Xander suelta su débil cuello y susurra:

—Buen chico.

Su mano derecha de desliza hacia su entrepierna y envuelve sus débiles dedos, guiándolo. Xander aumenta la presión y el ritmo y Liu quiere llorar porque no está seguro de poder tener otro orgasmo y el placer empieza a chispear en su cuerpo de una forma dolorosa.

Xander aleja su mano, aunque Liu sabe que no tiene permitido bajar el ritmo de sus movimientos, y la desliza hacia su trasero de nuevo. Dos dedos húmedos empujando la sonrojada superficie de su sexo. Liu gime largamente mientras Xander se introduce en él, hundiéndose poco a poco hasta llegar al final. Luego saca sus dedos y los vuelve a meter de una forma tortuosamente lenta que contrasta con lo rápido que las manos del chico muelen sus hombrías.

Xander se entretiene en ello un rato, en abrir al chico lentamente y dejar que sienta cada centímetro de sus dedos empujando en su tierno interior, apenas rozando su próstata, pero sin golpearla aún, hasta que una de esas veces se queda instalado en lo más profundo de él y en vez de retirar sus dedos vuelve a masajear ese pequeño, sensible lugar en él.

Liu gime, aumenta el ritmo de su mano sin querer, buscando el placer que tanto teme y tiembla de nerviosismo cuando Xander besa su vientre y, de un lametón, viaja hasta uno de sus tiernos costados, esa dulce curva que define la estrechez de su cintura.

Mordisquea la suave carne del lugar y luego cierra sus labios alrededor de ella.

Y muerde.

El dolor es demasiado para el pobre y sobreestimulado cuerpo de Liu. Demasiado intenso como para ser interpretado como tal, demasiado debilitante como para que Liu pueda seguir moviendo sus manos, pero no importa, porque tan pronto caen flácidas contra el colchón, Xander desliza toda su longitud contra la erección de Liu y empuja con sus dedos contra su sensible fondo y el chico se corre, derramando sobre las sábanas unas gotitas del poco placer líquido que le queda dentro. Su sangre, sin embargo, es más abundante.

Xander da solo un sorbo, de nuevo, pero tiene ganas de más. 

Cuando se aleja de él, mira al chico como un bonito cuadro que ha pintado con sus propias manos y labios: la marca de su hambre es de un intenso rojo cereza sobre ese cuerpo tan pequeño y lechoso que bien podría confundirse con una arruguita más en las sábanas de la cama. Y su lascivia también lo ha dejado marchado: la piel perlada de sudor, el semen haciéndole tener los muslos pegajosos y su trasero rojo y apenas cerrándose alrededor del grosor de sus dedos.

Sabe que Liu no podrá soportar un solo orgasmo más, pero quizá sí que le dé una última probada, así que retira las manos de su cuerpo, dejándole unos minutos de descanso y luego toma con cuidado su cabecita y se la ladea. Liu tiene los ojos cerrados, la respiración superflua. Su garganta luce desnuda sin el rojo pintándola, así que Xander siente que es su trabajo darle un bonito collar.

—Uno más —suspira Xander en su oído y es como si su voz hubiese vuelto a insuflar vida en el cuerpo mortecino de Liu, que abre los ojos y mueve sus labios como queriendo decir algo —, te morderé una última vez esta noche y luego, Liu, voy a mimarte como al muñequito más precioso y frágil del mundo ¿Qué te parece eso? ¿Suena bien, mi chico bueno?

El tono del vampiro se ha suavizado y también su rostro y sus gestos. Liu lo mira con una carita inocente como la de un bebé que está descubriendo el mundo por primera vez y Xander le da un par de toquecitos en su nariz mientras le hace la pregunta. Liu asiente, sin voz, porque suena malditamente bien y porque quiere ser mordido de nuevo. Una. Dos. Tres veces si hace falta. Solo que sabe que su cuerpo no aguantará, así que deja a su amo tomar la decisión por él.

Xander le besa en los labios, un ósculo corto y casto que poco tiene que ver con las malvadas intenciones de esos mismos labios una vez se posan en su cuello. Siente el pulso del chico, el movimiento de su garganta cuando traga saliva y luego siente el calor de su sangre.

Sangre en sus labios, en su boca, en su lengua. Sangre en las sábanas. 

Liu pierde el conocimiento pronto y lo recobra cuando algo presiona sus heridas, no algo doloroso, sino agradable, una bandita que asegura una mullida capa de gasas contra su cuerpo. Cierra los ojos. Los abre. Ahora está siendo bañado. Los cierra. Los abre. Ahora peinado. Los cierra. Los abre. Xander está en la cama, a su lado, revolviéndole el cabello y acurrucándolo contra su pecho mientras sostiene su libretita en una mano y lee las confesiones más profundas de su alma.

No le preocupa, así que se queda dormido en cuestión de segundos.

 

Capítulo 139

 

—Oh, mierda, mierda, mierda.

Xander gruñe, malhumorado, y toma a Liu de la cintura para atraerlo a su cuerpo cuando siente al chico revolverse en la cama e intentar salir de esta. Liu forcejea como si realmente pensase que puede zafarse del abrazo del vampiro medio dormido y este bufa, todavía irritado por que lo hayan despertado antes de tiempo.

—Xander —lo llama Liu con cautela, pero urgencia en su voz. Xander lo ignora, achuchándolo más fuerte y hundiendo su nariz en la nuca del chico para inhalar su dulce aroma —, Xander, que llego tarde al trabajo. Suéltame.

El vampiro entreabre los ojos y mira al chico con el ceño fruncido por la confusión. Liu tiene vendajes enrojecidos de sangre en su cuello, su pecho y uno de los lados de su cintura, le tiemblan las manos por la debilidad y luce tan pálido que bien podría volverse transparente en cualquier momento. Xander piensa que Liu tiene que estar de broma con eso de ir al trabajo, así que vuelve a cerrar los ojos y a apretar al muchacho entre sus brazos.

—¡Xander!

—No vas a ir al trabajo. —su voz tiene un tono decisivo, como un sentencia indiscutible.

Liu mira a Xander ceñudo, pero incluso si le pone ganas a lucir furioso, luce más bien taciturno y es que no puede borrarse las ojeras de la cara ni disimular como los párpados se le cierran. Incluso hay cierto agradecimiento en su expresión, como si Xander le ordenase aquello que él desea, pero no puede tomar por sí mismo.

—Si vuelvo a faltar me despedirán y si me quedo sin trabajo y no me aceptan en la uni m-

Xander lo interrumpe con un enorme y largo bostezo que deja ver sus colmillos. Con la boca abierta como si rugiese, el chico se queda atónito al ver la longitud completa de esos dientes y de pronto las heridas bajo los vendajes le hormiguean.

—Te volverán a contratar cuando tu jefe tenga que escoger entre esa opción o que le raje la garganta con los dientes.

Liu aprieta los labios, pocos argumentos hay que puedan refutar la lógica de Xander, así que se resigna a meterse entre las cobijas de nuevo y dejar que Xander lo abrace como a un peluche por un buen rato. Resulta que esa condena es más bien dulce y embriagadora, porque a los pocos minutos Liu está hundiéndose en un cómodo sueño de nuevo y no puede sentir ya preocupación o ansiedad, solo los dedos del vampiro peinándolo con pereza, deslizándose lentos por su piel de una forma que se siente perfecta.

Xander no es capaz de volverse a dormir después de que Liu lo haya despertado, pero se asegura de no interrumpir el sueño de su humano favorito. Le mima mientras el chico se relaja, exhausto por la pérdida de sangre, y el hojea la libreta del muchacho en la mesilla de noche.

La misma que ayer leyó con permiso de Liu y que le encogió el corazón. Los garabateos de las páginas son a veces furiosos, la tinta escupida sobre el papel como bilis, y otras débiles y temerosos, trazos que traducen el temblor de manos inseguras, tinta medio borrada y páginas arrugadas por las lágrimas que cayeron sobre ellas y ya se han secado.

<<¿Y si lo he hecho real? A veces, en el pasado, me asaltaba el súbito pánico de perder a mis seres más queridos. Los veía correr, jugar, reír… y de pronto un aguijonazo de miedo profundo me hacía sudar frío e imaginar, allí donde ellos estaban, un vacío. Pienso que le di demasiada importancia mi miedo de perderlos, que lo alimenté y lo volví no solo una idea flotando, etérea, en mi cabeza, sino una realidad.

Me pregunto, entonces, si no solo he hecho real el miedo, sino también el odio y el rencor. Si mi miedo invocó sus muertes, quizá el desprecio que siento por mí ha invocado mi perdición.

He pensado cosas de mí, tras lo sucedido, que sería incapaz de decir en voz alta. Cosas que temo que vuelvan a tomar entidad si les doy la solidez de la tinta y el papel. Me he odiado hasta el tuétano de los huesos, me he deseado muerto, pero ardiendo en el infierno, torturado para toda la eternidad. Y Alexander ha aparecido después de años de mi cabeza llenándose de veneno, así que me pregunto ¿He creado yo a Alexander o, si bien me estoy dando demasiado crédito al imaginar que he podido transmutar mis sentimientos en algo tan grande, lo he invocado yo a través de mi odio, de mi rencor, mi incapacidad de perdonarme? ¿Lo he atraído de algún modo? Su presencia se siente exactamente como si mis pensamientos hubiesen abandonado mi cabeza, como si me fustigasen desde afuera en vez de adentro.

Al fin y al cabo, Alexander es la única criatura en el mundo que me desprecia tanto como yo mismo lo hago>>

Xander tiene que cerrar el pequeño libro cuando recuerda algunos pasajes, pero no puede olvidarlos del mismo modo en que Liu será incapaz de olvidar el infierno que él le trajo junto a su presencia.

Quizá su piel sea capaz de olvidar las cicatrices, pero su corazón no puede desconocer el dolor. Xander sabe que está siendo realmente dulce ahora, que está intentando reparar el daño hecho, hacer las cosas bien por fin, pero sabe también que no es suficiente, que nunca lo será. Puede llevar a Liu al cielo, si lo desea, pero la luz solo logrará recordarle las llamas del infierno en el que lo hundió tiempo atrás.

<<Hoy me he quemado con aceite mientras cocinaba. Ha sido sin querer, una gotita chisporroteante encima de mi dedo anular, nada más. Pero lo que no ha sido sin querer es haberme quedado quieto mirando como la piel se enrojecía y el aceite caliente calaba cada vez más hondo en mi piel y la ternura rosada bajo ella. He tenido que agarrar fuerte el mango de la sartén por varios minutos para lograr quedarme quieto en vez de correr a poner el dedo bajo el grifo como mamá me enseñó, pero lo he logrado.

Ahora que ella no está aquí, no tengo derechos a seguir conservando sus consejos. Yo la he matado, pero al menos tendré la decencia de no saquear su cuerpo en busca de los fragmentos de su vida que me son útiles. A veces intento no recordar buenos momentos, porque me hacen sonreír y sé que ese es un gesto que ya no tiene hogar en mi cara. Se siente inmerecido, robado. Ella no podrá sonreír nunca más. Me obligo a recordar solo el momento en que murió, los gritos. Como se apagaban. No. Como se fundían. Me obligo a imaginar lo que debió doler morir quemada y cuando lo hago quiero echarme la sartén llena de aceite por todo el cuerpo, pero no puedo.

Deformarme por fuera sería lo adecuado, una traducción fiel de la criatura retorcida, mala y asquerosa que mora en mi interior. Pero significaría estropear algo que a Alexander le gusta y no soy capaz de desafiarlo.

Además, cuando me he quemado con el aceite, se ha sentido un poco bien. No agradable, pues ya he dicho que era doloroso, pero sí… purificante. A veces me hago sangre y me dejo la piel roja frotando en la ducha si sigo sintiendo las manos de Xander en mi cuerpo, clavadas hondo como sus colmillos, pero el aceite se ha sentido como si realmente me limpiase a fondo, como si quitase todas esas capas de piel sucias de su tacto y de mi pecado y llegase a la raíz de la cuestión. Como si me quemase un tumor horrible que hace metástasis y me infecta entero con suciedad y erradicase, el menos en un trozo diminuto de mí, todo lo que me hace repugnante.

Me gustaría bañarme en aceite caliente, reducirme a nada, borrar la sensación de mi cuerpo siendo usado, roto y manchado. Siento que la única forma en la que puedo volver a ser puro es desaparecer del todo. 

Cada trozo de mí es indigno de seguir en el mundo>>

Xander mira a Liu en la cama. Luce tan plácido, dormido como un cachorrito entre mantas y acurrucado en un ovillo que apenas parece una arruga más de las sábanas.

Tan pequeño y pálido como un espíritu. Luce tan tranquilo, pero se pregunta si es solo una fachada. Si trata de mantener la compostura para no recibir un castigo. Si en el fondo la noche pasada no fue una noche de pasión, sino otra tortura. Se pregunta si Liu siente ahora sus manos y su lengua por su cuerpo, incrustados hondos como una espina que lo envenenan poco a poco, que introduce en él un sentimiento impuro. Se pregunta si son amantes o si Liu simplemente ha aprendido a besar bonito a su verdugo hasta hacerle olvidar que sigue sosteniendo un hacha.

<<Hoy he visto a un chico igualito a Matheo, bueno, no del todo igual. Un poco más alto, con los brazos más fuertes y una sombra de barba en el mentón. Como un Matheo del futuro, si él siguiese teniendo uno.

Y he caído en que incluso si ya no celebro mi cumpleaños, yo seguiré creciendo. Me haré adulto y luego mayor. Me haré viejo. Y Matheo siempre será un niño. Siempre tendrá la misma edad mientras la mía cambia, avanza.

Siento que cada año me alejo más de él. Que me he subido a un tren que avanza demasiado aprisa y él se queda atrás, en la estación, mirándome con enormes ojos confundidos. Se va haciendo pequeñito. Me da mucho miedo que desaparezca.

La primera vez que vi un perrito con una cara tonta y las patas cortitas en la calle después de lo que pasó, me eché a llorar ahí mismo. Siempre que veía un perro gracioso se lo decía a Matheo, lo señalábamos y nos reíamos juntos. Y ahora él nunca más verá perritos graciosos, nunca se graduará, nunca volverá a ver su película favorita ni a comer la pizza del restaurante al que siempre íbamos los sábados especiales. Él nunca podrá volver a disfrutar de su vida y de las cosas favoritas de ella y me pregunto si la última vez que las disfrutó lo hizo bien y vivió el momento o si simplemente dejó que el placer lo atravesase rápido y no lo degustó, porque jamás imaginó que iba a ser la última vez.

Él nunca va a poder ver esa peli que estaba esperando tanto, nunca sabrá como acaba su serie favorita. No va a poder acabar el dibujo de su casa ideal que empezó. No podrá teñirse el pelo, aunque llevaba meses pensando cómo y de qué color hacerlo.

No podrá nunca soplar las velas de mi pastel, aunque sí pudo encenderlas.

Yo no podré jamás ver una nueva oportunidad como algo más que una cosa que le he robado a Matheo>>

Liu se remueve en la cama. Xander cierra la libreta y la guarda en un cajón, no quiere que el chico la vea y recuerde los sentimientos atrapados en esas páginas, no cuando luce tan a gusto.

Xander se inclina y besa su frente. Quiere acariciarlo de nuevo, pero teme que sus manos dejen marca. Quiere consolarlo, pero no es tan poderosos como siempre pensó, pues no puede traer de vuelta ninguna de las cosas que Liu ha perdido, no puede llenar ese vacío, solo puede contemplar la inmensidad de su dolor y agarrarle la mano al muchacho. Para que no pierda el equilibrio. Para que no caiga.

—¿Qué sucede? —pregunta Liu con modorra, frotándose los ojos.

Xander lo mira como a la cosa más preciosa y delicada que jamás ha visto. Se siente incapaz de besarlo esa mañana, quizá porque sus labios se sienten solo como colmillos. Quizá porque imagina que sus besos no son más que una tonta distracción de la ausencia de los besos de otro: suficientemente intensos como para enmascarar que no son los adecuados.

—Voy a hacerte el desayuno ¿De acuerdo?

Liu asiente y sonríe débilmente. Y Xander lo mira quizá unos segundos más de lo necesario, porque esa sonrisa es pequeña, pero es maravillosa, y quiere disfrutar de las cosas hermosas del mundo como si fuese a ser la última vez, sobre todo cuando son cosas que sabe que no merece.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 140

 

Xander va a buscar a Liu hoy al trabajo con una enorme sonrisa incluso si sabe que ahí estará Dave porque hoy es un día especial. Hoy Liu ha sido aceptado en la carrera de literatura, en una universidad no muy lejos de casa. 

Tan pronto Liu ha visto el mensaje se ha puesto a gritar y ha abrazado a Xander tan fuerte que estaba seguro, por un instante, de que sería capaz de alzar al gigante de dos metros como a una princesita. Xander lo ha felicitado y le ha llenado el rostro de besos. Ha querido hornearle una tarta para celebrar las buenas noticias, pero Liu lo ha detenido diciendo que se llevará una del trabajo, sobre todo después de ver que Xander echaba en la masa del pastel los huevos enteros. Supone que ningún paso de la receta ha especificado que los humanos no pueden comer cáscaras de huevo.

Ahora Liu está junto a Dave, celebrando y comiendo un pedazo de tarta de zanahoria al que Dave ha invitado, y cuando Xander entra por la puerta a ver a su humano favorito, incluso Dave intenta poner buena cara, saludar amablemente al vampiro y no arruinar el día.

—Te echaré mucho de menos por aquí, incluso si lo único que haces es regañarme —suspira Dave, haciendo un puchero.

Xander se sienta junto a ellos en la barra después de besar a Liu en la mejilla, la cual tiene manchada de azúcar en polvo.

—Tendrás a Jeremy para regañarte, que empieza dentro de poco a trabajar. Y vendré a verte muchas tardes, ya verás, lo prometo. También nos podemos ver en la universidad ¿No? ¿Qué horario haces?

Xander está en contra de que Dave siga en la vida de Liu, pero está a favor de que su humanito sea feliz, así que decide que lo tolerará por ahora. Así pues, el vampiro escucha en silencio mientras Liu y Dave hacen planes para verse prácticamente cada día, hablando de a qué horas irán a la biblioteca y de cómo Dave se escabullirá del trabajo cuando Liu tenga exámenes para pasarle las respuestas.

—No voy a copiar, a alguno realmente nos interesa aprender —le reclama a Dave, que solo rueda los ojos y se burla de Liu haciendo como si su mano hablase.

—Y si suspendes no necesitas copiar, un par de amenazas mías y tendrás matrículas de honor, cosita —Xander intenta ser dulce, pero Liu le mira con el ceño aún más fruncido que cuando miraba a Dave y, afortunadamente, este respalda al vampiro.

—Por una cosa buena que tiene, aprovéchala.

Xander rueda los ojos. Querría decirle a Dave que él es capaz de aportar muchas cosas buenas a la vida de Liu, pero entonces recuerda los fragmentos de su libreta y la amargura se le clava como una espina en el corazón.

—No seas pasivo-agresivo —Liu le lanza un pedacito de almendra de su tarta a Dave, que lo atrapa con la boca y sonríe victorioso —¿Vamos cerrando? No quiero más quejas del jefe sobre que si nos quedamos de más la factura de la luz se dispara.

—Cierto —asiente Dave saltando de su taburete y desperezándose —, además, la factura de la luz ni está alta por eso, lo está porque traigo cualquier cosa que necesite cargarse de mi casa y la enchufo aquí para aprovechar.

Liu tuerce la boca y achica los ojos, mirando a Dave justo como lo mira segundos antes de darle una larga y extensa charla sobre que algo está mal o es potencialmente peligroso o ligeramente ilegal. En lugar de eso, Liu relaja su expresión, se abraza a Xander y deja que la felicidad por haber entrado en la carrera que quería lo desinhiba un poco.

—¿Sabes qué? Que se joda el viejo, es un jefe de mierda.

Xander y Dave no pueden evitar reír por escuchar a Liu hablar de ese modo.

—Puedo comérmelo, si tanto lo odias —ofrece el vampiro y Dave responde de inmediato:

—¡Por favor! Hoy me estás cayendo bien, incluso.

Xander alza una ceja, interesado.

—¿Podéis no llevaros bien solo porque a los dos os interesa cometer crímenes horribles contra gente que os cae mal? —exige Liu, recogiendo sus cosas y dirigiéndose hacia la puerta.

Dave suspira y Xander rueda los ojos.

—Entonces no me quedará más remedio que seguir odiándolo. Culpa tuya, Liu. 

Xander debe admitir que Dave le resulta un poco gracioso y hasta se despide de él con la mano en vez de amenazarlo mientras le abre la puerta de salida a Liu.

—¿Vienes?

—Me quedo un minuto más, que tengo que recoger el portátil. Lo he dejado cargando en el despacho del viejo —dice Dave, haciendo un gesto con la mano para despedirse de la pareja.

Tan pronto Liu y Xander están afuera, Liu se pone sobre las puntas de sus pies y besa a Xander en la boca. Un beso emocionado, profundo. Xander mordisquea los labios de Liu, lame su dulce boca y debe separarse un poco, lo suficiente para susurrar sobre sus rosados labios húmedos:

—Espérate a llegar a casa, Liu, no quieres provocarme aquí.

El muchacho se sonroja al instante y a Xander se le escapa una risa enternecida. Liu lo toma de la mano mientras andan hacia casa y Xander sabe que incluso si el muchacho está emocionado por la gran noticia y ansioso de que el vampiro lo relaje esta noche con manos que le hacen temblar y una boca que lo hace sangrar y suspirar, antes debe tener una charla larga y tranquilizadora para él. Conoce a Liu lo suficientemente ver como para saber que incluso si haber obtenido plaza en la universidad es una noticia feliz, el muchacho estará lleno de ansiedades de todos modos, preocupado por si no da la talla, temeroso de no hacer amigos o agobiado por si los estudios lo sobrepasan y aquello que se suponía que le iba a gustar termina siendo una obligación sofocante. Primero se ocupará de aplacar sus preocupaciones, luego podrá ocuparse de él por el resto de la noche.

De camino a cada de Liu, sin embargo, Xander siente algo. 

Algo extraño, pero ciertamente familiar.

Liu le comentó hace tiempo y a veces le dice, de forma esporádica, que una de sus muchas ansiedades es sentirse observado. Perseguido. Xander nunca dudó de que esa era una preocupación con mucho sentido después de lo que le hizo al muchacho. Lo cazó noche sí y noche también en el pasado, dándole solo la calma de unos descansos que jamás lo preparaban para lo que estaba por venir, así que es normal que Liu siga sintiendo la paranoia que antaño era solo sentido común. Pero Liu le confesó que ese sentimiento se volvió más real, más intenso, cuando Xander volvió a su vida. Tiene sentido, pensó Xander, pues su retorno reavivó viejos miedos, pero ahora se pregunta si esa sensación de sentirse observado de Liu fue siempre una expresión de sus temores o si es algo más.

Porque es ahora Xander quien se siente observado.

La sensación es pesada, casi intencional. Y Xander conoce esa presencia aplastante, sofocante, esa presencia que su portador puede moldear como un lazo que ahora se afirma alrededor de su garganta.

Xander se detiene en seco, desconcertando a Liu. Puede sentir a Mörblut a sus espaldas, esperándolo, puede sentir su sonrisa incluso antes de voltearse y verla.

—¿Qué es lo que quieres? —pregunta de pronto.

Liu luce confuso, hasta que una figura enorme y aterradora surge de la oscuridad y Xander lo empuja a sus espaldas con la intención de esconderlo de esos intensos ojos rojos que ya se han clavado en él. Xander no sabe si es porque la ausencia de su creador le ha dado una falsa sensación de confianza o si es su memoria la que le falla, pero Mörblut es más grande y corpulento de lo que recordaba. Su rostro más cruel, su cabello más color fuego, como sus ojos.

—Que bienvenida tan fría, Alexander. Esperaba algo más cálido por parte de alguien que me pertenece.

Xander aprieta los dientes. Mörblut habla con soberbia, acercándose unos pasos a él con lentitud. Anda confianzudo, sabiendo que él controla la situación. Liu aprieta la chaqueta de Xander con sus puños, comprendiendo de inmediato que sea lo que sea lo que sucede, Mörblut no es amigo de Xander.

—Me sorprende que hayas vuelto —con una voz más amable y servil que la que el vampiro habría deseado, Xander añade: —¿Puedo saber por qué?

La sonrisa de Mörblut se amplía enormemente. El miedo de Liu flota en el aire como una dulce fragancia, pero él ya conoce el aroma de temor de un humano y el de ese no le resulta nuevo ni especial. El miedo de Xander, sin embargo, le fascina. Se pregunta si es miedo por su propia eternidad o por perder esa cosa mortal que protege tras sus espaldas.

—Eso está mejor. Eres amable cuando quieres, Xander, y he podido ver que llevas meses siendo más amable y suave de lo que jamás imaginé. Y con un humano, además.

Xander siente su cuerpo quedándose débil de un segundo a otro. Meses. Mörblut lo ha estado observando meses.

—Al principio creí que era solo una etapa, ya sabes, una tontería pasajera. Estaba esperando que te curases de eso, pero cada vez vas a peor, Alexander. Te comportas más como un vampiro débil y atrofiado que como lo que realmente eres. Estoy preocupado, por eso he vuelto.

Xander traga saliva. Sabe que no va a poder convencer a Mörblut, no con meras palabras, y hace tiempo que no se alimenta bien. Entre humanos es tan poderoso como temido, pero hoy, ahora, se siente como un niñito indefenso frente a su creador y algo en él le dice que suplique si es necesario. Que postre sobre sus rodillas y renuncie a toda dignidad, si con eso puede disuadir a Mörblut de las intenciones que cree que tiene.

—Estoy bien así, Mörblut —Xander se endereza, da un paso al frente y aclara su voz, la vuelve más dura, llena de resolución —, es mi decisión.

El vampiro le sonríe. Una sonrisa retorcida, larga y maquiavélica. Sin una pizca de amabilidad. Se inclina hacia él y susurra:

—Pero yo no te creé para que eso.

Mörblut es rápido, más de lo que Xander podría predecir. Antes de que pueda parpadear, el dolor en su abdomen lo atraviesa y siente el calor de su sangre derramándose por sus piernas, goteando hasta el suelo. La mano de Mörblut perfora su vientre, dedos fuertes y grandes revolviendo la masa sanguinolenta de sus tripas y haciendo que más pedazos de su cuerpo cuelgan y más chorros de sangre bajen por sus temblorosas piernas a medida que habla.

—Te creé para que fueses una criatura majestuosa. Un vampiro de verdad, con fuerza, poder, crueldad, no con remordimientos.

Liu grita horrorizado y Xander pone sus dos manos en el brazo de Mörblut tratando de impedir que siga avanzando, tira de él, queriendo arrancárselo de su interior, pero al pelirrojo le irrita su desafío y empuja la mano más hondo en la enorme herida perforante de su estómago. Cierra sus dedos húmedos alrededor de la columna de Xander y el vampiro se dobla de dolor, sus piernas fallando, Mörblut agachándose cuando su creación se arrodilla.

Entonces tira.

Liu ni siquiera puede gritar. Observa con horror el brazo cubierto hasta el codo con un guante de sangre, los dedos brillosos y la larga cosa que sostienen, como una serpiente muerta. Le cuesta unos minutos procesar que esa extraña cosa que parece una cadena son las vértebras de Xander, una tras otra, su espinazo arrancado a través del agujero rojo y negro de su estómago. El vampiro yace en el suelo, incapaz de moverse, desesperado por curarse más rápido, por ponerse en pie, defenderse.

<<Proteger a Liu>>

Mörblut avanza unos pasos hacia el aterrorizado humano, hundiendo su pie en la herida de Xander, retorciéndolo con un sonido viscoso y desagradable que hace al muchachito palidecer hasta que sus pecas prácticamente desaparecen de su rostro. Está seguro de que vomitará y luego perderá el conocimiento, cayendo al suelo junto a Xander, pero Mörblut lo atrapa antes. Su enorme mano aplastando su garganta mientras ecuánimes ojos lo examinan con aburrimiento.

—¡Basta! —grita Xander, pero pese a su voz comandante, suena más bien como una súplica —¿Por qué me haces esto? ¿No tienes a más creaciones a las que atormentar?

Mörblut ríe y afloja la presión en el cuello del chico solo para tomarlo como a un saco y echárselo sobre uno de sus hombros.

Tenía. —confiesa encogiéndose de hombros y mirando hacia el suelo, hacia la cara de su pupilo.

Su pie sigue clavado en su herida, manteniéndolo quieto en el suelo mientras se retuerce de dolor y pisando los huesecillos que empiezan a formarse cuando la columna vertebral de Xander intenta formarse de nuevo y curarse.

—Todas débiles y patéticas, nadie como tú, Xander. Las maté nada más verlas, pero tú, tu potencial, tu fuerza, tu crueldad... Tú me has cautivado.

Xander niega, desesperado.

—Pero no soy lo que quieres ¿Por qué no creas más hasta obtener lo que tanto buscas, tu clon perfecto en vez de hacerme esto? Por favor…

Mörblut hace una mueca dolorida, como si Xander también estuviese hurgando en una herida abierta.

—Ser vampiro no viene con un libro de instrucciones y hay muchas cosas que, como tú, he tenido que descubrir con el tiempo. Y una de ellas es que somos... Más limitados de los que creí.

Un jadeo se le queda atrapado en la garganta a Xander. Las palabras de su maestro pesan sobre ellas. Las implicaciones. El horror.

<<No. No, no, no.>>

Si son ciertas, si es lo que él cree… está perdido. Jamás se librará de Mörblut.

—¿Quieres decir...

—No puedo crear a más vampiros, Xander —lo corta con un tono venenoso, impaciente, como si su lentitud para comprender le irritarse sobremanera. Liu, colgando en su espalda, ha perdido el conocimiento y Xander escucha su corazón latiendo despacio —, eres el último de mis neófitos. Igual que tú, si vinculas a mortales, llegará un punto que perderás la capacidad de hacerlo. No puedo hacerme un vampiro nuevo, pero puedo hacer de ti uno.

El pie de Mörblut desaparece de su herida y Xander siente que puede respirar de nuevo. Ve la espalda del hombre alejándose, a Liu colgando como un muñeco sin vida sobre ella. Puede notar sus huesos empezando a formarse de nuevo, primero un esqueleto débil, meramente estructural, y luego pedazos más sólidos anexándose a esas finas guías, pero no hay suficiente tiempo, Liu ya no estará para cuando se cure y pueda levantarse. Necesita retener a Mörblut al menos por un minuto más.

<<¿Y luego qué? ¿Volverá a hacerlo y se llevará a Liu?>>

Xander sacude la cabeza. No puede pensar en eso ahora, solo en seguir, en obtenerse una pequeña ventana de oportunidad donde depositar todas sus esperanzas.

—¿Por qué me haces esto? Está crueldad a alguien de tu especie ¡De tu sangre! —grita, arrastrándose desde el suelo hacia el otro, que se para de pronto y, sin girarse, le responde.

—No seas hipócrita. He aprendido a colarme en la mente de sanguijuelas debiluchas como esa que tú tienes por amigo ¿Eidan? Lo que sea. He visto la crueldad que tuviste con él ¿Acaso no lo torturaste por días y lo forzaste a matar a su amor? Y aun así ahora ese vampiro te sigue como un perro y te idolatra. Tú también me perdonadas. Aprenderás a amarme, Alexander, con el tiempo.

Xander no logra oír ni ver el siguiente paso de Mörblut, pues su figura desaparece, disuelta en la oscuridad de la noche y, con ella, Liu se esfuma también.

 

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