Capítulo 31
—Por fin llegas, empezábamos a
pensar que nos habías abandonado como a dos cachorritos —bromea el vampiro más joven
haciendo un puchero y poniéndole ojitos a Alexander, que solo rueda los ojos
pero no puede evitar sonreír un poco.
—Solo he pasado una noche y un
día fuera, no creo que haya sido una espera tan dura.
Alexander se retira la larga
gabardina negra que cubre su cuerpo y la deja a un lado antes de subir a la
cama, gateando hacia donde el otro vampiro y su presa humana aguardan. Se
inclina sobre ellos, mirándolos con deleite, y luego baja su boca hacia la de
Liu.
El chico sabe qué debe hacer:
cierra sus ojos, ladea la cabeza y separa sus labios dejando su cuerpo
disponible para el vampiro. Alexander le pone una mano en la cintura mientras
lo besa y Aidan le acaricia el pelo cuando lo siente tensarse porque el rubio
es rudo y empieza mordiéndole el labio.
—Tan dulce —murmura Alexander,
separándose ligeramente de la boca del otro mientras le permite respirar unos
segundos. Un hilo de saliva aún conecta sus labios y mientras Alexander lo
lame, mira de reojo a Aidan, que traga saliva. —, muéstrame tu bonita lengua,
mi presa.
Liu hace lo que el hombre le
pide, todavía cerrando sus ojos al no poder soportar la vergüenza no solo de
cumplir tan embarazosas instrucciones, sino de hacerlo delante de otro deseoso
ser más. Cuando los labios de Liu se separan, mostrando una corta y arrebolada
lengua, Aidan se relame. Puede ver en ella un par de pequeños cortes ya casi
curados.
—Tienes espacio en ella para
volver a cortarte con mis colmillos ¿No es así? —Liu asiente despacio, todavía
con su lengua fuera obedientemente —Entonces hazlo.
El vampiro chupa la lengua del
chico y luego sus labios, lame las partes enrojecidas y espera, paciente y
besándolo lento, al momento en que Liu reúna el valor para volver a deslizar su
sensible lengua por el filo de sus colmillos.
Se besan unos minutos mientras el
muchacho vacila, introduciendo su lengua y en la cálida boca del vampiro
mientras este hace lo mismo en la suya, desvergonzado, lamiendo y probado cada
rincón, pero retirándola cuando el puntiagudo canino le roza la piel.
Aidan se acerca un poco más
deleitado por el espectáculo, aunque también culpable. Xander es posesivo y,
aun así, le permite tener esas vistas de su presa ¿Y él ha tratado de
quitársela? Se siente un mal amigo, sin embargo, quiere, necesita
demostrar que él, por primera vez en su vida, puede superar a Xander. No se
trata de humillarlo, solo de recordarse a sí mismo que él también es poderoso.
Su mente se vacía de pensamientos
contradictorios y molestos en el momento en que huele la sangre. Ve a Liu
deslizar la punta de su lengua tímidamente sobre el colmillo derecho de Xander
y retirarla rápido, pero el vampiro lo agarra fuerte y brusco del cuello para
forzarlo a abrir la boca, para invadirla con su lengua y probar la delicia roja
que brota de ella.
Liu jadea y se queja, pero no se
resiste, y cuando Aidan acaricia sus cabellos con cuidado parece relajarse un
poco. Al romper el beso el chico está sonrojado, respirando errático y con sus
ojillos húmedos y entrecerrados.
—Buen chico —susurra Alexander en
su oído y después de eso desliza su pulgar sobre su propio labio, recogiendo en
él parte de su saliva teñida por la sangre de Liu.
Se voltea hacia Aidan, que lo
mira embobado, mordiendo inconscientemente su labio. Sus ojos brillan de un
modo especial, casi hipnótico, y Aidan solo sabe obedecer cuando Xander
dice:
—Abre la boca.
El vampiro pelinegro separa sus
labios y aunque el hombre no se lo ha indicado, saca la lengua obedientemente
también. Sus ojos se entrecierran cuando el otro pone su mano grande y fuerte
en su barbilla, sosteniéndosela, y desliza su húmedo pulgar por su lengua,
acariciando de arriba abajo, llegando suficiente profundo como para que haga un
amago de retirarse, regalándole el dulce sabor de la sangre de Liu.
Xander retira su mano y Aidan
deja la dulzura reposar en su boca unos segundos antes de cerrar los ojos con
gusto y tragar.
—¿Es eso suficiente para saciar
tu curiosidad, Aidan? Porque la próxima vez que vea tus manos tan cerca de mi
bonita presa no voy a darte un premio, como ahora. Lo sabes bien.
El vampiro de pronto se congela y
retira apresuradamente el brazo de alrededor de los hombros de Liu. El pecoso
mortal puede ver el pánico en los ojos de Aidan, la facilidad con la que, si
empujase un poco más, Alexander lo haría doblegarse ante él.
—L-lo siento. —murmura Aidan y su
respiración suena entrecortada.
—Lo sentirás —asegura Alexander.
Su tono es tranquilo, su rostro plácido y no hay nada que aterre más a Aidan,
porque sabe que tras la calma viene la tormenta —, si vuelves a hacerlo, lo
sentirás. Es mi última advertencia.
El pelinegro se levanta con
prisas de la cama, de pronto incómodo y nervioso, y se marcha sin decir nada
más a ninguno. Liu se siente tan afectado de pronto. Si Xander es capaz de
provocar ese terror en Aidan ¿No debería él temerle más aún? No siente que
pueda, que su cuerpo pueda albergar más horror sin envenenarse y morir en el
intento.
Capítulo 32
Cuando el vampiro pelinegro se
marcha y Liu se queda a solas con Alexander dos sentimientos lo inundan.
El primero, un profundo alivio,
pues Aidan ya no está ahí para seguir susurrando tentadoras palabras en su
oído, palabras por las que se ganaría un castigo ejemplar. El segundo, puro
terror. Pues Alexander se ha enfadado con Aidan por tocarlo y Liu sabe que le
culpará a él por haberse dejado tocar.
—L-le he rechazado —murmura tan
pronto como puede, excusándose rápido y nervioso. Alexander lo mira con las
cejas enarcadas en un gesto de confusión y espera callado a que el otro se
explique más —. A Aidan, lo he rechazado, le he dicho que no debía to-tocarme,
que soy tuyo.
—Aun así. —Xander susurra y Liu
quiere romper a llorar.
Sabe que está enfadado, que está
celoso. Tiembla cuando el vampiro desliza su mano sobre la piel del muchacho,
acariciando su rodilla al inicio, ascendiendo por su muslo, allí donde Aidan lo
ha tocado segundos atrás, y rebasa ese lugar. Sus dedos cada vez más cerca de
la cara interna del muslo hasta que la palma se prensa entera contra el aductor
y su pulgar roza la sensible ingle del muchacho.
—Sus manos estaban sobre tu
cuerpo. Sobre algo que es mío.
Liu jadea y tiembla cuando el
vampiro aprieta la tierna carne entre sus dedos. Es posesivo, doloroso. Liu
sabe que mañana tendrá toda la zona amoratada, el color violáceo volviéndose
casi negro allí donde el vampiro ha hundido sus dígitos.
—N-no es mi culpa, Alexander, no
es… Ah… —sus palabras se cortan cuando el vampiro desliza sus dedos que antes
bordeaban la zona más sensible de su cuerpo hacia su intimidad.
Rodea la base de su pequeño,
suave miembro con el dedo índice, suficientemente grueso como para hacer que el
chico sienta la presión de su agarre mientras que el pulgar frota la punta
trazando gentiles círculos; sostiene firmemente los testículos del chico con el
anular y el corazón, ambos dedos jugando con la presión que ejercer en las
sensibles partes del humano y, con el meñique, se desliza entre sus nalgas y
presiona tentativamente su anillo muscular.
—No sería tan amable si pensase
que es tu culpa —responde el vampiro susurrando roncamente en su oído. Su
lengua se desliza por el cuello del chico, llana y amplia, sintiendo bajo su
humedad los latidos acelerados —, pero es tu responsabilidad compensarlo, Liu,
mostrarme que tu cuerpo es solo mío. Hoy voy a tomarte. —su voz baja aún más,
el tono es prácticamente un sensual ronroneo en su oído y aunque Liu teme a
Alexander como si de un cruel dios se tratase, su cuerpo contradice su temor
despertando en su norte la excitación entre las manos del vampiro.
Quizá, piensa el chico, no es
solo su alma quien se ha sometido a Alexander, sino su anatomía entera,
sucumbiendo a sus enfermizos juegos de la forma más dócil y apetecible posible
para así ganarse una pizca de suavidad. Alexander lo ha logrado: lo ha roto, y
ahora su cuerpo solo sabe responder a él.
—Pero sé que tenemos un trato
—murmura, su voz contenida, frustrada. Liu no sabe si sentirse aliviado — y sé
que no puedo tomarte como me gustaría. Dime, Liu ¿Qué vas a dejarme hacer con
tu cuerpo esta noche? ¿A qué estás dispuesto para mantenerme complacido?
<<Nada. No quiero ser
torturado así de nuevo. Sus manos, sus colmillos, su sexo… no quiero que me
traigan dolor de nuevo>>
Alexander ríe al escuchar sus
pensamientos y sisea cruelmente:
—Te estoy dando la opción de
escoger, Liu, porque estoy siendo amable a cambio de que seas sumiso, pero no
significa que yo esté bajo tus órdenes. Hoy vas a satisfacerme, de un modo u
otro. Tú eliges cómo.
Liu traga saliva. No puede
pensar, su cabeza es un lío balbuceante de nervios y temor, de la extraña,
intrusiva sensación de Xander tocándolo en tantos lugares a la vez con una sola
mano, moliendo su pene, estimulando la sensible punta, masajeando su agujero.
Sabe que si no complace suficientemente a su amo, Xander se dejará llevar su
deseo, por su necesidad de destrozar su cuerpo hasta demostrar que es suyo,
suyo para conservarlo si es lo que le apetece, suyo para romperlo si le viene
en gana.
Liu necesita evitar que el hombre
vuelva a tomarlo como pasó en su casa, cuando lo pilló cortándose.
—P-puedo tocarte —Liu ofrece y su
cuerpo tiene un escalofrío con solo imaginar la idea. Sus pequeñas manos
alrededor del grueso eje del vampiro, en sus dedos el placer de un hombre
insaciable, volátil, peligroso. Él nunca ha hecho eso. No sabe cómo hacerlo
bien. Traga saliva. —, puedo dejar que me toques también. —y la idea lo hace
sentir pavor, porque no quiere ser acariciado por sus manos manchadas de
sangre, no quiere volver a correrse bajo sus órdenes, regalarle otro orgasmo
así como le regala sus lágrimas, su sangre, su cuerpo, su vida. Pero no tiene
más opción y al menos eso será placentero, incluso si es un placer manchado de
culpa y vergüenza.
—Muy poco, Liu —advierte el
hombre, su tono es rasposo, impaciente, y el chico traga saliva. —. Voy a beber
tu sangre hoy.
El chico traga saliva, pero sabe
que no tiene nada que ofrecer a cambio de eso, que no puede calmar su sed de
otro modo. Asiente despacio, tembloroso.
—Y vas a servirme con más que tus
manos.
El chico vuelve a asentir. El
tono de Alexander es rudo y demandante y él está demasiado agotado como para
luchar una batalla que sabe que no ganará. Tan pronto cede, Xander parece
satisfecho, sonriendo atractiva, pero vilmente, relamiéndose mientras sus
colmillos crecen así como su deseo.
Capítulo 33
La mano de Alexander en su
sensible excitación se mueve deseosa, ahora rodeando su fino eje con todos los
dedos, atrapando la longitud de Liu en su puño hasta que solo sobresale de este
la punta enrojecida y goteante. El vampiro muele su erección despacio. Una,
dos… incontables veces. Cada una más tortuosa que la anterior, fundiendo a Liu
en una masa estúpida de gemidos, balbuceos y pensamientos desordenados.
Tras masturbar al chico
lentamente, Xander suelta su pene y desliza un par de dedos por la punta
perlada de presemen, recogiendo con las yemas el dulce néctar. Liu siente sus
piernas temblar cuando los dos húmedos dedos se deslizan hacia su intimidad, intentando
empujar dentro suyo.
—No… —murmura sin apenas voz,
volteándose un poco para agarrar a Alexander por la camisa desesperadamente. —,
ahí no, Xander, por favor.
El vampiro ruge en su oído con
frustración y Liu espera que Alexander ignore sus palabras, que le enseñe su
lugar, pero los dedos desaparecen mágicamente de ese lugar, envolviéndose de
nuevo alrededor de su pene.
No le gusta sentirse maleable por
las súplicas de un humano, pero Liu pide tan deliciosamente y lo mira con esos
ojos inocentes y grandes. Y, oh, la forma en que lo ha llamado Xander. Debe
admitir que eso lo hace sentir débil, le gusta mucho más que su nombre
completo, y un humano jamás lo había llamado de ese modo.
Alexander se inclina más hacia el
chico y el vampiro termina sobre su presa, una mano moliendo despacio su
entrepierna, la otra al lado de su cabeza. Se acerca a él mientras lo masturba,
entreabre la boca cuando el chico lo hace para gemir y traga ese bonito
sonido besándolo en ese preciso instante.
Liu se remueve bajo su cuerpo por
las sensaciones que lo atraviesan, que lo llenan, pero no se atreve a huir,
solo a retorcerse patéticamente mientras deja que el vampiro lo abrume con su
tamaño enorme opacándolo, con su mano grande y fuerte que abarca toda su
sensibilidad, la aprieta, la miele rápido un momento y lento al siguiente, con
su boca peligrosa de labios que devoran los suyos tomándolos y tirando de
ellos, reclamándolos al segundo de soltarlos con un sonido chicloso, de una
lengua larga, húmeda y obscena que lame hasta el más oculto rincón de su
cavidad y, finalmente, de colmillos que crecen durante el beso, amenazando con
cortarlo.
El beso es hambriento, sofocante.
Alexander no deja al muchacho pensar, lo masturba rápido y a un ritmo
irresistible mientras acalla sus jadeos e interrumpe todos sus intentos por
tomar aire exigiéndole que tome su lengua, sus labios, sus mordiscos. Liu siente
que se marea, que su cuerpo no tiene ya fuerzas y que es solo un amasijo de
carne en manos del vampiro.
Siente el tortuoso placer ser
forzado en él, a Alexander tocándolo rápido y furioso, obligándolo a acercarse
al límite, a sentir esa presión en su vientre bajo, esa tensión en sus
testículos y el latigazo en su ingle que precede a un orgasmo.
Y entonces Alexander se detiene,
su mano estática, agarrando con fuerza el pene de Liu mientras este se
estremece y sacude en su mano, buscando correrse incluso cuando no está siendo
tocado adecuadamente. Alexander desliza su pulgar por el rosado glande, su yema
deteniéndose justo en la apertura, arruinando el orgasmo de Liu.
El chico grita y se cuerpo se
arquea deliciosamente en manos de Alexander. El vampiro recorre la hermosa
curva de la espalda de Liu separándose de la cama mientras el chico intenta
comprender qué le pasa a su cuerpo y porque su liberación se siente ahora como
una tensión insoportable acumulándose en su cuerpo. Su orgasmo volviendo a sus
entrañas, ardiendo, envenenándolo.
Liu jadea horrorizado cuando osa
mirar hacia su entrepierna, donde la mano de su amo se envuelve cual serpiente
alrededor de su inflamado eje y uno de los dedos tapa el lugar por donde su
cuerpo debía escupir el blanco orgasmo. Alexander lo toma del pelo y devuelve
su cabeza a la almohada, su rostro mirándolo fijamente con ojos rojos y
brillantes.
—Abre la boca —ordena y Liu
obedece al instante, sus ojos llorosos y de un bonito verde esmeralda, sus
labios temblando —, saca la lengua —y, de nuevo, Liu hace lo que se le dice,
deslizando entre sus labios su rosada y adorable lengua.
Alexander lo toma por la barbilla
con el índice y desliza su pulgar sobre esta, empujándolo al fondo hasta que el
chico tose, incómodo, por la profundidad del dígito en su garganta. Alexander
sonríe con malicia, retira su dedo y saca a su vez su larga lengua, como
pretendiendo hacer una comparación entre ambas. El carnoso órgano de Alexander
luce inhumano en comparación al de Liu, con su longitud excesiva y su afilada
punta. El vampiro lame la lengua rosada de su presa y deja que, de la suya,
escurra saliva dentro de la boca del humano. Liu tiembla y cierra sus ojos,
abrumado, asustado por el placer que hormiguea bajo su piel cuando su cruel
torturador juega con él de un modo que debería odiar, que debería hallar solo
humillante.
—Voy a hacer que te corras cuando
te esté mordiendo, Liu.
El humano abre los ojos con
horror ante la sentencia y niega con la cabeza, incapaz de suplicar aún con su
voz. Las heridas en su cuello laten dolorosamente, recordándole como se sintió
cuando el vampiro decidió tomar su cuerpo y su sangre a la fuerza, como se
sintió cuando su piel se rompía y los enormes colmillos se hundían despacio,
cómo se sintió cada trago que Alexander daba, su nuez moviéndose, su barbilla
chorreando de sangre y Liu perdiendo poco a poco las fuerzas y el poco control
que le quedaba en el cuerpo.
—Por favor —murmura y mientras
suplica sabe que Alexander no se doblegará por él. No esta vez. —, es muy
doloroso, Alexander, por favor, no podré.
—Esa es la orden que te doy, Liu:
vas a correrte mientras te muerdo. Voy a hacer que tu cuerpo aprenda a obedecer
mis órdenes, que solo pueda sentir placer cuando estés sirviéndome con tu
dolor. Si termino de beber tu sangre y no te has corrido o si lo haces antes de
que empiece, voy a morderte de nuevo y masturbarte de nuevo hasta que
obedezcas.
—¡No voy a poder! ¡No voy a
poder, voy a desangrarme, por favor!
Xander rodea su cuello con una
mano. No necesita apretar para que Liu se silencie de repente, tampoco para que
empiece a llorar.
—Voy a ser más amable esta vez,
Liu, así que deja de suplicar. No vas a morir, no tengo planeado romperte aún.
Las palabras de Alexander, sin
embargo, no obtienen el efecto que desea. Liu sigue llorando, incapaz de
escuchar lo que dice mientras niega frenética, nerviosamente, y todo su cuerpo
se estremece entre temblores de temor. Puede hacer lo que desee con él en ese
instante, pero Alexander vuelve a sentir ese peso incómodo en su interior, ese
deseo que no es capaz de saciar solo con una presa vulnerable.
El vampiro suspira derrotado y se
inclina para besar castamente el cuello del chico, que al principio, al notar
sus labios contra la garganta, se tensa y solloza, y luego logra relajarse al
notar que el otro solo está probando su piel con gentileza.
—Tendré cuidado, Liu, no temas
—susurra en su oído. Y su tono suena tan protector, tan firme, que el pobre
muchacho no puede evitar caer ante la pequeña protección que le procuran esas
palabras. —. No dejaré que te pase nada malo.
Liu abraza Alexander sin siquiera
ser consciente sus actos, rodeándole el cuello con sus brazos y arrugando su
camisa en sus puños. La mano de Alexander vuelve a su erección, masturbándolo
despacio esta vez, pues está sensible e incluso ese roce lo hace alejarse sin
querer y quejarse. Su otra mano, en vez de tirar de los cabellos del muchacho,
como está acostumbrado, lo sostiene por la nuca, acariciándolos.
Liu se relaja un poco en sus
manos y pequeños gemidos de placer escapan de su boca mientras el otro muele su
excitación con la mano. El placer empieza a crecer de nuevo y el orgasmo que
parecía haberse perdido regresa más poderoso, amenazando a Liu con correrse en
ese instante.
Alexander ralentiza su ritmo,
manteniendo al chico en el borde del placer.
—Ladea tu cabeza, Liu —el chico
gime vergonzosamente al oír al vampiro susurrar su nombre de forma tan dulce,
ordenarle algo tan suavemente, casi como si fuesen amantes; obedece, exponiendo
su cuello de forma mansa, casi desesperado por el dolor que hace minutos rogaba
por no sentir—, buen chico.
Y Liu sabe que está mal
derretirse por las palabras del vampiro. Sabe que es enfermizo hallar placer en
sus abusos solo porque esta vez no duelen tanto, porque ahora Alexander usa la
seducción y las palabras bonitas en vez de la fuerza, como cubriendo de azúcar
la realidad más amarga del mundo. Liu sabe que eso no es amor, ni cariño, no de
verdad, solo una ilusión podrida y perversa de ellos, un velo ilusorio bajo el
cual un monstruoso deseo se esconde.
Pero lleva tanto tiempo sin
sentir amor. Tanto tiempo sintiendo que no lo merece…
Que encuentra en la dulzura de
Alex un veneno que quiere tragar.
<<Quizá no un amor de
verdad. O bonito. O bueno. Pero uno que me reconforta lo suficiente, porque
quiero ser reconfortado. Que me hiere lo suficiente, porque merezco ser
herido>>
Alexander lee sus pensamientos.
La palabra amor le causa escalofríos.
Quiere pensar que son de asco,
pues una criatura como él está hecha para repeler todo lo débil y patético,
como ese sentimiento, pero empieza a temer que sea de miedo, porque incluso un
vampiro siente pavor ante lo desconocido. Sobre todo, cuando es una amenaza que
siente que lo acecha tan de cerca: esos sentimientos extraños que Liu
despierta, ese revoloteo en su estómago cuando logra ser un poco menos malo,
menos él, y el chico se derrite en sus manos y se entrega.
Esa extraña frustración que se
tensa en su pecho, como si por primera vez en su vida de bebedor de sangre
tuviese dos deseos que tiran en direcciones opuestas. Uno pertenece al monstruo
que es. El otro, al hombre que quiere ser.
Pero Xander no quiere pensar en
eso ahora, no quiere pensar en absoluto. Prefiere hacer lo que más bien se le
da, lo que simplifica todo y vuelve el mundo un lugar agradable: llenarse la
boca de sangre y vaciar la cabeza de preocupaciones.
Desciende al cuello del chico, su
mano derecha reanudando el rítmico movimiento. Liu se arquea bajo su enorme
cuerpo, anunciando que está cerca. Disminuye el ritmo y se toma su tiempo
besando la curva de la garganta de Liu, tan expuesta y disponible para él. Rara
vez las víctimas se le ofrecen, así que quiere saborear la sensación de tener
todo el tiempo del mundo. Por primera vez la eternidad se siente emocionante,
no solo divertida.
—E-estoy asustado… —murmura el
pequeño mortal y a Alexander se le escapa una risa.
Claro que está asustado, ¿Pero
qué sentido tiene decírselo al monstruo mismo que causa sus miedo? El vampiro
se pone serio cuando comprende el tono del chico: no le suplica que pare, sino
que lo consuele. Confía en que lo hará.
Alexander se acerca a su oído,
lamiendo el lóbulo, y dice:
—¿Crees que voy a dañarte más de
lo que puedes soportar? —Liu asiente, aferrándose con fuerzas a su amo —. Voy a
cumplir nuestro trato, Liu, solo deja que sea yo quien controla tu cuerpo y
prometo que nada malo va a pasar. No voy a romper a mi humano favorito.
Liu cede, relajándose
forzosamente en sus brazos y sabiendo que el dolor está por venir. Alexander
aumenta el ritmo de su mano y hunde sus labios en el cuello del chico, los
colmillos rozando la erizada piel, el orgasmo tensándose en su interior, a
punto de ser disparado.
Alexander chupa el cuello del
mortal, su boca dejando una impronta dolorosa y morada allí donde sus dientes
aún no han roto la piel. Pasa la lengua por las cicatrices que dejó hace unos
días, busca un hueco libre. Piel tierna e inocente. Su mano se mueve más
rápido. Liu gime más alto, más agudo, más desesperado. Y colmillos desgarran la
piel.
Los ojos de Liu ruedan hacia
atrás en sus cuencas, la intensidad del placer y del dolor estallando al mismo
tiempo en su cuerpo, la calidez de su semen derramándose sobre su tripa y de su
sangre cayéndole por el cuello, por las clavículas, por el pecho y hasta el
vientre, mezclándose con el blanco orgasmo.
Los colmillos son tan dolorosos
que Liu no puede siquiera pensar. Su cabeza está atravesada por las
sensaciones, por el orgasmo que hormiguea en su sexo, sus testículos, sus
piernas… por los dos grandes filos encajados en su cuello con tanta precisión
que se siente inmóvil, un patético insecto atravesado por las agujas de un ser
superior que lo inmoviliza y lo disecciona, que juega con él. Alexander bebe su
sangre y él oye el húmedo sonido del vampiro tragando, así como el de su mano
estimulando su pene todavía, haciéndolo despertar de nuevo, buscando otro
orgasmo.
Liu gimotea sin fuerzas. Su
demonio es demandante y su cuerpo no se siente capaz de dar más, pero ¿Qué otra
opción tiene sino entregar a Xander lo que desea? Lo tomará de todos modos, así
que Liu se vuelve a rendir a sus deseos y se deja hacer, sus ojos llorosos, su
cuerpo temblando, convulsionando en manos de Xander cuando este bebe tanta
sangre que Liu cae inconsciente y despierta, volviendo a correrse de nuevo.
El cuerpo del humano es azotado
por descargas de placer, de esa intensa sensación que fluye de él a oleadas,
así como si calor, derramándose por todo su cuerpo, por la barbilla de
Alexander, por sus sábanas. Cuando el vampiro se separa de él, Liu lo observa
con ojos cansados, las pestañas perladas en lágrimas y su rostro tan confuso y
mareado, incapaz de distinguir placer de dolor. Alexander se relame, llevándose
con la lengua la sangre de sus labios y con estos limpios decide besar la
frente del muchacho.
—Has sido muy bueno —murmura
orgulloso, sus ojos reluciendo de deseo —, pero aún no has terminado
¿Recuerdas? Arrodíllate, Liu.
El muchacho no responde al
inicio, su boca está tan seca y pastosa, su frente empapada de sudor frío y sus
manos se sienten como sacos de arena. Mira a Xander, con sangre en las
comisuras, deslizándosele por el cuello, y los pantalones apretados por una erección
que sabe que él debe solucionar.
<<Dale lo que
quiere>> Liu se repite a sí mismo,
intentando sacar de su obligación fuerzas para moverse, aunque es inútil <<o
lo va a tomar por la fuerza>>.
El vampiro lee su pensamiento y
una espina dolorosa se le clava en el interior. No entiende cómo ni porqué, si
Liu tiene razón. Tuerce la boca, el sabor de la dulce sangre todavía en su
lengua. Toma a Liu entre sus brazos y lo acomoda gentilmente sobre su regazo.
La cabeza del muchacho se bambolea como si se tratase de un muñeco y Xander
debe poner la mano en su nuca para sostenérsela sin que se dañe el cuello.
—¿Necesitas descansar?
Liu asiente, sorbiendo algunas
palabras incomprensibles hasta que por fin vocaliza algo:
-Ado… mare… m-mareado…
Xander suspira. Ha usado a
humanos en condiciones mucho más crueles, forzándolos a postrarse ante él como
un dios y abrir sus bocas para rogar y recibir su semilla, obligándolos a
hundir el rostro en el suelo y alzar sus caderas, pidiendo por ser perdonados
mientras se desangran despacio, la sangre fluyendo fuera de ellos mientras su
vacío cuerpo es invadido por su torturador. Nada le impide hacerle una fracción
de ese daño a Liu otra vez, recordarle el horror de ser suyo.
Pero en vez de eso lo tiende en
la cama de nuevo y presiona las sábanas empapadas en sangre contra su herida,
parando el sangrado. Lo arropa con una manta limpia y el chico tiembla al
notarla fría, su calor reducido a una llamita tan pequeña que no parece poder
conservarse, solo apagarse.
—Hace f-frío… —susurra, los
dientes castañeándole.
Alexander recuerda el frío. Es su
primer recuerdo. La heladez en los huesos, la piel que parece hecha de
escalofrío, el corazón de piedra. Ahora, sin embargo, su cuerpo está templado,
poco a poco siendo recorrido por la tierna calidez que sus colmillos le han
robado a su víctima.
Así que se acerca a Liu y lo
envuelve en sus cándidos brazos.
—¿Mejor? —pregunta, su voz
sonando pequeña, como si estuviese contándole un secreto.
El chico asiente, todavía dejando
ir sonidos quejumbrosos. Su cabeza flota a la deriva en un tranquilo mar, entre
la luz de la consciencia y las profundidades de la inconsciencia, hundiéndose a
ratos en un profundo sueño plagado de pesadillas. Pesadillas sobre unas
vacaciones bonitas y fuego, sobre una casa de campo y cenizas. Sobre culpa y
estupidez y cosas que Liu no sabe expresar en palabras.
Otras veces, su mente sale a
flote, despertando el muchacho entre gritos y jadeos y siendo rápidamente
tomado por los brazos fuertes que lo rodean y una voz grave que le hace sentir
en tierra firme.
—Está bien, Liu, está bien. Solo
estás mareado por la pérdida de sangre, nada malo está sucediendo.
—Duele… —murmura el chico
llevándose las manos al cuello, pero Xander se las retira para que no mueva las
sábanas ensangrentadas que está usando como vendaje por ahora. -duele
mucho…
El muchacho lloriquea con sus
ojos de cachorro, el verde tan hermoso y brillante, las pestañas largas,
inocentes, batiéndose como alas de mariposa. Sus ojos se abren muy grande
cuando Xander entreabre sus labios, mostrando cómo hace crecer más y más sus colmillos
—N-no de nuevo, por favor —Liu
suplica, sus palabras son todavía lentas y torpes. Su cabeza hecha un lío que
Xander teme que sea irreversible. Intenta zafarse del abrazo de Xander, antes
tan acogedor y tórrido y ahora tan similar al peso de unas cadenas sobre su
pecho —. Por favor, m-me arrodillaré, pero no m-más de esto, voy a…
Liu traga saliva observando con
ojos grandes y atentos la extraña escena que el vampiro le ofrece. Ve al hombre
abrir su boca, mostrando la longitud de sus filos como una majestuosa bestia
que espera que toda criatura inferior se postre ante su alarde, y luego desliza
su lengua, no por los labios, como suele hacer, sino por los filos de ambos
colmillos. La larga, carnosa y húmeda lengua recorre ambos con una lentitud
tortuosa que hace a Liu ver como la piel se abre y se cura: las fibras de piel
y músculos entrelazándose mágicamente como si se tendiesen las manos entre
ellas desde ambos lados de la herida, formando un puente que la cierra. Y
viendo cómo mientras la herida se va cerrando, Xander la abre más adelante con
el segundo colmillo hasta que ambos están teñidos de rojo y el líquido carmesí
se mezcla con su saliva y pinta también sus carnosos labios.
Xander lo toma por las mejillas
con firmeza, haciendo a Liu entreabrir sus labios, y el chico obedece como
siempre: entrecerrando los ojos, ladeando la cabeza, preparándose para un beso
con sabor de sangre.
Esta vez, sin embargo, el beso no
sabe a óxido o muerte, incluso si Liu reconoce en su boca una sangre que
minutos atrás era suya, ahora manchada por algo más. Algo poderoso que
borra en ella toda amargura y la hace sentirse como elixir. Es un beso lento y
tierno, caliente, pues los labios de Xander los están y los de Liu aún
conservan un poco de vaciedad, pero sobre todo por la sangre. Un beso suave y
húmedo donde ambas lenguas bailan juntas, siendo esta vez la de Liu la que
acaricia la contraria, desvistiéndola de los mantos rojos que la recubren.
Las bocas se alejan en un momento
y Xander niega con la cabeza mientras pega su frente a la de Liu, haciendo que
ambas narices se rocen en un tierno beso de esquimal.
—Duérmete, Liu, mañana te
sentirás mucho mejor.
Y Liu quiere reír porque ha oído
esa frase en su cabeza desde hace largos años, pero siempre se ha mentido a sí
mismo y, de hecho, cada día se siente peor que el anterior, más lleno de culpa,
más pesada la ausencia y, ahora, cada vez más reales sus demonios. Pero no ríe.
Capítulo 34
Liu despierta sintiéndose
extrañamente bien. Usualmente dormir es una tarea que tiene que llevar a cabo a
tandas, despertándose varias veces por culpa de sus pesadillas y permitiéndose
solo pequeñas cabezadas que dejan a la mañana siguiente sus ojos inflamados y
sus párpados doloridos. Hoy tan siquiera siente eso. De hecho, nada
duele.
Ni la cintura que tan fuerte
agarra Xander, ni sus muñecas o pelo, tan constantemente jaloneados, ni sus
muñecas, donde algunos cortes aún deberían estar sanando. <<Ni mi
cuello>> Liu desliza su mano por la zona. Lo vuelve a hacer. Otra
vez. Y otra. <<¿Donde…?>>
Traga saliva, su mano derecha
congelada en medio de la suave curvatura de su garganta, los dedos tocando una
piel tan pura que no puede distinguir en ella ni un rasguño. Se siente aliviado
al principio, pero luego un golpe de horror le saca todo el aire de los
pulmones de un jadeo.
Se sube las mangas de pronto. <<¡No!>>
Le tiemblan los brazos. La piel tan pálida. Tan perfecta. <<¡No, no,
no!>>
Se llenan los ojos de lágrimas,
poniéndole la visión borrosa, pero incluso si sus pupilas ya no disciernen el
mundo, sus dedos exploran sus muñecas y antebrazos como para cerciorarse. Las
yemas deslizándose sobre una piel tan lisa que no la reconocen, no sin las
cicatrices y cortes que siempre han marcado ese camino, que siempre han sido
como una piedra en él. No una piedra cualquiera, sino bonitas lápidas donde
enterrar todos los recuerdos <<de papá. de mamá. de Matheo. de
Pelotita… de mi culpa, de mi culpa, de mi culpa…>>
Liu intenta levantarse de golpe
de la cama, pero un brazo lo rodea por la cintura y lo atrae de nuevo al mar de
sábanas rojas. Siente el cuerpo firme de Xander contra su espalda, su férreo
agarre, su aliento cálido en el cuello.
—Quieto —ordena con voz rasposa y
amodorrada -, quiero dormir. No molestes.
—M-mis cortes, Alexander, no
están… —murmura el chico, todavía agitado, sus manos rodeando con tanta fuerza
el brazo que lo inmoviliza que sus nudillos están blancos.
—¿Uh? —pregunta adormilado.
Parpadea un par de veces, escaneando los brazos del muchacho, que ahora
aparecen sin mácula alguna cuando antes estaban pintados por violentas
pinceladas —Oh, claro, mi sangre ha debido curar otras heridas o
cicatrices además del mordisco.
Alexander vuelve a bajar su
cabeza, apoyándola sobre el cojín y ahora tapándose un poco la cara con este.
Se siente extraño, acalorado, y juraría que sus mejillas están rojas.
<<Es la primera vez que
derramo mi sangre. Y la he derramado por… para un humano>>
—Necesito cortarme, por favor,
necesito hacerlas de nuevo —pide el muchacho todavía forcejeando con Xander. El
vampiro lo mira con cansancio y lo aprieta más hacia él.
Liu siente la desesperación
crecer en su interior. Se siente un traidor, un ser asqueroso y vil que ha
intentado borrar la tragedia que robó la vida de sus seres queridos y huir por
el camino fácil. Necesita enmendarlo, empezar de nuevo, castigarse más
duramente esta vez. No solo por estar vivo cuando murieron quienes merecían más
que él ocupar su lugar, sino por buscar aliviar el dolor de una vida que
debería sentirse como el infierno.
Necesita cortar en su piel el
recuerdo de sus seres queridos, pues es la única forma que tiene de demostrar
que realmente lo son. Que los ama.
—Mi sangre cierra heridas y
suaviza cicatrices, pero no compensa toda la sangre que perdiste anoche.
Sigues medio vacío, no vas a cortarte.
—¡Pero!
Liu calla de golpe cuando el
vampiro lo aprieta duro contra su cuerpo, aplastando su pecho con su brazo y
obligándole a escupir todo el aire que le quedaba en sus pulmones. De pronto,
Liu se siente flojo y mareado y está seguro de que si la presión no disminuye
va a ahogarse en su propio vómito.
—Me suplicaste para que aliviase
tu dolor, bolsa de sangre, y he hecho por ti lo que ningún vampiro haría por
una presa. Deberías estar rogándome que te de una forma de agradecerme, no desobedeciéndome
¿O es que quieres otro puto castigo?
Liu jadea de horror. Piensa en
Alexander castigándolo, en el cristal roto y la cama crujiendo bajo su peso. En
lo vulnerable que se sintió. Lo sucio.
De pronto, la urgencia por
cortase se hace más y más fuerte. No ve su brazo curado como piel limpia o
bella, no, él prefiere su antigua piel agrietada por donde dejaba rezumar el
veneno que nace en su interior y lo llena poco a poco, día a día. Ahora es como
si alguien hubiese confundido esa vía de escape por una rotura y hubiese
llenado sus grietas con cemento, dejando la podredumbre acumularse dentro,
emponzoñar al chico.
<<No podré obedecerle. No
podré obedecerle, necesito cortarme. No podré obedecerle, va a castigarme. No
podré obedecerle. No puedo, no puedo, merezco lo que me va a hacer, no quiero,
no quiero, no quiero que tome mi cuerpo de nuevo. Me lo merezco, pero no
quiero, me lo merezco, pero no quiero, no quiero,
noquieronoquieronoquiero>>
Liu llora histéricamente en
brazos del vampiro, ahora su resistencia ya no son una serie de intentos de
escapar, solo sacudidas que da su cuerpo mientras un terrible dolor lo inunda y
sale a borbones de él con lágrimas y sollozos. Xander relaja un poco la presión
de su abrazo sin soltarlo y se asoma a su mente confusa y herida. Una punzada
de culpa lo alcanza cuando lee, en la mente del joven mortal, las cosas que lo
obligó a decir cuando lo profanó por primera vez.
<<Me lo merezco. Soy un
inútil. No me merezco que pare. Soy desobediente. Soy malo. Soy inútil.
Soy…>>
—Liu, Liu —lo llama, preocupado,
y su voz ruda suena por primera vez en mucho tiempo temblorosa. El chico lo
escucha, pero solo se encoge al hacerlo, como si su nombre en los labios de
Xander fuese un mal pronóstico —. Tranquilízate, Liu. —su tono es más firme
ahora. Es una orden.
Pero Liu desobedece, porque al
oír el comando del otro rompe a llorar aún más y al darse cuenta de que su
llanto no es más que una rebelión que ruega por ser castigada con dureza, Liu
se intenta tapar la boca y cerrar los ojos para acallar los gemidos lastimeros
y parar las lágrimas, pero sus intentos son en vano.
—Por favor, quiero cortarme…
Xander quiere decir algo, lo que
sea, con tal de que se calme. Sabe qué es lo que el chico quiere, necesita
oír.
—Por favor, Xander —suplica y su
tono es tan dulce. Empalagoso.
<<Puedes cortarte>>
Traga saliva. No quiere decirlo.
No quiere dejarle hacerse daño. No después de que haya perdido tanta sangre. Y
cuando piensa en el futuro, en Liu ya recuperado y sin debilidad en su cuerpo…
tampoco quiere dejarle hacerlo de nuevo.
—Por favor… —se siente estúpido e
hipócrita ¿Qué más da permitirle deslizar una cuchilla por sus muñecas cuando
él se ha esmerado en romper su cuerpo y espíritu hasta amoldarlo a sus
deseos?
—Lo necesito, te dejaré beber la
sangre y…
Se siente blando ¿Qué más
da si el humano está tan jodido que solo sabe librarse del dolor con más dolor?
¿Qué más da si se rebana los brazos enteros mientras siga siendo su deliciosa
presa? Y si se mata ¿Qué más da? Liu no es el único que puede ofrecerle sangre
y sexo. Seguramente tampoco es el único que puede ofrecerle sumisión.
<<Pero…>>
—Liu ¿Quieres volver a las
clases?
El muchacho se calma poco a poco,
sus lloros histéricos diluyéndose en suaves sollozos y pequeños ruidos de
temor. Sobre su nariz un poco, como si olfatease el aire cual animal asustado,
y mira Xander con ojitos brillantes y confusos.
—¿Q-qué? —pregunta. Todavía
respira pesado y sus manos tiemblan, pero Xander se siente aliviado al ver que
su pequeño humano se encuentra un poco más calmado.
—Te prometí que si eras bueno te
dejaría tener partes de tu vieja vida de vuelta. Ahora no puedo dejarte tener
tus cortes de vuelta, no si voy a alimentarme de ti, pero puedo darte otras
cosas. Los días, por ejemplo ¿Quieres volver a hacer las cosas que hacías por
el día?
Liu parpadea un par de veces muy
despacio mientras mira fijamente al vampiro, como si temiese hacer un
movimiento demasiado brusco y espantar la amabilidad en él.
—¿Qué tengo que hacer a cambio? —pregunta
con voz desesperada, sus manos se aferran a la ropa de Xander y este suelta su
cintura, ahora ya convencido de que no escapará, para tomarlo del rostro con
delicadeza.
—Seguir siendo bueno, Liu, seguir
obedeciendo. Y ahora sabes que te he ordenado no volver a cortarte ¿De acuerdo?
El chico solloza y Xander ve algo
romperse dentro de él. Algo pequeño y valioso. Cuando vuelve a alzar la vista,
Liu ya no puede mirarlo a los ojos.
—D-de acuerdo —murmura con un
hilillo de voz —, gracias. Y gracias por darme… por curarme con tu sangre ayer.
Gracias.
Su boca rosada se estira en una
sonrisa. Es una sonrisa pequeña, pero tan radiante, y Xander se siente débil
como si la luz del sol lo deslumbrar desde ese hermoso gesto. Pone una gran
mano sobre la cabeza del mortal y la empuja contra el cojín desbaratando esa
mueca adorable e inocente.
—Cállate y déjame dormir un rato
más —espeta con molestia.
Liu asiente y nota al vampiro
abrazándolo fuerte por detrás de nuevo. Un pesado brazo sobre su cintura, la
fría nariz en su cuello y un aliento cálido, pausado, derramándose sobre su
hombro.
Solo que hoy nota también una
chispita de alegría y esperanza.
Capítulo 35
Xander se levanta cuando la noche
ha caído del todo y se despereza lentamente, sintiendo el ritmo tranquilo y
estable que late a su lado: el cálido corazón de Liu. El chico sigue dormido y
Xander lo halla tan calmado y hermoso que decide observarlo unos minutos,
dejándolo descansar un poco más. Se tumba frente a él de nuevo y le acaricia
los cabellos color avellana, tan suaves y de encantadores rizos que le lamen la
nuca y la frente, las mejillas cuando su cabello se desordena mucho. El humano
hace un ruidito necesitado y se empuja contra la mano que lo acaricia mientras
otra se posa en su cintura y sube ligeramente el pijama, revelando su tripita
pálida.
Desliza la mano por su vientre
también, advirtiendo lo hermosa que luce su piel ahora que se han borrado las
marcas de sus manos destrozándola. Lo toma por el brazo izquierdo, retirando la
manga de la camisa, y ve la prístina muñeca, ahora sin marcas. Recuerda clavar
sus garras ahí, abrir las heridas de Liu con ellas mientras le recordaba que su
dolor le pertenecía a él y solo a él.
El recuerdo, antes que culpable,
le hace sentir deseoso y Xander se odia por ello ¿Por qué no puede decidirse de
una vez? En su interior un hombre y un monstruo parecen batallar siempre y
sería tan cómodo que uno muriese de una maldita vez y le diese por fin una vida
sin contradicciones, sin tensión ni confusión. Hasta ahora el hombre en él ha
estado dormitando, de hecho, lo pensó muerto, ahogado en el mar de sangre de
sus víctimas, pero parece que la compañía de Liu lo ha sacado a flote y
despertado, le ha dado armas para combatir al monstruo.
Xander suspira irritado y toma al
muchacho entre sus brazos. Liu jadea por la sorpresa y se aferra a él mirando
alrededor, asustado y confundido.
—Estás lleno de sangre seca
—explica el vampiro mientras entra en el baño y deja al chico sobre el bidet. Cierra
la puerta con pestillo y Liu lo mira tragando saliva y frotándose aún los ojos
—. Será mejor que te des un baño.
Liu asiente y se levanta,
empezando a desnudarse. Comienza por sus pantalones de pelito blanco que lo han
mantenido cálido toda la noche pero que ahora están apelmazados allí donde la
sangre se ha metido en el tejido y acartonado. Los retira suavemente,
inclinándose frente al espejo, hasta quedar con únicamente su gran camisa, que
tapa su intimidad todavía.
Mira su reflejo con curiosidad,
olvidando que el vampiro está ahí con él, esperando. Se detiene unos segundos,
ladeando su cabeza para su reflejo, inclinándose como ofreciendo su cuello.
Desliza los dedos por la nívea piel, sin creer aún que no quede ni una sola
marca del mordisco. Esperaría una cicatriz pequeña o una rojez mínimo, como la
que sale al rascarse una picadura, pero no hay nada en su garganta. De hecho,
su piel luce radiante y llena, mejor de lo que ha lucido en años ¿Han
desaparecido también las leves marcas de acné de su barbilla y frente? ¿Tiene
las manos más suaves? Liu siente que quien le devuelve la mirada en el espejo
no es él, no del todo, sino una especie de imitación inacabada a la que su
creador ha olvidado ponerle las imperfecciones que llevan años acompañándolo.
—Impresionante ¿Verdad? —pregunta
una profunda voz tras él. Liu da un vote al sentir la dura voz de su demonio
tan cerca y, luego, al ver en el espejo como el hombre se sitúa tras él, una
mano rodeando su delgada cintura, la otra apartando los rizos chocolate del
lugar exacto que destrozó con los dientes la noche anterior. Grandes dedos
acarician la curva de su cuello y Liu tiembla, apartando la mirada de su
reflejo cuando repara en cuán patética luce su expresión de miedo —Tu piel sana
como si no hubiese pasado nada, el dolor borrado, las marcas borradas, la
historia que cuentan —sus ojos se deslizan hacia los brazos de Liu, que se baja
las mangas incómodamente, incapaz de soportar el reflejo de su pulcra piel
—borrado.
—Es increíble cómo algo tan
pequeño como unas gotas de sangre pueden llevarse el dolor de ser mordido
—suspira el chico.
Una parte de él se encuentra tan
maravillada que no puede dejar de atisbar su reflejo ni que sea de reojo, como
quien mira un truco de magia. Otra parte de él se horroriza, porque piensa que
le perfección que ve en el espejo es también inhumanidad: lleva sangre de
vampiro en su interior, sangre de ese vampiro ¿Y si pudre su corazón al
llegar a él? Y otra parte de él se siente desolada <<Si ni la sangre
de una criatura mágica puede borrar el dolor de mi corazón, entonces es que esa
herida nunca se cerrará ¿Cierto?>>. Piensa en ese dolor, pero luego
en el de la mordida. En como su intensidad le hizo olvidarlo por un momento,
olvidar sus tragedias.
—Pensé que lo llevaría dentro por
siempre, como si me lo hubieses inyectado es… es… —no puede termina de hablar.
Siente que se ahoga con sus palabras. El dolor de los cortes es jodido y Liu lo
sabe, lo conoce, puede describirlo. El de la mordida, sin embargo…
—¿Es verdaderamente tan terrible?
—pregunta Xander, su tono es curioso, no compasivo, y sus manos empiezan a
explorar el cuerpo de Liu de forma lenta, pero alarmante. Ambas colándose bajo
la camiseta, una por abajo, la otra por el escote, acariciando las clavículas.
—¿No lo sabes? —pregunta el
chico, incrédulo, y se apoya en el lavamanos porque cuando Xander empieza a
agarrar su cintura y amasarla con fuerza el contacto piel con piel lo hace
sentir débil. Confundido. Lo hace sentir aterrado, como debería, pero también…
Junta sus piernas, deseando que
su erección pase inadvertida.
—¿Cómo podría? —su tono es bajo,
un ronroneo ronco que roza su cuello. Liu nota su aliento, sus labios empezando
a besar su piel curada entre palabra y palabra —Soy un vampiro, no una presa,
Liu. —, su mano derecha acariciándole el pecho, la palma llana pasando sobre su
erecto pezón y estimulándolo levemente, la izquierda dejando de apretar su
cintura para trazar círculos en su vientre bajo, cerca del origen de su vergüenza.
—P-pero no naciste vampiro
—murmura Liu, demasiado avergonzado para alzar más la voz por miedo a que un
sonido indecente abandone sus labios —, fuiste humano antes y para convertirte
¿Acaso no te mordieron?
Xander detiene sus caricias
taimadas por un momento y Liu se ve en la necesidad de elevar su vista hacia el
espejo y examinar la mirada del vampiro, asustado de haberlo enfadado. Pero sus
dedos no lo aprietan con ira y su expresión luce tan… vacía. No hay enojo en
ella, no hay nada que Liu pueda reconocer.
Xander traga saliva y deja su
mano derecha reposando sobre el pecho de Liu, como buscando apoyarse en sus
latidos, y la izquierda sobre su cadera, también apoyándose en el chico sin
buscar ahora probar su cuerpo indecorosamente.
—Liu, ningún humano se vuelve vampiro,
no realmente —explica con una voz tan parecida a la del humano hace unos
segundos: pequeña, vergonzosa. Casi asustada. —. Un humano muere y un vampiro
nace —Liu frunce el ceño, genuinamente confundido —. Solo compartimos cuerpo,
pero la realidad es que quien quiera que yo fui antes de ser lo que soy ahora
murió cuando fue mordido.
—¿Qué quieres decir? —la voz de
Liu suena ahora más alta, confiada incluso. —Incluso si tienes instintos
distintos, formas de actuar, de pensar distintas, no es como si hubieses
muerto, solo has… cambiado ¿Verdad? Me refiero, antes sí eras humano. Debes conservar
aún algo de tu humanidad, de lo cont-
—Cuando un humano es convertido
en vampiro, Liu, pierde todos los recuerdos de su vida anterior. —un silencio
sepulcral se abre entre ambos como una brecha que da al abismo.
Liu es incapaz de responder,
Xander necesita reencontrar su voz antes de seguir. La forma en que el vampiro
ha sentenciado esa verdad deja a Liu mareado, incapaz de comprender por
completo las implicaciones de algo tan horrible.
<<¿Pierden… pierden todos los
recuerdos de la vida humana? ¿No recuerdan a sus seres queridos, o sus
infancias o cómo se siente comer comida humana? ¿No recuerdan como es… ser
humanos? Entonces es como… como si muriesen y otra cosa poseyese sus cuerpos.
Entonces es cierto: no son humanos, no fueron humanos>>.
Liu respira agitado, angustiado
al pensar qué sería el sin sus recuerdos. Más feliz, sí, pero no sería él.
De pronto, la profunda voz de Xander lo interrumpe y Liu escucha con
reverencia, sintiendo que de todo lo que el vampiro le ha dicho en el tiempo
que ha pasado a su lado, esas palabras son las que más peso soportan, palabras
antiguas, sí, pero cargadas de algo más que años y polvo: de dolor.
—El recuerdo más antiguo que
conservo es el de levantarme en este mundo y sentir frío. Querer calor. Luego,
recuerdo a una mujer llorando mientras venía a mí, llamándome Alexander. Era
cálida cuando me abrazó. Y yo quería calor. Así que se lo robé.
Alexander desearía tanto poder
invocar lágrimas en sus ojos. Llorar la muerte de esa muchacha en sus manos,
sentirse culpable, pero no puede. Sabe que esa chica pudo ser su madre, su
hija, su esposa, su hermana, alguien a quien habría querido con toda su alma de
humano, por la que entregó su vida moral, alguien valioso y a quien jamás
imaginó poder olvidar.
Pero aunque lo intenta y aunque
pasa noches despierto esperando a que la culpa venga a carcomerlo y los
recuerdos regresen como un huracán, nunca pasa. La recordará siempre solo como
comida, su primera comida.
Y sentirá siempre que Alexander
no es él, sino el nombre que robó de los labios de aquella chica, así
como robó su sangre, mientras la pobre desgraciada pedía por alguien que ya no
estaba entre los vivos.
Xander se pregunta si es una
bendición no recordarla y siempre ha pensado que sí. Que dejar atrás su
humanidad significaba dejar atrás su debilidad, su culpa, su lástima…
sentimientos que más bien eran lastres. Pensó que su fortaleza era un don que
todos los inmortales deberían envidiar, quizá por eso ayudó a Aidan a
obtenerlo.
Oh, el pobre Aidan, un inmortal
cuyo corazón siguió siendo humano semanas después de que su cuerpo muriese y
renaciese, cuya alma lo encadenaba a ese débil, llorica estado, aferrándose con
cabezonería a recuerdos mortales que nada tienen que ver con un dios… Xander
siempre pensó que hizo lo correcto para él y ahora empieza a dudar.
Igual que duda de si su olvido no
es una maldición, pues no perdió con él sus flaquezas mortales, sino también su
ser. Se pregunta si ahora que ha olvidado su vida, sus sueños e ilusiones, sus
odios, tragedias, su amor, si alguna vez llegó a sentirlo, sus miedos… si ahora
es aún alguien o es solo algo. Un monstruo. Una bestia. Una carcasa
movida por instintos que otro ha implantado en él y sangre que roba parasitando
a los vivos, una carcasa vacía donde resuena un eco de aquello que su alma
humana solía pensar y sentir.
—¿Xander? —pregunta Liu con una
voz fina, preocupado por la forma en que los ojos de su amo parecen tan
ausentes por unos minutos, desvaídos como si quien toma el control de su cuerpo
siempre se hubiese marchado muy, muy lejos por un rato. Alexander vuelve en sí
y lo mira, el rojo apagado, triste, pero incapaz de llorar aún.
El vampiro mira los ojos verdes
de su presa a través del reflejo. Le gusta la forma en que sus labios rosas se
curvan para decir su nombre. Para llamarlo Xander en vez de ese nombre
que robó hace cientos de años.
—Me he ido por las ramas —dice
con un tono medio divertido, como quitándole importancia a sus palabras hacia
ahora. Liu, sin embargo, no puede dejar de darle vueltas a la idea del olvido,
a lo aterrador que suena habitar un cuerpo ajeno a su historia, renacer
teniendo como cuna la sepultura de tu antigua ser. Xander ríe divertido,
distrayendo al muchacho de sus oscuros pensamientos —. Entonces, Liu ¿Es muy
doloroso el mordisco?
La pregunta devuelve al chico al
inicio de su conversación y hace que su mirada vuelva a desviarse a su cuello,
todavía sorprendido por no hallar ahí las profundas marcas rojas. Se pasa la
mano por la zona, recordando.
—Estoy convencido de que me
moriré cada vez que me muerdes. Incluso si sé que no porque aún quieres…
di-divertirte conmigo antes de matarme. Cuando me muerdes el dolor es tan
grande que pienso que moriré solo de dolor. Siento que pierdo el control
de mí. Que no soy nada… —tiembla al hablar por el miedo que lo recorre al
pensar en los filos hundiéndose en su piel, atravesándolo, pero también por la
frustración de que su cuerpo obedezca a Alexander y haga lo que la noche anterior
le ordenó: responder cuando piensa en servirle con su dolor.
Liu frota las piernas, odiando
que su hombría despierte cuando piensa en ser herido por Xander.
—Puedo intentar ser más suave…
—promete Xander y al mismo tiempo que habla la cara de Liu se pinta de un
violento rojo bochorno porque las manos del hombre toman las orillas de su
camiseta, empezando a alzarla y desnudarlo.
Liu quiere suplicarle que pare,
que espere a que su cuerpo deje de desobedecerle tan humillantemente, pero
segundos después su boca está cerrada y su cuerpo desnudo del todo, con una
erección irguiéndose entre sus piernas y la piel erizada bajo las caricias del
rubio. Alexander mira su entrepierna con una sonrisa taimada, pero sin sorpresa
alguna, y luego lame su cuello muy despacio deleitándose cuando nota que su
presa jadea de miedo, pero también endurece más.
—Al fin y al cabo —susurra, su
tono sensual, pero amenazante —, necesito que te acostumbres a ello, Liu. Sobre
todo porque ahora que te he curado, tengo que morderte de nuevo, incluso si no
bebo tu sangre —explica y el muchacho siente las rodillas débiles.
<<No, no de nuevo.
No…>>
Xander sitúa una pierna entre las
de su joven presa y le fuerza a abrirlas, mostrando por completo su pequeña
excitación. La roza con su rodilla levemente, causando que el chico se
estremezca mientras ve su reflejo: su cara sonrojada y sus ojos lagrimeantes,
su labio mordisqueado, la boca del vampiro deslizándose por su cuello, su pecho
desnudo y hermoso, su cintura rodeada por grandes manos y su pene goteando
mientras su demonio le susurra al oído que va a comerlo de nuevo.
<<No… no…>>
—Sí, Liu, otra vez—responde
cruel, confesando con ello que ha curioseando en sus pensamientos —. Eres mío,
no voy a permitir que tu cuerpo no lleve mi marca.
Liu jadea y asiente, sabiendo que
no puede hacer nada para librarse de su destino. Al menos esta vez el vampiro
ha prometido ser suave, pero conociendo su rudeza ¿Qué es su suavidad sino
violencia, una más tranquila, menos letal, pero violencia al fin y al cabo?
Una mano se desliza por su
cintura, bajando a la cadera y de esta a la ingle. Liu observa con terror la
gran mano del vampiro acercándose a su sexo y tiembla. Sabe que la noche
anterior no lo complació del todo, que hoy tiene que acabar el trabajo, pero teme
la forma que vaya a tomar el deseo de Xander ¿Volverá forzar su placer cuando
él sienta dolor? No puede soportar eso, no de nuevo, no tan pronto.
Xander rodea su pene con su mano,
firme, cálido. Liu jadea y se muerde el labio tan fuerte que cree que tragará
sangre porque, de lo contrario, va a correrse solo por ese pequeño contacto.
—Dilo, Liu. —murmura y la otra
mano lo toma por las mejillas y lo fuerza a mirar su propio reflejo jadeante,
todavía con manchas de sangre en el cuerpo y con una mano grande y peligrosa
dándole placer. —Di que voy a marcarte. Di por qué.
—V-voy a dejar que me muerdas y
me marques —susurra el chico, intentando rehuir a su mirada zafiro, pero
obteniendo una presión terrible de los dedos de Xander contra sus mejillas cada
vez. La mano en su entrepierna empieza a moverse despacio, moliéndolo con una
suavidad demasiado erótica.
—Sigue —ordena Xander con voz
ruda en su oído, inclinando al chico sobre el lavamanos, haciéndolo mirarse
mientras sus ojos se llenan de lágrimas y placer y continúa hablando
denigrantemente para su placer.
—V-voy a dejar que marques mi
cuerpo —confiesa, puede ver la vergüenza en su rostro, las mejillas rojas, las
lágrimas recorriéndolas, pero también ve como sus cejas se enarcan por el
placer, como sus ojos ruedan en sus cuencas, como se le abre la boca y gemidos prohibidos
escapan de ella, empañando el espejo — p-porque mi cuerpo es tuyo y… ah… ah
Xander aumenta el ritmo y Liu no
tiene claro si el vampiro pretende recompensarlo por su obediencia o castigarlo
por su crueldad, pero Liu está cerca y mientras siente la tensión crecer su
cuerpo se paraliza y la imagen que el devuelve el espejo es tan patética y
vulnerable que quiere desaparecer.
—Sigue. —ordena el vampiro de
nuevo.
Y Liu no sabe cómo desobedecer.
—Porque… mi cuerpo es suyo y tú…
tú tienes derecho a marcas l-lo que es… ah, ah.. espera… ah… lo que es t-tuyo
—termina sin apenas fuerzas, su aliento atrapado entre gemidos y la saliva
escurriendo de su boca mientras la mano del vampiro se mueve rápida y
placentera sobre su sensible erección.
—¿Y qué vas a hacer ahora, bolsa
de sangre?
Liu lloriquea y niega sintiendo
el delicioso temblor en su cuerpo, la anticipación acumulándose en su vientre
bajo, la tensión disparándose en sus pequeños testículos.
—Voy a… a c-correrme… —confiesa
con una adorable voz vencida.
—Di por qué, Liu. Sé bueno.
Esas palabras son suficiente como
para que el chico se sienta lanzado al abismo y el placer inunde todo su
cuerpo.
—¡Porque soy tuyo! —exclama, su
cuerpo convulsionándose y retorciéndose en los brazos de su captor, el blanco
placer a punto de estallar —¡Y d-debo hacer lo que tú desees!
Y tan pronto pronuncia la
humillante frase, Liu ve como si reflejo es manchado por hilos blancos de su
propio placer. Xander bombea lento y firme, arrancando cada gota del orgasmo
del cuerpo de Liu, dejándolo flácido y tembloroso como un muñeco de trapo sobre
el lavamanos.
—Buen chico —susurra, acariciando
su cabeza tras soltarlo. —, ahora limpia este desastre y date un baño. Luego
tienes permiso para comer algo.
Capítulo 36
—¿Una noche divertida, debo
asumir? —pregunta Aidan, risueño, cuando ve al rubio bajar al comedor
principal.
—No estoy seguro. —confiesa,
pensando en el delicioso gemir de Liu mientras lo obligaba a tener otro orgasmo
hace solo minutos, pero su dulce recuerdo se agria cuando piensa también en él,
débil, idiota, contándole a Liu su pasado, la falta de él.
—¿No lo estás? Olía a sangre ayer
cuando llegué y este anochecer lo has pasado a solas con tu presa. Suena a que
has tenido algo de diversión ¿No es así?
—Liu es… difícil. Pero su
compañía es deliciosa, sí. ¿Qué hay de ti? —hace un ademán, como restándole
importancia a su noche y cambiando de tema —Ayer estuviste el sótano o eso creí
percibir.
—Oh, Xander… —dice el otro con
gusto, llevándose una mano al corazón y fingiendo desmayarse de placer sobre el
sofá —el espacio que has creado ahí es… es exquisito. Tenías razón, cazar
presas afuera es divertido, pero traerlas a un lugar donde puedas degustarlas
lentamente es mucho mejor. Tomaste la idea de tu antiguo castillo ¿No es así,
conde?
Alexander hace una rápida
expresión de sorpresa que pronto pasa a disgusto. Se tapa la cara con las
manos.
—Me abochornas. No me llames por
ese nombre, tonto, que he bebido sangre y creo que me voy a sonrojar. Eso fue
hace muchos, muchísimos años, por el diablo…
—Pero sigues conservando
costumbres.
—Algunas. Otras las has heredado
tú, al parecer, dime, cómo lo pasaste en esa… réplica barata de mis antiguas
mazmorras.
Aidan ríe malicioso.
—Ayer cacé a uno fiero, fue muy
entretenido. Iba a tomar a una chica que estaba trabajando hasta tarde, de
repartidora, y cuando empezó a chillar un agente de policía vino a rescatarla.
Con su pistola, su táser, su porra… adorable, intentó de todo para pararme. Al
final dejé ir a la chica y me traje al policía aquí. Cuando terminé de jugar le
di su pistola y, oh, deberías ver su carita cuando me apuntó, le tembló el
pulso, se la metió en la boca, apretó el gatillo y vio que no había balas.
Seguí jugando unas horas más con él y, bueno, hoy creo que me ocuparé de
deshacerme de los restos. Habría sido divertido que estuvieses ahí, Xander.
Hace tiempo que no juegas conmigo. —se queja el vampiro más joven,
acurrucándose en el sofá al lado del otro como si de un gatito desatendido se
tratase.
Xander ríe por el intento del
enorme, intimidante vampiro, de lucir inocente mientras le pide más atención y
se inclina hacia él, su voz rasposa y su mirada roja brillando:
—Extraño jugar a tu lado,
Aidan, —se inclina un poco más, tomándolo del cuello con una mano. No lo ahoga,
pero el agarre es firme, dominante, y logra hacer que Aidan ladee su cabeza y
exponga su cuello a Xander como por acto reflejo —y también jugar contigo.
—No seas malo —susurra el castaño
con los ojos cerrados y las manos temblándole. Recuerdos antiguos inundan su mente,
pero, para su sorpresa, el tiempo no ha desvaído su intensidad. La fuerza de
las manos de Xander, la maldad de sus castigos, la profundidad de su voz cuando
le daba órdenes. Traga saliva y abre los ojos —, sabes a lo que me refiero.
Alexander se retira un poco,
pasando a solo rodear a su amigo por los hombros.
—Saldremos juntos a cazar uno de
estos días. Y luego nos divertiremos ahí abajo con nuestra presa, lo necesito,
contenerme por Liu está agotando mi autocontrol.
—¿Por qué no nos divertimos con él
en la mazmorra?
—No. —el tono de Xander se vuelve
sólido de pronto, sin una pizca del hablar juguetón y seductor de hace unos
segundos.
—¿Qué te está pasando con ese
mortal, Xander? —pregunta Aidan y puede notar la preocupación en su tono —Esto
parece más que un simple encaprichamiento.
—Solo he encontrado una presa con
la que vale la pena divertirse por más que una noche. Eso es todo.
Aidan asiente, no muy convencido,
pero incapaz de contradecir a su amigo. Pasan unos lentos y agradables minutos
mientras ambos están el sofá, tumbados uno al lado del otro en silencio, hasta
que Aidan muerde su labio con nerviosismo y habla tímida, inseguramente:
—Xander, ayer… Quizá no es nada,
pero sentí algo, cuando cazaba, cerca de las afueras.
—¿Otro de los nuestros? —pregunta
el otro sin mucha preocupación.
Cruzarse con otros vampiros no es
usual, pero tampoco imposible, y no sería la primera vez que debe ahuyentar a
otro de los suyos con su presencia o ponerle fin a su eternidad usando una
mínima fracción de su fuerza.
—No estoy seguro, estaba muy
lejos, pero su presencia… —traga saliva —Apenas podía respirar. —confiesa con
un hilillo de voz.
Xander se yergue en el sofá,
atento.
—¿Cuánto?
Alarmado.
—Xander, quizá fue un error
—responde Aidan con un gesto de manos, como quitándole importancia, aunque el
nerviosismo en su mirada es innegable — y él no está en nuestra zona de caza
siquiera, así que da ig-
—Dime cuánto. —ordena con voz
ruda, interrumpiéndolo. —No volveré a preguntar.
—Más de mil, Xander. Creo que…
creo que podría tener más de dos mil años.
Alexander traga saliva y Aidan,
que siempre ha hallado en su compañero rubio un enemigo invencible, pero
también una protección infalible, cree ver en sus ojos algo que jamás ha
atisbado en su iris rojo: miedo.
—Tienes razón, debes haberte
equivocado. —dice con seriedad, levantándose del sofá de pronto —Un vampiro de
esa edad es realmente poco común, ambos sabemos que solo nos hemos cruzado con
uno tan viejo una vez en nuestra eternidad.
Aidan asiente silenciosamente con
la cabeza. No contradice a Xander, de nuevo, y le hace sentir más tranquilo no
hacerlo. Xander, sin embargo, no logra convencerse del todo con sus propias
palabras, quizá porque sabe que, bajo la firmeza de su tono, algo pequeño y
débil tiembla en su interior.
<<¿Y qué posibilidad hay de
que haya vuelto? Después de tantísimo tiempo, de tanto buscarte ¿Por qué
volverías a por el neófito que abandonaste, mi maestro?>>
Capítulo 37
Liu baja las escaleras como si
andase sobre cáscaras de huevo, pero por mucho que su liviano peso y sus
cuidadosos pies no hagan ruido alguno, los latidos de su corazón logran hacer
que tanto el vampiro rubio como el pelinegro se volteen hacia él tan pronto
baja al primer piso.
Aidan lo observa largo rato,
notando los colmillos crecer en su boca. Juraría que el muchacho es cada día
más apetecible, con su piel fresca y recién lavada, oliendo a jabón y dulzura,
ese cabello alborotado, todavía un poco húmedo, y un pijama limpio y ancho que
cuelga sobre su cuerpo pero deja al descubierto su cuello y clavículas. Su
perfecto cuello.
¿Perfecto?
Aidan frunce el ceño con
confusión, mirando de pronto a Alexander en busca de una explicación. El otro
lo ignora.
—Puedes ir a la cocina, bocadito,
no vamos a incordiarte. —explica Xander con un tono relajado y amable que hace
a Liu relajar sus hombros —Luego quiero que subas de vuelta a mi dormitorio y
me esperes arrodillado, tenemos que acabar lo que ayer empezamos.
Liu asiente con su cabeza, pálido
como la cal, y se va corriendo hacia la cocina. Tan pronto el humano desaparece
de su vista, Aidan comienza a increpar a su amigo con preguntas sobre qué ha
pasado con las deliciosas mordidas que el chico llevaba hace tan solo una noche
en su cuello. Alexander le responde restándole importancia, diciendo vagas
excusas sobre que el humano se quejaba demasiado por el dolor y él no quería
escuchar más lloros; pero mientras conversa con su amigo, sus ojos se hallan
perdidos en la puerta de la cocina y su mente vaga por esos parajes, espiando
lo que la de la Liu piensa.
<<Acabar lo que
empezamos…>> Xander siente la vacilación
incluso en su voz interior, como si el chico fuese incapaz no ya de pronunciar
esas palabras, sino de pensar en ellas, en sus implicaciones <<Va a
usarme de nuevo. A usarme y a marcarme. Me lo merezco, me merezco todo este
dolor, este miedo, esta angustia. Me merezco el pinchazo en el pecho que siento
cuando pienso en Alexander mordiéndome, tocándome… porque soy tan egoísta que
he intentado seguir viviendo, he intentado tener una buena vida cuando los
demás no tuvieron esa oportunidad. Y sé que lo merezco, que si aguanto y le doy
a Alexander lo que desea, que si me someto y le dejo destrozarme, no estoy
haciendo algo tan diferente a cortarme las muñecas, pero, joder, debo seguir
siendo un egoísta, porque quiero que pare. Quiero despertar un día en mi casa.
Solo. Quiero que las noches sean silenciosas y tranquilas. Necesito que pase
antes de que él se harte de ser gentil y vuelva a tomarme como la primera vez.
Quiero estar muerto antes de que eso suceda>>
Xander se asoma silenciosamente a
la cocina y observa la espalda encorvada y rígida del chico. Su mirada verde
totalmente perdida. Su mano apretando fuerte el mango del cuchillo, incluso si
todavía no ha cogido ningún alimento que cortar.
<<Quiero estar muerto antes
de…>>
Los dedos se aferran con más
fuerza. Los ojos de Liu están llorosos, sus nudillos blancos.
<<Quiero estar
muerto>>
Mira su impoluta muñeca. Le
tiembla el pulso.
—Puedo ir a buscar tus cosas, hoy
mismo —Li se sobresalta al escuchar la ronca y familiar voz susurrándole en el
oído. Una mano rodea su vientre, acariciándolo con suaves círculos, la otra se
desliza por su brazo como una serpiente hasta llegar a sus dedos, haciéndolo
soltar el cuchillo.
—¿Eh? —pregunta el chico
confundido y con el cuerpo entero tiritándole. Se siente aterrado cuando vuelve
en sí, cuando se percata de lo que ha estado a punto de hacer.
—Vas a volver a tu vida normal
por las mañanas, así que quizá te gustaría que trajese cosas de tu casa ¿No es
así? Quizá tu mochila, tu ordenador portátil, algo de ropa…
—Oh —el rostro de Liu enrojece un
poco cuando piensa en su antiguo hogar, en su antigua vida. En la forma en que
unos pocos días han sido suficiente como para que asuma que no iba a volver a
ella. Sonríe pequeñito, todavía nervioso —, muchas gracias, sí, me gustaría
mucho que trajeses esas cosas. Entonces, Xander ¿M-mañana por la mañana puedo
salir?
Un sonido gutural amenazó con
formarse en la garganta de Xander, un rugido posesivo que tuvo que ahogar
mientras asentía despacio con la cabeza. Dejar ir a su presa le resultaba tan…
tan impensable y patético. Como si no supiese cazarla suficientemente bien como
para que no se escabullese de entre sus garras.
<<Pero está tan
triste…>>
—Siempre que vuelvas antes del
anochecer —susurra en un tono dulce, pero que eriza los vellos de la nuca de
Liu, como si su cuerpo advirtiese una amenaza oculta tras esa forma
aterciopelada y sensible de hablar.
Xander lo abraza por detrás unos
segundos más, observando las manos temblorosas de Liu, la tabla de cortar
vacía, el cuchillo a un lado. Quiere decir algo más, algo que lo calme, que
haga que su sumisión deje de parecerle una terrible condena y se convierta en
una fuente de placer para ambos, quiere pedirle perdón, borrar lo que ha hecho,
quiere encontrar las palabras exactas, palabras mágicas que logren enmendar sus
errores y hacer de Liu no una presa, sino un amante también.
Pero no dice nada. Xander se
inclina sobre el cuello del chico, acariciándolo con la punta de su nariz
mientras recorre su dulce curvatura, y luego deja un casto beso en la piel
inmaculada antes de irse.
Liu se siente extraño cuando al
voltearse comprueba que está solo en la cocina. Se pasa la mano por la zona
cosquilleante donde el otro ha dejado su beso y se pregunta por qué ansía tanto
la suavidad de Xander si merece su crueldad.
Capítulo 38
Liu se las apaña para dejar de
lado la maraña de pensamientos enfermizos que nublan su mente como un vicioso
enjambre, algunos picándole con dolorosos recuerdos, otros acuciándole a huir
y, los más temibles, diciéndole que quedarse en ese infierno es su forma de
pagar por arruinar el cielo que una vez tuvo.
Descubre que cocinar le distrae,
así que acalla su monólogo interno tarareando mientras hace arroz cremoso y le
agrega verduritas picadas muy finas, una lata de atún y un huevo pochado que le
sale con la yema cremosa y de un vibrante naranja que le hace pensar en los
amaneceres y anocheceres que ha perdido.
Come con calma, sentado solo en
una mesa que sospecha que tomaría polvo de no ser por su presencia, y cuando
termina friega perezosamente los platos, queriendo retardar lo inevitable.
La casa está en absoluto
silencio, por lo que el chico se siente aliviado, sabiendo que no se topará con
Aidan. Tampoco encuentra a Xander cuando entra en su alcoba, así que se da un
rato para sí mismo, permitiéndose abrir la bolsa donde el vampiro le trajo sus
libros el otro día. En ella están todos los que usa para clase junto a sus dos
libretas de apuntes y aquel libro que dejó en la mesa el día que Xander lo
rompió por completo y lo raptó. Acaricia la portada áspera y observa con
respeto los dos colmillos pintados en ella.
Abre el libro, ahora por el
índice, y busca algo que pueda recordarle a la conversación que tuvo con Xander
antes de su ducha.
<<Antes y después del
proceso de vampirización>> parece ser el
capítulo más idóneo para saciar su curiosidad, así que Liu comienza a leerlo
diagonalmente, no del todo atento, pues sabe que su demonio volverá en
cualquier instante.
<<Puesto que no se ha
podido realizar un estudio extensivo en vampiros cooperativos, las
características fisiológicas que distinguen a un vampiro de su previa forma
humana son todavía inciertas y no podemos afirmarlas todas con exactitud. Sin
embargo, algunas de ellas sí pueden ser aseveradas ya sea gracias al testimonio
de vampiros, humanos involucrados con ellos o a la mera experiencia empírica
que hemos podido obtener interaccionando con esta raza.
El proceso de vampirización, así
como el de vinculamiento, siguen siendo misteriosos en cuando a su
funcionamiento interno, pero se sabe que son los procesos por los cuales un
inmortal logra traspasar, en mayor o menor medida, su llamado ‘’Don oscuro’’ a
un mortal, alterando así su naturaleza. En el proceso de vampirización el
humano de convierte total e irreversiblemente en un vampiro y, por lo que se
sabe, este es un proceso relativamente rápido, pues la transición, se estima,
tiene una duración de una sola noche.
Tras realizar la transformación,
el cuerpo humano pierde todos sus signos vitales, pero gana un amplio abanico
de nuevas habilidades. De entre ellas son conocidas las siguientes:
-Fuerza y velocidad sobrehumanas.
-Agudización de los sentidos (y
reversión de cualquier afección en estos, como puede ser la sordera, la miopía,
etc.)
-Habilidades regenerativas sin
precedentes (con la consecuente curación de afecciones previas, lo cual implica
en muchas ocasiones un ‘’rejuvenecimiento’’ aparente de la piel y las facciones
cuando los sujetos son de mediana edad, la reversión de todas las condiciones
médicas, la desaparición de piercings, tatuajes y otras
modificaciones/mutilaciones corporales, etc.)
-Habilidades relacionadas con la
telepatía y/o la hipnosis.
No obstante, el vampirismo
también comporta la pérdidas e incomodidades, como por ejemplo, la pérdida de
las funciones digestivas de comida común, pérdidas de memoria y de capacidad de
empatía y la pérdida de los días mediante una agresiva fotosensibilidad.
Respecto a las pérdidas de
memoria, todos los vampiros que se han mostrado receptivos a preguntas sobre su
pasado como humanos y la relación entre esos tiempos y su presente han alegado
no ser capaces de recordar una época en que no fuesen vampiros, aunque afirman
saber que no nacieron siéndolo. Así mismo, algunos dicen que esos recuerdos se
desvanecieron poco a poco durante las primeras semanas posteriores a su
conversión (se ha descrito de forma muy similar a la experiencia de levantarse
de un sueño y, mientras uno trata de relatar los eventos de esto, ir perdiendo
poco a poco el recuerdo de ellos) mientras que otros despertaron completamente
amnésicos tras ser transformados.
Muchos expertos han cuestionado
si esta es la causa de su falta de empatía y si esta podría reaprender o si,
por otro lado, se trata de una característica ‘’innata’’ de estos seres incapaz
de ser corregida>>.
Liu cierra el libro cuando siente
una ominosa presencia pesándole en el pecho. Debe admitir que, para su
sorpresa, Xander ha demostrado saber cómo acariciarlo con ternura, como besarlo
suave, casi inocentemente, y eso le hace preguntarse si no queda acaso un
rastro de humanidad en su interior. Pero por mucho que sus manos sean capaces
de sostenerlo con gentileza, están hechas para romperlo. Su boca creada para
morder y sus dientes para robar la vida.
Le parece una condición terrible
la de vivir en un mundo con vampiros que lo acechan, pero más aún le horroriza
pensar en ser uno de ellos. Pensar en tener una boca que no sabe besar, un
corazón que no sabe amar. Le espanta imaginar que se despierta un día y allí
donde tenía los más cálidos y hermosos recuerdos, la más ardiente culpa, el más
abrasador amor, ahora solo queda un vacío frío que solo sabe llenar robando la
sangre de corazones ajenos.
Incluso si Alexander le inspira
un terror primitivo y animal y un odio que le hace querer arrancarse la piel
hasta no sentir ya su tacto hormigueándole bajo ella, en ese instante le da
lástima. Mucha lástima.
Capítulo 39
Liu siente su corazón convertirse
en un globo en su pecho, uno que se hincha poco a poco, un soplido más por cada
paso que escucha en la entrada, ascendiendo por las escaleras, acercándose por
el pasillo… hasta que reviente.
Solo que no lo hace. Le gustaría,
quizá, que su pecho estallase como víctima de un cañonazo a quemarropa y en él
no quedase más que un pacífico vacío. Nada de dolor o miedo o recuerdos
dolorosos. Solo un vacío rodeado por carne sangrante y pulsante.
En su lugar, sin embargo, Liu
tiene un nudo de nervios y latidos en el pecho cuando ve el pomo de la puerta
girando despacio, como si el pequeño gesto fuese eterno, y luego cuando la
puerta se empieza a entreabrir, las bisagras gimiendo en agonía ¿O quizá es su
propia voz, solo que está tan asustado que ya no la reconoce?
Xander aparece como siempre: con
su figura grande e intimidante y acompañado de la pesada certeza de que Liu va
a ser herido. El chico se encoge en la cama, dejando a un lado su libro sobre
criaturas de la noche. El vampiro cierra la puerta de la habitación y se acerca
a él sin decir nada. El silencio lo desquicia ¿Así será? ¿Una noche donde no
haya palabras, solo acciones violentas, sedientas, animales, y pequeños
lloros de dolor?
Liu siente que va a romperse, que
va a estallar en aullidos de miedo y en un terrible llanto cuando Xander se
sienta en la orilla de la cama y se inclina hacia él. Pero entonces deja un
objeto grande y pesado en la cama y los ojos del muchacho brillan por un
segundo al reconocer su mochila.
—He traído tus cosas —dice el
rubio con voz serena y eso logra calmar a Liu, darle la esperanza de que el
otro no va a abalanzarse sobre él para devorarlo como un animal salvaje y
hambriento. No aún. —, tus libros, tu ropa, tu portátil… incluso tu teléfono
móvil.
—Gracias… —suspira el chico,
mirando la mochila con ilusión y siendo las puntas de los dedos quemándole con
el deseo de abrir la cremallera y zambullirse en ese montón de objetos
conocidos que le hacen sentir un poco en casa. Un poco seguro.
Pero no lo hace.
Xander retira la cartera con sus
cosas, dejándola caer al suelo cuidadosamente y acercándose más al chico.
Desliza su mano en el bolsillo derecho de su chaqueta de cuero y Liu se encoge
por un segundo, sintiéndose ridículo al siguiente <<¿A que le
temo? ¿A que saque un arma? Con sus manos y su boca tiene suficiente para
romper cada pequeña parte de mi’’
Alza las cejas cuando ve al
vampiro dejar un pequeño tarro de suplementos alimenticios en el buró.
—También te he conseguido esto
—dice dando un golpecito con el tarro sobre la madera. Los complementos son de
hierro. Liu traga saliva. —, te los tomarás cada día ¿De acuerdo?
Asiente.
Liu conoce esas pastillas porque
él siempre le recordaba a Matheo que las tomase. <<Qué irónico verlas
otra vez ¿Por qué no me hace gracia?>> Sabe que necesitan receta para
conseguirlas. Y sabe que el vampiro no se ha molestado en obtener una, lo
sabría incluso sin las pequeñas salpicaduras de sangre que el vampiro ha
olvidado limpiar en la esquina derecha del bote.
Liu traga saliva.
—Estás muy callado, Liu.
El chico se muerde el labio.
—Perdón… —susurra con la voz
quebrada, titubeante. Y Xander no se decide entre si ama verlo tan suave y
dúctil o si odia pensar que lo ha roto —Estoy nervioso, asustado —se corrige y
puede ver en el rostro de su demonio una sonrisa con maldad, colmillos y
bonitos hoyuelos —, porque sé lo que… l-lo que viene ahora.
El vampiro se desliza en la cama
más cerca de Liu y el chico hace un amago de alejarse, pero sabe que es inútil.
Peor que inútil, contraproducente: cuanto más huya, cuanto más luche, más
sufrirá.
Una mano grande se posa en su
muslo, la palma es suave, templada, y se desliza hacia arriba con una caricia
que en otras circunstancias habría hecho derretirse a Liu. Ahora lo enciende un
poco y eso le horroriza. Le horroriza ver los dedos hundiéndose bajo sus
prendas, le horroriza el cosquilleo agradable que si piel siente.
—¿Y qué es? Dilo, Liu.
El chico traga saliva. No quiere
hacerlo, no quiere enunciar él mismo su sentencia. Recuerdos dolorosos lo
invaden: algunos son de esa misma noche, cuando el vampiro lo ha hecho llegar
al clímax mientras él mismo narraba su vergüenza; otros son de la noche que lo
tomó, de la forma en que por unos minutos su cuerpo dejó de violentarlo y lo
invadía muy lentamente, dejando que fueran las palabras las que lo rompían, las
preguntas.
<<¿Te mereces que
pare?>>
Las respuestas…
<<Soy un inútil>>
—Vas a morderme —logra articular
Liu, su lengua se siente entumecida cuando lo dice, pero aun no ha terminado—,
y voy a… vas a hacerme complacerte.
—¿Sabes cómo lo haré? —Liu niega
cerrando los ojos, pero la oscuridad tras sus párpados no logra arrancarlo del
momento, del frío aliento de Xander sobre su cuello, que le indica con
precisión milimétrica cuán cerca está de rozar su piel erizada con los labios (<<mucho.
Demasiado>>), de la trémula mano que ha recorrido su pierna entera y
se ha posado en su cadera para, ahora, subir por vientre, su pecho, sus
clavículas, alzándole la camisa que lleva puesta y sosteniéndolo en pocos
segundos por la base de su nuca. Su otra mano se alza y Liu se encoge de nuevo,
pero Xander corrige ese reflejo en su presa: la mano de la nuca se atenaza y lo
fuerza a mirar al frente y alzar el rostro. Disponible. Vulnerable. —Abre la
boca, Liu.
Pero Xander no necesita siquiera
dar la orden: sus dedos mismos separan los labios suaves y tiernos del muchacho
empujándose contra ellos y dentro de su boca. Liu intenta ser receptivo, bueno,
y deja sus belfos entreabiertos y la lengua quieta mientras el vampiro desliza
los dígitos sobre su humedad y hasta llegar a su garganta. Los ojos del chico
se anegan en lágrimas de repente, tose e intenta apartarse, pero la mano en su
garganta es firme y los dedos en su boca persistentes. Se empujan sobre su lengua
una y otra vez, golpeando el final de esta y sofocándolo cada vez. La otra mano
le enseña a aguantar.
—Sabes lo que tienes que hacer
¿Cierto?
Liu asiente y sus hombros se
relajan con alivio cuando ambas manos dejan de torturarlo. Pero su alivio es
pasajero: sabe que viene algo peor. Y sabe que después de esto, viene otra cosa
todavía más mala: el mordisco. Liu siente un escalofrío cuando se da cuenta de
por qué el vampiro lo está reservando para el final.
<<Para que me esfuerce en
complacerlo, para que haga bien esto o… o él no será cuidadoso>>
El muchacho suspira, su aliento
tembloroso derramándose en el silencioso espacio entre él y el demonio que
tanto parece querer romperlo poco a poco. Se desliza despacio fuera de la cama,
hacia el suelo. Se arrodilla.
Alexander lo observa desde arriba
con superioridad, sentando en la orilla de la cama, con sus piernas abiertas,
aunque solo un poco, creando un pequeño hueco donde él encaja demasiado bien.
Se regodea en le imagen, le gustaría grabársela en las pupilas y que su memoria
la conservase siempre: Liu arrastrándose de rodillas en el suelo frente a él,
como postrado ante un dios, para ponerse entre sus grandes piernas, su rostro a
la altura de su sexo, sus labios mordisqueados por los nervios hasta volverse
rojo cereza. Húmedos. Listos para servirle.
Él chico no se está entregando a
él aún, no como lo desea, no por completo. Pero eso es lo más similar a una
rendición que ha tenido hasta el momento y la emoción recorre su cuerpo entero
como un hormigueo. La sensación de poder, de posesión, de deseo.
<<Deseo>> Xander tuerce la boca notando su deseo crecer en su interior y
empezar a abultar en el exterior, apretando la tela en su pantalón, pero sin
notar todavía un ápice del deseo de Liu. Está asustado. Demasiado.
Xander desliza una mano por su
propia pierna, hacia Liu, y el sonido de la palma contra la tela hace al
muchacho arrodillado dar un repullo. Su cuerpo se tensa aún más cuando la mano
se posa en su pelo y queda paralizado, como esperando un tirón doloroso o un
golpe. De todo, menos la bonita caricia que recibe en sus mechones chocolate.
Liu se estremece bajo esos
grandes y amables dedos, bajo la forma en que se hunden en su cabello y las
yemas rozan su cuero cabelludo con cuidado, en que lo amasan hasta volverlo una
cosa blandita que gimotea de gusto. Cierra los ojos e intenta centrarse en esa
mano, la que le da mimos en el pelo, pues escucha la otra bajando la bragueta y
luego empujando los pantalones del vampiro por sus piernas.
La mano en su pelo empuja, suave,
hacia delante y Liu abre los ojos con sorpresa cuando su rostro se topa con la
suave tela de la ropa interior de Xander, con la firme y larga dureza que hay
bajo ella. Sus labios rozan la tela y la mano en su cabeza lo incentiva,
empujando y acariciando. Liu siente un nudo en el estómago.
El vampiro es tan grande que se
siente ridículo a su lado, diminuto. Y tan fácil de romper. Las piernas a los
lados de su cuerpo son anchas y musculosas, seguramente lo suficientemente
fuertes para aplastarlo si se cerrasen entorno a él en vez de crear un hueco
para acogerlo. Y la virilidad que de no ser por la fina capa de tela estaría
rozando sus labios es también impresionante. Le quita el aliento pensar en
ella, ver su largo contorno a través de la curva rígida del bóxer, pensar que
tan intimidante tamaño lo ha roto una vez y podría hacerlo más. <<Lo
hará>>
Traga saliva, intenta ignorar la
preocupación, pero cuando el vampiro se acomoda la ropa interior y esta se pega
más a su excitación, revelando ahora no solo la longitud de su eje sino también
su grosor, el chico siente que se desvanecerá. No va a poder con ello. No si su
anchura se siente igual de temible expandiendo su garganta como se sintió
cuando abrió su flor.
—Xander… —susurra, pero no
termina la súplica porque sabe que da igual lo que diga. Tan siquiera entiende por
qué ha empezado.
El nombrado sigue mirándolo desde
arriba. Sus ojos rojos, los colmillos asomando por la boca entreabierta de
placer. Se inclina sobre él, hacia él. Liu tiembla de miedo cuando
piensa que su interrupción ha enfurecido al vampiro, que va a ser herido. <<Más
aún>>
—No pasa nada —murmura Xander y
tira de la cabeza de Liu para alzársela y que su nerviosa, temblorosa boca
choque contra sus firmes labios. El vampiro mueve los suyos con decisión, pero
lentitud. Marca un ritmo y Liu lo sigue sin protestar, dejándose moldear por
sus deseos, abriendo la boca cuando Xander la abre, cerrándola cuando los
grandes labios se cierran sobre los suyos y lo lamen, los chupan o los muerden.
Liu tiembla, agradeciendo y odiando lo que ese beso está provocando en su
cuerpo. Xander lo rompe de pronto y empuja con delicadeza la cabeza del chico
de vuelta a su entrepierna. —Sigue besando —ordena.
Y Liu cierra los ojos y obedece.
Besa sobre la tela el sexo de su demonio. Primero sus testículos, grandes y
pesados, luego empieza a ascender por la dura base del miembro, abre sus labios
contra ella como si quisiera comerla y luego los cierra, dejando que la saliva
empape la ropa, que su lengua se deslice por esos intimidantes centímetros. El
suave aroma a detergente y dulce almizcle le llena los pulmones y eso lo
tranquiliza. Xander huele bien, sabe bien <<¿Y si eso es un indicio de
que será bueno también?>>, pero Liu piensa que su ilusiones son
ridículas.
Llega a la cabeza del miembro de
Xander que, apresada bajo la prenda interior y doblada hacia un lado, roza el
musculoso muslo del vampiro. El hombre pone una mano en el elástico de la
prenda, la otra sigue acariciando. Liu suspira entrecortadamente cuando empieza
a bajar la prenda muy despacio mientras él sigue besando. La mano en su cabello
se convierte en una mano en su nuca, firme, pero no dolorosa, que lo mantiene
con la boca pegada a la excitación del hombre mientras la tela se retira poco a
poco.
—Sigue. —Xander ordena con voz
ronca cuando nota que el chico ha parado de besar su virilidad tan pronto la
tela ha empezado a deslizarse, incluso si aún no tiene la piel contra sus
labios.
Los labios de Liu tiemblan cuando
la hombría de Xander es liberada de su ropa interior. Traga saliva al ver la
cabeza reluciente, roja, ancha. Al bajar sus ojos por la venosa longitud que le
sigue, la cual se torna más y más amplia cuanto más cerca de la base rodeada
por cortos cabellos rubios y de delicioso arma almizclado, los cuales coronan
también sus grandes testículos. Liu no sabe qué hacer con ellos o con la polla
de Xander, en absoluto.
Incluso si él es también un
hombre, siente que su hombría palidece en comparación a la del vampiro. Su
virilidad es pequeña, con una cabeza rosada que ahora se le antoja casi
adorable, un grosor más que manejable y una anchura que le cabe en la palma de la
mano sin problema alguno. Se siente patético en comparación, de otra especie.
Un gemido lastimero abandona sus
labios a traición y Xander lo mira desde arriba con ojos fríos y dominantes.
—No me hagas esperar —dice
despacio, calmado, pero el chico sabe que es una advertencia.
Pero Liu es incapaz de actuar por
mucho que el otro lo acucie. Su sexo es demasiado intimidante y la inexperiencia
del chico lo paraliza.
—N-no sé qué debo hacer —admite,
sus ojos escapando hasta que clava la vista en el suelo y las manos jugueteando
sobre su regazo.
—Sigue besando, Liu, como hacías
hasta ahora. —ordena el otro, aunque su tono es gentil y el chico lo agradece.
Liu intenta dar el paso y pega
sus labios húmedos sobre el miembro de Xander, que pulsa contra su boca
placenteramente. La erección de Xander es, sorprendentemente, suave y cálida, y
su piel tiene un aroma muy tenue que agrada a Liu, así que el chico se siente
esperanzado de que puede hacerlo bien y decide dar el primer beso apretando sus
labios contra la polla que tiene ante su boca y deslizándolos, húmedos, al
acabar.
Da otro más y otro en el mismo
lugar, besuqueando la zona hasta que su saliva reluce en la piel del vampiro.
La mano en su nuca lo mueve hacia abajo, dirigiéndolo a la base de su pene, y
Liu intenta hacer un buen trabajo partiendo sus labios y recorriendo el camino
con su lengua.
Xander cierra los ojos y jadea;
los ojos del chico brillan: lo está complaciendo. Se siente aliviado por ello,
pero algo más burbujea en su interior, un extraño orgullo y algo más. Cálido.
Electrizante.
Xander lo hace bajar hasta que
tiene sus bolas frente a los labio y Liu intenta servirlo lo mejor que puede
lamiendo la piel suave y tierna del lugar con su lengua llana hasta dejar sus
testículos brillosos de saliva. Xander suelta su nuca unos momentos, mientras
hace eso, y se masturba despacio con esa misma mano.
El chico gana la suficiente
confianza como para subir las suyas, que hasta ahora solo jugueteaban
nerviosamente en su regazo, y las sitúa muy delicadamente sobre los muslos del
vampiro, como buscando no alertarlo con su osado gesto.
—Buen chico —lo anima Xander y su
voz es rasposa y lenta, como la de alguien que acaba de despertar. Y, joder,
Liu sabe que no debería causar eso en él, pero la voz excitada de su demonio
hasta que tenga que juntas muy fuerte las piernas y esperar que su erección no
se note.
Liu sigue lamiendo los testículos
de Xander torpemente cuando el vampiro lo toma por la nuca de nuevo, dejando de
masturbarse, y hace que el chico devuelva su boca y lengua al erguido miembro.
Lame la base y el camino que hace de esta hasta la punta, su lengua rozando el
sensible frenillo cuando llega a su destino, haciendo el pene de Xander
estremecer.
—Agárrala —ordena el vampiro y
Liu nota la impaciencia en su voz.
Hace lo que se le dice, pero sus
mejillas se tornan graciosamente rojas cuando advierte que una sola de sus
manos no logra rodear del todo el grosor de esa excitación y debe ayudarse de
la otra. Jadea angustiado.
<<¿Todo esto ha estado
dentro de mí? ¿Todo esto es lo que tengo que aceptar y acoger cuando… cuando me
entregue por completo?>>
—Iremos despacio —asegura el
vampiro y Liu no sabe si ha leído sus pensamientos o solo el miedo en su cara.
Con una amabilidad que parece impropia de él, el vampiro toma las manos del
muchacho en una suya, las tres ahora rodeando su virilidad, y le hace moverlas
arriba y abajo.
El ritmo es lento y el vampiro se
asegura de instruir bien al chico para que le dé el máximo placer. Aprieta sus
cálidas y pequeñas manos cuando el chico las tiene alrededor de su base,
haciendo que la intensidad de sus sensaciones aumente, y luego le ayuda a
deslizarse todo el camino hacia la punta. Poco a poco, las manos de Liu dejan
de temblar tanto, aunque sus labios son todo jadeos y ruidos llenos de vergüenza
que hacen al vampiro imaginar obscenidades; el ritmo aumenta, también, y la
mano de Xander desaparece, dejando que Liu se ocupe él solo se moler su
virilidad placenteramente.
Xander debe admitir entonces que
es la primera vez que se siente tan complacido por un acto tan simple. Si lo
piensa bien, no es capaz de recordar haberse masturbado nunca ¿Por qué iba a
buscar un placer bajo y solo cuando puede forzar a los demás a ser juguetes en
sus enfermos juegos? Jamás se ha contentado tampoco con que un humano use sus
manos para adorarlo; él quiere todo: quiere sentir cada centímetro de los
cuerpos de los humanos que usa, quiere entrar hondo por todas las hendiduras
donde pueda forzar su hombría, quiere hacerlo fuerte y duro y beber luego hasta
la última gota de sangre de sus presas.
Pero Liu, con sus labios
temblorosos y esa mirada verde, grande y brillosa medio llena de vergüenza,
medio llena de curiosidad clavada en su hombría, es realmente bueno. Son buenas
sus manos, tan pequeñas y suaves, tan temblorosas a veces, pero tan hábiles
cuando aprenden que deben masturbarlo cada vez más deprisa, que tienen que
apretar más cuando el vampiro exhala de placer. Los dedos de Liu lo rodean con
dificultad y sus brazos empiezan a temblar por el esfuerzo que le supone
recorrer esa distancia una y otra vez por largo rato. Sus ojos se ven hermosos
cuando está exhausto y sus cejas se juntan por el esfuerzo y el cansancio. Sus
cabellos chocolate pegándosele a la frente por el sudor. Sus dientes de
conejito mordiendo su labio inferior cuanto más se concentra en hacerlo bien.
Sus ruidos adorables.
Xander frunce el ceño.
—Detente —ordena y aunque su voz
es firme como siempre, Liu puede sentir la turbación en ella: la respiración
acelerada, el jadeo suprimido. Sabe que estaba cerca de correrse.
Las manos de Liu se alejan de
pronto de su pene como si se hubiese hallado en un trance hasta ahora y, al
salir, se percatase de que ha sido pillado con sus dedos sobre un objeto
sagrado que no tiene el derecho siquiera de mirar. Sus mejillas enrojecen furiosamente
y aparta la mirada, escondiendo las manitas entre sus muslos.
Xander lleva una mano a la
mejilla de Liu y la atrapa con cuidado. La acaricia con el pulgar, sintiendo al
chico inclinarse hacia los mimos, pedir más. Luego su dedo baja poco a poco y
llega a la boca de Liu. Tira de su labio inferior, mostrando los dientes y las
encías y el chico comprende rápido, pues abre la boca un poco, dudoso,
temblando de nuevo.
—N-nunca… nunca he… —intenta
excusarse, pero Xander lo interrumpe con una voz tan firme que Liu la siente
como una alabarda de metal atravesándolo y clavándolo en el suelo.
—Abre la boca. Más.
Liu obedece como puede hasta que
sus mandíbulas empiezan a doler un poco y entonces Xander usa su propia mano
para agarrar la base de su pene y dirigirlo al espacio entre los labios del
chico. Liu se estremece, sus ojos bizquean adorablemente cuando mira la punta
enrojecida que tiene enfrente y cuando hace el amago de cerrar su boca,
asustado, el pulgar del vampiro se pone en medio, de modo que Liu lo muerde sin
querer.
—¡Perdón! No pretendía hacerlo,
lo siento tanto, lo siento…—exclama el chico de pronto cuando el vampiro retira
el dedo y lo mira.
Para su horror, ambos pueden un
rojo anillo rodeando la yema. Es leve y en unos segundos se irá, pero está ahí
y tiene la forma de los dientes de Liu. De su desobediencia.
La misma mano que ha mordido lo
abofetea. Y es un golpe de advertencia en el que Xander pone todo su esfuerzo
para no poner toda su fuerza, pero aun así arde y pulsa y deja la mejilla de
Liu al rojo vivo cuando este logra levantarse del suelo, pues el impacto lo ha
tumbado.
El chico solloza lastimeramente,
pero no se atreve a decir nada mientras vuelve a arrodillarse y situarse entre
las piernas del hombre. Puede sentir la cara interna de su mejilla inflamándose
y debe pasarse la lengua por la hilera de dientes para asegurarse de que el
golpe no ha aflojado ninguno, solo los ha llenado de dolor hasta que Liu ha
podido sentir cada una de las pequeñas terminaciones nerviosas, del mismo modo
en que ha sentido el interior de su oído atravesado por una ensordecedora
flecha de dolor y que ha sentido la blandura de su cerebro rebotando contra su
cráneo.
—Esto —dice con voz imponente. Su
mano vuelve a agarrar la punta de su pene y el pulgar de la otra, totalmente
curado, se empuja dentro de su boca y Liu la abre todo lo que puede para no
rozarlo siquiera con los dientes —, ha sido por mi dedo. Si me muerdes aquí
—dice, moviendo la mano que rodea la base de su polla para hacerla choca un par
de veces contra los labios de Liu —voy a joderte de veras ¿Entiendes?
Liu asiente cerrando sus ojos
para no llorar y Xander respira hondo. <<Despacio. Tengo que ir
despacio con él.>> se dice por dentro mientras un rastro de culpa
aletea en su interior al ver las lágrimas empapando las mejillas del chico y
una de ellas roja e hinchada por culpa suya.
—Saca la lengua —ordena el hombre
—y abre los ojos. —Liu solloza un par de veces y parpadea para eliminar un poco
la película de borrosas lágrimas que cubren su visión. Una vez lo hace, sus
ojos claros y brillosos se dirigen a Xander con súplica, quien retira su mano
de su boca y la otra de su erección —Vamos, Liu, demuéstrame que no mereces
otro castigo.
Liu dirige tentativamente una mano
a la erección de Xander y la rodea con cuidado, como temiendo que cualquiera de
sus movimientos sea errado y que eso vaya a costarle la vida. Una vez rodea el
eje duro y venoso de su demonio, lo dirige hacia su boca con hesitación. Presa
de su inexperiencia, Liu decide empezar usando solo su lengua, por lo que lame
la cabeza roja y ancha del vampiro, esperando complacerlo. Liu ve una mano
alzándose hacia él y se encoge, creyendo que ha hecho algo malo, pero su cuerpo
se destensa un poco cuando la mano se sitúa suavemente en su nuca,
acariciándolo apremiantemente de esa forma que hace hormiguear su piel.
El muchacho se siente algo más
animado y sigue: traza círculos con la punta de su lengua alrededor del
prepucio del otro, terminando por lamerla con la lengua llana cuando ve que el
vampiro respira hondo y complacido la primera vez que lo hace.
Mientras lame la punta con
esmero, Liu mueve su mano derecha y suma la izquierda en la tarea, masturbando
al vampiro con movimientos pequeños y rápidos en la base mientras él estimula
el otro extremo de su gran excitación. Liu cierra sus labios alrededor de esa
parte del miembro del hombre, como besándola castamente, y entonces la mano en
su nuca empuja ligeramente, alentándolo a tomarla dentro de su boca.
Liu se siente inseguro, pero ve a
Xander con los ojos rojos inundados de placer y mordiéndose el labio e intenta
no frustrarlo más: abre su boca todo lo que puede, sintiendo la calidez del
miembro de Xander invadir su boca. Al principio toma solo la punta, sintiendo
ya que su anchura lo abruma y lo rompe. Empuja su cabeza adelante y atrás
mientras su mano imita la moción, lamiéndola mientras la chupa e intentando ser
obediente.
Entonces la mano en su nuca
empuja más y ve que el vampiro tiene el ceño fruncido. Liu se esmera en ser
obediente, en suavizar esa expresión del rostro de Xander, en abrir su boca
grande y dejar que, centímetro a centímetro, la enorme polla de su demonio
desaparezca entre sus sonrosados labios. La sensación es abrumadora: la
virilidad de Xander se siente tan pesada sobre su lengua, tan ancha abriendo
sus labios y forzando su mandíbula en una posición dolorosa mientras se desliza
sobre la humedad de su boca; puede sentirla endurecer, pulsar en su boca, puede
sentir el relieve de las gruesas venas que la rodean sobre la lengua y puede
notar su propia saliva escurriéndole por las comisuras.
Y, luego, siente arcadas. Xander
no ha empujado ni la mitad de su tamaño de la húmeda y cálida cavidad del chico
cuando alcanza su garganta y eso hace que el muchacho se arquee e intente
expulsarlo. Su agarre en la nuca del chico se torna entonces firme,
manteniéndolo en el lugar mientras él retira unos centímetros para dejarlo
recuperar.
Liu intenta decir algo,
desesperado, mientras sus ojos se cristalizan por la invasiva sensación, pero
su lengua es aplanada por la siguiente arremetida de Xander, que lo mantiene
disponible con su fuerte mano alrededor del cuello mientras folla poco a poco
su boca, abriéndose paso hacia su garganta centímetro a centímetro.
El chico tose desesperado, la
falta de aire y las arcadas abrumándolo, pero Xander aprieta su cuello y empuja
sus caderas y su pene vuelve a adentrarse en su garganta. Un segundo, tal vez
dos, y luego la saca un poco para dejar que el chico respire, que se
acostumbre.
—Las manos a la espalda. —demanda
una vez nota que Liu ya no está rodeando su polla con las manos, sino
inconscientemente clavándole los dedos en la espalda.
El chico lo mira con ojos
llorosos y obedece mientras respira agitadamente contra su pene, cada vez más
saliva escurriendo por sus comisuras y derramándose por su mentón.
—Vas a tomarla hasta el fondo,
Liu —el chico niega asustado cuando oye en esa voz no una petición o un
pronóstico, sino una orden. El vampiro, con sus dedos firmemente envueltos en
el cuello del chico, empieza a acariciarlo con tal de calmarlo y, del mismo
modo, suaviza su voz —. Iremos despacio, Liu. No hay prisa, te enseñaré a
hacerlo bien.
El chico asiente, angustiado por
no poder hablar y sabiendo que su mejor opción es aceptar su destino y
obedecer. Hasta que Xander no esté satisfecho, su boca seguirá perteneciéndole
y, su voz, estará perdida pues el vampiro no le encuentra ningún uso. Liu
lloriquea. Oh, como le gustaría poder decir algo, incluso sus súplicas fuesen a
ser obviadas.
Xander empieza su juego de nuevo.
Sostiene a Liu en su posición, haciéndolo echar la cabeza ligeramente hacia
atrás y sirviéndose del delicioso espacio entre sus labios para follar la
humedad de su boca y la estrechez de su garganta. El vampiro lo embiste casi
cuidadosamente, pero de forma metódica. Lo penetra unos centímetros y luego los
retira, introduciendo la próxima vez un poco más. Se empuja hasta llegar al
fondo de su lengua y aunque el chico tiene arcadas y se retuerce bajo él
indefensamente, sigue empujándose una y otra vez, sintiendo la lengua de chico
golpear su miembro torpemente, su garganta cerrándose alrededor de su hombría,
y la violenta en pequeñas dosis, hasta que el chico es capaz de aceptar unos
centímetro más y aguantar sus toses, sus lloros y sus ganas de vomitar hasta
que la mitad del miembro de su demonio ha desaparecido entre sus rojos y
maltratados labios y un bulto aterrador aparece en su garganta cada vez que
Xander empuja hondo y Liu se queda sin aire.
—Ahora —dice el vampiro, con su
polla enterrada en la boca del chico hasta la mitad y viendo como los labios se
expanden para acomodarlo en su interior, como los ojos del chico están rojos de
llorar y sus mofletes adoptan el mismo color, ahora por la humillación
combinada por la falta de aire. —, no voy a sacarla. Vas a aguantar con mi
polla en tu garganta un rato. Se bueno, Liu, no entres en pánico. Voy a dejarte
respirar antes de que pierdas el conocimiento.
El chico asiente e intenta ser
obediente, pero la sensación lo sobrepasa. Cuanto más se dice <<No lo
arruines. No hagas nada. No desobedezcas. Espera y él no dejará que te pase
nada malo>> más pequeñita se hace su voz interior y más alta suena la
alarma de su cuerpo que chilla enloquecida por aire. Intenta respirar por acto
reflejo y su garganta se cierra alrededor de la dura carne que la ocupa. Liu no
lo puede evitar. Sus ojos se abren grande, su cuerpo se siente cosquilleante y
ligero y más cerca de la muerte que la vida.
Y entra en pánico.
—¡Mierda! —Xander es quien grita
esta vez, empujando tan fuerte al chico que lo manda al otro extremo de la
habitación.
Liu tose y jadea, tomando el aire
a bocanadas porque ha estado luchando por él dios sabe cuánto rato. Su vista
está borrosa y su cuerpo solo se alera por poder respirar, pero pronto sus ojos
se enfocan y ve, alrededor del pene de Xander, las marcas de sus dientes. Y de
pronto su cuerpo no conoce ya la alegría, sino el miedo.
—L-Lo siento… —murmura, aún sin
voz, sus pulmones exigiéndole que bombee aire entre sílaba y sílaba.
Xander se acerca a zancadas hacia
él. El rostro contorsionado por la rabia. Sus ojos brillando como si ellos
mismos contuviesen su sed de sangre.
Liu solo ha visto a Xander tan
enfadado una sola vez antes. <<Prefiero estar muerto antes de que
suceda de nuevo>
—Quizá debería hacerlo —responde
la voz de Xander. Ronca, sarcástica y salpicada de un veneno tan vil que Liu se
queda pálido y congelado como un muñequito de nieve.
Lo próximo que sabe es que vuelve
a no poder respirar, solo que ahora lo que obstruye su cuello es una mano
grande y poderosa. La misma mano que lo acariciaba minutos atrás.
—Quizá debería matarte de una
vez.
Liu abre sus ojos grande,
pensando que morirá, no de la falta de aire, sino de la presión. La mano
aprieta tan fuerte que su cabeza se siente como un globo a punto de estallar.
Nota la sangre en su cara, quemándole las mejillas, la nariz, los labios, los
ojos… latiéndole en las orejas, taponándoselas.
—Quizá debería mandarte con tu
querida familia y con ese humano que te gustaba y al que no pudiste salvar ¿No
es así? Quizá valgas más vivo que muerto. Quizá deberías haber muerto con todos
ellos, sino ¿Cómo explicas que tu puta existencia sea tan inútil?
<<No. No. Tengo que
parar>>
Xander lo sabe, lo siente en cada
fibra de su ser. Que Liu no está solo oyendo sus palabras, las está
absorbiendo, las está grabado en su alma a fuego y le está resultando fácil
porque no son nada nuevo: son solo la confirmación de lo que él lleva años creyendo.
Son la certeza que responde a la duda que hay al fondo de su mente sobre si
merece o no vivir.
Son las cosas más oscuras que
Alexander ha leído en su mente desde que le conoció y que ahora no puede evitar
escupir, porque igual que sus manos buscan darle una agónica muerte, sus
palabras intentan ser dardos que se claven profundo y doloroso en su alma.
Lo ve en los ojos de Liu. El
miedo. El miedo no a morir, sino a merecerlo. El miedo a haber tenido razón
todos estos años.
<<No, no, no. No es así.
No, Liu, no me creas>>
—Quizá ni muerto puedas reunirte
con ellos ¿O de verdad crees que una cosa sucia y usada como tú podría ir al
cielo? Un ser inútil, desobediente, que se ofrece a un demonio como yo y tan
siquiera es capaz de complacerme. Tendrás suerte si en el infierno aceptan la
basura que es tu alma.
Los pies de Liu se elevan del
suelo y puede sentir un dolor horrible atravesarle la espina doral cuando el
vampiro lo empuja contra la puerta, sus omóplatos temblando como cristal a
punto de quebrarse mientras más y más lo empuja. Liu empieza a sentir la vista
borrosa y nota sus brazos y piernas pesadas. No los ve, pero han dejado de
moverse.
<<Para. Xander, para. Tengo
que parar>>
—Tan inútil, Liu, que has tenido
que dejarme a mí la responsabilidad de matarte porque tú has dejado el trabajo
a medias demasiadas veces. —esta vez, Alexander clava sus garras en el brazo de
Liu con su mano libre.
Las afiladas uñas de hunden en la
tierna de piel de Liu, haciendo brotas cinco líneas de roja sangre mientras el
vampiro alza el brazo del chico, que ya cabecea y empieza a dejar que sus
párpados se cierren, y se lo lleva a la boca.
Liu ve la figura borrosa de
Xander llevar la boca su piel. Ve las cinco heridas de garras desaparecer entre
sus labios. Ve los colmillos. La sangre. El mordisco.
Pero no lo siente, como si su
vida fuese algo que sucede ante sus ojos y él el único espectador, más que un
actor. No tiende dolor por el mordisco, ni nota la calidez de su sangre, aunque
ahora todo en su vista está rojo.
Como si no fuese real.
—No mereces morir sin cicatrices,
Liu. No mereces morir puro.
<<No. No hables, Xander.
No. No me escuches, Liu>>
Todo se baña de un profundo negro
y Liu ya no tiene heridas, ni colmillos en su piel, no tiene pulmones que
chillen por aire ni pies que patalean. Su cuerpo no es real.
Lo único real son las palabras de
Xander.
Capítulo 40
Cuando Liu despierta se siente
peor de lo que se ha sentido en mucho, muchísimo tiempo. No puede siquiera
señalar una sola causa, su cuerpo entero se nota roto, como si le hubiesen
despedazado la noche anterior y alguien hubiese vuelto a unir los pedazos, pero
Liu pudiese aún sentir cada sección, cada corte y cada hueso roto, cada aguja e
hilo uniendo su carne de nuevo, cada gota de sangre derramada.
Se yergue poco a poco de la cama
y ve la luz entrando por la ventana, tan fulgorosa que pareciera la primera vez
en su vida que dirige sus ojos al sol. Parpadea despacio por un largo rato e
incluso eso le cuesta un gran esfuerzo, pero cuando por fin se habitúa a la luz
puede examinar mejor sus alrededores. Ve a Xander dormido a su lado y repara en
que está llevando una ropa distinta a la de la noche anterior. Se mira a sí
mismo y nota que él también.
Entonces los recuerdos lo
golpean: haberse arrodillado ante su demonio, haberlo tocado, besado, lamido…
mordido. Y luego el golpe, la mano en su cuello, las garras y colmillos en su
antebrazo. Las palabras de Xander.
Liu traga saliva, subiéndose la
manga derecha y notando que tiene una venda blanca cubriéndole todo el brazo.
Hay manchas oscuras, seis, una por cada garra que el vampiro clavó en su carne,
y otra, enorme, en la zona de su muñeca, donde Xander destrozó su piel de un
modo que sabe que cicatrizará horrorosamente.
Pasa sus dedos por la venda,
sabiendo que su piel quedará marcada de por vida. <<¿Realmente pensé
que podía borrar mis marcas, mi culpa? ¿Qué podía empezar de cero? Esto es lo
que soy. Lo que siempre seré>>
En la habitación Liu también ve
su mochila llena de sus cosas y una pequeña nota sobre ella escrita en una
letra cursiva hermosa que lo deja maravillado unos segundos, sintiéndose como
si estuviese hallando una antigua y elegante escritura.
<<Puedes salir durante el
día hoy, Liu. He dejado pastillas para tu dolor en la cocina. Tu hierro también
está ahí. Tómalo. Y vuelve antes del anochecer>>
Liu tarda unos segundos en
comprender que la nota es de Xander y, de pronto, una duda que le parece
evidente lo asalta: <<¿Por qué he sobrevivido? ¿Por qué me ha dejado
vivir?>>
La nota es sencilla, fría
incluso, pero mientras Liu acaricia el papel, la extraña sensación de que se
trata de una tímida disculpa le llena el corazón. <<Una disculpa
¿Por qué? Sus palabras fueron ciertas y aunque me quiso matar por algo que no
fue mi culpa ¿Por qué se sentiría él culpable? Me ha apresado para usarme a su
antojo. No tiene remordimientos. ¿Quizá quiere pedir perdón por romper nuestro
trato y no ser gentil conmigo? Tiene sentido, quizá crea que con esto me
entregaré antes a él.>>
Liu suspira, confundido, y le
echa una mirada llena de dudas al vampiro que duerme entre sábanas rojas. Allí
donde esperaba hallar una bestia de sueño plácido y libre de arrepentimientos,
se encuentra con un rostro constreñido por el dolor, como si Xander tuviese una
pesadilla, y nota que la enorme mano del vampiro busca algo a tientas entre las
sábanas.
Sin saber bien por qué, Liu
extiende su mano hacia la del monstruo y este se la toma con suma delicadeza.
El rostro de Xander se torna tranquilo, casi infantil.
<<¿Es posible que se
arrepienta en serio?>>
Liu frunce el ceño y retira poco
a poco su mano, sintiéndose infantil por pensar en esas cosas porque incluso si
fuesen ciertas ¿Qué significaría eso siquiera? ¿Qué Xander sentirá pena cuando
inevitablemente lo mate? Eso no le ofrece consuelo alguno y mucho menos
protección.
En vez de hundirse en sus
cavilaciones, Liu intenta disfrutar un poco del día a pesar de su horrible
noche anterior. Saca su teléfono de su mochila y comprueba que es más pronto de
lo que imaginó, por lo que aún está a tiempo de llegar a clase si se prepara
con rapidez.
Se viste con pantalones de
deporte largos y una camisa negra que decide que será de cuello alto tan pronto
se mira en el espejo y ve, en su garganta, la silueta morada del agarre del
vampiro. Puede ocular eso, aunque no puede ocultar las muecas de dolor que
hacer cuando traga saliva u habla.
Baja a la cocina sintiéndose algo
más animado cuando piensa que parte de su rutina volverá. Que irá a clase, que
podrá fingir que todo es normal, que todo está bien. Piensa que, si se
esfuerza, quizá logra una doble vida donde sus días son buenos y puede fingir
que sus noches son solo pesadillas.
Desayuna huevos fritos con
tostadas y aguacate, toma su pastilla para el dolor y su suplemento de hierro.
Tras hacer su mochila sale por la enorme puerta de la casa, que Xander ha
tenido la cortesía de dejar entreabierta para él, y corre hacia clase. No querría
llegar tarde en lo que se siente como su primer día.
Y el día tiene sus cosas buenas y
malas, pero al menos son cosas contra las que puede luchar, como la enorme
bronca de su tutor, que amenaza con expulsarlo por no haber venido por tanto
tiempo sin traer una justificación médica, pero que se apiada de él cuando el
chico le dice que se encontraba muy mal y cuando recuerda la tragedia que
sobrevino a ese pobre alumno suyo. Durante el día aprende algunas cosas nuevas
y logra resolver bien un par de ejercicios, lo cual le hace sentir una
inesperada alegría. Y sorprendentemente nadie se mete con él aunque va
despeinado y con grandes bolsas en los ojos.
Es más, la idea de que sus
antiguos matones le están evitando activamente le parece aún más plausible y
hasta se le pasa por la cabeza preguntarles el por qué, pero no tiene ganas de
tentar a la suerte tan pronto, así que disfruta de la lenta calma de su
día.
Por la tarde se va a un café a
estudiar y allí usa su portátil para hacer ejercicios lentamente. Cuando los
acaba y el sol aún no amenaza con ponerse, sus dedos tamborilean sobre el
teclado y su buscador se le antoja demasiado vacío.
<<Testimonios de
supervivientes de ataques vampiros>> busca
sin pensarlo demasiado. Ojea algunos documentales y lee diagonalmente un par de
foros de dudosa fiabilidad, pero no encuentra más que personas que han sido
mordidas y dadas por muertas por sus atacantes, nada parecido a la extraña
relación que tiene con Xander.
Se muerde el labio y mira tentado
el buscador del foro en el que se encuentra, exclusivamente dedicado a
recopilar experiencias con inmortales.
<<Exnovio de un
vampiro>> se atreve a buscar y de pronto
enrojece. Sabe que Xander si él no son novios bajo ninguno de los conceptos,
tan siquiera amantes, sino más bien rehén y captor, pero no sabe cómo más
buscar.
Pocos resultados se muestran ante
sus ojos y muchos de ellos fútiles (‘’¿Es mi exnovio un vampiro?’’, ‘’Mi
exnovio murió en un ataque vampiro y no sé qué sentir’’ y ‘’¿Cómo hacer
que un vampiro mate a mi exnovio cabrón?’’). Hasta que da con uno
interesante ‘’Soy <<exnovio>> de un vampiro’’, de hace ocho
años.
Liu empieza a leer con emoción su
post, buscando algo que pueda ayudarlo. Las descripciones son simples, pero
crudas, y en ellas un muchacho describe como una vampiresa lo raptó brutalmente
de su hogar y lo usó como su bolsa de sangre por meses. Escanea sus consejos
con atención, pero necesita más que nada saber cómo se libró y se le cae el
alma a los pies cuando descubre que la vampiresa, neófita, murió luchando
contra otro vampiro que no reparó en el humano, lo cual fue finalmente su
salvación.
Liu quiere hablar con el
muchacho, pero al meterse en su perfil encuentra solo dos posts relativamente
recientes. Una carta de suicidio y un post escrito por la madre del chico
pidiendo que dejen de enviarle mensajes a la cuenta de su hijo, pues es una de
las pocas cosas que queda de él y odia recibir las notificaciones y tener que
responder explicando lo que pasó.
Liu cierra su ordenador,
desalentado, y mira al exterior cuando el cielo empieza a teñirse en tonos
ocres y anaranjados.
<<No hay salida ¿Cierto? Y
tampoco es como si mereciese una>>
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