Capítulos 41-50

 

Capítulo 41

 

Liu vuelve a la casa con la inseguridad hormigueando en la garganta. Incluso si Xander lucía plácido dormido o si él se ha imaginado que parecía culpable, la realidad es que Liu no conoce sus sentimientos y lo último de ellos que sabe es que veinticuatro horas atrás, Xander lo deseaba muerto y, de hecho, estaba intentando arrebatarle la vida mientras escupía las más terribles cosas que nadie, salvo él mismo, le ha dicho jamás.

Así que cuando llega a casa Liu entra con cuidado, casi a hurtadillas. Se desliza por el hueco de la puerta medio abierta y anda como sobre cáscaras de huevo escaleras arriba. Una parte de él desea que Alexander esté aun durmiendo y la otra, cruel, le sisea que de qué serviría eso, si de todos modos en algún momento tiene que despertar.

Liu se encuentra con un piso de arriba tan silencioso y vacío como el de abajo y cuando entra en la habitación, empujando la puerta con tortuosa lentitud, ve la cama vacía frente a él.

Se queda paralizado unos segundos, sin saber qué hacer, hasta que escucha otro sonido: agua corriendo. El sonido viene de la puerta del baño de la habitación y sabe que Xander debe estar dándole una ducha. Suspira aliviado. Una ducha siempre es relajante, quizá el hombre no sale del baño queriendo acabar lo que empezó.

Liu entra con cuidado y cierra muy poco a poco la puerta. Deja su mochila a un lado y mira en su teléfono móvil el grupo de su clase, tratando de distraerse, aunque le cuesta leer los mensajes pues su mano tiembla demasiado.

<<La de biología ha dicho que en poco nos pondrá un trabajo, que palo>>

<<¿Es en parejas?>>

<<Sí>>

<<Que coñazo :(>>

<<Es que encima las parejas las hace ella>>

<<Jodeeeer ¿Otra vez?>>

El agua para. Liu siente los ojos húmedos y los mensajes demasiado borrosos para leerlos. Escucha a Xander andar por el baño, se pregunta si este le habrá escuchado a él.

Luego la puerta del baño se abre. Liu retiene la respiración instintivamente, como si su cuerpo hubiese aprendido la noche anterior que en presencia del vampiro no merece aire.

Siente la cama hundiéndose.  Su espalda se tensa. El peso que deprime el colchón está cada vez más cerca de él. Aprieta el móvil tan fuerte que podría romperlo. Una mano le rodea la cintura. Despacio. La otra tira del cuello de su camisa, revelando su garanta amoratada. Unos labios se posan en ella.

Liu jadea y luego ladea su cabeza, ofreciendo dócilmente su cuello al vampiro, sabiendo que nada bueno le espera. Pero entonces recibe un pequeño, agradable beso, y una voz ronca hablando contra su cuello.

—¿Duele mucho?

Liu se siente mareado. El tono de Xander es suave, aterciopelado, y su otra mano empieza a trazar círculos en su tripita por debajo de la camiseta. No entiende por qué tanta dulzura, pero no quiere perderla.

—U-un poco —admite, porque incluso con los medicamentos, todavía siempre su cuello punzar y su brazo arder, por no hablar de la mejilla amoratada.

Xander besa de nuevo ese lugar y Liu se estremece <<¿Es una trampa? ¿Una burla?>>ç

—¿No estás… e-enfadado por lo de ayer?

Xander chasquea la lengua y Liu se encoge en su lugar, asustado, pero en vez de la reprimenda que esperaba recibe un suave tirón de pelo y cuando su cabeza está por fin apoyada hacia atrás en el hombro del vampiro, recibe un suave beso en la boca.

Xander prueba sus labios con delicadeza primero, besuqueándolos superfluamente una y otra vez, como queriendo probar su ternura, y luego profundiza su beso un poco más. Liu abre su boca aceptando la lengua del vampiro, que hoy parece especialmente amable mientras lame sus labios y luego recorre su boca. El vampiro mordisquea sus belfos juguetonamente y Liu se estremece por el contacto, disfrutando de lo coqueto e inofensivo que el beso se siente hoy.

Cuando se separan, a Liu casi le sorprende ver los intimidantes colmillos de Xander.

—Me sobrepasé —admite el vampiro, su tono de voz es ronco y bajo, casi como si se sintiese reacio a pronunciar esas palabras —, debería haber castigado tu insolencia de forma menos… cruel. No quería herirte así, Liu —admite.

El chico parpadea despacio, sorprendido por esas palabras, por la boca de la que salen.

—¿Volverás a hacerlo si…

Xander niega antes de que él deba acabar la frase.

—Iremos despacio, Liu.

<<Eso ya lo has dicho antes>> piensa y luego el vello en todo su cuerpo se eriza cuando piensa que el vampiro habría podido leer esa sarcástica respuesta.

—Pero debo aprender cómo controlarme. Jamás he necesitado tener cuidado con una presa, hasta ahora.

Liu asiente, cerrando los ojos con alivio. Incluso si Xander posiblemente lo hiera más adelante, incluso si posiblemente lo mate, por esta noche puede respirar aún tranquilo.

El vampiro, que tiene al chico tomado por la cintura, lo mueve sobre la cama hasta tumbarlo en el centro de esta y es entonces, al abrir los ojos, cuando Liu repara en que Xander solo viste una toalla alrededor de su cintura, pues acaba de salir del baño.

De pronto el chico tapa su rostro con vergüenza y el vampiro no puede evitar reír ante el pueril gesto.

—Vamos, Liu, me has visto sin pantalones otras veces.

—P-pero no sin camisa —responde este a lo que Xander parpadea perplejo.

Es cierto que el muchacho ha visto su sexo antes, pero ahora que repara en ello, nunca he hecho el íntimo gesto de desnudarse frente a él. Todas las veces que ha sacado su miembro para Liu han sido rápidas, bruscas, instrumentales. Se ha bajado los pantalones y la ropa interior solo lo suficiente para poder estar cómodo, ha revelado su hombría, y luego la ha usado para invadir el cuerpo de Liu con violencia.

Pero en ningún momento ha tomado el tiempo de desvelar su cuerpo con lentitud, de hacer del momento algo sensual entre ambos. Y es que para Xander el sexo nunca ha sido sobre construir un momento intimo entre dos personas, sino un lugar donde ejercer poder mediante la violencia, donde conquistar, donde satisfacerse usando a otro.

Si quiere que Liu se entregue, piensa Xander, su deseo no puede ser el único partícipe.

—Destápate los ojos, Liu —ordena Xander, y su voz, aunque poderosa, no suena tan intimidante esta vez, sino más bien juguetona, mientras sus manos toman las muñecas de Liu con cuidado y le hacen retirar sus manos de la cara. —. Vamos, abre los ojos —lo tienta, sentándose sobre las pobres piernas del chico para inmovilizarlo bajo su peso. Liu obedece, pero al instante desvía la vista, demasiado avergonzado —. Mírame.

Ahora sí suena como una orden y Xander sabe a la perfección que ha entrenado lo suficiente a Liu como para obedecer cuando su voz suena como ahora.

El chico desliza tímidamente su vista por las sábanas, de estas a su propio cuerpo y de su cuerpo a la gran silueta que está sobre él. 

Las piernas grandes y pesadas de Xander sobre él, apenas cubiertas por una toalla anudada a su cintura, la cual tapa precisamente la parte más íntima de su figura y aquella que, por desgracia, Liu conoce mejor. Siente escalofríos cuando sus ojos se posan sobre el nudo que mantiene la toalla sobre el cuerpo del otro: sería tan fácil deshacerlo, el vampiro solo tendría que tirar ligeramente de un extremo y entonces el telón caería, revelando su peligrosa desnudez.

<<Me duelen mucho la cara y el cuello todavía. No quiero seguir de lo de ayer, no puedo…>>

—No haremos nada, Liu —asegura Xander. Su voz es firme, así que Liu sabe que dice la verdad, pero es también suave, así que sabe que el hombre prende tranquilizarlo. Y funciona un poco. —. Solo quiero que me veas.

Y Liu lo hace ¿Cómo no hacerlo? Xander es una criatura enorme y que pareciera emanar poder como si este fuese un aura que lo rodease, no es sino natural que todas las miradas a su alrededor se dirijan hacia él como un imán y luego caigan al suelo en un gesto de sumisión y temor.

Liu sube su vista un poco más, ascendiendo por el torso del vampiro.

Tiene una cintura pequeña en comparación a la gran envergadura de sus hombros, así como a la musculatura de sus piernas, pero aun así los músculos de su abdomen no se parecen a los de la estrechez de la cintura de Liu: mientras el muchachito está constituido por suaves curvas y una tripa rasa, el estómago del vampiro está atravesado por marcadas líneas que se hunden en la piel mientras a su alrededor se erigen imponentes músculos; el primer relieve hermoso que Liu halla en el vampiro está un poco por encima de la toalla, ahora medio bajada, y se trata de esa deliciosa forma de uve que se marca desde las caderas del vampiro y hasta su entrepierna, como formando una flecha que apunta su pubis.

Las siguientes líneas que sus ojos recorren son las de los marcados abdominales, desde la línea vertical que los divide, pasando por el ombligo del hombre y apuntando hacia la misma zona pecaminosa que el músculo anterior, hasta las divisiones horizontales, seguidas de pequeñas marcas a los costados allí donde se hallan los oblicuos, que dividen la tripa del vampiro en un paquete se seis abdominales que se erigen como montañas bajo su piel. Liu los observa con una extraña sensación hormigueando en su interior, un calor extraño que combina la vergüenza, la envidia y la admiración con algo más que no quiere siquiera pensar.

Al pecaminoso e incorrecto que se despierta en su cuerpo cuando observa el de esa criatura que solo debería ser temida y odiada. Una sensación cosquilleante, casi juguetona, que lleva a Liu a bajar la vista de nuevo, a seguir el camino de vellos rubios y suaves que se forman en el vientre bajo del vampiro y que se espesan cuanto más baja la vista, conduciéndose a ese lugar que mora bajo la toalla de Xander donde Liu sabe lo que le aguarda.

Enrojece cuando se percata de que sus ojos están fijos en la entrepierna de Xander y, al subirlos de golpe, obvia el camino de descollantes abdominales y su vista va a parar a un lugar que le hace sentir igual de acalorado y confundido: el pecho del hombre.

Liu se siente patético y avergonzado cuando piensa en su pecho llano y agradable, sin bruscos relieves más que las dos protuberancias rosadas de sus pezones; Xander, en su lugar, tiene grandes pectorales que destacan en su figura, haciéndole lucir un porte ostentoso. Su pecho musculoso abulta tanto que Liu no puede ver las clavículas del hombre, no desde abajo, aunque sí alcanza a atisbar su ancho cuello y la forma en que el trapecio se muestra desde detrás, así como ve sus grandes hombros y sus brazos, oh, sus brazos.

Liu siente que los suyos son ramitas en comparación a esas extremidades abultadas y fuertes. En su propio cuerpo no puede distinguir apenas los músculos y, en Xander, sin embargo, puede ver la enorme bola del bíceps endureciendo cuando el vampiro se mueve y, desde ciertos ángulos, distingue también las tres cabezas del tríceps, unas más cortas que las otras, pero todas abultando de forma envidiable; también tiene antebrazos anchos y venosos y, como estos, sus manos lucen varoniles y duras y Liu las recorre con la mirada mientras se muerde el labio, justo antes de posar sus zafiros tímidos sobre las pupilas rojas del vampiro.

No sabe qué decir, así que simplemente espera.

—¿Me deseas, Liu?

El chico vuelve a morderse el labio, esta vez tan fuerte que cree que sangrará si no para, pero es incapaz de hacerlo.

<<Si respondo algo que no le gusta estoy muerto, si pienso algo que no le gusta estoy muerto, si…>>

El chico titubea, llenando el silencio con sonidos inútiles, incapaz de formular una sola palabra <<¿Lo deseo? ¿Lo odio? ¿Lo temo? ¿Y si son todas? ¿Y si mi cuerpo está demasiado confundido?>>

—Cuando te entregues a mí, Liu, por completo —el vampiro se acerca más al chico y este se encoge en su sitio y tiembla seguro de que, incluso si no tiene sentido, esa cercanía hace que Xander pueda ahondar más en su mente, ver a través de su carne y sus huesos y, finalmente su alma, revelando todos sus secretos. Una mano grande toma la suya, tan diminuta en comparación y temblorosa, y la guía hacia su piel. Liu no ve hacia dónde, pero puede sentir… sentir la dermis tersa bajo su tacto, el calor, la forma en que el duro músculo se hunde y se alza a medida que desliza sus dedos entre los abdominales del vampiro —, quiero que me desees. Que desees que te folle, que desees que beba tu sangre. Que desees que te use para mi placer.

—Y-yo… de-deseo que no me hieras, que me dejes vivir… s-si prometes esas cosas, yo…

Pero Xander lo interrumpe, no hablando, sino negando suavemente con la cabeza, su rostro tan cerca del de Liu que sus labios rozan los del muchacho con cada movimiento y que su suave cabello dorado barre las mejillas del muchacho.

—No es eso de lo que hablo ahora, Liu. Te estoy preguntando si me deseas. —el vampiro se desliza sutilmente sobre el cuerpo del muchacho, pasando de sentarse sobre su cadera ha sentarse sobre los muslos del chico, aun inmovilizando sus piernas, pero dejando a la vista ahora la vergonzosa erección que empieza a formarse en los pantalones de Liu. 

El chico chasquea la lengua y aparta la vista. Quiere llorar cuando su cuerpo lo traiciona así, cuando despierta, cayendo presa de engañosas palabras y falaces encantos. Cuando su cuerpo se deja llevar por el hecho de tener en frente a la primera y única persona que le ha enseñado sobre sexo, incluso si lo ha hecho de la forma más perversa posible. 

<<Ahora que mis primeras veces han sido así… que mi primer beso ha sido robado, que mi primer orgasmo ha sido obligado, que mi virginidad ha sido tomada a la fuerza… ahora que mi cuerpo ha aprendido que el sexo se siente así ¿Voy a reconocer siempre la violencia como algo excitante? ¿Estoy roto para siempre? Si alguna vez me libro de Xander, si sobrevivo a esta relación ¿Podré tener un amor bonito, amable y gentil o mi cuerpo y mi corazón solo van a corresponder cuando alguien me violente, pues es lo único que conocen? Lo único que sé. Lo único que merezco…>>

—Tu cuerpo —un susurro ronco invade sus pensamientos y Liu se siente perderse a sí mismo en el dulce veneno de ese tono, de la mano que pasa por el abdomen del vampiro hasta que sus dedos tocan la toalla y se aferran a ella como queriendo bajarla, en la mano grande y venosa que baja, a su vez, por su cuerpo menudo hasta llegar a su erección y acariciarla sobre la tela —me desea, porque yo le he enseñado a hacerlo. Tú sin embargo…

—Estoy confundido —confiesa Liu cerrando los ojos. Siente que el mundo es demasiado, que las sensaciones se acumulan y lo aplastan (el rojo en los ojos de Xander, la blancura de su piel, el brillo de su cabello, la suavidad de sus labios, el calor de su aliento, de su mano, la dureza de su abdomen, la suavidad de su piel, el peso de su cuerpo…), así que intenta librarse al menos de las que le otorgan sus ojos para tener más claridad de mente y pensar en qué responder. —. T-tu cuerpo es hermoso, es realmente hermoso ¿Debe serlo por naturaleza, cierto? S-si los vampiros os servís de la fuerza o del encanto para obtener presas, es esperable que tengas… que luzcas como un dios. —Xander ríe por unos cortos segundos, sorprendido de lo zalamero que puede ser el muchacho especialmente cuando no lo pretende, pero no se siente avergonzado por el cumplido. 

Él sabe que su belleza tiene esos efectos en los humanos, sabe que está dotado de una hermosura que nadie se atreve a comparar con nada mortal: si acaso, los humanos más ingeniosos que ha conocido lo han comparado con cosas tan inmortales como el arte, su cuerpo como el frío, perfecto mármol tallado que los griegos usaban para revelar a los dioses o las pinceladas precisas y perfectas que componían las grandes obras religiosas, tan llenas de luz, fervor y adoración. 

—P-pero sé lo que eres —continúa Liu y ahora su voz tiembla y sus ojos se apartan, su mano se crispa alrededor de la toalla, tomándola en un puño. — y sé que no eres un ángel, aunque lo parezcas —el chico espera unos segundos, incapaz de pronunciar la palabra por la que él llama a Xander en sus pensamientos <<Demonio. Mi demonio>>. Un poco de calma lo alcanza cuando ve que el vampiro no hace nada, solo esperar y escuchar —y no puedo olvidar las cosas horribles que me has hecho. Yo no puedo desear e-esas cosas, no quiero, y s-siento que desearte a ti sería lo mismo que desear qu… que se repitan.

Xander inhala y exhala despacio, intentando apaciguar la frustración que arde en su interior con un fuego similar al de la ira. No le gusta ser rechazado, de hecho, jamás ha dado a un mortal antes la posibilidad de hacerlo, por lo que las palabras de Liu se sienten como un traicionero puñal incrustado en su pecho que ahora se retuerce.

Pero sabe que el chico tiene razón y que incluso si su cuerpo es deseable por naturaleza, él lo ha usado como arma y Liu, al verlo, no es capaz de dejar su alma hundirse en ese deseo que su carne exhibe. No aún. No mientras Xander siga siendo su demonio.

<<¿Pero acaso puedo ser otra cosa?>>

Xander se separa poco a poco del muchacho, deslizándose fuera de la cama sin mediar palabra y dándole la espalda al chico para empezar a vestirse, para su alivio. Mientras lo hace escucha unos conocidos pasos atravesar la puerta de entrada y una voz también algo familiar profiriendo quejas ahogadas.

—Creo que Aidan ha llegado y trae compañía —dice sonriéndole seductoramente a Liu. —. Sé bueno y quédate aquí mientras esté abajo, cuando hayas acabado puedes bajar a comer. No es necesario que me esperes despierto, descansa, lo necesitas.

Liu suspira aliviado.

 

 

 

Capítulo 42

 

Xander se sorprende al ver a Aidan, no tanto por sus labios rojos o la sangre que chorrea de su poca hasta su barbilla y se pierde en su cuello, sino por el hecho de que carga sobre uno de sus hombros a un joven de piel besada por el sol y cabello mullido y grisáceo como una nube tormentosa. Los ojos claros del muchachito amordazado se iluminan cuando lo ve y empieza a intentar chillar a través de la pieza de ropa empapada en sangre que cubre su boca, como queriendo llamar su atención.

—He encontrado esto —dice Jeremy lanzando al chico al suelo entre ambos. El peliblanco, que tiene los tobillos y las muñecas atadas con la misma ropa rasgada y empapada en sangre, se golpea contra el piso dolorosamente y calla de golpe mientras se hace un ovillo en el suelo —. Te avisé de que creí que otro vampiro rondaba por la zona y este chico… no tiene mordidas, pero siento que un vampiro lo ha marcado con su presencia. He pensado que podría traértelo para que lo… hagas hablar.

El rubio alza sus cejas con sorpresa y acto seguido se echa a reír. Aidan frunce su ceño, confundido, y luego el vampiro de más edad se acerca a él con cuidado de no pisar a la presa que hay en el suelo. Xander lo coloca una mano en la mejilla y otra en la cintura, ambas posadas con una delicadeza que le hace dudar de si siquiera lo está tocando, pero entonces lo atrae hacia él.

—Tan servicial, Aidan —halaga Xander y su voz es melosa y pesada, suficiente para embotar los sentidos del vampiro de cabello oscuro y hacerlo sentir mareado. Borracho. Humano otra vez. A veces Aidan siente que incluso si ha olvidado la época en la que era mortal, puede recordarla solo con estar cerca de Xander, no su vista específica, pero sí la sensación de pequeñez, de las rodillas débiles, de un nudo en la garganta—, y pensar que unos días atrás rompí tu hermosa cara contra el suelo… —murmura, acariciando su mejilla, viendo el miedo cruzar fugazmente los ojos de Aidan al recordar qué pasó cuando posó sus manos sobre Liu. Se siente avergonzado. Humillado. Enfadado. Y es que a veces Xander, con su grandiosidad, le hace sentir insignificante de un modo de delicioso, pero otras siente que está siendo retado y realmente desea luchar y ganar —Te agradezco este… —el hombre se voltea para mirar al chico en el suelo, sonriendo ladinamente —juguete que me has traído. Me servirá para distraerme un rato, aunque no creo que pueda darme ninguna información. Posiblemente has advertido mi presencia en él, pues lo usé hace unos días.

Aidan traga saliva cuando su amigo usa un tono ronco y lascivo, su mano baja del rostro del pelinegro a su cuello y lo aprieta levemente cuando dice la palabra usar, haciendo al vampiro apartar la vista.

—No tiene marcas de colmillos —replica Aidan confundido y se muerde la lengua porque desearía tanto que su voz no hubiese sonado tan chiquitita e insegura.

—No lo usé para eso, es prostituto —responde Xander, de nuevo usando ese tono meloso que parece derramarse entre sus cuerpos como una caricia. La mano baja del cuello al pecho, la palma se posa sobre el lugar donde Xander debería sentir un latido si Aidan tuviese un corazón.

Su pecho es silencioso.

Xander empuja levemente a su amigo con la mano que ha puesto sobre su torso. El gesto es gentil, como queriendo crear una necesaria distancia entre ambos, aunque su sonrisa traviesa demuestra otra cosa.

El rubio se voltea y toma al muchacho peliblanco del suelo, echándoselo al hombro sin cuidado mientras el chico jadea contra su mordaza ensangrentada.

—Me lo llevaré abajo, asegúrate de que Liu no se inmiscuye, si puedes. Ah, y dale algo de comer y para el dolor.

Aidan asiente sin decir nada, solo apretando su mandíbula. Sabe que su amigo le ha pedido que haga esas cosas, pero en el fondo sus palabras, por muy aterciopeladas que sean siempre, se sienten como una orden. Y él obedece, siempre lo hace, porque Xander también ha hecho muchas cosas por él en el pasado, pero mientras los actos del rubio se sienten como un favor, los suyos siempre le dejan el amargo sabor de la obediencia en la boca.

Aidan sabe que Xander no puede evitar ser poderoso, más que él, pero del mismo modo él no puede evitar querer demostrarle que su fuerza no es despreciable, que él también puede tener poder, mirarlo desde arriba en vez de desde abajo. Y cuanto más piensa en cómo Xander jamás podría concebir algo así, más rabia hierve en su interior, la bilis de la ira deshaciendo la admiración, la lealtad que siente cada vez que Xander lo deslumbra con un brillo que, en él, parece desvaído.

Le gustaría poder dejar de sentir envidia, pero, para ello, debe escalar al mismo nivel que Xander. Debe poseer lo que él tiene.

Así que Aidan sonríe maliciosamente, sus colmillos creciendo hasta rozar el labio inferior, y asciende por las escaleras mientras Xander abre la trampilla al sótano y se lleva consigo a su presa. Aidan no siente envidia en ese momento, pues él también tiene una presa que obtener allí a donde va.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Capítulo 43

 

El muchacho de cabello blanco se destroza la voz contra la tela húmeda que le tapa la boca, gritando y gritando para que Xander se la quite, como si acaso eso fuera a romper una maldición y salvarlo del destino que le espera. Sin embargo, cuando el vampiro termina de bajar las escaleras del sótano y enciende la luz, se hace el silencio de pronto.

Jeremy no puede tan siquiera gritar cuando el horror de esa estancia lo golpea: paredes de fría y árida piedra lo rodean y de ellas brotan grilletes de hierro y cadenas, enganches para colgar, sobre ellas, intimidantes aparatos que incluso si no reconoce, sabe que no pueden tener otro fin que la tortura. Mueve un poco su cabeza, examinando el resto del espacio donde está y su corazón da un brinco cuando el vampiro se lo impide arrojándolo con violencia sobre una fría mesa de piedra, en cada extremo de la cual hay grilletes para sus muñecas y tobillos. Quiere huir, pero el vampiro lo deposita tan rudamente sobre la superficie que todo el aire le escapa de los pulmones de golpe y por unos segundos solo puede quedarse tendido bocarriba mirando los ganchos de hierro que cuelgan del techo y de donde imagina que penderá su cuerpo sin vida en unos minutos. <<A menos que haga algo>>

—No pensé que volvería a verte ¿Jeffrey? —comenta el vampiro risueño, ajustando causalmente la medida de los grilletes para que no dejen a su víctima una mínima oportunidad de escapar. 

Jeremy se retuerce en la mesa y vuelve a empezar con sus gritos a lo que Xander responde irritado, callándolo de golpe.

—¡Cierra la boca!

El grito habría bastado para silenciar a Jeremy, tan rudo y afilado como una espada atravesando el cráneo del muchacho de una oreja a otra. Aun así, Xander acompaña su orden con un golpe: toma al chico por el cabello y estrella la parte de atrás de su cabeza contra la roca en la que está tendido.

Jeremy siente el dolor estallarle en el cerebro y este convirtiéndose en puré. No puede tan siquiera formular frases en su cabeza, solo pensar en la sensación caliente que inunda la cama de piedra, como una sábana entre esta y su cuerpo que se extiende poco a poco.

Tarda varios minutos en darse cuenta de que es su sangre y, para entonces, el vampiro ya le ha sacado la mordaza, pero él está demasiado mareado para hacer más que dejar hilos de saliva escurrir por sus comisuras. Xander rompe las ataduras que el muchacho lleva en sus muñecas y en sus tobillos y lo toma por el derecho, dispuesto a encerrarlo en el grillete.

En ese momento un chispazo de pánico atraviesa a Jeremy, despertándolo lo suficiente como para patalear y gritar.

—¡No! ¡Espera, por favor! No puedes… no p-

Xander aprieta más duro el tobillo en su mano y Jeremy grita tanto como sus pulmones le permiten. Incluso cuando cierra los ojos para berrear de dolor, puede formarse en la negrura de sus párpados un esquema perfecto de los pequeños huesos en su tobillo y de como, bajo el agarre de Xander, una línea roja de dolor los atraviesa antes de que se quiebren.

<<Puedo huir con un tobillo roto. Pero no con uno engrilletado. Voy bien, lo estoy haciendo bien. Tengo que ganar más tiempo>> se dice el chico mientras respira agitadamente, tratando de calmarse.

—¿Qué? —pregunta el hombre de ojos rojos de mala gana y aunque suelta su inflamado tobillo en vez de atraparlo en el grillete, ahora toma su muñeca derecha.

Jeremy reconoce lo que es, una amenaza: <<Por cada vez que me hagas perder el tiempo, una articulación rota.>>

—¿Piensas que te guardo aprecio por haberte follado? Si es así, deberías deshacerte de esa idea, a menos que te reconforte la idea de morir creyendo una mentira tan patética.

—M-me debes una, no puedes matarme. No me pagaste el otro día, l-lo mínimo es que me dejes vivir ahora. —dice el muchacho intentando sonar lo más seguro que puede y es cierto que su voz tiembla y que los jadeos interrumpen sus palabras, pero logra decir toda la frase de una sola sentada y mantenerle la mirada al vampiro, así que se siente satisfecho. 

Hasta que siente la presión aumentando en su muñeca. Jeremy grita y llora, las uñas de la mano izquierda clavadas alrededor de los dedos que, esta vez, planean romper sus huesos tan poco a poco que desee morir.

—Tu cuerpo tan siquiera fue suficiente para hacer que me corriese y si no me vales para eso, me valdrás de cena —espeta Xander atravesando al muchacho que se retuerce bajo su agarre con una mirada dura.

Jeremy se arrepiente de haber creído que ser rudo iba a lograr echar para atrás al vampiro y, viendo que lo ha tomado como un reto, intenta algo distinto.

—¡Lo siento! —chilla entre lágrimas y gemidos de dolor—¡P-Puedo hacerlo bien esta vez! Pu-puedo darte mucho placer, por favor ¡Por favor! Haré lo que desees, cuando lo desees, a c-cambio de mi vida, lo ruego…

Xander relaja la presión en la muñeca del muchacho, rebajando sus gritos a meros sollozos y quejidos de dolor. El muchacho se friega la articulación roja y morada. No la ha roto, pero está seguro de que está dislocada.

—¿Y qué crees que puedes ofrecerme a tú a mí? —pregunta risueño, andando en círculos entorno a la mesa de piedra con las manos a la espalda y una mirada entretenida en sus ojos rojos.

—Todo lo que desees… —murmura Jeremy seductor, su tono aterciopelado, sus labios hinchados y entreabiertos, repasados por la punta rosada de su lengua, las pestañas blancas batiéndose despacio. El chico trata de esconder su dolor y se tiende dócilmente sobre la piedra, como un amante esperando a su compañero en la cama.

Xander debe admitir que el muchacho luce apetecible, pero no puede evitar reír ante su vano intento de salvarse.

—Tú no puedes darme lo que quiero —responde cruelmente y es ahora la muñeca izquierda la que queda apresada en el puño del vampiro.

El corazón de Jeremy da un vuelco. Su otra muñeca y su tobillo derecho laten dolorosamente y puede sentir esas extremidades entumeciéndose, como si se volviese poco a poco un muñeco de trapo. No puede permitirse esta también. Tampoco puede permitirse perder mucho tiempo: la cabeza le da vueltas y la sangre sigue manando de esta, manchando su pelo blanco, escurriendo por su cuerpo y derramando la poca consciencia que le queda.

—¿Entonces quién? —pregunta el chico desesperado —¿Hay alguien que pueda complacerte de veras? Prometo ser mejor, hacerlo mejor. Lo juro, si solo me das la op-

Xander no necesita golpearlo esta vez, solo apretar su mano un poco alrededor de los débiles huesos del chico. Jeremy enmudece de pronto, entendiendo su error, su insulto hacia el objeto de deseo de ese vampiro.

En ese instante sabe que no hay nada que pueda decir que vaya a comprar su salvación.

<<Voy a morir>>

Palidece.

Su cabeza se queda en blanco de pronto y se pregunta por qué no pasan sus recuerdos por ella como una bonita película antes de morir ¿O es que acaso no hay recuerdos bellos que merezca la pena saborear de nuevo hasta que se pierdan para siempre? Los ojos de Jeremy se llenan de lágrimas.

No recuerda un solo día feliz en su infancia. No recuerda una sola sonrisa de su padre. No sabe el nombre de su padre. Solloza cuando la otra mano de Xander lo toma por el cuello, dispuesto a rompérselo. No recuerda ya la voz de su hermana, apenas su bondad, tan ausente, pero necesaria. La presión aumenta. En su muñeca primero. En su garganta después. Los ojos de Xander brillan como el fuego y en los de Jeremy la luz parpadea mientras hace ruiditos ahogados.

<<Nada bueno. No se me ocurre nada que pensar antes de morir. He vivido para nada>>

—¡Xander!

Jeremy parpadea y como si esa tenue voz que ha chillado en la distancia fuese una especie de conjuro, el vampiro ha desaparecido. Mira a su alrededor temblando como un cachorrito temeroso y desorientado. <<No está ¡No está!>>

No entiende que ha pasado, pero entiende lo suficiente como saber que esa es su única oportunidad para sobrevivir, un milagro oficiado por el ángel que ha invocado a ese vampiro lejos de él. Jeremy se levanta con dificultad, su pelo enmarañado por la sangre medio seca, su mano colgando dolorosamente del brazo y uno de sus pies mandando punzadas de dolor a todo su cuerpo cuando lo apoya en el suelo. Pero no importa. Lo que importa es vivir pese al dolor, así que Jeremy corre, cada paso un latigazo de dolor, y logra salir al primer piso de esa casa, donde el otro aterrador vampiro lo ha traído amordazado y atado.

Mira alrededor con pánico <<¡¿No hay ventanas?!>> pero su corazón se inunda de alivio cuando ve un enorme pórtico medio abierto, lo suficiente como para que un humano de su tamaño pase por el hueco. 

Jeremy se desliza por él y corre sin ningún objetivo más que dejar atrás el terrible infierno que acaba de visitar. Cuanto más se aleja del lugar, más paz le llena el corazón y más dolor el cuerpo, pues ahora que su vista no está en riesgo, se permite sentir. 

Y Jeremy no solo siente su cuerpo débil por la pérdida de sangre o su cabeza pegajosa y dolorida por la herida abierta en la parte de atrás, no solo siente su muñeca como una articulación oxidada que no puede mover o su tobillo como rodeado por una banda de clavos que se le insertan hasta la médula cada vez que aplica presión. También siente una sábana oscura envolviéndolo, una tristeza lenta, profunda y sin lágrimas. La de darse cuenta de que, hasta ahora, no ha vivido un solo día de su vida. Solo ha sobrevivido.

Su instinto le gruñe que es lo que debe hacer.

Su corazón, sin embargo, está cansado de arrastrarse día tras día solo para llegar al final.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 44

 

Liu contempla con horror como la puerta de la habitación se abre pocos minutos después de que Xander haya salido por ella. Al otro lado hay un vampiro que muy amablemente sostiene un poco de comida para él en una mano y su medicación para el dolor y la anemia en la otra.

Solo que no es el vampiro que estaba.

Liu saluda al hombre de cabello negro y ojos felinos con lo que intenta que sea una amable sonrisa, pero termina siendo una mueca incómoda. Agarra con fuerza las sábanas cuando el vampiro cierra la puerta y empequeñece cuando este se acerca a la cama, dejando las cosas sobre el buró. Liu mira el bocadillo y los tarros de pastillas con recelo, luego mira a Aidan, que se inclina hacia él demasiado.

—Xander me ha mandado a hacer de niñero de su presa de nuevo —dice el hombre, risueño, y mostrando sus colmillos de nuevo —. Y esta vez, Liu —su nombre reverbera, ronco, cavernoso, entre sus labios de una forma que eriza el vello del cuerpo del humano —, Xander se ha ofrecido a darme algo a cambio de ello ¿Sabes el qué?

Liu niega despacio, tragando saliva. Sabe lo que Aidan dirá, no porque Xander se lo haya dicho a él antes, no porque sepa él también leer mentes, sino porque la expresión del rostro de Aidan es tan vil y llena de sádica diversión, que no podría esperar otra cosa.

Aidan se inclina sobre el cuello del chico, sus labios rozándole la oreja, y murmura:

—Tu amo me ha dado permiso para usarte un rato.

Aidan ríe suavemente al escuchar el jadeo de Liu; también le parece divertida la expresión de duda en su cara mientras se debate entre si creer la mentira de Aidan y rendirse a sus deseos o resistirse, incluso sabiendo que el otro puede tomar de él lo que desee.

—Ahora, Liu —su mano se desliza por la cama y hasta la cintura del chico. Aidan siente un gran placer al notar la piel cálida bajo su tacto y al sentir el vientre del chico hundirse por la impresión cuando lo rodea con una sola mano —, no tienes que temer. No seré brusco, como Xander, no si eres obediente. —su mano asciende de su cintura a su pecho por debajo de la ropa, tocando su piel desnuda, sintiéndola erizarse bajo el hormigueo que su caricia le produce.

Y sabe que Liu halla cierto confort en él. En la suavidad de su voz y las promesas de gentiles de sus palabras. En lo muy poco a poco que lo toca, como esperando a que se siente cómodo.

Incluso si Liu es apetecible, Aidan no siente deseos de contenerse con él, pero hacerlo le da un grato resultado: el chico temblando sumisamente bajo su tacto de la forma que Xander tanto desea obtener. 

—Es-espera —murmura el chico, pero su mano no se atreve a interferir con el tracto de la de Aidan. Los dedos largos del ser acarician ahora sus clavículas, tentativamente subiendo a su garganta y rozando las marcas que la mano de Xander dejó ayer cuando lo ahogó —, no sé… n-necesito hablar con Xander. Él no… n-no creo que él te haya dicho que…

—Xander me ha dicho muchas cosas, Liu —su otra mano reposa ahora en la espalda baja del chico, obligándola a curvarse cuando el vampiro quiere que el chico saque pecho para poder deslizar mejor la palma de la otra sobre sus pezones y observar las deleitosas reacciones.

Tira un poco de su cuerpo ahora que tiene una mano en su espalda, acercándose al muchacho más y más.

—Me ha contado que sucedió ayer —miente mientras sus ojos se clavan en el cuello del muchacho, tratando de deducir algo que pueda serle útil. —, me ha contado que le cuesta conservar la paciencia contigo. —sonríe cuando Liu aparta la mirada avergonzado y trata de balbucear una excusa: ha dado en el clavo —Por eso me ha pedido que me encargue yo de ti hoy mientras él se permite ser rudo con otra presa.

Liu lo mira de pronto alarmado y Aidan se enternece al ver el pánico en la mirada del muchacho. No miedo por sí mismo, sino terror por saber que otro está sufriendo a manos de su demonio. Pero pronto esa urgencia de salvarlo, de ayudar, se diluye en una triste aceptación de que primer debe salvarse a sí mismo de Aidan.

—Xander está harto de que no seas dócil en sus manos, no tanto como querría. Y ha pensado que quizá yo pueda ayudar con eso, pues tengo un poco más de delicadeza que él. Necesito que me demuestres, Liu, que te entregas a él, a nosotros, de lo contrario, si Xander ve que no puede tenerte como te desea… quizá prefiera —Aidan sonríe cuando nota que Liu está reteniendo la respiración, que su cuerpo está rígido y sus ojos poco a poco se cubren de una brillante película de lágrimas —desecharte.

<<No quiero morir>>

Aidan baja el cuello del chico tan pronto escucha ese pensamiento y sabe que si tira de los hilos adecuados, tendrá al chico como desea, como Xander desea. Empieza besando los moratones en su garganta con mucho cuidado, depositando allí donde el rubio dejó marcadas dolorosas, un agradable contacto.

Liu gimotea entre sus brazos, su cuerpo retorciéndose para huir de las nuevas sensaciones, pero es mantenido quieto por las manos de Aidan. Sus manos grandes y fuertes, tan abrumadoras como las de su demonio, pero afortunadamente menos dolorosas. La lengua asciende por su cuello poco a poco, lame su lóbulo, da una precisa pincelada húmeda al contorno del cartílago de su oreja y lame también las lágrimas de su mejilla, como si Aidan no fuese más que un gentil, pero gran felino, y luego los labios del vampiro rozan los suyos. Tan cerca. Demasiado cerca.

—Abre la boca —ordena Aidan, solo que la orden es tan suave que suena como una petición y Liu quiere obedecer. Al menos una parte de él. Otras dos no quieren, una por temor a Alex. Otra porque opina que Liu no merece tanta dulzura. Merece solo besos robados. Sangrantes.

Besos que saben a mordisco.

—Espera —murmura Liu, todavía jadeante, todavía perdido en los placeres que Aidan le promete —, ne-necesito ver a Xander, necesito…

—No está aquí —responde el otro, pero su voz suena de pronto mordaz y ácida, como si su máscara de amabilidad se hubiese roto.

Un temblor nervioso recorre el cuerpo del chico, así como la desconfianza.

—Puedo llamarle. —dice el muchacho, pero su voz no ha sonado suficientemente segura, así que añade: —G-gritaré si sigues. Y él vendrá.

La mano alrededor de su cintura se aprieta dolorosamente y Liu gimotea. Aidan relaja su agarre, incluso si le cuesta más fuerza de voluntad de la que jamás pensé necesitar, y hace su mejor esfuerzo por borrar la ira de su rostro y mirar a Liu con ojos dulces, empalagosos.

—Hazlo si lo deseas, Liu, pero no vendrá por ti. Te ha dejado en mis manos esta noche, así que ya espera que te haga gritar…

El pecho de Liu sube y baja nerviosamente y su corazón se debate. Si llama a Xander y Aidan resultar estar diciendo la verdad eso solo enfadará al pelinegro, solo hará de esa noche otra tortura y esta vez a manos de un verdugo cuyos puntos débiles desconoce. Pero si sucumbe y Aidan resulta no estar siendo sincero, Liu está convencido de que Xander estará tan iracundo que solo verá rojo y no parara hasta reducirlos a ambos al mismo color: sangre derramada.

Liu traga saliva. Toma aire. Y se queda en silencio un segundo. Dos. Tres.

Aidan sonríe al ver su inacción y se inclina, su boca abriéndose entorno a la de Liu. La del humano se abre también ante el beso, solo que él grita:

—¡Xander!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 45

 

Los ojos de Liu se abren desorbitadamente. La mano de Aidan es ligeramente más pequeña que la de Xander, pero se siente igual de intimidante. Sobre todo cuando la tiene enroscada alrededor del cuello. Apretando. Duro.

—Pequeño hijo de puta —murmura Aidan cerca del rostro de Liu y el suyo propio parece deformarse, como si la expresión amable de hace unos minutos se derritiese, desvelando bajo esta el rostro de un verdadero demonio.

La puerta de la habitación se abre de par en par y Aidan suelta a Liu con rabia, tirándolo ahora contra el suelo. El chico se lleva las manos al cuello y tose y jadea y lucha por aire todo al mismo tiempo, ahogándose todavía.

Xander observa la escena con el ceño fruncido y la mandíbula apretada. Tiene los ojos brillando de rabia, los nudillos blancos y los colmillos más largos de lo que Liu los ha visto jamás.

En un parpadeo, la bestia rubia pasa de estar frente a la puerta de la habitación a justo en frente de Aidan y ahora es el cuello del vampiro más joven el que está siendo rodeado por una poderosa y gran mano.

Liu abre los ojos con horror viendo como los pies de Aidan se elevan del suelo mientras Xander lo alza con la fuerza de una sola mano. Aidan no patalea ni busca liberarse, solo jadea preso de los dedos del más mayor y lo mira desde arriba luchando por no perder el conocimiento.

La mano de Xander se cierra más aún y Liu se siente capaz de desmayarse cuando escucha el pequeño, húmedo crujido y comprende que es el cuello de Aidan. Xander arroja el cuerpo de su amigo contra la pared y Liu corre a arrastrarse bajo la cama para buscar refugio cuando escucha el enorme estruendo y la nube de yeso y polvo envuelve toda la estancia. 

Desde ese lugar y mientras el nubarrón que se ha formado cae en forma de pequeñas partículas al suelo, Liu ve la ancha espalda de Alexander, el boquete en la pared que parece haber sido echo con una pesada bola de hierro y luego el cuerpo inerte de Aidan en el suelo. El vampiro no puede mover más que los dedos de sus manos y sus ojos, el resto de su imponente figura ha sido reducida a una enorme masa que se contrae y convulsiona ocasionalmente, incapaz de coordinarse.

El cuello de Aidan está más alargado de lo normal y más fino. Liu no puede apartar los ojos de la extraña imagen incluso si le causa repulsión: la cabeza girada en un ángulo imposible, la piel de la garganta tan estirada que se ha estriado y parece una goma dada de sí, a punto de romperse. 

Y entonces Xander hace lo impensable: pone un pie sobre el pecho de Aidan, apretando firmemente, toma la cabeza del vampiro con sus dos manos y tira de ella hacia arriba mientras mantiene el cuerpo clavado al suelo.

Liu chilla mientras ve la piel de su garganta estirarse y estirarse, cada vez más delgada, hasta que se rasga y finalmente la cabeza de Aidan se separa del cuerpo. La sangre le salpica el rostro y Liu enmudece de pronto.

El cuerpo de Aidan está inquietantemente quieto, una quietud solo propia de la muerte, y en su cuello roto Liu puede observar con demasiado detalle la piel echa girones, como un trapo viejo roto por la fuerza de unas manos violentas y, dentro de esa rota capa, la sangre brotando del músculo hecho pedazos, brillante y viscoso.

 Si se fija (cosa que hace en contra de su voluntad y su sentido común) Liu es capaz de ver el hueco abierto de la laringe escupiendo sangre como una pequeña boca que vomita sus propias vísceras y, bajo la brillantez del líquido rojo que empieza a avanzar hacia él por el suelo, Liu ve también la blancura de los huesos de la columna, partida y ligeramente sobresaliendo del cuello descabezado como una serpiente muerta.

Puede distinguir las vértebras y la formas en que se han quebrado y sus pedazos quedan esparcidos en el charco de sangre o colgando de la línea principal, aún unidas al cuerpo por fibrosas venas y tendones que los sostienen.

Liu intenta apartar la vista, asqueado, pero entonces se encuentra con el puño de Xander y este sostiene la cabeza de Aidan por el pelo.

Y la cabeza lo hace chillar de nuevo, no por como chorrea sangre también o por cómo luce la piel rota que de vez en cuando se desprende y cae al suelo con un ruido húmedo, tampoco por la forma en que los pedazos de columna que cuelgan parecen una extraña y rígida cola, sino porque el rostro de Aidan, a diferencia de su cuerpo, si está vivo, y su expresión de dolor es terrible.

Xander lo deja en el suelo a unos centímetros de su cuerpo y mirándolo a él, que se acuclilla para que sus ojos alcancen a ver la expresión tranquila y decepcionada en su rostro.

Lo mira a los ojos unos segundos, no pareciendo recrearse en el dolor de los de Aidan, fuertemente cerrados y llorando lágrimas de sangre mientras sus labios profieren jadeos y quejidos ahogados, sino más bien observando su obra como si sopesase si debe seguir o detenerse.

Y la respuesta llega cuando Xander se levanta y va de nuevo hacia el cuerpo, se arrodilla, alza su mano derecha, y golpea el pecho de Aidan. No, Liu se fija mejor, no lo golpe: lo atraviesa con los dedos como si sus yemas fuesen un fijo y la carne de Aidan mantequilla caliente. El cuerpo tiene un espasmo y profiere un sonido húmedo y repugnante cuando le abre el pecho y Xander se remanga el antebrazo, aunque la sangre ya le ha salpicado ahí, así como en el cabello, en las mejillas, en la boca. Liu respira agitado, creyendo que sus ojos le mienten o que quizá es todo una realista pesadilla, pero sabe que su mente no inventaría algo tan macabro cuando el vampiro rebusca en la cavidad torácica del otro, uno sonido pastoso acompaña a cada movimiento de su mano, y finalmente retira su extremidad del cuerpo con algo entre sus garras: el corazón de Aidan.

Xander vuelve a acuclillarse frente a la cabeza del otro vampiro que tiene el rostro contorsionado en una mueca de dolor, pero por fin ha abierto y los ojos. Xander tirá el corazón al suelo, justo delante de su propietario, y hace un sonido mojado y blando que hace a Liu llevarse la mano al pecho y desear lanzar el suyo por la ventana.

—Podría clavar mis colmillos ahora mismo en tu corazón —dice Xander y su voz suena tan calmada que pareciera que está simplemente constatando un hecho, no haciendo una amenaza —. Beberme tu patético poder. Podría matarte.

<<Así es como lo hacen…>>

Xander voltea rápidamente la cabeza hacia el hueco de delante de la cama, mirando al escondido humano con ojos asesinos. Liu recula en su hueco, atemorizado a más no poder, y se pone una mano sobre la boca como si hubiese dicho en alto ese pensamiento.

—¿P-por un humano? —pregunta Aidan, hablando con dificultad. Su voz se siente baja y rasposa, como si estuviese afónico. Liu alza las cejas con sorpresa por el hecho de que pueda siquiera hablar.

—Por faltarme al respeto. —espetó en respuesta. Su tono era duro y rápido, su voz un golpe dando de lleno en el orgullo de Aidan. —¿Acaso te he faltado yo al respeto de algún modo? ¿Te he hecho algún mal al ofrecerte vivir a mi lado como para que ahora trates de vengarte tomando lo que me pertenece? Dilo, Aidan ¿O es que simplemente prefieres convertir a tu amigo en un enemigo por una mera presa? Han sido muchos años, cachorrito, como para que desprecies de ese modo mi amistad. Me dueles Aidan, por eso creo que lo justo es que yo te devuelva ese dolor…

La cabeza de Aidan vuelve a arrugarse con una mueca llena de intensidad, pero no de dolor esta vez. Los ojos del vampiro mutilado se apartan de los de su superior y caen sobre su corazón, mirándolo con inquietud.

—¿Va a ser así? ¿Voy a morir en tus manos? —pregunta y Liu habría pensado, por su tono de voz, que el vampiro iba a echarse a llorar. En vez de eso, escupe una irónica y corta risa. —Eso es precisamente lo que me has hecho, Xander. Siento que mi vida te pertenece, que soy… insignificante ¿Acaso no crees que estoy en mi derecho de conseguir algo que tu deseas para demostrar mi valía?

Xander frunce el ceño, extrañado y entonces toma los cabellos brillantes de sangre de Aidan y maneja su rostro a su antojo, haciéndolo verlo a los ojos.

—¿Qué estás diciendo, Aidan? Tu vida en mis manos… ahora lo está, es cierto, porque me has enfadado lo suficiente, pero todo el resto del tiempo tú y yo hemos sido compañeros de eternidad, iguales, hemo-

—¡Iguales! —chilla el pelinegro sin cuerpo de pronto, su tono lleno de horror y sarcasmo en la misma medida —Quizá tu no sientes que nuestra amistad sea una competición, pero es sencillo para ti… ganas siquiera sin darte cuenta y yo… yo tengo que ver como eres más fuerte, más rápido, más adorado y más astuto, como cada año que pasa la distancia que nos separa se hace más vasta y como yo me quedo atrás. Me haces sentir débil, Xander, me has sentir como… como cuando…

Pero Aidan no termina su frase, solo cierra los ojos con fuerza, una lágrimas sangrienta escurriendo por cada mejilla, y se muerde el labio como si solo así pudiese detenerse a sí mismo de seguir hablando. De escupir una verdad que lucha por salir a la luz.

Liu, agazapado en un rincón, se siente confuso por esa conversación ¿Él es solo el daño colateral de la celosía de Aidan? ¿Un mero premio a conseguir para poder proclamarse ganador? La piel se le eriza cuando piensa la forma en que ese vampiro ha estado a punto de tomarlo por un objetivo tan banal, a punto de destrozar más aún su alma por mera satisfacción personal.

—Aidan —lo interrumpe, pero su tono es ahora suave y sostiene el rostro no ya tomándolo bruscamente del pelo, sino acunando la cabeza amablemente entre sus manos, las palmas en las mejillas de Aidan y los pulgares barriendo las lágrimas que caen de sus desconsolados ojos —, esta necesidad de superarme, de probarte ante mí ¿Es acaso porque me guardas rencor por… por cómo te entrené?

Xander se muerde el labio y mira a Liu de soslayo. Un río de arrepentimiento le baja por la garganta hasta el pecho y puede sentir las nudosas convicciones de toda su eternidad desbaratándose, haciéndole dudar.

El rubio recuerda cuando Aidan era un neófito cuyas memorias mortales se negaban a abandonar su mente inmortal. Al ver un demonio tan lleno de humanidad Xander pensó que estaba maldito, condenado, que sus recuerdos, que su amor eran solo síntomas de debilidad, el inicio de una enfermedad que truncaría el poder que aguardaba en su interior. 

Él solo quería curarlo.

Pensó que le hacía un favor, que le otorgaba un regalo. Ahora se pregunta si acaso no le quitó algo irrecuperable. Algo precioso, pequeño y frágil que ahora él desea con toda su alma poder volver a tener en el pecho.

—Me hiciste fuerte —dice Aidan en un susurro, reconociendo esa verdad de forma solemne, llena de admiración —y te respeto por ello, te siento como un maestro, como alguien a quien debo lealtad, a quien admiro, pero… me hiciste sentir patético también. Y cada vez que recuerdo que podrías tenerme a tus pies con solo desearlo no me siento solo fiel o devoto o lleno de admiración por ti. También me siento lleno de rabia y de envidia. Siento que me enseñaste a ser fuerte pero jamás más que tú.

—No puedes culparme de mi naturaleza, Aidan —le reprende suavemente Xander mientras acaricia su mejilla —, pero sí de mis actos. No me disculparé por ser más poderoso que tú, porque yo sé que mientras seas un buen compañero, usaré ese poder para protegerte, pero tienes que ser bueno, Aidan —y el muchacho, tal como un pupilo avergonzado, enrojece y asiente a regañadientes. —Pero sí me disculparé por lo que te hice, por la forma en que te traté como una presa aquella primera semana de tu nueva vida.

Aidan asiente y llora de nuevo, pero ahora sus lágrimas se tiñen de alivio, no de dolor. En ese instante la idea de superar a Xander se desvanece en el aire como niebla disolviéndose poco a poco en el paisaje y una extraña paz le embriaga el corazón. <<¿Una disculpa?>> se pregunta, casi con ganas de reír <<¿Eso he querido todo este tiempo? Que Xander lo admita, que diga en alto que lo que hizo estuvo mal, que se muestre dolido, arrepentido… vulnerable. Como a mí me hace sentir.>>

Pero la paz de Aidan es parcial, porque incluso si atisba la posibilidad de perdonar, olvidar no es siquiera una opción. Y sabe que si sigue su eternidad al lado de Xander deberá dejar atrás sus sentimientos amargos y venenosos antes de que entre ambos la muerte se imponga como una necesidad, pero eso no significa dejar atrás el pasado. Significa convivir con él.

Aprender a ver a Xander y soportar, cuando su mirada es dura y sus palabras férreas, el recuerdo de cómo sonaba cuando le dio aquella orden.

<<Mátalo>> Aidan aprieta los labios. <<Mata a tu amor>>

Aidan se deshace en lágrimas recordando aquella semana. La semana tras ser convertido en vampiro en que su maestro lo abandonó y Xander lo recogió de las calles, cual cachorrito. La semana en que Aidan confesó a Xander que no había olvidado su vida, no por completo, pues aún conservaba un recuerdo: <<Sé porque quería convertirme en vampiro. Para convertir también al hombre al que amo y pasar la eternidad juntos>>

Aquella semana en que Xander le juró que le ayudaría a olvidar su humanidad. En que lo encadenó y lo torturó hasta familiarizar su piel con el dolor. En que lo desangró hasta que quedó vacío de vida y lleno de ganas de matar. 

Aquella semana en la que arrastró a su celda el único rostro que recordaba de su vida humana y que ahora no puede reproducir en su mente. El rostro de su amado. Aquella semana en que le ofreció dos opciones: Morir como un mortal o matar a uno y ser algo más. Algo mejor.

Aidan recuerda debatirse entre sus instintos y su humanidad, aunque no recuerda como la humanidad se sentía. No recuerda el amor. O el nombre de su primera víctima. Pero recuerda matarlo con lágrimas en los ojos y con una rabia que le envolvía el corazón como espinas. Una rabia que sigue clavada profunda y que lleva el nombre de Alexander.

Liu observa atónito como su demonio se comporta tierno con ese otro ser de maldad y deseo, como abraza su cabeza con fuerza y la consuela mientras llora. Como lo calma por un pecado que Liu desconoce y que parece, entre ambos, haber forjado una amargura que no se atenúa con los años pero que ahora parece recubrirse en miel.

Xander separa el rostro de Aidan de su pecho, contra el cual lo achuchaba, y dice, quitándole las lágrimas con el dorso de una mano:

—Siento el daño que te hice, Aidan, y si pudiese lo borraría. Siento que mi fuerza te intimide, pero quiero que sepas que la usaré para defenderte mientras no seamos enemigos, y espero que ese día no llegue nunca. Pero debes, entonces, no comportarte como un rival. Debes renunciar a esta estúpida competición. Y sé que quieres destruir algo importante para mí.

Sus ojos caen al suelo. Liu piensa al principio que quizá lo hacen con pesar o hasta vergüenza, pero descubre que Xander estaba buscando su mirada, como queriendo decirle algo con ella antes de apartarla.

—Igual que yo destruí algo importante para ti, pero debes renunciar a ello si quieres seguir a mi lado. Si no… te daré una oportunidad de escapar, pero la próxima vez que nos encontremos… voy a proteger lo que me pertenece, incluso si es de ti.

Aidan cierra los ojos pacíficamente y suspira, su cabeza luciendo más plácida de lo que Liu jamás habría podido imaginar para una que está cruelmente arrancada de su cuerpo.

—Lo siento, Xander. Quiero quedarme contigo, no volveré a retarte así de nuevo.

Xander le sonríe con ternura y colmillos al vampiro y Liu observa impresionado como el hombre devuelve el corazón al pecho de Aidan y una las dos partes desgarradas de su cuello, como si eso pudiese arreglar lo que ha hecho.

Resulta que puede. 

Los ojos de Liu se abren de par en par al ver cómo el cuerpo de Aidan de une de nuevo. ambos pedazos de su cuerpo se juntan como si las pequeñas fibras de cada mitad desgarrada (hilillos de piel, paredes de las venas, las fibras de los músculos…) se tendiesen la mano de un lado a otro, construyendo un puente entre la cabeza y el cuerpo, volviéndolos a unir poco a poco, primero formando una cicatriz ancha y rosada y, luego dejando la piel intacta.

Aidan abre y cierra las manos, acostumbrándose de nuevo a la sensación de tener un cuerpo, y luego se incorpora poco a poco hasta llegar a la altura de Xander. Baja la cabeza sumisamente ante su mirada y el otro se acerca un paso y le acaricia el cabello como a un cachorro, su boca peligrosamente cerca de la del otro vampiro.

—Ya está —murmura, reconfortante. —, todo esta bien ahora ¿Cierto?

Aidan asiente avergonzado.

—Lo siento…. amigo —susurra apenas audible y se retira de la habitación con pasos pequeños y tristes, arrastrando los pies.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 46

 

Xander cierra tranquilamente la puerta de su habitación después de que Aidan la deje. Por el tono de su voz, sabe que el moreno se arrepiente verdaderamente, pero que ni toda la culpa del mundo es capaz de borrar esa rabia que lleva incrustada en su interior, esa ansia de venganza que tiene clavada en el corazón como la última espinita de humanidad que reside en su cuerpo inmortal.

Aidan tiene demasiados sentimientos en su interior, todos ardiendo en ese momento y todos entremezclados en una fea amalgama. Necesita tiempo y templanza, dejar enfrías sus emociones y separarlas unas de otras, manejarlas, amasarlas hasta dejarlas suaves y lo suficientemente dóciles como para que no impidan su amistad con Xander ni le muerdan a él cuando las entrena.

Y Xander sabe todo eso, así que no le insiste a su amigo cuando se marcha de su dormitorio porque, además, necesita ocuparse ahora de una situación más urgente.

El rubio se dirige hacia la cama, bajo la cual escucha un corazón aletea agitado como un colibrí y unos dientes que castañean del miedo. Coge la parte final del somier de la cama con una mano y, con un movimiento lento , tanto que hasta parece fácil, levanta la cama del suelo como quien abre un pequeño baúl. Liu se encoge en su pequeña guarida, ahora desmantelada, y mira a su amo con los ojos bien abiertos y las mejillas húmedas de tanto llorar.

Xander piensa, por un momento, que cuando lo conoció sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos confundidos peque que, desde entonces, solo ha visto las primera húmedas de las lágrimas y los segundos inundados en ellas.

—¿Estás bien? —su voz sale rasposa, pero baja. Amable, dentro de lo que cabe.

—Es… estoy… c-creo que estoy bien. La sangre —traga saliva y al decirlo nota conscientemente que tiene las palmas de las manos húmedas de ella y el rostro salpicado; una gota se desliza por su mejilla hasta su labio —es de Aidan.

—Sal de ahí. —la orden es suave esta vez, más como un consejo, como una preocupación, que como una obligación.

Liu se siente ridículo de pronto y enrojece ¿Qué hace bajo la cama lloriqueando como un niño? ¿Por qué creído siquiera que eso podía protegerlo cuando Xander es capaz de levantar la estructura con una sola mano? El muchacho se desliza fuera del lugar donde estaba acurrucado y se para en frente de Xander con el cuerpo aún rígido y la cabeza baja. El vampiro deja delicadamente la cama en el mismo lugar y mira al chico.

<<¿Está aún enfadado? ¿Está aún agresivo? ¿Piensa que esto ha sido mi culpa? Si piensa que yo provoqué a Aidan o si cree que sin mi esto no habría pasado, va a hacer algo. A hacerme algo>> Liu aprieta con fuerza los puños y la mandíbula <<Va hacerme daño otra vez ¿Verdad?>>

—Que desastre —Xander alza su mano y Liu se encoge, pero su cuerpo se relaja cuando la palma cálida de Xander acuna su mejilla y pasa el pulgar por ella. No está seguro de si trata de limpiar sus lágrimas o la sangre; en cualquier caso, no es suficiente—. Necesitamos un baño.

Liu asiente y sigue al vampiro, teniendo cuidado de sortear el enorme charco de sangre que hay en medio de la habitación, a diferencia de Xander, que deja a su paso huellas rojas.

Cuando entran en el baño y el vampiro cierra la puerta una enorme sensación de paz lo invade, incluso si Xander ha cerrado con pestillo.

Todo es blanco y puro y si Liu no se mira en el espejo y no mira atrás, donde el vampiro tiene las manos rojas, la cara roja, los ojos rojos, pareciera que está en la antesala del cielo.

Avanza con pasos tímidos hacia la bañera, cuidado de no verse reflejado en el camino, y cuando llega a ella activa el agua caliente.

Sale del grifo echando un poco de humo directamente y Liu se queda embobado mirándolo, preguntándose cómo será ser una cosa tan inocua, tan inocente y grácil como vapor de agua. Una cosa que no puede mancharse de sangre ni sentir la pesadez de su cuerpo cuando manos indeseadas se posan sobre él, una cosa tan clara que uno puede ver a través de ella, sin secretos, ni pecados ni culpa sobre la consciencia.

—Ah… —la voz de Liu suena como una mezcla entre un gemido de sorpresa y una queja cuando las manos frías de Xander empiezan a retirarle la camiseta. 

Quiere pedirle que se detenga, que le deje unos minutos para superar el trauma de ver a Aidan mutilado <<Muerto, debería estar muerto>>, pero… pero las manos de Xander, que cualquiera habría dicho que están hechas solo para arrebatar y romper, para pudrir toda vida que acabe en ellas y marchitar toda belleza que arranquen, se sienten ahora amables.

Así que Liu no dice nada.

Los pezones se le erizan del frío cuando le tela abandona por completo su cuerpo y Liu se frota un brazo con la mano contraria, intentando tapar un poco de su menudo y pálido cuerpo. Puede sentir la mirara de Xander sobre sus hombros, puede sentir como el vampiro ve a la perfección la curva en su columna cuando se encoge sobe si mismo, el contorno de los omóplatos cuando se tensa, porque ahora la mano grande -y gentil, aún gentil, por suerte- está en su cadera. Un dedo se desliza dentro del elástico del pantalón. Y de la ropa interior.

Liu suspira y clava sus ojos en la bañera casi llena de agua. Ve su reflejo y, en él, la mano de Xander bajando su pantalón y su ropa interior, deslizándolos hasta que está desnudo. 

Liu cierra los ojos. Hay algo insoportable en la imagen de su cuerpo ¿Es la sangre de Aidan aplicándolo? ¿El miedo a no reconocerse a sí mismo? ¿El miedo a hacerlo incluso después de todo lo que le ha pasado porque, en el fondo, lo que es inalterable y el pasado jamás se borrará?

El muchacho abre los ojos cuando escucha el grifo parar de pronto y acto seguido el agua moviéndose. No sabe cuándo el vampiro se ha desnudado o cómo lo ha hecho con tanta discreción, pero ahora el rubio está totalmente desvestido ante él, metiéndose en la bañera mientras su presencia tiñe el agua cristalina de rojo.

—Ven —el tono es tan suave como sus manos, una de las cuales alcanza el brazo de Liu y tira de él guiándolo, más que forzándolo, y lo ayuda a entrar poco a poco en la bañera.

Xander está tumbado en ella, sus brazos apoyados en cada saliente de la tina y sus piernas cómodamente estiradas bajo el agua, ocupando toda la extensión del lugar. Liu entra con cuidado para no pisar al vampiro y este, cuando ve sus pasos dudosos, lo toma por la cintura además de por el brazo, como para darle estabilidad.

<<¿Por qué tan amable ahora? ¿Cómo puede siquiera ser así cuando hace minutos ha destrozado a un hombre, a su amigo, como si fuera un trozo de carne?>>

Ambas manos se deslizan hacia la estrechez de su cintura una vez ha puesto ambos pies bajo el agua y Xander lo maneja suavemente. Lo gira, para que le de la espalda, y abre sus propias piernas mientras lo empuja hacia abajo para que se hunda un poco en el agua, hasta el cuello, y se siente entre sus muslos.

Liu lo hace sin rechistar y agradece ver como el rojo abandona su cuerpo tan pronto el agua lo lame, aunque la imagen de estar bañándose en una piscina de sangre lo inquieta. Ve el cuerpo de Xander bajo el agua -sus gemelos definidos, sus muslos gruesos, las caderas un poco más anchas que su musculosa cintura, el abdomen marcado, su pecho amplio y cómodo donde ahora se reclina para tumbarse-, con un leve filtro rojo por la sangre y tiene la sensación de estar viendo a Alexander más fielmente que nunca.

Xander vierte algo de jabón en su mano derecha y luego la mano acaricia a Liu tan dulcemente que el chico cierra los ojos y tira su cabeza hacia detrás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 47

 

Es la primera vez que Liu siente la desnudez de Xander como algo íntimo. Hasta ahora su cuerpo desnudo o, al menos, las partes más privadas desnudas, han significado miedo. Una amenaza, un vaticinio de un acto que debería ser hermoso y que para Liu no es más que vulgar y sucio. La carne de Xander ha sido solo carne, pero ahora, extrañamente, es también candor. Sabe, de algún modo, que Xander no va a intentar tomarlo, y eso hace que se permita relajarse en sus brazos por ahora. Su piel jabonosa y húmeda resbala entre sus bíceps, su delgada espalda apoyada en su pecho, sintiendo el abdomen. Sus piernas finas siendo atrapadas por los grandes muslos de Xander. E incluso siente la intimidad del hombre apoyada en su espalda baja, un pedazo grande, pero suave de piel. 

Y ese contacto se siente extraño. La cercanía de Alex no significa peligro ahora. Tampoco su desnudez. Y Liu no puede descifrar su nuevo significado, pero sea cual sea le hace enrojecer y encogerse.

Xander ahueca la palma de su mano y se la llena de agua, como si fuese un cuenco. Luego la vierte sobre la nuca de Liu, empezando a mojar poco a poco su cabello. El chico se estremece por la sensación, por el calor derramándose por su cuello aún herido y cayendo por sus omóplatos y sus clavículas.

—Siento que hayas tenido que ver lo que he hecho con Aidan.

Liu siente un escalofrío y de pronto el mundo está silencioso. Su cabeza reproduce con una exactitud que odia el crujido húmedo del cuello de Aidan antes de romperse. Luego, su imaginación se toma el derecho de dar un paso más adelante y, tomando prestado el recuerdo en que Liu leyó que los vampiros comían carne humana, se imagina a él mismo en el lugar de Aidan. Su pecho un agujero sangrante y la mano de Xander una bandeja con su corazón, el cual se lleva a la boca y devora como un sabroso aperitivo haciendo ruidos húmedos por la sangre y chiclosos porque las arterias y venas crudas del corazón están gomosas y el músculo no cede tiernamente.

Xander acaricia su pecho bajo el agua, frotando con cuidado, y las manos del vampiro parecen disolver el horror que se forma en su mente, dejando solo trazos suaves y tan llenos de cariño.

—Cómo… —Liu traga saliva. El momento es tan tranquilo, íntimo incluso. Ingrávido, como si ambos se abrazasen dentro de una burbujita que flota más allá del tiempo. Así que no quiere arruinarlo, pero siente la necesidad de preguntar —¿Cómo puedes seguir después de haber visto… de haber hecho algo así? Yo, y-yo creo que no pod- 

Pero Liu tiene que pararse a sí mismo cuando una arcada lo recorre y lo hace doblarse hacia delante. No vomita, pero el ácido olor de la bilis que le sube por la garganta y luego desaparece no es nada, nada, comparado a la forma en que olía a sangre en la habitación minutos atrás. A óxido y podredumbre, a algo tan tenso que parecía que estuviese absorbiendo esa sangre, más que olerla, que la sangre se transformase en maquiavélicos tentáculos y reptase dentro de su cuerpo por la boca, por los orificios de la nariz, incluso por sus ojos.

Xander pone su mano cuidadosamente en la frente de Liu y le hace tirar su cabeza hacia atrás, apoyándola en su amplio pecho. Liu se deja hacer, tumbándose contra el vampiro y hundiéndose en la tina hasta que solo sobresale del agua de su nariz, sus ojos y su pelo revuelto. Xander lo acaricia.

—Por que no soy una persona, Liu. Los vampiros no somos humanos a los que se les han sumado habilidades y un par de deseos, somos criaturas distintas. Tenemos más fuerza, más velocidad, más longevidad, pero también hay cosas que nos faltan. La peor pesadilla de un humano está hecha del mismo material que los deseos de un vampiro.

Liu asiente y guarda silencio. No piensa en las palabras de Xander, pues ya sabía todo lo que el hombre le ha dicho, pero sí en su tono. En lo melancólico, lo triste que ha sonado, cuando tiempo atrás el vampiro proclamaba esas mismas cosas con orgullo en su voz.

Liu sopa bajo el agua y deja que las burbujitas le hagan cosquillas en la nariz. Se siente extraño. Triste, supone, porque hace años que no sabe cómo se siente la ausencia de pesar; asustado y asqueado, por que su mente escupe cada pocos segundos recuerdos vívidos de la sangre de Aidan, de su cuerpo inerte, de su corazón arrancado; confundido, porque Xander está siendo tan agradable, tan suave, tan cauteloso con él, que Liu quiere atesorar el momento para siempre. El único instante en que ese monstruo le ha resultado humano.

El chico saca la boca del agua y pregunta:

—¿Qué es lo que pasó entre Aidan y tú?

Xander suspira a su espalda y Liu tiembla cuando no puede distinguir si es por la tristeza o por la frustración. Si es la segunda, si su pregunta le ha molestado… <<No. No me hará daño, no ahora. Me está acariciando. Una mano en mi tripa, haciendo circulitos, la otra en mi cuello, rodeándolo con el índice todo el rato. Se siente demasiado bien, demasiado bien para que se acabe ya. Si solo me lo mereciese… pero puedo disfrutarlo incluso si no lo merezco ¿Verdad? Se siente bien, tan bien que casi me alegro de lo que le ha pasado a Aidan si este es el resultado… Dios, sueno como un monstruo. Pero sus manos… sus caricias… ¿Por qué no es así siempre? ¿Por qué no fue así desde el inicio? Si él me hubiese tocado de este modo la primera noche yo… sé que habría cedido, que le habría dado todo lo que hubiese deseado de mi solo a cambio de un poco más de esto>>

Liu se pierde en sus pensamientos y, Xander, hace lo mismo a la vez. Solo que mientras los de Liu se componen de deseos y ternura, los de Xander son sucios, tanto como lo es la tierra en las manos de quien escarba para desenterrar viejos recuerdos.

—Fue algo de hace mucho tiempo… Los vampiros podemos percibir la cercanía de otros —Liu alza la cabeza, escuchando con atención la seriedad en el tono de voz de Xander —y un día percibí a un vampiro en mi zona de caza. Yo ya era… mayor, entre los míos, así que cuando encontré a Aidan, que era solo un neófito y estaba confundido y solo, decidí que no era una amenaza para mí y no necesitaba aniquilarlo. Recuerdo verlo tan perdido y agobiado y recuerdo como yo me desperté así también cuando fui convertido. Su creador lo había abandonado, como a mí el mío y él, como yo, no conocía el rostro ni el nombre de su maestro, solo la sensación de su presencia alejándose. Me pidió de rodillas, suplicando, que le ayudase, que le guiase, que fuese yo su maestro, así que lo tomé bajo mi ala porque ¿Por qué no? Y entonces él…

Xander calla de pronto y Liu siente las caricias detenerse bajo el agua y ve, a través de esta, los puños de Xander fuertemente cerrados, temblando incluso, así que toma uno entre sus pequeñas manitas y lo desbarata.

El vampiro mira maravillado como el muchachito le abre el puño con movimientos delicados, como deshojando una flor, y luego desliza sus manos contra la suya, una prensada contra la palma y otra contra el dorso, y entrelaza sus dedos. Xander jadea por el gesto. Es tan tierno. Tan agradable. 

Deshace el puño en la otra mano y acaricia el brazo de Liu. El izquierdo. Sus yemas se deslizan por la zona donde el chico se hizo horribles cicatrices que él borró. Ahora solo quedan las cicatrices que él ha hecho, como si los cortes de Liu fuesen unas sagradas escrituras de dolor que él decidió que debía recuperar.

—Él me contó por qué se había convertido en vampiro. Todos los vampiros olvidamos nuestros orígenes humanos, pero unos tardan más que otros. Aidan no sabía que iba a olvidar su vida humana con el paso del tiempo y yo, en aquel entonces, tampoco sabía que eso sucedería. Pensé que si Aidan recordaba algo de su humanidad, eso se iba a quedar ahí para siempre, que sería un… un vampiro con alma humana. Un desperdicio, un lastre para él. Me contó que él había sido casado forzosamente para obtener prestigio en su familia y que se había escapado con su amante, un hombre, para buscar una forma de vivir juntos; en el camino, había conocido a un vampiro, bueno, lo había espiado un tiempo mientras reunía coraje para pedirle que le convirtiese en vampiro para luego él convertir a su amante y pasar la vida juntos. Aidan me dijo que el vampiro accedió, por aquel entonces él si recordaba a su creador, pues lo había conocido de humano, pero cuando despertó su creador se había ido y él estaba abrumado por todos sus nuevos sentidos y deseos. No sabía cómo convertir a su amante y temía matarlo si lo intentaba, por eso me pidió que yo fuese su maestro.

<<Cuando me contó todo eso me sentí apenado por él, repugnado. Él aún conservaba sus sentimientos humanos. Hablaba de amor y de compasión y de cómo de insoportable se le hacía el deseo de matar. Y yo solo quería ayudarlo a ser mejor vampiro, así que hice… hice lo que creí que le ayudaría a dejar toda su debilidad atrás. Lo intenté forzar a que matase, pero no accedía por mucho que lo tentase. Acabé apresándolo en mis mazmorras y lo endurecí torturándolo cada noche hasta que estaba tan herido y hambriento que mataba sin pensarlo los sacrificios humanos que le entregaba. Sus recuerdos humanos se estaban desvaneciendo poco a poco, era por el paso del tiempo, pero en esos momentos creí que era por obra mía, porque lo acerqué más ser poderoso y lo alejé de todas las ñoñerías humanas. Un día logré sonsacarle lo que antes se negaba a decirme: el paradero de su amante. Esa misma noche lo obligué a matarlo mientras aún lo recordaba. Mientras aún lo amaba. A la noche siguiente Aidan había olvidado todo lo correspondiente a su vida humana, a cómo conoció a ese chico a por qué lo amaba o a cómo se sentía hacerlo, pero todavía recordaba haberlo matado, pues lo hizo mientras era un vampiro. Ahora sé que también recuerda el odio que sintió por mí al hacerle cometer una atrocidad así.

<<Me gustaría poder volver atrás y detenerme, incluso si eso significa que Aidan y yo no fuésemos amigos nunca. Me gustaría volver atrás en el tiempo y advertirme a mí mismo de que la humanidad que Aidan aún conservaba no era una carga. Siento habérsela arrebatado y… y creo que le envidio por haberla tenido.>>

Liu frunce el ceño.

—¿Le envidias? Hace poco me dijiste que solo veías debilidad en los sentimientos humanos ¿Qué hay de envidiable en ello? —pregunta y luego cierra los ojos. No quiere ver el agua roja en el que se hunde, aunque su mente le proporciona otro paisaje sangriento: la historia que Xander le ha contado.

Liu se pregunta si Aidan era como él, una presa en manos de Xander, una criatura desorientada y suave aprendiendo a amoldarse a los deseos del vampiro bajo duros golpes. Se pregunta si Xander, igual que se arrepiente de haber roto a Aidan, se arrepentirá de hacerle lo mismo a él.

<<Me pregunto si Xander puede hacerme olvidar a mis seres queridos igual que hizo a Aidan olvidar los suyos. No debería, pero a veces quiero dejar todo atrás. Empezar de nuevo>>

—No lo sé. —suspira el vampiro tras una larga pausa. Liu siente el ambiente tenso, cargado, no como si el vampiro estuviese a punto de estallar con su virulenta ira, sino como si algo muy frágil y muy valioso fuese a romperse en cualquier momento. Algo irreparable —Últimamente siento que me gustaría… 

<<Poder amar. Poder amar bien, como los humanos aman. Poder amar con ternura y suavidad en vez de simplemente manchar cualquier traza de amor en mi con deseos violentos>> 

Pero Xander no acaba su frase, la deja morir en sus labios como si lo que pretende o, mejor dicho, lo que teme decir fuese de una naturaleza impronunciable. Como si él, que lleva en el mundo cientos de años y ha aprendido a hablar los lenguajes propios de cada época, de cada lugar que se ha convertido en su tierra caza, él, que ha aprendido a imitar el tono maleducado de los malhechores y el fino acento de la nobleza, estuviese ahora desnudo, sin armas ni herramientas, para enfrentarse a la tarea de decir algo más allá del lenguaje.

—No lo sé. —murmura finalmente y luego sus manos se afirman con necesidad en la cintura del muchachito —Gírate, Liu. Quiero un beso.

Su voz sale inintencionalmente domada de entre sus labios. Expresa necesidad, anhelo, más que autoridad, pero sigue siendo una voz firme, así que Liu no aprecia el matiz y solo obedece, temblando porque siempre que Xander le ordena tiene miedo a enfadarlo de algún modo.

El muchacho gira en la tina y queda ahora arrodillado entre las piernas de Xander, mirándolo a la cara y con medio cuerpo fuera del agua. Su cuello, cuya nuez se mueve cuando el chico traga inocentemente saliva, sus clavículas, donde el agua se estanca, su pecho, con los pezones rosados ahora erectos por lo frío que se siente el aire, el inicio de su vientre, con la piel lechosa toda erizada. Xander lo mueve, ya que tiene sus manos sobre la cintura del chico, para hacerlo sentarse sobre sus muslos y que así el chico pueda hundirse más en el agua y, bajo ella, inclinar su pecho hacia el del vampiro.

Liu pone sus manos en los pectorales de Xander cuando este lo desliza hacia él, atrayéndolo con fuerza. Necesita pararlo, aunque sea un poco, pues sus intimidades ya se están rozando y sus labios temblorosos casi rozan los del vampiro.

Teme haberlo enfadado con ese gesto, pues el vampiro lo mira muy fijamente. Intensamente, aunque desconoce si esa intensidad es deseo o enojo.

—¿Q-quieres que me corte con tus colmillos? —pregunta con docilidad y ladea su cabeza un poco, mostrando su cuello en su señal de paz. 

Xander se relame y nota su excitación creciendo bajo el agua, erigiéndose de una forma que roza la del chico y lo hace estremecerse. Liu sabe que su sexo también despertará y lo hará pronto si Xander sigue así, masajeándole la cintura y frotando su larga hombría contra su entrepierna y hablando con una voz ronca pero amable y…

<<Oh, Dios>>

—¿Quieres que te cure si lo haces?

Liu asiente con timidez y Xander desvía un momento su vista al brazo del chico. A las marcas que ha hecho en él. <<Borrar la marca no es volver atrás en el tiempo y evitar la herida y el dolor. La sangre derrama siempre lo estará, pero… es lo mejor que puedo hacer. La única cosa que puedo ofrecer, además de destrucción>>

—Entonces córtate con mis colmillos —susurra, acercándose a la boca del chico hasta rozarla con sus propios labios. Su lengua lame fugazmente el belfo de Liu y su pequeña y rosada boca de abre para exhalar un jadeo —y luego muérdeme el labio hasta que me hagas sangrar.

Liu exhala un gemido, su boca se abre sobre la de Xander tentativamente, como haciendo un amago de beso, pero luego se echa atrás (lo suficiente para dejar a Xander hambriento y frustrado, pero tan poco como para seguir respirando su aliento frío) y se muerde el labio.

—N-no estoy acostumbrado a ser yo el que da los mordiscos —murmura el muchacho, sus ojos perdidos en los labios entreabiertos de Xander. En su lengua. En sus colmillos.

<<Oh, joder…>>

Una oleada de fuego lo recorre entero y vuelve a sentirse avergonzado por desear a su demonio. Por desear besar unos labios que son veneno. Pero algo en esa criatura lo atrae y Liu sabe que es algo que no está en su poder: una mezcla entre el hecho de que Xander ha sido el primero en tocar su cuerpo y es el único al que su cuerpo reconoce como propietario de su dolor y de su placer, incluso si es retorcido, y el hecho de que los vampiros, por naturaleza, aterran tanto como atraen. Hechizan.

Y Liu no puede luchar contra la magia de Xander.

El vampiro se inclina suavemente y sus labios se unen de una forma que hace que ambos olviden como se siente siquiera su boca cuando no tiene la del otro sobre ella besándola, lamiéndola, mordiéndola. El beso es suave y lento, pero Liu puede sentir la voracidad de Xander cada vez que este abre sus fauces y lo devora con deseo, puede sentirla en la forma en que las enorme manos del hombre se aferran a su cintura y lo ponen sobre su regazo, en la forma en que el vampiro sube una de esas manos por su espalda, la palma llana contra la columna, la punta de los dedos siguiendo la deliciosa curva en ella, hasta que llega a su nuca y se la sostiene con firmeza, haciéndolo estar quieto mientras él empuja su lengua en su boca y prueba el interior de la suya. Liu jadea y gime ahora que el aire ha sido cambiado por unos labios que no le dan tregua y una lengua que busca la suya y se desliza entre suaves caricias por su boca. Sabe que debe obedecer las órdenes que se le han dado, una por una, pero está nervioso, oh, tan nervioso.

No sabe qué es: si es el temor, todavía atrapado en su cuerpo, de ver a Xander romper el cuerpo de Aidan como si de una bestia se tratase, si es la magnitud de la situación de ser presa de un vampiro empezando a caer por fin sobre sus hombros, si es la confusión de sentir que unos mismos labios son su veneno y su elixir, si es la proximidad de la muerte, recordándole a todos los que ha perdido, susurrándole que ese beso podría haber sido de Matheo, que sus manos, sus lengua, sus corazones, podrían haberse enredado hermosamente de no ser porque el de su amor dejó de latir, o si, quizá, es simplemente que la vida es una carga demasiado pesada y Liu demasiado débil para soportarla sin sufrir. 

Pero el caso es que está nervioso y rompe a llorar en medio del beso. Xander sube su mano, de la cintura a la mejilla de su muchacho, y le limpia las lágrimas con el pulgar mientras lo sigue besando y Liu, sintiendo que su alma se derrama, decide por fin deslizar su lengua entre los labios del vampiro y buscar el filo de sus dientes. Lame un colmillo y un pinchazo lo recorre a la par que un escalofrío. Siente la sangre en su boca y acto seguido a Xander chupando su lengua.

Liu gimotea, la sensación es tan extraña. Caliente, pero a la par sabe que Xander le está robando ese calor. Dolorosa, pero el beso merece la pena. Confusa. Todo es tan confuso.

El vampiro lo besa durante un largo rato, con movimientos envolventes y lentos, pero llenos de voracidad. Lo atrae hacia él sin vergüenza alguna y haciendo caso omiso a las manos de Liu sobre su pecho, que intentar mantener la distancia entre ambos. Liu siente el pecho abultado y el abdomen duro del vampiro contra su torso, siente los brazos grandes y musculosos rodearlo de pronto, apresarlo en esa posición. Y siente la virilidad de Xander. Tan grande que ahora que está sentado en sus piernas su longitud le roza del pubis hasta el estómago.

Le marea pensar que lo ha tenido dentro. Le marea pensar en cómo. En la forma en que le pegó, lo arrojó, lo arrastró como a un puto muñeco. La forma en que lo tendió sobre la cama como disponiendo un objeto, listo para ser usado.

La lengua de Xander es suave y agradable ahora, besa bien, le dice cosas que hacen que sus rodillas flaqueen, pero recuerda el veneno del que estaba empapada esa noche. Las palabras que le quedarán grabadas en su mente.

<<No lo merezco… no lo merezco…>>

Entonces Liu siente algo más que el líquido, frío poso de tristeza que inunda su interior, siente calor, burbujeante, agitado… siente ira arremolinándose en su interior. Xander le muerde el labio, juguetón, y Liu lo imita. Solo que esta vez piensa en Alexander tomándolo. En Alexander manteniéndolo quieto. Haciéndolo sangrar.

Y muerde duro. La carne tierna del labio del vampiro ofrece más resistencia de la que jamás habría esperado, una resistencia gomosa, como si estuviese tratando de desgarrar plástico a mordiscos, pero aprieta sus mandíbulas, cierra sus ojos fuerte, recuerda esa noche.

Y el sabor de la sangre de Xander le llena la boca junto a un jadeo de dolor. Liu se pregunta si la sangre de los vampiros sabe toda dulce o si es su pequeña venganza lo que se siente tan azucarado y delicioso.

Su pequeño acto de rebeldía, incluso si esta ha sido una orden de su propio demonio.

 

Capítulo 48

 

Liu está tumbado en la cama plácidamente. A su lado yace Xander, ya dormido pues su pelea con Aidan ha agotado sus energías y el pequeño sorbo de sangre de Liu que ha tomado durante el beso no ha sido suficiente para saciar. El pequeño chico castaño se siente bastante sorprendido cuando piensa en lo que ha pasado hoy y, especialmente, cuando piensa en lo que no ha pasado. Xander no le ha mordido, aunque tiene hambre. Tampoco lo ha tocado de una forma que pueda agobiarlo, aunque en la tina ambos podían sentir el calor y la rigidez del deseo ajeno contra el propio.

El vampiro simplemente lo ayudó a salir de la bañera, estando ambos todavía agitados por el beso (las mejillas de Liu, rojas; la entrepierna de Xander, necesitada y erecta) y lo ayudó a secarse poco a poco. Liu no puede dejar de pensar en la forma en que Xander pasó la toalla por su cuerpo. Tan lento y atento, como queriendo asegurarse de que su sangre había borrado en Liu cualquier marca que él pudiese haber hecho; y era obvio que lo había conseguido. Sus brazos vuelven a estar libres de cortes y cicatrices, pero el bonito gesto angustia a Liu.

Tras eso, Xander le ofreció a Liu algunas prendas que tomó de su casa cuando visitó unos días atrás, para traerle su material escolar. Luego le avisó de que dormiría pronto y de que pidiese algo de comida. El humano se sintió un poco nervioso cuando la repartidora de comida llegó, imaginó a Aidan o Xander sintiéndose atraídos por el olor de la joven y tomándola como su cena, pero se sintió muy tranquilo cuando la chica deslizó la comida tailandesa sobre sus manos, tomó el dinero y se fue. Sana y salva.

Ahora Liu sorbe tallarines con cuidado de no manchar la cama mientras sobre su regazo reposa uno de los libros de clase, de biología. Tiene que releer la página dos veces y luego tres, pues no la entiende.

Se siente cansado y estúpido y <<¿Por qué quiero acabar el bachillerato siquiera? Ni siquiera sé si viviré hasta llegar a la carrera, además, no sé qué carrera estudiar. Matheo me dijo que hacerme pintor, porque siempre me ha gustado dibujar, bueno, me gustaba hasta hace unos años. Y mis padres me decían que tenía que estudiar medicina, porque tengo… tenía muy buenas notas incluso en ciencias. Pero yo no sé qué quiero y ellos, ahora no sé si querrían verme avanzar>>

Xander murmura algo ininteligible en su sueño y se gira en la cama, abrazando ahora a Liu por la cintura y tirando a un lado su libro. Liu lo recoge y lo pone cuidadosamente sobre sus piernas, sin que toque el brazo que lo está rodeando y que lo atrae al hombre. Xander hunde su rostro en el costado de Liu y hace un movimiento, como negando con la cabeza, que le recuerda a cómo su perrito solía restregar el morro contra su ropa para buscar su olor. Instintivamente Liu pone una mano en la cabeza de Xander y lo acaricia. Pasa las yemas por las hebras doradas y luego rasca amablemente con sus dedos tras su oreja, justo como hacía con su perrito cuando era un cachorro.

Se da cuenta de sus acciones cuando Xander hace un ruido ronco de placer, uno demasiado gutural para ser de su perro, Pelotita, y Liu se queda paralizado de inmediato, observando su mano como si la hubiese metido en una trampa para osos.

Se imagina los ojos rojos abriéndose de golpe, rezumando ira, la boca colmilluda chillándole que cómo se atreve a tratarlo como un animal. Sus manos grandes sosteniendo, rompiendo, tomando. Su boca rompiéndole la piel, comiendo su carne hasta reducirlo a nada.

Y entonces los ojos de Xander se abren.

—¿Estás bien? —pregunta en un tono susurrante, cauteloso.

Liu no se habría percatado antes, pero lo hace ahora: está pálido, sudores fríos recorriéndole la frente y su mano, aun en el pelo del vampiro, está temblando.

—Tu corazón late muy deprisa ¿Estás bien?

Liu aleja poco a poco la mano, inseguro sobre si el vampiro no ha advertido el gesto o si no le importa, y se queda unos segundos pensando en esa pregunta. Es la primera vez que alguien se la hace. La primera vez en dos años.

Y rompe a llorar.

Siente que últimamente pasa todo el día llorando, la noche incluso. A veces despierta y tiene las mejillas húmedas y los rojos hinchados, pero es que ¿Cómo si no va a eliminar su tristeza? ¿Cómo sino va a evitar ahogarse con ese agua fría y callada que lo golpea cada día, cada segundo, una ola nueva por cada puta vez que logra levantarse? Siente que no puede más, que hay demasiadas cosas que necesita superar y poco tiempo, pocas fuerzas, poca vida. Tantas que incluso cuando intenta contarlas se le amontonan en la boca y balbucea como un niño pequeño.

Xander se yergue y lo recoge entre sus brazos. Aparta delicadamente el libro y el plato de comida y se pone a Liu sobre el pecho mientras le acaricia la espalda. Escucha en sus pensamientos las palabras que no puede pronunciar.

<<Mi familia está muerta, mi perrito está muerto, el amor de mi vida muerto, me siento culpable y no sé cómo vivir con esto, mi vida se ha parado y me hago mayor pero no avanzo, no soy capaz de hacer amigos ni pienso que los merezca, sé que en cualquier momento volverán a pegarme en la escuela, no sé si lograré acabar el curso siquiera, no sé si lograré ser algo en la vida, no sé si mi vida se extenderá a mañana o… o Alexander… Alexander… No puedo, no puedo soportarlo, no puedo soportar este abrazo, este cariño, este consuelo ¿Se burla de mi? ¿Es una mentira para obtener mi obediencia? Da igual lo que haga, él me matará, pero antes… antes… Quiero vomitar. Antes va a torturarme más. Me ha violado. Mi cuerpo se siente tan incorrecto. Tan sucio y malo y lleno de pus y mierda y gusanos retorciéndose bajo la piel. Quiero abrirla, dejar salir el veneno, quiero cortarme. Pero también he perdido eso. He perdido todo, mi cuerpo… le hará lo mismo que al de Aidan. Va a desgarrar mi piel, va a arrancar, va a abrir a…a …>>

Xander lo aprieta fuerte contra su cuerpo y quiere disculparse. Quiere llorar porque ha roto a Liu, porque rompió a Aidan. Porque él mismo se siente roto, estropeado, un ser puesto en el mundo para el único propósito de destruir y no se crear o admirar o conservar. O amar.

Le gustaría que su existencia fuese distinta. Que su corazón fuese capaz de latir solo y querer dulcemente o que, si no, fuese tan frío como una piedra, incapaz de estos sentimientos que ahora le aplastan. El vampiro mima a Liu con dulzura por un largo rato, hasta que el chico parece más calmado.

—¿Te gustaría volver a tu casa? —pregunta Xander y, por alguna razón, Liu se desmorona más en sus brazos. No son lágrimas de alegría o de alivio, es terror y desesperación lo que lo inunda. Xander no entiende como incluso cuando intenta reparar, sus manos, sus palabras, sus acciones… solo destrozan más y más todo a su alrededor.

—M-me gustaría no tener que pagar un precio por hacerlo —escupe Liu y de inmediato se horroriza por lo que cree que vendrá después. Por que sabe que será castigado por haber usado un tono tan lleno de ira, tan rencoroso y con reproche hasta la última letra.

Pero Xander no lo castiga, solo lo aprieta fuerte contra él y dice:

—No quiero nada a cambio, Liu. Solo quiero —aprieta sus labios con fuerza. Mira los ojos castaños y brillosos de su presa. Sus párpados rojos y mullidos. Sus pestañas perladas de lágrimas. Xander aparta la mirada, avergonzado. —, quiero que estés mejor.

Liu siente que es un milagro que el vampiro no le haya castigado por ser sarcástico antes, pero aun así no puede evitar soltar una risa corta, llena de ponzoña y vil ironía.

—¿Por qué querrías eso? —pregunta el muchacho. Todo rastro de rabia ahora eliminado de su rostro. Liu no luce capaz ya de una emoción que consume tanta energía, luce solo triste, confuso y cansado, como un cachorrito abandonado bajo la lluvia. —¿Por qué querrías algo bueno para mí, si no te sirve directamente para que yo haga lo que tu digas? ¿Es esto un truco? ¿E-es una prueba? ¿Intentas ver si estoy dispuesto a recuperar mi hogar pa-para darme una paliza si digo que sí por actuar como si no fuese suyo? ¿D-de eso va todo esto?

—¡No! Liu, no, tranquilízate —el rubio baja poco a poco el tono y sostiene entre las suyas las manos temblorosas del menor, que ha empezado a apartarse de él con temor. Las sostiene en una cúpula cálida hecha con sus dedos e intenta que el chico no tiemble tanto, que no luzca tan frágil por un momento. —. Te llevaré de vuelta a tu casa en unos días, Liu, cuando estés preparado. No quiero nada a cambio ¿De acuerdo? 

El nombrado asiente muy, muy despacio, como si en su cabeza pesados engranajes tuviesen que estar girando para comprender qué dice Xander. Para comprender que incluso él es capaz de una pizca de amabilidad. O que quizá él la merece.

Xander y él permanecen abrazados mientras el llanto de Liu se va calmando poco a poco. Después de un rato, sus sollozos y lloros que suenan como aullidos de agonía se reducen al mero ruido de Liu sorbiéndose la nariz de vez en cuando.

—¿Quieres… hablar?

Liu alza su rostro un poco. Las cejas enarcadas.

—¿De qué? —pregunta con voz desorientada.

—De los motivos por los que lloras. He leído tu mente, Liu, sé que hay varias cosas que te atormentan. —<<Y yo soy la peor de todas>>

—¿Entonces que hay que hablar? —pregunta el chico, rendido. Siente el pecho grande de Xander bajo él, sus manos subiendo y bajando por su cuerpo, sus labios prensados contra su frente en un pequeño beso. Y odia cuanto ama ese contacto. Cuanto confort puede hallar en el infierno. —Puedes leer mi mente y saber todo lo que quieras, no hay mucho que decir cuando puedes hacer eso. Además ¿Q-que podrías hacer tú al respecto? Eres poderoso, pero no puedes revivir a los muertos, no puedes borrar de mi cabeza cosas que han pasado, no puedes… no puedes dejar de desear hacerme daño ¿Cierto?

Xander aprieta sus dientes. Siente rabia por la respuesta de Liu, pero cuando la analiza con detenimiento no ve en ella palabras afiladas. Lo intenta atacarlo, insultarlo, solo habla sinceramente y resulta que su sinceridad viene en una oleada de desesperanza.  Y quizá tiene razón. Xander sabe que incluso si el pasado es su hogar, no puede cambiarlo y que, ahora, ante la tarea de reparar algo roto, se siente tan novicio como no recuerda haberse sentido jamás.

—No voy a herirte más, Liu. No voy a tomarte tampoco, no de ese modo, no si tú no lo deseas. No voy a beber de tu sangre, no sin tu permiso. —confiesa y siente que algo en su interior se revela, que algo que llevaba oculto mucho tiempo pierde el telón que traía enfrente y se muestra. Pequeño, olvidado, vulnerable. Le duele el corazón. Sus palabras no significan únicamente renunciar a la entrega de Liu, a la idea de que sí o sí sucederá, pues él no permite que los labios de Liu delineen la palabra No, significa, también, renunciar a lo que lleva siendo toda su vida desde que tiene memoria. Renunciar a ese sencillo dejarse llevar por el deseo y el placer, ahogar su humanidad en sangre y fingir que la ha perdido, cuando solo está hundida profundamente dentro de él.

Significa tratar de ser humano en la piel de un monstruo.

—Eres mío, Liu —dice, pero no se siente como todas aquellas otras veces en que lo proclamó. En que esa frase era un reclamo, era autoridad y miedo, era firmeza, propiedad. Se siente como una tímida confesión en su lugar, sobre todo cuando añade: —, porque eres importante para mí.

El corazón del chico late con fuerza. Los ojos de Xander lucen tan llenos de pavor y vergüenza, clavados en el suelo, brillosos, con el ceño adorablemente fruncido encima incluso si el rostro de ese hombre es el de un asesino. Se muerde el labio, un colmillo roza el labio inferior y Liu observa el gesto con ternura por primera vez en su vida.

Un sentimiento tan, tan extraño crece en su interior que cree que se desvanecerá. Un nudo fuerte amarrándose a su pecho, un nudo que se siente como un abrazo cálido en el alma, porque por fin tiene a alguien, alguien que lo quiere, incluso a su retorcido modo; un nudo que se siente como una soga, porque sabe que, si antes no podía librarse de Alexander, movido únicamente por n encaprichamiento pasajero, ahora tiene claro que las cadenas que los unen son más enrevesadas, más complejas, de un material que ninguno quiere romper. Sabe que no se librará de él.

Liu se siente enfermo cuando esa idea, de algún modo, logra reconfortarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 49

 

Sus ojos se abren a regañadientes cuando suena la alarma en su teléfono. Le pesan los párpados y le duele la cabeza de tanto llorar por la noche. Aun así, Liu se siente bien, mejor que hace un par de noches al menos. Ve al vampiro tumbado a su lado, inmóvil, y recuerda la conversación de la noche anterior. Aún no sabe qué hacer con ella.

No sabe qué hacer consigo mismo tampoco. Siente que se ha perdido hace mucho tiempo, que lleva años intentando avanzar por la frondosa selva del dolor y la pérdida y que pese a ello no solo no encuentra la salida, sino que se ha perdido a sí mismo, sus pisadas borradas del suelo, su voz un eco que rebota en cada esquina. Se pregunta si alguna vez volverá ese chico animado que una vez fue, ese chico al que le gustaba bromear con Matheo y que, a veces, era sarcástico y ácido. Que tenía chispa, fuego en su interior. Se pregunta si volverá alguna vez a estar orgulloso de algo que haga, si volverá a disfrutar de su tiempo, rellenándolo con sonrisas o con momentos apacibles en que tome un pincel y un cuadro y le pida a Matheo que no se mueva porque la luz le está dando hermosamente en el rostro y parece un ángel, así que tiene que dibujarlo.

Liu niega con la cabeza. No tiene tiempo para lamentaciones. Quizá no se ha encontrado de nuevo, pero para hacerlo necesita seguir avanzando, así que se levanta de la cama y se pone ropa de calle. Toma una fruta, leche y una tostada, recoge su mochila y mete en ella algunos libros, al azar, pues ha olvidado qué materias le tocan, y luego arrastra los pies hasta clase.

Siempre odió el irritante sonido del timbre, el olor a desinfección de los pasillos a primera hora y el terrible parpadeo de los fluorescentes medio rotos que abundaban en su instituto, pero hoy, al verlos, se siente en un ambiente familiar y le reconfortan. Todas esas pequeñas molestias son su hogar por unos momentos, así que Liu se permite perderse en la ilusión de que es un día de clase normal y de que, cuando termine, volverá a su hogar y el día será normal hasta el siguiente.

Una profesora nueva da la clase de castellano ese día y tiene una voz dulce y ojos almendrados, color jade. Le recuerdan a Matheo y antes de que pueda darse cuenta, Liu está mirándola con ojos cansados mientras su mano toma una esquinita de su bloc de notar y hace un pequeño dibujo. Cuando mira hacia abajo, para recoger sus cosas, siente su corazón hundirse y luego salir a flote. Es Matheo. No él, pero sí un esbozo de su rostro, de su mirada más que nada, pues su pelo son círculo sobre círculo y su nariz y boca meras sombras que se dejan entrever. 

Dibujó tantas veces a su mejor amigo que su mano ha memorizado cada trazo, cada curva, cada contorno. Acaricia el dibujo con los dedos como si acariciase alas de mariposa, pues no quiere correr la tinta. Cuando suena el timbre, Liu empieza a arrancar el pedacito de papel para guardárselo en el bolsillo, pero entonces unos dedos largos y delgados se lo arrancan de las manos.

—¿Esto te dedicas a hacer en clase? No tienes apuntes ni en la mitad de la hoja. No puedes seguir repitiendo.

Liu mira hacia arriba con sorpresa, reconociendo la voz de su tutor. Con la cantidad de clases que se ha saltado últimamente y el hecho de que antes solo lo tenía un par de horas a la semana, el muchacho ya casi había olvidado la existencia del hombre. Nunca le ha desagradado, no hasta que arruga el dibujo de Matheo y lo arroja a la basura.

Liu quiere llorar. Quiere correr a salvar a su amado de papel y alisarlo con los dedos para que no queden arrugas, pero se queda en su pupitre. Paralizado.

—Hago lo que puedo —responde Liu con voz contenida, rasposa.

—No es suficiente, Liu. —le responde su profesor y el muchacho habría distinguido un deje de preocupación en su voz si no fuese porque sus siguientes palabras vienen empapadas de veneno.

 —Escúchame, ya eres mayor de edad y en algún punto tienes que hacerte responsable de ti mismo, de la persona que eres. Entiendo que tu pérdida te afectó, pero es hora de que lo superes o vas a pasar toda tu vida estancado.

El chico aprieta los puños. Siente los ojos llenársele de lágrimas, la tripa de rabia y palabras enquistadas. Quiere levantarse y decirle que él no tiene el derecho a dictar cuando o cómo tiene que superar sus mierdas, que la vida de sus padres, de su mejor amigo, de su perro, no son cosas que merezcan ser olvidadas, que el dolor por su muerte no tiene fecha de caducidad y que su boca tiene demasiada mierda dentro y demasiado poco derecho a estar hablando de ellos.

Pero a Liu no le sale ni una sola palabra de la boca. Lo único que su cuerpo hace, como poseído, es levantarse de pronto.

Y darle un puñetazo a su tutor en la cara.

<<¿Qué he hecho? ¿Qué coño acabo de hacer?>>

Ve al hombre mirarlo con los ojos enormemente abiertos, sosteniéndose con ambas manos la nariz sangrante. Liu se echa a llorar, quiere disculparse, retirar sus actos como uno puede retirar feas palabras. Liu quiere decirle que qué esperaba que pasase cuando lo empujan y lo empujan hasta su maldito límite. Quiere preguntarle qué habría hecho él en su lugar cuando lo pisotean día y noche y en una de esas ocasiones quien lo pisotea no es una criatura contra la que uno se halla inerme, sino un igual, uno contra el que se puede luchar y ganar.

Pero Liu no dice nada, solo mira y se arrepiente. Luego se le revuelven las tripas cuando ve el miedo en los ojos de ese hombre, que sale corriendo en busca del director, y se siente poderoso por primera vez en la vida.

En ese instante entiende un poco y solo un poquito por qué Xander disfruta tan enormemente de ser un monstruo.

Cuando Liu llega a la morada de los vampiros está hecho un lío de lágrimas, mocos y nervios. Le tiemblan las manos y no puede dejar de sentirse culpable porque ahora ha destrozado por completo su futuro. Van a expulsarlo de la escuela y las demás, cuando se topen con la enorme mancha en el historial de varios cursos repetidos y una denuncia por agresión, lo rechazarán de inmediato y arrojarán su solicitud a la papelera y su correo a la carpeta de ‘’no deseado’’.

Por alguna razón, su corazón se encoge amargamente al encontrar el dormitorio vacío. El delgado y pálido chico se echa en la cama a llorar por un largo rato, tirando a un lado su mochila con desdén y enterrando la cara entre las sábanas para ahogar sus sollozos. En algún momento de su llanto el chico debe quedarse dormido, pues despierta horas después con su estómago rugiendo y la sensación de un enorme vacío en él.

Liu baja a la cocina, asumiendo que se encuentra solo en casa, y se prepara un bocadillo simple, lo máximo que sus bajos ánimos le permiten.

—Hola —susurra una aterciopelada voz a su espalda y al muchacho se le erizan todos los vellos del cuerpo al reconocerla. Liu corresponde educadamente con un saludo casi inaudible y coge con prisas su comida antes de intentar marcharse, pero la voz de Aidan lo detiene. Eso y sus dedos rodeándole el brazo con firmeza —, espera, no te asustes.

—¿Qué quieres de mí? —pregunta el chico encarando a Aidan. Intenta que su voz sea firme y que su ceño fruncido inspire confianza, pero le tiemblan los labios y titubea al hablar. Aidan lo mira unos segundos, sorprendido, y capta rastros de sangre en sus nudillos.

El vampiro pelinegro no puede enviar reír por la seria actitud del mortal y lo suelta, alzando sus manos en son de paz.

—Tranquilo, tranquilo, tipo duro —se burla. Liu enrojece por el comentario, pero su tono amistoso lo tranquiliza. Aidan se apoya contra la encimera y Liu no sale huyendo esta vez, aunque se queda de pie ante él totalmente rígido. —. Solo quería hablar. Quería disculparme.

—Xander no está a-aquí —tan pronto lo dice se muerde la lengua <<mierda, mierda, mierda>>—, p-pero está a punto de llegar, cuando lo haga puedes decírselo y-

—No va a llegar pronto hoy, Liu, está cazando y le gusta tomarse su tiempo —explica Aidan. Sus palabras son lentas y calmadas, pero Liu las toma como una amenaza. Traga saliva. Aidan se acerca más —. De todos modos, no es con él con quien quería disculparme.

El muchacho abre enormemente los ojos al escuchar esas palabras y luego se aleja un par de pasos, sospechando que quizá son solo parte de un ardid.

—No me ves más que como… —Liu arruga la nariz y aparta la vista, sus tripas revueltas —comida o un objeto para divertirte, ¿P-por qué querrías disculparte?

Aidan la mira con sus siempre burlones y gatunos ojos rojos. Sonríe malicioso por las palabras del chico.

—Es cierto que veo a los mortales como bolsas de sangre y tú no eres especial, no para mí —la sonrisa de Aidan se desvanece, dejando su hermoso rostro de masculinas facciones surcado por una expresión pensativa, casi molesta —, pero sí que lo eres para Xander. Y no sé que le estás haciendo, pero le estás cambiando y creo que quiero agradecerte eso. Creo que alguien capaz de una cosa así merece mi respeto, incluso un humano.

Liu traga saliva y asiente en silencio. No sabe qué decir, no tiene nada que decir realmente. Él no ha hecho nada por lo que a él respecta, si Xander ha cambiado, él no le ha guiado de ningún modo en su transformación. No entiende tampoco porqué para ese vampiro que tantas vidas ha arrebatado él es especial, como alguien que ha conocido a millares de humanos, todos con sus gustos, sus talentos, sus interesantes historias, su infinita bondad o su atractiva maldad… cómo alguien que ha bebido tantos deliciosos sabores puede contentarse con el de su mediocridad.

—Nunca me habría imaginado que se disculparía conmigo, por… por lo que hizo.

Liu traga saliva y recuerda aquella historia que el otro le contó la noche anterior mientras tallaba su cuerpo con agua y jabón. Piensa en la pérdida de Aidan y cómo se asemeja a la suya con Matheo. <<Yo no podría aguantar una eternidad de luto, de soledad, de culpa>>

—Me lo contó. —Liu susurra, su mirada ahora perdida en el suelo. Deja su comida sobre la mesa, como estableciendo sus intenciones de no huir. No por el momento —Me contó lo que te hizo. Lo siento.

Aidan mira a Liu un segundo con incredulidad y luego aparta la mirada, riéndose. Es una risa ácida, una risa que lleva hirviendo en su interior mucho tiempo.

—En parte debería agradecérselo. Me hizo como soy ahora, me ayudó a ser fuerte, pero… ¿Sabes? No recuerdo ya a aquel chico del que estaba tan enamorado como para convertirme en vampiro para pasar la eternidad juntos. Ni su cara, ni su nombre, ni su olor. No recuerdo como se sentía amar, pero sí recuerdo la rabia que sentí cuando Xander me obligó a matarlo. Creo que es lo más cercano a amor que voy a experimentar nunca, quizá por eso intenté robarte de Xander, porque me parece injusto que él pueda experimentar algo que yo he perdido para siempre. Soy envidioso, la verdad.

Liu alza ambas cejas ante la confesión y un escalofrío lo recorre entero.

—¿Amor? —pregunta con incredulidad y casi fastidio por la ingenuidad de Aidan.

Él sabe que Xander lo aprecia, pero también sabe de que clase es ese aprecio: Xander lo aprecia como uno aprecia las flores que corta y deja marchitarse lentamente solo porque le gusta tenerlas unos días antes de verlas morir, le aprecia como uno aprecia a los animales cuando se come la deliciosa carne de sus cadáveres, le aprecia como los niños aprecian sus juguetes favoritos mientras los zarandean y los muerdes y los golpean hasta destrozarlos en mil piezas.

—Xander no siente eso por mí. Él mismo… él mismo dice que no puede sentir amor. En absoluto. —lo único que queda de su voz es un hilillo para cuando acaba su frase. No sabe bien si es por el terror que le inspira saber lo que eso significa para él o por la lástima que siente al imaginarse así. Frío. Muerto. Incapaz de albergar en su corazón más que la calidez de una sangre violentamente robada.

Aidan se encoge de hombros y pone su mano sobre uno de los de Liu, dándole un apretón amistoso.

—Quizá tienes razón, sea como sea, tan siquiera sé de lo que estoy hablando —dice el vampiro, su tono melancólico y tan anegado en tristeza que Liu casi quiere disculparse.

Sin embargo, antes de que pueda hacerlo Aidan ya ha desaparecido de la cocina. De la casa, de hecho.

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 50

 

Aidan no solía darle demasiadas vueltas a la cabeza cuando cazaba. Salía, deambulaba un par de minutos y se abalanzaba sobre la primera presa que sus sentidos percibiesen. Si no le gustaba, la mataba rápido y molesto por el disgusto y pasaba a la siguiente. Si le gustaba, la arrastraba con vida hasta una zona donde poder jugar con ella hasta saciarse.

Esta noche, sin embargo, todas las presas le resultan aborrecibles. Tiene demasiado en su cabeza como para dejar sus sentidos libres de las cadenas que los mantenían distraído, incapaz de dejarse llevar por el etéreo y líquido placer de la sangre. Piensa en Xander y su amistad con él, una amistad que es mucho más de lo que esa palabra puede describir; en cierto modo, se siente pupilo de Xander, su alumno, su adorador incluso, como si el otro vampiro se tratase de una divinidad.

Su siervo, pues ha aprendido a arrodillarse ante sus pies y llamarlo <<Señor>> antes de lo que aprendió a tratarlo por su nombre. Y, a la vez, Xander es también lo que alimenta esa pequeña voz en el fondo de su cabeza que no habla demasiado alto, pero sí muy seguido, un constante e incesante murmullo que enumeraba sus flaquezas y fallos, que le recuerda que al lado de muchos otros vampiros él es tan inofensivo como sus presas lo son para él.

La idea le revuelve las tripas. Recuerda la ira que sintió cuando Xander lo obligó a abandonar su humanidad, pero también recuerda la frustración, la desesperación. Ese sentimiento de ser una cosita pequeña y patética que no puede defenderse o luchar, solo obedecer. Y cada ser en el mundo que lo supera es un recordatorio de que aquello que fue, podría ser de nuevo. De no estará nunca a salvo. De que no ha roto las cadenas, solo ha obtenido unos eslabones más.

<<Recuerdo el dolor, la vulnerabilidad, el miedo, las súplicas… no recuerdo el amor. No recuerdo el amor>>

Esa es otra idea que lo tortura. Pensar que existe en el mundo un sentimiento tan magno, tan fuerte que lo llevó a abandonar su vida mortal, a cambiarla por una eternidad de sed… pensar eso lo deja sin aliento. Lo deja anhelando que algo llene el hueco que tal sublime experiencia dejó. Le hace sentir como si le hubiesen robado algo.

Odia sentirse incompleto. <<Un desperfecto más>>

De pronto, algo estimula suficiente los sentidos de Aidan como para sacarlo de sus pensamientos y traerlo de vuelta a la caza. Un aroma avainillado que lo invita a girar a su derecha y seguir hasta el final de un oscuro callejón. Y lo más importante de ese aroma: le es familiar.

Aidan anda silenciosamente, sus ojos capaces de surcar entre ínfimos detalles en la oscuridad escanean sus alrededores. La zona está llena de miseria y crimen, pero tan pronto él pasea por sus calles, tanto pobres diablos como temidos malhechores huyen dejando todo a su paso desértico. 

Al final de una callejuela, sin embargo, hay un muchachito demasiado concentrado en encenderse un cigarro como para percatarse de lo que sucede a su alrededor. De lo que se aproxima.

<<Como no se encienda me habré gastado el dinero que me quedaba para nada. Se supone que esto tiene que ayudarme con la ansiedad y suprimir el apetito, pero ahora mismo solo quiero chillar. Mierda de mechero. Mierda de todo>>

Aidan ríe por los coléricos pensamientos del joven, lo cual hace que este levante de la vista, y él dirige una mano hacia los labios del pálido muchacho, arrebatándole de entre ellos el cigarro apagado. Los ojos grisáceos del humano se abren con terror, sus cejitas blancas juntándose en una adorable mueca de preocupación.

Aidan examina el cigarro en sus dedos y luego lo deja caer al suelo.

—No deberías poner algo tan venenoso en una boca tan bonita.

Aidan ríe. Un sonido corto, pero un regalo para los sentidos del humano de todos modos: suave, varonil y seductor. Y viene acompañado de una sonrisa, una con colmillos. Aun así, el chico se encuentra demasiado paralizado como para que los encantos de Aidan lo ablanden.

—¿Q-qué es lo que quieres de mí? —pregunta el humano, todavía estático y con su voz tan pequeñita que Aidan apenas la percibe.

Jeremy siente su corazón enloquecer en su pecho rogándole que huya, pero él sabe que no es una opción. Recuerda su último encontronazo con ese vampiro, la forma brusca en que lo capturó mientras él se resistía a más no poder. La manera en que sus mejores esfuerzos por sobrevivir no fueron más que un pequeño incordio para el vampiro y cómo, aun así, el pelinegro decidió ahogarlo hasta dejarlo sin sentido para no ser interrumpido mientras lo ataba y amordazaba.

Se frota el cuello instintivamente al pensar en los dedos del otro ahí.

—Primero, quiero saber cómo estás vivo después de que te entregase a Alexander. Eres un delicioso obsequio… —se relame Aidan y un brillo perverso destellea en sus ojos.

Jeremy traga saliva y se mueve, por fin, cuando Aidan empieza a avanzar hasta él. El chico retrocede. Un paso. Dos pasos. Y su espalda se encuentra con la frialdad de una pared. Aidan avanza hasta que sus cuerpo chocan, hasta que el muchacho tiene que apretujarse contra el hormigón y apenas puede respirar. Avanza y pone una mano en la pared, al lado de su cabeza. La otra la acerca a su cuello y Jeremy cierra los ojos con fuerza, a punto de gritar. Por suerte, Aidan solo acaricia su cuello con delicadeza, los ojos fijos en la deliciosa, pálida piel bajo la que late la yugular, los dedos atareados peinando sus mechones canosos hacia atrás para descubrir su garganta por completo.

—Habría sido muy descortés por parte de Alexander no comerte. Un verdadero desperdicio y él no es del tipo que tira por la borda la oportunidad de divertirse con una cosa dulce como tú cuando la tiene entre las manos ¿O es que acaso engañaste a mi amigo? Si es así, debo felicitarse por tu ingenio, pero —Aidan se inclina ligeramente hacia el chico, que solo cierra sus ojos y se pega tanto a la pared que puede sentir las pequeñas piedras y relieves contra su columna. La mano grande en la curva de su cuello baja a su hombro y presiona hacia abajo, forzando al chico a revelar sumisamente su cuello. En él, Jeremy siente unos labios que le hacen cosquillas al hablar y reparten escalofríos por cada pequeña parte de su cuerpo —, pero debo castigarte por tu osadía ¿No crees?

—N-no hice nada, lo juro —murmura Jeremy. Su voz sale a borbotones. Torpe, balbuceante y atropellada. No puede evitar que un sollozo la interrumpa entre palabra y palabra —, e-el otro vampiro iba a hacerme daño, pe-pero se marchó de pronto cuando oyó a alguien gritar su nombre y yo hui. L-la puerta estaba abierta así que y-yo solo corrí y…

—Si fuiste simplemente afortunado, no veo razón para darte una reprimenda ¿Cierto? —pregunta Aidan con una voz melosa, intencionalmente llena de una dulzura que ablanda al chico y le hace asentir como un buen y obediente cachorrito. 

—Por favor —murmura, sus ojos están perlados de lágrimas. Sobre las blanquecinas pestañas, estas parecen copos de nieve fundiéndose por un hermoso amanecer —, por favor, no me hagas daño.

—Xander dijo algo interesante el día que te cacé —comenta Aidan despreocupadamente y cambiando de manera brusca el tema. Su brazo sigue apoyado en la pared y su otra mano continúa en el hombro del chico, empujando su espalda contra el cemento y su hombro hacia abajo, haciéndolo lucir vulnerable y disponible para sus deseos —, dijo que eras prostituto ¿Es así? —el chico palidece y asiente.

—N-no trabajo con vampiros —susurró Jeremy en respuesta, sus puños fuertemente apretados a los lados de su cuerpo y los dientes mordiéndole la lengua cuando se da cuenta de lo débil e inseguro que ha sonado.

—Complaciste a mi amigo.

—P-pero no me pagó y él me… —Jeremy traga saliva y desvía la vista de nuevo. Recuerda con increíble detalle aquella noche. Lo indefenso que se sintió. Recuerda el intimidante tamaño de Xander, de sus manos, de su sexo, de su lasciva. Recuerda el peso de su cuerpo sobre él, la violencia de su deseo cuando lo tomó. —N-no puedo hacer eso otra vez. N-no puedo, de veras.

Aidan ve la vergüenza y la humillación en los ojos de Jeremy. Ve, en su mente, los recuerdos de como si amigo le quitó toda autonomía y lo folló como a un muñeco sin voluntad. Piensa en Liu, en como Xander ha aprendido con él una gentileza que a Jeremy jamás le obsequió y sabe que incluso si él, Aidan, es capaz de la misma brutalidad que Xander, también quiere demostrar que es capaz de la misma ternura, de la misma lentitud. ¿Y quién mejor para demostrarlo que ese muchacho que ya ha probado a su amigo y se ha llevado un amargo recuerdo de la experiencia?

El vampiro alcanza su bolsillo y saca un billete. Ni siquiera sabe de cuanto es hasta que lo tiene en frente de los ojos. Cincuenta. Con una mano coge el elástico pantalón del chico y lo estira, atrayendo las caderas del humano hacia él y separándolo de la pared. Con la otra, mete el billete en su bolsillo trasero.

—Para que te compres algo de comida, en vez de tabaco. —dice Aidan con voz dulce. —N-no voy a acostarme contigo, por favor. 

El blanquecino humano intenta alcanzar su propio bolsillo para devolverle el dinero a Aidan, pero la mano de este se envuelve en su muñeca antes de que toque el dinero.

—No estoy pagando por follarte, aún —aclara el vampiro y la forma casual, así divertida, en la que pronuncia esa obscena palabra hace sentir al muchachito avergonzado y pequeño, como un pequeño copo de nieve deshaciéndose —, tómalo como una compensación por lo que Xander te hizo.

El chico asiente y murmura un agradecimiento, pero Aidan no deja ir su muñeca y Jeremy siente sus dedos como hierro caliente alrededor.

—Tranquilízate —susurra el vampiro. Tan dulce, tan seductor. Jeremy casi quiere rendirse ante sus órdenes —, respira. No voy a hacerte daño.

—Eres un vampiro —replica el albino con sorna —. Todos sois criaturas grandes, fuertes y agresivas. Me harás daño.

—Soy grande y fuerte —Aidan repite sus palabras, una sonrisa orgullosa cruza su rostro cuando las pronuncia. Su enorme sombra se proyecta sobre el cuerpo del muchacho, sumiéndolo por completo en la oscuridad —, pero ¿Estoy siendo agresivo ahora? —su sonrisa ahora intenta ser amable y Jeremy puede ver eso, pero también puede ver sus colmillos.

Si bien es cierto que Aidan es mucho más gentil que Xander, que lo amenazó y lo jaloneó de un lado a otro antes de poseerlos con violencia, también es cierto que ha visto otro lado del pelinegro. Uno no tan agradable.

—Lo fuiste cuando me capturaste la otra vez.

Algo afilado y mordaz brilla en los ojos de Aidan, como la punta de una espada.

—Porque entonces te veía como una presa.

Jeremy traga saliva. Todos los vellos de su cuerpo se erizan por el tono en el que el vampiro pronuncia tan macabra confesión.

—¿Y a-ahora? —pregunta como un hilillo de voz.

Aidan vuelve a inclinarse hasta que sus labios rozan el cuello de Jeremy antes de decir, con voz ronca y baja:

—Como una cosa bonita con la que jugar. Y no podré jugar contigo si te rompo, así que no lo haré.

Jeremy jadea y sus piernas están a punto de traicionarle cuando Aidan lo toma con cuidado por la cintura. Sus manos son firmes y tan grandes que rodean la estrechez de su vientre y de su espalda baja, pero no le hacen daño, solo lo sostienen aún en pie, apoyándolo contra la pared contra la que lo acorrala.

—Estás muy débil. Tus manos y tus piernas tiemblan, apenas puedes sostener el peso de tu cuerpo, incluso cuando eres tan ligero que tus costillas se notan con solo acariciarte. Tienes los labios pálidos, la mirada desvaída y tu respiración suena como si estuviese ahogándote, lo cual no estoy haciendo… aún —Jeremy traga saliva mientras escucha atentamente las palabras de su amenazante captor. Sabe que todas ellas son ciertas, así como también sabe que su piel está cubierta la mayoría de sus noches por sudores fríos y que su estómago suele sentirse como si se hubiese tragado una batería y el ácido le quemase las entrañas. —Me gustaría pensar que soy el único responsable de que te encuentres tan afectado, pero ambos sabemos que tu debilidad tiene otro origen ¿Tienes hambre, muchacho? ¿Tienes dinero para pagar una cena hoy? ¿Lo tuviste para pagar alguna comida ayer o anteayer?

Jeremy hace una mueca dolorida ante las amargas preguntas del vampiro y acto seguido esgrime una sonrisa cargada de ironía.

—Creo que estás más interesado en comerme que en saber si yo he comido o no. —espeta el muchacho siguiéndolo de una risa nerviosa. Sabe que ese comentario puede haberle costado la vida, pero, de nuevo, piensa que su vida se acabó cuando ese vampiro lo encontró por segunda vez.

De hecho, piensa que se acabó cuando lo encontró la primera y que desde entonces cada segundo que ha podido vivir gracias a su huida milagrosa se lo ha prestado ese vampiro y en cualquier momento podría volver a cobrarse lo que le pertenece. Y ahora es el momento.

Sin embargo, el vampiro pelinegro no parece molesto por el comentario en absoluto. Ríe sinceramente, una risa inesperada, casi tierna.

—No me interesa una sangre tan desnutrida que posiblemente sepa a agua. —dice de vuelta, incluso cuando sabe que sus palabras son mentira en gran parte.

Jeremy huele a dulzura, un aroma avainillado y acompañado por una acidez fresca, como el que uno siente cuando se lleva un limón maduro a la nariz e inhala la cáscara.

Pero aunque el aroma del humano es realmente delicioso y su sabor esté a la par, Aidan sabe que eso no es sino una fracción de la exquisitez que ese humano podría llevar en las venas si estuviese mejor alimentado. Mejor cuidado. Así que ¿Por qué contentarse con un producto de tan baja calidad cuando puede obtener frutos mucho más sabrosos si simplemente aprende a esperar?

Aidan se aleja un poco de la pared y desliza uno de sus brazos por la espalda del pequeño mientras que el otro pasa por sus corvas y lo alza. Jeremy exclama con sorpresa cuando sus pies abandonan el suelo y se da cuenta de que el vampiro lo está agarrando en brazos, como si fuesen una acaramelada pareja. Pero por romántica que la escena pueda parecer desde fuera, Jeremy piensa en el momento en que ese vampiro lo alzó la otra vez echándoselo al hombro como un saco de sangre. Piensa en el miedo que sintió. En la desesperanza de saber que solo bajaría de las garras de ese monstruo cómo y cuando él lo desease.

—Haremos una cosa… —deja una pequeña pausa silenciosa y luego se voltea hacia el humano que trae entre los brazos con gesto afable. Está temblando y tiene las cejas fruncidas con preocupación. — ¿Cuál es tu nombre, humano?

—J-Jeremy —dice a regañadientes el peliblanco.

—Bien. Entonces, haremos esto, Jeremy —se echa a andar mientras explica, lo cual hace al muchacho agarrarse con fuerza al ancho cuello del hombre. Mira a su alrededor con ojos suplicantes, buscando con la mirada a alguien que pueda ayudarle, pero solo halla personas tan asustadas como él bajando la mirada al suelo, evitando la suya, pues saben que intervenir significaría morir —, voy a llevarte a un hotel, uno donde tú puedas darme tus servicios si lo deseas. Voy a escoger una habitación amplia y bonita para ti, con una cama de matrimonio, y pagaré por una deliciosa cena. Voy a esperar mientras tu comes y cuando hayas acabado te vas a dar una ducha con agua caliente. Después, si has cambiado de idea sobre si prestarme tus servicios, te desnudarás para mí. Creo que ya sabes lo que sucederá una vez lo hagas.

El chico se masca la cara interna de la mejilla. La voz de Aidan es relajante, casi como si se tratase de una divinidad narrando un hermoso destino para él, pues la oferta que le presenta es tan atractiva como esa voz que la enuncia, como sus manos grandes y gentiles sosteniendo su cuerpo, como su rostro, su sonrisa, incluso con colmillos, pero…

—¿Y q-qué pasará si no he cambiado de idea y no quiero prestarte mis servicios?

Jeremy traga saliva después de que la pregunta salga disparada de su boca.  Aidan lo mira desde arriba con sus todopoderosos ojos rojos, esos ojos estirados que desaparecen en una línea cuando ríe, ojos felinos, inteligentes, taimados, carismáticos.

—No he pensado en ello. Dudo mucho que me rechaces. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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